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Full text of "Revista histórica; órgano del Instituto Histórico del Perú"

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REVISTjí HISTÓRICjí 



Revista fiístórica 



Órgano ael Tnstíiato l)í$t6rico M PerA 



DIRECTOR. 

Carlos Albei^to Isómero 



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a lr\stltuto Histórico ik) es respoasat)le de las opiniones en^ltkkis por 
los autores de los tralxijos publloQdos en su Revísra. 



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LIMA, MARZO DE 1906 



NÚMl 



fídvertericia 



í^ ^L^n>i d presente nfimero inicia La Revista Históríca su 
'¿i2Kfl publicación norma L La feliz iniciativa del Presidente 
de la Kepúhlica Excmo. Señor Doctor Don Joaé Par- 
do, al fundar el Instituto Histórico del Perú» no habría dado 
todo ci fruto deseado, si no hubiese tenido bruñida lámina 
de oro en donde se reflejase cuanto constituye su organismo 
3' las funciones de su existencia. Es su principal objeto difun- 
dir los conocimientos históricos pi>r cuantos medios estén (\ 

^mi alcance y acumular materiales á fin de facilitar la labor 
de los que en adelante se dediquen á levantar el edificio de 
ttucstra Historia. I*or eso» aunque la Revista es órgano ofi- 
cial del Instituto, acojerá en sus páginas las producciones 
que estén en conformidad con su índole, siempre que el mé- 
rito de ellas las haga acreedoras ñ tal distinción, aunque sus 
autores no sean miembros de esta Corporación, 

La Revísta Histórica se publicará, por ahora, trímes* 
trulmente, en cuadernos de no menos de 125 páginas» de ma-, 
ñera íjue cada cuatro números forman un tomo de 500 ó más 



REVISTA HISTÓRICA 



páginas y su material será siempre inédito, salvo la repro- 
ducción de trabajos de suma importancia, que por estar pu- 
blicados en libros rarísimos, bien sea por su antigüedad ó 
por otra causa cualquiera, se haga necesario reimprimirlos. 
La Dirección de La Revista Histórica pondrá todo em- 
peño á fin de que ella sea una digna manifestación del ade- 
lanto de los estudios históricos y del grado de desarrollo in. 
telectual que ha alcanzado el Perú, y que al hojear sus pági- 
nas se pueda apreciar que no echó semilla en tierra estéril el 
ilustre fundador del Instituto Histórico del Perú. 



« > ♦ <: « 



LOS "KJ0EKKENM0EDDING8" DEL PERÚ 



Si nos fuesea conocidas todas las condiciones á que estu. 
vo sujeta la vida del hombre prehistórico, sabríamos encon- 
trar también sus huellas en una extensión mucho más gran- 
de y en épocas mucho más remotas de las que actualmente 
conocemos. 

El hombre prehistórico dependía con mayor amplitud de 
las condiciones de la naturaleza que el hombre civilizado, 
pues la civilización es el dominio del hombre sobre la natu- 
raleza, y nos es preciso tener presente los tiempos en que 
aíjuél era esclavo de ésta, en proporción infinitamente mayor 
que hoy, para comprender las leyes casi materna ticas que de* 
termmaban la forma de su vida y de sus moradas. Habita- 
ba, en el sentido más amplio, las orillas de los ríüs,cadacue- 
va que encontramos en las sierras nos induce á c^r que ha 
sido morada del hombre en tiempos más ó menos primitivos 
del período prehistórico, y las cumbres de los cerros eran lu- 
gares admirablemente adaptados para su culto. 

En países como el Perú, los bordes secos délos valles son 
lugares en donde encontramos en mayor abundancia huellas 
del hombre prehistórico: pero ¿qué elemento podía haber da- 
do más facilidades al hombre de aquellos tiempos para su 
existencia que el mar? Desde las más lejanas épocas se había 
arriesgad f I á embarcarse en un frágil tronco para pescar en 
él» aunque para esto no le era indispensable lanzarse á las 
olas. Gente que habita las costas del norte del Perú pesca to- 
davía con redes y anzuelos, parada en la orilla; y en el sur del 
Perú, la hay hasta ahora que pesca empleando arpones, con 
los cuales arponea los pescados desde la playa. Másfácilaún 






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V. r. .-.".^ -: : :r.':r • -■: -:>'r:2'. " . -i:¿- :.l lu^i^ii-r.w 

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"os '!:iiiiLi "iÑ.:' cklvc'íriii/c'i'::!!:^ ' -r. v.-^^c'^ 'líiroirvrr: -nzii'ier:". 
L">í.' 's ■.:it".i:vs "ériM::!'. s '-' :".: r'.icü '"^í^í»:".:' s it: :"v;!:^.a". >e 

•¡c.iii:i>. Mcii "¿ciiM *:''tias vr<;ts.LL'M:::'.::.'ic:')r.cs it: .••TichtTs :■ ¿t^i»j 
CM -Mii-c \ '\uk: <i. \i rcsC'íS .'lili ieM'jS?naii'. "« ic Iíl cTr-i-ia -leí 
■uim¡>ic MixiiisC'''iic' > jiic !iaí)it:ii)a rTT ! as castas iei mar, 'ivie 
OMiÉi» 'k'siosi «k'iaii«.)s :»'ir él, sotí íLüiiamcntc caraccenstioos! 
cu \is .ii\cis*is ;iarct< leí inun«.io. Por citriiiplo. en las c-^stas 
v'ini'|Ka>. v'ii ':as slas '.le Dinaiiiarea. en las v:oscas Jeln^^roes- 
Lv ik iM.iiK-ui. cu las v:'.>stas ie la península Pirinea, etc. En 
v'í c*»MiiiK-i|tc asiiítico cambien se han ijhservadtj. entreoíros 
Iiií;.iuh, cu las cosías ilel Japón. En los Estados Tnidos la 
co.Nia aiíanlK-a, ilcsde el estadvj ile Maine. poco más ó menos. 
Ii.i^t.i el -oltu (le México, está llena de estos residuos: y en la 
vo.xi i JcM'acílico desde los estados de Washington y Oregón 
h.u t.i el sm liav numerosísimas acumulaciones de ellos. Co- 
,i!mJ.í cn !a íiwuencia de tales restos en la América Central 
X sil vM^uiicia en las costas de Venezuela y el Ecuador, así 
^o,.... í.i dr !i»s -rantles dept5sitos de las del Brasil, de donde 
^ h,» de. .X ado el noml)re de -sambaqui*'. También snn co- 
»uKaU».'.l«»"i*»"t*»"^'^^'^'^'^^"^'^'^^ '*""■' existen en las costas 
^hilvii.iH ^ ^«í 'ii T^^-y^"^^ ^1^'í Fuego. Como no es de importan- 

,<« ,« ti.ii .k- hi |>iiíiilíri* ••saiiubaiiiii" *Tupi) véiise dada por G. \ou 



LOS ''KJÜEKKEKMOEDDIF^aS*' DEL PERÚ 



5 



da para el asunto que tratamoíí aquí, la relación antcccrlcn- 
te es incompleta, y no tiene más valor que el de citar algunos 
ejemplos. Lo que sí ¡nipnrta saber es que en la literatura 
geográfica y arqueológica del Perú es desconoeida la existen- 
cía de esos montones Je conchas 3' ''residuos de cocina** en 
las playas peruanas; y sin embargo son muy numerosos, 
Hasta ahora no se ha prestado la debida atención á esos 
montones de conchas, y sí se ha parado mientes en ellos, no 
se les ha dado su verdadero valor: el de restos ó huellas del 
hombre prehistórico, que en esa forma ciñen tantas castas 
en diversas partes del mundo con carácter unifarme; no fal- 
tando ocasiones en que han sido enteramente desconocidos. 

El hecho de que las conchas están diseniinadaseu lugares 
ribereños, cerca del mar, por lo general despierta la idea, en 
quien no conoce el tnngen de este hecho, de que son vestigios 
de alguna inundación 6 salida del mar. En este caso tal vez 
se recuerda el diluvio ó se supone que desdeaquellos remotos 
tiempos el mar se ha retirado de la costa, sin observar que 
m tales casos las conchas están mezcladas con fragmentos 
de ollas y con cenizas, indicios seguros de haber existido ha- 
bitaciones humanas. En lugar dedjrivar de una causa común 
lo que se encuentra unido, prefieren explicar la mezcla de las 
cosas por un hecho casuaK 

Para llegar á conclusiones lógicas sobre el comiin origen 
uutnano que tienen esos montones de conchas, seretjuiere tam- 
bién el ct>nociniiento del valor anjueológico que se dá á esos 
residuos hallados en diferentes partes del mundo. Solamen- 
te ast se entienden las conclusiones dadas por Charles 
Darwin— Journal oí Rescarches into the Naturnl Hhtt^ry 
Mndfíeohg}', 1H60, p, 370— sobre las diversas capas que 
contienen conchas, ceniza y fragmentos de ollas, cerca de Be- 
Uavista, al sur de la Huerta, Supone Darwin que los frag- 
mentos de ollas hallados en aquel lugar provienen de una fá- 
brica de alfarería de los antiguos indios halntantes ele la co^ 
marca, y que las conchas han sido arrojadas allí por el mar. 
La verdad es que en aquel punto de la costa, á una altura de 
17 metros sobre el nivel del mar, poco más ó menos, vivían 
ludios que cocinaban conchasextraídas del mar para susten- 
tarle, en cuya operación era natural que con frecuencia que- 



6 REVISTA HISTÓRICA 



l)ra«en ollas del frágil barro de que estaban hechas. La inun- 
dación de aquellas costas en diversas épocas, como en 1713 
ó 174-6, no tiene relación alguna con la existencia de aque- 
llos residuos; ni tampoco es lógico suponer que de la presen- 
cia de las expresadas conchas se derive el hecho de que aque- 
llos terrenos estuviesen á más bajo nivel cuando ocurrió la 
supuesta inundación. 

Ixjos estamos de conocer todos, ó á lo menos los más 
prominentes depósitos de conchas existentes en la costa del 
Perú. Para eso, sería no solo necesario desembarcar en to- 
dos los principales puertos de ella, sino también registrarla 
extensa y minuciosamente. 

Para el hombre prehistórico no eran necesarios puertos 
y radas abrigadas de las condiciones que requieren en la ac- 
tualidad las grandes embarcaciones: él hacía vida en diferen- 
tes puntos de la costa por consideraciones muy diversas. 

Por eso encontramos algunas veces montones de conchas 
de considerable extensión lejos de los lugares que actualmen- 
te sirven de puertos, y ocasionalmente hemos hallado esos 
depósitos en sitios que distan algunas leguas de la costa. 
Limitámonos, pues, á ofrecer unos cuantos ejemplos típicos 
de la existencia de montones de conchas en la costa peruana, 
entre Supe y Chala. De estos se puede desprender el carácter 
típico (le tales acumulaciones, lo mismo que el carácter ge- 
neral de todas las que existen en otros lugares de la costa 
del Perfi, (|ue aún no nos vson conocidas. 

LoH montones de conchas existentes en la costa peruana 
difieren de los hallados en otras partes del mundo, por lo 
menos, los que hemos examinado; pues se observa cierta ten- 
dencia á agrupíir un número diferente de montones á mane- 
ra de ])ol)laci()nes extensas, lo cual se obserx'a menos en 
otras regi(jnes. 

Parece que este hecho obedece á la configuración de las 
costas peruanas. En muchas, tal vez en las más de las otras 
costas del mundo, el hombre prehistórico salía á la playa 
plana, blandamente bañada por el mar, escarbaba y sacaba 
U»s conchas dentro de la areníi, con las manos ó valiéndose 
de bastones, para que le sirviesen de alimento. La costa del 
Perú no prestaba tanta facilidad al hombre para conseguir 



LOS ''KjOEKKENMdEDBINGS** DEL PERÚ 



el sustento. Como la sierra comienisa á poca distancia de la 
costa y el ascenso es casi violento, 3^ como los ríos se preci- 
pitan en curso corto y rápido al niar. faltan, por largos tre- 
chos, las playas suaves y accesibles; las olas revientan con 
cierta violencia y las aguas son profundáis cerca de las playas. 

Pocas son las clases de conchas que sirven de alimen- 
to al hombre que viven internadas en la arena de la pla- 
ya; en cambio, los peñascos escarpados que en varias partes 
de la costa se internan en el mar, son lugares donde se ha- 
llan innumerables conchill^s, de las clases más diferentes y 4 
útiles para el sustento del hombre* Y es tal la abundancia 
de ellas, que en esas peñas se halla tantas conchas como las 
que están diseminadas en tantas otras costas del mundo; 
por lo cual el hombre prehistórico del Perú seavecindaba en 
grupos más grandes cerca de las pefias, en donde encontra- 
ba en abundancia sus alimentos. Lo que parece consecuen- 
cia de una civilización más adelantada de las tribus indíge- 
nas, tal ve2, así originalmente, no es sino el resultado de las 
diferentes condiciones de los lugares que ocupaban. 

En muchas ocasioneslos montoncsde conchas se encuen- 
tran cerca de lugares que al mismo tiempo permiten con más 
facilidad botar enibarcaciones á un mar manso y poco pro- 
ñindo, y teniendo este hecho en consideración las poblacio- 
nes antiguas no eran demasiado exigentes; una encorvadu- 
ra de la costa, de pocos metros de ancho muchas veces, era 
considerado bastante y lo que se aceptaba como lugar de 
arribaje, y aún acepta la población indígena costeña, no se* 
ría suficiente en los actuales tiempos para el tráfico maríti* 
mo 6 las necesidades sociales de una población civilizada. 

Algunas de esas poblaciones tenían también más dotes 
marineras que otras: hemos visto caballitos, balsas de ma- 
dera y botes fabricados de un solo tronco en el norte del Perú* 
Las embarcaciones antiguas del sur del Perú qui^á han sido 
de clase muy diferente; su estilo ya no se vé y nos inclinamos 
á cr^r que ha desaparecido por completo* 

No carece de interés la cuestión de saber qué se puede de- 
dacir, estudiando los montones de conchas, sobre la forma 
que en remotos tiempos tuvo la costa del Pera. Si la tierra 
se hubiese elevado considerablemente en tiempo prehistórico, 



REVISTA HISTÓRICA 



después del período paleontológico, sería necesario encon- 
trar los montones de conchas alejados de la orilla, más hacia 
adentro. Esto no sucede generalmente. Los montones de 
conchas de **La Josefita" cerca de Chala vieja, más ó menos 
á dos leguas de la orilla del mar, \' á unos 220 metros sobre 
su niV'el, nunca han estado más cerca de la playa, porque ha\' 
restos del mismo carácter mucho más abajo, al pie del mar. 

Lo*^ montones de conchas que ciñen ahora los pantanos 
cerca de San Nicolás [Supe], más ó menos á media legua de 
la playa, habrán estado en otro tiempo en la misma orilla; 
pero esto no tiene gran importancia en vista de que en estos 
montones en la actualidad están, cuando mucho, de tres á 
cinco metros sobre el nivel del mar. 

De este hecho de aproximarse las aguas marinas hasta 
tres á cinco metros de donde comienzan los montones de con- 
chas, se querrá, tal vez, derivar el que el mar ha avanzado 
hacia tierra, pero lo cierto es que ocasionalmente lava par- 
tes de las capas de conchas. 

En Ancón, en donde suponemos que alguna parte del de- 
clive de los médanos ha sido aprovechado para construir ca- 
sas, allí las capas de conchas que cubren la falda del cerro re- 
matan bruscamente y de una manera extraña. 

Una parte del campamento antiguo, cerca de la playa de 
Bellavista, ha sido destruida por el mar, y aún suponiendo 
que una faja ancha hasta el borde de los bancos frente al 
mar, hubiese pertenecido antes á este campamento, que tie- 
ne como trescientos metros á lo largo de la orilla, resultaría 
angosto, lo cual mueve á pensar que otra parte de ese cam- 
pamento ha desaparecido en el mar. 

Apartándose de estas modificaciones, tan poco conside- 
rables, no hay razón para suponer dados los lugares en don- 
de están en la actualidad los montones de conchas, la teoría 
de un levantamiento de la tierra ó sumersión de la costa de 
cierta consideración en el período prehistórico. 

En la siguiente enumeración de los restos antiguos trata- 
dos aquí preferiremos hablar de **residuos de cocina", lo que 
corresponde con los '*kitchen middens" del inglés, en lugar de 
**montones'' ó **cerritos de conchas'', porque no es caracte- 
rístico el que los antiguos residuos de cocina formen monto- 



tos **KjOEKKENMOEDDlNGS*' DEL PER^ 



d 



ncs (en algunos lugares prevalece la estratificación horizon- 
tal á la formación de montones) ó los restos á vcccssolofor- 
tnan capas en las faldas ele los cerros; esto es, no formando 
ellos cerros aislados. J'or otra parte» no siempre las conchas 
íorman el cuerpo principal de esos depósitos ni están siempre 
fácilmente visibles. 

Ahora bien, ha\% como es natural, pLf|neñasacumnIacio- 
nes de restos de cocina en lugares dt)nde hal litaban los iíidí- 
gcnus un tanto apartados de In costa; pero nunca alcanzan, 
A lo menos en el Pera, una extensión tal ó poseen una ajjrien- 
cía semejante á los situados cerca de la costa. Estos últimos 
contienen siempre conchttios de varias clases, enmaYor óme- 
I laor número unas que otras, segím los casos. Conformen esto, 
cUos deben ser el resultado de una manera especial de vivir 
que observaban las poblaciones de la costa. 

Como en lo restante de este trabajo se tratará sólo de 
**residuos de cocina*', en lacosta, bastará expresar "residuos 
^decocina'\ en razón de que estos depósitos tienen especiaU 
mente marcado este carácter. 

Siguiendo de norte á sur» entre Supe y Chala, conocemos 
por el motnento, más ó menas, estos depósitos de cierta ex- 
tensión: 

Cerca de SirpE, el espacio de una falda angosta entre ce- 
rros áridos, al lado del faro, cerca del puerto. Calculamos la 
extensión de los restos en unos 200 metros de largo por 150 
de ancho; muchos montones chicos alternan con capas estra- 
tiñcadas que se extienden por la base y parte baja de los 
cerros. 

Cerca de Supe, más ó menos, entre media y tres cuartos 
de legua hacia el sur, la talda meridional de los mismos ce- 
rros, que separan la planicie de San Nicolás de la pampa de 
Barranca. Hay allí una dci)resión ptKO honda, en forma de 
semicírculo, de unos 600 metros de largo por 300 de ancho 
( ateniéndonos á la memoria para estas medidas ) cubierta 
enteramente con capas negrillas, huecos en forma de embudo 
y montones de ceniza. La parte superior de las faldas de los 
cerros de los alrededores, así como también las cimas de al- 
gunos montículos, han quedado libres de ceniza, como cuan- 



10 REVISTA HISt/)RICA 



do un incendio devasta nada más que algunas partes de ni- 
vel igual. 

Ancóx. Los cerritos ubicados en la pampa cerca de aquel 
balneario y algunas partes llanas que confinan con ellos, son 
conocidos en la arqueología del Perú con el nombre de **Ne- 
cropolis de Ancón'', por los trabajos de exploración allí he- 
chos y decritos en la monumental obra sobre esas ruinas por 
G. Reiss y mi queiido amigo 3»- maestro A. Stüfte/, des- 
graciadamente arrebatado á la ciencia el año de 1904. En 
la plancha número 1 de la inmortal obra se hace mención de 
**capas superficiales de estos cerritos, compuestas de una tic 
rra negrilla, que es rica en residuos de cocina, fracmentos de 
ollas 3^ restos de otros artefactos humanos'*. Una explora- 
ción más exacta de estos 50 ó 100 cerritos, algunos de los 
cuales alcanzan hasta 10 metros de elevación y que cubren 
una área de 1100 metros, más ó menos, de largo por 800 de 
ancho, demuestra que están formados por residuos de cocina 
hasta su base, salvo algunos de ellos hacia el Sur y el Oeste, 
y que, por consiguiente, toda esta formación de cerritos no 
motivada por razones geológicas, debe su origen exclusiva- 
mente á la acumulación de tales residuos. Hicimos un foso 
en uno de aquellos montones de 10 metros de alto, en el ve- 
rano de 1904, desde la cima hasta la base y observamos que 
consistía solamente de capas de conchas, más ó menos grue- 
sas \' finas, mezcladas con ceniza en todo su perfil, siendo se- 
mejante en todo á los **kjokkenmoddings" más caracterís- 
ticos de otras costas del mundo: de California, del Este de los 
Estados Unidos, etc. 

Poco conocido es también el hecho de que las faldas de 
los cerros en donde está asentado el pueblo, hacia el oeste y 
sur de él, en una extensión de 300 metros por 170, están cu- 
biertas por una corteza de residuos de cocina de unos tres 
metros de espesor, por término medio. La falda del cerro pa- 
rece de origen natural. Aparentemente no se desprende nada 
concreto, pero haciendo un corte en las capas superficiales se 
vé que son residuos que han sido acumulados por una pobla- 
ción que vivió allí en tiempo inmemorial. Además, las capas 
superficiales están descubiertas en un lugar donde ha ocurri- 
do un derrumbe y dejado el cerro casi escarpado, frente alas 



LOJS ''KJOEKKENMOHnmNnS*' l>EL PERÍT 



11 



ftltiinas casas ild pueblo, lu^Lí^ar en ilotiílc cstiln á hi viBta ce- 
nuil, fragnicntos de alias, cotíchas y nuiíicrosoK ciíqucletiís» 

Según intbrmaciciits del señor ingeniero Adíims, se cn- 
cyeiitran tanibicn cxtunsns acuniiihicHJnes fie canchan yecni- 
za en cierta parte tlcl camincj cíe la cnsta, en la re¿;Íó» cum- 
]>reiiílída etitre Cíülca 3^ Mala, 

En la nocA dkl wío he Ica. Durante una corta estadía 
en ese lugar en 1901, \ inioK dos nioatoncsenormes compues- 
tos de eonchas^ arena» fragmentos de oliaSp etc., en la playa» 
miis ü menos á cinco nnmttos de distancia de la orilla del 
nmr. Calculamos la altura de t-stcja mantones en 50 nietros 
y el diámetro de la base en 200 metros, sobre paco más 6 
menos. 

Lomas. El puerto de Lomas está ubicado hacia el sudes- 
te de un morro aislado y que se comunica con la costa por la 
parte de atrás por una angosta faja de tierra. Los lados oes- 
te y norte del peiíasco están cubiertos con residuos de coci- 
na, en forma de capas sucesivas y de niontones. Principian 
illas ó menos á 200 metros de distancia tras del fietual pue- 
blo, y su área se puede estimar en 300 metros de largo por 
unos 230 de ancho. 

Quebrada de va vaca, á legua y media al norte de Cha- 
la, aproximadamente. Los lados sur y norte de la bahía, que 
e9 angosta, están ocupados por un pueblo pequeño, separa- 
do en dos partes, que está muy bien conservado, de una ma- 
nera que no es común, especialmente en la parte sur. Las dos 
divisiones del pueblo están llenas de residuos de cocina; las 
hay también en los patios de las habitaciones y en los cami- 
nos del pueblo» 

La josEFJTA, cerca de Chala vieja, en la banda izquierda 
del rio de Chala, distante unas dos leguas del mar. Las rui- 
nas muy destruidas de un pueblo se extienden en la falda de 
un cerro, hacia arriba, en un trecho de unos 200 metros íle 
largo por 150 de ancho. Los patios están cubiertos de una 
capa como de un metro de espesor, formada de ceniza y con* 
chas. Hay» además, una serie de montones de residuos de co- 
cina, parecidos á los de Ancón, que se extienden en la falda 
ilel cerro, al oeste del luichlo. 

Además de estos acumulamientos de residuos de cocina 



12 REVISTA HISTÓRICA 



de tamaño mayor, se observ^a una multitud de otros más pe- 
queños, muchos de cxten«=ión considerable, á lo largo de la 
costa, que relataremos según nos van acudiendo á la me- 
moria. 

En Supe, en una hondanada situada entre dos cerros, 
hacia la parte de la espalda del puerto, hay residuos de coci- 
na estratificados entre los restos de moradas antiguas. 

Aisladamente, algunos montones pequeños de residuos 
ciñen los pantanos al noroeste de San Nicol.s.s, que, aunque 
^son mucho más pequeños que los montones de residuos ha- 
' liados en otras costas, como por ejemplo en los alrededores 
de la bahía de San Francisco de California, tienen cierta se- 
mejanza con ellos por el orden en fila, guardando ciertas dis- 
tancias. Esta semejanza debe haber sido causada por el ca- 
rácter especial de la costa llana. 

Al norte de Vegueta y cerca de la caleta de Carqüín, en 
el valle de Huacho, ha}^ residuos de cocina estratificados en- 
tre restos de moradas antiguas. 

También se encuentran residuos estratificados cerca del 
puerto de Chancay. 

Capas de conchas y cenizas con fragmentos de ollas y 
piedras puestas en fila, del>ajo de una capa gruesa de tierra 
fértil, hasta una profundidad de un metro más 6 menos de la 
superficie, se hallan en la costa alta cerca de Bella vista, en 
el valle de Lima. 

Residuos de cocina estratificados en la playa de la isla de 
San Lorenzo, frente á la Punta, 

Varios montones de residuos sobre los que aún se ven los 
restos de una población pequeña, antigua, en la playa cerca 
de Chaviña, al sur de Lomas. 

Algunos montones chatos de residuos y capas estratifi- 
cadas cerca de las ruinas de la población pequeña de Taíía- 
CA, á corta distancia de la playa, entre .\tiquipa y Yauca. 

En LA BOCA DEL RÍO DE Chala véusc vcstigios de resi- 
dúos de cocina. Cerca del puerto de Chala se pueden obser- 
var residuos de cocina, que cubren en estratificación moradas 
antiguas y las pendientes de peñas vecinas. 

La composición de los residuos de cocina presenta bas- 
tante variedad. Los elementos principales, por lo general, 



LOS **KJDEKKlvNMch:DDJNr,s'* DEL PERÍ 



13 



sun conchas v ceniza; las conchas son los restos botados al 
tiempo de hi preparación de la comida» la ceniza ese! residuo 
úc\ fticgo con í|ue la preparaban. Es raro hallareonchas que- 
madas y no sería extraño que íVdtase la ceniza arrastrada 
por el viento, pero los restos de artefactos mezclados con las 
conchas, constituyen una prueba palpable de que la acumu- 
lación de las canchas es obra del hombre, como sucede en 
la bcK'íi del río de lea. Los conchilios en depósitos de cxten- 
siun más grande pertenecen generalmente á una serie de di- 
ferentes espacies; muchas veces una docena ó más de ellas» 
jiero en los residuos de cocina existentes f a el Perú, todavía 
no se ha encontrado ningunaíi que pertenezcan á especies ex* 
tinguidas. Estas van acompariadaí? de una manera subordi- 
nada» por restos de otros animales del mar ( balanus, eehi- 
nus, cangrejos, etc.») vértebras de pescados» huesos de aves, 
nmmma!ia,eomoeíervos, venados y especiesdeauchenia^que 
Jiacen siqjoner que esos hombres tenían cierta variedad en 
BUS comidas. Todavía se encuentran venados en todas par- 
tes, en lugares no muy apartados de la costa, pero faltan las 
especies auchenia í huanacos), sobre todo en el norte, ^ 

Estos residuos de su alimentación el hombre, solamente 
semiconsciente de su actividad, los amontonaba encapas es- 
trutiñcadas y en montones. Por eso, un corte hecho en un 
cerrito de conchas mezcladas con ceniza, nos demuestra una 
multitud de rayas angostas de diferentes colores y tamaños, 
generalmente poco extensas. Esto proviene del cambio de 
comidas y del cambio de conchas que empleaban en s»u ali- 
nicntación;qu¡zá también del jurado de cocimiento que daban 
á líis conchas y déla cantidad y calidad de la leña que en 
dio empleaban* Los huesos quemados dan rayas amarillas, 
pero'estas rayas amarillas faltan aquí en la proporción que 
tienen, por ejemplo, en los montones de conchas de Califor- 
nia, donde era costumbre f|uemar los muertos. En los cortes 
practicados en algunos montones de conchas se ha observado 
un fuerte olor á amoniaco. Además, estos residuos de cocí- j 
na están mezclados con muchos vestigios de habitaciones; y [ 
no pocas veces con restos de esqueletos humanos, que mani- 
fiestan (pie allí enterraban sus muertos. 

Las piedras enuegreeidasydeseminadas por todas partes J 



14 REVISTA HISTÓRICA 



y mezcladas con restos de conchas, son las que habían servi- 
do para abrir éstas 6 para formar los fogones. En varias 
partes se observa entre las capas de conchas filas de pie- 
dras, á manera de empedrado superpuesto. No faltan ho- 
gares antiguos, y de vez en cuando se descubre un mole- 
dor ó un palo, cuya parte inferior está clavada al lado de 
filas de piedras grandes que bordeaban una choza. 

En todas partes están entremezclados con la negruzca 
tierra fragmentos de ollas, pedazos de caña, trozos de made- 
ra; de vez en cuando se vé también pedazos de trapos y de 
redes. 

No es raro encontrar de esos artefactos intactos, como 
útiles para hilar é instrumentos hechos de huesos. 

Muchos restos demuestran una manera de vi vir relativa- 
mente cultivada, como por ejemplo, los útiles para hilar,aun- 
que también suele encontrarse ciertos instrumentos hechos 
I de huesos humanos (cerca del faro de Supe), 6 fragmentos de 
j cráneos y canillas humanas partidas (en las inmediaciones 
* de la boca del río de lea). 

Entre los residuos de cocina se hallan entierros cerca de 
la superficie, y, en los demás cementerios antiguos, se les ha- 
lla junto con algunos objetos. En este caso puede suponer- 
se que han sido formados los entierros después de haberse 
suspendido la acumulación de los residuos de cocina. Otros 
entierros, generalmente pobres, se encuentra á mucho ma- 
yor profundidad, hasta diez metros de la superficie. Una 
parte considerable de ellos son de criaturas y han sido he- 
chos mientras se iba formando la acumulación, y la profun- 
didad á que se les encuentra responde al tiempo que ha pa- 
sado después que se les enterró. 

La superficie de los residuos de cocina es, por lo general, 
desierta. Las mismas cosas que forman su interior se en- 
cuentran á veces encima, como fragmentos de ollas, hilos, 
restos de tejidos, útiles, cuentas de piedra, etc. y á veces,por 
casualidad, se encuentra un moledor, palos parados y resr 
tos de paredes de chozas; y también terrazas de habitacio- 
nes antiguas, hechas en la superficie. Siempre ha sido mo- 
tivo de admiración cómo se ha podido hallar un número tan 
infinito de entierros, una civilización tan rica en las tumbas 



LOS "KJOBKKBNMORDDIXr.s" DRL PERÚ 



15 






ílc las *4ridns playas de Ancón, á no pocas leguas de las po- 
blaciones de los valles. En esos entierros l<*s muertos eran 
ísepultados con rica indumentaria de lana y algodón, canas* 
toK, adcímos, instmmentos 3^ armas de oro y de colírc^ fru- 
tas de las más variadas clases, yuca, camote, maíjí, pallares, 
lúcuma, ají, pacay, maní etc. No había escasez de madera, 
como se puede ver por los palos contenidos en los entierros. 
¿Como ha sido posible verificar miles de entierros en esta 
desolada playa, que apenas habría dado lo suficiente para 
sustentarse Alas aves marinas? Los arqueólogos G. Reiss 
V ^4. Stübeí (c. descripción de pl 2) no quisieron negar la 
posibilidad de que hubiese existido allí una población, en ra- 
7Am de existir un cementerio, cuyas tumbas se cuentan por 
niiles;pero encuentran el hecho extraño dada laescasex dere- 
cursoicse lugar. Ch. Wiener (Ferd et Bolivíe p.54)no acier- 
ta á explicar la ausencia de casasen la vecindad de los nume- 
rosos entierros que allí existen, í=ino por la hipótesis de que en 
Ancón sólo se daba sepultura á las víctimas déla guerra du- 
rante muchos años. También se ha sentado la teoría de que 
la ciudad de donde procedían los cadáveres sepultados en ta- 
les, tumbas ha sido arrasada por el mar Jo mismo que las cha- 
cras que propOTcionaban alimento á sus habitantes, 6 que 
los pobladores cultivaban las tierras que hay al lado de la 
necrópolis, donde no hay ni una gota de agua en la superfi- 
cie* Que existía ella en cantidad suficiente para la pobla- 
ción, se vé claramente en los pozos de agua, un tanto salu- 
bre, que hasta hoy ha^^ en Ancón, ¿Pero, de dónde sacaba 
la gente la enorme cantidad de leña que ha sido indispensa- 
ble para acumular tan inumerables montones de ceniza? 

Que una población puede sustentarse, aún en el Perú, v¡- 
riendo sobre montones de conchas,se comprueba con la exis- 
tencia de restos de chozas hallados en el interior de los mon- 
tones de esa naturaleza que hay en Ancón, y de las piedras 
demoler que en parte aún existen diseminadas en el suelo 
q«c aún podían formar pueblos organizados, de algunos res- 
tos como casas bien dispuestas, con patios; de la muralla 
constniida al norte de los montones de residuos y de las 
construcciones que hay al sur de ellos, en la cumbre más al- 
tíÉ dtl cerrOj que tiene el aspecto de una fortaleza* La ngri- 



16 REVISTA HISTÓRICA 



cultura no era necesaria al hombre que vivía sobre monto- 
nes de conchas. La tierra está completamente árida al re- 
dedor de Lomas, en una distancia de seis le^^uas y resul- 
ta que ni ahora hay, ni pueden haber existido antes cha- 
cras; por eso tampoco las chacras eran de una necesidad in- 
prescindible para; la subsistencia de la población antigua de 
Ancón. Ni aún es dable suponer que los pobladores dividie- 
sen su tiempo en las poblaciones de los valles* y aquellas for- 
madas en los montones de conchas. ¿Con qué propósito, 
pues, habían enterrado sus muertos en Ancón? Si precedie- 
sen de una población de los valles los habrían enterrado de 
preferencia en el valle de Chillón, por ejemplo. 

La población que vivía en las peñas de Lomas ¿cómo 
habría podido cultivar chacras en Chaviña, cuando este lu- 
gar dista como seis leguas de Lomas ? Tenemos que acep- 
tar, por estas razones, para los montones de conchas exis- 
tentes en el Perú, poblaciones que tenían residencia fija enci- 
ma de ellos. Todo lo que no les prestaba el mar y los al- 
rededores en carne, etc., tenían que recibirlo por el intercam- 
bio con los agricultores de los valles, á quienes, por su par- 
te, proveerían de pescado y conchas para su alimentación. 
Quizás esto explique también el que se encuentre conchas 
marinas en las tumbas hechas en los valles. En eldel'Rímac, 
hacia el interior, hasta Cajamarquilla, y en los pueblos an- 
tiguos del valle de lea, se hallan numerosos restos de con- 
chas diseminadas en la superficie del suelo, á una distancia 
de doce y más leguas del mar. 

También tenían los pueblos remotos otros recursos para ' 
su sustento. En varias partes de la costa se encuentran 
prolongados trechos de peñascos llenos de hovos de poca 
profundidad. Así, los haj- cerca del puerto de Supe, cerca de 
Lomas y en otros lugares más. Cavando y buscando en es- 
tos ho3'os nada se encuentra, pero cortando áenderos traza- 
dos por la planta humana, no es difícil hallar un hilo, una. 
pita antigua ó una coronta de maíz, que solo puede haber 
sido dejada allí por indios que frecuentaban esos lugares. 
Atravesando con una lampa los puentecillos no escarbados 
entre algunos de los hoyos, se puede descubrir yacimientos 
pequeños, hasta de uno ó dos centímetros de espesor, de sal 
de piedra, que se ha criado en las grietas de las peñas. Es la 



LOS "jKOHKKENMOEDniNGS" DEL PERÚ 



17 



titiaea de la sal lo que, sef^iín nuestro parecer, movió á los 
indios á escarbar estos miles de hoyos superficiales, que á 
mcnuflo se encuentran juntos en un lu^ar. La buscu de snl, 
aparte ile los alimentos proporcionados por el mar, habrá 
inducido muchas veces á los indios á establecerse cerca de es- 
tas peñas, fijando su residencia allí. 
•4^ La sal era un artículo importante del comercio, Apro- 
vechanda del intercambio de este artículo con otros que fal- 
taban en la costa /irirla, una población bien podía mante- 
nerse en esos lugares. De esta manera his pobladores de los 
montones de conchas poseían a^ua, alimento de conchas y 
carne, frutas y géneros para la indumentaria, etc. Pero ¿de 
dónde sacaban las í^randes cantidades de kña. cuyo consu- 
mo se puede apreciar por el volumen délos depósitos de resi- 
rluos de cocina ? Apenas se puede creer que hayan traído to- 
lda esta leña deltas líjanos valles. Tal cosa habría sido trabajo 
tilas penoso que el de las Danaides; y es casi pueril suponer 
que los ríos en sus crecientes hayan lleva ti o tal cantidad de 
troncos al mar para abastecer de kña á las poblaciones de 
la costa durante todo el año, ¿ Para tjué servirían las algas 
rnarinas que se encuentran en los depósitos de conchas, no 
í»61o en el Perú áino también en ios de las demás partes del 
miind^i? R a nke, Der Aíensch, II p. 352, supone que tal vez 
hayan sido quemaílas para estraer sal; pero, por ejemplo, en 
Lomas í^e puede oliaervnr claramente todavía que se usan 
algas marinas en lugar de leña [ara can tos, una especie que 
tiene unos globitos que revientan cuando se les presiona]. 
La manera de usarlas es ésta: se hace una pira de unos 50 
centímetros de alto por 80 de diámetro y la olla, cu^^o con- 
tenido se quiere hacer hervir, se acomoda adentro. El éxito 
e» completo. 

En algunos higares, como en Ancón, es posible que se 
haya empleaíh> eun idéntico fin las tillandsias, que crecen en 
lose.rrros vecinos. Fuera de duda está c[ue este combusti- 
ble dija más ceniza que la leña corriente. Este es uno de los 
hechos que contribuyen á exf>licar el aparentemente rápido 
crecimiento de los montones de conchas. 

La determinación de la edad de los montones de conchas 
es una de las tareas más difíciles de la arqueología. Los pri- 
meros residuos de conchas que han sido materia de estudio, 

3 



18 REVISTA HISTÓRICA 



fueron, según parece, los de las islas danesas. Poco á poco 
los sabios que se dedicaban á esos estudios han convenido 
en que su origen data de unos 3000 años a. de C, en el pri- 
mer período neolítico de Europa. Más tarde se ha notado 
que los residuos de cocina debían ser atribuidos al hombre 
prehistórico en general, y que fueron habitados por él en al- 
gunas partes del mundo, al límite del tiempo histórico. Pero 
con cualquiera de los montones de conchas que recién se en- 
cuentra, la cuestión de la fecha de su origen es un problema 
que se plantea de nuevo y entonces hay que volver sobre la 
discusión de los que existen en las costas de los Estados Uni- 
dos, tanto del Pacífico como del Atlántico, para compren- 
der cuan difícil puede ser la cuestión. Así, pues, estaríamos 
en el Perú en la misma difícil condición sino nos hubiésemos 
adelantado mucho, relativamente, en la asignación de la 
data de las ruinas y de los diferentes restos prehistóricos del 
país. Una cosa nos ayuda mucho en esta tarea: el arte de/ 
hacer ollas» que alcanza en el Perú millares de años de exis-l 
tencia. Las producciones de este material flexible,- la arci- 
lla, se prestan de una manera admirable para guiar nuestro 
juicio en la fijación de las fechas á los lugares de hallazgos 
antiguos, por la variedad de los caracteres, que casi varían 
con los siglos. Hasta ahora se ha encontrado fragj^entos 
de alfarería en casi todas las acumulaciones de residuos de 
cocina antiguas.' A ésta, y á tin cierto número de otras cir- 
cunstancias parecidas, debemos el poder fijar con bastante 
claridad, relativamente, la época ú épocas en que los monto- 
nes de conchas peruanas han tenido su origen. Y esta cir- 
cunstancia es de sumo interés para el estudio de los residuos 
de esa clase de todo el mundOj porque los de este país pue- 
den servir como ejemplo, y contribuirán á establecer la edad 
de muchos otros residuos de conchas esparcidos en los cinco 
continentes. 

El primer resultado que nos ofrece la observación de los 
residuos de conchas del Perú, es que no son de manera algu- 
na, todos ellos, producto de un mismo período. Hay entre 
ellos algunos depósitos que han sido acumulados en tiempo 
bastante reciente prehispano, durante la época incásica, 
cuando los incas dominaban ya en la costa. Tenemos nume- 
rosos depósitos de conchas de origen igualmente reciente, 



LOS **KJOBKKENMOEDD1NGS" DEL PERÚ 



19 



pero anteriores á los de la épocii incásica* Todos estos resr 
«luos, junto con los mencionados primero^ quisiéramos com- 
prenderlos bajo la detiominaci6n de residuos de posición ero. 
«ológica más reciente. Fuera de estos, haj otros residuos I 
mucho más antiguos, separados de los que hemos tratado] 
antes cuando menos por un millar de años. Los que tal vez 
existen en el Perú de un período todavía más antiguo^ aun* 
ijue no mezclados con alfarería, necesitan determinaciones 
aún más claras* 

Como los depósitos de conchas más antiguos que cono- J 
Leemos y en los que se encuentra vestigios de alfaiería J^consi* 
<leramos los de la ínlda de los cerros colindantes con las úl- 
timas casas del puelilo de Ancón y los dos extensos depósi-^ 
tos que hay en las inmediaciones de Supe» cerca de la oríMa 
del mar, * 

Aunque nos inclinamos á creer que en su primer origen, 
esto es cuando comenzarfin á formarse,* eran más antiguos 
que los prestigios más remotos de civilización verdadera en 
d Perú, es seguro que en su fin han sido contemporáneos con 
ellos. El período más antiguo» ahora conocido, de la civili 
nación peniana es, para nosotros, el de los vasos más anti 
gnos del valle de lea, que hemos estudiado con detención du 
ratiteel año de 1901, y sobre los cuales hemos escrito con 
cierta extensión al congreso de americanistas retiñido en 
Stuttíjart en 190 1* Estos vasos y las célebres vasijas en- 
contradas después en la región de Nazca y Palpa, pertenecen 
al mismo período. 

Este mismo período antiguo fué representado porcolonias 
de gente civilizada en la región de Chancay, loque está com- 
probado con el resultado de las escava ciones que practica- 
mos allí por cuenta del Museo de la Universidad de Califor- 
nia. Las cosas llamadas '*de los chimus" en la región de 
Chimbóte, Trujillo, etc. que en verdad no son de los chimus, 
ccimo expusimos detalladamente al citado congreso de Stutt- 
gart, pertenecían á otra civilización emparentada con la de 
la misma época en el sur. 

Varios dibujos grabados en las ollas en los depósitos 
más antiguos de Ancón, dependen directamente, por su ori- 
gen, de los ornamentos del período más antiguo de Nazca é 



20 REVISTA HISTÓRICA 



lea. La alfarería hallada en los dos depósitos cerca de Su-| 
pe, de que ya hemos hecho mención, tiene un carácter idénti-' 
co con los más antiguos de Ancón. La antigüedad de ella 
fué confirmada por el hallazgo de un fragmento de alfarería 
de los depósitos de cerca del faro de Supe, que, evidentemente, 
había pertenenecido á un vaso del período civilizado más 
antiguo de Chancay. Ahora bien, tenemos que fijar con to- 
da precisión la fecha antes de Cristo del período más anti- 
guo de lea (Pisco y Chincha) y Nazca. Naturalmente, al 
principiar á dar fechas retrospectivas, no es posible fijar si 
este período no ha sido más antiguo por millares de años, 
pero una fecha **ante quod'', segura, de la cual se pueda des- 
prender alguna enseñanza, reviste, por el momento, más im- 
portancia que una determinación absoluta, la que ahora se- 
ría imposible fijar. Están representados en los entierros an-" 
tiguos de Ancón, el período de Tiahuanaco y sus epígonos 
(démosles aquí la fecha, relativamente mínima, de 500 años 
de la Era Cristiana) así como también el de los vasos 
blanco-negro-colorados; pero faltan, tanto en Ancón co- 
mo en otros lugares, residuos de cocina con origen cla- 
ro de estos períodos; y aquellos hallazgos en cementerios 
seculares son las únicas pruebas, hasta ahora, de que gente 
de esos períodos ha vivido en el Perú bajo condiciones que 
podrían haber conducido á la formación de residuos estrati- 
ficados. La presencia de algunas capas y montones de tie- 
rra morada en Ancón, nos inclina á atribuirla á hombres del 
último período de menos edad, mencionado más arriba. 

Como se vé por la exposición precedente, somos de opi-\ 
nión de que el origen de los depósitos de residuos de cocina' 
de posición cronológica más moderna, data desde 900 años! 
a. de C, según la clase de cronología tomada aquí por ba-;^ 
se.* Al rededor de tal fecha principió, ateniéndonos á núes-': 
tro cálculo general, la producción de los vasos blanco 3' ne- ' 
gros, que ha sido desarrollada con extensión típica, especial- 
mente en el valle de Chancay, pero que se ha podido observar; 
también en Huacho, en el valle de Chillón, en la isla de Sanj 
Lorenzo, y, tal vez, en sus términos hasta el valle de Lurín^,' 

Una verdadera evolución se verificó junto con el princi- 
pio de la producción de los vasos negro 3' blancos en toda es» 



LOS *'jKOEKKfctíMoBDDlXGS*' DEL PEr6 



21 



ta región en el género de vida, y los pobladores de ella v^ol- 
vkron a habitar, de preferencia, los montones de conchas. 

Todos los innuraerahUs montones de esta naturaleza 
íjtie hay en la pampa de Ancón provienen de este período. 
Puede cortarse cualquiera ile ellos en diierentes partes de la 
I nei-TÓpoHs. ó eseavarse desde la cima hasta hallar el suelo 
firme, en una profundidad como de diez metros, y no se en- 
cuentra otra clase de vasos que los del período de los blanco 
^ y negros de Chauca>% Está comprobado ésto por la serie 
de eíícavaeiones que allí practicamos. Cementerios enteros, 
hechos á poca profundidad del suelo firme, han sido cubier- 
tos ¡ucgo coíi grandes montoiies de residuos. Por eso es que 
se encuentran entierros eti las extremidades de los montones 
ílectmchas, que [>arecen pequeños cementerios aislador y 
qoe, en renlidad, pertenecen á un vasto cementerio cubierto 
con el trascurso del tiempo por las grandes aeumutaciones 
*le residuos. 

Una conclusión se puede derivar de la producción cuor- 
me de residuos de cocina durante un soloperíorlo en la i^am* 
pa de Ancón: ó todo el período debe haber tenido una dura- 
ción muy larga, 6 las acumulaciones deb^m haber crecido 
muy rápidamente. Peni aún sup intendo esto último, no 
se puede menos que atribuir á todo el período una duración 
normal, cuando meno^, de unos 400 á 500 años. Atribuímos 
ci origen de este mismo período y la pertenencia (i la misma 
c¡vilÍ3£aci6n,á todos los otros depósitos de residuos de coci- 
na de toda esta región, que no fueron eximidos arriba; á los 
que existen detrás del puerto de Sup:% en la falda de! cerro; á 
los que bordean los pantanoii cerca de San Nicolás; álos que 
hay cerca de Vegueta, Huacho» Chancay. Bella vista, Chorri* 
líos y también á los de la isla de San Lorenuo, donde, al 
practicar una csca vació n, se puede encontrar vasos negro y 
blancos del período de Chancay. 

Cierto es que los vasos negro y blancos^ no se encuentran 
en el suelo del sur del Perú, pero alH hubo otras formas de ci- 
vilización, que no sólo fueron contempor/meas con aquellas, 
niño también paralelas en el nivel general del grado de desa- 
rrollo. Esta era la civilis^ación local de origen más moderno 
de los valles de ka, Chincha, etc* hasta Chala, que parece 



22 REVISTA HISTÓRICA 



haber sido determinada especialmente por el tipo que domi- 
naba al rededor de lea. Por eso, no será sin razón el que 
hayamos encontrado muchas conchas diseminadas por to- 
das partes en el suelo de poblaciones de este período en el 
valle de lea, provenientes de los alimentos que usaban. 

Varios grupos de residuos de cocina, en la región de la 
costa, pertenecen á este período y forma especial de la civi- 
lización. Así, los grandes montones formados de conchas y 
arena en la boca del río de lea, los fragmentos de ollas di- 
seminados en la superficie de estos cerritos, pertenecen á este 
período, que, según nuestro parecer, se extendía, más 6 me- 
nos de 900 á 1400 años de la Era Cristiana. 

No hay vestigios que indiquen una cierta relación con la 
civilización de los incas, de manera que se puede conjetu- 
rar que estos cerritos fueron abandonados al principio del 
período incásico de la costa. Pero todo en ^ ellos tiene una 
apariencia tan intacta que parece hubiesen sido abandona- 
dos ayer; los fragmentos de redes, piedras labradas, trapos, 
pedazos de madera, etc., que yacen diseminados por el suelo, 
tienen una apariencia enteramente reciente y hay todavía 
parados palos de las chozas que existieron en uno de aque- 
llos cerritos. Al verlos viene á la memoria el recuerdo de que, 
cuando recorrieron las costas del golfo de México, los espa- 
ñoles descubridores de América, divisaron á los habitantes 
en sus chozas levantadas sobre montones de conchas. Sin 
una exploración minuciosa es difícil decir si en estos cerritos, 
que nos parecieron tener una altura de cerca de 50 metros 
cuanao los visitamos por primera vez,los vestigios del mis- 
mo período de civilización se hallan en ellos desde la cum- 
bre hasta la base. Según la experiencia adquirida en el es- 
tudio de los montones de conchas del Perú, no es muy pro- 
bable que las capas inferiores de estos cerritos pertenezcan á 
un tipo de civilización distinto del que representan las capas 
superiores, pues va hemos observado que, por lo general, la' 
gente de cada período nuevo, comenzaba á hacer montones ! 
de conchas propias, sin continuar la acumulación de perío- ; 
dos anteriores. Téngase presente las experiencias hechas en/ 
Ancón y Supe. — ' 

A este mismo período pertenecen, según los objetos en- 



LOS"KJOEKKENM$SOIlINGS" DEL PERO 



23 



^ 



IP 



centrados en los entierros, los residuos de cocina de la José- 
fita, cerca de Chala vieja; los vestigios de residuos de la bo- 
ca del río de Chala, y, tal vez, los restos antiguos, muy des- 
truidos ahora, cerca de! puerto de Chala. 

Con más segurídatl se puede afirmar que los montones 
de residuos de cocina de Lomas, Chavina, Tanaca, Quebra- 
da de Ja Vaca, etc. alcanzan al período incásico. Las pobla- 
ciones, como la de la (Quebrada de la Vaca, tan bien conser- 
vada* cuyos caracteres no se ven con frecuencia en las po- 
blaciones de alguna antigüedad superior, con una abundan- 
dancia de objetos incásicos, que tal vez no pueden ser encon- 
trados m sito, porque las tumbas antiguas han sido destruí* 
das por los aficionados á la huaquería, dejando en la supcr- 
ficie fragmentos de toda clase, hacen la impresión de haber 
tenido un origen modernu» casi exclusivamente incásico* Las 
tumbas construidas en forma de cúpula sobre la superficie 
de la tierra (que en la actualidad están todas destruidas y 
robadas), traen á la menioria ciertas tumbas halladas cerca 
de Challa, en la isla de Titicaca, Al lado tle éstas se encuen- 
tra una construcción con muchas celdas, que parece que hu- 
biese sido un cuartel, y que, aparentemente, data del perío- 
do incásico* Construcciones de idéntico tipo hemos cncon 
trado á una y dos leguas de distancia, en las inmediaciones 
de "La Caleta" [entre la QuL?brada de la Vaca y el puerto de 
Chala] y en el mismi7 valle de Chala, El camino de los in- 
cas, que por br^os trechos está muy bien conservado, pasa 
cerca de allí. ¿Eran aquellas construcciones cuarteles erigi- 
dos por los incas? ¿Eran colonias militares de mitimaes, en- 
viadas allí por aquellos para poblar y dominar la región y 
para protejer el camino? ¿Era, quizás, toda la poblaiión 
Acomodada por los incas en este desierto, donde no rs pro- 
bable que antes del tiempo de su dominación estuviese po- 
blado, y que manteniéndose con conchas y pescado, presta- 
ban, tal vez, servicios al soberano y cíintribuían á la Sí^guri- 
dad del imperio? 



Dr. Max Uhlií 



un QUEcnuisin 



Entre los claros varones dignos de ocupar una página 
en nuestra Historia literaria, por haber honrado las letrasy 
al clero nacionales, figura Fancisco de Avila; cuyo recuerdo, 
al cabo de dos 3' media centurias de su muerte, nos compla- 
cemos en renovar. 

Es tardía la gloria que se tributa á las cenizas, en sentir 
de un poeta latino: Cinerí sero gloría venit, Pero al fin, 
cuando es pago de deuda de gratitud imprescriptible esa glo- 
ria diferida, exime á los pueblos de un cargo fiíndado, 3" 
siempre produce estímulo saludable en los contemporáneos 
3' en los pósteros. 

Son títulos de Avila, para que se conserve su memoria: 
sus escritos contra la idolatría de los indios, que pueden con- 
siderarse como históricos, por los datos que suministran, 
sobre cultos 3' mitos del Imperio Incaico; 3' sus sermones en 
quechua, en los que lo usa con destreza tal, que permite 
apreciar la perfección y bellezas de ese idioma. 

En este ligero estudio haremos conocer primero al hom- 
bre y luego al escritor. 



Nació en la ciudad del Cusco hacia 1573, de padres ig- 
norados, de raza española, que se supone eran impedidos, 3' 
aún nobles. Expúsose al tierno niño en la puerta de la casa 
del Ensayador allí, Cristóval Rodríguez, cuya consorte era 
Beatriz de Avila. Dióse al expósito el nombre de Francisco; 
tomó el apellido de Avila, probablemente de la mujer de Ro- 
dríguez; 3^ se le agregó después un otro apellido, — Cabrera, 



VH QITKCHUISTA 



25 



que no usaba al firmar: no salñéndose más pormenores de 
una extracci/m que convino ocultar, (a) 

En lucha con la pobreza _v la orfandad hizo Francisco, 

^ en cnftá fie cuatro años, sus cursos de Artes y Teología nio- 

H ral, en el mismo Cusco, en las aulas de los Jesuítas; v logró 

sobfcsalir entre sus condiscípulos, por su mucha aplicación 

y conocido provecho, tcnicndu varios actos literarios en que 

se expidió muy bien. El cuenta, que el Padre Pedro Casti- 

Illo, de la Compañía de Jesús» fué su primer maestro de Gra- 
mática latina. 
Tonsurado por el Obispo de esa Diócesis, Fray Gregorio 
de Montalvo, el 21 de octubre de 1591, y ordenado de ostia- 
rio el 26 de abril de 1592, decidióse á venir á Lima á conti* 
auar su carrera, aunque no contaba aquí con parientes, 
amigos ni dinero^ ¿ Recibía, tal vez, secreta protección desús 
I padres /— Xo lo sé* 

P Parece que él mismo año 92 ingresó á la Universidad de 

San Marcos, célebre ya por sus miembros eminentes* El te- 
naz cusqueño hulío tiempo en que oía y recibía siete leccio- 
nes diarias: cinco en los generales de dicha Escueta; una du- 
Irante dos años, del afamado Jesuita Estevan de Avila, sobre 
la materia Oc censurís; y otra De simonm^ dictada por el 
Dr» Carlos Marcelo Corne, ilustre obispo después de Truji- 
llo, su patria, y fundador del Seminario Conciliar que lleva 
tu nombre. 
De regreso al Cusco Avila, en 1596, le confirió los gra- 
dos de lector, exorcista jt acólito, el 8 de marzo, en Chall- 
haatica, provincia de Aimaraes. el Obispo de Tucumán don 
Fernando de Trejo. El mismo Prelado lo ordenó allí de sub- 
diácono el sábado siguiente; de diácono en la catedral del 
Cusco, el 30 de marzo, víspera de la donn'nica de Pasión; y 
de presbítero, el 13 de abril, en la iglesia de San Francisco 
de esa ciudad. 

L-ehemente deseo de Avila de concluir sus estudios, y 

Lima: cursó cánones v leves 



gríi 



trají 



' nuevi 



(ñ\ Avila Acabé por firmar Dávifa, cantraeríón át^Dc AvÜa; siguí^n- 
tlcí d rjcmplóde otros i n di vid a os del mismo apellido como Dévitu aparece 
ftsrmprr en %n volumen dt seruoübs, en el título, prólogo, licencias jceri - 
«urat; y aií lo llaman tatiibíén varios autores, y entre ellos Pahlp José de 
AiTÍiiiíii, <?ti 1621, en su Extirpación de la ¿doíütrfñ. 
X 



26 REVISTA HISTÓRICA 



en la misma Universidad; tuvo muchos actos sabatinos de 
esas facultades, y varios generales ante el claustro de docto- 
res y maestros. Logró recibirse de Bachiller el 12 de febre- 
ro de 1597; y mucho más tarde, — quizá por el gasto excesi- 
vo que se requería, — de Licenciado y Doctor, en 10 y 12 de 
julio de 1606. 

En la visita que hizo, por orden del Rey, á la Universi- 
dad de Lima, el Arzobispo de México don Alonso Fernández 
de Bonilla, el doctor Alsiña, Catedrático en ella de vísperas, 
encomendó á Avila un acto, }' conclusiones del capítulo Ex 
litterís — De jure patronatus, para que se viese el adelanto de 
ese cuerpo literario, y tuvo aquello el mejor éxito. 

Domiciliado en la Arquidiócesis, logró Avila en concurso, 
en 1597, el curato de San Damián, perteneciente á la provin- 
cia de Huarochirí, en donde se le ofreció vasto campo para 
mostrar su celo en predicar á los indios, y desterrar lajdola- 
tría, que conservaban por ignorancia, y por natural apegoá 
las creencias y prácticas de sus antepasados. 

Hecha la visita del curato por Santo Toribio, declaró á 
Avila exento de toda responsabilidad, por auto expedido en 
Quinti el 9 de octubre de 1598. Iguales sentencias se dieron 
en las visitas que después realizó el bachiller Fernando Mar- 
tínez, visitador general del Arzobispado, que son fechadas, 
respectivamete, en Chorrillo, el 18 de marzo de 1600, y en 
Santiago de Tumna, el 24 de setiembre de 1601. 

Avila fué nombrado vicario del pueblo y doctrina de San 
Damián, Quinti, Santa María de Jesús, el Chorrillo, Sisicaya 
y San Bartolomé de Suey acancha :dióle eltítnlo el licenciado 
Miguel de Salinas, Visitador general déla Arquidiócesis, en 
Huarochirí, el 26 de octubre de 1598. 

Nuevo nombramieto de vicario le libró el mismo Santo 
Toribio, el 2 de julio de 1603, en el pueblo de San Pedro de 
Huaricairi; 3' el Deán y Cabildo en sede vacante le confirieron 
también el vicariato el 16 de junio de 1606. 

Véase en qué términos se expresa sobre Avila el visitador 
Martínez, al pronunciar su veredicto, en la causa de visita 
que siguió: **Fallo atento á los descargos que dio, que le debo 
absolver y absuelvo, y doy por libre de los dos cargos que le 
fueron fechos, y de todo lo en ellos contenido, y debo decía- 



IIN QUeCHrtSTA 



27 



I 
I 



rar y declaro al dicho licenciado Francisca de A%'¡la por sa- 
verdote muy honradu, docto, estudioso 3^ honesto» de mucha 
virtud y recogimiento, y que ha acudido y acude assi al offi- 
cio de cura, como al de Vicario, con mucha fliligejicia y cuy- 
dado, y merece cjue su señoría lltma* le premie, y haga mer- 
eced en lo que kc Ic offreciere, Y por esta nuestra sentencia de- 
ffinitivamentc juzgando asi lo pronuncio y mando",,.... 

En 1607 presentó Avila, al Cabildo en sede vacante^una 
solicitud, para que se instruyera una sumaria información 
sobre su vida 3' costumbres, á tenor de las once preguntas 
contenidas* en el interrogatorio que formuJó: pedía también 
copias de los títulos de su ordenación, de los grados de li- 
cenciado, bachiller y doctor; \^ de las visitas por él hechas en 
San Damián, ChacUa y Mama; á fin de que, en presencia de 
esos dítcumcutos, el Key y el Consejo de Indias leconcedieran 
una Dignidad ó Prebenda, 

Fueron declarantes: el Dr, D. Bernardíno de Almanza, 
Tesorero de la igle^^ia de Cartagena; el Licenciado Alonso Me- 
nacho 3' el Bachiller Diego González Chamorro, curas de la 
Catedral de Lima; y los doctores Carlos Marcelo Come, Ma- 
gistral, \* Francisco de León Gara vito, Catedrático de Pri- 
ma de le3*es en San Marcos, El expediente original, en 29 ho- 
jas, de dicha información, se conserva; >^ merced á él se cono- 
cen detalles sobre la vida del Cura Avila hasta entonces. Di- 
cho expetlien te concluye con este paueceh: 

*• En la ciuflad de los Revés, A diez y siete días del mes de 
yo de mili seiscientos e siete años, el señor doctor don Pe* 
dro Muñiz, Dean de la Sancta y Cathedral Iglesia déla dicha 
ciudad, Provisor e Vicario general en ella e su arzobispado. 
Por su scñoria Dean e cavildo sede vacante y en birtud ele la 
cutivision que tiene de su señoría para lo aquí contenido 
abicudo visto estos auctos e yaff>rmacion — dixo ([iie a los 
testigos, cjue en esta ynformacion an depuesto, conoze de 
muchos años a esta Parte y los tiene por hombres Prencí pa- 
lé», temerosos de dios, E tiene por cierto, que Porningun, ín- 
teres depondrán más de lo que supieren, Y entendieren, con 
toda PuuLualidad, Y que al dicho Doctor Francisco de avila 
canoze desde niñoexpuesto, á la puerta de xpoval Rodríguez, 
linsayador del Cuzco, y de beatriz de avila su mujer, v^ con 



28 REVISTA HISTÓRICA 



aberse criado con grande Pobreza fue desde niño tan yncH- 
nado a la virtud y estudios que en su buena ynclinación. a 
mostrado siempre ser hijo de Padres nobles, y se a dado al 
estudio, Con tanta, codicia E curiosidad sin dcRamarse. En 
vicio ninguno, que en los dichos sus estudios, así de gramá- 
tica como En cánones, asta graduarse de doctor a hecho Ben- 
taja sierhpre a todos, los estudiantes que con el concurrían. 
En el estudio. E asi fué siempre tenido. Por el mexor estu- 
diante absolutamente de los. de la Unibersidad de su tiempo 
y a el susodicho le encomendaban, comunmentelos maestros 
los actos generales, de Exercicio del argüir y después, de 
aber alcanzado el sacerdocio y acabados sus estudios. Con 
el Probecho virtud, y diligencia que tiene Referidos, se ence- 
rró en una doctrina de yndiós. Donde tiene cierta Relación 
su merced Y save que a servido a dios en la dicha doctrina 
de yndios Enseñándoles nuestra santa fe católica y adminis- 
trándoles los sacramentos con muy buen exemplo y celo del 
aprobechamiento E salbación de los yndios. Y con lo que a 
ganado en la dicha doctrina bino á esta Unibersidad. y se 
graduó de licenciado. E dotor. con grandes muestras de su 
abilidad E letras, y se opuso a la calongia Doctoral que su 
magestad mandó se Proveyese por concurso enbiándole tres 
nombrados, para Presentar, el que mas su magestad se sir- 
biese. E en el qual dicho concurso mostró bien sus letras, y 
erudición, leyendo. Respondiendo. E arguyendo. E dio mu- 
cho contento al arzobispo E prebendados. Y al oydor seña- 
lado por el señor don Luis de Velasco virrey destos Rey nos. 
Para asistir al dicho concurso, aunque no le cupo la suerte. 
Por las quales. causas. El arzobispo don Thuribio mogro ve- 
jo que sea en gloria y después de sede vacante su merced co- 
mo Dean E Provisor deste arzobispado, le tiene Encomenda- 
do, y echo vicario de las provincias al Rededor, muchas le- 
guas, de su benefficio. E que por las dichas causas. E razo- 
nes, tiene por cierto será serbici(» de dios nuestro señor que 
su magestad se sirba de hacerle merced En cualquier digni- 
dad. O calongia deste Reyno como sea de las Yglesias más 
prencipales e más Ricas porque así se Premiará la birtud E 
letras, y estudios y se animarán, otros, pobres, y desampa- 
rados como el dicho Doctor francisco de avila a sido desde 



UN QITECHUISTA 



29 



^ 



un niñez a seguirla virtud y estudios, y esto es lo que le pa- 
rtiré En su conciencia E la firmó» El Doctor Muñiz. — Ante 
mf Cristóra! áe VHÍanueva^ secretario y Notario páblico/* 

El inolviflable americanista Jiménez de la Espada, que 
equivocadamente creyó limeñrj al Cura Avila, hace su mere- 
cido encomio; lo llama fatnoao, por su diligencia, habilidad 
y predicación, y por %n pluma; dice, que era un varón cuya 
moflestia rayaba con sus talentos y virtudes; y cita en parte 
lo que, sobre sus servicios y méritos» expuso al Rey, en 010, 
al oponerse á una Canongfa de la Iglesia de Lima. Avila di- 
ce así: **Soy persona de letras, y que las profeso >^ me precio 
de ellas; doctor en cánones por esta universidad, donde fui 
graduado, rigurosamente examinado y aprobado, habiendo 
estudiado siempre con extremada pobreza y no más ayuda 
que la de Dios, que fué servido alimentarme, y me he ocupa- 
do más de trece años en curatos de indios, enseñándoles v 
doctrinándoles en nuestra santa fe católica Soy asimis- 
mo hijo expuesto de esta tierra, de padres naturales de esa 
y nobles, aunque no conocidos; gozo de los privile^os de los 
que el derecho llama expuestos, gwoninipaneíi£esí?ííorai3íur, 
y por el consiguiente soy hábil para cualquier ofícío, digni- 
dad, canongíá y beneficio, así por derecho como por indulto 
que concedió la Santidad de Clemente octavo á los tales ex- 
puestos, y para mejor cautela y abundancia, tengo particu- 
lar dispensación en caso quí^ fuere necesario. Aunque á lo que 
he entendido, el ser expuesto, que es lo que más me había de 
ayudar, me ha dañado cerca del Cabildo de esta iglesia, en la 
nominación que hizo, si no me puso en buen lugar." 



Cuando el Párroca de San Damián disfrutaba de más 
crédito, entregado al estudio y al servicio de su doctrina, en 
letiembrc de 1607 inicióse contra él un expediente de 24- ca- 
pítulos; acusándolo de exacciones contra los indios, de re- 
cargo del trabajo de éstos, y de algunas otras faltas graves 
co el ejercicio de su cargo. Era Procurador general de los in- 
iios Francisco de A venda ño. 



30 REVISTA HISTÓRICA 



Avila fué enjuiciado y estuvo aquí preso; absolviéndolo al 
fin, el Racionero Dr. Baltazar de Padilla, Juez, Vicario y Vi- 
sitador general del Arzobispodo, por el VenerableCabildoen 
sede vacante. Confirmó la sentencia, el 24 de diciembre de 
1609, el Dr. Feliciano de Vega, Provisor y Vicario general; 
quien en ella dice: **Fallamos. atento los autos y méritos de 
esta causa, que debemos de absolver, y absolvemos, y damos 
por libre, al dicho Dr. Francisco de Avila, de los dichos capí- 
tulos 3' de lo demás pedido contra él en la dicha razón, aten- 
to á la retractación y apartamiento de los dichos indios y 
testigos que contra él se pusieron en la dicha causa, contra 
los cuales le reservamos su derecho a salvo, para que en ra- 
zón de su calumnia y lo demás, pida y diga en justicia como 
le convenga.** 

Así terminó, después de trascurrir más de dos años, este 
ruidoso proceso, que puso á prueba la honorabilidad y la 
paciencia del Dr. Avila; y que consta de 144 hojas en folio 
español. En una declaración que prestó el acusado, el 3 de se- 
tiembre de 1609, afirma: que contaba 36 años de edad y 13 
de sacerdocio: habiéndome servido este dato, para fijar el 
año 1573 como el de su nacimiento. 

Conviene no olvidar lo que asevera él mismo, en la I'rc- 
fación de sus Sermones: que los indios forjaron en complot 
esa querella calumniosa, por sus prédicas frecuentes, impug- 
nando la idolatría; y sobre todo, por el sermón que les hizo, 
en la más solemne de sus fiestas, el 15 de agosto de 1609 con- 
tra Parificcacca y Chaupiñamocc^ divinidades de primer ran- 
go en la comarca. 

A causa de lo mucho que había sufrido Avila en San Da- 
mián, por las imputaciones de que fué víctima, debió preten- 
der otro curato. El Rey lo nombró para el de Huánuco en 
1610; cu3'o beneficio aceptó, poniendo un interino mientras 
él desempeñaba otro cargo. 

El 13 de diciembre de 1609, ante selecto auditorio, recitó 
el Dr. Avila, en la catedral de Lima, una elegante oración la- 
tina, felicitando por su reciente llegada al Iltmo. Arzobispo 
Lobo Guerrero, y llamando su atención sobre la idolatría de 
los indios. El virtuoso Prelado, lleno de celo, lo nombró pri- 
mer Visitador de idolatría, en 1610; y con este carácter co- 



VK grECHriSTA 



ai 



mvnz6 luego la visita üe los pueblos de San Damián, Mama, 
San Pedro de Casta, Hiiaroehirí 3^ San Lorenzo de Qiiinti: 
poniéndose tan grave t-n Casta, que tuvo que venir á Liman 
medicinarse. 

Continuo la visita ú su costa, Siempre de Cura de Huá* 
nuco, hasta 1618, en que lo nombró el Rey Canónigo de la 
iglesia de la Plata, y después Maestrescuela de ella hasta 
1640, Restituido á Lima, tras larga ausencia, fué Canónigo 
de su Cabildo, del año 32 al de su muerte. 

En los nueve años continuos de su visita no hubo día que 
pasase sin predicar siquiera una vez, y en muchas oeasione» 
eran más dedos los sermones al día. En Chnrcas predicó á 
los indios en su lengua todos los domingos y fiestas, por es- 
pacio de dos años; y en Lima hasta 1643, en que se lo ¡mpi- 
dieron la sordera y achaques seniles que sufría. 

El Dr. Avila fué uno de los siete primeros visitadores de 
idolatría que dcáignó el Arzobispo Villágómez; á pesar de la 
iocapaeidnd en que ya estaba de ayudar de otro modo que 
eon sus consejos 3* experiencia. 



Nuestro Avila, al ver cómo los indios, sus feligreses, ocul- 
taban y disimulaban su idolatría, tomó el Ínteres más vivo 
en extirparla, eon vertiéndolos y destruyendo los ídolos, los 
ad oratorios, y aún los mallquis ó cuerpos de sus progeni* 
lares* 

Ufano de sus hechos, próximo íi su fin, hace él mismo la 
narración de ellos en esta pregunta de sus Sermones: "¿Yo 
proprio no saqué más de trcynta mil ídolos por mis manos 
abrá treynta años de los pueblos del Corregimiento de Hua- 
rocheri, Yauyos^ Xauxa, 3' Chaupihuaranceas, y otros Pue- 
blos, y quemé más de tres mil cuerpos de difuntos que ado- 
raban? Esto es muy público en este Rey no, y oy pienso que 
todos han buelto á lo mismo/* (T. 1*^ pág. 236)* 

** En concepto de algunos, dice Jiménez de la Espada, es- 
tas visitas fueron un estrago, una desolación, donde queda- 
ban para siempre destruidas, con los ídolosy adoratoriosin- 



32 REVISTA HISTÓRICA 



dianos, y con los vasos, vestidos, útiles é insignias de su cul- 
to gentílico, infinidad de monumentos interesantísimo é in- 
dispensables á la historia de aquellos pueblos Pero la 

indignación que esa ruina pudiera excitar se atenúa bastan- 
te, considerando que la maj^or parte de aquellos adorados 
objetos eran simples piedras del campo 6 del camino, que los 
infieles tenían por divinas y milagrosas, á fuerza de empe- 
ñarse en que lo eran." 

Pero el Dr. Avila no se limitó á predicar persistentemen- 
te contra la idolatría, y á destruir todo lo que sirviera á con- 
servarla y propagarla, quiso que así la iglesia como el gobier- 
no pusieran el mayor conato en que los indios aborreciesen, 
y hasta olvidasen todo aquello. 

Su primer trabajo se titulaba: 

Tratado y relación de los errores^ falsos dioses y otrras 
supersticiones^ y ritos diabólicos en que vivían antiguamen- 
te ItfS indios de las provincias de Huarocheri, Mama y Chao- 
lla^ y hoy también viven engañados con gran perdición de 

sus almas. Recogido por el doctor. de personas ñdedig- 

ñas y que con particular diligencia procuraron la verdad de 
todo. — Año de 1608. 

En 1611 escribió una memoria sobre su primera visita 
con f ste epígrafe: 

Relación que yo el doctor Francisco de Avila, presbítero, 
cura y beneñciado de la ciudad de Guánuco hice por man- 
dato del Arzobispo de los Reyes acerca de los pueblos de in- 
dios de este arzobispado, donde se había descubierto la ido- 
latría y hallado gran cantidad de ídolos que los dichos indios 
adoraban y tenían por dioses. 

Otro trabajo suscinto de Avila, que ha publicado Medi- 
na, en su reciente obra, La Imprenta en Lima, es la 

Relación que hizo por mandato del señor Arzobispo de 
los Reyes acerca de los pueblos de indios de este arzobispado 
donde se ha descubierto la idolatría y hallado gran cantidad 
de ídolos que los dichos indios adoraban y tenían por sus 
dioses. 

Queda también, en el archivo del convento grande de San- 
to Domingo de esta ciudad, un otro escrito de Avila, sobre 
la idolatría de los indios. Se titula: 



UN QUECHUISTA 33 



Parecer y arbitrio del doctor Francisco Dávila, beneficia- 
do de Gttánuco y Visitador de la idolatría^ para el remedio 
dellá en los Indios deste Arzobispado.—MS. f^ de 3 pág.; fe- 
chado en Lima, el 16 de febrero de 1616. 

Este breve trabajo en que su autor propone seis remedios 
para extirpar la idolatría, forma parte de un interesante vo- 
lumen de diversos documentos antiguos: lleva el núm. 124, y 
está en la pág. 272. 

El docto americanista Clemente R. Markham tradujo al 
inglés la primera obra de Avila quehe mencionado, publicán- 
dola en Londres, en 1872, con el título de 

A narrative ofthe errors, false Gods, and other supersti- 
tions and diabolical rites in wich the indians of the Provin- 
ees ofHuarochirif Mama and Challa lived in ancient times, 
and in wich they even now livCj to the perdition oftheir 
souls 

El mérito de esta traducción, no consiste sólo en la fide- 
lidad y acierto para interpretar el texto, sino en las notas 
con que se la ha ilustrado. 

Hay de Avila además una aprobación, fecha en Lima el 
8 de octubre de 1646, de la obra de Bartolomé Jurad^^ Palo- 
mino — Declaración copiosa de las quatro partes más esencia- 
les y necessarias de la doctrina christiana; obra que es el ca- 
tecismo del Cardenal Roberto Belarmino, vertido al quechua. 

La obra más importante de Avila, la que le ha conquis- 
tado un nombre que perdura, son sus Sermones para todo el 
año, en quechua, y vertidos por él mismo al español. Son 122: 
del primer tomo 95 y 27 del segundo. Después del tema, y 
de la exposición clara y rápida del Evangelio del día, hace 
las reflexiones morales del caso, y acaba con una ligera ex- 
hortación: siendo dignas de observar la claridad y sencillez 
del estilo, apropiadas á la incultura de los indios. 

En esa época, en que los escritores de todo ord«n en el 
Perú hacían gala de pretensiosa y forzada erudición, usando 
un estilo alambicado, y á veces ininteligible, hacinando con- 
ceptillos, extravagancias y ridiculeces. Avila fué uno de Ins 
pocos que se dirigía al pueblo en lenguaje llano y á su alcan- 
ce, con cierta unción, y sin olvidar la majestad de la cátedra 
sagrada y la altura de su ministerio. Se sustrajo al mal gus- 



34 REVISTA HISTÓRICA 



to dominante, y esto hace su elogio y explica el éxito de sus 
homilías. 

El libro á que me refiero se titula: 

Tratado de los Evangelios que Nuestra Madre la Iglesia 
propone en iodo el año desde la primera Dominica de Ad- 
viento, hasta la vltima Missa de Difuntos, Santos de España ^ 
y añadidos en el nuevo rezado. Explicase el Evangelio, y se 
pone vn sermón en cada vno en las lenguas Castellana^ y Ge- 
neral de los Indios deste Reyno del Perú, y en ellos donde dá 
lugar la materia, se refutan los errores de la Gentilidad de 
dichos Indios, Dedicado al Santíssimo Predicador de las Gen- 
tes, y Apóstol Pablo, y al Illustríssimo Señor Doctor Don 
Pedro de Villagómez, Arzobispo desta ciudad, y á todos los 
Señores Obispos del dicho Reyno, 

El tomo primero **contiene desde la primera dominica de 
Adviento, hasta el sábado de la octava de Pentecostés*', sin 
indicarse el año ni lugar de impresión; pero fué impreso en 
Lima en 1646. Después de una lámina de San Pedro, con 
unos versos latinos y un anagrama epigramático del nom- 
bre del autor (6) están los autos del Virrey y Arzobispo so- 
bre la idolatría de los indios; el discurso latino del Dr. Avila 
al mismo Prelado, sobre ese tema; las aprobaciones de Fra3'' 
Miguel de Aguirre, agustino; Francisco de Contreras, jesuí- 
ta; Juan de Arguinao, dominico; y Dr. Andrés García de Zu- 
rita, obispo electo de Huamanga; — las licencias para la im- 
presión; y la Prefación al libro por el autor: — 44 hojas de 
prelim. y 564 páginas. 

El tomo segundo, publicado en 1648, muerto Avila, por 
su buen amigo y albacea, el Licenciado Florián Sarmiento 
Rendón, capellán mayor del Monasterio de Santa Clara, fué 
aprobado por los mismos censores, padres Aguirre, Contre- 
ras y Arguinao; y consta de 6 hojas n. n., 143 páginasy 3 h. 

b) — Como cosa curiosa publicamos el anagrama latino que se formó 
del nombre de Avila, y un epigrama de su elogio. 

ANAGRAMA 

Dominus Franciscus de Avila 

Indis corde, ac manv salvs fui. 

EPIGRAMA ANAGRAMÁTICO 

Ule ego, qui miseris sucurrens vt pater INDIS, 

CORDE AC scpé MANV vita SALUS que FVI 



UN QUECHUISTA 35 



del índice. — Las licencias para la impresión fueron dadas, 
en agosto de 648, por el Arzobispo y el Virrej'. 

Se cita también, como impresa por Avila, una Relación 
de la vida de la Madre Estefanía de San José; con un discur- 
so de él, que se considera modelo. 

Dejando á un lado, entre los quechuistas, á los gramáti- 
cos y lexicógrafos Domingo de Santo Tomás, González Hol- 
guín, Figueredo, Huerta, Martínez, Ocón quedan los es- 
critores en quechua, que conocían mejor la índole 3' fraseolo- 
gía de esa lengua, y la hablaban con facilidad 3' corrección; 
como Oré, Pérez Bocanegra, Avendaño y uno que otro más: 
entre los que Avila ocupa lugar prominente. 

Debióse á su crédito como quechuista, que escribiera, el 
18 de agosto de 1615, la aprobación del Arte de la lengua 
Quechuay por el Dr. Alonso de Huerta, huanuqueño. Cate- 
drático de ella en San Marcos; y que tuviera Avila hasta su 
muerte, esa cátedra y la capellanía que debía servir, predi- 
cando á los indios los domingos y díasfestivos, en su idioma, 
á la puerta de la Catedral: en cuyos cargos lo sustitu3'ó el 
Cura del Sagrario, Dr. D. Alonso de Osorio, nombrado por 
el Arzobispo Villagómez, el 23 de noviembre de 1647. 

El Canónigo Avila presentó un recurso al Cabildo, el 27 
de marzo de ese año, pidiendo se le exceptuase de la asisten- 
cia á coro y de los oficios de su canongía. AJega que está sor- 
do, á punto de no oír en absoluto nada, ni el toque de las 
campanas; que no puede dar un paso; ni tiene hora segura, 
desde que se encuentra muy enfermo, y abrumado por sus 74- 
años. El Cabildo sofnetió la resolución de este asunto al Ar- 
zobispó señor Villagómez. No embargante ésto, asistió Avila 
al Cabildo de venia^ el martes 16 de abril; hallándose tam- 
bién en él dicho Prelado: luego no se encuentra ya después su 
nombre en las actas capitulares, pues le llegó el descanso fi- 
nal el 17 de setiembre del mismo año 47. 

El 4 de este último mes testó ante el Escribano público 
Antonio Hernández de la Cruz. Mucho antes, desde 1633. 
había fundado aquí una memoria, en la iglesia del Convento 
grande de San Francisco, para una misa solemne en el altar 
mayor y procesión, el 17 de setiembre, día de las llagas del 
santo; con asistencia del Arzobispo y del. Cabildo eclesiásti- 



36 REVISTA HISTÓRICA 



que, para concurrir, adelanta las horas y la misa conven- 
tual. El principal impuesto fué de 2,400 pesos, que debían 
producir 120 de renta al ano. 

El célebre padre Miguel de Aguirre, en su censura del se- 
gundo tomo de Sermones de Avila, de quien fué amigo ínti- 
mo, dice: **Parece quiso Dios nuestro Señor premiar el aelo 
al autor con muerte tan piadosa, y christiana, y tan prevé- 
nida que muchos días antes la hauía predicho á muchos, 
afirmando que moriría el día de las llagas de nuestro glorio- 
so Padre San Francisco, su singular devoto, y en cuyo culto 
y loor hauía fundado, y dotado la solemnidad con questc 
día van en procesión, y asisten á la fiesta el Illustríssimo se- 
ñor Arzobispo, y Cavildo insigne, en el Convento del santo 
Patriarca de esta ciudad y espiró el Dotor Avila al primer 
golpe del doble de campanas, que para recuerdo, y sufragio 
suyo anticipado, hauía ordenado catorce años antes/'— De- 
be recordarse que era hermano de la tercera orden. 

El mismo padre Aguirre asegura: que Felipe III escribió, 
al margen de una consulta del Consejo de Indias, en 1618, 
que para todos los obispados vacantes de ellas fuera consi- 
derado Avila, por ser digno, según la relación que de él se le 
hacía. 



Así acabó su carrera mortal este venerable sacerdote, 
predicador apostólico durante cincuenta años en los arzo- 
bispados de Chuquisaca y Lima; que fué infatigable en extir- 
par la idolatría de los indios, y en procurar luciesen entre 
ellos las creencias y las virtudes cristianas. 

La acción individual de Avila cesó con la muerte; pero en 
su libro de Sermones dejó trazado el surco, para que pudie- 
ran con facilidad seguir su ejemplo los curas y doctrineros de 
los indios, que necesitan, para ser comprendidos, evangelizar 
á éstos en su idioma. 

Asistieron á su entierro el Virrey, la Audiencia, los Ca- 
bildos, las religiones y un gran concurso: justo homennje á 
ese humilde expósito, cuya vida fué tan fructuosa. 



tTN gi'ECtiriS^A 



37 



Para concliiír: ea confirní ación de algo de lo que dejo es- 
crito, voy á copiar parte de los infortnes^ por su naturaleza 
reservados, que dieron á la Corona acerca de Avila, con dis- 
tancia de 23 años» un Virrej 3^ uii Arzobispo: el Marqués de 
Monte9claro9 y don Fernando Ariíis de Ugnrte, personajes 
meritísimos. 

El Virre3\ en carta de 31 de marzo de 1610, recomenda- 
ba á Avila para una canongía; calificándoto de '*hombre de 
moderadas letras, buena opinión en sus costumbres, criollo 
dcste reino, y aunque ha3^ optu/íu que son conrcidos sus pa- 
dres, él se cuenta por expuesto, y en cualquiera destos dos 
caminos es mestizo, según se tiene por más cierto.** 

El digno Prelado escribía al Rey, en estos términos, el 
13 de mayo de 1633: *^E1 Dr. D, Francisco de Avila, natural 
ele la ciudad del Cuzco, hijo expósito, es de edad de 60 años, 
es doctor en cánones, docto y bien entendido; ha sido doctri- 
nante en este arzobispado y visitador general; trabajó con 
provecho en la extirpación de la idolatría, fué canónigo \' 
maestrescuela de la iglesia de loa Charcas algunos años; ha 
un año que es canónigo de esta Iglesia, asiste al coro con 
cuidado; siendt:» yo indigno arzobispo de los Charcas, se si- 
guieron contra él causas »nov graves, de que fué dado por 
libre/* 



• # 



Entre los autores que lo elogian y consignan sobre él da- 
tos, citaremos: á Diego de Córdova Salinas, en su Crónica fran- 
ciscnna (I V. cap. XX VI 11, p.ig, 536); á fray Bernardo de 
Torres, en la Crónica de Ja Provincia Peruana de San Ag^us* 
tfn (L I, cap, XXXXllI, pág. 241); á Gil González Dávila en 
el Teatro ecíesiástico de las Indias (tomo I, págs. 20 y 68); 
al Padre Arriaga, en la Bxtirjmción de la Idolatríade los in* 
dios del Perú (cap. I); ñ Montalvo, en el So! del Nuevo Mun- 
do (pág* 85); á Mendiburu, en el Diccionarío histórico-bio' 
gráfico del Perú (tomo I, pág. 411); á Jiménez de la Espada, 
cu las Tres relaciones de Antigüedades Peruanas (pág. 



38 



REVISTA HISTÓRICA 



XXXII); á Tovar, en los Apuntes para /a Historia Eclesiásti- 
ca del Perú (pág. 105); á Medina, en La Imprenta en Lima 

(tomo I, págs. 116, 383 3' 386 Pudiera aún mencionar 

otros autores, que no dicen nada de nuevo; pero sí recorda- 
ré el Catálogo cronológico de los obispos del Cusco, publica- 
do en 1831; y la obra de Bermúdez sobre las Actas del Ca- 
bildo Metropolitano de Lima (pág. 72). 



Lima, marzo de 1906. 



José Toribio Polo 



FACSÍMILE DE LA FIRMA DE AVILA EN 1607 




La Yírreirici Gobernadora 



Así como los grandes artistas dedican especial atención 
& determinada parte de sus obras inmortales, así, el Creado , 
al modelar el globo terráqueo, hizo objeto de todos sus es- 
meros, de todas sus predilecciones, á esta parte que se llama 
Perú, y derramó sobre ella con pródiga mano, abundantes 
dones para singularizarla y distinguirla délas demás regio- 
nes de la Tierra. Baña sus extensas costas un mar, el Pací- 
fico, cujas bravezas apenas pueden compararse con las M^ta- 
cioaes de otros mares, y en ellas las tempestades son deseo- 
nocidas. De Norte á Sur la crusia la colosal cordillera de los 
Andes, que sirve de espina dorsal al más grande de los cinco 
continentes del globo, y cuya médula forma nía metales pre- 
ciosos, en abundancia y ric|ue2a no igualadas en ninguna 
Otra reglón; y tan ricos, variados y abundantes como su rei- 
no mineral, son sus reinos vegetal 3=^ animal* Su clima es una 
eterna primavera, y serpentean por su territorio, en todas 
direcciones, hermosos ríos navegables, que contribuyen á 
fiirmar el mngestuoso Amazonas, el rey de los ríos de la 
Tierra. 

En el orden moral, no menos predilecciones ha tenido con 
el Perú el Ser Supremo, Por su bondad de carácter 3^ vivaci- 
dad de ingenio, los peruanos gozan de fama universa], así 
conifi la gozan sus mujeres por .su belleza y discreción; y para 
singularizarlo más aún de las otras naciones del Continente, 
C()ncedi6le dos preeminencias que no han tenido la dicha de 
gozar los demás pueblos americanos: en el Fias Saatorum fi- 



40 REVISTA HISTÓRICA 



giiran tres santos peruanos, dos nacidos en lejanas tierra?», 
pero que florecieron y murieron aquí, Santo Toribio M ogro- 
vejo 3" San Francisco Solano, y una nacida en Lima, Santa 
Rosa, honra y orgullo del Continente Americano, por más 
que la emulación hiciera aparecer una Azucena de Quito, en 
el Ecuador, y una Santa Rosa del Mapocho, en Chile; y en la 
nómina de gobernantes del Perú figura una mujer, hecho ca- 
si desconocido en los anales de la Historia patria, que es lo 
que motiva este trabajo. 

* * 

Junto con la noticia de la muerte del Conde de Santiste- 
ban, abultando sus proporciones de manera alarmante, llegó 
á la Corte la de los disturbios de Lajxacota, por lo cual la 
Reina regente Doña Mariana de Ncuburg, que gobernaba 
dwrante la menor edad de Carlos II, resolvió el nombramien- 
to y envío inmediato de un nuevo virrey, que se encargase, 
ante todas cosas, de la pacificación del reino; y después de 
muchas vacilaciones y consultas con el Consejo de Indias, 
halló el personaje que buscaba. 

Y fué éste el Excelentísimo Señor Don Pedro Antonio Fer- 
nández de Castro Andrade y Portugal, de real estirpe, terce- 
ro del mismo nombre, décimo Conde de Lemos, por gracia 
otorgada por el Rey Don Enrique IV en 1457 á Pedro Alva- 
rez de Osorio, séptimo Marqués de Sarria, octavo Conde de 
Villalba, sexto Conde de Andrade, señor de las casas y esta- 
dos de las Marinas y Biedma, Grande de España de la pri- 
mera clase y antigüedad, octavo Conde de Castro, Duque de 
Taurisano y Barón deja Mota de Santa Ágata, etc. etc., na- 
cido en su palacio de Monforte de Lemos el 29 de Junio de 
1632, hijo de Don Francisco Fernández de Castro y Portugal, 
Legnano de Gatinara, noveno Conde de Lemos, insigne pro- 
tector de las letras, Mecenas que fué del inmortal Cervantes 
y á quien éste dedicó Pérsilis y Sigismunda^ encabezando la de- 
dicatoria con la conocida copla: 

** Puesto ya el pie en el estribo 

Con las ansias de la muerte, 

Gran señor, ésta te escribo **. 
y de la Condesa Doña Antonia Téllez Girón, hija de Pedro 



TéUez Cf írnn III Duque de Osuna, y Tiznieta del conquista- 
dor de México Heinán Cortés, 

En Madrid, d 20 de Julio de 1 664» y previas capitulacio- 
nes, había el Conde contraído niatrimonio con Doña Ana, 
Francisca-Hérmenegí Ida-Justina— Josefa-Benita-Vicentii de 
Burja y Centellas» Doria y Colonna, prima suya, nieta de 
San Francisco de Borja, lo mismo que el Conde su marido, y 
I por ende, ambos descendiente^ del célebre Rodrigo de Borja, 
6 sea el Papa Alejandro VI; nacida en Gandía y bauttEada el 
22 de Abril de 1640, hija octava de Don Francisco Pascual 
de Borja y Centellas, Doriay Carreto, octavo Duque de Gan- 

V'tlfE, y de la Duquesa doña Artemisa María Doria y Colonna, 
hija del célebre Almirante Andrés Doria, Principe de Malfi, 
vencedor en Lepanto, y de la Princesa Juana Colonna. En 
primeras nupcias, y sin haber logrado sucesión, estuvo doña 
Ana casada con Don Enrique Fimentel Enríquez de Guznián 
Luna y Osorio, quinttj Marqués de Távara, tío suyo, viudo 

■ dos veces, y que sólo fiel primer matrimonio había logrado 
sucesión* femenina. 

Nombrado Virrey del Perú el Conde de Lenios, y exigien- 
do los sucesos del Virreinato su pronta presencia en el lugar 
de su gobierno, se embarcó, con su esposa y dos hijos, en uno 
de los galeones de la flota mandada por el General Príncipe 
fie Monte Sarcho, que salió de Cádiz el 3 de Maríso de 1667, 
haciendo ana feliz travesía hasta llegar á Tierra Firme. 



Fué el sábado 6 de Agosto de 1667 que se tuvo en Lima 
jríuiera noticia del nombramiento del Conde de Lemos co- 
Virrey' del Perú, y su arribo a Panamá, junto con su es- 
[posa, niños y personas de su séquito, y trájola el Qapitán 
Don Nicolás Zerrano, Días después, el 28 de Septiembre si- 
guiente, vino desde Paita, haciendo el viaje por tierra, un 
soldado de á caballo, quien manifestó que e! nuevo Virrey ha- 
^bfa llegado á esc puerto el día 14 de aquel mes y que saldría 
Hparu el Callao el 25 del propio. 



42 REVISTA HISTÓRICA 



Dijo el soldado que el Conde traía preso en la nave capi- 
tana al Presidente de la Audiencia de Panamá, Doctor Don 
Juan Pérez de Guzmán (*). 

El alegre repicar de las campanas anunció al pueblo de 
Lima una grata nueva el 23 de Octubre de aquel año, y, en 
efecto, á las 5 de la tarae entró en esta ciudad Don Jacinto 
Romero Caamaño, Embajador del Conde de Lemos para 
anunciar oficialmente á la Audiencia su nombramiento d^ 
Virrey del Perú y próxima venida. El Embajador se dirigió 
luego á la Audiencia y fué recibido en la sala del Acuerdo, 
fuera el sitial y quitada la mesa. Componían el augusto Tri- 
bunal el Doctor Don Bernardo de Iturrizarra, quelo presidía 
y los oidores Don Bartolomé de Salazar,Don Pedro Güemes, 
Don Fernando de Velazco, Don Diego Cristóval Messía y Don 
Juan de Munibe Munibe. 

El Embajador tomó asiento ala derecha del Presidente y 
halagó los oídos de los magistrados haciendo una larga rela- 
ción del viaje de sus excelencias y de su prosapia, que, como 
he dicho más arriba, era de la flor de la nobleza española. 
Terminado su cometido, el Embajador se retiró al alojamien- 
to que se le había preparado, en la plazuela de San Diego 
[que después se llamó de San Juan de Dios] al lado de la casa 
que habita el Presidente Iturrizarra. Iba su merced á pié, 
acompañado de todo el Regimiento y de todos los caballe- 
ros de la ciudad, llevando á su derecha al Alcalde Don Juan 
de la Presa, y á su izquierda al otro Alcalde Don Joseph de 
Torres. 

El Embajador fué objeto .de mil atenciones departe de la 
sociedad limeña, no faltando la indispensable corrida de to- 
ros, que se lidió en su obsequio el miércoles 2 de Noviembre. 
Y desde la llegada á Lima de este personaje todo era prepa 
rativos para recibir al nuevo gobernante. Damas y caballe. 
ros se esmeraban á porfía en hacer nuevos y lujosos vestidos 
para el día del recibimiento; y los gremios, el Tribunal del 



(*) El Consejo de Indias desaprobó la conducta del Virrey' y lo multó 
en 12,000 patacones, ordenando la restitución del Presidente á su puesto. 
Mendiburu hace una lamentable confusión de este suceso. Tomo III art. 
correspondiente al Virrey. 



LA Y1RREIICA GOBSRKADOItA 



43 



Consulado, fa l'nhersidad etc., no se descuidaban por su 
parte. 

Esperábase por Tnonientos la llegadít de la armada y la 
iifiimación de la ciudad era grande, cuando en la mañana del 
miércoles Sllegó un propio de Chancar atiunciando queá la 
vista de aquel puerto había pasado la esperada flota. La 
noticia se esparcía rápidamente y el pueblo comenzó ñ diri- 
jirsc al vecino puerto del Callao, pero un trágico aconteci- 
miento vinci á turbar la general alegría. Iba al Callao á re- 
cibir al Virrey, el Presidente de la Audiencia Don Bernardo de 
Iturri^ara, en su carruaje y escoltado por tropa de á caballo, 
cuando en la calle de Juan Simón llamó al Capitán de la Sala 
fie armas, Don Nicolás VélezdeLeón.y le ordenó que la tropa 
qtic iba delante se detuviese y marchase detrásde su carroza. 

El Capitán trasmitióla orden ni Teniente del piquete Don 
Juan de Azáldegui, en esta forma imperativa, como si íuesc 
disposición suya y no emanada del Presidente; 

—¡Deténganse y no pasen adelante! 

El Teniente A^áldegui le respondió: 

— V- merced no me tiene que mandar nada, que yo nú lo 
que tengo tle hacer y lo entiendo mejor que vuestra merced. 

Y diálogo subió de punto hasta que el Capitán Pérex sa- 
«6 la espada, arremetió contra el Teniente Azálde^ui y de 
una mortal estocada le hizo caer del caballo con las ansias 
ílc la muerte. La tropa que impasible había presenciado el 
altercado entre los dos oficiales, apresó al Capitán 3- por or- 
den del Presidente se le condujo á la cárcel de Corte, mien- 
tras el desdichado Azáldegui exhalaba el último aliento re- 
costado en el estribo de la carroza del atónito Iturr ¡zarra. 

Muerto Azáldegui el mando de la tropa recayó en el Te- 
niente Lucas Almeira: pero éste tampoco obedeció la orden 
del Presidente; al contrario, picó espuelas y al frente de la 
tropa se encaminó al trote largo al Callao; y el débil Presi- 
dente tuvo que seguir su camino solo, vejado 3^ con la visión 
de un esi>ectáculo sangriento, 

Almeira murió misteriosamente treinta días después del 
suceso que dejo apuntado, 

[^as tres de la madrugada eran cuando el estampido del 
cañón anunció á los habitantes del Callao la proximidad de 



44 REVISTA HISTÓRICA 



las tan esperadas naves, señales á las que contestaron una 
hora después las baterías de tierra y los buques fondeados 
en el puerto. El lejano tronar del cañón se percibía clara- 
mente en Lima; las gentes se alborotaron y luego, en calesas, 
caballos y mulos, y muchos á pie, se encaminaron al Callao 
para presenciar la entrada. Pero la capitana había dispa- 
rado su artillería cuando estaba aún muy distante de la is- 
la de San Lorenzo y sólo .al medio día se acercó al Cabezo. 
De allí bordeó hasta frente á la boca del río, de donde, como 
inmensa gaviota que revolotea, volvió á virar hasta dar 
fondo, y al soltar el ancla hizo una salva de nueve cañona- 
zos. Eran las 7 de la noche. 

En tierra, mientras la nave maniobraba, las baterías 
disparaban sin cesar sus piezas y lo mismo efectuaba la nao 
**San Francisco Solano*', que estaba fondeada en el puerto 
y hacía el oficio de capitana. 

No era ya la hora oportuna para efectuar un desembar- 
que, en tiempos en que esa operación, por falta de elementos, 
era sumamente penosa, y así el Virrej' resolvió pasar la no- 
che á bordo, en donde recibió á encumbrados personajes de 
la ciudad que fueron á ofrecerle sus respetos. 

Al día siguiente, jueves 10, al despuntar el alba, toda la 
artillería de la plaza hizo una salva y la muralla se cubrió 
de damas y caballeros, que habían pasado la noche en el Ca- 
llao, y que, como dice la relación de donde tomo estos minu- 
ciosos detalles, **parecía un jardín de flores sugun la varie- 
dad de mantillas y vestidos lujosos que se hicieron expresa- 
mente para el recibirtiiento del Conde, tanto las clamas co- 
mo los caballeros, como jamás se había visto.'* 

Y llegó la suspirada hora del desembarque, para cuyo 
efecto se había construido una balsa muy grande, cubierta 
con un toldo y en la cual se había arreglado un estrado, con 
seis cojines de terciopelo y un sillón forrado en tela de igual 
clase para el Virrey. Esta gran balsa venía remolcada por 
dos chinchorros, de seis remos cada uno, y ocupábanla más 
100 personas. 

Al desatracar la balsa de la capitana, la artillería de es- 
ta nave hizo una salva de nueve cañonazos, que fué contes- 
tada por todas las piezas de tierra. 



LA YIRREIi^A GOBBRNADORíÍ 



45 



Para facilitar el desembarque del Real gobernante se ha- 
bfa construido en la orilla del mar una gran plataforma, á 
^iionde atracó la balsa que traía á los condes y eti la cual los 
y«ardaban dos sillas de manos; una de terdojyclo verde, 
que ocnpó la dueña con un niño, hija de nqudlos, Don Ginés 
de Castro y Portujíal, tiuc apenas contalia un año. La otra 
ailla, forrada en tela muy rica, tachonada de clavos dora- 
dos, la ocupó la Virreina con otra hija suya, tierna niña de 
dos y medio años de edad, Doña María Alberta* Luego de* 
scmbarcó el Virrey, y venía descubierto, mirando á la mura- 
lla, i]onde había tal concurso de bellezas y caballeros, qa^ lo 
aclamaban incesantemente. Entonces el Conde, profunda- 
mente emocionado, sncó su pañuelo y lo agitó, correspon- 
diendo á las cariñosas manifestaciones que le hacían. La 
Virreina y su séquito ocuparon tres carrozas y en ellas se 
dirijieron al palacio, mientraíi el V' irrcy continuaba su mar- 
cha á pie. Al llegar á la puerta de la muralla llamada de la 
Mar, el í^eneral del Callao, Don Baltasar Pardo de Figue- 
roa, le entrego las llaves tle la ciudíid en una salvilla d* irada 
y un riquísimo bastón con puño y regatón de oro, engasta- 
do en hri 11 antes, y cuyo costo era de más de 4,000 pesos* 

Antes dL' tomar descanso los Condes se encaminaron ú 
la Iglesia mayor, donde oyeron misa. Luego se dirijieron á 
palacio, en donde recibieron la visita de! Arzobispo Don Pe- 
dro <le Villagómcís. 

V no dejó de llamar la atención de los presentes la ma- 
nera cómo el representante de la Corona recibió al prelado 
limeño. Al tener noticia de su venida, el Conde de Lemos sa- 
lió á recibir al Arzobispo hasta la escalera j **at besarle la es- 
posa m humilló mucho, que le faltó muy poco para poner la 
rodilla en el suelo". Más tarde el pueblo se acostumbró a 
las extravagancias que cometiera el Conde, impulsado por 
la aguda neurosis mística que le aquejaba. 

Durante su estadía en el Callao el Virrey fué muy feste- 
jado. La noche de su llegada hubo fuegos artificiales y el 
martes sigtiientc, que se contaron 15 de Noviembreí hubo li- 
dia de toros, en que salieron á la arena 15 cornüpetos* 

El 10 vino el Conde íi Lima por primera vez, comió etj 
palacio y regresó al puerto en la tarde; y el 19, acompaña- 



46 REVISTA HISTÓRICA 



do de la Virreina y su séquito, se dirijió á la chacra de Don 
Sancho de Castro, cerca de esta capital, en donde estuvo 
hasta el lunes 21 á medio día, que hizo su entrada solemne 
en Lima. 

La entrada pública del Conde de Lemos en la capital del 
Virreinato fué una de las más brillantes hasta entonces, y 
muy pocas veces superada después por los virreyes que le 
sucedieron. 

Sin galanura en el estilo, toda disquisición histórica re- 
sulta árida y pesad8,y á riesgo de cansar al lector, vamos á 
continuar apuntando infinidad de detalles exhumados de 
viejos manuscritos, perdidos y cubiertos de polvo durante 
dos y media centurias. El día aquel el Virrey' se encaminó 
desde la chacra de Castro á esta ciudad bajo palio y lo reci- 
bieron los dos alcaldes, Don Juan de la Presa y Don Joseph 
de la Torre y Zúñiga, y todos los regidores vestidos de elegan- 
te tela carmesí. Ambos alcaldes tomaron del diestro el ca- 
ballo que montaba el Conde, que era un hermoso potro 
blanco, con una silla toda bordada de plata. Llevaba pues- 
to su Excelencia un vestido de tela columbina,todn bordado 
de oro. Formando el cortejo venían todos los tribunales, la 
Universidad, las compañías del batallón Real de Lima, de 
las cuales una era mandada por el Capitán Don Luís de San- 
doval, y por el de la misma categoría Don Luís de la Cueva 
la otra; las dos compañías de los gentiles-hombres lanzas y 
arcabuces y las de los indios cañares. 

Las calles por donde su Excelencia debía dirijirse á pa- 
lacio, estaban primorosamente engalanadas, con colgadu- 
ras de seda y damasco y los balcones llenos de los agracia- 
dos rostros de las sin igual limeñas, de donde se arrojaba 
multitud de flores al paso del Virrey. 

En la esquina de las calles de los Mercaderes y los Espa- 
deros se había levantado un arco muy costoso y elegante; 
pero lo que dejaba absorto era el otro arco, levantado en el 
crucero de las calles de los Mercaderes y de las Mantas. Es- 
taba hecho este arco, todo él, con vajilla de plata; y todo el 
espacio por él cubierto se había empedrado con 550 barras 
del mismo metal, cada una de las cuales pesaba 200 mar- 
cos y representaban en conjunto más de un millón de pesos. 



La virreina gobernadora 



47 



AI pasar el Virrey debajo de este arco, tas ti opas que es- 
taban formadas en la plaza, que se componían de doce com- 
pañías de infantería y doce cañones, hicieron tres salvas. 

La Virreina presencia desde un balcón la entrada del 
Conde y luego se hizo conducir en silla de manos has^ta la 
Catedral, por las mismas calles por donde había pasado su 
esposo, y en donde fueron recibidos por el Arzobispo y coro 
Metropolitano con un íe deum y canto de órgano* 

Terminada la ceremonia rcli^^osa, el Virrey salió á la 
plaza por la puerta principal, montó á cabal In y se puso al 
frente de las tropas, las cuales le batieron las banderas; y la 
Virreina se encaminó á Palacio, saliendo por la puerta la te- 
il de la iglesia* 



» 

p 



Las noticias que á su llegada á Lima recojió el nuevo Vi- 
rrey sobre los acontecimientos de Puno» no podían ser mfis 
j^raves y le convencieron de la imprescindible necesidad en 
que estaba de ir personalmente al teatro de los sucesos para 
iiu más rápida pacificación, y en tal sentido comenzó á dic- 
tar sus disposiciones. 

De enormidad eran, sin ejemplo, los cargcjs que pesaban 
contra los Salcedo. Acusábaseles de los delitos de lesa ma- 
gestaíl y de impiedad, pues el grito común en los diversos 
tumultos realiííados en Laycacota era Muem eí nmí gubkr- 
ito, el Rey ye¡ Pnpa! ; y que se hurtaban descaradamente de 
las disposiciones de la justicia, exclamandosarcAsticamente: 
Alfi viene e¡ bamío!, cuíináo alguno se promulgaba, que, des- 
de luego, no acataban; que á consecuencia de los disturbios 
habían muerto de muerte violenta más de 450 cristianos; 
que habían hecho matar al gobernador don Angelo de Pe- 
reí] o para hurtarle las causas que les seguían sobre sus deli- 
tos; que habían desobedecido las órdenes del Virrey Conde 
de Santtsteban y una provisión real de Felipe V para que 
viniesen á Lima; que habían levantado tropas, erigido fuer- 
tes y fabricado artillería para resistir A las autoridades, y 
otras no menos graves. (*) 



» • 1 n niíUk — Compendio deí k^ho ts í c^ 



48 REVISTA HISTÓRICA 



Dispúsose, pues, el Conde de Lemos á emprender el viaje 
al Sur y el sábado 2 de Junio de 1668, á las 12 de la noche, 
salió un auto de la Sala, en que se notificaba á Don Gaspar 
de Salcedo y á Don Juan de Salazar para que fuesen á Puno 
á dar sus descargos de las tremendas acusaciones que se les 
hacía, y que nombrasen los letrados y procuradores que la 
prosecución del proceso demandaba. 

A tan desusada hora se notificó el auto á Don Gaspar en 
el cuarto de palacio en donde estaba preso, quien se hallaba 
entregado á tranquilo sueño y al enterarse de la disposición de 
la Audiencia, comenzó á dar grandes gritos, pidiendo justi- 
cia 3' negándose á vestirse para ir al Callao. Acudió á la vo- 
cería el Virrey, le animó con buenas razones, alentándole pa- 
ra que se vistiese y fuese á Puno y ofreciéndole que en todo 
se le haría justicia. 

A la mañana siguiente, Salcedo y Salazar, después de mi- 
sa, salieron de Palacio con destino al Callao, escoltados por 
un destacamento de caballería, y luego se les embarcó en la 
capitana, que estaba lista para zarpar. 

Horas más tarde salía también de Palacio el Conde de 
Lemos y se dirijía al mismo puerto para embarcarse igual- 
mente para el Sur. Iba su Excelencia acompañado de bri- 
llante séquito. Para dar pábulo á sus místicas prácticas se 
detuvo un rato en la Iglesia mayor y luego siguió para el 
puerto, en donde fué recibido con las acostumbradas salvas 
de artillería. Pero el Virrey experimentó un desagradable 
contratiempo, pues soplaba un fuerte viento contrarío y la 
nave no pudo salir aquella tarde. Pasó á bordo la noche su 
Excelencia esperando salir á la mañana siguiente, pero ei 
viento soplaba siempre con violencia y el Virrey se vio preci- 
sado á desembarcar el miércoles y volver á Lima. Por fin, 
mejorado el tiempo, el jueves á las 8 de la mañana regresó 
el de Lemos á bordo, y á las 12 del día la capitana levó an- 
clas y se hizo á la mar. 



Al ausentarse de Lima el Virrey no encomendó el gobier- 
no del Virreinato á la Audiencia, como estaba obligado á 
hacerlo, según disposiciones vigentes, sino que lo puso en ma- 



LA TIRKEINA GOBEKNADOIÍA 



49 



nos de !;ii esposa, cuyas prendas y dotes especííiUsInias para 
dt^empeñnrln con acierto, conocía á fondo el Conde» quien 
para proceder así estaba autorizado por una Rea! cédula, fe- 
chada el 12 de Junio de 1667. Prrece que el Virrey había 
previsto el vinjc á Puno para remediar personalmente lagra^ 
ve situación creada allí por los Salcedo, y solicitó y obtuvo 
del Soberano la cédula que dejo mencinnada. El historiador 
Mendiburu, que no tenía noticia de ella, se extraña de qtie 
los oidores, lejos de reprobar y oponerse á semejante arbi- 
traria novedad, se sometieron á ella. El hecho es, pues, que 
la Condesa de Lemos empuñó las riendas del poder y comen- 
z6 á ejercerlo el lünes4 de Junio de 1668, no mereciendo sino 
aplausos sus actos gul>ernativos. Estaba dotada la Conde- 
sil de i n doma lile energía y de una sagacidad poco común. 
Como una muestra de ella conserva la tradición el siguiente 
hecho: 

LIe;2Ó á esta ciudad un fraile geronimita, portugués, y 
la Virreina recibió una denuncia anónima expresando que el 
tal sujeto no era fraile sino un espía, que para el mejor de- 
semfietlo de su misión se había disfrazado con el santo hábi- 
to de San Gerónimo. La Virreina expuso el ca: o á los oido- 
res y éstos opinaron por la inmediata prisión del geronimi- 
ta; pero la sagaz señora se opuso á la violenta medida y re- 
solvió tomar el asunto á su cargo, Al efecto, invitóle á co- 
mer, lo mismo que á los oidores; los cuales, como también la 
Virreina, por ciertas glotonerías propias de frailes de que 
dio muestra el sospechado personaje, quedaron convencidos 
de lo falsa y calumniosa de la denuncia y dejaron al santo 

^ varón en libertad* 
Veamos ahora los actos practicados por la Virreina en 
el ejercicio de sm cargo y cómo su conducta llegó hasta me- 
pcer agradecimientos del Soberano. Fué el primero un 
■ando contra los franceses, que hizo promulgar el 16 de Ja- 
ñio, ordenando que fuesen denunciados á la autoridad, lo 
misnio que los bienes que tuviesen ó compañías comerciales 
en que tuviesen participación, tanto en este Reino como en 
los demás dominios españoles de América, Este batido, co- 
mo todos lus despachos y documentos emanados de su go- 
bierno, estaba encabezado con este título: Don Pedro Fer- 



I 

■ 

I 



50 REVISTA HISTÓRICA 



nández de Castro y Andrade, Conde de Lemos de Castro y 
Andrade y Villalbay Marqués de Sarria, Duque de Taurisano 
Virrey, Gobernador y Capitán General de estos Reinos y 
Provincias del Perú, Tierrañrme y Chile, etc. y Doña Ana de 
Borja su mujer. Condesa de Lemos, en virtud de la facultad 
que de su Excelencia tiene para gobernar estos Reinos etc.; y 
firmado **La Condesa de Lemos", según el facsímile que va 
en seguida, tomado de un despacho que se conserva en el to- 
mo VII de Manuscritos de La Biblioteca Nacional, con la 
respectiva refrendación del Secretario Don Sebastián de He- 
rrera: 




La llegada de buenas noticias de Chile ofrecieron oportu- 
nidad para que la Virreina asistiese á una ceremonia públi- 
ca con todo el esplendor que acostumbraban los represen- 
tantes del Soberano en casos semejantes. El miércoles 4 de Ju- 
lio de aquel año llegó al Callao el navio **San Juan de Dios" 
anunciando que en Santiago de Chile se había recibido por 
Gobernador el Marqués de Navamorquende, quedando preso 
el antecesor, que lo era Don Francisco de Meneses. El día si- 
guiente asistió la Virreina á una misa cantada en la Catre- 
dal, que, en acción de gracias por ese suceso, dijo el canónigo 
Balcázar. l,a Condesa, que estaba en avanzadísimo estado 
de preñez, se hizo conducir en silla de manos é iba acompa- 
ñada por los oidores, alcaldes de Corte, contadores mayores 
y Cabildo secular. 

Otra noticia decarácter muy distinto ala anterior llegó á 
esta ciudad el 31 de Agosto, y sirvió para poner de manifies- 
to la energía y varonil denuedo déla insigne señora, aún 
cuando no tenía sino 45 días de parida; y fué que por un bu- 
que llegado de Panamá en la noche de aquel día, se supo que 



LA VIRREINA GOBERNADORA 51 

el 11 de Julio anterior los piratas habían ocupado Puerto 
Bello (Portobelo) haciendo prisioneros á todos sus habi- 
tantes. 

Luego que tuvo noticia del grave suceso, la Virreina 
mandó juntar á Acuerdo General, el cual, después de confe- 
renciar sobre el punto hasta las cuatro de la madrugada, re- 
solvió que la Gobernadora enviase los socorros necesarios, 
dejando la disposición á su arbitrio. La actividad fué tan- 
ta, como nunca se había visto antes en este Reino, según 
Mugaburu, que seis días después, el 6 de Septiembre, salie- 
ron del Callao dos bajeles, conduciendo cerca de cuatrocien- 
tos soldados,en gran parte negros y zambo-, fundándose pa- 
ra estoen que **la experiencia ha mostrado de cuanta impor- 
tancia es en aquel Reyno los pardos y los morenos, en las 
ocasiones en que el enemigo de Europa ha tratado de inva- 
dir aquella ciudad." (*) Iba, además, abundante cantidad 
de armas, municiones, pólvora, víveres, vestuario y 150,000 
pesos en reales. 

**La eficacia de la Virreina y Gobernadora premió Su- 
Magestad, conforme le fué representado por el Consejo de 
Indias, con su carta Real de 24 de Junio de 1670, donde, 
entre otras expresiones de alta consideración, se consigna 
haber sido sin ejemplo su manera de acudir á prevenir aque- ' 
lia invasión; y después de este documento escribió el Rey 
Don Carlos II de su propia mano lo siguiente: 

Condena: de ha verse executado por vuestra mano, y ze- 
lo, estas disposiciones del socorro de Puertovelo con la bre- 
vedad que pedía, bame dado mucho gusto todos los buenos 
efectos que han resultado de ello, de lo cual quedo con toda 
satisfacción, y muy en mi memoria onraros, y favorezeros 
como esjusto.^*(**) 

Los socorros, sin embargo de la actividad con que se les 
despachó, fueron innecesarios, pues el 20 de Octubre se tuvo 
noticia por otro buque llegado del Istmo, que los piratas 
habían abandonado Puerto Bello después de haberlo ocupa- 



(•) Relación del socorro que remitió á Tierrafirme la Excma. Señora 
Condesa de Lemos etc. 
(••) Bethencourt. 



52 REVISTA HISTÓRICA 



do 32 días, mediante una indemnización de 100,000 pataco- 
nes, dejando el castillo intacto y á los prisioneros en lil>er- 
tad; noticia que causó indescriptible entusiasmo y que fué ce- 
lebrada con repiques de campanas, misa de pontifical, lumi- 
narias y **una mascaAitaGn la plaza en la noche de aquel 
día." 

Plaga insoportable era entonces el gremio de mercachi- 
fles en Lima, y en distintas ocasiones dictáronse diversas 
disposiciones reglamentándolo; una de ellas fué el bando que 
en 22 de Septiembre hizo publicar !a Virreina,limilándo á 40 
su número, bajo penas severísimas, como eran multa de 50 
pesos y enrolamiento por dos años en las tropas que gue- 
rreaban con los indios araucanos. 

Otro bando hizo publicar la Condesa el 3Q de Octubre, 
anunciando que el día 11 del mismo, el Virre3^ había manda 
do cortar la cabeza y hacer cuartos por mano del verdugo á 
Joseph de Salcedo, por traidor, secuestrándosele todos sus 
bienes que, según Mugaburu, ascendían á 400,000 pesos en 
barras y reales, aparte del valor de las minas. Mandaba el 
bando que todas las personas que tuviesen tratos con Salce- 
do, de palabra 6 mediante escritura, lo manifestasen en tér- 
mino de cuatro días, so pena de la vida y, además, declarár- 
seles traidores del Rey. 

La cera podía considerarse en aquellos tiempos como ar- 
tículo de primera necesidad, tal gasto se hacía de ella en fes- 
tejos diarios á santos y bienaventurados, y su expendio se 
reglamentaba frecuentemente para reprimir la especulación; 
así, el 31 de Octubre,dictó un bando la Virreina para que los 
cereros no la vendiesen á más de 140 pesos el quintal. 

Y fué éste el último acto de gobierno de la Condesa de 
Lemos, pues el domingo 2 de Noviembre, á las 2 de la tarde, 
fondeó en el Callao la capitana, á cuyo bordo venía el Virrey, 
después de una ausencia de seis meses menos cinco días. 
Había hecho su Excelencia un viaje bastante rápido. El 4 
de Octubre estuvo en el Cuzco; el 11 asistió al suplicio de 
Salcedo y sus compañeros en Puno, exageradísimo acto de 
crueldad que ha merecido general reprobación, y el 2 de No- 
viembre llegaba al Callao. Allí permaneció el Conde hasta 



LA VIRREINA GOBERNADORA 



53 



el lunes 3, en que vino á esta ciudad con gran acompaña- 
miento y recibió el gobierno de su consorte. 

Gobernó, pues, este privilegiado Perú la Exceleiitísimn 
señora Doña Ana de Bnrja, Condesa de Lemos, desde el lu- 
nes 4 de Junio hasta el lunes 3 de Noviembre de 1668. esto 
es. seis meses menos un día. 

Desde entonces los condes compartían el tiempo entre 
las atenciones del Gobierno y dar pábulo á la aguda neuro- 
sis mística que aciuejaba al de Lemos» heredada, sin duda, de 
la que, con man i [estaciones eróticas, adolecía el común 
abuelo de ambos, el Papa Alejandro VI; bien fuese pasan- 
do largas temporadas en las diversas haciendas que los 
jesuítas poseían en las cercanías de la capital, ó fomen- 
tando fiestas religiosas, pues como muy acertadamente dice 
Lorente, "tuvo la devoción su edad dorada en el gobierno 
del Conde de Lemos, hechura de los jesuítas, y á quien para 
serlo perfecto, sólo le faltaba la sotana," 

En los prmieros días de Diciembre de 1672, aguda dolen- 
cia se apoderó del Conde: el donnngo 4 su estado inspiraba 
temores y se le administraron los últimos auxilios espiritua- 
les, que le llevó el Arcediano Don Juan Santoyo de Palma, 
llevando las varas del palio los canónigos. La gravedad 
del ilustre enfermo se acentuó y el martes 6, á las 3 de la 
madrugada (así consta en el testamento), testó el Conde de 
Lemos ante el escribano Pedro PérA Landero, C|ue no fué si- 
no un poder general para testar dado en favor de su esposa, 
en el cual no olvidó perdonar lo que le debía personalmente 
la iglesia de los Desamparados; y á las ocho y media de la 
noche murió, triste acón tenci miento que fué anunciada al 
pueblo por lus dobles de todas las iglesias. 

Había dispuesto el Virrey que su coraatón se conservase 
en la iglesia de los Desamparados y que su cuerpo se sepul- 
tase en la iglesia del Colegio Máximo de San Pablo (San Pe- 
ro) hasta que se trasladasen sus restos á Monforte de Le^ 
IOS, donde reposaban ísus mayores; y así se cumplió todo. 

Verificóse el entierro del Conde con la magnífica pompa 
en tales casos acostumbrada, el día 10; díjosele misa de 
cuerpo presente el 12, con asistencia de la Virreina viuda, y 
se le hicieron solemnes honras fúnebres el 19. 



54 REVISTA HISTÓRICA 

Muerto el Virrey, la Audiencia se encargó del gobierno 
del Virreinato y la Condesa se retiró á vivir á una casa par- 
ticular, que no indica el minucioso Mugaburu, en donde per- 
maneció entregada al cuidado de sus cinco penqueñuelos, ro- 
deada de la consideración y respetuoso afecto de todos, has- 
ta el miércoles 12 de Junio de 1675, víspera de Corpus, que 
salió para Panamá la armada compuesta de 9 navios, á 
bordo de uno de los cuales se embarcó de regreso á España 
la Condesa de Lemos con sus hijos y personas de su séquito. 
Iba por general de esta armada Don Joseph de Alzamora y 
por almirante Don Florián de Luzuriaga y conducía en sus 
bodegas veintidós millones de pesos en barras. La presen- 
cia de piratas había casi suspendido el tráfico marítimo en 
el Pacífico y por eso ni la Condesa viuda había vuelto á Es- 
paña, ni durante tres años se había despachado el tesoro 
real y el del comercio, que llegaron á montar suma casi fa- 
bulosa. 

En Tierrafirme se embarcó la Condesa en la flota que 
mandaba el general Don Nicolás de Córdova, la cual llegó á 
Cádiz el 17 de Marzo de 1676. 



Según lo declara el Qonde en su testamento, de su ma- 
trimonio con Doña Ana de Borja, tuvo los siguientes hijos: 

I.— Doña Alaría- Alberta- Antonia- Ana-Teresa- Francisca^ 
Sotera-Caya- Ventura-Ignacia-Domiga-Pascuala Fernández 
de Castro y Portugal^ venida á este valle de lágrimas en 
Madrid, á 22 de Abril de 1665, y bautizada el 29 del mismo. 
A la tierna edad de doce años pasaron sus capitulaciones 
matrimoniales, el 22 de Septiembre de 1677, y casó con 
Don Manuel Joaquín-Diego López de Zúñiga Sotomayor y 
Mendoza, XII Duque de Béjar, muerto en el sitio de Buda en 
1686. Sobrevivióle la Duquesa viuda 20 años y pasó á mejor 
vida el 20 de Julio de 1706. 

II. — Don GinéS'MigueUFrancisco-'María de la Concep- 
ción-Ignacio-Marcelo-Domingo - Biviano-Buenaventura-To- 
más-Diego-Pascual-Fernando Raíz de Castro Andrade y Por- 
tugal Oso río Enríquez Legnano de G atinara, heredero de to- 



LA VIRREINA GOBHBKADORA 



55 



dos los títulos de su casR, Grande de Bsijafia de la primera 
dase y antigüedad, que alcanza en el Reino los más encumbra* 
dos puestos, nacido en Madrid el 16 de Septiembre de 1666. 
Llamábase Marqués de Sarria y sólo contaba 14 meses de 
edad cuando, en 16G7» vino al Perú por haber sido su padre 
designado para el gobierno del Virreinato. De tiernísima 
edad^ atin nn cumplidos los seis aiíos, fué nombrado coronel 
del regimiento de la Nobleza de Lima, que el Conde de Le- 
mos oríjanizó en esta ciudad, j pocos meses después, en 22 
de Mayo de 1672, recibió el título de Teniente de Capitán 
General de Mar y Tierra y Gobernador del presidio del Cá- 
lao, puestos que habían vacado por fallecimiento del Mar- 
I ^ués de Navamorquende, que los desempeñaba. 

Este nombramiento originó la tierna y curiosa escena 
ijue voy á relatar en se^íuida: A recibir al nuL*vo Virrey Don 
Bnltazardela Cueva, Conde de Castellar y su esposa, que 
llegaron al Callao el domingo 5 de Agosto de 167-is fué has- 
ta Bocanegra, en su earrüza, la Condesa de Lemos con sus 
dos hijos mayores. El Conde y su esposa bajaron de las lite» 
rasen que v^enían. saludaron afectuosamente a la Condesa 
viuda y llenaron de caricias á to^íí niños, de quienes era pa- 
riente el Virrey entrante, por descender también los Lemos 
de los Duques di^ Alburquerque. Tomaron todos asiento en 
la carroza y siguieron al Callao, Al llegar la comitiva á los 
limites de la ciudad, se mandó hacer alto y el Maestre de 
Campo del presidio entregó las llaves al condecito de Lemos, 
como á general que era de Mar y Tierra, quien, á su vez, las 
pasó al Virrey y su Excelencia las volvdó á entregar al Maes- 
tre de Campo, 

Vuelto ú España, por veg primera, y cuando iba á j:um- 
plir 21 años* casó el Conde Don Ginesta 18 de Septiembre de 
16S7, con la Condesa Doña Catalina María Lorenza de Sil- 
va y Haro Mendoza de la Vega y Luna^ hija seguuda de Düo 
Gnrgorio María Domingo de Silva y Mendoza Sandoval de 
la Vega, IX Duque del Infantado, y de la I'ríncesa y Duque- 
sa Doña María Teresa de Haro y Córdova, hija segunda del 
célebre Conde-Duque de Olivares* Falleció esta señora en 
Madrid el 18 de Enero d? 1727 sin haber dado sucesión al 
Conde; el cual no guardó mucho la viudez, ansioso de tener- 



56 REVISTA HISTÓRICA 



la, pues el 3 de Septiembre del propio año llevó al altar á la 
Condesa Doña Mariana de la Piedad Osorio y Guzmán, hija 
mayor de Don Manuel José Alvar Pérez Osorio y Vega Enrí- 
quez de Almanza, Marqués de Alcañices, etc. y de la Mar- 
quesa Doña Josefa Antonia de Guzmán y Spínola, hija del 
Marqués de Montealegre. Murió la segunda esposa de Don 
Ginés estando en cinta, sin haber tenido antes sucesión, el 9 
de Diciembre del año de 1732, á los 24 de su edad. 

Todavía casó por tercera vez el Conde de Lemos, tenien- 
do ya casi 70 años, á 7 de Agosto de 1735, con su sobrina 
nieta Doña María Josefa de Zúñiga y Castro, hija mayor de 
Donjuán Manuel López de Zúñiga Sotomayor y Mendoza 
XI Duque de Béjar, y /le la Duquesa Doña Rafaela de Castro 
y Centurión, su tercer mujer. 

Apesadumbrado por nohaber tenido la deseada sucesión 
de ninguno de sus tres matrimonios, murió el anciano Con- 
de Don Ginés en Madrid el 30 de Septiembre de 1741, cum- 
plidos ya los 75 años. 

III.— Don Salvador Francisco de Borja Ruíz de Castro y 
Portugal^ nacido en Lima el miércoles 11 de Julio de de 1668, 
y bautizado el 23 del mismo mes en la iglesia Catedral por 
el Arzobispo de esta ciudad Don Pedro de Villagómez: tenién- 
dolo como su padrino de pila, el padre Francisco del Casti- 
llo, que era director espiritual de los condes y que tan pode- 
rosa influencia ejercía en el ánimo del. Virrey. 

Nació este niño mientras su madre ejercía el gobierno del 
Virreinato, como he referido más arriba, y la ceremonia del 
bautizo fué motivo de grandes festejos, en que no faltaron 
los indispensables toros y luminarias. 

En Madrid, el viernes 11 de Marzo de 1689, cuando sólo 
tenía 21 años, se unió en matrimonio Don Salvador con Do- 
ña Francisca Josefa-Leonor Centurión de Córdova Carrillo 
de Albornoz Mendoza Aragón y Mesía, por su propio dere- 
chcT cuarta Marquesa de Almuña, hija de Don Francisco Ce- 
cilio Centurión, IV Marqués de Estepa, y de la Marquesa 
Doña Luisa Antonia Mesía y Portocarrero, de la casa de los 
condes de Medellín. 

Falleció Don Salvador en su villa de Torralba, á 18 de 



I^A VIRREINA GOBHSNADOBA 



57 



' Octubre de 1 694, <n penas de 26 años de edad, dejando tres 
tiernas niñas de su matrimonio con la Marquesa de Almufia* 

1\\— Duna Rosa Francisca de Castro y Portugal, nacida 
también en Lima, el jueves 18 de Septiembre de 1669, y bau_ 
tizada cu la Catedral de esta ciudad el 1^ de Octubre del 
propio año, con gran solemnidad. Le puso el agua el Arzo- 
bispo VillagómcJí y fué su padrino el venerable Padre Casti* 
lio. Púsosele por nombre Rosa, entonces may en boga, por 
cuanto se celebraba la canonií'.ación de la sajita limeña, 

Y hubo grandes festejos con motivo del bautizo de la ni- 
ña: toros, luminarias y carreras en la plasa, en que el Virrey 
corrió tres de ellas, ginete en un hermoso caballo blanco. 

Esta niña murió de tierna edad, después del regreso de 
la Condesa A España, sin que me haya sido posible dar con 
la fecha de su muerte* 

X* — Don Francisco Ignacio Fernández de Castro v Por- 
tugal, nacido en esta ciudad, como loa dos anteriores, el 
Martes Santo 12 de Abril de 1672, y bautizado en la Cate* 
(Iral con el brillante ceremonial de costumbre, sirviéndole de 
padrino el mismo padre Castillo. Püsoleel agua el Provi- 
Jr del Arzobispado en sede vacante Don Esteban de Iharra. 

y buena oportunidad ^e me ofrece para dejar en claro un 
hecho un tanto ridículo atribuido al Conde, para poner de 
maníñesto su exagerado misticismo, 3' el cual ha encontrado 
acolada en el circunspecto Mendiburu y en el galano Lava- 
lie; y es que hizo padrino de pila de este su quinto hijo á un 
negro cocinero de San Francisco, quien, por virtud» no había 
puesto los pies en la calle durante más de 20 años. El hecho 
C8 completamente falso, como se comprueba con el libro pa- 
rroquial y con la relación de Mugabura, testigo presencial 
ílel bautizo del niño. 

Sirvió Don Francisco, y muy lucidamente por cierto, en 
PlandeSf y murió soltero y cu&ndo apenas contaba 20 años 
(le edad, el 4 de Junio de 1692, en el sitio de Namur, siendo 
\tac8tre de Campo. 



58 REVISTA HISTÓRICA 



La Condesa de Lemos testó en Madrid el 15 de Diciem- 
bre de 1701, ante Benito de Figucroa, disponiendo en su 
testamento que se le amortajase con el hábito franciscano y 
que se le diese sepultura definitiva en el convento de las 
Franciscanas de Monforte, junto á los restos del Conde su 
marido, que ella había traído y enterrado allí á su regreso 
del Perú. 

Murió esta insigne señora en su palacio de la plazuela 
de Santiago en Madrid, el 23 de Septiembre de 1706. 

Dos retratos, que yo sepa, se conservan de la Condesa 
de I-»emos: uno en el palacio de los duques de Alba y de Ber- 
wíck, actuales poseedores del título de condes de Lemos, y el 
otro <m el convento de San Francisco de Cajamarca. Bien 
haría quien mandase tomar copia del primero ó hiciese 
traer el segundo [si es que aun existe] para darle colocación 
en la galería de gobernantes del Perú, en el lugar que le co- 
rresponde. 

Carlos Alberto Romero. 
Lima, Marzo de 1906. 



Libros consultados para este trabajo 



Mugaburu— iVot/cías dianas de Lima^ 1640-1686-Ms. 

Compendio del hecho y apuntamiento de los derechos 
del Fisco sobre las sediciones y tumultos del Asiento de Mi- 
nas de Laycacota^ por el Dr. Diego de Baeza, 1669. 

Claudio Clemente.— Ta67ascro/2o7(5^icas. Valencia, 1689. 

Testamento del Conde de Lemos. (Testimonio tomado 
en 1773.— Ms. en la Biblioteca Nacional. 

Boletín de la Academia de la Historia de Madrid, t. XI. 

horcntc— Historia del Perú bajóla Dinastía Austríaca, 
1598-1700— París 1870. 

yíenáihurxx.— Diccionario Histórico Biográfico del Perú 
ts. n-UI. Lima 1876-1878. 



LA VIRREINA GOBERNADORA 59 

Btthenconrt.— 'Historia Genealógica y Heráldica de la 
Monarquía Española^ t. IV, Madrid 1902. 

Relación del socorro que 1 emitió á Tierra Firme la Excma, 
Señora Condesa deLemos^ Gobernadora deste Reino. -Odrio- 
zola: Documentos literarios del Perú, t. 11, Lima 1877. 

Lavalle. — Galería de Gobernadores y Virreyes del Perú — 
Lima 1891. 

Diversos autos y provisiones expedidos por la Virreina ^ 
existentes en la Biblioteca y Archivo Nacionales. 

Buendía.— Fírfa del Padre Castillo.— Madrid 1693. 

GAndara.— Nobiliario y Armas de Galicia.— Madrid 1 677. 



i > » C » 



La raíz kam y sus derivados en el Kichua, 

como medio 

de inyestigaci6n de la Historia antigua del Perú 



Pertenece esta raíz al grupo de las monosilábicas, com- 
puestas de consonante y vocal, ó viceversa; 6 bien de vocal 
entre dos consonantes. Es de esta última combinación, que 
vamos á ocuparnos en seguida, por razón de existir térmi- 
nos de la Mitología autóctona que la llevan y cuya impor- 
tancia está fuera de duda para la investigación de la proce- 
dencia de los Kichaymarás; problema éste cuya solución, 
hasta el presente, está rodeada de serias dificultades. 

Raíz Kam: bramar, hacer ruido, animar. 

Con el fin de conocer fundamentalmente su filiación, co- 
menzaremos por ella, para revisar los componentes que ten- 
gan analogías entre sí, por su forma y sentido. 

Sus derivados son voces simples ó compuestas; aunque 
en corto número, las dividiremos en dos clases y trasmu- 
tación. 

a, VOCES SIMPLES 

Kam-a-ki, zorro que brama en los desiertos, durante la 
noche, cansando espanto, n, 

Kam-chay maíz tostado; se dice, por el sonido que pro- 
duce cuando es manipulado. 

b. VOCES COMPUESTAS 

Pacha-Kámaky se presenta como se vé, la raíz, en la se- 
gunda parte del compuesto, que dice, el que anima á la tie- 



RAÍZ KAM 



61 



rr a» acepción vulgar, cuando con más propiedad sería que 
brama ó hace ruido, segün los dialectos ñvl Centro j Norte 
del Pcrfi: convienen, pues, estas acepciones en el fondo, va- 
riando solo en la forma. 

e. THASMUTACIÓX DE KaM 



Karth puede cambiarse en otra raíz más moderna, íjue 
es Kon, la cual posee el mismo sentido que aquella, que se- 
ría el de temblor ó su personificación. 

Kan, se deriva de Kam, por alteración nada arbitraria; 
ta m de Kam, se convierte en n— que es forma nuc^^a de 
aquella* y, a en o por ser m, primitivamente u — que unida 
con /í, resulta o, siendo por fin n final característica del pre- 
sente iCofi: tiene igualmente muchos deri vados que dividire- 
mos también en dos clases, que no dejan de ser numerosas 
palabras, todas del Kichua. 

a. Voces simples, que indican bramido, sonido ó tem- 
blor» 

Kon-Rna, nombre de la mano del mortero ó almirez, y 
aüí raismo el de esttís aparatos, sin duda por el ruido que su 
empleo proel uee. 

/Con-itt'í, ó Koíika, garganta, órgano de la voz ó del so^ 
nido, su principal asiento. 

Kun-unun^ raído espantoso, que causa el trueno en las 
deshechas temiiestades. 

Kon*nuun*nh', temblar, bramido, 

Kon-u, glaciares, hielos; lugar ó asiente cl^ ruidos ó 
truenos como sucede en aquellas regiones, en donde tienen 
91] centro las uieres perpetuas. 

Kon-a-ka, ruido subterráneo; hay sitios en dtmde se 
presentan con frecuencia» 

Kun-pa, galga ó canto rodado que produce ruido formi* 
dable por la caída ó descenso de las alturas. 

Konpu*pa t8i, meseta de ruidos ó truenos* 

Koa-cimni^ nota lile por la resonancia de los temblores. 

Kon-O'pas^ dioses lares protectores del hogar. Deriva su 
nombre, de A'on; n, que es germen; pn, [>ertenencia; literal- 
mente, los hijos ó descendientes de A'oíl 



62 I<EYISTA HISTÓRICA 



Koti'kor, rodilla, que produce ruido por el chasquido 
que dá cuando se le percute con violencia. 

Kon, es por fin, deidad, personificación del temblor, 
adorada en Pachakámak y lugares vecinos, en pasados 
tiempos, con todos los atributos del movimiento seísmico. 

Nótase, en estos ejemplos y otros más que pudieran a- 
ducirse, la existencia de la raíz Kotiy constantemente con la 
acepción de ruido ó temblor, lo que dá á nuestra opinión, 
sólido apoyo. 

b VOCES COMPUESTAS 

Kuntinama'rca, — Región situada en los Andes de Colom* 
bia, cuyo nombre, según nuestro modo de ver, es de origen 
incásico; como se puede demostrar, si le descomponemos en 
sus simples, y tendremos; Kon+ti'\-na+inarca; Kozíy raíz 
fijndamental, t/, convertirse; na, partícula instrumental; 
marca, pueblo; todo dirá: región convulsiva ó visitada, no 
rara vez, por temblores. 

Cun+ti+suyu, era la provincia occidental del Imperio 
ó de los temblores, según puede colegirse de la etimología 
de la palctbra Konti, temblorosa y suyu provincia. 

Como los Incas tenían intuición clara de los grandes 
fenómenos de la naturaleza, dividían el Tahuantisuyti ó su 
imperio en cuatro zonas, aplicándoles el nombre más signi- 
ficativo, en relación con ellos. Así, además de la llamada 
región tembloroso, KuntisuyUy denominaban á la oriental 
Rintisuyu ó de las nieves perpetuas; KoUasuyu^ ó del lago, y 
la de ChinchaysuyUy la de la luz ó del calor, según la etimo- 
logía de Chi 6 ís/, como son en efecto, las regiones tropi- 
cales. 

Se puede notar, que esta división del imperio, no obede- 
cía á la presencia del sol, que marca los puntos cardinales, 
como lo hacían los clásicos, sino únicamente, á los fenóme- 
nos naturales más característicos. 

Hay otro nombre que lleva la raíz; es la divinidad, ado- 
rada por los pueblos primitivos de Huarochirí, mencionada 
sin mayores atributos. Kon+ila+ya que descompuesto el 
nombre en sus simples, tendremos. Kon^ ila^ luz y ya con- 
vertirse, es decir, luminoso ó resplandeciente, Kon. 



HAfz KAM 



63 



No debe pasar por alto esta afinidad lingüística, porque 
ella pone en evidencia el origen común de los naturales de 
Huaroeiiirí, Píichakámak y otras poblaciones de la costa. 

La presencia de )a luz en el temblor, en el caso de Kon* 
luminoso, no es extraño que suceda; aunque no siempre 
ficompa ¡le 6 preceda los movimientos seísmicos; como el 
terremoto que asoló al Callao en la noche, víspera del 28 de 
Octubre de 1746. Los presidiarios de la isla de San Lorenzo 
%^Ícron esta luz que se levantaba del Castillo en forma de 
llamaradas, antes de estallar la catástrofe. 

Los mitos no son, pues, más que la pi?rsoüificación 6 
detScación de las leyes físicas. 

Según el genio del Kichua, la palabra determinada va 
Bntes de la determinante; no es extraño que la famosa frase 
de Montesinos se traduzca, Kontice WiracochB, por Wira- 
cocha fundó á Koa; es decir que este último es el efecto y el 
primero la causa; siempre Kon, desempefiando su rol en la 
obscuridad déla tradición primitiva. 

No sorprendería que sus prosélitos, que según los ero- 
nistai, pasaron del Norte al Sur, fueran arrojados, tal vez, 
de las regiones volcánicas, diseminadas en aquellas comar- 
cas, en tiempo remoto, á otras más tranquilasen donde vi- 
viesen sin zoajobTEis, 

Decimos esto por los muchos volcanes situados en los 
Andes de Colombia ó del Ecuador, con nombres cuya étimo- 
logia se explica muy bien por raíces Kichaymarás, según 
vamos á probarlo. El Cumbal, situado en la misma cadena, 
lá la altura de más de 4.000 metros sobre el nivel del mar, 
tB uno de ellos. Descomponiendo el nombre en sus elemen- 
tos, tendremos: A'on^ bramido, ruido, y equivalente; pa^ 
partícula posesiva y / de repetición; esto es, lugar de repetid 
dos temblores. 

Otro que tiene también componentes interpretables por 
la misma lengua es el volcán Chiles, como el anterior de la 
misma región; su etimología viene de Chi\ resplandecer. //, 
[tepetición y s desinencia, es decir, que alumbra con frecuencia. 

Hay otros dos más en el mismo sistema, notables por 
*su elevación que, aunque no tengan la raíz Kon, sin embar* 
go, puede compulsarse, su etimología por medio de las raí- 



64 REVISTA HISTÓRICA 



ees, tomadas del Kichaimará. El Purasé, tiene sus rafees 
simples; po^ elevación y rasOy monte elevado. 

El Tolima con altura de más de cinco mil metros, cuyo 
nombre descomponiéndole en sus simples, será: Tulima; tu, 
destruir ó matar; /;, partícula de repetición, y, ma, fuerza, 
es decir, poderoso destruct or. No puede dejar de serlo, si se 
recuerda la terrible erupción del 12 de Mayo de 1595. 

Podríamos citar aún numerosos ejemplos de nombres 
análogos: otro tanto se puede decir de los volcanes del E- 
cuador, con nombres que se explican por medio de aquel 
idioma. 

Tenían los Muiscas como los Kuichuas un dios de los 
temblores, que llamaban Cbibcha-kan, que castigado por 
Bochica á sustentar la tierra con sus hombros, tiembla ésta 
cuando el dios la pasa de uno á otro. 'Su etimología resal* 
tara más descomponiéndole: Cbipcbakun; de Cbip brillar; 
cba, convertirse; es decir, kon luminoso. Este mito concuer- 
da con el de Kon en que la tierra es el centro común de am- 
bos, pero que se diferencia en los detalles. 

Por último, saliendo del nuevo al antiguo continente, 
hallamos la raíz sínica, Kua, que significa ruido, sonido de 
la misma acepción Kon 6 cbipcba-kun. Notable semejanza 
de raíz que entre idiomas distintos tengan la misma forma 
y el mismo sentido, no obstante de las enormes distancias 
que los separan. 

Chorrillos, 23 de Diciembre de 1905. 



Jos6 S. Barranca 



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r>tSi<S^^©><S^;S^3?^3^^Q^^^Q>^S?<3!<S^^S^^Q?^S>^S^^3^^S^^3^^3>^SHS^^^-g 



UN INÉDITO SOBRE BARTOLOMÉ RUIZ 



Dos poderosos factores contribuyeron, par igual, al des- 
V*uI>rimiento del Perú. La tenacidad de Franelscri Pizarro y 
la audacia y pericia de Bartolomé Ruiz. La vida del gran 
^*apitán, salvó algunos puntos obscuros relativos á sus pri- 
meros años, está, desde remotos tiempos, magistral y supe- 
rabundantemente escrita; pero los primeros años y últimos 
€lías del insigne piloto han permanecido completamente igno- 
rados; pues desde su último viaje trayendo los refuerzos de 
Almagro, ningún historiador ni cronista le vuelve A mencio- 
nar hasta que documentos por mí descubiertos, y que utilicé 
para escribir su biografía, inserta en la monografía sobre los 
de la Isla del Gallo, arrojaron alguna luss sobre el fin del va- 
Itetiie marino. 

La provisión del Virrey don Francisco tic Toleilo conce- 
diendo mercedes á un nieto de Bartolomé Rutz, que publico 
más abajof me permite fijar ahora, con diferencia de pocos 
días, aquél en que Ruíz entregó su alma al Creador. 

Vino Ruíz de Panamá, y era el quinto viaje que hacía, 
trayendo los refuerzos que aportaba Almagro para la con- 
c|nista del Perú; los cuales desembarcaron en Tumbes y con- 
tinuaron el viaje á San Miguel de Fiura, ñ donde llegaron á 
mediados de Diciembre de 1532, saliendo de allí afines del 
mi^mo mes para Cajamarca. 

Ni la fecha de la salida de Almagro de San Miguel ni la 

de sq llegada á Cajamarca, se han fijado hasta ahora con 

precisión, y hay manifiesta contradicción entre historiadores 

imtiguosy modernos. Jerez dice que el Mariscal entró en 

9 



66 REVISTA HISTÓRICA 



Cajamarca el 14 de Abril del año de 1533, víspera de Pascua 
Florida de Resurrección, y, entre otros, Mendiburu y Cappa 
aceptan esta fecha. Prescott acepta la de mediados de Fe- 
brero, sin fijar día, que dan otros historiadores, y que, á pe- 
sar de la autoridad del secretario de Pizarro, me parece más 
conforme con la verdad histórica, por las razones que aduzco 
en seguida. 

Pizarro salió de San Miguel de Piura para Cajamarca el 
24 de Septiembre, por caminos enteramente desconocidos, 
rodeado de mil precauciones, como quien marcha por tierra 
enemiga y espera un ataque intempestivo, y llegó á esa ciu- 
dad el 15 de Noviembre, empleando en el viaje 53 días. Cuan- 
do Almagro salió de San Miguel, ya se tenía noticia del ofre- 
cimiento de Atahualpa para obtener su libertad y que la tie- 
rra estaba toda de paz; de manera que ha debido hacer el 
viaje más que lijero, estimulado por el deseo de llegar antes 
del reparto de los tesoros del Inca y sin las precauciones que 
le fueron indispensables adoptar á Pizarro. En estas condi- 
Clones y habiendo salido las tropas del Mariscal á fines de 
Diciembre, es imposible que ha3^'in empleado los 120 días 
que supone Jerez, y con su autoridad otros historiadores, si- 
no igual tiempo al que emplearon las de Pizarro, y, como di- 
ce Prescott, han debido entrar en Cajamarca del 12 al 18 de 
Febrero, esto es, 52 á 54días después de su salida de San Mi- 
guel. En apoyo de esta hipótesis viene el texto del documen- 
to que aquí publico, que dice que Ruíz murió á * 'cuatro le- 
guas de donde habían preso, pocos días había (á) Atabali- 
ba'*; y se recordará que la captura del Inca fué el sábado 16 
de Noviembre. 

Así, pues, el insigne piloto Bartolomé Ruíz ha debido mo- 
rir entre el 12 y el 18 de Febrero de 1533, en las ásperas fal- 
das orientales de los Andes, á cuatro leguas de Cajamarca; 
y no es raro suponer que su cuerpo fuese llevado y se le diese 
cristiana sepultura en el cementerio de la iglesia que comen- 
zaba á edificarse en la histórica ciudad. 

He aquí la provisión: 

DON FRANCISCO DE TOLEDO, Mayordomo de su 
Magestad, su Visorrey, Gobernador y Capitán General des- 
tos reinos é provincias del Piru, Presidente de la Audiencia 



VH INÉDITO SOBRE BARTOLOMÉ RVÍZ 



67 



Rcjil fjue resitlf en la ciudad de Los Reyes, etc, — Por cuanto 
jior parte del Licenciado NicolásRuíz de Estrada, me fué hecha 
relaciún que es nieto de Bartolomé Ruíz de Estrada que vino 
al descubrimierito destos reinos con los capitanes Pizarro y 
Almagro y que como hombre muy hábil en las cosas de la 
mar, fué uno de los que más y mejor sirvieron; y se halló en 
todos los trabajos y í^azavaras y recuentrcps de indias que 
los susodichos pasaron: y demás desto dio la mayor parte 
de su hacienda para hacer navios y aderessarlos, en cantidad 
ele más de diez mil pesos; é que sin eista ayuda no se pudiera 
liacer ePdicho descubrimiento, y que tiué uno de los trece de 
la Gorgona, cuya constancia é virtud fué causa que estos 
i-einos se descubriesen y conquistasen; y cjue se halló en 
la conquista de esta tierra y murió en Caxamarca» cuatro 
leguas de donde habían preso pocos días antes había Ataba- 
liba, sin recibir pago ni premio alguno por lo que había ser- 
vido y de lo mucho que había gastado, porque hasta enton- 
ces no había cusa ciue poderle dar; y que atento á lo que sir- 
vió á su Magestad del Emperador, de gloriosa memoria, le 
liizu merced del alguacilazgo mayor destos reinos y otras 
^mercedcs que con su muerte no usó de ellas. Y que Martín 
^'ánca; de Estrada, padre del dicho licenciado Estrada, fué 
4joti<iuistador de la provincia de Cartagena, donde sirvió con 
3tis armas y caballos, y por sus servicios le fueron dados en 
la dicha provincia indios en encomienda; y que cuando el 
ALirqués don Francisco Pizarro volvió á este reino, á instan- 
i^ias fiel dicho Bartolomé Rufz de Estrada vino con Hemar- 
cio Pizarro el dicho Martín Váñtz de Estrada por mejor ser- 
v^jr á su Majestad, dejando los indios que ya tenía en la pro- 
vioda de Cartagena; y se halló en la conquista deste reino 
con cargo de Alguíicil mayor de todo él; cargó en las guaza- 
varas y rencuentros que se dieron á los indios; y que visto 
ff|ue Bartolomé Ruíz de Estrada era muerto después de preso 
Atai>aliba, y atento á hj mutho que había servido y que con 
su muerte no podía gozar de las mercedes que se le habían 
hecho; y que cuando el alzamiento de Francisco Hernández, 
por ser v*ejo y estar impedidii para la guerra le mandaron 
qoedar en esta ciudad por justicia, siendo regidor de ella, y 
envié á su hijo mayor con armas y caballos en la dicha gue- 
rra, en la compañía del capitán Cáceres, hasta que fué desba- 



68 REVISTA HISTÓRICA 



ratado el tirano. Y que venido el Marqués de Cañete á este 
reino, enviando á don García de Mendoza á la pacificación de 
Chile, fué con él dicho Bartolomé Ruíz de Estrada y á su cos- 
ta, sin que se le diese pago ni socorro, y se halló en. toda la 
pacificación del dicho reino de Chile, trabajando en ella como 
buen soldado y servidor de su Majestad; é que viniendo á 
curarse de las enfermedades que había tenido en el dicho rei- 
no, murió en esta ciudad. Y que atento á lo que su ag^üelo, 
padre y hermano habían servido en este reino, el Conde de 
Nieva, Visorrey que fué destos reinos, le hizo cierta merced en 
la Caja Real j' después en un repartimiento que por no s'er vaco 
no hubo efeto, y después se lo situó en el repartimiento de 
Parinacocha; los cuales usó é poseyó hasta que llegó aquí el 
Licenciado Castro, Gobernador que ha sido destos reinos; y 
que en confianza de esta merced, él se ha casado y trata plei- 
to sobre ella, la cual está remitida á España y él quiere ir en 
seguimiento del, y me pidió y suplicó que atento á lo que su 
agüelo, padre y hermano han servido en este reino, le hiciese 
merced de le mandar situar alguna cosa para que su mujer se 
pudiese sustentar, en el entretanto que él iba y venía á Espa- 
ña, en seguimiento del dicho negocio. É visto por mi, acan- 
tando los servicios de los dichos agüelo, padre y hermano 
del dicho licenciado Ruíz de Estrada, he tenido por bien de le 
hacer merced, como por la presente se la hago, en nombre de 
su Magestad, épor virtud de los poderes écomisiones que pa- 
ra ello tengo, que por su notoriedad no van aquí insertos, 
de le señalar y situar, como por la presente le señalo y sitúo, 
setecientos é cincuenta pesos de plata ensayada é marcada 
de á cuatrocientos é cincuenta maravedís cada uno, en cada 
un año, por el tiempo y espacio de tres años, primeros siguien- 
tes, que corran y se cuenten desde el día de la fecha desta en 
adelante, en los tributos del repartimiento de Vilille, que es- 
tá vaco, en términos de la ciudad del Cuzco, por fin y muerte 
de Doña Mariana de Guevara, para que los haya é goce, se- 
gún é por el tiempo que dicho es. Y mando á los oficiales 
reales de la dicha ciudad del Cuzco, que al presente son y los 
que de aquí adelante fueren, que de los tributos que cobraren 
del dicho repartimiento, acudan y hagan acudir al dicho li- 
cenciado Ruíz de Estrada, ó á la persona ó personas que su 
poder hubieren, en cada un año, de los dichos tres, con los 



UN INÉDITO SOBRE BARTOLOMÉ RÜÍZ 69 

dichos setecientos é cincuenta pesos de plata ensayada é mar- 
cada, para los alimentos y sustentación de la dicha su mujer. 
Lo cual mando que así hagáis é cumpláis, so pena de qui- 
nientos pesos de oro para la cámara de su Magestad. É 
otro sí: mando que desta mi cédula é situación tomen la ra- 
zón en los libros de su oficio para que con ellos y con carta 
de recibo del dicho licenciado Ruíz de Estrada, ó de quien su 
poder hubiere, se le pasen é reciban en cuenta los dichos sete- 
cientos édncuenta pesos ensayados, en cada un año, de los di- 
chos tres años.—Fecho en los Revesa diez y seisdíasde Abril de 
mil é quinientos y setenta años.— Don Francisco de Toledo. 
— Por mandado de su Excelencia.— Dieg-o López de Herrera. 

Lima, 1906. 

C. A. K. 



I (otícia de la ciudad de ^^nta Catalina de Quadalcázar 

DE MDQUECUA 



CABEZA DE LA PROVINCIA DE COLESUYOS 



Moquegua, antiguamente llamada Moqucchua, grande 
país situado al sur de Ja América meridional, fué la primera 
provincia que los incas conquistaron en la costa del Mar del 
Sur, y por donde vinieron primero á conocer dicho mar. 

Fué reducida á vida civil por el Inca MaytaCápac, cuar- 
to Emperador del Perú, hacia el siglo trece. 

Antes de esta dominación adoraban por dios al mar, 
pues colocaban su suprema deidad en aquel ente de donde re- 
cibían mayor beneficio. 

Esta vasta provincia, escasa de carnes, se mantenía con 
la pesca y el marisco. Creyeron sus habitantes en la resu- 
rrección universal, pero tan groseramente que se persuadie- 
ron había de ser á vivir otra vida natural como la presente. 
PvU fe de esta creencia labraban sus sepulcros constru3'^éndo- 
los con aseo, de piedra y barro de tierra, dándoles una figu- 
ra piramidal; su ancho, por lo regular, de una vara 3' otra 
de alto, cubriéndolos con grandes lozas para precaverlos de 
cualesquier injurias del tiempo; y donde no podían propor- 
cionarse éstas, los cubrían ccm tejidos incorruptibles: tales 
eran la caña brava y el mimbre. 

Cuando morían eran enterrados con sus mejores vesti- 
dos, alhajas, ollas, tachos y otros utensilios y vasijas llenas 
de algunas providencias, como maíz, habas y otras. 

Por su local situación eran pobres, pues carecían, y aún 



XOTICIA DB AIÜS¿rifrMeA 



71 



no conrcfnn, las produ ciones, metales y otras preseas, qut 
obtenían ntras pro vi notas deí interior. 

En aquellos sepulcros así labrados por sí mismos, qae- 
dah«m los cadáveres asentados, con las rodillas algo levan- 
tadas y aún al presente se ven y encuentran varios de estos 
sepnlcros en toda la extensión de este valle. 

Es del todo ridicula la ftlliula, pues carece de todo funda- 
mento, de creer — aún algunos hasta el presente— -que estos 
gentiles se enterraban vivos, persuadidos del demonio por 
temor tic un sei^undo diluvio, y que allí murii^ron por no po- 
der ibr/,ar sus tapas y el peso de una vara, pt>cü más ú me- 
nos, de tierra que les cubría. 

La na turalesía.aán de un bruto salvaje, repudia por sí mis- 
ma perder el ser que le vivifica, mas sí todos se sepultaron 
por sí ¿quiénes los cubrieron con aquellas lápidas y tejidos? 
V s! fueron estfts sepulcros para los vivos ¿dónde se enterra- 
ban i oí; muertf>s 3' quiénes ejercían este acto de caridad con- 
natural á nuestro sír? 

I|íualmen te carece de fundamento el decir fué este valle 
de Moqucííua en la anti>,^üedad presid ío de deliiiLnientes, don- 
de morían los más, ya por las fuerte;* tercianas, ya por el ex- 
tremado cabír. Sí esto fuese así, todo valle es tercianiento y 
caluroso y muchos más que el presente. Luego todo valle se- 
rá presidio «le malévfilos* ¡Mala consecuencia! pues por lo co- 
man, suelen ser los valles más fecundos, más delíciososy tem- 
plados para la salubridad que las cimas, riscos, cordillerasy 
escarpadas sierras* 

Esta suposición no tiene, en buen sen ti do, otro origen que 
la expresión de Garcilaso tn sus Comentarios, donde dice: 
** Que después de haber conquistado esta provincia los ge- 
nerales del Emperador Mayta Cápac, le pidieron colonos y 
que convenía dejar presidio para resguardar lo ganado.'* 
Donde claramente se infiere que por este nombre de presidio 
quiso decir, según la natural, clara y específica significación 
de la dicción, j^üarnicidfi para custodia del lugar, términode 
que se vale en todos los lugares de su historia para senstbili- 
sar dicha seguridad. 

Así es, pues, que los que incipientemente sienten 6 dicen 
que fué Mociuegua presidio de los emperadores incas, no lo 



72 REVISTA HISTÓRICA 



califican con la más tenue remisión de algún delincuente por 
aquellos antiguos reyes, ni hay historiador que lo indique. 
Es común en el victorioso poner guarniciones en la plaza ven- 
cida; luego ¿porque pone guarnición 3" seguridad á lo adqui- 
rido, se dirá que pone presidio para castigo? No, por cierto, 
pues entonces todas las ciudades vencidas serían presidios, 
lo que es un absurdo, y de aquí es que los que tal asientan, 
tienen mente y no comprenden, y 

Por otra parte, en la Relación Historien del viaje á la 
América Meridional, hecho por orden del Rey D. Felipe V, 
por D. Jorge Juan y D. Antonia de Ulloa, impreso en Madrid 
en 1748, tomo III, parte II, cap. 12, folio 186, n. 324, y tomo 
IV, parte II, f. 21 n. 36, en donde en una y otra parte trata 
menudamente del corregimiento de Moquegua y de la con- 
quista de esta provincia, nada dice, ni la más ligera expre- 
sión de tal presidio de delincuentes. Así es que los envidiosos 
á la fertilidad, amenidad y proporciones que el Supremo Ha- 
cedor de la Naturaleza ha dotado á este país, le sahieren y 
anhelan mancillar con fábulas apócrifas y hechos suposi- 
ticios. 

En efecto, estando el Emperador MaytaCápac en las pro- 
vincias del Oriente llamadas Caquiaviri, Cuaquicuras, Ma- 
llama y Huarina, que se le subordinaron, estas tres últimas 
voluntariamente, después que se le rindieron al cerco que les 
puso á un cerro que había en una llanura, á quien veneraban 
como á dios, á donde se reunieron para que los favoreciesey 
defendiese del conquistador. 

Desde aquellas provincias envió el ejército con sus oficia- 
les generales para que adelantasen las conquistas por la par- 
te del Occidente á la otra parte de la Grande Cordillera, nom- 
brada por aquellos Huaca, Puesta su marcha en ejecución, 
atravesaron dicha cordillera, donde pasaron crueles traba- 
jos por haber sido hasta entonces inaccesible á huella algu- 
na humana. En efecto, consiguieron estas provincias sin opo- 
sición, llevándolas hasta los confines del Mar del Sur. 

Al pie de Sierra Nevada, hacia las cabeceras de este valle 
de Moquegua, encontraron á sus habitantes naturales aper- 
cibidos de una débil fortaleza, cuya provincia se llamaba an- 
tiguamente Cochuna. Pasados los requerimientos de paz, 



KOTrClil DE MOQCEGUA 



IB 



iicostiimljrados A nombre del Inca, hizo alguna resistencia, 
[pero estrechados por un fuerte cordón de combatientes, tn- 
vieron sns habitadores que rendirse, hostigados del Iiambre 
y de 3U indefensa, después de treinta días dé cerco* 

Alií faíjricaron los del Inca dos poblaciones: la ttnasella- 
nió Cnchuña, conservando el nombre que había tenido el 
t fuerte» por estar fabricado en el mismo sitio; y la otra sélla- 
me Moqüúchua, 

Esta población llamada Cocha ür que fabricaron los ge- 
1 nerales del Inca» probablemente es hoy la villa de San Agus- 
tín de Torata, distante cinco leguas de Moquegna; porque, 
dice Garcilaso, que los conquistadores bajaron del valle, don- 
de, í^n distancia de cinco leguas, fundaron otro pueblo. 

Otros intentan que el pueblo de Cochuna se fundó por di- 
^<hoi; conquistadores en Tumilítca, valle arriba de este río de 
Moquegua, en donde^ en la antigüedad, hubo un pueblo con 
su pequeña iglesia, presbiterio y sacristía, denominado San 
Mateo de Tumilaca, cuya noticia suministran los archivos 
lúblicos de Moqucgua. Pero, se debe notar que esta ojiínión 
lo tiene fundamento, pues este puelílo de Tumilaca no dista 
citieo leguas de Moquegua, sino sólo dos á tres leguas, cuan- 
tío mas. Y así no debe entenderse éste por Cochuna sino Tó- 
rrala, que es el que, en efecto, dista las cinco leguas ñ Mo- 
ciucgue. 

El otro pueblo que fabricaron los generales del Inca, co- 
mo dicha historia de Garcilaso dice» es Moquegua, único ob- 
k-jeta de esta breve noticia. V 

f En este estado es de advertir que desde la más remota 
iintigiJedad han haliido dos pueblos en este valle de Moque- 
Ljjua: el uno en donde hoy es fundada, poblada y fabricada la 
rduílad de Santa Catalina de Guadalcáxar^ valle de Moque- 
gua, á la parte del Sur,y el otro al Norte, ala otra banda del 
río primordial que baña este valle, el cual en lo primitivo se 
, llamaba el pueblo de San Sebasti<án de Escapagua, á la par- 
te de Cochuna (como en efecto está al lado de Torata) encu- 
I j^a iglesia fué dt>nde, por la primera vez, se celebró el santo 
orificio de la misa por el sacerdote que, naturalmente* 
ían los trece contpiistadores que, por parte de la nación 
Española^ vinieron á Moquegua, Después, ya por los años 

10 



74 REVISTA HISTÓRICA 



de 1615 y siguientes hasta 1624 6 25 se llamó, la villa de 
San Francisco de Esquiladle, á causa de que el Príncipe de Es- 
quiladle D. Francisco de Borja y Aragón, Virrey XVI del Pe- 
rú, fué quien le dio á este pueblo el título de villa, llamándola 
villa de San Francisco de Esquiladle. 

En esta villa residía el Corregidor de esta provincia de 
Colesuyos, el Cabildo, que creó dicho señor Virrey, un escri- 
bano público y muchas familias nobles. Con el curso del tiem- 
po, como en este lado y pueblo de Señora Santa Catalina 
habían también muchas familias nobles, se trasladó la villa 
á este lado, quedando aquella antigua villa de San Francis- 
co de Esquilache hasta hoy con sólo el nombre de el Alto de 
la villa viejay ó bien con el nombre de el Pago de la Villa Vie- 
ja, según obra en todosycada uno de los instrumentos, cuan- 
do ha necesidad de nombrarse dicho paraje. ^^ 

Cuál de estos dos pueblos fundarían los generales del 
cuarto Emperador Mayta Cápac, no se sabe; pues así el pue- 
blo de Señora Santa Catalina Virgen y mártir como el pue- 
blo de Señor San Sebastián de Escapagua, después mudado 
su nombre en villa de San Francisco de Esquilache, á la par- 
te que llaman Cochuna, ambos distan cinco leguas al pueblo, 
ho3^ ya villa de Torata. A más de estos dos pueblos princi- 
pales, conviene á saber: el pueblo áe Santa Catalina V y M 
y el pueblo de San Sebastián, uno á un lado y el otro al otro 
lado del río principal, éste en una llanura alta, amena, de 
buen temperamento, hermosa vista, sin sabandijas enemigas 
de la humanidad, y mil ventajas apreciables; aquél — que es 
el que hoy se habita, — caluroso, terreno en ladera, y muchas 
desventajas á la primera villa. Habían en la antigüedad 
otros dos pueblos menos principales en este mismo valle: el 
uno en el pago de Yaracachi y el otro enelpagodeSamegua; 
los que, como el de San Sebastián de Escapagua, ya no 
existen. 

Estaba muy en uso entre los cochunaes el uso del male- 
ficio, que llamaban y denominaban hasta hoy cara. Y es el 
valerse de una especie de veneno con el que tomaban vengan- 
za los que estaban dados á esta perversa costumbre, de aque- 
llos de quienes se sentían agraviados. Su efecto era desfigu- 
rar al sujeto totalmente, enflaqueciéndolo, afeándolo y te- 



NOTICIA DE MOQUEGÜA 



75 



fe 



niéndoJo peíianda el resto de su vicia, y aún quitar ésta álos 
que Cíigía en dcl>itic]ad. 

El Inca, instruido de esta maldad por medio de sus ge- 
nerales que le dieron razón de las proezas de su conquista, 
^mandó quemar vivos á todos los que se pudiese averiguar 
idos de esta perversa vengativa crueldad, de cuya 
la recibieron un grande alborozo los mismos cochu- 
uaes, concurriendo á delatar á los cómplices y á ejecutar en 
ellos la sentencia. El castigo se extendió á las casas, gana- 
ios, mteses, árboles y cuanto pertenecía á los malhechores, 
«le cuyos sitios no quisieron los demás indios volverse á ser- 

Eiren adelante, Y así quedó extinguido el malvado uso de 
ste tósigo. Así el referido Garcilaso. 
Hasta ahora se advierten algunas reliquias de esto, pues 
n Torata y Tumilaca, que distan entre sí una legua, de 
uando en cuando se aparecen unos indios que se precian de 
adivinos y dicen ponen tal cara, sin duda engañados del ene- 
migo común. 
^ Vuelto el Emperador Mayta-Cápac, después de conquís- 
Btar las provincias deCaquiaviri y sus adyacentes, y recibido 
Ká sus generales que conquistaron esta provincia de Cochuna 
H <hoy llamada provincia de Colesu^^os) hasta las playas del 
Vttiar, que fué primer punto por donde conocieron los del In- 
ca el Mar del Sur); puesto en su capital del Cuzco pasó con 
tropas á conc[UÍstar las provincias contiguas á Arequi- 
ja« entrando y conquistando hasta el mismo Arequipa» que 
fué la última provincia de sus conquistas. 

Dice la Razón Histórica que siendo la admirable disposi- 
,ci6n del terreno y su agradable temple para dar mayo'^ fo- 
lento á sus naturales y hacerlo más poblado, dispuso que 
Kisa^eu de las provincias inmediatas y de otras que no lo- 
graban igual íertilidad, hasta tres md familias, y con ellas 
fundó allí cuatro ó cinco pueblos bien numerosos, 

Segán esto, es consiguiente que en el número de estas 
tres mil familias fuesen algunas de esta provincia de Cochu- 
Tia^quc es una de las más limítrofes a Arequipa y deconquis- 
ta más antigua. De todo lo que se deduce, naturalmente, 
dos perentorias consecuencias: 

Primera: que la prov'incia de Moquegua fué reducida del 



76 REVISTA HISTÓRICA 



estado salvaje al estado civil primero que la de Arequipa. 
Segunda: que de la provincia de Moquegua es congruente 
físico que fueron á poblar la provincia de Arequipa. Luego 
los moqueguanos son más antiguos en la vida civil que los 
arequipeños. Luego, aquellos son padres, no sólo en lo ci- 
vil sino aún en lo natural de éstos. Luego, éstos deben de- 
ferencia, consideración y reconocimiento respetuoso á aque- 
llos. De aquí el enlace de familias que ha habido entre am- 
bas provincias desde el tiempo de los reyes incas y permane- 
ce hasta el presente. 

Catorce tueron los grandes emperadores incas del Perfi. 
I. Manco-Cápac; II, Sinchi-Roca; III, Llocque-Yupanqui; 
IV. Mayta-Cápac, el cual regulan gobernó treinta años; V, 
Cápac-Yupanqui; VI, Inja Roca; Vil, Yáyuar-Hu'icac; VIII, 
Viracocha-Inca; I Y, Pachaca tec; X, Yuyanqui; XI, Túpac- 
Yupanqui; XII, Huav-na-Cápac; XIII, Huáscar-Inca y XIV 
el hermano bastardo del anterior, Atahualpa. 

Xo se sabe de cierto el tiempo que corrió desde la forma- 
ción del imperio del Inca hasta la conquista de él por los es- 
pañoles, pero según refiere Garcilaso, lib. I, cap. XVII de los 
Comentarios Reales del Perú, intervinieron más de cuatro 
cientos años desde uno á otro suceso. 

Reyes de España que han sido emperadores del Perú 
desde la con(]UÍsta por ellos hasta la feliz independencia de 
ellos: 

I, Carlos I de Españ.i, V Emperador de Alemania y XV 
Emperador del Perú; II, Felipe II de España y XVI Empera- 
dor del Perú; III, Pelipe III de España y XVII Emperador 
del Perú; IV, Feli|>e IV de España y XVIII Emperador del 
Perú; V, Carlos II ilo España y XIX Emperador del Perú; 
VI, Felipe V de España y XX EÍnperador del Perú; VII, Luís 
1 de España y XXI EmjK^rador del Perú; VIII, por segunda 
vex Felipe V deEspanay XXII Emperador del Perú; IX, Fer- 
nando VI de España y XXlll Emperadordel Perú; X.Carlos 
111 de España y XX'lV Em|Krador del Perú; XI, Carlos IV 
de España y XXV Emperadi^rdel Perú, y XII Fernando VII 
de Es|>;iña y XXVI Emperadv^r del Perú, último de todos. 

Kijiendo la S^uita Iglesia ile niv>s Nuestro Santísimo 
Padre Clemente VIH, la España Canos I de Es|vaña y V Em- 



NOTICIA UE MOíJUEGl A 



pcrador de Alemania y el Príncipe Atahualpa XIV Empera- 
dor del Pertli en el sisrln XVI de la Era Cristiana, en el ano 
1530, vinieron de España don Francisco Pízarro (primer 
gfabernador del Perú) y don Diego de Almaj^ro el viejo, á 
ojuijüistar este vasto continente del grande imperio fie lo?; 
incas. 

En el añil de 1540 se fnndá la dudad de Arerpiipa [?nr 
don ÍVdro Anxúriz de Campo Redondo, gobernando el Períí 
dicho don Francisca Fizar ro. 

De la fundación de M^qnegna no se tiene la menor noti- 
cia de quién la fundór sólo se sabe fueron 13 sus fundadores, 
descubrid jres á conquistadores. El uno de ellos fué don Pe- 
ndro Cancino» que vinn de los reinos de España» casado con 
r doña Josefa de Bilbao. Tuvieron varios hijos, entre ellos A 
don Pascual y don Juan Cancino, que llevaí on el apellido de 
su padre; ú doña María de Bilbao, que llevó el apellido de 
su madre y casó con don Andrés de Espinosa, natural de 
España, de cuyo matrimonio descienden, entre otras fami- 
lias, el cura primero y vicario actual de Moquegua, 

En el instrumento de Abril 3 de 1713. que obra en el li- 
bro primero de actas capitulares, consta que el Maestre de 
campo, ííeneral Juan de la Torre, es uno de los trece de la 
Gorgona, á quienes se debió la conquista de este reino y de 
quien es cuarto nieto don Die^o de Espinoza y de la Torre, 
que hace relación de su filiación este citado instrumento, 
Al^nmos pcmen la fundación de Arequipa en 1539; poea es la 
diferencia a 1540, y en atención á lo limítrofe y cerca de es- 
tas dos provincias, pues sólo median de capital á capital 
cincuenta leguas, es de deducir que por estos mismos años, 
i<íUíilmente fue la conquista, descabrimiento ó fundación de 
Moquegua. 

El protocolo más antiguo que se halla en el oficio 
póblico más antiguo de los varios oficios de esta ciudad, es 
del ano 1587* En él recuerda algunos sucesos del año 1583, 
actuado ante Diego Dávila, escribano de su Magestad. 
Consta que el pueblo y valle de Moquegua es de la jurisdic 
ciofi de la provincia y antigua ciudad de Chucuito, del Pa- 
trimonio Real del Pcrfi,cuya expresión se encuentra en todos 
los instrumentos hasta el mes de Abril de 1625. 



78 REVISTA HISTÓRICA 



En otros instrumentos consta que las causas de apela- 
ción se sentenciaban en la Real Audiencia de Chuquisaca. 

El sínodo á los curas se pagaba en las Reales cajas de 
Chucuito. 

El gobernador de Chucuito tenía su teniente goberna- 
dor en el pueblo de Señora de Santa Catalina de Moque- 
gua. Varios hubieron hasta el año de 1625, como se dirá 
después. 

En el otro pueblo de San Sebastián de Escapagua, al 
lado de Cochuna, había el corregidor y á veces el teniente 
de corregidor, y ambos pueblos están en el valle de Moque- 
gua. 

En el protocolo de 1610 hasta 1615, ya aparece y cons- 
ta el grande y ruidoso pleito que tuvieron los vecinos del 
pueblo de San Sebastián y villa de San Francisco de Esquila- 
che con los vecinos del pueblo de Señora Santa Catalina 
Virgen y Mártir de Moquegua, sobre en qué lado había de 
ser la población y villa principal. Mucho pleitearon este ne- 
gocio. El capitán por parte del pueblo de San Sebastián, 
fué el Almirante donjuán de Olea; el capitán por parte del 
pueblo de Señora Santa Catalina fué donjuán Rodríguez de 
Ves, ambos españoles y hacendados de este valle. 

El Ilustrísimo señor doctor don Pedro Perea de Grimal- 
do, segundo Obispo de Arequipa, en el año de 1662 vino de 
santa visita 3^ trabajó en reconciliar estos vecinos. No lo 
consiguió y se fué desairado de estos habitantes, más no se 
cansó su celo y mandó desde Arequipa misioneros de la Com- 
pañía de Jesús, á los RR. PP. Diego de Miranda y Juan Bau- 
tista Chacón, quienes hicieron su misión, CU3''0 fruto fué re- 
conciliar estos vecinos. Hicieron varios tratados y condi- 
ciones y últimamente se convinieron en la decisión del señor 
Virrey, que lo era don Diego Fernández de Córdova, Mar- 
qués de Guadalcázar, XVII Virrey del Perú, en tiempo del se- 
ñor Felipe IV Rey de España, y gobernaba la Iglesia de 
Dios, nuestro Santísimo Padre Urbano VIII, en Mayo 25 de 
1624. 

En esta época fué cuando dicho señor Virre^^ dirimió la 
controversia, decidiendo fuese la población en este lado don- 
de hoy está y aquí se fundase la villa con el título de Villa 



NOTICIA DE MOgUEGUA 



79 



fie Santa Catalinfi de Guadalcázar, valle de Moquegua, ca- 
pital de la provincia de Colesuyos, separando á este pueblo 
de la ¡urisdícción de Chucuíto y haciéndolo calveza de pro- 
vincia y que sus causas fuesen en apelación á la Real Audien- 
cia de Lima; le concedió treinta fanegadas de tierra de sem- 
bradura; que los indios de mita y los que se llamaban yana- 
conas trabajasen dimidiados, unos en los haciendas de estos 
vecinos y otros en las de los otros vecinos det Alto de la Vi* 
Ha vieja* Le concedió cinco leguas de jurisdicción; creó el 
cabildo de un alcalde ordinario* un alguacil raayor^ unalcal- 
ííe provincial, un fiel ejecutor, un depositario general y vein- 
ticuatro regidores perpetuos y un síndico procurador, 5^ pos- 
teriormentesecrearondosalcaldPs;uno de aguas y otro de la 
Santa hermandad. Años despnés se creó otro 2^ alcalde or- 
dinario; anos después se le facultó nombrase un asesor. Des* 
pues nombraba un defensor de pobres y un capellán, Nom- 
braba también un portera de cabildo y un ministro de justi- 
cia. 

Las referidas varas les costaban á los hijos del país tres 
nnU cinco mil y hasta siete nvil pesos, cual todo consta de 
sus remates. 

El *?efior Virrey dio á la villa el título de su marquesado 
de Guadalcázar, que es el cjue lleva hasta hoy. 

En el protocolo que comprende los años de 1625, 1626 3' 
!627t se denomina esta población pueblo y valle de Moque- 
gua del Patrimonio Real del Perú hasta el mes de Abril del 
citado año de 1625, Más, en 10 de Mayo de dicho año de 
1625, hay instrumento en el que aparece y consta que co- 
mienza por la primera vez á nominarse esta población la Vi- 
lla de Santa Catalina de Guad alcázar, valle de Moquegua, 
con cuyo nombre siguen todos los instrumentos, así de este 
protocolo como de todos los demás, así de este oficio públi^ 
co de cabildo, como de todos los demás oficios pdblicos y li- 
bros parroquiales. 

Evidenciándose que por los meses de Abril y principios de 
Mayo de 1625, tuvo Moquegua conocimiento de habérsele 
hecho la gracia de denominarse Villa, aunque hasta hoy no 
aparece el título y Real cédula de su erección; de donde se 
concluye que en tiempo del señor Vírre^^ Marqués de Guadal- 



80 REVISTA HISTÓRICA 



cazar se creó de villa y el que ésta no tenga en sus archivos ' 
su título ó Real cédula de su confirmación, lo manifiesta la 
acta siguiente: 

** En la villa de Moquegua, á 4 de Enero de mil seiscien- 
tos cincuenta y tres años se juntaron á cabildo, como lo tie- 
nen de uso y costumbre, para tratar y conferir del servicio 
de Dios Nuestro Señor y de su Magestad, conviene á saber: 
el Castellano Antonio Bernardo de Quiroz, Corregidor y jus- 
ticia mayor de esta villa y su provincia de Colesuyo por su 
Magestad; don Diego Rodríguez Trejo, Alcalde ordinario; ti 
veinticuatro Pedro Martínez de Cuéllar; Cristóval Carbone- 
ra, Alcalde provincial; don Lorenzo de Vizcarra, Fiel ejecu- 
tor; Rodrigo de Mireles, Regidor, y José Rodríguez de Ves, 
Procurador general, y se trató y confirió lo siguiente: 

**En este cabildo se trató y confirió se saquen las treinta 
fanegadas de tierra de propios que tocan á esta villa y de 
que le hizo merced su Magestad, y para conseguirlo es preci- 
so desempeñar la merced 3^ cédula que de esto trata, que 
está en la ciudad de Los Reyes, en poder d-e los señores jue- 
ces oficiales reales de ella, don Pedro Xarava y Bartolomé 
Astete de Ulloa, conforme al memorial de suso, que es del te- 
nor siguiente*': 

** Excelentísimo Señor:— Pedro Martínez de Cuéllar, veci- 
no y Regidor de la villa de Santa Catalina de Guadalcázar, 
procurador de ellay en su nombre, dice: que su Magestad con- 
firmó y aprobó la confirmación de la dicha villa y la cédula 
está en poder de los oficiales reales de esta ciudad, 3' aunque 
en nombre de la dicha villa se les ha pedido diferentes veces, 
no la quieren entregar. Y supuesto que la dicha confirma- 
ción es instrumento 3^ título de la dicha villa 3' que lo tuvie- 
re esta en el archivo de sus papeles — A su Excelencia pide y 
suplica se sirva de mandar que los dichos oficiales reales me 
entreguen en merced de la dicha villa, la dicha confirmación, 
pues es justicia que pido, etc.— Pedro Martínez de Cuéllar.^* 

Decreto.— **Lima, 5 de Octubre de 1631. — Proveyó su 
Excelencia: Los oficiales reales informen si es cierto qué tie- 
nen en su poder esta confirmación 3' la causa porqué no se la 
entregan. — D. Joseph de Cáceres^ 

Respuesta. — [Recibo] Excelentísimo Señor: Queda en 



NOTICIA BE MOQÜEGUA 



81 



nuestro [jod^r el título de su Magestad en qtie hace merced 
de titulo de villa á Santa Catalina de Guada Icázar del valle 
de Moriuegua-'-Y por otra fechada en Madrid en diez y nue- 
ve de Julio de miU'^sets cientos y veinte y nueve, manda se co- 
bren de la dicha villa un mil pesos de á ocho reales, 3' que ha- 
bibiéndoln hecho se le entregue el dicho título.— Contrata* 
Clon 4 de Noniembre de 1631.— Don Pedro X^r^m.—Enno' 
hm¿ A siete de Ullon. 

Decreto.— **l Aína, 7 de Noviembre de 1631.— [Proveyó 
su Excelencia]: Cúmplase lo que su Magestad tiene mando- 
\áo, 

**Y conferido, mandaron que satjuen los mil pesos del em- 
peño de prorrata entre los vecinos de esta villa, á el respeta 
de la memoria de las alcabalas j los que no estwvieran en ca. 
I besEÓii, se les repartirá por el señor Alcalde y don Fernando 
' Calderón» Alférez real, lo que pareciere justo. Y de uno y otro 
se hará memoria para la cf^branza, cuya cantidad quede en 
poder del dicho Alférez real para el efecto referido del desem- 
peño de la confirmación cjue hace su Magestad de la pobla- 
ción y propios de esta villa, 

*'Con lo cual se acabó este cabildo 3^ todos unánimes y 
conformes la firmaron.— Antonio Bernardo de Quiroz— Pe- 
dro Rodngvez de Ves—Fcrnnndo Calderón— Pedro Martínez 
de Cüélinr— Gnrcín de Máznelo^ Crístóral Carbonera y Vi- 
' Unrrocl— Lorenzo de Vizcarra y Estrada — Rodrigo de Mire* 
I les— José Rodríguez de íes— Ante im.^Gerómmo de Viliaío- 
bost escribano de su Magestad/* 

De esta acta capitularse infiere que, en efecto, el Rey con- 

16 y dio título de villa Santa Catalina de Guadalcáxar á 

este pueblo d^ Moque^cua. En qué fecha se extendería esta 

k merced, no se sabe, pero según la respuesta de los oficiales 

rumies de Lima, debe ser antes del día 19 de Julio de 1629, 

porque la segunda Real orden con esta fecha, en que manda 

su Magestad dé Moqnegua mil pesos por el título, confirma 

fc-ctón ó Real cédula de %^illa, supone hecha la gracia anterior- 

Jte. 

Segundo*— Que hubiese sido ya villa por gracia del señor 
Marqués de Guadalcázar,á nombre de su Magestad, lo indi- 
can todos los instrumentos públicos, así de los oficios como 




82 REVISTA HISTÓRICA 



parroquiales, que se denomina villa desde el día 10 de Mayo 
de 1625, diciendo en la villa de Santa Catalina de Guadal- 
cazar valle Moquegua,y lo comprueban los títulos de los re- 
gidores que en este año se creó el cabildo, conferidos unos 
por el Re\' y otros por el Virrey, en que se les llama regidor, 
alférez real, alguacil mayor, etc. de la villa de Santa Catali- 
na de Guadalcázar de Moquegua. Y le mismo consta en los 
títulos de los curas vicarios de esa época, que se denominan 
cura vicario de la Villa de Santa Catalina de Guadalcázar 
de Moquegua. Igualmente consta esta denominación de los 
títulos de los ministros, notarios, comisarios, tesoreros y 
otros oficios de aquella sazón, de los tribunales de Inquisi- 
ción y Cruzada, como también en los títulos de maestre de 
campo 3^ otros; de todos los que, como también de los corre- 
gidores, se ven copiados unos, y otros tomada razón, en 
los libros públicos de esta hoy ciudad de Moquegua. 

III. — Que la petición del título de villa hecha al señor Vi- 
rrey por el síndico procurador de la villa en Octubre 5 de 
1631, supone dos ó tres peticiones anteriores, pues dice que 
en nombre de la dicha villa se le ha pedido á los oficiales rea- 
les diferentes veces; lo que prueba que el Cabildo no descuidó 
en ningún tiempo, recoger el título en forma de tal villa. 

IV. — Que para dar los mil pesos que manda su Mages- 
tad se prorrateó el lugar con arreglo al cabezón de alcabalas 
que pagaban los hacendados, y los que no eran, á prudencia 
del señor Alcalde ordinario. 

V.— Que este título en esa sazón existía en la secretaría 
de los oficiales reales de la Real Aduana de Lima. Que Mo- 
quegua hubiese dado los mil pesos de su empeño, para mí es- 
toy en que se darían mu3' luego, pues he visto mayores can- 
tidades en muchas ocasiones que ha dado la villa á su Ma- 
gestad, en distintas épocas, según consta de estos archivos; y 
así es muy verosímil que dieron tales mil pesos, y que si por 
varios curiosos se ha buscado este título 3'' no se encuentra, 
se habrá perdido ó quemado en un incendio, que por tradi- 
ción sabemos sufrió este archivo, ó, tal vez en, muchos papeles 
que se llevaron á la ciudad de Chucuito hubiese ido este real 
título. Es cuanto se puede exponer en este punto. 



NOTICIA OE MOQUEGrA 



83 



CONVENTO DE SAFíTO DOMINGO 



En Marzo de 1652 predicaron las ferias los miércoles y 
viernes ríe cuaresma dos piadosos religiosos del sagrado or* 
lien de Predicadores [que después se dirá quiénes fueron] 
que vinieron de Arequipa á Hamado del Cura vicario don 
Xlelchor Fernández de la Cuadra Laso de la Vega, en esta 
sfinta iglesia Matrist. Sembraron la Divina palabra, reco- 
i^teroii abundante fruto, confesaron la gente, auxiliaron los 
enfermos, consolando á unos y ayudando á qtros hasta su 
muerte; enseñaron á la juventud, v, en fin, cual verdaderos 
operarios en la viña del Señor, trabajaron con celo, amor y 
constancia. 

Se reunió Cabildo abierto y todos á una voz proclama* 
ron lo conveniente que era en el lugar esta fundación. El Ca- 
bildo les dio sitio cuanto quisieron, fuera de tres vecinos 
nobles que cedieron sus casas, y son en las que hoy es iglesia 
y parte del claustro; se les dio posesiones para su funda- 
ción; se ocurrió al señor Virrey concediese licencia para hos- 
pedería, y en Diciembre del misino año de 1652 la concedió 
el Virrey, ú nombre de su Magestad, En Febrero 2G de 1653 
se presentó con ella concedida por el señor Virrey Conde de 
Salvatierra el reverendo padre prior in cnpite, fra3^ Antonio 
Morales. Se obedeció por el Cabildo, se celebró esta merced 
y se fabricó la iglesia 3" hospedería. 

En Marzo 10 de 1717 se dignó su Magestad Católica el 
señor don Felipe V, dar, como dio, Real cédula de confirma- 
ción de esta hospedería de Nuestra Señora del Rosario de la 
orden de Predicadores en convento y monasterio de esta 
orden. 

El Excmo. señor Virrey don Carmine Nicolás de Carrac* 
dolo, IVíncipe de Santo Buono,en 9 de Septiembre de 1718 
dio el pase y obedecimiento á dicha Real cédula y la remitió 
al Iltmo. Oliispn de Arequipa. 

El lltmo, señor don Juan de Otárola, XI Obispo de Are- 
quipa, dio su pase y obedecimiento, refrendado por su se- 
cretario, Doctor don Alfonso Diez Coronel. 

El Cabildoi Justicia y Regimiento de la Villa de Mo- 
qtiegua dio su obedecimiento en 23 de Noviembre de 1718» 



\ 



84 REVISTA HISTÓRICA 

á quien presentó esta Real cédula el R. P. Maestro fray Cle- 
mente Cuéllar Berocochea, ministro del Santo Oficio, Juez 
comisario y Prior de esta hospedería de Predicadores de es- 
ta villa de Moquegua. 

En esta época fué provincial de esta orden sagrada, el 
R. P. Maestro fray Juan Moreno. 

El Cabildo y vecindario de Moquegua coad3ruvaron en 
los gastos de dicha confirmación. 

Una de las principales condiciones de esta hospedería, y 
últimamente convento monasterio, es la que estos RR. PP. 
enseñen á la juventud de Moquegua las primeras letras y la 
latinidad. Así consta de varias actas del Cabildo y de esta 
Real cédula de confirmación. Antiguamente lo hacían, más 
hace muchos años que no lo hacen. 

El fundador de este convento no es otro que el Cabildo 
abierto y toda esta ciudad que le dio haciendas, casas, ren- 
tas, censos y gastó su numerario para la erección, así de la 
licencia para hospedería como para la real confirmación en 
convento 3" monasterio. 

El pueblo y sus párrocos anhelan, reclaman y piden que 
estos RR. PP. cumplan el fin de su fundación, para que los 
pidió la villa, gastó en darles casa y rentas; así, pues, que 
pongan la escuela que tenían antes, y en quantum potest 6 
alcance el número de religiosos, pongan estudio de gramáti- 
ca. Una porción de instrumentos, cuyas apuntaciones son á 
la villa, tratan de esto. ¿Y qué mayor instrumento que la 
liceqcia para hospedería y real confirmación en convento 
que les pone esta calidad? Pedimos, pues, el cumplimiento 
de esta obligación, útil al pueblo y á su pastor y á ellos mis- 
mos, que no logren en el aire lo que la villa tan generosa- 
mente les concedió. 

COLEGIO DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS 

Fué SU piadoso fundador, con el título de Señor San Jo- 
sé, el Capitán don José Hurtado Zapata y Echagoy en, fami- 
liar del Santo Oficio de la Inquisición; hijo legítimo del Ca- 
pitán don Pedro Hurtado de Mendoza y de doña Antonia 
Zapata y Echago^^cn, de estado soltero, por su testamento 



NOTICIA DE MOgUEQÜA 



85 



[otorgado en Septiembre l'^de 1708, y en la cláusula IX man- 
a fundadóii se tiaj^a en espacio de ocho años; cumpÜ- 
dos, si no se hiciese, se funde la recoleta de N, P* S* Francis- 
co. Deja al eolei^io de \a Compañía de Jesús sus cuantiosas 
hHciendas y mucho caudal, ^in más calidad que 1q enco- 
mienden A Diüs, hagan bien por su alma, prediquen, hagan 
bien por los pobres y enseñen la Santa ley, según su institu 
t© y obligación. 

Se dió noticia al reverendo P. Provincial Luís de A adra- 
da del Colegio grande de San Pablo de Lima, como lo man- 
ió el fundador. Este reverendo Padre escribió al Cabildo 
laxa que pidiese la gracia de esta fundación al señor Vlrre3* 
T á su Magestad Católica; el Cabildo así lo prometió hacer: 
íisí obra el acta de 17 de Enero de 1709. 

En Julio 10 de 1709, se entregó la hacienda y cuantas 
preseas dejó el piadoso fundador, con toda su casa para la 
É'ábrica del colegio al R. P.José Flores, religioso sacerdote 
de dicha Compañía de Jesits, por ante Luís de Ulloa Tave- 
ra, escribana público y de Cabildo [f. 62]; cuya entrega la 
licieron el Doctor don José Fernández Maldonado y Padi- 
lla, presbítero» aljogado de la Real Audiencia de Lima, 3" D. 
^Pcdro Hurtado y Zapata y Echagoyen, hermano del funda- 
dor, sus aibaceas. 

El Cabildo efcribiú al señor Virrey, quien contesta en 
íptiembre 9 de t709. acompañe el Cabildo informe del ve- 
nerable Deán 3' Cabildo de la ciudad de Arequipa 3^ de! Sin- 
Hco procurador general de la villa ser útil esta fundación 
T de tener suficientes fondos para ella. Así en la acta de 
Cabildo de Noviembre 1^ de 1709. 

En la acta de Cabildo de Agosto 25 de 171 L obra, cons- 
ta y parece está ya en uso y ejercicio de su instituto en 
fcsta villa el colegio de Señor San José de la Compañía de 
[esas. Y para la mejor comodidad del pueblo en su concu^ 
jTrcnda á sus ejercicios espirituales v enseñanza de la juven- 
jd, ordena se abran tres calles travesías de la enllc del 

lio á la calle del Colegio de la dicha Compañía de JesCis, 

De donde se infiere que en Agosto de 1711 3^a estaba en 
colegio, residencia, hospicio 6 misión esta casa de los reve- 
rendos padres Jesuítas. Es cuanto se ha podido investigar 



86 REVISTA HISTÓRICA 



en esta materia. La Real cédula de confirmación y licen- 
cia del Reverendísimo Padre Propósito General de la Com- 
pañía de Jesús, debe obrar en el archivo del colegio nacional 
de La Libertad, que hoy ocupa esta casa. 

Lo único que se sabe es, que después del año 1766 sirvió 
de hospicio á los RR. PP. azules de la observancia de San 
Francisco. Después sirvió de colegio á los PP.de Propa- 
ganda Fide del colegio de Tarija, en Bolivia; después sirvió 
de colegio en propiedad de Propaganda Fidt con misiones 
que en distintas épocas vinieron de España, siendo una de 
ellas, ó tal vez la primera, la que trajo el venerable P. fray 
Tadeo Ocampo en Octubre de 1798, natural de la ciudad 
de Tacna, de buena memoria, quien trajo a Moquegua la 
insigne reliquia del cuerpo íntegro de Santa Fortunata már- 
tir, con muchos libros y utensilios sagrados para el colegio. 
Últimamente sirve de colegio de Ciencias y Artes para la ju- 
ventud de todo este departamento. 

La noticia de estos sucesos puede darla el Rector actual 
de este colegio de La Libertad, á cu3^o cargo está dicho ar- 
chivo, en el que obrarán muchas temporalidades. 

Dichos RR. PP. de Propaganda se fueron á España en 
Marzo de 1825, abandonando su colegio, sin que nadie los 
botase de él. 

CONVENTO HOSPITALARIO DE LA SAGRADA RELIGIÓN 

DE LOS REVERENDOS PADRES BELEMNITAS 

Fué SU piadoso fundador el presbítero don Antonio Isi- 
dro Maldonado y Raya, hijo legítimo del Alcalde provincial 
don Agustín Fernández Maldonado, y de doña Juana de la 
Raya, quien testó en Diciembre 4 de 1726 ante don Juan 
Francisco de Bustíos, Escribano público é interino de Ca- 
bildo, á f. 53 de este protocolo. 

Instituye por sus universales herederos á los reverendos 
padres de la sagrada orden hospitalaria Belemnita de Lima, 
con condición de que mstituyan y funden en esta villa una 
hospitalidad, para siempVe jamás. 

Se nombra por patrón de este convento, y después de 
sus días, á su sobrino el Coronel de estas milicias don Bal- 



NOTICIA DE MOQUEGUA 87 

tazar Fernández Maldonado; y después de éste, á los hijos 
legítimos de su hermano el Alférez real don José Fernández 
Maldonado, prefiriendo el mayor al menor, y el varón á la 
hembra; y terminada esta línea, el último pueda nombrar 
á la persona que le pareciere, con plena facultad para que 
así mismo lo pueda hacer. 

Este piadosso fundador logró en su vida ver la hospi- 
talidad de los padres belemnitas, cimentada en esta villa en 
Enero 2 de 1725, en cu3'a féchales hace absoluta donación 
de todos sus bienes, reservando para sí el usufructo. 

Más, en Diciembre 17 de 1731, estando los reverendos 
padres belemnitas en esta villa edificando la iglesia y hospi- 
cio, cuyo prefecto de la fundación es el reverendo padre fray 
José de la Cruz, les hizo el fundador entrega de todos sus 
bienes, haciendas preseas y cuantos tuvo, sean de la cali- 
dad que sean, con condición de que lo mantengan durante 
su vida, que será muy corta. Así consta a f . 87 de este pro- 
tocolo, por ante el Maestre de campo y Alcalde ordinario 
donjuán Bautista Jiménez Urbano y Ortega, cuyo alcalde 
en el mismo día, dio posesión de todos ellos al referido R. 
P. Prefecto de la fundación, fray José de la Cruz, quien go- 
bernó hasta más del año de 1744. 

En 1729 el Cabildo y vecindario hicieron su prorrata 
de limosnas para la fñbrica de este hospital belemnítico en 
esta villa. Se reunió mucho dinero, vino y aguardiente. 

En el instrumento de Septiembre 20 de 1729, á f. 154, 
dice que hace tres años que vinieron á esta villa dichos 
reverendos padres belemnitas á fundar el hospital; luego, es 
claro que en el año de 1726 se hizo esta fundación. Esta no- 
ción que indica dicho instrumento es conforme con la noti- 
cia que se dio al reverendo Padre fray José de Santa Ger- 
trudis y Cabello, hijo de Moquegua, prefecto de este hospi- 
tal belemnítico desde Mayo de 1809 hasta 24 de Junio de 
1834, en que murió, habiendo gobernado más de veinticin- 
co años esta casa hospitalaria de Belem. Este reverendo 
padre Prefecto me dijo que en 1726 se fundó este hospital, 
en cuyo año estaba de general de la orden Belemnita el M. 
Rmo. P. Licenciado en Derecho fray Bartolomé de la Cruz, 
natural de Cajamarca. 



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NOTICIA DR MOQUEGUA 



89 



de crucero de piedra y cal á expensas del Capitán de ejército 
Don José Carlos de Mcnrloza y Arguedas r actividad del K, 
P. Prefecto, fray José de Santa Gertrudis y Cabello. Prcdicd 
el reverendo Padre fray José Maldoiiadovde Prop/í^anc/a ñtje 
de cíite colegio; hoy ya exclaustrado 6 secularizado y se lía- 
ma el Doctor Don José Cayetano Fernández Maldonado, 
Rector actual del cnlegio de Ciencias y Artes nacional de la 
Libertad de esta ciudad. 



K - 

■ SESIE DE LOS CORREGIDORES QUE HAN HABIDO EN ESTÁ FltO- 

■ VINCJA PE COLESIYO, CUYA CAPITAL ¥VK DESDE EL PRIN- 
B CTPIO DE LA CONQUISTA ESPAflOLA, EN EL AÑO DE 1540, EL 
W FCEBLO DE ^AN SEBASTIÁN DE ESCA PAGUA, AL OTRO LADO 

■ DEL RÍO PRINCIPAL» Á LA PARTE DE COCHUNA. 

H Después que<ló su iglesia, (la que, según indican los do- 

V cumcntos públicos, se viene en positivo conocimiento estaba 

B eacl terreno ó llanura que boy es la bacienda del Carmen, 

Hpro|iia déla familia de los Fernández Corneja) con el nom- 

bre de iglesia de San Sebastián, desde el año de 1615, poco 

más; y el pueblo se llamó desde este año basta el ano de 

1G25 villa de San Francisco de Boija de Esquilache: y desde 

este año de 1625 se reunieron ambos pueblos en uno, esto es, 

la villa de San Francisco de Esquilache y el pueblo de Seño- 

íríi Santa Catalina Virgen y Mártir, ambos en el valle de 

Moqiiegua: uno á un lado y otro al otro lado del río; aquél 

en una llanura, en alto, de buen temperamento, buena agua, 

if in sabandijas, vista agradable, amena y deliciosa. El otrOi 

ren lo bajo 3" ladera de los montes que se denominan Cben- 

ehén, centro de enfermedades^ calor excesivo, lleno de insec- 

tOJl perjudiciales á la humanidad, terreno quebrado, doble 

trabajo para los primeros y demás pobladores hasta hoy 

I para delinear sus casas y edificios, j se denominó en este la- 

jdü inferior, en el que ho^* es la ciudad, villa de Santa Catali* 

lila de Guadalcñxar valle de Moquegua, quedando la antigua 

I Tilla de San Francisco de Esquilache hasta hoy con solo el 

nombre de El Alto de la villa Vieja, ó Pago de la Villa Vi«ya, 
12 



90 REVISTA HISTÓRICA 



que una y otra denominación obran indistintamente en to- 
dos los instrumentos públicos, desde el año de 1625 para 
acá, hasta nuestros días. 

El primer corregidor más antiguo de que se tiene noticia 
por los protocolos de Cabildo y oficio público, es el Capitán 
Don Diego de Vizcarra, casado con Doña Beatriz Bueno de 
Arana, corregid pr en el año de 1583. 

2. — Don Criiitóval González Cuaresma, corregidor en 
1585. 

3. — Don Juan Vasco de Saavedra, gentil-hombre de la 
compañía de los lanzas de estos Reinos en la capital de Li- 
ma, en 1588. 

4. — Don Miguel de Contreras, corregidor en Colesuyo y 
Moquegua, en 1590. 

5. — Capitán Don Acasio de las Casas, corregidor en 

1595, 

6. — Capitán Don Lope de Agüero, corregidor en 1598. 

7. — Capitán Don Pedro Vergara y Muñatones, corregi- 
dor en 16P1. 

8.— Don Luís de León y Mendoza, casado con Doña Ge- 
rónima de Zúñiga, corregidor en Colesujo y Moquegua en 
1603. 

Don Gabriel de Chachas, corregidor en 1607. 

Don Juan Segura de las Roelas, corregidor en 1609. 

Don Diego de Vargas y Carbajal, caballero del hábito de 
Calatrava, corregidor en 1613. 

El Almirante y Capitán Don Juan de Olea, señor de los 
pueblos de Ante, Dehesa y Río de los Conejos, en el reino de 
España, y regidor que fué en la villa de San Francisco deEs- 
quilache, al lado de Cochuna,en este valle de Moquegua, co- 
rregidor en 1613. 

Capitán Don Francisco de Salazar, esposo de Doña An- 
drea Gascón, corregidor en 1614. 

Donjuán de Zegarra y Casaus, corregidor en 1616. 

Don Diego Cáceres de ülloa, corregidor en 1619. 

Capitán Donjuán de Náxera, corregidor en 1620. 

Don Pedro de Záldegui, corregidor en Colesuyo y Mo- 
quegua. Este es el segundo corregidor que reunió el gobier- 
no de ambos pueblos, San Francisco de Esquílache y Santa 
Catalina de Moquegua, en 1621. 



NOTICIA DK MOgUEGÜA 



91 



CORREGIDURES DE MOQÜEGVA CUANDO SE REUNIÓ A COLESUYO 

Capitán Don Diego Cáceres de Ulloa, secunda vez, corre- 
gidor, en 1625, 

El Almirante Don Lázaro de Gamboa, corregidor en 
1626, 

Capitán Don Diego Bena vides, corregidor en 1628< 

Capitán Don Rodrigo Carbajal y Robles, corregidor en 
1630. 

Don Fernando Ordóñez3^ Valencia, muy viejo y enfermo, 
mnríó el mismo ano de su recibimiento de corregidor, en 
1635, 

Don Lázaro de Avila Carrera y Jerer, corregidor eo 1636. 

Don Francisco Arias de Ugarte, esposo de Doña María 
de Espinosa, en 1638. 

El Sargento mayor Don Pedro LiTipcz de la Rocha, corre- 
gidor en 1640. 

Don Juan de Luchen, corregidor en 1643, 

Capitán Don Francisco de Obando, corregidor en 1646. 

Capitán Don Alonso Mujica y Buitrón, corregidor en 
1647. 

Capitán Don Juan de la Torre y Cárdenas, corregidor en 
1649. 

El Castellano Don Antonio Bernardo de Quiros, esposo 
de Doña Josefa Vélez de Guevara, corregidor en 1651, 

Capitán Dan Juan de Acevedo, corregidor en Julio 27 de 
1653, 

Capitán Donjuán Sáenz de Arárabulo, caballero del or- 
den de Santiago, corregidor en Diciembre 11 de 1655, 

Capitán Don Andrés del Castillo y Ayala, corregidor en 
1661. 

El Maestre de Campo Don Vicente Suáreat de Sayavila, 
corregidor en 1670, 

Donjuán Vargas Machuca, corregidor en 16T3. 

Don Cipriano García Xáxera, corregidor en 1677. 

Capitán Donjuán Tomás de Ayala ,v Astudillo, corregi- 
dor en Noviembre 20 y recibido en Marzo 8 de 1679. 

Don José de Roa, Alguacil mayor del Santo Oficio de la 



92 REVISTA HISTÓRICA 



Inquisición de la ciudad de La Paz, español, corregidor en 
1682. 

Capitán Don Francisco José Carrillo de las Torres, co- 
rregidor en Agosto de 1685. 

Capitán Don Fernando Alfaro de Arguedas y Usquiano, 
natural de Tudela, casó con Doña J osefa Gutiérrez Dasa» 
viuda del Alférez Don Andrés de Montanches Matamoros, 
corregidor en Enero 25 de 1688. 

Don Bartolomé Gil de la Bentosa, corregidor en 1690. 

Don Ramón Cerdán de las Torres, corregidor en 1693. 

Don Domingo Maldonado y Sotomayor, caballero del 
orden de Alcántara, corregidor en Septiembre 14 de 1695. 

Don Juan Antonio de Musquis y Ascona, caballero del 
orden de Calatrava. esposo de Doña Ana Chávez, corregi- 
dor en 1698. 

Don Alonso de Paz y Ori huela. Duque de Estrada, caba- 
llero del orden de Calatrava, corregidor en 1703. 

Don Pedro Alvarado y Angelo, corregidor en Junio 26 
de 1706. 

Don Antonio García y Guzmán, corregidor en Abril 24 
de 1708. 

Don Alfonso Martínez de Almagro y Toledo, corregidor 
en Abril 25 de 1715. 

Don Juan José Gallegos, corregidor en 1717. 

Capitán Don Félix de Ángulo Gil de Salazar, mayordo- 
mo de la cofradía del Santísimo Sacramento y de la fábrica 
de esta Iglesia Matriz, casó con Doña María Fernández Mal- 
donado Gutiérrez Dasa, corregidor en Noviembre 3 de 1718. 

Don José Carrasa, corregidor en 1722. 

Don Baltazar Pastor de Velasco Martínez Fernández de 
García, natural de la vil!a de San Cipriano de Campos, 
obispado de Palencia, reino de España, corregidor en 1725. 

Don Diego Hidalgo de Cisneros, esposo de Doña Fran- 
cisca Castellanos, corregidor en 1731. 

Don Francisco José Carrillo de las Torres, segunda vez, 
corregidor en 1735. 

Don Francisco Julio Espinoza y Rospgliosi, corregidor 
en 1740. 



NOTICIA DE MOQUEGUA 



de 



Don Francisco José Carrillo de las Torres, tercera vez, 
corregidor en 1745, 

Don Felipe Bustamante y Benavides, corregidor por'Vres 
años, y habiendo muerto, continuó con el gobierno su her- 
mano, en 1751, 

Don Francisco Bustamante j Benavides» corregidor en 
1754. 

Don Felipe Zavala Voxrnedtano, corregidor en 1760. 

Don Juan de Vinatea y de las Torrres,, corregidor en 
1763. 

Don Pedro de Ceballos, caballero del orden de Santiago, 
corregidor en 1765. 

Don Pedro Remigio Fernández Mal donad o y Churruca. 
A este corregidor se debe la fuente pública en la plaza de Mo- 
(juegna, de donde es hijo; corregidor en 1770. 

Don Miguel de Perochena y Espejo, corregidor en 1775. 

Don Mariano .\ntonto de Oribe, corregidor en 1777. En 
tiempo de este corregidor fué la rebelión del indio José Ga- 
briel de Túpac-Amaru. Dio acertadas providencias para la 
seguridad de la villa, de !a que salió copiosa expedición de 
gente con el señor Conde de Alastaya, don Antonio Nieto, 3- 
varios capitanes á contener la violencia de Ioíí indios en las 
provincias interiores de la Sierra. 

Don Juan José de Santa Cru2, corregidor en 1782. En 
tiempo de este corregidor, con el gran terremoto de Mayo 
13 de 17H2, cayó en tierra nuestra iglesia Matriz. y se acabó 
su reedificación eu 1792. Fué el último de los corregido- 



res. 



SUB-DELEGADOS 



El Coronel de caballería del Regimiento de Lima, don 
Manuel Modesto de Artieda, natural de Lima, casó con do- 
ña Nicolasa Cabello y León; sub-delegado en 1785. 

Don José de Pradas, sub-delegado en 1793, 

Don Raj'mundo Alvarczy Jiménez, sub-delegado en 1795. 

Don Francisco de los Ríos Salazary Tamayo, Coronel de 
cab<)llería del Regimiento de Lima, Marqués de Villahermo- 
so y Conde de San Donas, sub-delegado en 180 1* 



94 REVISTA HISTÓRICA 



El Doctor don Francisco de Paula País, abogado de los 
Reales consejos de su Magestad Católica, natural de España, 
sutndelegado en 1809. En tiempo de este sub-delegado se 
rebelaron los negros de este valle de Moquegua, que supo 
apaciguar; se pusieron veredas á las calles, se empedraron 
otras, se compusieron los caminos y portillos de Cupina y 
Yarachaclii. 

Capitán don Miguel Fernández Maldonado, sub-delega- 
do interino en 1812. 

Donjuán Antonio Bustamante, sub-delegado en 1813. 

El Capitán don Fernando Landay Vizcarra, sub-delega- 
do en 1814. 

Don Anselmo Gago, Teniente coronel de ejército y último 
sub-delegado en 1821. 

INTENDENTES 

Don Basilio de la Fuente y Bustamante, intendente, has- 
ta 1825. 

En tiempo de este señor sub-prefecto se juró la gran car- 
ta de la Constitución Peruana. 

Coronel de ejército don Manuel Muñoz, sub-prefecto has- 
ta 1826. 

Don José Clemente Arguedas y Landa, sub-prefecto has- 
ta 1827. 

En tiempo de este sub-prefecto se "concluyó la capilla y es- 
pacioso zaguán de la cárcel; se empedró y puso veredas en 
dicha cuadra. 

Don Victoriano Joaquín Cornejo y Montenegro, aboga- 
do de los Tribunales del Perú, sub-prefecto en 1830. 

Don Tomás Ordóñez y Vizcarra, sub-prefecto en 1833. 

El Coronel de ejército don Narciso Bonifaz, sub-prefecto 
en 1835. 

El Doctor don Tadeo Ordóñez, sub-prefecto en 1835. 

Don Marian i Calderón Portocarrero Pérez de Tudela, 
sub-prefecto en 1836. 

Don Ezequiel de Mendoza Iramátegui, sub-prefecto en 
1839. 



NOTICIA PE MOQüEGÜA 



95 



V Don José Clemente Arguedas y Landa, segunda vez, sub- 
drefectoen 1840. 

I SERIE DE LOS TENIENTES DE CORREGIDOR Y JUSTICIA MAYOR 
EN EL PÍTEBLO D!í SAN SEBASTIÁN, DESPUÉS VILLA DE SAN 
El primer teniente de corregidor de que se tiene nottcía 
es don Pedro Ladrón de Guevara 3^ Sisa, el mozo, hijo legí- 
timo de don Pedro Ladrón de Guevara el viejo, conquistA- 
dory pacificador de estas vastas regiones, y de doña Cata- 

tiina de Sisa, vecinos de la gran ciudad del Cuxco, corte del 
Imperio de los incas, esposo de doña Luisa de Sitva y Cos- 
tilla y Rodríguez del Pozo, palla riel Cuzco; fué corregidor 
IB 1595, 
P Capitán don Diego Fernán de* Godines Maldonado, na- 
tural de la villa de Useda en Espaíía, hijo legítimo del Licen- 
ciado don Agustín Ft?rn^mdez y de dofia Francisca Godines 
Maldonado, esposo de doña Isabel de Vizcarra, hija legíti- 
■ ma del Capitán don Diego de Vizcarra y de doña Beatriz 
H Bueno de Arana, en 1593. 
H Don Juan de Izaguirre, en 1598- 
H El mismo en el año de 1601. 

Capitán don Cristól)al de Arana, teniente ele corregidor 

I en Ccílesuyo y teniente de gobernador en Moquegiia, cuan- 
do este pueblo pertenecía á la ciudad de Chucuito, en 1606. 
Capitán don Andrés de Espinosa, en IGll. 
Don Diego Fernández de Avila y Adrada, en 1618, 
Donjuán Chacón de Cabrera» en Colesuyo y Moquegua, 
en 1614, 
Capitán y Sargento mayor don Francisco de Arteaga y 
Sotomayor, alcalde de la Hífrmandad enla villadeSaaFran- 
ciseo de Esquilache, en 1616 

Ca1>itán don Juan Rodríguez de Ves, en 1620, 
Capitán donjuán de Ugarte, en 1622< 
Capitán donjuán de Meza Montalro, en 1624, 
Don Hernán Velásquez de Avila, alcalde de la Herman- 
dad y teniente de corregidor, en 1625* 



96 REVISTA HISTÓRICA 



Capitán don Diego de Máznelo, teniente de corregidor 
de San Francisco de Esquilache y teniente de gobernador en 
Santa Catalina de Moquegua, en 1601. 

Don Pedro de MezaMontalvo, en 1611. 

Capitán don Diego Fernández Godines Maldonado, se- 
gunda vez, en 1610. 



SHRIE DE LOS TENIENTES DE GOBERNADOR EN EL PUEBLO DE 
SANTA CATALINA VIRGEN Y MÁRTIR DE MOQUEGUA, CUAN- 
DO PERTENECÍA AL GOBIERNO DE LA CIUDAD DE CHÜCUITO- 

Don Pedro Xaraba, teniente de gobernador, en 1596. 

Capitán don Diego Fernández Godines Maldonado, te- 
niente de gobernador, en 1597. 

El Alférez Gonzalo de Máznelo, teniente de gobernador, 
en 19 de Enero de 1600. 

Donjuán Ponce de Salazar, teniente de gobernador, en 
Septiembre 19 de 1600, 

Don Juan de Izaguirre, teniente de gobernador, en No- 
viembre 4 de 1600, 

Capitán don Diego de Mazuelo, teniente de gobernador, 
en 1601. 

Don Gerónimo de Villalobos, teniente de gobernador, en 
Diciembre 16 de 1602. 

Don Román Hurtado de Mendoza Pérez del Pozo, en 
1606. 

Capitán don Diego Fernández Godincss Maldonado, se. 
gunda vez, en 1608. 

El Alférez don Pedro de Meza Montalvo, en 1611. 

Capitán don Diego Alonso de Vizcarra Bueno de Arana, 
en Noviembre 4 de 1611. 

Don Juan Chacón de Cabrera, en 1616. 

Capitán don Toribio de Castañón, en 1618. 

Capitán don Rodrigo de Arteaga y Sotomayor, en 
1619. 

Don Pedro Rodríguez Carbonera, en 1625. 



NOTICIA DE MOQUSCtJA 



97 



MOMENCI-ATUaA. 

tos ttnkntes dt corregidor y Justicm mayor cuando ¡as 
dos pueblos, el de San Sebastián de Eseapagiia y después 
villa de San Francisco de Esquilache^ hasta este año de 
1625, y e¡ de Santa Cata Una Virgen y Mártir de Moque- 
gua se reunieron bajo de ana sola Jurisdicción y corregr- 
miento con el titulo de viHa de Santa Catalina de Gua- 
dalcázar, ra//e de Moquegua. Es á saber : 

Capitán don José Fernández de Córdova y Agnilar, té- 
jente de corregidor y justicia mayor» en 1626. 

Don Gerónimo Quintana y Benavides, en 1627, 

Don Alonso de Useda, en 1628. 

Capitán donjuán de Mesa Montalvo, en 1628, 

Dnn Diego Fernández de Avila y Adrada, regidor 1^, en 
631, 

Don Melchor Maldonado de Saavedra, en 1635, 

Don Luís de Vizcarra, en 1640. 

Don Sebastián Fernández Zapata, en 1650. 

Don Francisco Mascuelo, Alcalde ordinario, en 1653. 

Don José Hurtado de Mendoza Pérez del Pozo Majuelo 
Villatnísar, en 1655. 

Don Francisco Ramírez Zegarra, en 1682, 

Don Lorenzo de Vizcarra y Tapia, en 1682. 

Don Antonio Rodríguez del CuadrOp en 1683» 

Don Juan José Rodríguez de Ves, en 1685. 

Don Manuel Ximénez Urbano y Ortega, regidor, en 
1693, 

El capitán don Lnís V^lez de Córdova y Vélei Ladrón de 
tíaevara, síndico, procurador general^ esposo de doña Inés 
Salgado y Araujo Perea de Grimaldo, en 1695 hasta 1698, 
por Real despacho de su Magestad, 

Don Bernardo Carbonera y Sotoraayor, regidor, en 
1718. 
Don Francisco Nieto de Peñalosa, regidor, en 1749, 

13 



98 REVISTA HISTÓRICA 



CATALOGO 

de hs Curas y Vicarios foráneos que han habido en esta du- 
de Santa Catalina de Guadalcázar de Moquegua, cuyo 
curato comprendía en Ja primitiva antigüedad cuatro 
puebJoSy y son el ya referido de Santa Catalina de Mo- 
quegua^ el de San Sebastián de Escapagua, á la parte de 
Cochuna^ el de San Agustín de Torata y el de San Mateo 
de Tumilaca, como igualmente á los indios Capangos, 
hoy residentes en el pago de YacangOy valle de Torata^y 
se denominan Yacangos en lugar de Capangos; en cuyo 
pago de Yacango hay hoy una vice-parroquia dedicada á 
San Isidro Labrador^ de nueva erección, en el año de 
1827, poi el Iltmo, señor Doctor don José Sebastián de 
Goyeneche y Barreda, Obispo de Arequipa, correspondien- 
te á la doctrina de Torata, 

De estos cuatro pueblos no subsiste vestigio alguno de los 
de Escapagua y Tumilaca, más que la memoria. 

Este curato y vicaría de Moquegua tué un solo curato 
desde su descubrimiento, (cuando este obispado pertenecía 
al del Cuzco, hasta el año de 1611, en que ya hubo obispo en 
Arequipa, y lo fué el primero el Iltmo. Sr. Dr. D. fray Cristó- 
val Rodríguez, que no llegó á su capital, pues murió en la vi- 
lla de Camaná, que en esa sazón era ya villa) con el de Tora- 
ta hasta el año de 1619, en que lo dividió el Iltmo. Sr. Dr.D. 
Pedro Perea de Grimaldo, segundo Obispo de Arequipa; ha- 
ciendo de Torata, Yacango y Tumilaca una doctrina; el pue- 
blo de Santa Catalina Y y M con todo el valle de Moquegua 
otro curato, constituyendo la iglesia Matriz 3" vicaría de la 
provincia en Moquegua. 

Cura primero de este valle y pueblo de Santa Catalina Y 
y M de Moquegua y pueblos de San Sebastián de Escapagua 
en el valle de Cochuna, junto al de Moquegua, San Agustín 
de Torata y San Mateo de Tumilaca, con los indios Capan- 
gos, hoy llamados Yacangos ó Yacangueños, que se encuen- 
tra en los protocolos de los archivos públicos de esta ciu- 



NOTICIA DB MOQUEGUA 



99 



I 

I 



dad, á falta de los libros parroquiales, el Licenciado D. Alon- 
so de Cañete y Valleunibroso, natural de la villa de Agnilnr, 
ilel marquesado de Priego; rigió esta iglesia por los años de 
15S8. 

El Licenciado D. José de And rada, en 1589- 

D. Luis Fernándeis Barchilón, en 1592* 

Atenta la pobreza de este curato» los vecinos de él otor- 
garon escritura de dar al cura trescientos pesos para su ma- 
nutención^ cuyu práctica duró hasta Mayo 25 de 1624* en 
que unos y otros vecinos de Escapagua y Moqueguaseamis* 
taron por escritura pública. 

El Licenciado D.Juan Alonso de Tapia» Canónigo de la 
Santa Igiesia Catedral del Cueco, en Marzo 4 de 1597. 

El Bachiller D, Juan Rivera de Villalta, hace oficio de cu- 
ra, en 1598, 

El Licenciado D, García Silvestre de la Cueva, cura v vi- 
cario, en Diciembre de 1598. 

Licenciado D. Christóval de Aranday Aj^ala, natural de 
la ciudad de Málaga, en Julio 18 de 1 600, 

Licenciado bachiller D* Juan Guerrero de Vargas %' Oso- 
rio, natural de la villa de Tcba» en Sevilla, en Septiembre 25 
de 1605, 

Este cura, en Mayo 5 de 1618, pasó á cura vicario de la 
ciudad de San Marcos de Arica, cuando ya pertenecía al 
obispado de Arequipa. 

Licenciado D, Gerónimo Castaño de Aragón, de cura y 
vicario de Arica pasó á cura y vicario de Moquegua, en Ma- 
yo 22 de 1618. 

Licenciado D. Diego Ortiz de Gatiea, en Febrero 2 de 
1619, 

En tiempo de este cura se dividió Torata de Moquegua. 

Licenciado D» Diego Pérez, Comisario del Santo Oficio, en 
Enero 2 de 1622. 

Bl Bachiller D, Gaspar de Espitiosa y Bilbao, cura coad- 
jutor, natural de Moquegua, en Diciembre 13 de 1629. 

Bachiller D. Pedro Moran y León, natural de Arequipa, 
cura el primero que fué creado en Torata y cura vicario en- 
cargado de Moqueguap en Septiembre 2 de 1639. 



loo REVISTA HISTÓRICA 



D. Melchor Fernández de la Cuadra Laso de la Vega, en 
Noviembre 22 de 1640. 

En tiempo de este cura se celebró acta capitular, en Abril 
16 de 1633, y patentizó el Cabildo la extrema pobreza, ruina 
é indecencia de esta iglesia Matriz, primordial, parroquial 
de la provincia, y la pobreza é incongrua de su cura; y se pi- 
da á su Majestad alguna asignación del noveno de diezmos 
para sufragar lo incongruo, así del cura como de su iglesia» 
pues así lo declaró el Iltmo. Sr. Dr. D. Pedro de Villagómez» 
siendo Obispo de Arequipa en el año de 1631 y siguientes» 
por pertenecerle esta iglesia y su cura. Así consta de dicha 
acta capitalar, por ante Gerónimo de Villalobos, escribano 
público y de Cabildo. 

D. José de Raya y Pareja, en 1655. 

El Bachiller D. García Hurtado de Mendoza Pérez del Po- 
so y Villamísar Bueno de Arana, natural de Moquegua,cura 
interino, en Julio 28 de 1671. 

Licenciado D.Juan Antonio de Peralta, Comisario del 
Santo Oficio de la Inquisición, en 1672. 

Este cura pasó á ser canónigo de Arequipa. 

D. Andrés Bueno de Arana, cura ínter, en Agosto 29 de 
1682. 

D. Andrés Velásquez de Avila y Espinosa, cura ínter, en 
Enero 7 de 1683. 

Dr. D. Antonio Coronel Cáceres de Ulloa, en Enero 26 de 
1683. 

El Bachiller D. Ambrosio Xavier Rodríguez Corterreal, 
cura ínter, en Agosto 2 de 1691. 

Este cura ínter pasó á ser cura propio de Torata y lo fué 
más de treinta años. 

Dr. D. Antonio de Echevarría y Vera, calificador del San- 
to Oficio; de cura propio de Torata pasó á cura vicario de 
Moquegua, en 1692. 

Este cura ppsó á canónigo magistral de Arequipa. 

D.Juan Marcelino Fernández Dávila y Máznelo, cura ín- 
ter, en Mayo 23 de 1701. 

Dr. D.Juan José Suárez de Tinco, Comisario del Santo 
Oficio de la Inquisición, en Marzo 20 de 1702. 



D. Miguel Cornejo de Daza, Comisario de la Santa Cru- 
zada» cura ínter, en Diciembre 16 de 1709. 

Dr. D, Juan Bautista Bernedo, Comisario del Santo Ofi- 
cio, en Marsío 31 de 1712, 

D. Miguel Cornejo de Daza, Comisario de la Santa Cru- 
zada, segunda vez cura ínter, en 10 de Febrero de 1714, 

Bachiller D. Francisco Ximénex Urbano y Ortega Sea y 
Cuéllar, Comisario de la Santa Cruzada, cura ínter, en Julio 9 
de 1716. 

Dn D. Alonso Diez Coronel, Comisario del Santo Oficio, 
secretario del lltmo Sn Dn D. Juan de Otárola, en Noviem- 
bre ] 6 de 1718, Este cura pasó á canónigo doctoral de Are- 
cjuipa. 

Bachiller D, Francisco Xavier Ximéncz Urbano y Ortega 
Sea y Cuéllar, Comisario de la Santa Cruzada, segunda vez 
cura ínter, en 1722* 

D, Juan Cayetano Rodríguez de Xcsj Feí-uándezDávila, 
Comisario de la Santa Cruzada, cura ínter, en Diciembre 10 
de 1730. 

Dr. D, José Cabero de Francia, Calificador del SantoOfi- 
cio, mayordomo mayor del Iltmo. Sr. Dr. D, Juan Cabero de 
Toledo, en 1733. 

D, Juan Cayetano Rodríguez de Ves y Fernández Da vila, 
Comisario de la Santa Cruzada, segunda vez, cura ínter en 
1734. 

Bachiller D, Lorenzo Ximénez Urbano y Ortega y Aspe, 
ministro familiar del Santo Oficio, sacristán mayory mayor- 
domo ecónomo de esta iglesia Matriz, cura ínter, en Julio 8 
de 1738. 

Bachiller D. Domingo de Castro, Consultor del Santo Ofi- 
cio, visitador de las provincias de Moquegua y Arica, Exa- 
minador sinodal de este obispado por el lltmo. Sr. D* Juan 
González Melgarejo, en Julio 10 de 174-0. 

Dr. D. Francisco José de Espinosa y Mendoza, Abogado 
de la Real Audiencia de Lima, Comisario del Santo Oficio, 
Provisor v Vicario general de este obispado, en Octubre 24 
de 1740. ' 

Bate cura pasó á canónigo doctoral, provisor y vicario 
general de la Santa Metropolitana iglesia de Lima* 



RE\1STA HISTÓRICA 



Bachilkr D. Lorenzo Ximénez Urbano Ortega y Aspe, cu- 
ra encargado, en 174.1. 

El maestro D. Luís Sea no de Valer, cura encargado, en 
Septiembre 6 de 174-4. 

Dr. D. Gabriel de Eroagarai Aspe y Dasa» Examinadorsi- 
nodal de este obisp*ado, cura ínter, en Diciembre 24 de 1754. 

Dr. D. Juan Manuel de Moscosoy Peralta» se ordenó de 
presbítero á título del curato de Moqueí^ua; natural de Are- 
quipa, dedonde fué Alférez real y Alcalde ordinario de primer 
voto, comisario de ambos tribunales, de Inquisición y de 
Cruzada, examinador sinodal de este arzobispado, en Enero 
8 de 1755. 

Este cura pasó á prebendado y canónigo magistral déla 
Santa iglesia Catedral de Arequipa; después Obispo de Trico- 
mi y Obispo auxiliar de Arequipa; después Obispo de las san- 
tas iglesias Catedrales de San Miguel Arcángel de Córdova 
del Tucumán y de Santiago el Mayor de la gran ciudad del 
Cuíco, y después Arzobispo de la Metrópoli santa de Grana- 
da, en el Reino de Espnña. 

Dn D. Gabriel de Emagarai Aspe y Dasa, Examinador si- 
nodal de este obispado de Arequipa, segunda vez cura ínter, 
en Noviembre de 1760, 

Dr. D.Antonio de Otazu, Comisario déla Santa Cruzada. 
Examinador sinodal de este obispado, último cura y vicaric^ 
solo de esta iglesia Matriz, en 1766, 

Estecura pasó á prebendado de la Santa Iglesia Catedral 
de Arequipa, en Diciembre 1*^ de 1774. 

Dr. D. Lorenzo de Vizcarra3^ Hurtado, natural de Mo- 
quegua, Comisario del Santo Oficio, cura ínter, en Diciembre^ 
28 de 1774. 

En 1777 gobernando la Santa Iglesia de Areqxdpa el 
lltmo. Sr. Dn D. Fr. xManuel .Abad y Llana, XVIII, Obispo 
de Arequipa, se pusieron dos curas en esta iglesia Matriz de 
Moquegua, con la denominación de cura 1^ y cura 2^; aquél 
de Moquegua y éste de la Rinconada, 

Dr. D, Clemente Antonio Galdós de Arel laño, Hurtado 
de Mendoza, Comisario de la Santa Cruzada^ cura propio 
de llabaya; pasó á cura primero y vicario foráneo de Moque- 
gua en Julio 14 de 1777. 



NOTICIA DK MUQITEGUA 



103 



Este cara renunció una prebenda en el coro de la Santa 
Iglesia Catedral de Santa María la Maycjr de la ciudad de 
Guamanga. 

Dr. D. Mariano Abril 3" Olazábal, cura segundo, en Julio 
f de 1777. 

Dr. D. Lorenzo de Visscarra y Hurtado, segunda %'^ezcura 
¡ ínter del primer lugar, en Agosto 24 de 1790. 

Dr. D. lldefansü José Velarde, cura de Pampacolca; per- 
mutó con el Dr, D* Mariano Abril y Olazábal el curato 2^ de 
IMoquegun, en Febrero 12 de 1792. 
Dn D. Lorenzo Vizcarra y Hurtado, comisario de ambos 
tribunales, de Inquisición y Cruzada, cura 1^ y vicario forá- 
neo en propiedad» en Noviembre 17 de 1792. 
Este cura reedifico la iglesia, gastó ingente caudal, le de* 
Jó cuatro ricos ornamentos y muchas preseas y murió en 3 
ik Abril de 172L 
Don Ignacio José de Iramátegut Meabe y Carbonera, 
cura segundo interino, en 1804. 

Doctor don Luís Prieto y Zeballos, natural de Moque- 

Igoa, cura de Acarí y San Felipe de Ca rumas, pasó á cura se- 
gundo de Mo[]ue^ua, en 1805, 
Doctor don Manuel Inocencio Hurtado Zapata Vizcarra 
\ Hurtado, abogado de la Real Audiencia de Lima, cura 
coadjutor» en Enero de 1813. 
El mismo Doctor Hurtado y Zapata, cura ínter en el pri- 
mer lugar, en Abril 15 de 1821, 
Pasó á prebendado de Lima, examinador sinodal, provi- 
sor y vicario general de dicho arzobispado. 

Don Baltazar Mugartes y Nieto, cura segundo interino» 

I en Agosto del 82 L 
Este cura segundo ínter pasó á Tarata, en donde fué des- 
pués en propiedad, en 1826, 
Doctor don Bakazar Zeballos Ardites y Beltrán, cura se- 
gando interino y rector del colegio de la Libertad de cstíi 
ciudad, en Octubre 26 de 1823. 
Doctor don Narciso Velásquez jBentrellat.cura primero 
encargado, en 1824. 

Este cura fué rector de este colegio de la Libertad en 
^^1B31, cura rector de la Santa Catedral de Arequipa, interi* 



104 REVISTA HISTÓRICA 



no, gobernador eclesiástico de este obispado en 1832; en el 
mismo año, rector del colegio Seminario y hoy prebendado 
de dicha Santa Iglesia Catedral y rector de dicho colegio 
Conciliar de Arequipa. 

Doctor don José María Delgado, naturul de Lima, bene- 
mérito á la Patria en grado heroico y eminente, condecora- 
do con las medallas de las batallas de Junín y Ayacucho, cu- 
ra segundo, en Junio 15 de 1826. 

Doctor don Juan Antonio Montenegro y Ubaldi, natural 
de Moquegua, abogado de las repúblicas de Solivia y el Pe- 
rú, Examinador sinodal de este obispado de Arequipa, cura 
primero y vicario foráneo de esta ciudad de Moquegua, en 
Noviembre 11 de 1826. 

Eiste cura fué cura ínter de la Santísima Trinidad de Co- 
nayca, obispado de Guamanga,en 181S hasta 1821; después 
cura ínter en San Pedro de Ilabaya, en 1825; y siéndolo en 
propiedad en Junio de 1826, lo renunció; de donde, en el mis- 
mo año, fué promovido á esta Matriz de Moquegua, que hoy 
obtiene (1). 

El último comisario del Santo Oficio, fue el Doctor don 
Juan Cabello y Hurtado, presbítero; y su notario, el presbí- 
tero don Pedro del Cuadro y Castañón. 

En Marzo 2 de 1687, á f. 29 vta., d Cabildo dio mil pe- 
sos de donativo á su Magestad, siendo Virrey el señor Du- 
que de la Palata, y se libró á Moquegua del derecho de sisa 
de la carne que se vendía en el vecindario de esa villa. 

En Octubre 20 de 1687, hubo en esta villa un terremoto 
grande, con el cual se arruinó la iglesia Matriz y la mayor 
parte de la villa. 

En Octubre 10 de 1688, se declara no tener esta iglesia 
parroquial rentas suficientes para su reedificación, y eliCapi- 
tán don Miguel Fernández Maldonado el viejo, dá 300 pe- 
sos, y cada un año, hasta su conclusión, 300 pesos; y el cura 
don Antonio Coronel Cáceres de Ulloa y el fabriquero, Capi- 
tán don Pedro Antonio de Salcedo, aceptan esta escritura 
de obligación. Así á f. 419 vta. 

En Enero 8 de 1687, el Corregidor don Francisco Carrí- 



( 1 ) Este cura es el autor de esta relación. 



NOTICIA DE MOflüEGÜA 



105 



lio de las Torres, habilita el papel sellado para que no se per- 
judique el erario, ni paren los negocios. F. 487 vta. 

En el año de 1689. á f. 27, consta que ha estado esta vi- 
lla el espacio de veinte años sin escribano, por eu^^a causa y 
haber andado los papeles de esta dicha villa rodando en po- 
der de personas particulares, se han menoscabado y adulte- 
rado, con perjuicio de esta república* 

V he aquí el motivo por lo que faltan muchos instrumen- 
to» de entidad, aún protocolos enteros. 

En Abril 18 de 1689, á f. 41, consta que en los términos 
del pueblo de San Pedro de Tacna se ha descubierto un mi- 
neral de ricos metales de plata. 

Y en Marzo 20 de dicho año de 1683, se escripturan va^ 
ríos vecinos nobles de esta villa á trabajar y piden sitios pa- 
ra hacer ingenias, casas y trapiches. 




I 



CONQUISTADORES DE ESTE HHINO 



El Capitán don Hernán Bueno de Arana, feudatario de 
la ciudad de Arequipa y encomendero del pueblo de Tacna, 
cuya encomienda le dió el señor Virrey don Luís de V'elasco 
por 8U calidad 3* servicios señalados en la conquista, 3* á 
quien los señores virreyes de su tiempo honraron como á tal 
conquistador. Casó con doña Mariana de Saavedra. y es 
contenido en la Real provisión dada por el Excnio. señor 
Virrey don Luís de V^elasco, su fecha en los Re\"es, Octubre 
13 de 1601* Así obra en la información de hidal^fa que 
produjo el Capitán don Juan José Rodríguez de Ves, en No^ 
viembrc 15 de 1690 y auto pronunciado por el Capitán don 
Antonio Pérez del Cuadro, Justicia mayor de esta villa, 
pur nu-sencia del señor Corregidor don Bartolomé Gil de la 
Bentosa, ante Tomás de Valcárce:, escribano público, á f. 
460. 

Don Alonso de Velásquez de Avila y Arccp conquistador. 
Se le señalan mil setecientos pesos en el repartimiento de Pa- 
cha, en los términos de la ciudad de la Plata, en camplimien- 
to de la Real cétlula de su Muges tad. Así consta de la cita- 
da Real Provisión. 

14 



106 -REVISTA HISTÓRICA 



Don Juan de la Torre, Maestro de Campo, conquista- 
dor. Así el instrumento de las actas capitulares, Abril 3 de- 
1713. 

Don Pedro Cancino, esposo de doña Ana de Bilbao, con 
quistador. Así se sabe por tradicción constante en esta vi- 
lla: ambos consortes naturales de España. 

Don Fernán Velásquez Dávila, consta ser uno de los con- 
quistadores y pobladores de esta villa, en cuya virtud su hi- 
jo, don Fernán Velásquez Dávila y Máznelo pide al Cabildo 
un sitio y solar, que se le concede. Así el instrumento de 
Agosto 3 de 1689. 

Don Martín Pizarro, es hijo de conquistador y doña 
Beatriz de Casillas, su mujer, es nieta de otro conquistador. 
Así consta de la Real Provisión antes citada. 

Don Juan Martín de Ley va, se le señalan cuatrocientos 
pesos en dicho Tacana. Así dicha Real Provisión. Si es- 
te señor sea conquistador ó hijo de conquistador, no se 
sabe ni lo dice tal Real Provisión; más bien se puede en" 
tender ser conquistador, atento á que no hace la distinción 
del hijo ó nieto de conqnistador, que se vé en la presente dic- 
ción. 

Don Pedro Ladrón de Guevara, el viejo, esposo de doña 
Catalina de Sisa, conquistador, poblador y pacificador de 
estos reinos; vecinos de la gran ciudad del Cuzco. 

Así obra en libro impreso de genealogía y título de Cas- 
tilla del señor Maques de Cumbres Altas. 

En Junio 6 de 1700, á f. 69, consta que en 1693 concedió 
su Magestad á la villa de Moquegua, que no pague alcabala 
del cabezón de las haciendas de este valle por espacio de seis 
años, atento sus servicios. 

En Enero I'' de 1701 se desafiaron y aceptaron el desa. 
fío dos señores alcaldes; el uno que lo era y el otro que lo 
acababa de ser. 

En 1698 el bachiller don José Rodríguez de Ves murió en 
el colegio de una estocada que le dio otro colegial, y el pa- 
dre del difunto le perdonó solemnemente la muerte. F. 11 
vta. 

En Septiembre 9 de 1701, á f. 148. se dá noticia haberse 
por la primera vez, sacado aguardiente del vino de estas vi- 



NOTICIA DE MOQUEGX7A 



107 



I 



y lo fué en la hacienda del Carmen, en el Alto de la Villa 
Viqa» propia hoy de los señores Fernández Cornejo* 

En Septiembre 2 de 1701, Ai. 122, consta que las calles 
rectas de las iglesias Matriz de esta villa 3' Hospedería de 
Santo Domingo» hacia el portillo para salir al valle de Cupi- 
im, poco antes del dicho portillo, qtie es entre dos montes, 
había un sitio llamado Calvario, y en él tres cruces, á donde 
la gente iba el jueves y viernes Santos con sus estaciones y 
vía sacras y encendía muchas velas, así estos días como to- 
dos los viernes del año. Hoy ya no existen tales cruces ni 
hay memoria de tal Calvario, 

En Diciembre 15 de 1700, f. 195 vta., y Enero 26 de 
1702, t^ 284?, consta que en la antigüedad había una huerta 
Ilipaciosa, propia del convento de Santo Domingo de esta vi- 
lla; hoy ya no e^císte y todo es casas y habitaciones de sus 
vecinos. 

En Junio 26 de 1708, A t 190, consta que existía aón en 
esa sazón la iglesia de San Sebastián de la antigua villa de 
San Francisco de Esqailache, y así es. En el inventario del 
capital de bienes que hace el Capitán Maestre de campo don 
José Montenegro, por haber muerto su mujer doña Constan- 
za de Penal osa, entre otras cláusulas es la siguiente: — **Item 
un pedazo de tierras junto ala iglesia de esta Villa vieja, 
que éste con otro que tiene plantado mi hijo don Bernardo 
Montenegro, se los tengo vendidos al dicho mi hijo en ciento 
y cincuenta pesos, que tengo recibidos." Cuántos años des- 
pufo de esta fecha subsistiría esta primera iglesia de este va- 
lle, en la que por la primera vez se celebró el santo sacrificio 
de la misa^ no se salie. 

Las familias de los Fernández Cornejo, Montenegro y 
Peñalosa con los Hurtado de Mendoza conservan en su co- 
razón la devota memoria de haber tenido limítrofe á sus he- 
re<Iades, el primer pueblo, 3^ primera iglesia de San Sebas- 
tián de Escapagua, antigua villa de San Francisco de Borja 
de Esquilachc, cuya traslación á esta parte donde ho3' existe 
la ciudad, se llorará eternamente, quedando de aquella villa 
solo la memoria del Alto de la Villa vieja, hasta hoy. 

En Septiembre 29 de 1709, á f. 351 vta., consta que en 
el pueblo de la Corona Real de Ubinas, de esta provincia de 



108 REVISTA HISTÓRICA 



Colesuyo, y cerro de San Bortolomé de Tasa, hay un asien- 
to de minas de plata, llamado San Francisco Xavier de 
Tasa. 

En Enero 20 de 1711, á f. 294, obra ser una mina de oro 
descubierta en el asiento de San Antonio deSanchuli, propia 
del Capitán donjuán de Theos y Ortega, familiar del Santo 
Oficio. 

El Capitán don José del Alcázar y Padilla y su mujer do- 
ña Ana María de Peñalosa son los fundadores del monaste- 
rio de Santa Rosa en esta villa, dejando para ello cuantio- 
sas fincas, su fecha 2 de Junio de 1710. Esta fundación se 
la llevaron á Arequipa con grave perjuicio á Moquegua y 
solo tienen las moqueguanas el privilegio de ser colocadas 
primero que otras para monjas; en tiempo del Iltmo. señor 
don Juan Cabero de Toledo, caballero de la orden de Cala- 
trava duodécimo Obispo de Arequipa. 

En Abril 2V de 1712, á f. 420 vta.. consta una escritu- 
ra otorgada por el R. P. Predicador Fr. Clemente Cuéllar, 
prior actual de esta Hospedería de Predicadores de esta vi- 
lla, en que por sí y á nombre de sus sucesores se obliga á en- 
señar á la juventud de esta dicha villa y su jurisdicción á 
leer, escribir y la gramática, según es y ha sido costumbre 
desde la erección de esta hospedería, una de las principales 
cláusulas constitucionales bajo las que los pidió 3" rentó la 
villa, y así consta de la cédula Real de su confirmación; Mar- 
zo 1^ de 1717. 

No lo hacen al presente y muchos años ha que faltan á 
este lleno y condición para lo que vinieron á Moquegua y se 
desea lo verifiquen para bien y provecho de la juventud, pues 
dice nuestro Santísimo Padre Benedicto XIII en su constitu- 
ciór (Roma, Marzo 30 de 1726), tales esse cives qual es 

EDUCATIONE INFOR.MANTUR. 

En Agosto 17 de 1781, á f. 126, el Cabildo, Justicia y Re- 
gimiento jura solemnemente á Nuestra Señora de Lore- 
to por patrona de Moquegua, á causa de los temblores y 
pestes, y en Octubre 31 del mismo mes confirma este voto el 
Iltmo. señor Doctor don Juan Cabero de Toledo, del orden 
de Calatrava, ante Ignacio de Goyzueta, notario mayor; y 



NOTICIA DE MOgUEGUA 109 

el Cabildo se obliga á hacerle su fiesta el día 15 de Agosto de 
cada año. 

En 1767 fueron expatriados de esta villa los RR. PP. de 
la Compañía de Jesús y en 1787 se les dio posesión de este 
colegio por Real Cédula á los PP. de Propaganda fíde del 
colegio de Tarija. Así consta de un expediente girado por el 
P. Comisario Fr. Tomás Nicolau,ante el señor Virrey Aviles- 

Dr Juan Antonio Montenegro y Ubaldi. 

( Se continuará ) 



• > » c > 



Seccióri Oficial 



FUNDACIÓN DEL INSTITUTO HISTÓRICO 



EL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA 
Considerando: 

Que conviene propender á la formación de la Historia 
nacional; 

Decreta: 

Artículo 1^ — Créase el Instituto Histórico del Perú. 
Artículo 2^— Son sus objetos: 
1*^ Reunir, descifrar, organizar, anotar y dar publici- 
dad á los documentos relacionados con nuestra historia; 

2^ Iniciar y recompensar la redacción de obras histó- 
ricas, monográficas ó generales sobre el país; 

S"^ Proponer al Gobierno lo que considere útil para el 
conocimiento, difusión y progreso de las ciencias históricas; 
4^ Informar al Gobierno sobre los asuntos en que se 
juzgue oportuno conocer su opinión; 

5^ Conservar los monumentos nacionales de carácter 
arqueológico ó artístico. 

Artículo S'^— Tendrá el Instituto como órgano una Re- 
vista. 

Artículo 4^— El Archivo Nacionalepe dnderá del Institu- 




m 



Míiitftru de JaMida í Inétrucdón, inHugumdor dd tiittítnio Hin^mo. 



SECCIÓN OFICIAI^ 



111 



tn y quedará sajelo á las disposiciones que éAe dicte para 
su debido funcionamiento. 

Dado en la Casa de Gobierno en Lima, ¿i los dicx y oeho 
días del mes de Febrero de mil novecientos cinco. 



Jorge FoJan 



José Pardo* 



Notnbramietito del personal 



Lima, 8 de Marzo de 1905. 

Habiéndose creado por decreto de 18 del mes próximo 
pasado el Instituto Histórico del Perú. 

Se dispone: 



Artíctilo 1^— Formarán el Instituto las siguientes perso* 
ñas: 

Barranca José Sebastián, Basadre Modesto, Beoites En- 
rique, Cabero Marco Aurelio, Cornejo Mariano H,, Dan- 
cnart Pedro Emilio, Eléspuru Juan N,, Gal vez Aníbal, Gar- 
da ¡rigoven Carlos, García Rosell Ricardo, Idiáquez José 
Román de» laícue José A, de» Lama Miguel Antonio de la, 
Mafirtua Víctor M., Meló Rosendo, Obtn Manuel Jesús. 
Olaechea Teodorico, Patrón Pablo, Paz Soldán Carlos, Po- 
lo José Toribio, Prado y Ugarteche Javier, Prado y Ugar- 
tcchc Mariana I., Puente José Agustín déla, Quintanilla 
Emilio Gutiérrez de, Romero Carlos A., Vargas M. Nemesio, 
Wiesse Carlos y Zukta Celso. 

Art, 2^.— Serán miembros natos los correspondientes en 
el Perú de la Real Academia de la Historia, de Madrid, y los 
de otras Academias 6 Sociedades extranjeras dedicadas al 
estudio de la Historia, 

Art* 3"^ — Serán igualmente miembros natos: el Rector 
de la Universidad de Lima, el Decano y los Catedráticos Prin- 
cipal y Anjunto de Historia de la Civilizacián Peruana de la 
Facultad de Letras; los Catedráticos Principal y Adjunto de 



112 REVISTA HISTÓRICA 



Derecho Pecuano de la Facultad de Jurisprudencia; los Ca- 
tedráticos Principal y Adjunto de Derecho Diplomático é 
Historia de los Tratados de la Facultad de Ciencias Políti- 
cas y Administrativas, el Director de la Biblioteca Nacional, 
el Director General de Instrucción, el Director del Archivo 
Nacional, el Jefe del Archivo de Límites y el Profesor de His- 
toria del Perú del Colegio de Nuestra Señora de Guadalupe. 

Art. 4^— El Instituto funcionará provisionalmente en el 
salón de conferencias de la Sociedad Geográfica y mientras 
se consigna una partida especial para él en el Presupuesto 
General de la República, los gastos que origine su instala- 
ción, la impresión de la Revista que le sirva de órgano y su 
servicio de Secretaría, se aplicarán á la partida de gastos 
extraordinarios del Ministerio de Instrucción. 

Art. 5*^ — El Ministro de Instrucción presidirá la sesión 
en que los miembros del Instituto elegirán una mesa provi- 
sional, compuesta de un Presidente, un Inspector del Archi- 
vo Nacional, un Director de la Revista y un Secretario. 

Art. 6^— El Instituto formulará su reglamento y lo ele- 
vará al Supremo Gobierno, para que sea aprobado. 

Regístrese y comuniqúese. 

Rúbrica de S. E. 

Polar. 



FundÍEición del Museo Histórico 

Lima y 6 de Mayo de 1905. 

EL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA 

Considerando: 

Que la cultura del país exige la formación de un Museo 
en que se reúnan, conserven y exhiban al público, debida-r 
mente expuestos y catalogados, los objetos que se relacio- 
nan con nuestra historia en la época anterior á la domina- 



SECCIÓN OFICIAL 113 



ción española, en la de esta dominación y en la de la Repú- 
blica; 

Decreta: 

1^— Fúndase el Museo de Historia Nacional, bajo la de- 
pendencia del ** Instituto Histórico del Perú " y sobre las ba- 
ses de las colecciones existentes, que sean de propiedad pú- 
blica. 

2^ — El Instituto presentará el plan de organización del 
Museo y un primer presupuesto de sus gastos de instalación 
y funcionamiento. 

3^ — Insértese una partida igual al monto de ese presu- 
puesto en el proyecto general de la República para el año 
próximo. 

José Pardo. 
Jorge Polar, 



Estatutos del Instituto Histórico del Perú 

aprobados por resolución suprema de 10 de julio de 1905 



CAPÍTULO I 



OBJETO Y TRABAJOS DEL INSTITUTO 

Art. l^—El Instituto Histórico del Perú, creado por De- 
creto Supremo de de 18 de Febrero último, es un cuerpo que 
tiene por objeto cultivar y promover el estudio de la Histo- 
ria Nacional. 

Art. 2^— Cumplirá sus fines: 

1*=* Recogiendo y conservando ordenadamente do- 
cumentos y manuscritos de importancia, originales y en co- 
pia, libros, cartas geográficas, estampas y materiales úti- 
les para dicha Historia; 

15 



114 REVISTA HISTÓRICA 



2^ Fomentando el cultivo de la Historia patria; pa- 
ra lo cual abrirá certámenes cada dos años, y otorgará pre- 
mios á los autores de los mejores escritos que se le presen- 
ten, conforme á los programas y temas designados previa- 
mente por el Directorio; 

3^ Organizando y reglamentando el Museo Nacio- 
nal, que se halla á cargo del Instituto; 

4^ Publicando una Revista j^ documentos históricos 
inéditos, como así mismo obras de mérito, y reimprimiendo 
otras raras, que contribuyan á ilustrar la Historia Nacio- 
nal y á propagar su conocimiento. 

El Instituto tiene la obligación de rectificar en su Re- 
vista los errores y las falsificaciones que se publiquen sobre 
la Historia del Perü y monumentos de ella; 

5^ Dando los informes y satisfaciendo, previo estu- 
dio,todas las consultas que tenga á bien hacerle el gobierno, 
acerca de materias relativas á su instituto; 

6^ Cuidando de la conservación de los monumen- 
tos arqueológicos nacionales y fijando las condiciones y las 
reglas á las que deberán sujetarse la extracción de objetos 
de esos monumentos y de las huacas. 

Art. 3°— Corresponde al Instituto la resolución de to- 
dos sus asuntos de régimen interno. 



CAPÍTULO II 



DE LOS MIEMBROS Y SUS OBLIGACIONES 

Art. 4*^ — Compónese el Instituto de cuatro clases de 
miembros: 1"^, natos; 2^, de número; 3^, honorarios y 4*^ 
corresponsales. 

1^ Son natos: 1*=* los individuos correspondientes en el 
Perú de la Real Academia de la Historia de Madrid; 2"^ los 
de otras academias análogas que establézcanla reciprocidad 
con el Instituto; y 3*^ los funcionarios públicos y catedráti- 
cos que se expresan á continuación: estos ocho miembros de 
la Universidad Mayor de San Marcos: el Rector, el Decano 



SECCIÓN OFICIAL 115 



de la Facultad de Letras y los catedráticos titulares y ad- 
juntos, respectivamente, de Historia de la Civilización Pe- 
ruana, de Historia del Derecho Peiuano y de Derecho Diplo- 
mático é Historia de los tratados; los Directores de Instruc- 
ción Pública, de la Biblioteca y del Archivo Nacional, el Jefe 
del Archivo de Límites y el Profesor de Historia del Perú en 
el Colegio Nacional de Guadalupe. El Presidente de la Re- 
pública y el Ministro de Instrucción son Presidente y Vice- 
presidente natos del Instituto, y presidirán, respectivamente, 
las juntas generales, cuando asistan á ellas. 

2^ Son de número: los designados por el Gobierno en 
el decreto de creación del Instituto, y que constan de la lista 
que se halla á continuación de estos estatutos. 

3*^ Son honorarios: los que se elijan con tal calidad 
por la Junta General del Instituto, por haber publicado tra- 
bajos de verdadera importancia, ó prestado servicios espe- 
ciales al progreso de las ciencias históricas. 

Art. 5*^ — Los miembros de número no excederán de trein- 
ta; siendo ilimitado el de los corresponsales y honorarios. 

Art. 6*^ — Encaso de vacancia de un miembro de número, 
la elección se practicará mediante propuesta hecha por tres 
miembros de igual carácter al Directorio, y la de éste, en ca- 
so de aceptación, á la Junta General; igual procedimiento se 
observará para los honorarios. Los corresponsales serán 
elegidos sólo por el Directorio, mediante propuesta de dos 
individuos de $u seno. 

Art. 7^— Toda elección se hará por mayoría absoluta de 
los asistentes y en votación secreta. 

Art. 8"?— El elegido para miembro de número tomará 
posesión en el término de tres meses, y leerá un trabajo su- 
yo, inédito, en el acto de su incorporación; y deberá contes- 
tarle el miembro que oportunamente designe el Presidente. 

Art. 9*=*— Es obligación ineludible de los miembros natos 
y de número contribuir con sus trabajos históricos á los fi- 
nes del Instituto, desempeñar las comisiones que s«í les en- 
comienden, asistir á las juntas á que fueren citados y votar 
en todos los asuntos que lo requieran. 

Art. 10*=*— Los honorarios y corresponsales deberán con- 
currir al mismo objeto; con trabajos y noticias de interés 



116 REVISTA HISTÓRICA 



histórico; y cuando estén en Lima, podrán tomar parte, 
sin voto, en las sesiones á que fueren citados por el Presi- 
dente. 



CAPÍTULO III 



CARGOS Y JUNTAS DEL INSTITUTO 

Art. 11 '^ — Para la dirección de los trabajos y representa- 
ción del Instituto, habrá un directorio compuesto de: 

Presidente, 

Secretario, 

Inspector del Archivo Nacional; 

Director de la Revista, 

Director del Museo Histórico, y 

Tesorero. 
Habrá, además, un primero y un segundo Vice-prcsidentey un 
Prosecretario, que formarán parte del Directorio cuando en- 
tren como sustitutos, respectivamente, del Presidente y del 
Secretario. 

Estos miembros serán elegidos en Junta General, entre 
los natos y de númnro, y pueden ser reelegidos. 
Los cargos serán todos bienales. 

Art. 12*=*— El Presidente del Instituto lo presidirá; cui- 
dará de la ejecución de los Estatutos, reglamentos y acuer- 
dos; mantendrá correspondencia con el Gobierno, funciona- 
rios públicos é instituciones nacionales y extranjeras sobre 
asuntos relativos al Instituto; señalará los días en que se 
han de celebrar las juntas extraordinarias, y atenderá á 
cualquier caso no previsto, con cargo de dar cuenta al Direc- 
torio. Al fin de cada bienio, leerá una Memoria sobre el es- 
tado y los trabajos del Cuerpo y respecto de los que se ha- 
yan publicado en el Perú, ó en el extrangero, conexos con la 
Historia Nacional. 

Alt. 13*^— En la primera quincena de Julio de cada año, 
á partir de 1906, se celebrará una junta general ordinaria, 
á fin de practicar elecciones, ésto es completar el Directorio, 
si faltaré algún miembro, ó renovarlo, si se cumpliera el 



SECCIÓN OFICIAL 



li; 



bienio, y resolver los asuntos que le sotut^ta dicho Directo- 
rio, 

Art. 14^— Las juntas generales serán convocadas con 
tres días de anticipación y celebrarán sus sesiones con el nCr 
mero de miembros que concurran; salvo los casos de tratar- 
se de elecciones, ó de asuntos económicos, para los que se re- 
quiere la presencia de un tercio de los miembros. Si después 
de 1* citación, en el último caso, no concurriese el tercio 
indicado, se abrirá la sesión con los presentes; siendo obliga- 
torias para todos los miembros las resoluciones que se adop- 
ten, 

Art. 15. — El Directorio celebrará dos sesiones al mes, sin 
perjuicio de las extraordinarias que disponga el Presidente. 

Art. 16. — El quorum para las sesiones será de cuatro 
miembros» después de la primera citación. 

Art. 17, — En el caso de impedimento del Presidente, pre- 
vio aviso, presidirá las sesiones el primer Vice-presidente;yá 
ialta de ambos el segundo Vice- presidente, ó el miembro que 
el Directorio previamente designase, 

Art. 18. — El Vice-presídcnte desempeñará las funciones 
de Presidente por muerte ó impedimento de éste, y el segun- 
do Vicepresidente remplazará al primero en caso preciso. 



CAPÍTULO IV 



DE LAS SESIONES Y COMISIONES 



Art. 19. — Para el mejor deserapefio de las tarcas propias 
del Instituto, se organizarán varias secciones con el n amero 
de socios que determine el Directorio y que correspondan á 
los principales ramos de las ciencias h¡<!tóricas. 

Art, 20, — Las secciones tendrán un presidente y un se- 
cretario cada una; celebrarán las juntas que necesiten para 
llenar sus labores; evacuarán los informes que les pida el Di- 
rectorio sobre asuntos de su competencia; formularán sus re- 
glamentos, y los someterán previamente á la aprobación di- 
rectiva. 



118 REVISTA HISTÓRICA 



Art. 21. — El Presidente del Instituto nombrará, asimis- 
mo las comisionesespecialesque sean convenientes para otros 
asuntos del Cuerpo. 



CAPÍTULO V 

DE LOS FONDOS DEL INSTITUTO 

Art. 22. — Constituyen los fondos del Instituto: 

1^ — La cantidad que le designen los presupuestos del 
Estado, ó que le acuerden las autoridades ó instituciones na- 
cionales. 

2"^ — Las sumas extraordinarias que el Gobierno, ó los 
donadores y fundadores particulares, quieran ofrecerle para 
iniciar ó proteger algún objeto especial, dentro de los fines 
que persigue el Instituto. 

3' — Los productos y utilidades de sus publicaciones. 
Art. 23. — El Instituto aplicará sus fondos: 

1"^ — Al pago de los gastos votados en su presupuesto. 

2^ — A la adquisición é impresión de trabajos, como se 
expresa en el artículo 2^ 

3*^ — Al fomento, catalogación y clasificación de su bi- 
blioteca y archivo históricos. 

4^ — A la adjudicación de premios, de conformidad con 
lo indicado en el inciso 2*^ del artículo 2"^ y en el artículo 11. 
Art. 24. — Los fondos del Instituto serán peicibidosé in- 
vertidos por el Tesorero, mediante cuenta detallada y com- 
probada, con arreglo á las disposiciones del Directorio y re- 
glamentarias. 

Toda orden de pago será firmada por el Presidente y vi- 
sada por el Secretario. 

Art 25. — Los gastos no presupuestados que excedan de 
cincuenta libras (Lp. 50) serán votados porel Directorio; los 
que pasen de esta cantidad lo serán por la Junta General. 

Art. 26. — En la Junta General ordinaria anual el Presi- 
dente presentará la cuenta de ingresos y gastos habidos, des- 
pués de sometida por el Tesorero á examen y aprobación del 
Directorio; é igualmente el Presupuesto para el año siguiente. 



SECCIÓN OFICIAL 119 



DISPOSICIONES TRANSITORIAS 

Art. 27. — Quedan confirmados todos los miembros na- 
tos y de número actuales. En caso de renuncia aceptada 6 
vacancia, el Instituto procederá á proveer las plazas hasta 
el número designado en el artículo 5*^ 

Art. 28. — Los presentes Estatutos entrarán en vigencia 
inmediatamente después de aprobados por el Supremo Go- 
bierno. 

Art. 29. — El Directorio formulará el Reglamento inte- 
rior, á fin de someterlo á la Junta General. 

Art. 30. — La reforma de estos Estatutos no se podrá 
solicitar del Gobierno sino por acuerdo de una Junta Gene- 
ral convocada con tal objeto; á la cual deberán asistir dos 
tercios de los miembros natos y de número; y caso de no ha- 
ber quorum, éste lo formará la mitad más uno de los miem- 
bros. 



"^♦ < * 



Primera sesión del Instituto 



( Viernes 31 de marzo dk 1905 ). 

Bajo la Presidencia del Sr. Ministro de Justicia, Instruc- 
ción y Culto, Dr. D. Jorge l^olar, y con asistencia de los se- 
ñores Aranda Ricardo, Dancuart Pedro E., García Irigoyen 
Carlos, García Rosell Ricardo, Gal vez Aníbal, Idiáquez J. R. 
de,Izcue José A. de, Larrabure y Unanue Eugenio, Larrabure 
y Correa Carlos, Loredo Julio R., Meló Rosendo, Paz Soldán 
Carlos, Polo José Toribio, Romero Eleodoro, Romero Car- 
los A., Salazar Manuel Marcos, Salazar Constantino, Var- 
gas Nemesio y Wiesse Carlos, en el salón de actuaciones de 
la Sociedad Geográfica, siendo las 9 y 15 de la noche, se abrió 
la primera sesión del Instituto Histórico del Perú. 

El Sr. Ministro manifestó que la sesión tenía por objeto 



120 REVISTA HISTÓRICA 



elegir la junta directiva provisional á que se refiere el artí- 
culo 5^ de la Suprema Resolución de 8 del actual. 

El Director General de Instrucción, Sr. Izcue, dio lectura 
al Decreto Supremo de 18 de Febrero de 1905, por el que se 
crea el Instituto, á la Suprema Resolución de 8 del presente 
mes, por la que se designa el. personal de que debe constar, 
así como á las diferentes notas de contestación que se han 
recibido hasta la fecha. De ellas aparece que aceptan el car- 
go los señores Javier Prado y Ugarteche, José Toribio Polo, 
T. Olaechca, Manuel J. Obín, Rosendo Meló, Miguel A. de la 
Lama, J. R.deldiáquez, Ricardo García Rosell, Carlos García 
Irigoyen, Aníbal Gálvez, Juan N. Eléspuru, Pedro E. Dancuart, 
Mariano H. Cornejo, Enrique Benites, Carlos A. Romero, Ne- 
mesio Vargas, Carlos Wiesse, Celso N. Zuleta, Ricardo Palma, 
Julio R. Loredo, Constantino R. Salazar, Carlos Larrabure y 
Correa, Adolfo J. Quiroga, Ricardo Aranda, M. I. Prado y 
Ugarteche, Eugenio Larrabure y Unanue, Eleodoro Rome- 
ro, Isaac Alzamora, Manuel Marcos Salazar, Pedro A. del 
Solar, Francisco García Calderón, Emilio Gutiérrez de Quin- 
tanilla y Carlos Paz Soldán. Se han excusado de pertenecer 
al Instituto los Sres. Nicolás de Piérola y Modesto Basadre. 
. Se leyó también el oficio del Presidente de la Sociedad 
Geográfica, cediendo su local para que funcione el Instituto 
mientras éste dispone de un local propio. 

A continuación el Sr. Ministro suspendió la sesión du- 
rante algunos momentos, para que los señores asistentes 
prepararan sus cédulas, con el objeto de elegir la Junta Direc- 
tiva de que se ha hecho mención. 

Reabierta pocos momentos después, se llamó como es- 
crutadores á los doctores Manuel Marcos Salazar y Eleodo- 
ro Romero. 

El resultado de la votación fué el siguiente: 

Para Presidente 

Sr. Eugenio Larrabure y Unanue, 17 votos. 
„ Doctor Manuel Marcos Salazar, 2 votos 

Para Secretario 

Sr. José Toribio Polo, 16 votos. 



SECCIÓN OFICIAL 121 



,, José A. de Izcue, 1 voto. 

„ Luís Várela y Orbegozo, 2 votos. 

Para Inspector del Archivo 

Sr. E. Gutiérrez de Quintanilla, 16 votos. 
„ Carlos Paz Soldán, 1 voto. 
„ Ricardo García Rosell, 1 voto. 
,, Carlos A. Romero, 1 voto. 

Para Director de la Revista 

Sr. Carlos A. Romero, 16 votos. 
„ Polo, 1 voto. 
„ Paz Soldán, 1 voto. 
„ Aníbal Gálvez, 1 voto. 

En consecuencia, el señor Ministro proclamó Presidente 
de la Junta Directiva provisional al Sr. Eugenio Larrabure 
y Unanue, Secretario al Sr. José Toribio Polo, Inspector del 
Archivo Nacional al Sr. Emilio Gutiérrez de Quintanilla y 
Director de la Revista al señor Carlos A. Romero. 

El Sr. Ministro dijo que debía designarse una Comisión 
para que formulase el proyecto de los Estatutos que serían 
sometidos á la aprobación del Instituto y del Gobierno. A 
indicación del Sr. Wiesse, ap03'ada por el Sr. Idiáquez, se 
acordó que el proyecto de que se trata fuese presentado poi 
la misma Junta Directiva provisional. 

Acordóse también que una vez aprobada esta acta, la 
firmaran todos los miembros presentes, para constancia per- 
manente de la instalación del Instituto. 

Jorge Polar. 
José A. de Izcue. 

E. Larrahure y Unanue— Ricardo Aranda— Pedro E, 
Dancuart— Carlos García Irigoyen—R. García Rossel— Aníbal 
Galvez—J. R, de Idiáquez— Carlos Larrahure y Correa— Ju- 
lio R, Loredo— Rosendo Meló — Carlos Paz Soldán— José To- 
ribio Polo— Eleodoro Romero— Carlos A, Romero — Manuel 
Marcos Salazar—Constantinu Salazar— Nemesio Vargas- 
Carlos Wiesse. 
16 



^^5SxS>^S><S><S><S5<S><S^iS^^S><S^^©><S>^Sí<S^<Sí<S^<S><S^5Sí<S>5Sí€^ 



Instalación solemne el 29 de Julio de 1905 

Con asistencia de S. E. el Presidente de la República Dr. D. José Pardo, 
Ministros de Estado, Magistrados. Cuerpo Diplomático y Consular y 
personas invitadas. 



DISCURSO DEL PRESIDENTE DEL INSTITUTO 

SEÑOR DON EUGENIO LARRA BURE Y UNANUE. 

Excmo. Señor: 
Señores: 

Nada más interesante que la evolución histórica del Pe- 
rú. Dueño de tradiciones indígenas gloriosas, que se extien- 
den desde la América Central hasta Chile, y cuya última ex- 
presión fué el Imperio de los Incas, vemos al Perú, en su ino- 
cente ignorancia, sorprenderse primero ante la presencia de 
los europeos y luchar débilmente con la civilización cristia- 
na, pugnar por asimilarse poco á poco á ella, durante el ré- 
gimen colonial, hasta sentirse con vigor bastante para in- 
corporarse entre las naciones. Libre entonces de las trabas 
del tutelaje, emprende consigo mismo otra lucha más terri- 
ble, debida á su educación defectuosa y á los elementos hete- 
rogéneos que componían su incipiente nacionalidad: la de 
constituirse de un modo definitivo, en condiciones que le die- 
ran estabilidad y progreso. 

Toda esta evolución, mediante sucesos que se desarrollan 
con una lógica admirable, está llena de muy útiles 3^ sabias 
enseñanzas. 

Reunir, ante todo, los materiales de información sobre 



SECCIÓN OFICIAL 123 



estas tres épocas; analizarlos con recto criterio y levantar 
en seguida el monumento de la Historia nacional, cons- 
tituye una verdadera necesidad; porque es un axioma que 
pueblo que no conoce bien su propia vida jamás puede darse 
cuenta exacta de la misión que le toca desempeñar en el mo- 
vimiento humano, ni fijar con acierto el rumbo que debe con- 
ducirle á su desarrollo y engrandecimiento. 

Así lo ha comprendido sin duda VE. cuando hace un nue- 
vo esfuerzo, después de las iniciativas, más literarias que his- 
tóricas, del Marqués de Castell-dos-Kíus, de la sociedad 
**Amigos del país", del coronel Odriozola y otros, al crear 
este Instituto. Sea, por consiguiente, mi primera palabra 
para tributarle un sincero aplauso por tan ilustrada resolu- 
ción, que el Gobierno de VE. abriga seguramente el propósito 
de sostener é impulsar; á la vez que expresarle la profunda 
gratitud de los miembros del cuerpo que me honro en presi- 
dir, por la confianza que se ha dignado depositar en ellos. 

En la ardua labor que vamos á acometer no estaremos 
solos. De treinta á cuarenta años acá, háse despertado en 
el mundo el amor á los estudios americanos; y numerosos 
sabios é instituciones siguen el camino trazado desde fines 
del siglo XV, por el mismo Cristóbal Colón y su íntimo ami- 
go Pedro Mártir de Angleria, por Fray Bartolomé de ¡as 
Casas y Fernández de Oviedo, por José de Acosta y Pedro 
Cieza de León y tantos otros que pusieron las primeras pie- 
dras de ese gran edificio. Entre los modernos, por no citar 
sino algunos, Robertson y Markham, Fernández Duro el sa- 
bio Presidente de la Sociedad Geográfica de Madrid y Jimé- 
nez de la Espada, nos muestran la ruta que debemos seguir. 

España, Francia, Alemania, Inglaterra é Italia ofrecen 
una serie de notables escritores; y la hermana mayor de las 
repúblicas americanas, los Estados Unidos, nos presentan 
historiadores cuyos trabajos proyectan brillante luz sobre el 
pasado de América, como Washington Irving, Prescott, el 
celebrado autor del descubrimiento y de la conquista del Pe- 
rú, Bancroft con sus estudios sobre etnografía americana, y 
más recientemente Justin Winsor, de Harvard, cuya obra, 
grandiosa en su concepción, es un modelo en su género. 

A la pléyade de ilustrados contribuyentes de los princi- 



124 



REVISTA HISTÓRIGA 



pales países, ha seguido una institución interuadonal que 
hace activa propaganda, se reúne periódicameote, discute 
las cuestiones más difíciles y contribuye á rectificar no pocos 
errores. Bien comprenderéis qut^ me refiero al Congreso de 
Americanistas. 

Reunido por vez primera el año 1874 en Nancy, ha cele- 
brado sus sesiones cada dos años en Luxemburgo, Bruseles, 
Madrid, Copenhague* Turín, Berlín, Huelva, Stnckolmo, 
México, París, (dos veces) Kew York 3' Stuttgart, í*) y ha 
publicado sus trabajos, inapreciables algunos, que marcan 
los períodos que ha recorrido dicha asamblea. 

A pesar de tratarse de su propia historia y de sus pro- 
pios intereses el Perú no ha asistido, con alguna excepción, 
a esas reuniones; mientras que México, la República Argen- 
tina» el Brasil 3' otros países ríe este continente se han hecho 
repíesentar y tomado parte en los debates. Indiferencia in- 
explicable es ésta, que afecta nuestro amor propio nacionah 
Pero es una omisión fácil de remediar; porque con los títulos 
que poseemos, por haber sido el asiento de la cultura indíge- 
na en la América del Sur, podemos atraer al Congreso de 
Americanistas á nuestra capital, é invitar á sus miembros á 
que vengan á estudiar los orígenes de los pueblos aimará, 
5'üaga _v quechua en su misma cuna, 

Al incorporarnos en este movimiento universal en favor 
de las ciencias históricas de América, es necesario que, como 
el viajero obligado á recorrer un campo vasto que requiere 
conocimiento para llegar al fin y esfuerzo para vencer todas 
las dificultades del camino, nos detengamos un instante á 
meditar sobre la empresa que vamos á acometer, examinan- 
do los elementos de que disponemos y fijando eonclaridadjel 
plan á que debe someterse nuestra marcha. 

Este plan no es arbitrario. Lo imponen el estado actual 
de los conocimientos y la experiencia de los que nos han pre- 
cedido. Principiaré por declarar que antes que la historia, 
propiamente dicha, está la bibliografía. Hay que rehacer la 
Historia del Perú, casi íntegra; y para rehacerla, necesita* 
mos reunir, ordenar cuidadosamente y conocer sus fuentes; 
esto es, formar la bibliografía, que tampoco existe organiza- 



í*) La prÓíiima amién del Congreso será en la ciudad de Qucljec, Canadá» 



SECCIÓN OFICIAL 



125 



da. Medios son estos no del agrado de los aficiüiiados á es- 
cribir historias improvisadas; pero únicos de descubrirla 
verdad y de fijar las versiones históricas. Fuera de este sen- 
cilio programa no existe en !a ma^^or parte de los casos sínu 
la duda y la exageración, cuando no la fábula y el error. 

Ko deben preociiparnos los medios de investigación. Los 
tenemos en abundancia. Si el Períiesproverbialmentericopor 
sus minas, sus tierras feraces v la variedad de sus climas, lo 
t*s más aún por sus monumentos arqueológ^icos y sus fuentes 
históricas. En efecto, á partir del descubrimiento, ñ la feli^ 
iniciativa del Gobierno Español, que dio á sus capitanes y 
gobernadores instrucciones para que describiesen los nuevos 
pafses y averiguasen sus tradiciones, religión^ gobierno, re- 
cursos y costumbres, agrégase la de escritores voluntarios» 
algunos de vasta ilustración parn aquellos tiempos. Ambas 
iniciativas produjeron multitud de escritas que constituyen 
los primeros y más preciosos materiales. 

Y permitidme hacer notar que en presencia de esa gran 
riqueza de informes^ relaciones, noticias y aún cartas geo- 
gráficas, se desvanece una acusación muy generalizada con- 
|tra Espailíi y que siempre que he podido he juzgado honrado 
tvantar» 

No fué sólo la sed de oro lo que movió á los españoles, 
V'aseo Nfiñcz de Balboa, precipitándose á cruzar el istmoan* 
tes que nuevas expediciones vinieran á disputarle esa gloria; 
el soldado Alonso Martín y tras él Blas de Atienza, llaman- 
do á sus compañeros como testigos de ser arabos los prime- 
ros etiroi>eos que entraban en el Mar del Sur, ú Océano Pa- 
cífico; Hernando de Soto» el cumplido caballero, defendiendo 
adignado á Atahuallpa contra la conducta cruel de los que 
He alejaron para que no impidiese la ejecución; Oviedo^ en 
busca de tmlos los soldados de C ajama rea que pasaban por 
la Isla Española, á fin de someterlos á interrogatorio y exa- 
minar con esmero las artísticas piezas del botín^ para ilus- 
trar su Ilistorm; Cieza, cruzando el suelo de los Incaa en to- 
da sentido, á veces descalzo y hambriento, por acumular da- 
tos y materiales históricos sobre el Peni, sin contar al após- 
tol fray Bartolomé y á tantos otros, nó, oo se agitaron por 



126 



REVISTA HISTáfilCiL 



la sed de oro y la codicia, sino movidos por un noble senti- 
miento en favor de la humanidaíl y de la ciencia. 

Difícil era que en aquel entonces gobierno alguno europeo 
hubiera hecho más por conocer y describir los países descu- 
biertos* Desde las instrucciones dadas á Cristóval Colón en 
1502i á Hernán Cortés y sus capitanes; á Simón de Alcaza- 
ba para descubrir 200 leguas de Magallanes hasta Chincha ■ 
y á Sancho de Hoz para las costas é islas peruanas hasta el | 
mismo Estrecho; al gobernador y oficiales del Perü en 1533 
por la Reina doña Juana, etc., nótase, en repetidos docuraen 
tos^ el vivo afán de conocer la historia y la geografía* Can- 
sado sería recordar las órdenes que se expidieron respecto de 
esta tierra; pero no resisto á la tentación de copiar, como 
simple muestra, algunos de los encargos contenidos en lacé* 
dula de 19 de Julio de 1534 á Fray Tomás de Berlanga, en 
sabroso castellano del siglo XVI: 

** Llegado que seáis (al Perú) vos informad.... 

qué poblaciones de indios hay en la dicha tierra, y qué ma- 
nera tienen en su población y gobernación j policía, y qué 
ritos y costumbres tienen, y qui^ arle de casas- y cómo tra- 
tan á sus familias, y de qué viven y su manera degrangería, 
y si son ricos y qué manera de hacienda tienen, de sus ritos 

y ceremonias y creencias, y de su capacidad.... y en qué 

cosas se han ocupado hasta aquí y se deben ocupar adelante 
para vivir en policía, según su habilidad/* 

Y nada digo de otras reales cédulas, como la circulada 
en 1577 clasihcada por acápites, para la descripción de los 
pueblos americanos y que es un modelo en su género; ni del 
inmenso tesoro acumulado por clérigos y frailes, ni del de la 
Casa de Contratación de Sevilla, que apenas principia á ver 
la luz. (1) 

Es claro que al interés literario y geográfico estaba uni- 
do el económico; pero extraño sena que hiciéramos un capí* 
tulo de acusación de ese amor al metal, en este tiempo de re* 
finada cultura, en que los amigos y hasta los hermanos cm* 

(1) Estudios EspRñoíes. — Los trabajos gtogréñcos de iu Cíisa de Coa^ 
trattídórt, por Manuel de la Puente y Olea — Sevilla — BacueJa tipográfica 
y librería sal e;; i a ñas — MCM. 

Es una curiosísima publicación de alK^^iuos legajos de la casa, con refe- 
rencias á ía Historia de! Nuevo Mundo del jesuíta Bernabé Cobo» confesor 
de Santa Rasa. • 



SECCIÓN OFICIAL 



127 



2:inertden guerras sangrientas y sin cuartel por la supremacía 
«3el comerciOí ó por adueñarse de un pedaseo de terreno, 

A pesar de tojos los datos y noticias recogidas en el Pe- 
M^ú» la época más obscura y difícil de conocer es la anterior 
^^I descubrimiento, por carecer los indios de escritura y no 
^^mplear otros medios de trasmisión sino el oral y el quipus; 
-^i^ero éiíte era deficiente é inútil cuando moría el quípucca- 
,^^aj4_roc, encargado de hacerla y descifrarlo, ayudado por una 
miienioria prodigiosa que se ejercitaba de padres á hijos. Pa- 
m^it salvar el vacío de la falta de letras, los españoles reunían 
.^k los indios más viejos, generalmente en la plaza principal 
c:3e1 pueblo» y les hacían detenidas preguntas. 

A este sistema, ocasionado á errores» debemos las no- 

^^tcias anteriores al siglo XVI, reco^^idas por los primeros 

«zrronistas. El principe de estos escritores es Pedro Cieza de 

Xl^reón, y vienen en seguida nuestro gran Garcilaso de la Ve- 

,^^a. Jerez. Zarate, Polo de Ondegardo, etc.; aparte de las 

m ^apreciables reíaciones oficiales y privadas que sirvieron al 

^z-ronísta Herrera para sus Décadus, A donjuán Bautista 

^Slurioz» á Fernández Nava r rete y á Torres Mendoza, para 

^aus Co/eeciooes» y al ultimo 3' más notable de ellos» cuyo 

-w^orabre está íntimamente ligado á la bíbliogrfifía peruana, 

^^1 inolvidable don Míircus Jiménesí de la Espada, J*} 

Estos medios de información sobre la época más intere- 
sante del Perñ serían» sin embargo, muy deficientes s¡ no vi- 
^Tiera en su auxilio la arqueología con sus chulpas, palacios 
:>.' fortalezas; sus caminos, canales, armas, tejidos, y objetos de 
^jerá mica, que á medida que se examinan ofrecen revelacio- 
^ies sorprendentes. Ya el Perú no está encerrado den t ni del 
«narco estrecho del grupo de personas que acompañaron á 
üanco C^ipac en ia fundación del Cuzco. Los indios de 
Chincha se reían cuando los conquistadores españoles les 
liablaban de la antigüedad incaica, 

Y tenían ra^ón. Hoy un criterio claro y libre de prejui- 



;•? D^t)cKvá c.^tc bibliófilo, e^xcdetite atrttgo del Perú y conocedor cii- 
mopiMi-^iíS ilc su hiáiíiria mitigua, eittn; otra** prodaerioiies, las CariR^ét; 
i mfm íi t M íid rid 1877 . — Tres relució nes de n n i igih'cln des perua n^^, M adri d, 

IH'ii.-^RcJnciíincs Ocográñcas de Indias, Madrid* íñSl, 1883, 1897- Vrá- 
ogo«t y aiiútacioiies á laíi abras de Cíeza. Madrid» l8Bí), etc* 



128 REVISTA HISTÓRICA 

cios ha abierto horizontes niñs amplios y su tendencia es á 
separar lo que antes resultaba mezclado y confuso. Si es 
cierto que la aparición del hombre en el Perú sig^e siendo 
un misterio, apesar de nobles pero estériles esfuerzos por 
arrancar su procedencia del Asía, no sucede lo propio res- 
pecto de una serie de civilizaciones que se sucedieron en este 
país. Es un hecho que la navegación marítima de los perua- 
nos alcanzó hasta las costas de Colombia y de la América 
Central; como no es menos evidente que dos ó tres épocas 
de cultura precedieron A los aimarás; que á éstos siguieron 
los Incas, heredaros, no creadores de un estado de organiza- 
ción admirable; y que varias civilizaciones, sobre todo, las 
de Chimu, Pachaccámac, Huarcu y Chincha, se desarrolla- 
ron, si no paralelamente, con muy pocas distancias de tiem- 
po, en las costas peruanas. 

Hay motivos poderosos que vienen en apoyo de estas 
afirmaciones. Porque una civilización nueva no nace aisla- 
da y se impone de golpe: se desenvuelve lentamente y abar- 
ca siglos para perfeccionarse. Además, la genealogía incai- 
ca es demasiado corta para el largo período que abraza. De 
suerte que no solamente necesitamos separar las épocas prein- 
caicas, sino disipar las tinieblas que envuelven los cinco si- 
glos que duró esa dominación. Más aún: hay que poner los 
fundamentos de la cronología indígena, lo cual nos permiti- 
rá introducir algún orden en esos diversos períodos que se 
nos presentan como capas, ó estratificaciones geológicas. 

Cuando se medita en estas cuestiones, se comprende que 
no puede ser más acertada la disposición gubernativa que 
crea un Museo histórico, auxiliar poderoso que completa la 
idea que ha presidido la formación del Instituto. 

España posee, sin perjuicio de sus tesoros bibliográficos 
buena parte de los objetos arqueológicos llevados de aquí 
por sus conquistadores y magistrados; Berlín tiene más 
de 3,000 piezas, y entre ellas las magníficas colecciones del 
Doctor Macedo y de Gretzer; Francia conserva en el Tro- 
cadero, entre otras, la recogida por Wiener durante sus in- 
cursiones en el Perú y las formadas, lo mismo que Inglate- 
rra, por sus viajeros y marinos; los Estados Unidos poseen 
parte de la colección Muñiz, de Squier y del doctor Uhle;Chi- 



SEdCIÓN OFICIAL 



129 



-, en fin, ha adquirido recientemente las fumosas cabezas dtí 
-xámica reunidas por don Nicolás Sáenz, verdaderas joyas 
itt género, 

Y permitidme» sefiore.s, una pregunta que no juzgaréis 
discreta: nosotros, los dueños de las inagotables íuentes 
le han producido esas reliquias históricas^ ¿qué poseemos? 
respuesta es niu^' sencilla: nada! 

Entre tanto» si recorremos nuestras himcas, 6 cementc- 
^«^s indígenas, ¡cuanta belleza en las vajillas de Rccuayiqué 
zM. aptación, en los trajes, al clima y á los arenales en las de 
I^^A ^«ira; que inmensa variedad en los objetos del Chiniu,cuan- 
^«:^ j^sto 3^ maestría en las telas y las piezas metálicas de 
-^ ^^cón y del Cerro del Ota, en Cañete; y qtie originalidad é 
* *~* Mencionado simbolismo en los At/acos de lea, sobre todo 
^^^^ Na^ca! Si el Cuzco y las regiones andinas sobresalen por 
m trabajos en piedra* desde el grano de maíz y la hoja de 
«a hasta ct edificio ciclópeo, la costa no tiene rival, en el 
^rd ni fuera de éi, por sus objetos de tierra cocida y sus tc- 
l'^^J. Oíide lana 5' algodón, Ües¿»raciadamentc, las colecciones, 
í^imlo llegan á formarse» dura apoco tiempo entre nosotros, 
^oii motivo, no de estudio, sino de especulación. 

Aqo!, cansados estamos de verlo, llega cualquier viajero, 

^^^^^ínauna cuadrilla de peones y se echa á desenterrar mo- 

^ as y objetos, sin puTmi.so de nadie, como si estuviese en 

"^*-sa propia» para no dejar más que el recuerdo de su pa- 

Creo que ya es tiempo de poner remedio eficaz á este mal 

1^^ mo prohibiendo en absoluto la exportación, como sucede 

1^^** países mu3* adelantados de Europa x" América, á lo me- 

^Os reglamentando y vigilando esas exploraciones, y contra 

^^yos efectos destructores, curioso es decirlo, protestan des- 

T^tiés en el extranjero los mismos que los han producido en el 

IVrí. (•) 



4*^ En 1S72» siendo director del átrntia "Le Rq3áblic^'\ mkH la 
Íjuntiíicí6in di; un musca arqueológico y rcglamctitar la» excavaciones^ 
V*La Retrtililica** tlsr IT de Jiiniu de 1872?» idea á la cual se asocié un úith 
Etnjíwidíi céasul ingléí*, V T%%*«t ycars In Pera, wkh cxplorstiunofítsaif 
liqtíkicfi, hy Thoiuas J. Uutizhítiaüíi etc. etc. — Loudoa. — 1873. VciL Ii 
pág. 27a 

Pero, poca* medidas se han dictado sobre el particutar, siendo la luás 
.,..*.* .,.».p.^ ,TTi dccrcit* del distinguido escritor don Cipriatio C. Z^orra» 
ro, oljlij;uíirto A los ex plorad o fes á cot regar algunas piezas 
.1 . jetado muieo. 



17 



130 REVISTA HISTÓRICA 



La ma3''or parte de los objetos arqueológicos correspon- 
den á épocas muy anteriores al descubrimiento, porque en 
esta ultima las nociones científicas y las artes estaban en 
decadencia. Observad que la débil resistencia que los perua- 
nos opusieron á la conquista española, á diferencia de Méxi- 
co, debióse en gran parte á que el país ya se había gastado, 
como sucedió en circunstancias análogas, en Asia, Grecia 
Roma y todos los grandes Imperios. Era una grandeza que 
se eclipsaba rápidamente, si hemos de atender al testimonio 
de los mismos indios. 

Y si al retroceso general del Perú, se agrega la guerra ci- 
vil que desvastaba el país, por la sucesión que se disputaban 
Huáscar y Atahuallpa. se explica fácilmente que un grupo 
de aventureros, presididos por un capitán audaz y enérgico 
como Pizarro, asegurase en pocos meses la dominación de 
tan vasto y rico imperio. 

Después de la rápida campaña de la conquista y pasado 
el choque sangriento entre pizarristas y almagristas, por 
ejercer la supremacía, asistimos á uno de los espectáculos 
más interesantes para la filosofía de la historia: el de dos ci- 
vilizaciones muy diferentes que pugnan por mezclarse y fun- 
dirse con todas sus virtudes y sus vicios. La vencida tenía 
que convertirse en un pálido reflejo de la vencedora, y sin 
embargo de conservar algunos de sus caracteres distintivos, 
marchar humildemente tras ella, sometiéndose á su in- 
fluencia. 

La época del Virreinato tuvo que ser de abnegación y 
de sufrimiento para los pobres naturales, á la vez que de 
preparación para entrar en el concierto europeo. Las supers- 
ticiones religiosas del pueblo indígena, con la intolerancia y 
el fanatismo de los vencedores; el absolutismo político délos 
Incas, frente á la administración complicada y voluntariosa 
de virreyes, corregidores y encomenderos; la sencillez en las 
costumbres de los unos, con el lujo y el boato de los otros, 
formaron un conjunto nuevo y heterogéneo que se prolongó 
hasta la época de la Independencia, y cuyos resagos duran 

todavía. 

Más que de la metrópoli, cuyas órdenes rara vez eran 
acatadas, el impulso principal partía de virreyes, arzobis- 
pos é instituciones religiosas, produciéndose un desacuerdo 



I 

I 



casi constante entre íimtaos poderes, tema que llena las pági- 
nas de las memorííis gubernativas. 

Tratándose de lus personajes que gobernaron el Perú 
durante el virrejnato, tan falso sería decir que fueron verda- 
deras tiranos como adornarlos con grandes %^irtüdes. Así 
tcnentos á un don Francisco de Toledo, quien, salvo cortos 
errores, dio una dirección saludable al país; sus sabias pro- 
videncias sirvieron para introducir d orden en la adminis- 
tración, proteger á los indios, impulsar á la Universidad y 
emprender nuevas obras; gobierno organizador y laborioso 
flei Virrey á quien Pinelo llama el Solón del Perú; pero fren ti 
á este magistrado, que no fué el único, como lo prueban la 
sagacidad y tino de don Francisco Gil de Taboada y la ilus- 
tración del Marqués de Castell-dos-Ríus, y de don José de 
Abascal, protectores de las letras, se alzan otros que, como 
BlíiscoNúñcísde Vela,que premunidos por la distancia que los 
separaba de la Corte, fueron un obstáculo á la unión y al 
adelanto de los colonos, cuidándose más de allegar cuantio- 
sos caudales que de mejorar la condición de los súlKlitos. 

La vida de la colonia se concentró en la CapitaL La 
Ciudad de los Reyes, con su nobleíja, sus graves oidores y su 
Cabildo, sus conventos donde las enclaustradas se contaban 
por millares y sus autos de fé» sus fiestas universitarias y 
sus magnificentts procesiones que rivalizaban con las de Se- 
villa, sus corridas de toros y su pueblo que denunciaba el 
crtu&amiento de varias razas, Lima opulenta, la Perla del 
Pacífico, llegó á adquirir una fisonomía muy especial. 

í*oco á poco en algunos círculos sociales penetraron las 
ideas modernas de Europa; al Perú llegaron las noticias de 
la emancipación de los Estados Unidos del poder británico y 
los principios proclamados por la Revolución Francesa, hasta 
que los mismos hijos de españoles pensaron en obtener su li- 
ííertad á pesar del fracaso de las tentativas hechas anterior- 
mente y de las cuales fué la más importante la encabeza la 
por üabriel Tú pac Amaru, en 1780. (•) 

<•) Hé aquí las principales tcntattiras hechas por ia Independencia^ 
«in ccintiir, por supitc^co, (<>» esíuerios de Gonxatü PiJtarro y otros dura me 
L^iiiqitiftia, que tuvicrun iiji carácter pcrsonalt ó de bandería . 

Cniatajtid, [1730]; Lorenzo Farfáti y Tápac Catan [1780]; Felipe W 
-f Tó|M*c Inca [17«3]í Joíé Gabriel Agnilary Joié Manuel Ulmlde, ahor- 




132 REVISTA HISTÓRICA 



Del Virreinato nos quedan las Memorías ofícialesjas cró- 
nicas conventuales, entre las que se cuentan las de Vásquez 
y Rodríguez Tena, aun inéditas, las Cartas y trabajos de los 
jesuítas (**), los elogios y anales de San Marcos, la gran 
Biblioteca Oriental y Occidental y los Apuntes manuscritos 
de León fMnelo, las obras de Peralta y Barnuevo, una serie 
de folletos curiosos sobre recibimientos de virreyes, misiones 
religiosas, oraciones fúnebres, lenguas indígenas y gacetas 
oficiales, sin contar con los registros municipales y denotaría, 
que son otros tantos manantiales históricos. Viene luego d 
Mercurio Peruano, manifestación de adelanto superior, don- 
de se encuentran los últimos destellos del período que termina 
y los albores del que se abre, con las señales de la influencia 
ejercida por La-Condamine y la expedición francesa en que 
tomaron parte don Jorge Juan y don Antonio de Ulloa, por 
el barón de Humboldt, y otros sabios que visitaron el país. 
Allí tenemos materiales, algunos envueltos en el polvo y el 
olvido, sin cuyo auxilio es imposible trazar con fidelidad el 
interesante cuadro de la colonia. 

Así se explica que el grito sagrado de libertad no partie- 
ra, en los albores del siglo XIX, de la raza indígena, sino de 
las clases más cultas y del seno de catedráticos y estudian- 
tes, figurando en primera línea los de la Escuela de Medicina. 
La circunstancia de ser el Perú el centro de los dominios es- 
pañoles tenía necesariamente que atrasar su acción, hasta 
obtener el auxilio de las armas de Chile, la Argentina y 
Colombia, que le ayudaron, en reñidos combates, á ganar 
su emancipación. 



cados en el Cuzco el 5 de Diciembre de [1805]; don Antonio María Pardo y 
otros [1809]; los argentinos Anchoris y don Cecilio Tagle etc. [1810]; don 
Francisco A. Zelay Neira [1811]; Morales y Duárez '1812) don Mateo Pu- 
niacahua, en el Cuzco ( 1814) ; don José Gómez, don Nicolás Alcázar y don 
Casimiro Espejo ahorcados en la plaza ma3*or de Lima el día 2 de Enero de 
1819. 

(••) A la numerosa colección de Cartas, publicadas, deben agregarse 
los manuscritos inéditos que se conservan en España y el Perú y que han 
sido poco consultados. 

Del P. Anello Oliva (napolitano) que murió en Lima ya viejo en 1642, 
háse publicado aquí recientemente su Historia del Reino de Perú. Del P. 
Jacinto Barrasa, orador notable, existe un manuscrito de 1680, acerca de 
la Historia de los Jesuítas, que perteneció á Monseñor García y Sanz y re- 
galó éste á los P. P. de la misma Compañía en Lima. 



SECCIÓN OFICIAI* 



133 



Lorcl Cochrane abre la campaña marítima, San Martín 
la terrestre y el libertador Bolívar cierra la porfiada lucha, 
venciendo en Junín y Ayacucho» batallas que consolidaron 
la independencia del continente* Época de sobresaltos, de 
persecusiones y fusilamientos, de generosos sacrificios; en 
que ancianos, mujeres ^Miiños rivalizan por conquistarse una 
patria; época en que el alma entera de un pueblo vive agita- 
da, abrigando las más grandes esperanzas y espectativas, 
divisando resurgir en el horizonte al Perú de las gloriosas 
tnidiciones indígenas, pero rehecho por la civilización cris* 

tiana* 

Los actos de la vida peruana, como en los tiempos remo- 
tos» despuí'S de itn largo paréntesis, se revisten de un carác- 
ter continental. Además de Veneznela, en el Perú se dieron 
cita los pueblos que participaron de los beneficios de la anti- 
gua civilización indígena, restableciendo vínculos de fraterni- 
dad que debían ser eternos. De suerte que los acontecí míen tos 
de nuestra independencia están íntimamente ligados á la vi- 
da de Colombia y el Ecuador, de Bolivia, Chile y la Repú- 
blica Argentina: y no es posible escribir la historia de la li- 
bertad de nno de ellos sin relacionarla con la de los otros. 

Su estudio requiere una labor dilatada, paralo cuaK 
gracias á la libertad de imprenta, abundan las fuentes de in- 
formación. 

Cada uno de estos países posé-^ valiosas colecciones, Ve- 
nezuela sus Anales^ sus Documentos pavR la historia de! Li- 
bertador y los trabajos de su ,\cademia de la Historia; Co- 
lombia los Documentos inéditos publicados por don Antonio 
Cuervo y algunos libros de carácter oficial; el Ecuador nos 
ofrece las obras de G<mzález Suárez y de don Pedro Fermín 
Zet^allos; Bolivia tiene las conocidos trabajos de Rene Mo- 
reno y de Ballívián y su Archivo Boliviano', Chile cuenta 
con diferentes publicaciones, entre las que sobresalen la Co- 
kcción de documentos para la historia de Chile y las de don 
José Taríbio Medina; lo mismo que la República Argentina, 
que contribuye con la abundante cosecha de sus bibloñlos é 
historiadores, á cuya cabeza figuran De Anjelis, con su vo- 
luminosa colección, Trelles y el General don Bartolomé Mi- 
t re con su Historia de Be Igra no y su muy erudita de San 
Martin y de la emancipacióa sud-amcircana. 



14 



REVISTA HISTÓRICA 



En el Perú este rara o de la ciencia está por formarse. 
Nuestras poblicacioíies son desordenadas y relativamente 
pobres, por ausencia de método en la elección y falta de plan 
bien mejitado. SI exceptuamos los Documentos ¡itéranos é 
históricos deí Perú por el Coronel don Manuel d^ Odriüzola, 
las Memorias de los virre^^es, E! Libro Primero de Cabildos 
de Lima (*) y los cinco tomos de la Revista de Archivas y 
Bibliotecas Nacionales, carecemos de colecciones impresas: j 
hay que buscar los documentos en oliras extranjeras, en for- 
ma aislada y deficiente. Tarea es esta no de una sola volun- 
luntad, sino del concurso de varias inteligencias 3^ que se 
puede realizar, con decidida protección de las autoridades. 

En medio de la variedad de papeles que corresponden á 
la gran epopeya hispano-araericana, de tan trascendental 
importancia por sus resultados^ notase empero, entre el mi- 
do de las armas 3^ el entusismo general, ciertos temores mor* 
tincantes acerca de la marcha de estos países. El virtuoso 
guerrero San Martín, al despedirse del Perú* en su última 
proclama, recomendaba encarecidamente á sus habitantes 
entera confianza en los poderes constituidos, agregando 
**si nó, la anarquía os va á devorar/' y uno de sus principa- 
les colaboradores, presintiendo, poco tiempo después, que se 
iba á abrir el periodo de las guerras civiles con todos sus ho- 
rrores, se retiraba al campo, con los méritos de una vida 
consagrada íntegra al servicio de la patria, para confiar al 
papel el sentimiento que embargaba su ánimo por la suerte 
futura del Perú, (**) Análogos sufrimientos amargaron los 
últimos días de Bolívar y de otros prohombres de la época. 

La tempestad que asomaba era nn mal que no tenía re- 
medio; porque correspodía á una evolución fataL La asi mi- 
lación de razas no estaba terminada; la educación colonial 
no podía concillarse tan pronto con nna libertad casi abso- 
luta; y latentes estaban en la sangre indígena el carácter le- 
vantisco y los atavismos de los conquistadores. Los escán- 
dalos de los pizarristas, con su cohorte de tenientes ambi- 
ciosos, tenían lógicamente que repetirse, después de la calma 



(•) I88S— PaHs. 

(*•) Dr. D. Hipólito ünátiue, A puntes, en la harienda de Sanjuan de A ro- 
ña, Cañete. 



SECCIÓN OFICIAL 



136 



aparente del Virreinato. Nuestros facciosos, y los ha habi- 
do de todos los colores, gritaban ¡viva la Constitución!, 
exactamente lo mismo que los conquistadores exclamaban, 
¡viva el Rey! al rebelarse contra el orden establecido y pro- 
vocar la matanza. 

Ley histórica es ésta, á la cual ninguna nación puede 
abstraerse; y los extraños que señalan esa época como nn 
crimen tratando á los peruanos de ingobernables, no se 
acuerdan de las crisis violentas, tal vez peores, porque han 
pasado, en circunstancias análogas, sus propios países. 

Felizmente ese período, después de setenta años, parece 
ya cerrado, para iniciarse í3tro de respeto at principio de an* 
toridad, de tolerancia y de trabajo. Como medio de facili- 
tar la transición saludable que todos sentimos, toca á nues^ 
tros congresos dictar leyes oportunas, siguiendo el ejemplo 
de las naciones que nos han precedido en el camino del pro- 
greso, como los Estados Unidos y la República Argentina; 

^esto es, atrayendo una corriente de inmigración sana y dan- 
do el más amplio desarrollo posible á la instrucción pública 
Triste es el cuadro que ofrece el Perú durante las guerras 
civiles. Hemos visto disolver la Legislatura, arrasar los cam- 
pos de cultivo, destruir éincendiará cañonazos las ciudades, 
arruinarse el Tesoro, surgir un semillero de reclamaciones di- 
plomáticas y, gastadas las fuerzas sociales, ser impotente 

I ti país para detener la marcha triunfal del invasor. 

Fuimos vencidos, es cierto, ápesar de heroicos esfuentos, 
en la guerra más encarniasada que han visto las costas de 
Sud-América; pero no existe rubor en confesarlo, cuando ve- 
mos aun puñado de valientes, presididos por Bnlognesi, ne- 
garse indignados á rendirse y resistir, en la cumbre del Mo- 
rro, contra tuerzas superiores, hasta caer en vueltos en la ban- 
dera nacional; j al inmortal Grau trabar combate en un dé- 
bil barquichuelo, relativamente en una cascara de nuez, con- 
tra una escuadra poderosa de blindados, hasta volar hecho 
pedazos á las regiones de la gloria. 

Desprendiéndose de todo espíritu de parcialidad, por pe* 
queño que sea, es preciso hacer con calma la relación crítica 
de todos estos acontecimientos, investigar sus verdaderas 



136 



REVISTA HISTÓRICA 



causas, deducir sus enseñanzas, é inculcarlas en el cfirazón 
de la juventud. 

Obra es ésta de verdadera importancia y para la cual 
existen abundantt^s materiales, desde ía hoja volante y la co- 
rrespondencia epistolar, hasta el folleto, el libro y el catálo- 
go, eonstitu3^enda el periodismo un inmenso registro donde, 
comoen un espejo, se refleja díaá dfael movimiento nacional. 
La bibliografía cuenta además con buenas bases, como el 
archivo formado por don Mariano Felipe Paz Soldán, autor 
úe la Historia del Perú Independiente. ** Es desconsolador» 
dice, que casi nadie sabe apreciar el mérito de esta clase de 
obras [las bibliográficas], sino los muy pocos que han em- 
prendido una semejante'', Pero cl nombre de este obrero in- 
fatigable será siempre recordado. 

Permitidme pronunciar también con cariño y con pro- 
fundo respeto el nombre inmaculado de otro escritor, que 
consagró cuarenta años A levantar un monumento á la pa- 
tria. El autor del Dicciormrio histórico-bíográñco del Peni, 
sin desalentarse por la escasez de recursos y temeroso siem- 
pre de que quedase olvidado su trabajo por falta de editor, 
ha producido una de las obras más notables que t^xlsten en 
América y que lo cubren de gloria* {*) Del General don Ma- 
nuel de Mendiburu sólo quiero recordar este consejo: '*Es 
muy necesario no abandonar^ ni descuidar siquiera, los tra- 
bajos históricos, por indiferentes que parezcan. Desdeñar- 
los es imponerse la misma pena para el porvenir y renunciar 
los muchos títulos honrosos que en las cosas más antiguas 
encontraron siempre las generaciones*'. 

Los mismos desinteresados consejos hallaréi^s en las 
obras de dos ilustres profesores que, nacidos el uno en Italia 
y el otro en España, debemos considerar como á peruanos, 
por haber venido aquí mu3^ jóvenes, formado familia, ama- 
do mucho á esta tierra y educado á la juventud: Raimondi 
que escribió la historia de la Geografía del Perú y don Selms- 
tián Lorente. 

Y ninguna oportunidad mejor que la actual, cuando se 



(•) El tomo 1 contiene un CBiáhgoát Íbs otr^sy los n)ñmtacrítu& qvt 
deben consultarse para la historia de la América ¡atina y pitrtkitlarmtnu 
dcJPerú. 



SECCIÓN OI^ICIAL 137 



agolpan á nuestra memoria los principales sucesos de la vi- 
da peruana y de los escritores que han contribuido á cono- 
cerla é ilustrarla, para rendir un tributo de admiración á 
nuestros compatriotas que han dejado una huella, más ó 
menos profunda, como fruto de sus investigaciones históri- 
ricas. A este número pertenecen el limeño Llano Zapata, 
autor de las Memorias histórico-geográñcas de la América 
Meridional', Santiago Távara, cuya Hisíoria de los Partidos^ 
casi olvidada en **E1 Comercio'' de Lima, debemos reunir en 
un libro; Córdova y Urrutia; el sabio Doctor don José Casi- 
miro Ulloa, á quien se debe la fundición de la Academia Na- 
cional de Medicina: José Antonio de Lavalle, que escribió las 
biografías de Juan de la Torre, Olavide, de los virreyes Abas- 
cal y O'Higgins y del oidor Bravo de Lagunas: Cipriano 
Coronel Zegarra, el querido compañero y amigo, desapare- 
cido tan temprano para las letras nacionales, autor de un 
inapreciable trabajo bibliográfico sobre Santa Rosa de Li- 
ma y de una Historia literaria del Perú, que se guarda inédi- 
ta; Torres Saldamando| (*)Tiuestro colega Ricardo Palma, 
cuyas Tradicciones Peruanas deleitan ¿i los lectores, Pablo 
Patrón, José Toribio Polo, González La Rosa, Manuel Mar- 
cos Salazar, los dos Prado y Ugarteche, Vargas y tantos 
otros, con quienes ha contraído la patria una deuda de gra- 
titud. 

Dentro del rápido bosquejo que precede se halla nuestro 
programa. Nuestro trabajo tiene que ser, por ahora, de pre- 
paración y de clasificación; acumulando ordenadamente los 
materiales, sin miras egoístas, para que los futuros historia- 
dores, con el cabal conocimiento de los hechos, levanten el 
edificio. Reunir las obras antiguas, cu3'a rareza aumenta 
cada día; organizar el Archivo Nacional, enriqueciéndolo con 
colecciones que están dispersas y descuidadas; sacar copias 
de los archivos de España; formar un Museo histórico; pu- 



(•) Muerto este escritor en Chile su familia obsequió ala Biblioteca 
Nacional de Lima una cantidad de papeletas biográñcas. Entiendo que po- 
co hay que aprovechar de ellas, pues la mayor parte sirvieron á su autor 
para su obra Los antiguos jcsuitns del Perú. 
18 



138 REVISTA ÍÍIST(^R1CA 



blicar preciosos manuscritos inéditos (*); promover certá- 
menes, como los ccleljrados con buen éxito por el Ateneo de 
Lima; y encaminar, en fin, á los intelectuales por la senda de 
los estudios serios y de importancia— he aquí el concepto que 
tenemos de nuestra misión. 

Señores: 

Desde las civilizaciones indígenas más remotas hasta el 
Imperio de los Incas; así en los acontecimientos de la con- 
quista y en una asimilación etnográfica, lenta y ^defectuosa, 
durante el Virreinato; en los combates de la Independencia 
y por la libertad y en el re<2:reso inmediato de las antiguas 
guerras civiles — todo o])edece en el Perú á le3'es sucesivas que 
el hombre no puede alterar, por más que á veces logre modi- 
ficar sus efectos. 

Palpables se nos presentan las ccnsecuencias de los resor- 
tes que han dirijido su existencia. El aislamiento y la falta 
de comercio le hicieron siempre retroceder,'y el contacto cons- 
tante con los pueblos cultos ha impulsado su marcha; la ig- 
norancia creó ciertos vicios y arraigó graves errores, y la 
instrucción, iluminando su sendero, le ha dado la concien- 
cia de sus deberes y fuerza l^astante para levantar su nom- 
bre y su prestigio: la discordia interna trajo consigo uña co. 
rriente de abusos, de expoliaciones y de corrupción; y el or- 
den y la paz, la bendita paz, le han hecho siempre restablecer 
sus servicios administrativos y los fueros de la moral. En 
fin, solamente la verdad, la justicia y la tolerancia, han co- 
municado firmeza y progreso á sus instituciones. Lecciones 
elocuentes de nuestra vida son éstas, que necesitamos apro- 
vechar. 

Y no fatigaré más vuestra atención con el presente dis- 
curso, sin hacer con toda el alma votos que responden sin 



(•) Para formarse una idea de la gran cantidad de manuscritos 'so- 
bre la historia antij^ua del Perú, ¡Kírdidos unos y extraviados otros, basta 
revisar el HpHcine de la Bihliotcca Oricritíil v Occidental, náutica y geogrA- 
tica, de Antonio de León Pinclo (Madrid 1723 ', obra de gran mérito cuyo 
erudito autor dá cuenta de muchos de ellos hoy completamente desconocí- 
dos. ¿No podrííin encí)ntrarse algunos haciendo un detenido reju^istro en 
los archivos y bibliotecas de Ivúropa y América? Sería un hallazgo de ina- 
preciable valor. 



SECCIÓN OFICIAL 139 



duda á vuestros sentimientos y á vuestras honradas aspira- 
ciones: que nada venga á perturbar el resurgimiento político 
y económico del Pera, hasta hacer de él una nación querida 
y próspera; porque por sus antecedentes históricos, por la 
inteligencia de sus hijos y los ricos elementos que posee, tie- 
ne perfecto derecho para serlo. 



DISCURSO DEL SE.NOR MINISTRO DE JUSTICIA , CULTO É INSTRUCCIÓN 
DOCTOR DON JORGE POLAR. 

Excmo. Señor; 

Señores: 

Honor de los Gobiernos es que en su tiempo florezcan las 
ciencias y las artes. Procurando alcanzar ese honor, ha 
creado el Gobierno el **Instituto Histórico del Perú'\ En la 
Historia se aunan fácilmente y florecen, el arte y la ciencia, 
la verdad y la belleza. 

* 
« * 

"Maestra de la vida'* llamaba Cicerón á la Historia: 
mas, para que en realidad lo sea, es necesario sacarla del pa- 
sado ahondando mucho en él por la ciencia, por las ciencias, 
casi todas indispensables hoy al estudio de la Historia, y to- 
das ellas obligadas al mismo tiempo, A seguir el método his- 
xórico. 

Y el arte, el arte de la pala])ra, signo supremo de cul- 
tura, es necesario también á la Historia, (jue nunca fué ocu- 
pación vulgar ni mediana. El que no tenga claro decir, se- 
rá justamente excluido del trato de la Historia; no le dará de 
beber del ánfora sagrada, la musa Clío, severa y pulcra. 

* * 



140 



REVISTA HISTÓRICA 



Y, si por ser habilitadora de la ciencia y directora de '. 
vida y del arte amiga, tanto necesita la Historia ¿por qué Z 
nuestra, tan dilatada y misteriosa, no ha de tener su corpa 
ración sabia que la depure, que la limpie y fije ydéesplendo 
como hace con la lengua la otra Academia? 

Dilatada es nuestra historia, tanto, que se pierde en ■ 
penumbra de las más remotas edades, y tan misteriosa qt 
no es posible aún establecer acerca de ella, sino apreciacic 
nes muy generales 3- sujetas á revisión tal vez, las más 
ellas. 

No fué la América, sin duda, la primera morada de le 
hombres; algo más, el hombre en Europa había llegado ha^&- 
ta la Lombardía 3' el Cantal v aún no había penetrado e 
América. Pero cuando el gran invierno geológico, en la épc 
ca cuaternaria, vino á sustituir rápidamente^ con una tenr^^ 
pcratura polar, la dulzura de un clima analéfgo al de la Cb 
lifornia, entonces las viejas tribus asiáticas del Nor-Oeste, 
vieron obligadas á emigrar. Cierto número de ellas se aver 
turó, sin duda, sobre el puente de hielo extendido por el fH« 
entre las dos orillas, 3' así llegaron á América, acompañada-- 
del reno, como con el reno llegaron á Francia sus hermano^^^ 
de Occidente. 

En los terrenos de América, en los del período intergla 
ciario, al Sur como al Norte, vánse encontrando los sílex tos- 
camente tallados, los sílex amigdaloides ó de forma de lau- 
rel, con los que el rudo abuelo cuaternario amansaba la tie- 
rra y se ganaba la vida. 

No se ha ])od¡do determinar aún el curso de las emigra- 

clones de esas primeras tribus, como se ha determinado para. — - 
la Polinesia, por ejemplo; pero lo que parece casi seguro, es^ 
que los habitantes de América y los antiguos p>eruanos, por 
lo tanto, quedarían aislados, por una muy larga serie de si- 
glos, de los hombres del nuevo continente. 

El hombre cuaternario, en América como en Europa, es 
dolicocéfalo. Pero en Europa, desde la época neolítica, apa- 
rece el braquicéfalo, venido ó ido del Asia Menor, encontrán- 



la 



SECCI^iN OFICIAL 



141 



dosele mezclado primero al de cráneo alargado, dominándo- 
lo después. 

En América e! delicocéfalo s\gue sólo, no se lían encon- 
trado aquí restos de los cráneo- redondo. Si estos hubieran 
venido, habrían traíílu lofiue á todas partes llevaron, pon|ne 
era su mayor tesoro, habrían traído el trigo, el noble cereal 
que cría las raísas fuertes. 

Las inmigraciones procedentes del Asia Meridional ó de 
la Menor, posibles y aun probables, por p jcas 3^ por recien- 
tes, no parecen haber dejado huella profunda en la América 
antig^ua» en el antiguo Perú. Sólo nm se explica la dirección 
que aquí tomó la evolución social, tan diferente de la que en 
el Viejo Mundo tomaba, por lo cual ha dicho algún historia- 
dor, que hubiera sido muy interesante dejar al imperio de los 
Incas entregado á sí mismo, para ver d donde llegaba esa 
organización social tan original y diversa de los demás 
pueblos. 



¿Dónde, en la historia, hay un imperio semejante al nues- 
tro de Tahuantinsuj^ü? 

De una parte, aquel soberano casi divino, adorado y te- 
mido al mismo tiempo, á quien nadie osa mirar de frente, 
porque vive envuelto entre los rayos de su padre — Sol; 
aquella corte' espléndida, formada con los domados re^-es de 
las provincias conquistadas; aquel fuego sagrado que en lo 
recóndito del templo alimentan vírgenes de sangre imperial; 
esas morenas princesas de breve pié y de talle esbelto como 
vara de junco, sueño de amor de los nobles generales que 
por ellas arriesgan vida y honra; y de otra parte, debajo de 
toda esa pompa y apesar de ella, un pueblo casi feliz, con sus 
grandes fiestas del traljajo, semejantes á églogas por lo seo- 
cillas, un pueblo que tenía reglamentados todos los pasos de 
su vida, pero al que, en cambio, su Inca le aseguraba el sus- 
tento y la ?at¡síacción de sus necesidades, y que vivía, por 
lo tanto, sumiso, absolutamente sumiso, pero tranquilo, 
ageno de cuidados, tranquilo hasta el punto de olvidar su 
libertad» que es cuanto hay que olvidar en el mundo. 



142 REVISTA HISTÓRICA 



¿Cómo pudo llegar á establecerse esc imperio teocrático 
y comunista, y constituirse un pueblo así, donde el colecti- 
vismo se practicaba sencilla y naturalmente, sin diñcultad, 
sin esfuerzo casi? 

La explicación de ese fenómeno, único en la historia, es- 
tá probablemente en esa autoridad del Inca, absoluta, pero 
al mismo tiempo paternal, profundamente paternal. 

Por haberse realizado esa antimonia de un poder abso- 
luto que, lejos de explotar á su pueblo le cuida y defiende, 
por eso fue posible el colectivismo incaico. 



* 
« i 



•^¿Q\xé nacionalidad creó ese socialismo autoritario? ¿Qué 
valía como patria el imperio de los incas? 

La idea, el sentimiento de la patria, no podían ser pro- 
fundos en esa organización comunista en que el Inca era la 
razón suprema de todo. 

La nacionalidad en el imperio, era todo lo sometido al 
dominio de los incas; no tenía por fundamento el parentes- 
co, la sangre, que es lo que crea poderosamente el sentimien- 
to de la nacionalidad. 

La patria es el amor á la tierra, el amor á la gente en 
ella nacida. Los subditos del imperio sentían, sin duda, ese 
doble confundido amor; pero acostumbrados á'que toda ac- 
ción partiera del Inca, cuando este faltó, todo fué abando- 
nado y perdido. Los que no son libres sienten el amor, do- 
loroso en ellos, de la patria; pero no tienen toda la fuerza, 
todo el poder de defenderla. El poder del hombre, para de- 
fender su patria como para todo lo grande y bueno, crece á 
medida que crece la libertad de que goza. 

El socialismo incaico tenía, por lo tanto, que crear una 
nacionalidad dcbil como patria; creó hombres sin iniciativa, 
sin aspiraciones; preparó por lo mismo, carne de servidum- 
bre, carne de explotación, carne de dolor, para cuando el 
primer Inca desapareciese. 



A la ráíia queclma, bitena.pacíente, resignada, vino á 
unirse la brillante raza española del siglo XVI, en lo c[ue te- 
nía de mñs intranquila, de más excitada* 

Los eonquistadores, los espaiiotes, eran latinos de junto 
al Afriea, de los que se rozaron con los árabes del desierto» 
de los más exaltados, en fin, de los más irritables de esa ra- 
za latina, toda fuego. 

Y de entre los españoles eran los más aventureros, natu- 
ralmente, los que salían en las históricas caravelasen busca 
de esta tierra de América que, envuelta en brumas, surgía 
del fondo de los mares, como si ellos, los dos mares, se la hu- 
bieran forjado á fuerza de empujar sus arenas y de juntar sus 
conchas, para luego recrearse en ella. 

El blanco español, mitad cristiano ó caballero y mitad 
l>rutal, bautizó, holló, desgarró á la pobre tierra cobriza. 

El español, arriesgada, hermoso, sobrehumano casi, amó 
á]a india mansa, rendida, fascinada, como si se sintiera 
atraída por un se mi-dios. 



Y comenzó la colonia. Los indios pasaron á ser más 
siervos, mucho más siervos que antes y, ya sin el pan seguro, 
ya sin la paz del alma, comenzaron á sufrir, á callar á mo- 
rir. 



Pero como la raza conquistadora, á la vez que desdeña- 
ba y oprimía á la raza vencida, mezclábase á elta, resultó 
otra gente. 

La sangre española levantisca, penetrando en la sangre 
quechua mansa, fué inquietándola, y siirgió al fin la nueva 
gente ¡>eruana, en cuyas entrañas, removíanse, juntt) con las 
sumisiones, con los dolores y los rencores del vencido, las im- 
paciencias, las osadías, las rebeldías del vencedor. 

Así se explica cómo los peruanos, cansados de inacción, 
de serviílimihre, al oír á los liliertadores, al semi-tlios, á Ba- 



144 REVISTA HISTÓRICA 



lívar, proclamar el derecho, la justicia, la igualdad, se jura- 
ron realizar inmediatamente todos esos ideales, sin pensar 
que & ello se opondrían el hábito de la servidumbre sufrida 
durante siglos y los resentimientos de la larga humillación 
y las impaciencias por el poder, y las veleidades de carácter 
que solían turbar á la nueva gente. 

La vieja sangre latina, romántica, provocada por la glo- 
ria de los libertadores, reanimada por la generosidad juve- 
nil, se sobrepuso á todo, y comenzó la Era de la independen- 
cia, comenzó la república, liberal, generosa, coronada de en- 
sueños, con toda la ligera sangre subida á la cabeza! 

El Perft quizo y debía ser una patria; pero para serlo 
plenamente, necesitaba, necesita, vencer obstáculos que su 
propio pasado le opone. 

La patria está en el corazón: es amor á la tierra en que 
se nace, á la tierra madre. Pero este amor que debe ser un 
goce, una confianza, una seguridad, la de ser realmente nues- 
tra la tierra en que nacimos, no es nada de esto para mu- 
chos de los aquí nacidos, no lo es, sobre todo, para el indio 
que, á fuerza de ser tratado en su tierra como extraño, no 
como dueño de ella, apenas si tendrá ya una visión confusa 
y dolorosa de lo que es la patria, de lo que ella vale, de lo 
que ella nos haca gozar por ser tierra nuestra, tierra madre 
nuestra. 

La patria está en el corazón: es el amor que se tienen to- 
dos los que en ella nacen. Y bien, con la mano sobre el co- 
razón puesta, preguntémonos si hemos amado como debía- 
mos, como á hermanos, tratándolos como á tales, á todos 
los hijos de esta tierra; pregutémonos si no hay en ella 
muchos desdeñados, ó tenidos en menos, y si estos han po- 
dido sentir otra cosa que temor y recelo de los demás. 

Nuestra historia nos ha legado esa separación, ese des- 
dén de los unos, ese recelo 3' desconfianza de los otros, y ne- 
cesitamos, por lo tanto, luchar en esto con nuestro propio 
pasado y vencer por el amor que une, que estrecha, que redi- 
me. Impulso traemos ya para lograr este triunfo de nues- 
tro, corazón felizmente. 

El calor, el movimiento, la agitación de nuestra vida de 
pueblo independiente, deben haber preparado ya la mezcla, 



SECCIÓN OFICIAL 145 



la fusión en un sólo sentimiento, de todos los elementos de 
nuestra nacionalidad. Y las guerras por defender esta pa- 
tria tan combatida, la mutilación misma de la patria que 
tanto duele, han debido preparar la formación de la grande 
alma nacional en el Perú. 

Dióle el General San Martín al Perú, una bandera blan- 
ca y roja; blanca en su centro', símbolo de idealidad, roja en 
sus flancos, como presentimiento de la sangre que por defen- 
derla había de derramarse. Y tanta se ha derramado va, 
que no se sabe como no está roja también, como la de sus 
extremos, la faja blanca de su centro. 

Y esa sangre ha sido la de todos los peruanos y aquellos 
que han dado la suya sin haber conocido el goce, el orgullo 
de la patria y sí sólo sufrido por ella, esos son los más he- 
roicos, los más grandes ante ella, ante la patria. 

El Perú quiso ser una república, una democracia. 

Oponíanse á la democracia, aquí, sin pensarlo, sin duda, 
los mismos ilustres capitanes libertadores, que la habían 
proclamado. Cuando ellos pasaban por los pueblos, en- 
vueltos en leyendas, fabulosos, sobrehumanos casi, despren- 
diendo gloria hasta de los pliegues de sus rojas banderolas 
y hasta de los crujidos de sus recias corazas, al pasar, des- 
lumbraban, fascinaban á la gente, con esa fascinación de la 
gloria que tiene el temible poder de hacer olvidar al corazón 
la libertad. 

Pero á pesar de ese brillante obstáculo y de otros que á lá 
democracia se han opuesto, nuestra evolución ha sido, es, 
hacia ella, hacia á la democracia, como que aquí no tencnios 
pueblo bravio que moderar, y hay masas enormes desgra- 
ciadas que necesitan que se les levante la frente, que se les 
caliente el corazón. La humanidad, toda, marcha hacia la 
democracia, porque ella traduce la solidaridad, esa provi- 
dencial condición de las sociedades humanas que hace que el 
sufrimiento del más débil de sus miembros se repercuta y re- 
fleje, aunque de ello no se den cuenta, sobre todos los demán. 






19 



146 REVISTA niSTÓRICA 



No puedo detenerme, aunque quisiera, en éstas ú otras 
consideraciones sobre nuestra sociolocrfa. Tal vez he ido 
demasiado lejos en este discurso de instalación, que podía 
haberse limitado al elogio de la Historia, á la recepción de 
honor A sus nobles mantenedores. 

« 

Debemos estudiar nuestro pasado, para adquirir la con- 
ciencia clara de nuestros destinos, y mantenernos en la vía 
de nuestro generoso ideal histórico. 

Un pueblo no debe olvidar jamás sus tradiciones, los 
ejemplos de sus mayores, sus glorias, sus infortunios y para 
esto es necesario que ha\'a quien se los recuerde, pero quien 
se los recuerde, no con algún espíritu estrecho de división ó 
de partido, sino con alto espíritu nacional. 

La Historia es la reconciliación suprema de todos los hi- 
jos de una patria. Cuando reconlamos los hechos de nues- 
tros mayores, en ellos nos sentimos profundamente unidos 
todos los peruanos. 

Fortificar la nacionalidad, es alta misión de la Historia. 
Cuando nos hablan de nuestras glorias, cuando por ejemplo, 
nos hablan, con palabra emocionada, de aquella mañana de 
Julio en que San Martín, inspirado por Dios, dijo: **desde es- 
te momento el Peni es libre 6 independiente por la voluntad 
de los pueblos y la justicia de su causa que Dios defiende*'; 
cuando nos hablan con palabra desgarrada, de aquella otra 
trágica mañana en que Gran, el héroe sin tacha, caía en el 
**HuAsu?ar". la pequeña nave que se dejó hacer pedazos antes 
que rendirse, mostrando así como deben caer los buques de 
guerra, pedazos del corazón de la patria, tablas hechas pa- 
tria; cuando nos hablan, como debe hablarse, con toda el al- 
ma, de Arica, del Morro, y evocando el sublime sacrificio, 
nos parece ver el alma de Bolognesi subiendo al cielo envuel- 
ta en el humo del iíltimo cartucho: cuando de esas glorias, 
de esos sacrificios, de esos infortunios nos hablan, entonces, 
sacudido el corazón de las ligaduras del presente, sentimos 
(lue todos los hijos de la patria, todos, somos hermanos. 

La historia tiene do esas dominaciones supremas, que 
todo lo deptiran v cngraudevXMí. 



SECCIÓN OFICIAL 



147 



El Presidente de la Repáhliea ha hecho elevado acto de 
gobernante, creando el Instituto Históneo del Perú, 

Esta institución va á realizar, ella también, su progra- 
ma de gobierno, su vivo anhelo pur la educación nacional, 
porque la Historia es poderoíio factor de educación. Lo es 
en la escuela, cuando, con palabra rápida, salida del cora- 
t6n, como parn los niños. les cuenta á los pequeños los he- 
chos de sus nia3"ores; lo es en el liceo» en la universidad» pe- 
netrando, pnra darle realidad, en la Filosofía* en la Sociído- 
gía, en toda la alta cultura eientífica. Es sobre todo, la his- 
toria poderoso agente de educación nacional, porque ins- 
pira, porque guía el scntimieato. Reconocido está por to- 
dos el gran principio pedagógico de que no son las ideas si- 
no los sentimientos, los que impulsan; los que arrastran á 
los pueblos. 

Por eso, hoy, en ninguna parte abandona el Estado el 
cnidado de la Historia ííI esfuerzo individual, sino que crea, 
cjue estimula, que honra corporaciones que presten ese alto 
servicio al país. 

Señores miembros del Instituto Histórico del Perúi co- 
menzad, ó mds bien continuad la obra en que ya, individual- 
mente, todos vosotros habéis noblemente trabajado, Ma- 
terial inmenso tenéis. No hay historia más accidentada, 
Tnás interesante, más instructiva que la del Perú, de este 
pueblo idealista, generoso, intranquilo. El Pera, grao co- 
rascón, cabeza soñadora, vida dolorosa, necesita, más que 
ixingún otro pueblo, que su historia, enseñándole el camino 
de la realidad, lo aparte, aunque le duela, de los peligrosos 
del idealismo impaciente. 



148 REVISTA HISTÓRICA 



niSClTRSO PRONUNCIADO POR EL EXCMO. SEÑOR PRESIDENTE 

DE LA REPÚRLIC.V 

DOCTOR DON JOSÉ PARDO 



Señores: 

Si diez años de paz comprueban que se ha cerrado para 
siempre en el Perú el período agitado de profundas conmo- 
ciones que absorvieron las inteligencias más claras, avasa- 
llaron las voluntades más firmes 3- consumieron, en fin, las 
energías de la Nación entera en constituir sus instituciones 
políticas, ha llegado el momento de que el Estado pueda lla- 
mar con éxito á esas inteligencias, á esas voluntades y á 
esas energías á la región serena y fecunda de la labor inte- 
lectual, colectiva, metódica y persistente. 

Muy premioso deber es, por otra parte, el que tienen los 
gobernantes de despertar la vida del pensamiento y estimu- 
lar la cultura de su país, con el mismo ahinco con que deben 
fomentar sus intereses económicos; procurando, sí, conser- 
var paralelamente ambas manifestaciones de la vida nacio- 
nal, porque su desquilibrio produciría ó el dominio de los 
retóricos, que persiguen un estado social irrealizable, al cual 
sacrifican sin medida sus intereses económicos; ó el dominio 
délos positivistas, queal interés de sus provechos inmedia- 
tos sacrifican tradiciones, esperanzas y las previsiones más 
claras del porvenir. 

En la labor de estímulo de parte del Estado a la cultu- 
ra nacional, el estudio de la Historia patria es el que debe 
tener lugar preferente; porque de las ramas del saber, es la 
que tiene ma3'ores vínculos, la que concurre con mayor in- 
fluencia A formar el carácter nacional. 



SECCIÓN OFICIAL 149 



' Su origen y sus tradiciones; las hazañas de sus héroes, 
sus glorías y sus desastres; sus experiencias que le presentan 
valiosas enseñanzas; todo lo que forma los recuerdos y los 
ideales de un pueblo; su presente y su pasado; el secreto de 
su porvenir— es el vasto campo donde se desarrolla el estu- 
dio de la Historia nacional. 

Estos son los pensamientos que explican la iniciativa de 
mi Gobierno para crear el Instituto Históricc» del Perú. 

El digno personal que lo compone garantiza que esta 
iniciativa ha de convertirse en halagadora realidad, y que 
este Instituto será en breve estrella de primera magnitud en 
la intelectualidad peruana. 

Queda inaugurado el Instituto Histórico. 




B ha Real» Acailt-mii^ji úv la. Lcngui,^ y de la lliittnijriiii de Mjidrld, Enviudo Extruordíniíño 
y MÍDitflrtí PJLnLpuunciiinti dvl í'CTt en t J Urusiil y fkk^gudti al Ctín^jrew* 
Pftn-AnirrícNfio tic Río Janeiro, prirací: Frc»idcntc del tu f titulo HUt^ricn del Prrfi. 




**->í^«»^^«í-^■*-^*^<5«í-* 



EL CORREGIMIENTO DE SAÑA 



EL PROBLEMA HISTÓRICO DE LA FUNDACIÓN DE TRUJILLO 



CvVXAMALCA— BREVES NOTICIAS DE ESTA CIUDAD 



^ RA Cíixanwica (1 ) un lugar bastante grande, con una 
población de casi diez mil habitantes, Lascasasensu 
ma3*or parte eran de adobe con techos de paja o de 
ladera. Algunos de los edificios principales eran fie piedra 
tosca y por labrar; había también una casa de las vírgenes 
lid Sol y un tenijílo dedicado a la misma deidad tutelar: este 
ültimoestabamedioocultoentre un bosquccilto de lossubur- 
hiosdela ciudad, Porel lado inmediato aUampo de losindios 
había una gran plaza de forma triangulan rodeada de edificios 
l>ajos, que eran unos espaciosos salunescon anchas puertasó 
aberturas á la pía xa; seguramente estarían destinados para 



(1 ) CMxamnka en ktigua de 1í>s indios significa 'iwgmr de hido**, porque 

¡ auiHiUc su tcm];icratur;i es par lo común l>eni>ína y íij^rEidable, está snjclaá 
' tintjs vientus fríos de levante, muy pcrjudícíaíes á la ve^íeíación. ^ W. H. 
PrcwTott *^I listona de la conquista del Perú'', tum. I, pág. 444. 

I 



152 REVISTA HISTÓRICA 



cuarteles de los soldados del Inca [1]. A un extremo de la 
plaza, mirando hacia la campiña, estaba ur.a fortaleza de 
pidra y tenía una puerta falsa para el campo. Había, igual- 
mente, otra fortaleza de piedra, adonde se subía desde la ciu- 
dad por una escalera, también de piedra, V tenía como la ante- 
rior, una puerta falsa para el campo. Había así mismo otra 
fortaleza de piedra tosca en un terreno elevado que dominaba 
la ciudad y estaba rodeada d^ tres cercas circulares, ó más 
bien dicho, de una sola que daba tres vueltas en espiral. Era 
obra muy fuerte y ninguna de las que hasta allí habían visto 
los compañeros de Pizarro les pareció de mayor mérito, tan- 
to en la idea como en la ejecución material. Al caer de la tarde 
entraron los conquistadores á Caxamalca, Era el 15 de No- 
viembre de 1532. El cielo, que se había mantenido sereno du- 
rante todo el día, comenzó á entoldarse y llegó á caer alguna 
lluvia mezclada con granizo, porque el frío era mayor de lo 
acostumbrado [2]. A pesar de eso, don Francisco Pizano 
deseaba tanto cerciorarse de las verdaderas intenciones del 
Inca, que resolvió enviar inmediatamente una embajada á 
su campo. Escojió para esta concisión á Hernando de Soto, 
a quien dio por escolta 15 caballos; pero reflexionando des- 
pués que hubo partido, que aquella fuerza era muy corta, en 
caso de que los indios intentasen algún ataque, dio orden á 
su hermano Hernando Pizarro, para que fuera á reforzarlecon 
otros veinte jinetes. Este capitán y uno de los que fueron con 
él, nos han dejado una noticia de su expedición (3). Al día 
siguiente, sábado 16 de Noviembre, á la caída de la tarde y 
previas las precauciones que la difícil situación de los espa- 
ñoles requería, fué capturado el Inca Atahualpa á las voces 



[1] Oviedo "Historia de las Indias", part. 3^, lib. 8*?, cap. 15. 
Xerez "Conquista del Pera" ap. Barcia, tom. 3, p¿lg. 195. 

[2] Oviedo— Historia de las Indias; part. 3, lib. 8 cap. 15. 
Xerez "Conquista del l*erú", ap. Barcia, tom. 3, pág. 195. 

(3) Carta que Hernando Pizarro dirije á la Real Audiencia de Santo Do- 
mingo. El infatigable Oviedo que cuando llegó esa carta se hallaba en San- 
to Domingo, conoció su importancia y p^r fortuna incluyó ese documento 
en su gran obra "Historia de las Indias", part. 3, íib. 8, cap. 15; y 
por ultimo, la dicha carta de Hernando ha sido publicada por el señor Quin- 
tana en el tomo II de su "Vida de Españoles célebres", apéndice 5^. Y tam- 
bién la traen A. de Zarate "Conquista del Perú", libro 5, capítulo 4, y Na- 
harro en su "Relación Sumaria". 



EL CORKRGlMiENTO DE SAÑA 



153 



Áe**Exsurgc Doinínc'\que en coro con los suldados, repetían 
sin cesar los ministros del altnr [1]. 



I 



I 



Parecía í|ue concluida la repartición del rescate del Incíi 
Atahuallpa, que ?e verificó con toda solemnidad en la plaza 
mayor de Cnxnmfikíi, [se^íún aparece del acta de repartición 
otorgada por el escribano Pedro Sancho á 17 días del mes 
de Junio de 1533 [2], ya nada detenía á los españoles para 
proseguir sus conc|uistas y emprender su marcha al Cuzco- 
Pero ¿qué se había de hacer con la per son fi de Atnhuallpa? 
Para resolver esta cuestión todo lo que era provechoso era 
justo [3]. Ponerle en libertad, era dar suelta al hombre que 
debía ser precisamente su msíyor enemigo: al que por su na- 
cimiento y dignidad real reuniría en derredor suyo toda la 
n ación ^ dispondría de todos los recursos y arbitrios del go- 
bicrno, y aini con sólo su palabra reuniría todc* el valor de 
su pueblo contra los españoles, retardando de esa manera* 
si no impidiendo del todo, la conquista del país. Por otra 
parte, el mantenerle cautivo era acaso igualnjrnte perjudi- 
cial, porque para custodiar un prisionero de tanta impor- 
tancia era preciso dividir las tropasdetíd modo que vendrían 
á quedar muy debilitadas; y era de temer que toda su vigi- 
lancia no alcanzara á impedir que les quitasen el preso en los 
peligrosos pasos de las montañas, máxime aún, que el Inca 
por su parte pedía con insistencia su libertad [4], pues se 



(1] Tratábase nada menos que de tender tina red al Incí> j hacerle pri- 
5jonc-rií ú la fnx tk ifiáo su ejercí t». Era un proyecta lleno de peligros y casi 
parceíá im ahortu de la desesperación; t>cro la posición de los españolear ra 
lambiéa destfsperada i¡lf35 hombres contra 50,000 indios armados v aguc- 
rridosl) A donde iiuicríi tjue voiviv^eJí Iti visia sólo descul>rfan inminentes 
rie&^i*s, y valía nuis hacer frente como hombres al prligro, que hm'rdeélco 
IjítrdemeTíic, cuando no les quedaba arbitrio* para escapar* rogaron al Dios 
de la» hit tallas <pie cnbrieía' ron $u escudo á los soldados que peleaban por 
extttHler el imperio de la cruz, y iodos á una voi entonaron \n antíftíoa 
**E^ surge Donííne* et judícam caufam tuam'' Kaliarro — "Relación suma- 



(2) M. de Mcndiburu * Diccionario Histórico Biográficodel Perú", tora. 
S, pñ^ 377 

[3] A. de Herrera *' Historia peñerar' déc, ó, Üb, 3^ cap. 4. 
[4| Prcscott "Conquista ckl Per^", tom, 1» cap. T. 
'ereí — "Historia de la Conquista*', edición española de 1334, y ap. 
ía, lom. ni» pfips^ 530 V siguieatea. 




154 



REVISTA HISTÓRICA 



detenía ñ pensar que» la vida de un monarca cautivo, es por 
lo común bien corta, y la suerte de Huáscar debió servirle 
de ejemplo para convencerle de la verdad de esta aserción; 
de allí lo mucho que se lamentaba de la ausencia de Hernan- 
do Pixarro [que había partido á la Penínsola con la parte 
que tocara al Emperador Carlos Vdel rescatedel Iuca]»pueF, 
por extraño que parezca, aquel altivo hidalgo secompadecía 
de la suerte del real cautivo» y le trató siempre con tal aten- 
ción que ganó de un modo particular el afecto y confianza 
del desgraciado monarca. Desgraciadamente para el Inca, 
cuando los hombres .se hallan atormentados por el miedo» uo 
suelen pararse en los medios, con tal de que desaparezca la 
causa que lo produce. Comenzáronse á oír murmuraciones 
mezcladas con amenazas contra el Inca, [supuesto autor «le 
atrevidas maquinaciones], y muchos empezaron ñ pedir que 
fuese sacrificado á la seguridad del ejército. Señalábanse en- 
tre todos a Almagra y sus soldados, pues como no habían 
presenciadlo la captura del Inca» no les causaba compasión 
su desgracia, y sólo lo miraban como un estorbo, ansiosos 
como estaban de ir á buscar fortuna en la tierra adentro» ya 
que tan poco les había tocado del oro de Caxiimulca. El te- 
sorero Riquelme y los demás oficiales reales, les ayudaban. 
Pizarro había dejado ñ estos señores en San Miguel porque 
no le agradaba tener sobre sí aquellos espías; pero se habían 
venido al campamento de Almagro, 3-^ pedían con empeño la 
muerte del Inca, como indispensable para la trancjuilidad 
del país, y ventajosa para la Corona [1]» Pizarro escucha- 
ba ó tingía escuchar con disgusto estas siniestras sugestio* 
nes, y aunque mostraba gran repugnancia á adoptar medi^ 
das extremas contra su prisionero, acabaron por sugestio^ 
na rio, ordenando al efecto que se organizase el tribunal que 
debía juzgar de la traición del Inca (2). En consecuencia, 
organizóse presidido por los dos capitanes Pizarro y Alma- 

[1] Pedro Pizarrii *" Descubrimiento r Conquista'*. 

Relación dd primer desculjntnit^nto* MS 

Pedro Sancht^ Miguel ck Estete, Kel ap, Ranmsio, tí>mo lU, folio 400. 

(2^ *'Aunque contra voluntad de dicho ííobernarlur, tjue nunca estuvo 

bien en elíü.*' Relación dd primer dcscubnniiento MS. 

Ilfualmente Pedro Pizarro. Dcscubniniento _v Conquinta* 

El Veedor Es te te y Pedro Sandio, KdacíÓn'de un Capitaiio Spagnolo^ 

ap, R a musió, tomo líl, pág, 400* '' 



EL COR REGIMIENTO 0E SAKA 



I 
I 



gru, en ciiliílad de jueces: se nombro un fiscal que pidiese por 
la Corona, y se señaló defensor al reo* Doce eran los cariaos 
presentados contra el Inca, extendidos en forma de interro- 
gatorio. Los princi[}ales eran que había usurpado la coro- 
na y asesinado á su hermano Huáscar; que había dilapidado 
liis caudales públicos desde la entrada de los españoles, pro- 
digándolos á sus parientes y favoritos; que era idólatra y 
adultero, pues vivía públicamente con un gran número de 
mujeres, y. por último, que había tratado de fomentar una in- 
surrección contra los españoles [1]. Pronto se dio fin á la 
¡nfürmaeiÓTi,y según dice el secretario de Pizarro, Pedro San- 
cho, '*Sigu¡óse una discusión muy acalorada sobre el daño 
** 6 provecho que podría resultar de la muerte de Atahuall- 
'* pa." Aquello se reducía ya á una cuestión de conveniencia. 
L>eclaráronlc al fin reo^ aunque no nos dicen sí de todos los 
delitos que le imputaban, y fué condenado á ser quemado vi- 
vo en la plaza ¡íriiicipal de CaArania/ea, debiendo ejecutarse 
la sentencia aquella misma noche. Era conveniente conseguir 
que el padre Valverde aprobase lo hecho, y así íe enviaron 
una copia de la sentencia para que la firmase, lo que hizo sin 
vacilar, declarando **que en su opinión el Inca merecía la 
muerte'* [2]; y aún dos de los miembros de esa junta opi- 
naban de insuficientes las pruebas presentadas, y negaban 
que semejante tribunal tuviese autoridad para llamar ajui- 
cio á un príncipe soberano en el centro de sus propios domi- 
nios. Si se empeñan en formarle proceso, añadían, sería pre- 
ciso enviarle A España para que el Emperador conociese de 
su causa, pues es el único cpie tiene poder para sentenciarle; 
pero los diez miembros de la mayoría iles%"anecieron estas 
objeciones declarando que no cabía duda de que Atahuallpa 
era delincuente, y que estabnn prontos á cargar con la res- 



[1] Garcilaso de la Vega *'Com* Reales*', parle 2j libro I, cap. 37. 
tcspeeiJica los car^o» hechos al Jtica. 

("K^edo en su "'Historia ce la» Indias*', parte 3. libro H, cap. 22 lo califi- 

I ca fie '*ur( prrit'cso aial ^oaipuestt* y peor c^ritOp se vendo uno de los AdalU 

I dct» un iin|ü¡tu>, Jesasoscjjado é deshonesto cléríg:n, y un eseribano íalUt de 

concienciíi, é de mala lialjiíidad, y otras taitas que en la maldad coneurrcn"; 

rTo la mayor p&rte de l**s autores con cuerda n en los dos casos prtJici pales 
!f«l>cr: el asesiaíito de Huáscar y la conspiración rontra los españoles, 
i 2 ] 1 1 erre r a ' * H i st oria ^cm ral " , déc. 5 J i b. 3 , cap . 4d íce: * * Hc^poa dio que 
I firmada, que era bastante para gue el Inca fuese condenada á muerte, por- 
que aún en lo exterior quísteron justificar su inlcnto/' 



156 



REVISTA HISTÓRICA 



ponsabilidad de su castigo. En consecuencia se intimó al In- 
ca la sentencia y al oírla perdió enteramente el ánimo, y con 
lágrimas en los ojos exclamó: **¿Qué hemos hecho yo ó mis 
** hijos para que me traten de esta manera? Y que lo hagáis 
** vos" añadió I dirigiéndose á Pizarro, *'vos á quien mi pue- 
*' blo ha tratadocon tanta amistad y benevolencia, con quien 
'* he partido mis tesoros y que no habéis recibido de mi sino 
** beneficios". Pidió luego con las expresiones más patéticas 
que se le perdonase la vida, oireciendo dar cuantas prendas 
se le pidiesen para la seguridad del último español del ejérci- 
tOp^3' prometiendo dar un rescate doble del entregado con 
sólo que se le diese tien)po para reunirlo [1]. Viendo Ata* 
huailpa que le era imposible ablandar el ánimo del conquis- 
tador, recobró su habitual entereza y se resignó á su suerte 

con todo el valor de un guerrero americano 

La sentencia del Inca se publicó á son de trompeta en la 
plaza principal de Cs^xamslca; y dos horas después de ano- 
checido se juntaron los españoles en ese lugar á la luz de las 
teas, para presenciarla cjeccción de lo mandado. Esto pasa- 
ba el 29 de Agosto de 1533* Sacaron á Atahuallpa con gri- 
llos y esposas, porque lo tenían cargado de cadenas desde 
que se alborotó el ejército por los anuncios del ataque délos 
naturales, [pretexto que alejó del lado del Inca á su mejor 
amigo y defensor, el muy noble y muy leal capitán español 
Hernando de Soto, cuya vuelta no quiso el jurado aguar- 
dar porqne tenía la evidencia de que los informes que este 
trajese, habían de ser muy útiles para corroborar ó desva- 
necer los rumores que corrían del alzamiento de los indíge- 
nas]. Iba á su lado el padre fray Vicente Valverde, tratan- 
do de consolarle y conseguir al mismo tiempo, si era posílile, 
que, en esta hora postrera, abjurase sus crroresy abrázasela 
religión de los castellanas. Quería que el alma de su víctima 
se librase en el otro mundo de la terrible expíaciún á que en 
este había condenado con tanto gtisto el cuerpo mortal. El 
dominico hizo la última tentativa en esta hora solemne, y 
cuando vio a Atahualípa atado al poste 3- rodeado de los 
haces de leña que iban á alimentar la fúnebre hoguera» em- 

fl] Pedro Pizarrín. "Descubrí «lie uto 3' Conquista'* . 
Herrera "Historia generar ', déc 5< lib. 3* cap. 't. 
Zarate ''Cüiiqüista del PerCr^ I ib, 2, cap. 7* 




EL CORREGIMIENTO DE SAí5A 



157 



■ füfÉ^tii crox y k pidió que la abrazase y recibiese el bautis- 
mo, ofreciéndole que de hacerlo así, la cruel muerteáque ha- 
bía sido condenado se le conmutaría en otra más suave, por 
medio del garrote [1]. El desdichado monarca preguntó si 
aquello era verdad, y confirmándolo Pizarro, consintió en 
renunciar su religión y recibir el bautismo. El Kvdo* Padre 
Val verde desempeñó la ceremonia, y el nuevo converso reci- 

fbió el nombre de Juan de Atahuallpa, por celebrársela fiesta 
de San Juan Bautista el mismo día en que se verificó este su- 
ceso [2J. Atahuallpa manifestó ser su voluntad el que sus 
restos fuesen llevadí>s á Quito, su patria, para que reposa- 
sen ídlí junto á los de sus nntepcisados por línea materna. 
Volviéndose luego ñ Pizarro le pidió, como por última súpli- 
ca, que cuidase de sus hijos pequeños y los tomase bajo su 
protección. Recobrando entonces su estoica serenidad, tur- 
bada por uu momento, se entregó en manos de sus verdugos, 
mientras que en derredor suyo los españoles rezaban en voz 
baja el Credo por el descanso de su alma (3), ¡De esta ma- 

[1] El garrote es un género de .suplicio que se cjecutflpormecliode una 
cuerda que rodea el euelU» deí críinínal con un palo atravesado en la pane 
de atrás, v fíand<j vueltas á este pido Se aprieta la cuerda y resulla la sofo- 
I cacidn. í^robfibk-niciitc se verifica rfn íisí la ejecución de Atahuallpa. En 
Espafla, en vez de cuerda se emplea un cuUar de hierro que por medio de uu 
torniUo oprime la jíarganta del pariente— Frescott "Comiuista del Perú", 
tomri I, liorü 11 1, cap. 7, folio 549- 

[2] Xere;E— '^Conquista del Pera** ap. Barcia tomo III, pág* 234— P, Pi- 
¡ zami, desculíriitiíentc) y conf|uÍí*ta. 

Pedro Sancho: "Relación** ap. Ramusic, tomo 3, pág. 400. 

\ cía^cci — ^"fiístoría de Quito", tomo I» pág- 372. 

i3i Sancho ap. Ramuaiu: tomo IIl* folio 399. 

Pedro PJzarro — "Descub. y Con(|/* 

A. de párate "Conquista del Perú*% libro 2, cap. 7* 

\V. Prrscott, "Conquiat^i del Perú"*j tomo 1, p¿S¿. 551; concluye didendor 
"La muerte de Atalinallpa tiene muchos puntos de semejanza con ladeCau- 
polican» el gran jefe araucano, según «e halla referida en el pcjenia histórico 
de Ercilla. Ambos abracaron en el cadaUo la religión de sus conquistad r>* 
reí», aamjuc CaupolicAn no logró tan bnena fortuna como el monarca pe- 
nianíí, portjuc su conversión no le libró de las torturas de lamásínhumana 
I armertc: fué empaladoy asaetado. Ercilla *'La Araucana", part. n,canto24, 

JereíÉ, el secretario particulpr de I^jzarro y cu3'a "Historia de la con- 
(|uista del Pera"» se injprimíÓ en España en 1534, dice "Los grandes males 
y cruclilade^ que en bus vasallos había hecho, así pagó; por que todos A una 
T02 dicen, que fué el mayor carnicero, y cruel que los hombres vieron: que 
por muy pequeña causa asolaba un pueblo (¿Los eañarb?], por un peque- 
no delito, que nn rolo hombre de el lloviese cometido; 3* mataba diex mil 
persona.^/' 

Pedro Sancho que sucedió á Jerez en ei oficio ruando éste marchó á 
Eíp'"'- ^ -n-n un tributo n;ás decente A la memoria del Inca^ qtiien confia 
"bíi i;:ado la gloria* pues murió nrrepentidn de sus culpas y en la 

venJ. 1 de cristiano, Ramusio, tomo ÜI, laiio 399. 




158 



REVISTA HISTÉRICA 



ñera y como un vil malhechor, pereció el filtihio de los 
Incas! 

El cuerpo del Inca permaneció toda la noche en el lugar 
de la ejecución. A la mañana siguiente fué llevado á la Igle- 
sia de San Francisco, y allí se celebraron sus exequias con 
toda solemnidad* Pizarra y sus principales oficiales se vis- 
tieron de hito, y las tropas asistieron con devoto recogí mien- 
to al oficio de difuntos que dijo cl Padre Val verde (1). 



D2 inmensa gravedad eran las reflexiones que agitaban 
el ánimo del afortunado guerrero; y de mucho peso las difi- 
cultades que se agruparon en torno suyo y le ponían en ar- 
dua perplegidad para la prosecución atinada y segura de 
una grandiosaempresa. Había deshecho un ejército y aprisio. 
nado al «soberano del país, haciéndole morir en el cadalso; 
pero Culi tan extraordinarios acontecimientos sólo estaba 
vencida una parte de la conquista, y para completarla era 
indispensable subyugar un territorio deeolosal extensión, en 
que habría sobra de elementos bélicos y caudillos que los su- 
pieran aprovechar. Faltábale someter la poderosa capital 
del CU35CO, centro de todos los recursos y donde residían va- 
rios príncipes descendientes de Huayna-Cápac, Debía espe- 
rarse le hiciese una cruda y porfiada resistencia; y que los 
magnates de Quito pusieran también en acción los medios 
conducentes á la defensa de aquel reino y á tomar vengatiísa 
de la muerte (le su Rey, 

Contra estos abares y temibles conflictos, y para tratar 
de que desaparecieran, agusaba Pizarro la fecundidad de su 
ingenio» que al cabo le sugirió la adopción de un pensamien- 
to oportuno y apoyado en buenas bases. Juntó á los nobles 
y á los militares notables que vivían atormentadtjs por la in- 
certidumbrey esperando un fatal porvenir; y para darles la 
mejor prueba de que no era su intención disolver el Imperio 
de los Incas, les expuso neceííitaba saber quién sería la per- 



(1 i Gt^mara — '*Hííítfjna de las IiKl¡as*\ cap, 118. 
Pedro PUarro — *'DeüCub. _y Cunt\ " 



EU CORREGIMIENTO DE SANA 



159 



I 

I 



aona más dif;na tk recibir la corona real Como ellos habían 
tenido á Atahtiallpa por soberano, y eran hechura suya, pro- 
pusieron íl un hijo de éste, que era muy joven y respondía al 
nombre de Toparpa, presemLliendo de los que existían de 
Huayíia-Cíipac y sin mencionar fi los de Huáscar, que había 
muerto. Pizarro lo aceptó con franqueza, y congregando á 
todos los señores c[ue debían intervenir en la ceremonia au- 
gusta que iba íi celelirarse, fué el príncipe Toparpa instituí^ 
do, saludado y reconocido por Rey con las demostraciones 
acostumbradas; bien que no estuviesen revestidas de la so- 
lemnidad que se observaba en el Cuzco, según los rituales in- 
herentes á la mage-itad de acto tan clásico. De esta manera 
y con semejante arbitrio, peuso Pizarro impedir que tomase 
cuerpo la resistencia que ya empezaba á sentirse y las hosti* 
lidades que al fin pudieran ser desastrosas. Era en verdad 
un rey de burla el que se habíaerigido: una potestad fiicticia 
y de autorizada íars:i que servía de instrumento á los planes 
del jefe de la conquista y de activo y eficaz resorte para con- 
tener á los habitantesy someterlos, sofocando unaalarman- 
te conflagración [1]. 

Ya sólo pensó entonces en lle^^ar cuanto antes al Cuzco, 
de cuya emdad corrían entre las tropas las descrifjciones 
más brillantes; decíase que sus templos y palacios reales des- 
luml>raban con el brillo del oro y plata ele que estaban cu- 
biertos. Con la imaginación exaltadaportales noticias salie- 
ron Pizarro y sus compañeros en la madrugada del G de Se- 
tiembre de 1533 de la clwhiá dü Caxamalca^ lugar para siem- 
pre memorable, por haber sido teatro de las escenas más ex- 
trañas y sangrientas ctue menciona la Historia- Iríaucn todo 
casi quinientos hombres, [ludiéndose calcular la cahallena en 
cerca de una tercera parte. Todos emprendieron la marcha 
llenos de entusiasmo: los soldados de Pizarro porqueespera- 
han aumentar las riquezas que ya poseían, y los de Almagro 
porque contaban con tjue en lo sucesivo tendrían en los des- 
pojos la misma parte que los ** primeros conquistadores/* 



[l] M. de Mcndíliuru *'rKccir>fiario Histórica BiográficodelPírñ*%tom. 

I de !fl Ve^fl -* *'Cüm. RcaK*, parte I, libra T, cap, í>. 

i ; aarro, ''ncscubrimíento y Conquista'* * 

Níiliarro — **Kc!ác¡<Sn Stniíaria" ' 

Pedro Saocbo — Fícij ap, Karnusio, tom. MI, folio 4tK). 



IPO 



REVISTA HISTÓRICA 



El joven Incayel vicjogeneralChallcuehima marcharon tam* 
bien en sus literas con una numerosa comitiva de vasallos, 
con tanta pompa y aparato como si todavía gozasen de una 
autoridad efectiva [1], Después de una fastidiosa marcha 
en la que pasó por varios pueblos y ciudades de alguna con- 
sideración» siendo las principales Guamachuco y GunnticOt 
(lió vista Pizarro al rico valle de Xauja, Durante la marcha 
aunque harto penosa, no pasaron miichos trabajos, excepto 
al vencer las erizadas crestas de las cordilleras, que aveces se 
les atravesaban en su camino; asperesías en que se ven engas- 
tad os como perlas los hermosos valles esparcidos por estas 
regiones elevadas. En los puertos de las sierras tes molestó á 
veces el frío, pues que para caminar más á la ligera sólo lle- 
vaban consigo el bagaje muy necesario, 3^ ni aún siquiera ve- 
nían provistos de tiendas. Los vientos helados de las mcm- 
tañas penetraban por entre las gruesas armaduras de los 
soldados; pero los pobres indios vestidos más á la ligera y 
acostumbrados á un clima caliente, padecían mucho más. 
Parece que en los españoles era igual el esfuerzo del cuerpo v 



[I j Fresco tt "Conquista del Pcrú'\ tom. 1, pá^. 567, se expresa dd ca- 
mino rtal de los Incas en los tínnínos sijyrüítnteí** "'Su ain;hura era casi sícm- 
pri! la misma, aunque según laclase de terreno se advertía en su construc-, 
cióti masó mencis esmero. Pagaba á veces por valles llanos y hermosos 
donde la iiatnraleza puso poeos estorbos al viajero; otrus veces'djasígyten- 
do el curso de un torrente cfue rodeaba la base carcomida de alj^utia roca, 
donde ajanas podía asentarse el pie: en otras cuando ía sierra era tan es- 
carpada que 3*a partéela imposible el pasar más adelante ei tamiitü se aco- 
modaba á las desigualdades naturales del terreno é iba rodeando las altu- 
ras fjue no podían subirse en línea recta. Pero aunque todo estaba construi- 
do con mucho tino, era sin embargo un paso muy difícil para la caballería. 
Había escalones abiertos en las montañas; pero "los filos de las piedras cor- 
taban los cascos á los caballo9> 3' á pesar cíe que los ginetes echarcm pie A 
tierra 3- les llevaban del diestro^ padecían mucho los animales en suscsfucr- 
jEos para afirmarlos pies. El camino fijé construido para gente de á píe y 
para el hgero llama, y la única bestia de carga prcq^ia para transitar por 
él» era ía firme 3* sagaz amia de que por entonces carecían los aventureros 
españoles* Por una rara casualidad, la Esparta era el país de las nmlaa, y 
de este modo se prove3'eron muy ])ronto en el Pera del animal qwc parece 
haber sido criado expresamente para los difíciles pasos de la sierra, frope- 
zaban también íi menudo con otros íibstáculos, en los caudalosos torrentes 
(jue se descolgaban con ímpetu de los Andes. Para atravesarJos ííÓIo había 
puentes colgantes de bejucos , cu3'a débil materia se filé rompiendo á poca 
tiempo coa el tránsito de la caballería^ v quedaron llenos de ajínjeros que 
hacían mucho más pchgroso eí paso. Por todo el camino encontraron tam- 
bos 6 casas de postas para alojamiento de los correos reales establecidos á 
distancias fijas; y almacenes de granos y otras cosas acopiadas en las ciu- 
da des principrJes para el consumo de los ejércitos indios. Los es pan oles cui- 
daron de aprovetaarsc de la prudente previsión del gobierno de lúa Incas." 



EL CORREGIMIENTO DE SA^A 



IBl 



I 
I 



el del espíritu, lo que lea hacía casi insensibles alas variacio- 
nes del clima. 

Ya á ciiicQ leguas ríe Jauja^ con -«esenta y cinco caballe- 
ros mandados por tres capitanes» seguidos de indios carga- 
dos de oro y bagajes, derrotó Pizarro las tropas de Quis- 
quís. Llegó á Porci sin novedad y después de una jornada 
de una legua penetró en el pueblo \' Tambo de Hatun Sansa. 
Allí por las noticias que se tenía de Ins buenas provincias 
circunvecinas y de las muchas ciudades que había por todo 
el contorno de ella» resolvió fundar una colonia española en 
nombre de Su Magestad, pues consideraba aquella posición 
muy ventajosa para mantener sujetos á los indios de hi sie- 
rra, y que serviría al mismo tiempo para facilitar las comu- 
nicaciones de la costa. En el entretanto determinó enviar 
á Soto con sesenta caballos para que se adelantase a explo- 
rar la sierra é hiciese reponer los puentes que el enemigo ha- 
bía destruido [1], Ya los indios habían quemado parte de 
la ciudad [2] * aporque los españoles no se aprovechasen de 
ello é como estos indios viesen venir los españoles se retruxe- 
ron de la otra parte del río que por esta ciudad pasía, que 
iba á la sazón creciendo; los españoles lo pasaron é rompie- 
ron los indios con muerte de todos ellos que por averigua- 
ción se di6 no haber escapado cinquenta. Vuelto los españo- 
les á esta ciudad é reposado aquel día é parte de la noche ve- 
nideros por que estaban todos muy fatigados» é loscabnllos 
cansados ynformado el Gobernador de la comarca, é vis- 
to ser este asyento convenyente para asentar pueblo despa- 
noles con acuerdo del padre fray Vicente [Val verde] éconlos 
oficiales de S* M., fundó pueblo en este asiento, al que puso 
por nombre la ciudad de Jauja, como entre los naturales se 
llama, é porque no oho españoles que tomasen en ella vecin- 
dad é por ir á evitar los daños que la gente de guerra faxiaá 
los naturales, no tu viendo tiempo conveniente para tazer el 
depósito de ellos, el Gobernador fechos sus Alcaldes é Regi- 
dores que administrasen justicia é ochenta ombres, los cua- 
renta de caballo que quedaban en guarda de esta cibdad é 
del oro de Vuestra Magestad é de los españoleSp que aquí 



[l] A. de Herrera "Historia genera!** Déc, 5, lib. 4, cap. 10. 

[2] Torres Saldamando — "Cabildos de Lima''» tom, [, pág* 289» 



REVISTA HISTÓRICA 



C|uedQ para seguridad de la.Gomarca dexando porsuTenien- 
te^al Thesorero de Vuestra Magestad se partió para el Cuzco 
con ciento de caballo c treinta de pie» llevaiido consigo alca* 
pitan Chalicnchima (Chalcuchímac)/' Délos testimoniosin* 
dtcadoi se deduce que PiEarro dejó establecida, pero no fun- 
dadíi^ In nueva ciudad de Jauja en su primer viaje al Cuzco. 
i^or eso Pedro Pizarro coloca la fundación en 1534, cuando 
Francisco Pizarro volvió de la capital del Imperio {Cu;íco), 
á Jauja. Y, como dice Jiménez de la Espada, no lia_y docu- 
mento firmado en esa ciudíid antes del 24 de Mayo de 1534. 
Dejamos dicho que Fizarro envió á flernando de Soto 
con sesenta caballos pjíra que se adelantase á explorar la 
Sierra y que verificado el reconocimiento y previas las pre- 
cauciones requeridas, continuaron sobre el Cuzco» ciudad que 
ocupó Pízarro el 15 de Noviembre de 1534, al año justo de 
haber ocupndo la ciudad deCaA-ama/ca. La tropa de Pizarro 
S€ entregó Hbreínente A recojer el oro, plata y alhajas que 
apuntaban por todas partes; y ñ escudriñar lo mas oculto, 
sin reserva ni dejos sepulcros, para descubrir vaporlerarse de 
cuantas especies valiosas encontraron. El Gobernador man- 
dó la reunión de todo para extraer previamente el cfuinto 
del Rey y pasar, desde luego al repartimiento. Hecho así se 
advirtió lo mucho que habían robado los yanaconas y de- 
más indios amigos en momentos en que los españoles llega- 
ron á hastiarse á la viata de tan crecida riqueza que3'a esti- 
maban poco. Se ha asegurado, fué mucho más lo que escon- 
dieron y sepultaron los intlios, y que solo la ropa 3- telas que 
desaparecieron valían 2»000,000 de pesos oro. Para la dis- 
tribución del caudal se fijaron 480 partes y cada una montó 
á 4,000 pesos de oro: algunos han escrito que dos mil con 
más setecientos marcos de plata; y que la pedrería la tomaba 
cualquiera á su voluntad. La cuidad del Cuzco era la más 
suntuosa y magnífica del imperio como principal residencia 
de sus njonarcas. Había en ella templos, paKicios y casas de 
admirable construcción formadas de piedras de extraordi- 
narias dimensiones, cuyas casi imperceptibles junturas, puli- 
mento 3^ labores, por lo difícil y esquisito del trabajo, se re- 
putaban obras maravillosas y de misterioso ingenio, sin 
que pueda conocerse los medios empleados para su ejecu- 



* 



BI. CORREGIUIENTO DE SAÍí.i 



163 



I 

I 
I 



I 



I 



» 



cióft. El oro 3' plata que entraba en el Cuzco no salía de 
allí, y numerosos artífices lo reducían á láminas y curiosos 
artefactos, que revestían y ornaban el interior de los tem- 
plos, palacios reales y estancias dtf los graneles dignatarios, 
Ofrecíase á la contcrap)aci6n lo soberbio y espléndido de la 
fortaleza destiníida á la defensa de la ctudadí monumento 
gigantesco Cjue al mismo tiempo perpetuíiba el prodigioso 
poder de los soberanos que lo erigieron. En los palacio!^ rea- 
les se hall 6 oro mezclado con la argamasa que unía las pie- 
dras, sin duda para eterna memoria de los autores de tan 
portentosos edificios. Al presenciar los habitantes del Cuz- 
co los desastres de su naeióni destruida y esclavizada por la 
tiranía y crueldad de extranjeros implacables, quejábanse 
de sus dioses, que habían permitido el acFibamiento de su re- 
lífeióny de las cosas más sagradas: lloraban amargamente la 
pérdida de sus haciendas, de sus mujeres é hijos y maldecían 
á Huáscar y Atahuallpa, culpando á sus desenfrenadas pa- 
siones tan lamentables infortunios. 

El lunes 23 de Marzo de 1534 se levantó el acta déla 
posesión y fundación del Cuzco. En ella consta que Francis- 
co I'izarro autorizó aquel acto solemne en las gradas de la 
picota que días antes mandó hacer en medio de la plaza, y 
pidió se te diese testimonio y pusiese que él con un puñal su* 
yo labró algo de las dichas gradas y cortó un nudo de ma- 
dera de la citada picota, en presencia de los concurrentes. 
Que practicó lo% trámites de la fundación de la ciudad dán- 
dola por título '1a muy noble y muy grande ciudad del Cuz- 
co'", todo en nombre del Rey y sujeto á su aprobación* Apa- 
rece ñrmado el mstrumento en forma por Francisco Pizarro, 
fray Vicente Val verde, los capitanes Gabriel de Rojas, Fran- 
cisco Godoy» Juan Pizarro, Gonzalo Pizarro, el Bachiller 
Juan de Balboa y Alonso Medina, ante Pedro Sancho Ton- 
cino, escribano y secretario del Gobierno. (1) 



Hallándose todavía en el Cuzco el Gobernad or^ le llega* 
ron las nuevas de un suceso de más gravedad para él que 
todas las guerras de los indios. Lo que le anunciaban era el 



{l¡ M. de Mcílciburu '"Dk. Uhi. Biog. ckl Ft-nV* Tom. VI» pñg. 443. 
3 



164 



REV'ISTA HISTÓRICA 



arribo de tm crecido número de españoles conducidos por el 
Adelantado don Pedro de Alvaiado. 

Dejaremos advertido que antes que Bciialcázar salín de 
CaxamalcR (1) el piloto Juan Fernández, que desde Xica- 
ragua había sido su compañero de negocios y con quien es- 
talla ya eneaiistado. Éste sigui6 su viaje á Guatemala 3^ 
allí ponderando la ^ran unulencia del Perú, fomento la am- 
bición del Adelantado don Pedro de Alvarado, excitándole 
para que^ en oposición á las órdenes del Empera lor, expedi- 
cionara á la conquista que hacía Pixarro* {2) 



Era el Adelantado don Pedro de A I varad o [3] el mis- 
mo capitán que a las ordenes íle Hcrnáti Cortés, acababa de 
ganar tan alto renombre en la conquista de México, Este 
caballero, después de hacer en España un brillante casa- 
miento, cual merecía por su nacimiento y su grado en la mi- 
licia, había vuelto á su gobernación de Guatemala y una 
vez allí, los lisonjeros informes que el [jiloto Juan Fernán- 
dez y ütroá le llevaron de las conquistas de Pizarro, llega* 
ron á despertar sy avaricia. Aquellas conquistas,segíin le de* 
cían, se limitaban hasta entonces al Perú, permaneciendo 
todavía intacto el reino de Quito, antigua residencia de 
Atahuallpa, donde, sin duda tenía, guardada la mayor parte 
fie sus tesoros. Fingiendo creer c|ue este país caía fuera de 
la jurisdicción del Gobernador, hizo tomar el rumbo de la 
América Meridional á una numerosa nota que destinaba 
para las islas de la Especería, y en Alarzo de 1534, tomó tie- 
rra en la bahía de Ca raques, con quinientos hombres, la mi- 
tad de á caballo, y todos perfectamente provistos de armas 
y municiones. Hasta entonces no se había visto en los ma- 
res del sur un escuadrón tan numeroso, ni mejor pertrecha- 
do [4]* Aunque aquello era una invasión manifiesta del te- 



(1) M. de Mcíuliburu, obra citada. Toin. 6. f. 444.. 

2) M. de Meriíííburii, "Djc Hist. Biiig. del Perú" tom- « pág. 438* 

[3] Prescüit* ''Comí, del Perú" tom. 1 pág. 6(J6. 

[4J F^rtseott, tom I pág. BOT. 

Los historiadores no convienen tn d número; pero de una informacióit 
judicial hoc'ha en Guatenmla. resulta que eran por todos 5U(J bombres; de 
dios 23Ü de cabaUcría— Santiago, Stbre 15 de 1536 — M. S. 



BL CORREOIMIESTU ÜK SANA 



165 



I 



mtorio concedido á Pizarro ¡)or la Corona, no tuvo escrú- 
pulos Al varad o en marchar directamente sobre Quito* Con- 
tando con el auxilio de un guía indio se dctermiiíó á tomar 
el camino recto por las sierras; trav^esía sumamente difícil, 
níln escociendo ta estación más favorable. Pasando el río 
Da lile se le huyó el gum, de manera que Al varado se halló 
en breve perdido entre las tortuosas sendas de la sierra» y 
como iba subiendo cada vez más, se vio al fin rodeado de 
nieves y hielos, c|ue su ^ente» sacada la mayor parte de las 
tierras calientes de Guatemala, no era capaz de resistir. 
Crecía el írío, y llegó á tal extremo» que paralizaba sus mo- 
vimientos y apenas les permitía el andar. Los de á pie al^o 
se aliviaban con la faliga de la marcha; pero algunos jine- 
tes llegaron A quedarse helados en las sillas. Los miserables 
indios sin abrigo y más sensibles al frío, perecían á centena- 
res. Venida la noche se abrigaron como pudieron los espa- 
ñoles con las pocas tiendas que traían, recogiendo para et,- 
cendcr fuego la escasa leña que hallaron; de este modo y ca* 
si sin aliento, aguardaron sumidos en triste silencio la llega- 
da del día. Más la nue%*a luz no les trajo ningún consuelo^ y 
al iluminar con sus pálidos rayos aquella escena de desola- 
ción, no hizo otra cusa que presentarles con más claridad 
los desastres de la terrible noche. 

Siguieron, sin embargo, esforzándose por vencer los 
puertos nevados, c(uedando tristemente mareado el camino 
que seguían, por las armas, vestidos» preseas y otros despo- 
jos de la campaña, que dejaban tirados, y además, por los 
cuerpos de los muertos ó de los infelices que dejaban aban- 
donados á perecer en aquella soledad, Alas, los caballos 
muertos no permanecían por mucho tiempo en el suelo, por 
que los hambrientos soldados se echaban al punto sobre 
ellos y los devoraban medio crudos. Estos infelices, á seme- 
janza de los Acoraces cóndores que revoloteaban á bandadas 
sobre sus cabezas, se abalanzaban á los más inmundos ali- 
mentos, para satisfacer las insufribles exigencias del hambre* 
Deseoso Alvarado de salvar el botín que había adquirido 
€11 los principios de la jornada, hizo pregonar publicamente 
que cada uno podía tomar de las cargas el oro que quisiese 
pagando tan sólo el quinto real, Pero los soldados no se 



166 



REVISTA HISTÓRICA 



aprovecharon del permiso y sólo respondieron burlándose: 
'*qüe el vcrfladero oro era eQmer'\ Xiéronse^ sin embariío, 
en íiquella extremidad en que parecían 3- a rotos hasta los 
vínculos déla naturaleza» varios ejemplo5s de lealtad qye 
conmueven: de soldados que perdían la vida auxiliíindo á 
sus camaradas y de padres y esposos (porr|ue algunos caba- 
lleros traían consigo sus mujeres) que en vez de pensar en su 
propia salvación, prefinan más bien quedarse y perecer se- 
pultados en la nieve con los objetos más queridos de su co- 
razón. Para colmo de desjjrracias, durante muchos días no 
cesó de llover sobre ellos arena y cenizas, que les cegaban y 
les impedían casi del todo la respiración, (1) Seguramente 
provendría este fenómeno de alguna erupción del lt*jano Cn- 
topaxi,el más el hermoso y el más terrible de los volcanes de 
América, que á las doce leguas al ¿sudeste de Quito, levanta- 
ba su orgullosa cabeza mucho más allá del límite de las nie- 
ves perpetuas. [2] Al tiempo de la expedición de Al varado 
se encontraba precisamente en erupción, la más antigua de 
que ha^^ memoria, aunque no la primera, sin dudn. 

Los compañeros de Alvarado^ ignorantes de la causa de 
este fenómeno, al verse medio enterradtijí en la nieve, cosa 
nueva para ellos, y rodeados de una atmósfera de ceniza, 
perdieron el tino en medio de esta confusión de los elementos 
que parecían haberse conjurado para acabarlos. Había en- 
tre ellos algunos antiguos soldados de Cortés, endurecidos 
por mil penosas marchas y más de una sangrienta batalla 
contra los astecas; pero confesaban que esta guerra de los 
elementos era superior á todo, 

AI varado, en fin, después de fatigas inauditas que pron- 
to iban ja á rendir aún á los más robustos, salió de los 
Puertos Nevados y entró en las elevadas llanuras cerca de 
Riobamba, situadas á más de nueve mil piés sobre el nivel 
del mar. Pero la cuarta ]>arte de su lucido ejército y más de 
dos mil indios auxiliares, quedaron en los montes para ali- 
mento de los buitres. De los caballos pereció también el ma- 



(1 1 Oviedo y Histona de las ludías" Parte 3, lih. K, cap. 20. dice: "Co- 
menzó á llover tierra del ciclo» c|ue cegalta á hombres y caballos, de niaiicra 
([iie los árhulcs v matas estaban cubiertos de polvo* 

[2] "Conq. del Perú", tom. I, lib. 3, cap. 9. 



EL COHRBCtMIñNTO DE SANA 



167 



fov numero, y 1ü*5 que escaparon con vida, tanto hombres 
torno caballos, salieron todos, más ó menos, estropeados 
por el frío, el haniííre y la extrema fatiga. Tal fué el terrible 
paso de los I'uertos Nevados, que he referido suscin tatúente 
como un episodio de la conquista del PeriK [1]. 

Así que A! varado, despuís de dar un descanso á sus aba* 
tídas tropas, comentó á marchar por la inmensa llanura, se 
quedó asombrado al descubrir en la tierra, frescas huellas 
de caballos. Era claro que ya antes habían llegado alíí espa- 
ñoles, y que después de trabajar y padecer tanto, otros se le 
habían adelantado en la conquista de Quito!! 

Más, conviene que nos deCengamtíS un poco á explicar 
cómo sucedió ésto: 



II 



I 

^B Meditando Píxarro que la nueva ciudad de San Miguel, 
^^or su situación cercana á la marina, tenia que ser el primer 
punto a donde había de acudir la gente que viniera de Pa- 
namá y costa del Norte, dictó varias providencias á fin de 
<^ue esa |í oblación se pusiese en el mejor pié de orden y con 
los preparativos convenientes. Para hacerlas efectivas, nom- 
bró por su lugar-teniente gobernador, al capitán Sebastián 
de Benalcázar. [2]. 
^^ Dejamos advertido más arriba, que antes de Benal- 
^Há;ear salió de Caxamallca el célebre piloto Juan FernándesE, 
^^ue desde Nicaragua había sido su compañero de negocios y 
con quien estaba ya enemistado. Este siguió viaje á Guate- 
mala, y allí, ponderando la gran opulencia del Perú, fomen- 
tó la ambición de Alvarado, exitándole á la com|UÍsta de 
i Q uito, conquista que, como acabamos de demostrarlo, fué 
^Bln verdadero desastre para el Adelantado. 
^H Volviendo a don Sebastián, á quien dejamos en marcha 

r [1] A- de Herrera * Historia ^cnerflV, déc. 5, lih. 6, cap. 1» 2, 7, 8,* y 9. 

* —Óvkúí» HÍHt. tk las IiMÍias, Parte 3, lib. 8, cap» 20. 

— Cftrta de Pedro tic Al\'arado al Emperador Carpís V., fachada en San 
Mt^ocl de Piufa, el 15 de Enero de 1535, en viaje á Guatemala. 

[2] M. de Mendiburu ^VÜic. Hisst. del Ferú'\ tom. 6. pág. -hSH, distiii- 
ue á Don Sebastián, con el apellida i de Ben alcázar [así], y Prcscott» Hist. 
la Cñiiq del Perú, tum 1. páp, 61^ le apellida Fenalcáiar [así] No3u> 
scgutPcmQS llamándole Be n aleaban 




1P8 



REVISTA HISTÓRICA 



sof)re Piura, destinado á gobernar esta provincia» no es in- 
dispensable decir que este denodado capitán, dé genio belico- 
so j emprendedor, concibió el plan de invadir y dominar el 
reino de Quito, Mas, apenas había tomado posesión de su 
gobierno, cuando llegaron, lo mismo que á Alvarado» tales 
noticias de las riquezas de Quito, riquezas que había dejado 
Huaina-Cápac, y las que era consi^^uiente existiesen en 
una capital poderosa, de la cual no llegó á recibirse en Cn- 
xamallca caudal alguno para el rescate del Inca. Resolvió en 
consecuencia emprender esa conquista, con las fuerzas que 
mandaba, aunque no tenía órdenes para ello. 

Aceleró sus aprestosBenalcázar, excitado también por el 
Cabildo de San Miguel fie Piura; se puso en camino á fin de 
ocupar antes que Alvarado el territorio que codiciaba, y, á 
la cabeza de unos ciento cincuenta soldados de á pié y de á 
caballo y de un crecido número de amigos de la tribu de los 
Cañaris, que le ayudaron con gente armada, encumbróla 
Cordillera hasta salir á las llanuras de Quito, por un cami- 
no más breve y seguro que el escogido por Al varado. En los 
llanos de Riobamba encontró al general indio Rumiñahui 
(Rumiñavi lo llama Fresco tt), y tuvo con él algunas refrie- 
gas con vario suceso, hasta que siendo el valor igual, triun- 
fó la disciplina; y el victorioso Benalrázar enarboló el están» 
darte de Castilla en los antiguos torreones de Atahuallpa, 
cuya ciudad fundó el 15 de Agosto de 1534, y, en honor de 
su general Francisco Pizcirro, dio á la ciudad el nombre de 
San Francisco de Quito, Causóle, no obstante, harta pesa- 
dumbre el advertir, que, ó bien eran falsas las noticias de 
sus riquezas, ó éstas habían sido escondidas por los habi- 
tantes. La ciudad iué lo único que ganÓ con sus victoriasj 
la concha sin la perla, á que debía todo su valon Mientras 
sobrellevaba este golpe, lo mejor que podía, reci!)¡ó nuevas 
de que su jefe, el Adelantado don Diego de Almagro se acer- 
caba. (1). 



(1) A. de Herrera *'Htst. general, d&. 5, lib. 4, capts. 11, 18: lib. 11, 

capts. 5 y 6- 

—Oviedo " Hist, de las Indias— Píír te 3, libro 8, cap. 19, 

'-Carta de Benalcá^^ar á Cados V; su fecha en Quito, á 15 de Aggslcí de 

1534 M, a 



EL CORREGIMIENTO J>E BAÜA 



169 



En los días en cjue Benatcázar organizaba sus tropas 
para cmprt*ndcr por su cuenta la conquista del reino de Qui- 
to, llegó de Nicaragua el Capitán don Gabriel de Rojas 3^ le 
íMó avisos ciertos de que el Adelantado don Pedro de Alva- 
rado, realizaba su expedición al Perú, decidido á ocupar cl 
dicho reino de Quito, en el concepto de que la autoridad de 
don Francisco Pissarro, no comprendía ni abrazaba ese te- 
rritorio. Una n()ticia de tamaña entidad impresionó sobre- 
manera á Benalcáiíar, quien dii^puso que Rojas, bien acom- 
pañado, nía reliase sin tardanza donde estuviese el Goberna- 
dor l'izarro, con cl objeto de que le trasmitiera cuanto co- 
[municaba sobre el particular. 

Alvarado lial)ía arrebatado á Rojas, dos navios que con 
200 homlircs tenía listos para auxiliar á Pizarro, de quien 
rra muy amigo 3- partidario. (1 ), 

E) Capitán don Gabriel de Rojas, en su marcha al Cuz* 
co, al pasar por Andahuaylas, se presentó al Adelantado D, 
Diego de Almagro, de retén en ese lugar, y lo puso al co- 
rriente de las graves noticias de que era portador. Almagro 
le ordenó entonces que sin pérdida de tiempo fuese al Cuzco 
á verse con el Gobernador, 

Pixarro, después de conferenciar con el Capitán Rojas y 
de enviar sus órdenes á Almagro, se hallaba lleno de inquie 
[tud y recelo con la venida del Adelantado Alvarado. 

Al magro j sin desperdiciar un instante y previas las ins- 
trncciones que haljía recibido del Gobernador, se puso en 
camino para San Miguel de Piura, Dejó al Capitán Hernan- 
do de Soto la tropa que estaba á sus órdenes, y aconsejó á 
Pizarro no se moviese del Cuzco. Ya en Piura le alcanzó el 
Capitán D. Diego de Agüero y Sandoval, con ordénese ins- 
trucciones de Pizarro. 

No quedó poco asombrado cuando llegó á la ciudad y 
siipa que no estaba en ella su teniente de gobernador, Se- 
bastián de Benalcá2ar,que ya era calumniado por haber ido 
á Quito sin autorización; hecho que justament'* había tras- 
tornado las miras d^í Alvarado, á quien, sin razón ni criterio, 



(1) M. dt Mcrtdiijuru ''Dic. Hit. del Pcril*\ totn, Vi, páginas 4t5 
jr 447, 



170 



HEVISTA HISTÓRICA 



se le suponía unido, con daño de sns propios derechos; dudo- 
so, pues, Almagro de la pureza de las intenciones de D. Se- 
bastián, no vaciló, con la fogosidad propia déla juventud, 
algo apagada en verdad por los achaques de la vejez, en 
meterse por las montañas en busca de Bcnaícázar, á quien 
hizo llaman [1] 

Venciendo el resuelto veterano con su acostumbrada 
energía las dificultades de la marcha, dentio de pocas sema- 
nas, se halló con su tropa en las elevadas llanuras de Río- 
bamba, aunque en el camino hubo de resistir más de un rí- 
guroso ataque de los naturales, cuyo valor y constancia re- 
saltaban más, comparados con la indiferencia de los perua- 
nos, ¡Pero aún no había llegado para éstos, la hora de 
TOanifestar el fuego que en sus pechos ardía! 

Obedeció Benalcázar al llamado del Adelantado Alma- 
gro y en Riobamba se le presentó con su tropa y le negó, 
acaso de buena fé, el haber Uevíido ninguna intención torci- 
da al emprender, sin órdenes, aquella entrada. Va con este 
refueríso y al frente de 185 hoinbres esperó tranquilamente 
el capitán español la llegada de Alvarado. Las tropas de 
este último, aunque más maltratadas, eran superiores en 
número y en equipo á las de su rival. Cuando se hallaron 
frente á frente en las inmensos llanos de Riobamba, parecía 
inevitable un combate sangriento, que procurara á los na- 
tur¿iles la satisfacción de ver vengados sus agravios por 
los mismos que se los hicieron* Pero Almagro no quería que 
las cosas viniesen á tal término* 

Mientras tanto ¿qué pasaba en el ánimo de los dos Ade^ 
lantados? Lo siguiente: 

El General don Manuel de Mendiburu al escribir de don 
Diego de Almagro dá noticias detalladas de los principales 
hechos que pasaron hasta que Alvarado desistió de su em- 
presa; los marcaremos aquí sólo en estracto, desde que el 
lector tiene en su mano examinarlos en aquel artículo y en 



[1] Frescott "Conquista del Perú*' 
ginas 613—614 



tomo I| libro 1 11, capítulo 9, pá- 




EL CORREGIMIENTO DE SANA 



171 



el del mismo Alvícrado. (1): 1^ Este encontró ocupado el 
territorio que pensó estuviese expedito para conquistarlo* 
2'' Altiingro, que á precaución había fundado la ciudad de 
Quito, dirigió una protesta enérgica, le intimó se volviese á 
Guatemala y le hizo ver Cjue el Rey le destinaba el territorio 
al sur de Chincha para que lo gobernase, 3"^ Envió comisio* 
nados para tratar, encargíindoles tentar háljümente á los 
soldados de Alvarado, ya muy desanimados, para que le 
abandonaran y se quedasen en el Perú, lisongéandolos con 
grandes riqucüas y un felisí f)orvenir. 4-^ Alvarado st en- 
contraba atemorizado de lo que podría sobrevenirle, y de 
los malos síntomas que advertía en su gente. Manifestó 
haber hecho grandts gastos y sacrificios; asegurando que 
nunca fué su ánimo peiiudicar á Pixarro y Almagro, deso- 
bedecer al Rey ni ir contra las disposiciones de la Audiencia 
de México, 5" Conferenciaron ambos jefes en Riobamba y 
celebraron un convenio^ en el cual se estipuló que Alvarado 
se volvería á Guatemala recibiendo antes 120,000 castella- 
nos de oro y dejando en el Perú su tropa^ buques y parque* 
El tratado se hizo en forma de esc^tura pública con fecha 
2G de Agosto de 1534, ante el escribano Domingo de la Pre- 
sa y testigos, (2) 

Comenzaron, pues, las negociaciones, y cada parte ale- 
gaba los derechas que creía tener á aquella provincia. En el 
entretanto, las tropas de Alvarado trataban continuamente 
con las de Ahiiagro, y escuchalmn allí tales relaciones de las 
riquezas y maravillas del Cuzco, que ya muchos se inclina- 
ban á pasarse á las filas de Pixarro, Hasta su mismocaudillo 
convencido de que la posesión de Quito no bastaba á com- 
pensar los trabajos pasados y los que, según las apariencias, 
aún le quedatian por sufrir si persistía en su empeño, comen- 
zó A echar de ver la ligereza y temeridad con que había pro- 
cedido, exponiéndose á incurrir en el desagrado de su sobera- 
no. Dispuesto su ánimo de este modo, no era ya difícil que 



(1> M. át MciidÍburu*'Dic. Hi^t. Bio^, dd Pord*Mom. 1 pág. 447. 

(2) rirnifiron por d AtídaiUado don íííes?o de Almagro, por no sal>cr 
tccr ni escríljír y ñ su niegit, el capitán Die^^o rk- Mt»ra y Blas de AlienzA, 

— 'ytihitaníi, **Vídíi de cspíifiolost:<JleUrí?s'* dice que en ese instrumento 
fjuc él vi6, sólo constan l(Kí,(M)(í |3C5ios y lo rnisinr. dice Prcscott **Con(j. dd 
Perú" lun). I, prtjtí, 015 (fiie fLiLron cien tuú pesos de oro 
4 



173 



BHVJSTA HISTÓHICA 



se arreglasen satisfactoriamente los puntos en cuestión» y se 
convinti, por |)rincípia, en que el gobernador pagaría á Alva- 
vado üwn mil pssos íJe oro (1), eom prometiéndose este úl- 
timo á cntrL'garle sus navios. Los buques eran doce, entre 
grandes y pec[iieñns, y la suma que recibió en pago, si bien 
crecida, no alcanzaba á cubrir sus rlesembolsos. 

¿Qué valor intrínseco representaba, en realidad, la suma 
de cien mil pesos oro^ base de la estipulación entre Ahna* 
gro y Al varad o? 

Para reducir las sumas de que se hace mención en el ac- 
ta que acabamos de citar, dice el señor l'rescott en su His- 
toria de la Conquista, tomo I página 527, bastaba haber- 
se aprovechado, como lo liizo antes en la Historia de la 
Conquista de México, de Ujs trabajos del señor Clemencín, 
Secretario que fué de la Real Academia de la Historia de Ma-» 
drid. En el toino 6'^ de las memorias de la Academia, escrito 
todo por el, incluyó este distinguido literato un curioso en- 
sayo sobre el valor de la moneda en el reinado de los Re- 
yes Católicos* Aunque este período (el final del siglo XV) 
sea algo anterior á la conquista del Perú, con todo, mis cál- 
etilos bastan á nuestros propósitos, porque hasta en ton* 
ees no se había alterado mucho el valor intrínsico de la 
pie^a^ es decir, el valor que deriva del peso> le}^ etc., del me- 
tal, circunstancias que se determinan fácilmente. Luego hay 
que averiguar el valor coniercial ó estimativo de la moneda; 
es decir, el valor fundarlo en una coni[)aración de la diferen- 
cia entre la cantidad de niercancías que podría comprarse 
con una suma determinada en aquellos tiempos, y la que se 
conseguiría con la misma en nuestros días. En esta última 
averiguación se tropieza con graves obstáculos, por la difi- 



(11 No fSltuí rlc acuerdo hift oscntorcs en la sunm fiagaclíi d Alvfiríido 
pur imlcm»izí4eiói%; [icro tantn ésU- Cf>mo Alninírrn en sus cartafi ni límpe- 
ratlcrr, iksCí>níH.'iíla8 lmr»ta ined indos <lc:l si^ltj KlX, cnnvif?ntfn etj \n ^iima 
fijada en el te JtUí. Alvarndo ísc lamenta do i^ue nti le í|ucdi'» rttro arhítrio 
que tomarla, aunc|nc le rcsíidtahfi jrrave jxírclida á él, lo mísmu uucíi la O"- 
roña piir el malíifíní ele ^u espcdknóii, «egíin lo ¡n-sltttía mwicst/nnentc 
(Carta do Alvaradn al Kniperaflor M. Sj 

Almajírií, siacmbarípo, sostiene (¡uc la suma pajíaria era tres veces mát 
de lo que merecía el armamento, '*é hice este síicrificin/' aundc **e'ii ol>- 
sef j «i o tic 1 a paz, * | u e n u n c a e s ca ra A íi i a^t'm precio/' ( J p in 16 n es I r a íln eíi 
un conquistador castellaaol Carta de Hici^o di? Alinn^ro al Eniijet'tidiir 
liJ , S,, Octubre 15 de 1534. 



EL CORREGIMIENTO DE SAÑA 173 

I ■-- * ■ — --- --.11 I 

cuitad de hallar un artículo de comercio que pueda conside- 
rarse como la verdadera regla del valor. El trigo por ser de 
cultivo Y su uso tan general, ha sido comúnmente preferido 
por los economistas para base de sus cálculos. Tomando 
pues, el trigo por base, ha tratado de fijar el valor de las 
principales monedas que corrían en tiempo de los Reyes Ca- 
tólicos. En su tratado no hace mensión del peso de oro 
en que se expresaban casi siempre las cantidades á princi- 
pios del siglo XVI. Pero fija el valor, tanto intrínsico co- 
mo comercial del castellano, el que varios de los escrito- 
res primitivos, como Oviedo, Herrera y Xerez, convienen en 
considerar como exactamente igual al peso de oro. Del re- 
sultado de sus cálculos aparece (¡ue el valor intrínsico del 
castellano expresado por el en reales de vellón, es igual á 
tres pesos siete centavos de nuestra moneda de 4-8 peniques, 
mientras que el valor comercial es casi cuadruplo, ó sea once 
pesos setenta y siete centavos, igual á dos libréis esterlinas, 
siete chelines y un penique. Considerando ésto como el va- 
lor aproximativo del peso de oro á principios del siglo XVI, 
el lector podrá calcular por sí sólo el valor en aquel tiempo 
del rescate del Inca y lo que á cad¿i uno de los conquistado- 
res le tocó en el; por ejemplo, de los 15 y medio millones de 
pesos (1), apartóse primero el 5*' real, rebajando de él la re- 
mesa hecha ya á España. La parte que se reservó Pizarro 
para sí ascendió á 57,220 pesos de oro=:i $ 667,780 y 
2,350 marcos de plata. Tocóle además el asiento ó trono 
del Inca, de oro macizo, evaluado en 25,000 pesos de oro 
[$291,750]. A su hermano Hernando se le señalaron 31,800 
pesos de oro [$ 362,703] y 2,750 marcos de plata. Soto re- 
cibió 17.740 pesos de oro==($ 207,025) y 724 marcos de 
plata. La mayor parte de los conquistadores de á caballo, 
que eran sesenta, recibieron á razón 8,880 pesos de oro^ 
1$ 103,629] y 362 mfircos de plata, aunque algunos tuvie- 
ron más y otros mucho menos. De infantería se contaron 
por todo cic*nto cinco hombres. A la quinta parte de ellos 
tocó á razón de 4,440 pesos de oro=($ 51,814) y 181 mar- 



[1] Xerez. Acta de repartición del rescate de Arahutillpa, "Coiujuista 
del Perá ap. Barda, tomo III, págiua 232. 



174 



REVISTA HISTÓRICA 



I 



eos de plata, es decir, la mitad de lo señalado á ía c i baile- 
ría. Los demás recibieron una cuarta parte menos, aunque 
aquí también hubo sus excepciones y al^íunos tuvieron que 
eon tentarse con una parte mucho m^s pequeña del bo- 
tín, (i; 

Mientras pasaba todo esto, había salido del Cuzco el 
Gobernador Pizarro, é ignorando hacia á donde se habría 
encaminado Alvarado, emprendió su marcha para la costa, 
por si acaso viniese por allí. Dejó en el Cuíseo á su hermano m 
Juan, creyéndolo por sus modales el más á propósito para 
conciliarse el afecto de la población indígena. Dejó iguaU 
mente noventa soldados para que sirviesen de guarnición y 
de principio para la nueva colonia, y tomando consigo al 
Inca Manco llegó hasta Jauja. 

No había terminado el año de 1534 3^ ja se pensaba en 
trasladar la naciente ciudad de Jauja á otro lugar. Se fuo* 
daban para ello en la escasez de agua, en la falta absoluta 
de leña y laadera para construcción y, principalmente, en la 
gran distancia que la separaba de la costa. En efecto, el 
Man taro corre á una legua de la población y no hay cerca 
de ella sino un manantial llamado hoy la S^marítana que 
sólo dá 28 pulgadns cubicaí? por seriando, así es que á veces^ 
según lo dice el señor Paz Soldán '* falta el agua hasta para 
beber' \ Al norte deja población existe una laguna llamada 
hoy Pacat de mil quinientos metros cuadratlos, 3' cu^-as 
aguas aunque potal>les, no se aprovechan. La venida (k¡ 
Adelantadíj Alvarado á his llanos, manifestó ñ Pi^arro 3' 
sus compañeros la conveniencia de establecerse cerca de la M 
costa, razón má?, por la cual, abandonaro;i Jauja el 11 de " 
Diciembre de 1534-, que distaba del mar 45 leguas y que has- 
ta en la Sierra se hallaba aislada de las demás ciudades, na- 
da menos fjue á 40 leguas de Huamanca, según la verídica 
relación de Simón Pérez de Torres. (2). El Goliemador se 
encaminó en seguida á Pachaca mac donde recibió la agni- 



I 



[1] IvOs poriiienorcs de la rlistríhucíón s^e encucntrau en d Actn de ¡H 
Repíií tiflón (hi Hcscaíe, ínstrum:ntü t-steiididü y finiKulíJ por ul escribano 
Real, El rlociimcnto es, puea» 6c autorida4 i^^ccusail1t^ 

[2] Herrera ''íiíst. ílLMieml, iltíc 5 üIk íi i'ap. 14 El Liceiicia*lo Fer- 
nando de Ai ontccitiíjs— Anales M, S. de l,ci:i4r Turres Saldamaíidt* '*Cal)U* 
ÚQS de Lima'* lib. 1. Scganda parte pág. 291, 

**Cabjldüa de Jauja" iíb. 1 uá^. Act^i th 4 de Diciembre de 1,534, 



HL CORRKOIMIEÍÍTO DE SaSa 



175 



dable noticia del eonvenio de Almagro con Alvarado, y po. 
co después le visitó este eaballtjro en persona, antes de em- 
[ barcarse. No dtiró mucho la alegría de Pizarro por el con- 
cierto celebrado en Riobambar nlgunos díscolos llevados de 
la mak'discncia y envidia le dijeron que se guardase de la 
falsía de Almagro y Alvarado. que íntimamente unidos te- 
nían tríimado el modo de despojarlo del gobierno. Aun- 
que esta calumnia nltero el Animo de Pizarro no le domi- 
ñó por completa, conociendo la honradez de Almagro: 
pero á los que apetecían discordias y no querían hubiese 
buena inteligencia entre ambos, era urgente arrebatar á 
Almagro el alto mérito que acababa de contraer por su tino 
y acierto, y la estimación de sus antiguos y de los nuevos 
amigos que había ganado con sus liberalidades. Fomenta- 
ban la enemistad y los odios con Ms mentiras y maíicins 
del pn rt ida Hsm o, scmb ni f/o a n tes y desp ués de ¡n conq n i s t a , 
que ha dndo copiosos frutos de maldición, según ¡o que aho- 
ra mismo vemos, y acaso harán eterna la división y In anar- 
quía en el infortunado Perú. Hacían valer ante Pizarra co- 
mi\ hechos consumados algunas pretensinnes que tuvo Al- 
varado antes del convenio, y á que se negó Almagro en lo 
absoluto, como el haber querido no se negociase por medio 
del dinero; que se le admitiese á la compañía con iguales de- 
rechos que los dos socios; que daría una hija suya para mu- 
jer tlel hijo de Almagro, 

Puesta á órdenes de éste la fuerza de Alvarado, con ex- 
cepción de unos pocos que quisieron volverse con él á Guate- 
mata, parte de ella quedó con Benalcázar (\ quien dejó Alma- 
gro en el gol)ierno de Oiiito y futido la ciudad de Popayán en 
153G; el resto marchó en dirección al punto en que cstalia 
Pízarro, a! cual vino también ñ presentarse el mismo Alvara- 
du (1)* Dv ambas partes se noto durante la entrevista la 
mayor cortesía y afín cordialidad, puesta que ya no existía 
entre ellos ningua motivo de disgusto; y es de suponerse que 
se contemplarían naturalmente con no escaso interés, habien- 
do ambos alcanzado tan alto nombre en la áspera senda de 
las aventuras. Es verdad (pie Alvarado gannba algo en la 
comparación, porque si l)ien el porte de Pizarro nocarecía de 



U] M. cíe McQdtlmni **Dic, Iliat. Btog, del Pcrfi** tomo VI pág, 449. 



176 



REVISTA HÍSTÓEICA 



autoridad, no tenía la i^entilejsa ni los múdales afLibles y cor- 
tesanos del conquistador de Guatemala, que no rnenus que 
la blancura de su tez y sus durados cabellos, le granaron en- 
tre losAztecas el sobre-nombre deFunatiuhu "Mijo del Sur\ 
Todo era fíes tas y regocijos en la antigua ciudad de Paeha^ 
cAmac, y en vez de los cantares y de los sacriñcios á la di vi, 
nidad india ([ne se veían allí con tanta íVeeuencia, resonaba 
en todo lu¿^ar el estruenílo de los torneos y de las cañas á In 
morisca y otras diversiones favoritas de los conquistado- 
res. (1). 

Conelurdas las ñestas se volvió Alvarado á su goberna, 
ción de Giiateniala (2), (así se lo decía en su carta al Empe- 
rador Carlos V, datada ea San Mif^uel de Piura á 15 de Ene- 
ro de 1535)» en donde su espíritu inquieto le metió muy pron- 
to en nuevas empresas que al cal)o atajaron su íiznrosa ca- 
rrera. Su expedición al Perú pinta muy bien su carácter 
Con la injusticia por base y la temeridad por guía, no es ma- 
ravilla que acabase infelizmente (3), 

Mexía de O bando en el folio 24?6 de su célebre '^Obandi- 
na** hace los más merecidos elogios á la ascendencia del Ade* 
lantado don Pedro de Alvaradn, de cayo padre, don García 
de Alvarado, dice haber sido capitán general de los Reyes 
Católicos en la frontera de I*ortugal y los Alvarado de Ba- 
dajoz, Trujillo y Alcoiichel le reconocen también pí>r su prt)* 
genitor. 

Estando el Adelantado don Diego de Abnagro en Piura, 
mandó al Capitán Francisco Pacheeo que túndase una pobla- 
ción en Puerto \'Íejo (Octubre de 1534-). 



Con motivo de la venida del Adelantado don Pedro de 
Avarado al sur del PorCí, don Diego de Almagro emprendió 



[1] Píí^lro Pizarrt) *'Dcacubriniíeiita y Cmutuista^'* 

— NaUíirru Rdación í^ limaría* 

[2] Carta de I^izíirru al Btiiperador Cíiríús V% finchada cu PachiicániHc 
á 1*^ dt? Enero de 15¿t5. 

[3] lYcsCíitt "Historia fie la Canquisia del PenV* tomo 1 folio 618 
dice **AlvaTadu murió en 1541 jiur bíLl>t.'r caídi» sulírc él un caímllu tjucneíi* 
do subir una cuenta esL^arpada eti la Nueva Galicia. Pnr una estraila cain- 
c i de acia su bella esposa, doña Ana* perecií'> el nrii^nto año fii (Unitcrnala en 
su propia casa I que fué arreijaludu por una avenida t|ue bajó di; las mon- 
taña.^ veeiaas. 



BL corregí MTEMTO DE SAÑA 



1T7 



en Octubre fie 1534 su marcha ñ S:in Miguel de Piuní para 

rie ani sc!^uir á Pacliaeriniac, donde se cncantraría á Pizarra; 

jr eti su tránsito por d valle del "Chimú" ^'miró lugar prove- 

^:^íupsti y con las calidades convenientes'' para fundar la villa 

<_lc Trnjíllo y encargó de esto al celebre capitán español Mi- 

l^iiel de Estete^ natural de Santo_ Domingo de la Cakada, 

^Iti'icesiíi de Calalinrra. Fué uno de los primeros que entra- 

m^on en Cajamarcacon IMzarrn (1), y í|ue mientras sus coni- 

^^añeros se ocupaban en matar á los indios que cargaban las 

.s-miiilas en que enf conducido Atahuallpa, el arrcbatri á éste 

1 ^i borla que llevaba en la cabesia y era insignia de su sobe- 

^M^anía, En 1557 la ol>sequi6 á Sa^'ri Túpac al jjasar por 

^!t^ 11 a manilla, cuantío se le conducía á Lima* Rn 1535 después 

^tTc haber delineado la población ríe la nueva villa de Trujillo 

^^y contribuido á la lundación de Lima, fué al Cuzco y allí en 

^ ms diíícordins de los Pista rr o con Almagro, sostuvo por dis- 

^f^osteion de éste» la autoridad de Hernando de Boto* Des* 

l^ués se avecindó en I lúa manga, y no vuelve á figurar hasta 

^1553, en que suscribió una acta en que los vecinos de esa 

^^udad se negaban a cumplir algimas disposiciones de la 

Xteal Andiencia, que no creían conformes con las leyes vigen- 

"fccs. Todos los que en el Perú traen el apellido Cuespo de 

.^stete y Zarate son sus descendientes, como lo compro- 

^•^arcmos al escrií)ir la historia de la cusa de Agüero. 

El delineador de la villa de Trujillo, fue hermano de su 
X*ntncr teniente de gobernador Martín de Estete [Astetc ?] 
«dI mismo que sacó del Templo del Sol el 6 de Noviembre de 
^530 un sello de oro con perlas. Así lo dice Mendo^sa en el 
^omo X pfíg- 312 de kus Documentos inéditos para la His- 
toria de Kspafia. 



IH 

Los yuncas, moehicas y tallaneaíí, que al realizarse la 
^ironq u i sta española se ofrecieron subyagados por los qui- 
^'huas í|ue los habían dominado y vencido poco antes, fue- 
ron en su origen pueblos separados é independientes. Tu- 



rl \ M. de Mcriililitiru ' ^DicdíinarínHistí'mco Biográfico del rcr6*'toitio 
Ti>rrc« Stiklamando ** Cabildos de Líiníi'* libro 1, página 3113. 



178 



REVISTA HISTÓRICA 



vieron en su tiempo idioma propio, ritos y costumbres 
particulares y tal vez conocimientos, aspiraciones, cultu- 
ra, exclusivismos de nación y ])rctcitsiones autónomas y 
soberanas {1), Al principio no hubo forma regular ningu- 
na de gobierno. Agrupados por tribiTS aisladas entré sí 3^ 
dispersos por vastos espacios desiertos, el mayor de la fa- 
milia hacía de jefe en cada parcialidad. Los pueblos eran 
pocos, y escasos sus habitadores. Uno de estos jefes, patriar- 
en, curaca, cacique, ó como rjuiera llamarse, de natural beli- 
coso y ánimo alentado, á impulsos de su ambición se sobre- 
puso á lo|^j)ltmás y redujo muchos otros á su obediencia. 
Así se formaron los primeros centros de dominio, hasta que, 
posteriormente, ensanchánclose la acción, un solo señor al 
fin se impuso sobre 4:odos. 

A semejanza de los pueblos del otro continente, los que 
tratamos, acariciaban fantásticas leyendas de sabor miste- 
rioso, en las que jugaban papel principal personajes divinos 
y seres extraordinarios. Creyeron ó aparentaban creer, 
unos, que sus progenitores '^habían sido cuatro estrellas, 
procediendo de las dos más bri liantes los nobles 6 principa- 
les y de las otras dos más pálidas y pequeñas los humildes 
ó plebej'os"; otros se presentaban como hijos del Mar, naci- 
dos en sus profundidades y trasportados por grandes pejes 
á la rtljera. Ng faltaban algunos que se decían aborto de los 
cerros, surgidos en las cumbres ó salidos de las cuevas, co- 
mo brota el agua de los ríos y de ciertos manantiales. 

Hasta los días de la conquista tenían recuerdos vagos, 
rcmiijiscencias confusas de pasados conflictos, en ípie figu- 
raban hordas invadiendo el territorio, jigantes terribles que 
habían llegado sembrando terror y pigmeos apocailos» in- 
capaces de resistir el empuje de guerreros de talla corriente* 
Los pobladores de Tumbes guardaban memoria de anti- 
guos viaje?^ por mar y no temían confiarse al Océauo en sus 
frágiles barcas, consagrados al comercio, para cambiar al- 
godón y otros productos de su industria por el oro del Cho- 



(1) Rícardí I García RoseJ] *'Moiiog^mfía Histórica cid Departamento 
ñ^ Piura" ful i os 203 á 224, publicnda cu el Biíklíit de la Socio dad Geográ- 
tica cíe Lirnn; v euvus prveiosiís ciiiHtulos ívuVire los Yuncíiíi. Mí>chicíist y Ta- 
lloncas. iiiL» ht toriijidfi la lil>crt;ui de rraacnbirlos lilcrnlnicnus dando así 
al César, lo ijue es dd Céssar* 



EL CORREGIMIENTO DE SANA 



179 



e6. Losde más al sur contaban leyendas iguales y tenían 
oscuras nociones de otra patria distante. 

AI llegar los españoles los tumberos de la ribera hasta 
treinta leguas arriba, llevaban el |>elo corto y su traje con- 
sistía en camisetas ajustadas y paños ó mantas pendiente 
del cuello. Las mujeres usaban unos hábitos largos hasta 
los pies, ceñidos al cuerpo, como un talego grande, [capuz]* 
con las esquinas cortadas para sacar los brazos y una aber- 
cura central para el cuello. 

En Piura, los tallancas andaban arrebozados con unas 
tocas de muchas vueltas á la cabeza, cuyos cabos ó puntas 
cafan sobre el rostro á modo de largas patillas. Esta cos- 
tumbre original que les daba aspecto raro, hacía decir, pro- 
bablemente por burla, que ocultaban un apéndice saHente 
como un dedo tras el cogote; aunque en realidad dichas to- 
cas fueran un preservativo para los ojos, expuestos á mu- 
chas enfermedades en esos climas ardientes, donde el Sol re- 
verbera con fuerza extraordinaria sobre dilatados campos 
de arena. 

Los mochicas y sus subordinados inmediatos vestían 
camisetas y delantales. Adornábanse la cabeza con madejas 
de lana colorada de hilado muy fino, las que dando vuelta 
hacia á los lados venían a parar bajo la cara en farma de 
baiboquejo. Invariablemente llevaban mantas como capuz, 
pues tenían por afrenta anclar sín ellas, Las mujeres, en ve^ 
de camisetas y delantales, vestían el saco ó capuz, en todo 
igual alas de Tumbes:— Había lujo. Había alardes de os- 
tentación en los trajes, prendidos elegantes, brazaletes, co- 
llares, aros de oro en las orejas y broches y plumas del mis- 
mo metal. Los sentires principales, muy respetados y temi- 
dos por sus subditos, se servían con mucho arte, adornán- 
dose coii joyas y cuentas que llamaban chaquiras, mediante 
las cuales, según su disposición y acomodo, se conocían los 
linajes y las provincias á que ptrtenecían. Tenían pajes, ofi- 
ciales, cocineros y numerosa servidumbre. Con frecuencia 
ofrecían banquetes y convites en los que se juntaba mucha 
jentey con gran pompa, pioíusión y grandeza, se comía y 



I*; B«te ntíftmo traje ti^n ftctoaltnente los indios campas y los arnu^ 
•C9 en Cbanchamavo, y que dcrujminan cas^hma. 
4 



se bebía, entre músicos y juglares encargndos de alegraría 
fiesta, Al salir de paseo ó de viaje, andaban en hamacas, 
que llamabao rampi, susjK'ndidas con ¡ngení,^ sobre angari- 
llas de madera qut* cargíiban al hombro los portadores. 
Eran en verdad cultos, ceremoniosos y de finas maneras. De 
todo servicio pesado estaban excluidas las mujeres. En ge- 
neral se distinguían por su ingenio. Vivas de carficter, her- 
mosas 3^ halagüeñas, habían logrado ascendiente muy pro- 
nunciado áohre los hombres, de suyo impresionables y natu- 
ralmente blandos por lo apacible del clima. Eran muy con- 
sideradas. 

Con ha* ta frecuencia desempeñaban los puestos de man- 
do y gobierno de los pueblos. A esta especie de curacas 6 ca- 
ciques se les acataba bajo el título de Capuílanas ó Sovapu- 
llns. Se les miraba con gran respeto y se tenían por inspira- 
das sus decisiones, contribuyendo el prestigio á hacer más 
suave su dominio y más profunda la obediencia. 

En época bien distante, los pueblos que tratamos habían 
realizado svi concentración bajo un solo régimen. Sea que el 
cacjque de TrujiUo, {1} por sucesivos ensanches hubiera ido 
agrandando su dominio, ó sea que una tropa invasora hu- 
biera realizado éste por medio de rápida conquista, es un he- 
cho que de muy atrás Piura formaba parte de los esta- 
dos unidos del Chimú, cuyo poder soberano se extendía por 
la costa desde Paramonga, en el distrito de Pativilca» de la 
provincia de Chancay, hasta Tumbes, (2). 

El licenciado Fernando de Montesinos, á quien hay que 
apelar á cada paso para los tiempos remotos, no obstante 
la poca aceptación con que se han acogido hasta ahora sus 
relatos que-las últimas indagaciones tienden á rehabilitar 
[3] á quien apoyan en parte Balboa y Feijó dice: que Araííír- 
co CupOf receloso de los extra ngeros que á órdenes del Chi- 



a) DelCMmd. 

{2) El Lieeociado Fernando de Móntcsiooa» Amales de \a Conquistad 

[3] A. de Herrera "Descripción de las Indias Orci den tales, torno i. 
cap, 19 Déc. V lilK 7. cap. fi* 

González Dávila '*Teatro Eclesiástico de las Indias" , tom. 2^ pág. 139. 

V Claudio Clemente Tablíjs Chraiiológicaí*", 

Mendoza, "Colección de Documeutos Inéditos para la Historia «k 
Aniérica y Oceanía, tomo 8 pág, 24. 




EL COHREGiMlRNTÜ IJE SAÍÍA 



181 



J37IJ. habfari invadid o Chanchán [á una legua de Trüjillo, 

cruyas ruinas aíin existen] salió del Cuzco con un poderoso 

crjército y puso guarnición en Vücas y Lima tambo, donde le 

sorprendió la muerte* Su hijo y sucesor Huáscar Titu, do- 

crenorcy Ptrhua, regresó al Cuzco para enterrar á su difunto 

j^adre, constituyéndose de nuevo enLimataniho á proseguir 

B as fortacinncs contra los Chimus, que eran gentes tnuy lie- 

1 icosasy que manifiestamente por aquella vez no pudieron ser 

«:5oniados. 

Durante varias generaciones continuó el estíido degue- 
"M-ra, ó mejor dicho, de permanente hostilidad entre ambos ve- 
^inof!< En Para monga se ven hasta el día, sobre las eminen- 
^:rias cercanas, los restos de un castillo formidable» circuns- 
^*;:ancia que acredita que allí se marcaban linderos de dos do- 
»Tiinios rivales, cuya enemistad prolongándose larguísimo 
"tiempo, hizo indispensable el sostenimiento de guarniciones 
Instables en continua vigilancia. 

Después de los hechos apuntados que corresponden á 
^poca bien distante, callan todas las fuentes históricas. Na- 
^a se sabe con relación á los llanos de la costa por mucho 
tiempo, hasta que, pasado un período cuya duración no se 
puede precisar, se presentan los Incas de los últimos reina- 
dos en actitud conquistadora. Hs probable que por enton- 
«res debió ocurrir algún trastortio que alteró sustancialmen- 
'^e las condiciones políticas del país. El vasto dominio del 
duzco debió sufrir serios quebrantos, fraccionarse ó disol- 
verse tal ve5í; pues vemos que casi todas las provincias del 
Sur aparecen independientes, constituyendo pueblos sobera- 
dos, que los Incas someten uno á uno, ñ partir de los alrede- 
dores mismos del Cuzco y del siglo Xll, en que se calcula flo- 
i^eciente Manco Cápac y Mama Ocllo, fundadores del último 
imperio* 

Vagas reminiscencias autorizan la anterior suposición* 
Cosa del 900 años de advenimiento de los Incas, se habla de 
una irrupción de hordas bfiibaras procedentes del Brasil, 
C[ue trasmontaron los Andes talando los campos. El rey 
Pirhua, Titu Yupancjui Pachacútec V, fortificado en las 
inontañas, trabó sangrienta pelea con los invasores; pero 
^ayó muerto de un flechado, despuís de ruda batalla y san- 
grienta carnicería* La guerra asumió carácter de estermi* 



182 



«EYISTA HISTÚRICA 



nio, y el aire viciado por los míasmaí? que despedían innu- 
merables cadáveres insepultos, engendró una peste espanto* 
sa que casi despuebla el país. Luego, los ambiciosos, expío- 
lando las drcunstancias y general cahimídad, negaron sii 
obediencia al nuevo rey, se alzaron en varias provincias 3^ 
todo se envolvió en confusión. Entre estos disturbios y las 
contiendas civiles que acarrearon, olvidóse por completo el 
uso de las JetTRs y Ib. barbarte de nuevo volvió á imperar 
sin contrapeso» trayendo consigo su cortejo obligado de mi- 
serias 3^ de desorden. Los F*irhuas, arrojados del Cuzco, 
conservaron apenas una sombra de poder, retugiadosen po- 
cos pueblos distantes, donde se sucedieron por varias 
generaciones, perdiendo su nombre primitivo, que cambia- 
ron con el de reyes de Tambotoco, El antiguo imperio del 
Cu;&co quedó disuelto. Así se explica el largo silencio de las 
tradiciones y así se eslabonan sin violencia los sucesos pos 
teriores. 

El reino costeña formado por los Chimúü se conservó y 
robusteció mientras tanto. Sus pueblos al amparo de la 
unidad política^ íueron poco á poco fundiéndose y mezclán- 
dose entre sí, aún cuando no llegaron nunca á formar una 
nacionalidad homogénea. Hasta los últimos días prevale- 
cieron en las provincias usos variados y distintos idiomas. 

La lengua Quingan, conocida corrientemente con el nom- 
bre de Yunca, era la que prevalecía desde Pacasmayo hasta 
los límites del reino; pero en la provincia de Piura, se halla- 
ba principalmente otra lengua llamada Sec, propia de los 
Tallancas, y además la Mochica, ^in perjuicio de innumera- 
bles dialectos, abreviaturas y cambios finales que hacían 
aparecer ácada pueblo, y aún ácada familia, con lengua pro- 
pia o vocablos especiales. 

En materias religiosas también habían diferencias* Los 
Tallancas adoraban como divinidad principal á la Lunada 
le que, ignorantes del origen de la luz, suponían más pode- 
rosa y más útil que el Sol, porque se dejaba ver de noche, 
disipando sus tinieblas y porque eclipsaba á veces al astro 
del día, sin que éste pudiera nunca hacer lo mismo con ella. 
Decían que cuando la Ltma faltaba por completo, al cumplir 
cada revolución ó período, se iba á otro mundo á castigar 
á los ladrones, vicio que aborrecían sobre todo- En obse- 



EL CORREGIMIENTO DE SANA 



183 



qaio de la Luna y para tenerla propicia, en determinad as 
fechas sacrificaban niños de cinco anos encima de un altar 
cubierto de algodones coloreados y adornados con frutas y 
cántaros de chicha. 

Los Yuncas adoraban al Mar, cuyas costas habitaban y 
lo llamaban *'Kí*\ ofreciéndole en sacrificio harina ríe maíz 
blanco, almagre y otras baratijas. Tenían por dioses tute- 
lares, además, ciertas piedras que llamaban Alecpong, las 
que fueron tan veneradas que nadie era osado de pasar cer- 
ca de ellas sin dejarles en ofrenda una muestra de su pie- 
dad, simbolizada por un pedazo cualquiera de madera ó 
guijarro. Había de estas piedras en casi todas las parciali- 
dades j en ellas parece fi^^urabanel cultode los antepasados, 
pues eran consideradas emblema de su primer progenitor, 
convertido en piedra por la venganza del SoL 

Las tres estrellas brillantes de la constelación de OriÓn 
que vulgarmente se decían Marías, figuraban deidades de 
primer orden bajo el nombre de Pata, Una ficción de estilo 
mitológico ó poético, mu_v generalizada, suponía que la es- 
trella del medio era un malhechor famoso á quien la Luna qui- 
so castigar y mandó prender por las otras dos que la llevan 
asida, para entregarla á las cuatro estrellas que aparecen 
más abajo y que dicha leyenda supone buitres carniceros en- 
cargados de devorar al criminaL Las mencionadas siete es- 
trellas, decían los yuncas, fueron colocadas en el firmamento 
para eternizar la memoria del suceso y la justicia de 1ü diosa. 

Esta ficción, vale la pena de hacerlo notar, se parece mu- 
cho á la fábula griega que pinta á Orion como un principe 
hermosísimo que desdeña los amores de la Luna, que le cas- 
tiga haciéndole morirpicado de escorpiones, y á quien Júpiter 
coloca después en el cielo, para calmarlos remordimientos 
que afligen luego á la vengativa diosa. En el fondo ambas 
fictriones descubren ideas análogas. Cualquier amante infiel 
ó desdeñoso se convierte en míilhechor á los ojos de la parte 
ofendida* 

Era tenido por práctica piadosa el ayuno, el que emplea- 
ban para aplacar á sus dioses cuando los afligía alguna ca- 
lamidad. En los casos de peste 6 de guerra desgraciada lo 
empleaban con todo rigor, hasta con sus animales domésti- 
cos, absteniéndose del uso de la aal y del ají y alejando á sus 



184 



REVISTA HISTÓRICA 



mujeres. Durante los eclipses de Luna, acotaban á sus pe- 
rros para que gimiesen, lanzando en coro tremendas alari- 
dos. 

Contaban los años» nn por las revoluciones del So! ni de 
la Luna, sino á partir de !a aparición de las Pléyades» que el 
vulgo llamaba las siete cabrillas y que ellos denominaban 
Tur. 

Los matrimoniosconstituían solemne ceremonia. En pre- 
sencia de las familias que trataban el casamiento, ponían á 
los novios y entre estos una vasija nueva de barro con hari- 
na de maíz y grasa. Luego encendían una hoguera que de- 
bían avivar con gran decisión los novios. Cuando el fue^o 
se comunicaba al contenido de la vasija, el padre ó padrino 
decía: **3^a estáis casados, yaformáisuna pareja, pero adver- 
tid c|ue estáis obligados á igual cariño y á partir por igual 
afanes y venturas; que asi como atizáis juntfjií esta hoguera 
que consume un solo fuego, no debe holgar el uno cuando 
trabaja el otro, ni mostrarse indiferente 3' helado cuando el 
compañero se enciende en llamas de amor^ pues debe ligaros 
un solo afecto y estar juntos en sus demostraciones de ter 
nura'*. 

Para los funerales cumplían ritos determinados é inva- 
Fiables. Nunca procedían al entierro del difunto antes de 
cinco días, durante los cuales le lloraban sus deudos y ami- 
gos, ponderando sus cualidades y virtudes, y repitiendo en* 
dechas cantadas al triste son de las flautas, los acontecimien- 
tos ó acciones más importantes de su vida* Después de la- 
var los cuerpos con gran solicitud, les doblaban las rodillas 
acomodando las piernas sobre el pecho y cruzando luego los 
brazos encima, los sentaban en una actitud manifiesta de 
paciente espera á la ve:5 que de oración y de ruego. Confor- 
me á sus ideas religiosas, Itís muertos debían pedir al cielo 
por sus almas, y para que lograsen ese fin, no los colocaban 
como mazas inerte tendidos en la tumba, sino que los dispo* 
nían sentados, cual si continuaran vivos aún, meditando si- 
lenciosos y tranquilos, en condiciones de perenne súplica* 
Cuando morían señores principales labraban magníficos se- 
pulcros con bóvedas profundas y los depo.^itaban en ellos, 
junto con algunas mujeres vivas, con provisiones, bebidas y 
criados, más sus armas» joyasy objetos privados de ma3'or 



EL CORRRGIMIENTO DE SANA 



185 



aprecio. Las viudas que no se enterraban con el ditimto, se 
eortaban el cabelloy asistían al funeral hadendo manifestar 
dones de dolor y llanto* 

Tuvieron numerosos templos, construidos in vanablenieu- 
teenalto, sobre eminencias de ordinariu artificiales, donde 
habían ídolos de madera en figura humana^ con trajes ale- 
gtSrieos y una especie de mitra en la cabeza. Entre estos 
descollaba el dios del viento o de la tespestad, al que llama- 
ban Gttatán, y veían reproducirse en los remolinos de pol- 
vo y arena que suelen formarse en esos extensas despobla- 
dos. Los sacerdotes, que debían ser castos y vestir de blan 
co, se mostraban parcos en las comidas y observaban con* 
ducta honesta y regular. Para las grandes ceremonias del cul- 
to y para los sacrificios, se juntaban en concurso, exhibién- 
dose siempre en traje blanco, acompañados por bandas de 
niástcos provistos de atabales, grandes caracoles que hacían 
de bocinas y trompetas de sonido ingrato y acento adolori- 
do. Tuvieron también verdaderos monasterios con vírgenes 
consagradas á la Luna que llamaban Aclínscas. Estas 
sacerdotizas, escogidas con esmero, se distinguían por su be- 
lleza y se ennoblecían por razón de oficio, cualquiera que fue- 
se su clase. Estaban obligadas á guardar castidad, pero 
podían casarse con permiso especial del soberano, y única- 
mente con personajes distinguidos. Si manchaban su pure- 
za por alguna liviandad rlurante su ministerio, se congrega- 
ban los pobladores de la comarca y en presencia de las otras 
escogidas, las despeñaban con su cómplice desde considera- 
ble altura, dando grandes alaridos y f>rofi riéndose horribles 
maltliciones. Lo mismo hacían, aunque con menos aparato 
para casticar á las adulteras. 

Igualmente severos se mostraban con los ladrones* Los 
colgaban del cuello, abandonándolos vivos, á medio ahorcar 
para que expirasen tras largas horas de angustia y de ago- 
nía* Cuando se realizaba un robo y no se descubría el autor, 
plantaban en los caminos altos maderos con mazorcas de 
maíz y ramas verdes, pai^a comunicar alarma y hacer que 
todos se previniesen, no tanto aguardar en seguro sus alha- 
jas, cuanto haciendo indagaciones y practicando pesquisas. 
Con el anuncio se ofrecían sacrificios á la Luna y á las estre- 
llas y se consultaban agoreros, andando todos día y noche, 



1S6 



KEFISTA HlSTéRJCA 



vigilantes hasta que parecía el ladrón j era castigado, algH' 
ñas veces junto con sus padres y parientes, si se les sospecha- 
ba encubridores. iMctiiante tal diligencia y activa policía» 
la propiedad era celosamente respetada. Las casas no ne- 
cesitaban puertas, ni usaban cerraduras. 

Una ley muy rigurosa reglamentaba los servicios y obli- 
gaciones de los médicos, que se llamaban Oqueílúpnc^ los 
que habían estudios y alcanzaban á veces muchos conoci- 
mientos. Curaban aplicando yerbas y prescribien- 
do determinado género de dieta, según el carácter de las 
enfermedades. Eran funcionarios públicos sostenidos por el 
Estado, ordiíjarianitrnte muy venerados jen posesión de 
muy honsosos privilegios; pero casode comprobarse que por 
descuido ó ignorancia mataban al enferma, se les amarra- 
ba con una soga al difunto 3^ se k-s dejaba delante de lasepuU 
tura, para servir de pasto á las aves de rapiña- Tal severi- 
dad, exponiéndolos á gravísimos peligros, no solo los hacía 
cantos y prudentes, sino exageradamente prevenidos para de 
sahuciará los enfermos graves Jos que una vezdeclarados sin 
remedio, á fin de ahorrarles sufrimientos, eran entregados 
á los düspcnaflores, cuya misión era acelerar la muerte é im- 
pedir el dolor de la agonía, 

Las ofensas hechas á los dioses, la blasfemia, la irreve- 
rencia en ios templos^ así como los delitos contra el Rey ó el 
Cacique, se castigal>an enterrando vivo al criminal. Todo 
condenado por la justicia se llamaba Rámétr, y este títu- 
lo, que envolvía grande afrenta, se extendía por vituperio á 
sus allegados ó parientes. 

Aunque en formas tal vez poco delicadas y sin los refina- 
mientos íle elevada cultura, h)s pueblos de que tratamos ha- 
bían alcanzado cierto grado de civilización y régimen social 
bastante regular, Sus instituciones todas respondían 
á su estado y llenaban satisfactoriamente las exigencias 
de la vida civil. Tenían á su modo deslindadas las obliga- 
ciones 3*^ los derechos y contaban con autoriflades respeta- 
bles que guardaban el orden y distribuían la justicia* 

Poco han refleccionado los historiadores que atribuyen á 
los Incas toda la cultura del norte. No se han fijado que en 
esta parte del territorio su dominación, recién establecida al 
presentarse los conquistadores españoles, en pocas provincias 



EL CORREGIMIENTO DE SANA 187 

llegó ú contar un siglo, en algunas duró apenas pocos años 
y en otras no consiguió nunca arraigarse con firme/a. 

Comparando las obras que han quedado en el Norte \' 
en el Sur, no puede dudarse que en los territorios Yuncas, el 
arte seguía una dirección especial y tendía á perfeccionarse 
á su modo. El rey Cliimú dominaba extensas provincias, 
cobraba tributos de ropa y víveres y mantenía seis mil obre- 
ros para que le trajeran de la Sierra oro, plat¿i^ chaquiras 
[cuentas] y cobre. En los confines del reino sostenía guar- 
niciones militares, teniendo fortalezas bien provistas en Pa- 
ramonga, en Tumbes, entre los Guambos que hoy partene- 
cen á la provincia de Chota, y en Pacasma^'opara obligar la 
obediencia de los pobladores de ese valle que eran de genio 
levantado. 

El Gran Chimú en la costa, parece evidente, lo mismo que 
el gran Capana en el Collao, se conservaron hasta el último, 
másbiencomo tributarios que comosúbditosdel Inca,losqae 
en su carrera de engrandecimiento y de conquista, estaban 
llamados A medirse con los Yuncas. Avanzando hacia el 
Norte, después de reducir uno á uno los pequeños dominios 
independientes del tránsito, tenían que verse atajados en sti 
marcha victoriosa, frente á un pueblo capaz de resistencia y 
hasta de equilibrar su poderío. Así sucedió. 

Siguiendo por la Sierra en el siglo XI V(año de 1300 de JC) 
había conquistado hasta Latacunga en la vecina república 
del Ecuador, sin tocar ni invadir la costa que permanecía in- 
dependiente, á partir del valle de la Nasca en el departamen- 
to de lea. De allí,después de asegurarse la obediencia de Pu- 
ruhá y Cañar, comprendidos en el territorio de Riobamba y 
Loxa, libres entonces del dominio de los Scyris de Quito,atac6 
y venció á los Cofanes que hoy constituyen los pueblos de 
Quijos y Canelos de la provincia de Jaén. Luego bajó hacia 
el Occidente, redujo á los Chonos cjue poblaban Guayaquil y 
celebró alianza con los belicosos isleños de Puna, encerran- 
do de ese modo á los Yuncas y á los Chinchas entre sus po- 
sesiones y el mar, como presa guardada para una próxima 
ocasión. 

Pachacótec Inca, sucesor de Viracocha, teniendo tran- 
quilos los extensos territorios de la sierra, proyectó la con- 
5 



188 



REVISTA HISTÓRICA 



quista tk los valles costaneros, En dicha stuna asentaban 
tres estados inclepínuicntcs y tres distintos soberanos: Chu- 
€¡uis M^iicu, rey 6 régulo de Chincha, tiue gobernaba Luna- 
huatia» Miuircü, Mala y Chilca; Cuh Mítncu, régulo de Pa- 
ciíacdmac, Rímac, Chancay, líuamAn y Barranca; y por úl- 
timo el Gran Chimlí,íjue estendía su reino desde Paramon^a 
hasta Tumbes. A fin de asegurar el éxito de la empresa man- 
do PachacLitec se apercibiesen sesenta mil hombres, por 
ser mu_v poderosos los enemigos que intentaba combatir y 
porque temía se aliasi^n entre si para resistirle. 

Esta presunción no se realixci. De muy atrás habían vi- 
vido en frecuente hustiliflad los Yuncas con los Chinchas. 
Como pueblos vecinos, a!nena:íados por igual, el interés de 
propia defensa les aconsejaba aliarse contra el enemigo co- 
mún; [jero su antigua enemistad _v las guerras crueles en que 
habían estado empeñados, lea impidió apercil>ir el peligro y 
reconocer la conveniencia de prestarse socorro y aunar sus 
elementos de fuerza y resistencia: separados se presentaron á 
la lucha y uno por uno fueron cayendo en i a demanda. 

El gran ejército alistado en el Cussco por el Inca Pacha- 
cíítec bajó á la costa por lea y Pisco,á ordenes de Cápac Yu. 
panqui hermano del Emperador y venció á Chuquis ^lancu 
después de alguna resistencia, apoderándose de sus territo- 
rios hasta Chilca. En vista de este resultado, fruto de rápi- 
da campaña en que se evidenciaron los conocimientos mili* 
tares del general de los cpicchuas, Cuíj^ Mancu, que prepara- 
ba treinta mil hombres en rVichácamae, perdió sus bríos y 
celebró un tratado de alianza con los Incas. Fuese al Cusjco 
en comjiañía de los vencedores, incorporarse allí ¿i la ñimilia 
reab tomando en matrimonio una princesa, 3" se regresó á go- 
bernaren calidad de feudatario sus antiguos estados. 

Los quechuas y los yuncas quedaron desde entonces fren- 
te á frente. Pasaron seis años. Pachacútec mandó un nue- 
vo ejército de 30,000 hombres, al mando no ya de su herma- 
no, sino de su hijo Yupanquí, para atacar de acuerdoconsus 
nuevos aliados, á Chhnií Cnncbu que reinaba á la sazón so- 
bre los Y'^uncas. En las inmediaciones de Paramonga, cuyos 
valles según se asegura contaban entonces cien mil poblado- 
res, tuvo lugar sangrienta batalla y la victoria quedó por el 



EL CORREGIMIlvNTO PE SANA 



189 



Chitaú Cnnchit. Lí>s quechuas se viertm oblitraílos a pedir 
rcínerxns al CuKCo y esf>ürar la llcí^^-ifia de 20,000 vetcríiinis 
qtJti apresura uien te se niaudíirfín en su a|>(>yo, i*or mucho 
ticinpn se prolongó la guerra con éxito vario. En Chaneay 
subsiste» alimañas ruinas y ejitre ellas criptas subterráneas 
que» ilíce la tradición, fucrtín fabricadas por Iíjs quichtias, 
durante la eamp iña tle Yupanriui, para almacennr las pro- 
visiones, pues llejiñ ri tener 12n,0(íO hombres. Murió el Inca 
Pachaeutee, y se suspendieron las hostilidades. Altern.^n- 
dosc luego entre períodos de tregua y de activas operacio- 
nes militares, trascurrieron muchos años. 

Tras la batalla de I'arajuou^a, tuvohigar otra en Huar- 
mev y recios combates en el valle de Santa, cuya población 
ra entonces de más de setecientos mil habitíintcs. Las ope- 
iciones avanzaban lentamente. Para reducir á los coste- 
aos, el Inca Tú pac Yupanqui se vio obligado á emprender 
trios trabajos en la sierra y desviar los ríos cfue tlesciendcn 
los llanos. La eíiergía de los Yuncas, nooljstante, se man- 
tuvo y presentaron nueva batalla á las inmediaciones de la 
más tarde villa de Trujillo, en el valle de Chteama, que es 
irrupción de Chntmn, nomlire ó títul<3 de la reina Cbimú, 
apuraron sus medios de subsistencia. 

Vencidos en ese postrer esfuerzo, capitularon los Yuncas 
comprometiéndose á pa^s^ir tributo y á elevar templos al SoL 
Chimú fue hecho prisionero y llevado delante del Fnea. Este, 
con nobleza y sin^^ular gencrosidrub lo trató con distinción. 
Cual si fuera un aliado y no un vencitlo. Le llamó Chinitie 
Cápac en señal de admiración por su valor y le ordenó vol- 
ver á sus estados haciéndole tribiitario y obligámlole á 
feudo- 

En Trujillo encontraron los quichuas muestras notables 
del arteyunca. El Inca Túpac Yupanqui, entre el botín de 
guerra, llevóse al Cuzco muchos objetos de oro y plata de 
reconocido niÍTito. El reino del Chimiu y juntó con él los te- 
rritorios de Piura, pasaron á formar parte del Imperio de 
I- los Incas, Corría á la sazón, por su segunda mitad el siglo 

Las legiones del Cuzco, vencedores^ nu mentaren su poder 
con Jos dominios recién adquiridos, se hicieron irresistibles. 



190 



REVISTA HISTÓRICA 



A los Yuncas siguieron los Conchiicos que tenían su capital 
en Caxnniaícn, y tras estos atacó Tüpac Yupanqui el reino 
de Quito, gobernado por la dinastía de los Sc3'ris. 

Hualcopo, que reinaba á la sazón, encargó la defensa á 
su heniiano Epiclachima _v aunque éste se condujo con l>iza- 
rría no pudo impedir la ruina de su pueblo. Algún tiempo, 
haciendo lujo de constancia, se sostuvo en la fortaleza de 
Liribambn; pero el Inca conquistó Quito, como había con- 
quistado á sus %'ecinos. Allí encontró, según se dice, con sor- 
presa, que se hablaba quichua, es decir su propia lengua, la 
lengua misma del Cuxco, Este hecho tan singular como 
inesperado, á ser cierto, justificaría ^a tradición que asegura 
que los quichuas en época remota dominaron en Quito, ha- 
biendo llegado por mar á las costas ele Piura y el Ecuador, 
Tópac Yupauquí para mantener segura la \niz en ¡sus costas 
pasó á Paita, Tumbes y Huancfd>amba y luego á Cajas y 
Casayunca, recibiendo en el tránsito embajadores de todas 
las provincias costaneras, cu^^os caciques 1e enviaban tribu- 
tos en señal de amistad, alianza y sumisión. Siguiendo las 
tradiciones de su gobierno distribuyó colonias en distintos 
lugares del territorio, y así la obediencia y tranquilidad de 
las recientes conquistas quedaron aseguradns. 

La solicitud de Túpac Yupanqui á todo proveía. En su 
expedición á Quito se hÍ550 acompañar por Aniautas, astró- 
nomos Ó sabios, que fueron plantando pirámides en el cami- 
tío para averiguar, por la sombra proyectada, el tiempo de 
los solsticios, lo que ha hecho decir quctucron midiendo gra- 
dos de latitud. Este príncipe cuidó con grande acierto los 
intereses del imperio y á su muerte,en 14*75 mñs ó mcnos,de- 
jó el imperio á su hijo Huayna Cápac, en cuyo reinado el 
irai>erio de los Incas alcanzó á su mayor extensión. 

Estando Huayna Cápac en Tumbes recibió embajadores 
de Túmbala, cacique de la isla Puna, que ofrecía separarse 
del partido de los Scy ris y concertar alian^sa con él. Huayna 
Cápac pasó á la isla con su ejército- Fué recibido con ale- 
gres fiestas y muestras calurosas de adhesión, Al regresar ñ 
Tumbes, en balsas procedentes de Puna, se d:sarmaron es- 
tas en medio del golfo y se ahogaron tuuclios personajes 
principales. Para castigar esta alevosía juntó Huayna Cá- 



EL COURlitWMtBNTO DK SANA 



191 



pac niimerüsas tropas cnTuiiihes, aeonutio á la isla y la to- 
mo a sangre y fuego. Perdonó solo á las mujeres y los ni- 
ños y se dirigió á Gua3'aquil, de donde volvió d Quito para 
castigar la rebelión tle Cacha Scyri. Tras varios encuentros, 
en la última batalla, murió el rey quiteño y las tropas pro- 
clamaron por sol)erana á la princesa Bacha^ que era su úni^ 
ca hija. Huayna Cápae, cuyo prestigio militar había crecido 
con la derrota inferida al difunto monarca, entró en negocia- 
ciones y concertó su matrimonio con la nneva soberana, ase- 
gurándose así una pase bien fundada y definitiva. 

Libre desde en t onceé el Inca de atenciones militares se 
consagró por entero ft las negoeiaeiones de la admistraeión 
y ^n su tiempo e! imperio peruano alcanzó su mayor grande- 
za; pero como suele suceder íle ordinario en las grandezas 
humanas, se acercaba por estraños é imprevistos caminos, 
su destrucción y su ruina. 

Estando íiua3'na Cápac en Tomebaniba,su residencia fa- 
vorita, recibió mensajeros que le enviaban de Tumbes en 
1515, anunciándole la presencia de los españoles en la costa 
avistados por los navegantes tumbesinos en sus expedieio* 
oes á Colombia y Centro América. Con tal motivo, comen- 
^an>n á correr vagos rumores, que abultaba lafantasía^pro- 
palanxlo que la mar había abortado unos monstros mari- 
nos» como hombres bárbaros que navegaljan en casas gran 
des y usaban armas terribles. 

Pasadas, sin embargo^ las primeras impresiones, se disi- 
paron tales alarmafi. Ni el Inca ni su pueblo, percibieron 
con claridad el inminente peligro que se preparaba. Al mo- 
rir Huayna Cápac, en 1523, mostróse tan seguro y confiado 
que no trepidó en disponer, imprndenteja división del impe- 
rio; error político que hubo de acarrear funestas consecuen- 
cias. 

Conforme á lo dispuesto por el difunto monarca, recibió 
Huáscar la borla encarnada, emblema del dominio, y se hi- 
zo cargo del gobierno en el Cuxco, Atahualpa quedó reco- 
nocido soberano en (juito. Durante cinco años conservóse 
la paz entre ambos pueblos- 



Marco A* Caüeko. 



{S< coiitíjmiirái. 



INSTRVCtON CONTRA LAS CEREMONIAS, Y RITOS 

CONFORME AL TIEMPO DE SU INFIDELIDAD 



CAPITVLO PRIMERO 



DK LAS IÜOI.A TRIAS, 

Comvn es casi á todoslos Indios adorar Hiiacas, ídolos/ 
Quebradas, Penas ó Piedras grandes» Cerros, Cumbres de 
montes» Manantiales, Fuentes, y íinalmente qualquier cosa 
de naturaleza que parezca notable y diferenciada de las de- 
más, 

2- — ítem es común adorar el Sol, la Luna, Estrellas, el 
Luzero de la mañana, y de la tarde, las Cabrillas, 3' otras 
estrellas, 

3,— ítem los dcfuntos, ó sus sepulturas, assT de los ante- 
passadns, como de los Indios ya Christianns. 

4,— Los Serrajjos particularmente adoran el relámpago/ 
el Trueno» el Rayo llamándolo Sanctiago. ítem el arc<i del 
Cielo» (el f|ual también es reucrenciado de los Indios de los 
Llanos). ítem las tempes tí kIcíí, lo.^ toruel linos, 6 remolinos 
de viento, la^í lluuiaí», el granizo. Iteiu los Serranos adoran 
los montones de piedras que hazen ellos mesmos eti las lla^ * 
nadas, 6 encrtizijadas, ó en cumbreras de montes, que en el 
Cuzco y en los Collas se llaman Apachitas, y en otras jíar- 
tes las llaman Cotciráyac rumio por otros vocablos. Final- 
mente adoran qualesquiera otros m (cebaderos de piedras 
donde hallan auerse echado piedras, coca, mayz, sogas, tra- 



IXSTRVCtrtN CONTll4J^.^EREMONIAS Y RlTÓS 193 



pos y otras cosas diferentes. V en algunas partes délos Lla- 
nos aún ñy tiesto no poco. 

5,— Los Yungas especialmente fíelos Añiles, 6 otros In^ 
dios que vieueii eu tierras donde a3^ montañas adoran taní* 
bien animales corno Leones, Tigres^Ossos y culebras^O otras 
rr|>ientcs. 

6* — y Liando adoran las H nacas comunmente inclinan la 
la cabera y alejan las manos y hablan con ellas pidiendo lo 
que quieren* 
^ 7,— También es común quando passan los ríos/i arroyos 

H lieuerdel a^ua dellos por modo de salutación adorándolos, 
y pidiendo que los dexen passar lmi sriluo y no los licúen, y á 
las íuentcs y manantiales hazcn lo mismo para que no los 
dañen* Y á las lagunas, y lagos, y pozos hondos también 
rcaerencian por el mismo fin. 

8.— Los Serranos vsan cjuando van camino echar en los 

mismos ca mimos, ó cncruzijadas» en los cerros» 6 en rimeros 

de piedras [que según ya se ha dicho se llaman Apachitas] ñ 

I en las peñas, y cueuas, ó en sepulturas antií^^uas^ cal<^ados 

H viejos, plumas, coca mascada, á mayz mascado, y otras co- 

" sjis, pidiendo que los dexen passar en saino, 3' les quiten el 

Í cansancio del camino y les den fuer<^as para caminar* 
9.— Vsan los mismos tirarse las pestañas, ó cejas y ofrc* 
cerlas al sol, á los cerros, á los Apachitas, á los vientos, tem- 
pestades, truenos» rayos^á las peñas, cueuas, quebradas, an- 
gosturas, ó á otras cosas en veneración siy-a, pidiéndole 
I que les dexe \*r y boluer en paz. 
10.— ítem vsan quando an de yr lexos de su tierra, enco- 
mendarse á. sus Huacas, 6 hazer que los hechiceros los enco- 
mienden á ellas: y pedirles que les digan lo qnc les á de sncce- 
der en el viaje, ó en el pleyto, 6 negocio que llevan: si mori- 
rán ó bolueran ñ su tierra* Y para este efecto beuen y hacen 
otras cosas sni>ersticiosas y diuersas ceremonias. Y lo mcs- 
^ tno suelen hacer por ellos sus mujeres, ó hijos, ó deudos: y 
H quando llegan átlonde van velar de noche en reucrencia de la 
Iluaca, ó de algún cerro ó otra cosa y bebiendo y jugando 

■ hazcn particulares ceremonias. 
11.— Los Indios de los Llanos vsan adorar la mar para 
que les de pescado ó no se emhrauezca, echando en ella hari- 



REVISTA HISTÓmCA 



na (le Ma3"E blanco y almagre, ó otras cosas. También los 
Serranos al modo que reuerenciati las lagunas, reuereneian 
la mar aunque no la ayan visto, y Ihlmnnla Mamacocha, 
y los Aymaraeí?, Mama cotn: y en cspeL^ial los Serranos que 
bajan á los llanos para diuersos negocios adoran la mar con 
diferentes cerimonias, _v los llanos, Y la cordillera ncuada 
es también rcuerenciada y adorada de tocios los Indios, ó 
qiiclesciniera otra sierra alta que ten^^a nieue. 

12. — También vsan los que van á minas de Plata, ó Azo- 
gue, 6 de otro metal adorar loa cerros y nnnas pidiendo les 
den de su metal, y para esto velan de noche bebiendo y baj- 
ía nd o, 

13,— También vsan en algunas partes poner en medio de 
las Chacras vna piedra luenga para desde allí inuoearla vir- 
tud de la tierra y para que le guarde la Chacra. 

14, — En tiempo de la cosecha viendo las papas llamadas 
llallchuas, que son de diferente forma que las demás: 6 vien- 
do majorcas de ma}'^:, ó otras rayzes de diuersa hechura que 
las otras las suelen adorar, y haxer siis ceremonias particu- 
lares de adorarción, bebiendo 3" hay lando, teniéndolo por 
agüero. Lo mesnio hazen en las Minas que llaman Coya» 
que adoran y reuereneian los metales que llaman, Mama, y 
las piedras de metales que llaman» Corpa, adóranlas besán- 
dolas y haziéndoles diferentes eerinionias, ítem las jiepitas 
de Oro, ó Oro en polvo, y plata, ó las huayras donde se fun- 
de la plaia, ítem el metal llamado Soroche, Y el Azogue y 
el Bermellón del Azogue que ellos llaman Ichtna, ó Limpi es 
muy preciado para diuersas supersticiones. 



De los sacrificios y ofrendas 

CAP. II. 



Es cosa comón entre Indios arlorar á la tierra fértil, que 
es la tierra que llaman Pachamama, 6 Camac pacha, derra- 
mando chicha en ella, ó coea^ 6 otras cosas para que les ha- 
ga bien* 

2.— Y para el mismo efecto en tiempo de arar la tierra, 
barbechar y semiirar, y coger mayz, ó papas, 6 quinua, 



INSTKVClrtN COÍiTlíA LAS CEREMONIAS Y fílTOS 195 



Ó yucas, y camotes, 6 otras legumbres y frutos de la tierra 
suelen ofrecerle sebo í|ueiiiado, coca, cuy, corderos y otras 
cosas: y torio esto bebiendo y baylando. 

3.— Para td mismn efecto líudea ayunar, y abstenerse de 
eouier carne, ííal, axí y otras i*t>sas, ítem tienen pur abu- 
sión, que las miigcrés preñadas» ó que están con el mea no 
passen por Ips sembrados. 

4. — También hazen sacrificios de sebo, cu3% coca, carne- 
ros, y otras cosas quando haz^n casa nueva, ó la cubren, y 
de que la acaban las velan de noche, hazíendo ceremonias 
diversas, bebiendo y bay lando, 

Y todo para que les succeda bien. ítem quando repar- 
tiendo el ganado hazen otro tanto para que multipliquen, 

5* — ítem vsan sacrificar lo dicho, 6 ma_vz,y plumas blan- 
cas, ó de otras coh>rcs, Chaquira (que ellos llaman Molió) 
Conchas de la mar para librarse de los peligros de la mar 
Ríos, Truenos, Rayos, y otros peligros, 

Y lo mismo haasen para |)uriticarse de sus pecados, ó ma- 
les passados, y para otros fines. 

6.— También vsan algunos asperjar con los dedos la chi- 
cha que an de beber haííia el sol, 6 hazia el fuego, ó hazía la 
tierra pidiendo que les den pax vida y contento. 

7»— Quando es el año estéril por falta de lluvia, ó por lio- 
uer demasiaílo, 6 pur3^elo, 6 granizo, y finalmente cuando 
ay falta de temporales suelen pedir ayuda á las Huacas, al 
Sol, á la Luna, y estrellas llorando y ofreciéndoles sacrificios 
de sebo, coca, etc- V piira el mismo fin suelen confessarse al 
hechizero,\' ayunar, y mandar a su íuugcr, ó hijos, ó criados, 
que ayunen y lloren» y hagan lo mismo que él. 

8, — En algunas partes, especialmente entre los Andes 
vsan sacrificar á las Huacas, 6 cerros, ó al trueno y rayo, 
algún hombre, ó niño, matándole y derramando la sangre, 
ó haciendo otras ceremonias. También suelen sacrificar su 
propia sangre, ó la de otro adorando las Huacas, é ídolos 
para aplacarles con este saerificio. Aduiértase que assí co- 
mo antiguamente el sacrificar niños, ó hombres era para co- 
sas de grande importancia, como pestilencia grande, 6 mor- 
tandad, 6 otros trabajos grandes assí también se vsa algu- 



196 



RIWISTA HfSTÓKfCA 



lias veces por este mesmo fin en las partes donde aún toda- 
vía dura este género de sacrifido crueL 



De lus defvntos 



CAP. IIL 

Es tosa cnmúti entre Indios desenterrar secretamente 
los defvntfís de las Iglesias, 6 cimenterios, para enterrarlos J 
en las ITuacas, 6 cerros, o pampas» 6 en sepulturas antí- 
í^uas, ó en su casa, 6 en la del nicjsmo dclVnto, para dalles de 
comer y beuer á sus tienípos. Y entonces beuen ellos, y hay- 
lan y cantan juntando sus dcudtís}' allegados para esto» 

2. ^También suelen sacar los hechizeros á los defu netos 
los dientes, ó cortarles los cabellos y vñas, para lia^cer di- 
.ttersas hechizerías, 

3,— Vsan también (luando entierran sus defunctos los 
Indios; ponerles plata en la boca, en las manos, en los senos 
6 en otra parle; y vestirles ropas nueuas, y ponerles otras 
dobladas dentro de la mortrija, y también chuspas, y ca^'a- 
dos, y tocados para que todo esto les sima en !a otra vida, 
y en las endechas que les di^en refieren cosas de sus antepas 
sados del tiempo de su infidelidad. 

4.— ítem vsan mucho dar de comer j beuer en tiempo 
del entierro de sus defunctos, y dar de beuer cantando vti 
canto triste y lamentoso, gastando en esto y otras ceremo- 
nias el tiempo de las exequias que dura en parte ocho días^ 
y en partes menos, y vsan hazer sus antuersarios acudiendo, M 
6 de mes á mes, ó de año á año con comida, chicha, plata. ™ 
ropa y otras cosas para sacrificarla ó hazer otras ceremo- 
nias antiguas con todo el seereto que pueden, 

5, — Creen también que las ánimas de los defunctos an- 
dan vagas y solitarias por este mnndo padeciendo ham- 
bre, sed» frío, calor y cansancio, y que las caberas de sus de- 
functos ó sus fantasmas, andan visitando los parientes, ó 
otras personas en señal que han de nujrir 6 les á de venir al- 
gún mal. Por este respecto de creer que las ánimas tienen 
hambre, o sed 6 otros trabajos, ofrecen en las sepulturas 
chicha y cosas de comer y guisados, plata, ropa, lana v 



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I 



INSTRVCIÓN CONTRA LAS CKREMONIAS Y RITOS 197 



otras cosas píira que aproucchcn á los defu netos: y por es- 
to tienen tan especial cuydado de hacer sus aninersarios. 
Y las mismas ofrendas que hazen en Iíis Yjílesias á vso de 
Christianos las enderezan muchos Indios, y Indias en sus in- 
tenciones á lo que vsaron sus antcpassados. 



De los hechizeros y heohizerias 

CAP. IIII. 

Comvn cosa es acudir álos hechizeros, para que les curen 
en sus enfermedades llamándoles á su casa, ó yendo ellos, y 
suelen curar los hechizeros, chupando el vientre, ó en otras 
partes del cuerpo, ó vntándoles con sebo, 6 con la carne, ó 
grossura del Cu\', ó Sapo, ó de otras inmundicias, ó con yer- 
uas. Lo qual les pagan con plata, ropa, comida &c. 

2. — Del mismo modo acuden álos hechizeros en otras ne- 
cesidades: y para que les adiuinen lo que está por uenir,^' les 
manifiesten lo que han perdido ó les han hurtado, y para 
que les encomienden á las Huacas. Para lo qual todo les 
dan siempre ropa, plata, &c. 

3. — También acuden a confessarse con ellos sus pecados, 
y cumplen las penitencias que les dan por muy ásperas cpie 
sean, de adorar, ó sacrificar á las Huacas, de ayunar, ó de 
dar plata, ó ropa, ó de hazer cosas penales. 

4. — ítem acuden á los hechizeros, para que les den reme- 
dios para alcanzar vna mugcr, ó aficionarla, 6 para que no 
los dexe la manceba: y las mugeres acuden á los mismos pa- 
ra lo mismo. Y para este efecto les suelen dar ropa, mantas, 
coca,y de sus propios cabellos, ó pelos, 6 de los calíclios y ro- 
pa del cómplice, y á veces de la misma sangre i)ara que con 
estas cosas hagan sus hechizerías. 

5. — Es cosa vsada en todas partes tener, ó traer consi- 
go una manera de hechizos, ó nóminas vlel Demonio, (jue lla- 
man [Huacanqui] para efecto de alcanzar mugeres, ó aficio- 
narlas, ó ell^ á los varones. Son estos huacancjuis hechos de 
plumas de pájaros, ó de otras cosas diferentes, conforme á la 
inuención de cada provincia. También suelen poner en la 



198 



REVISTA HISTÓRICA 



cama del cómplice, 6 de la persona que quieren atraer, ó en 
su ropa, 6 en otra parte donde les parezca que puedan hazer 
efecto, estos huacaiiquis y otrt)S hechizos semejantes hechos 
de yeruas, ó de conchas de la mar, ó de may^, ó de otras co- 
sas diferentes. También las mujeres suelen quebrar sus to- 
pos, ó espinas conque asen las mantas ó Ilicllas, creyeiula 
que por esto el varón no terna fuerza para juntarse con 
ellas^ ó la que tiene se le quitará luego: y hazen otras cosas 
diferentes, para este mismo fin. También los varones y las 
mugeres hacen otras diferentes superstieíones, 6 de yeruas, ó 
de otras cosas, creyendo que por allí aura efecto en la gene- 
ración, ó en la esterilidad si la pretenden. 

6.— En algunas partes les dá vna enfermedad de bayle 
que llaman Taquí onco ó C^ara once: para cuya cura llaman 
á los hechizaros, u van á ellos, y hazeii mil supersticiones, y 
hechizerías, donde también ay idolatría, y confessarse con 
los hechiceros, 3^ otras ceremonias diferentes. 

7.— Para saber las cosas venideras, ó dezir donde está lo 
que se perdió, 6 lo que hurtaron vsan los hechiceros abrir 
diuersos animales como carneros, cuyes, aves, peces, serpien- 
tes, sapos, y en las asaduras y entrañas miran los agüeros 
malos, ó buenos. 

También suelen quemar sebo, cuy, coca, tabaco que 
ellos llaman (fayte) i ten, chaquira 6 conchas de la mar, y 
otras cosas para adiuinar los suceesos que están por venir: 
hazen también en algunas partes sus cercos en el suelo, y ha- 
blan ciertas palabras para esto sabidas, conque invocan al 
demonio, 3^ liablan con él en algún lugar obscuro, j final- 
mente hazen otras muchas supersticiones para esto. 



I>e los ap^veros y abusioni^s 

CAP. V. 



Comvnmeute quando veen los Indios culebras, 6 solas 6 
trauadas, serpientes, víuoras, lagartijas, 3^ otras sanandí- 
jas, como arañas, gusanos grandes, sapos, marÍi>osas y 
otras cosas semejantes, creen y dizen que es mal agüero y 



IKSTÜVCtÓN CONTRA LAS CEREMONIAS Y SITOS 199 



I 



que ha dt» venir mal por ello, y á las culebras las pisan con 
el pie y^quierdo después de auerlasnuicrto,ynrinadoen ellas 
para que eon ésto no venida el mal n^tiero: y hazen otras ce- 
remonias por este mismo fin. 

2— yuando oyen cantar lechudas, buhos^ buytres, gal li- 
nas 6 otras aues cstrañas^ ó aullar perros lo tienen por 
^igiíero mait] y pronóstico de nuicrte, para si, 6 para sus hi- 
jos, 6 para sus vecinos, y particularmente para aquél en 
«uya casa y lugar cantan, 6 aullan. Y suelen ofrecerles coca^ 
¿ otras cosas pidiéndoles que maten y dañen á sus enemigos 
3' no á ellos. ítem quando oyen cantar al Ruy señor, ó al 
:3íirguerita, dizen que han de reñir con alguno, 6 á de venir 
filgiln mab 

3. — Quando se eclipsa el sol, ó la luna, ó parece algtin en- 
^aneta, 6 resplandor en el ayie suelen gritar y llorar, y hazer 
«jae otros griten y lloren, y que ladren los perros, 6 aullen y 
para esto los aporrean. Suelen cercar sus casas en proces* 
síán de nuche con liazeS de fuego 3' hacer otras cerimonias 
para que no les venga el mal que temen y que tienen por 
^igüero malo. También tienen por mal agüero y que es para 
morir, ó para algún daño graue quando ven el arco del cielo 
3r á vezes por bueno, reueréncianlo mucho y no lo osan rai- 
^a-ar, 6 ya que Irj miran, no lo osan apuntar con el dedo en- 
cendiendo que se morirán. Y aquella parte donde les parece 
«lue cae de pie del arcojo tienen por lugar horrendo y teme- 
:a-oso entendiendo que ay allí alguna Huaca, ó otra cosa d¡g- 
:ma de temor y reiierencia. 

4. —Quando graniza, ó nieua,6 a3^ tempestad grande,dan 
.gritos entendiendo que así te rnñn remedio, hazen también 
^^rntonces algitnos sacrificios 3^ otras supersticiones. 

5.— Quando están de parto las mujeres suelen, sus mari- 
cos, y aún elbis ayunar absteniéndose de particulares i-omi- 
'^las,3'^ se confiessan con el hechií:ero,y adoran, ú las Iluacas ó 
^:erros, para que el parto salga á luz. Y aduicrtase que esto 
^el ayunar (cjue llaman, <^acij} es mu_v ordinario entre Indios 
para diuersos efectíjs, absteniéndose de particulares comi- 
das, y de otras cosas, mezcla nil o fliucrsas ceremonias. 

6,— Si paren dos fie vn vientre dizen que el vno dellos 




mú 



BKYISTA HISTÓRICA 



es hijo del rayo rjue ellos el día de oy llaman (Saiictíago) 
ofreciéndolos al truena. 

7. — En los llanos vsan los Indios estando eiifermtjs po- 
ner su ropa en los caminos, ¡lara que llenen los caminantes 
su enfermedad, ó los ayre.s purifiquen sus ropas. También 
ay esta costumbre en algunas partes de tos Serranos, 

8.— Suelen también en dinersas partes assí de los Llanos 
-como rie los Serranos, ó estando enfermos» ó sanos yrsc á 
lanar á los ríos, ó fuentes con ciertas ceremonias, creyendo 
que con esto lauan las ánimas de los pecados, y tjue los lle- 
nan las aguas, y toman el heno, ó género de esparto que 
ellos llaman (\chu) y escupen en él» ó ha^en otríis cerimp- 
nias diciendo sus pecados, allí delante del hechizero con mil 
ceremonias y creen que desta manera quedan purificados y 
limpios de pecados, ó de sus enfermedades. Otros suelen que- 
mar la misma ro])a conque cometieron los pecados, enten- 
diendo que el rue*j:o los ctjiisumirá y ellos quedarán limpios 
y sin culpa y libres de pena, 

9, — Quando tiembla la tierra echan agua en ella, dicien- 
do que las Huaeas tienen sed y ctuieren beber, ó hazen otras 
ceremonias y su|>erstic¡oneí5 diferentes* 

10.— Quando les tiemblan los párpados de los ojos, ó los 
labios, ó rumban los oydos, 6 les tiembla ali^una parte del 
cuerpo» ó tropiezan los pies, dÍ7xn que verán, 6 oyrán algo 
bueno, 6 malo: bueno sí fué el ojo, ó oydo, ó pie derecho, 
malo si fué el yzquierdo. 

11, — Los enfermos se suelen embadurnar el cuerpo con 
mayz, 6 con otras cosas, 6 embadurnar á otros para sanar 
de sus enfermedades. 

12. —Del espinco que es vn olor que vsan los Indios y con 
el Isimpt de que se saca el azogue que otros llaman (Ychnia) 
suelen hazer diuersas supL-rsttciones, y etm cierta flor llama- 
da Craya, y con otras colores de tierra ([ne llaman llimpi, ó 
sihuayro, y los Ay maraes llaman ama» se suelen embadur- 
nar en tiempo de sus fiestas, ó para otros fines malos, aña- 
diendo ceremonias y superstidones. ítem algunas naciones 
se !?uelen señalar ios rostros, las manos y bracos y pier- 
nas con fuego, haziendo ra_vas, 6 otras señales por algunos 
fines, hazieo lo para esto algunas ceremonias. 



INSTRYCIÓN CONTRA LAS CEREMONIAS Y RITOS 201 



13.— En el fuego quando salta y hazen centellas echan 
mayz, 6 chicha, 6 otra cosa para aplacarlo haziéndole vene- 
ración. 

14. — Para que venga mal ó muera el que aborrecen lic- 
úan SU ropa y vestidos y visten con ellos alguna estatua que 
hazen en nombre de aquella persona, y maldízenla escupién- 
dola y colgándola. Assí mismo hazen estatuas pequeñas de 
barro, 6 de cera, 6 de massa y las ponen en el fuego para que 
allí se derrita la cera, ó se endurezca el barro, ó haga otros 
efectos que ellos pretenden creyendo que con este modo que- 
dan vengados, 6 hazen mal al que aborrecen, y finalmente á 
este propósito hazen diferentes supersticiones y cerimonias. 

15. — Suelen trasquilar de cierta manera, y á cierto tiem- 
po señalado, ó en tal edad á sus hijos, haziendo que les ofrez- 
can plata, ropa, lana, algodón, y otras cosas, bebiendo y 
baylando, y para ésto hazen junta solemne, y gran fiesta. 
Y con ésto los consagran por hijos del sol, ó piden que aquel 
niño viua en prosperidad, y succeda á sus padres, &c. 

I6.--L0S Yngas y gente del Cuzco suelen agujerear las 
orejas á sus hijos quando llegan á edad de catorze años po- 
co más,ó menos, y ofrecerles plata, ó ropa &c. haziendo bo- 
rracheras y otras supersticiones, y con aquesto les dan señal 
de nobleza, ó los arman cauallcros. El día de oy no ay tan- 
to desto, más los que aciertan á hazerlo es con diferentes ri- 
tos y modos que an inuentado para hazerlo secretamente. 

17. — También es común en la edad de catorze, ó quinze 
años poner á sus hijos los pañetes con ciertas ceremonias, 
lo qual llaman ( Huarachicuy ) y vsan ordinariamente 
todos los Indios, haziendo ba^-les y bebiendo 3' añidiendo 
otras supersticiones. Assí mismo á las donzellas quando les 
viene la primera flor, suelen sus padres ó madres lauarlas y 
peinarlas, y vestirlas, y ofrecerles algo con ciertas ceremo- 
nias y supersticiones. Llaman esta obra que se haze para 
la primera flor (Quicuchicuy). 

En otras prouincias tienen otros modos diferentes, y ca- 
da nación haz? esto conforme al vso de la región. 



Í02 



REVISTA HISTÓRICA 



De los errores contra la fe católica en la qne 
suelen caer algunos Indios 



CAP. VI 

Dízen algunas veces de Dios que no es buen Dios, y que 
no tiene cuydado de los pobres, y que de valde le siruen loíi 
Indios, 

2* — ^Que no es piadoso ni tan niisericordioso Dios, como 
dízcn los Christianos. Que no iiy perdón de jiecados para los 
que an pecado grauísimamenti?: ó para otros pecados enor- 
mes. 

3,— Que Dios loscrió par^i viuir en jíccadOp y especialmen- 
te para cosas deshonestas de luxuria y de embriaguez, y que 
ellos no pueden ser buenos. 

4,— Que las cosas se hazen por la voluntad de el Sol, y de 
la Luna, y de las Huacas» 6 por algún hcílo. Y que Dios no 
tiene prouidencia de las cosas de acá abaxo. 

5.— Que como los Christianos tienen ymágenes y las ado- 
ran, assí se pueden adorar las HuacaSi 6 ídolos, ó piedras 
que ellos tienen, Y que las ymágenes son los ídolos de los 
Christianos, 

6.— Que lo que predican los Sacerdotes y Predicadores no 
es todo verdad y que muchas cosas dellas son encarecimien- 
tos, para atemorizar á los Indios. Y que tanta razón ay de 
creer á sus antepassados» y á sus Quipos y memorialeSp co- 
mo álos mayores y antepassados de los Christianos y á sus 
Quillcas y escripturas. 

7,— Que no ay para que adorar la Santíssíma Trinidad, 
ni á lesu Christo nuestro Sefior* Este lenguaje es particular 
de los hechizeros que andan cngairando y sonsacando A los 
Indios para apartarlos de la Fe Católica, añidiendo mil 
mentiras contra ellas: y habiendo juntas de Indios secreta- 
mente, donde predican contra lo que los sacerdotes enseñan 
3^ abonan su secta falsa. 

8.— Que bien se puede adorar á Jesu Christo nuestro Se- 
rior^-- al demonio juntamente, porque se han concertado ya 
entrambos v están hermanados» 



IKSTRYGIÓN CONTRA LAS CEREMONIAS Y RITOS 203 



9.— Ponen duda y díficultac] en algunas cosas de la fe. 
Frinci[>al mente en el mysterin de íaSanctíssima Trinidad, en 
la vnidad de Dios, en la pasión 3-- muerte de lesu Christo» en 
la virginidad de nuestra Señora, en el Sanetíssimo Sacramen- 
to del altar, en la Resurrección general, y cerca del Sacra- 
mento de la ex trema vnctón, [por no auérseles ad ministra- 
do hasta aquí] allende que no tenían noticia del, no creyan 
que era Sacramento. 

10.— Dizen que los matrimonios se pueden dist^luer aun- 
que sean ratos y consumados; y assí por qualquier ocasión 
í|ue sea, dizen que an de apartarse los casados, y pialen que 
los dissueltian* 

11.— Que pecar soltero con soltera no es pecado, y ei len- 
guaje que ay de dezir [no te embaraces con esse casado,ó ca- 
sada que es gran hocha, mejor es que te embueluas con otro 
soltero 6 soltera que no es pecado] es común entre muchos 
Indios: y mucho más entre mugeres, 

12,— Que estar vn soltero ctm vna soltera algún tiempo 
auiancebados por vía de prueua para auerse de casar, bien 
se puede haxer, y que no es pecado: porque ellos lo hazen pa- 
ra sernir á Dios, Y assí lo hazen común mente los Indios sin 
escrúpulo. 

13* — Que el Sacerdote malo, brauo, cobdicioso, desho- 
nesto, ó que tiene otros pecados escandalosos no consagra 
en la missa. ni valen los sacramentos que administra, y que 
no se á de adorar la hostia y el cáliz que los tales al^an en 
el altan 

14.— Que las ánimas de los defuntus andan vagueando 
y tienen neeessidad de comida y heuida y ropa &c. por la 
hambre y sed y frío que passan. 



204 



REVISTA H1ST/>RICA 



Supersticiones de los Indios, sacadas del eegnndo 
Coaeilio Pronincial de Liimai que se celebró 
el a&o sesenta siete. 

Bx capite. 98. Sessronis 

Q\ e eii cada prouiíicia a}- vn templo ó Hiiaca principal, 
adonde todos los de la tal provincia van c4 aclorar y ocurren 
con sus sacrificios. Y en cada pueblo principal ay otro tem- 
plo, ó Huaca menor, donde particularmente ocurre el tnl 
pueblo. V todos estos adóratenos tienen siis ministrof:, y 
las cosas necesarias para sus supersticiones. 

Ex Cnp. 99. 

En las juntas y encruzijadas de caminos, y en las cum- 
bres y collados de cerros a3" los adoratorios, que en la len- 
gua de los Indios llaman (Apachitn): en los quales los In- 
dios á la passada ofrecen coca, mayz, y plumas de aues, y 
echan las oxotas viejas^ ó otra cosa alguna del las que lle- 
nan para su camino: y sino llenan que ofrecer eelian á lo me- 
nos vna piedra: porque con esto les parece que dexan el can- 
saneio del camino y cobran nuevas fuerzas. 



Ex Cap. 100. 

Los Collas y Puq ninas, y otras naciones de Indios» %''san 
iormar las caberas de los niños en diuersas figuras con mu- 
cha superstición. Enal^^unas pí^rtes Iíis hazcn muy largas 
(que llaman,<^aito homa) adelgazándolas, y haziéndolas que 
venga al molde de vnoscomo bonetes que llaman, Chucu, 
angostos y luengos. En otras partes hazen las cabeíjas lla- 
nas y anchas de la frente, que llaman Paltohoma, Y demás 
del daño que hazen á los niños con esta violencia, vsan cier- 
tos sacrificios al sol v á los ídolos. 



LSSTRYCIÓÍÍ COKTR.V LAS CÉRHMONIAS Y RlTüS 205 



ExCnp. 101, 

De diucr-sas maneras st; ofrecían y dedicauan los ludios 
#i los demonios. Al^^unas verses de x and o crecer los cabello;* 
hasta la cinta, otras vezcs tras uilándoloB, no de vna mane- 
ra sino de muchas, y es vso que las mngeres que ha^en criz- 
nejas los cabellos en las caberas de los varones sejnntan des- 
honestamente con ellos. También hazen diuersas supersti- 
cioties quando los varones crían los cabellos largos á mane- 
ra de mugeres, y quando los trasquilan, 6 deshacen las criz- 
nejas* 



BxCap. 102, 

Sveien principalmente los Curacas, quando mueren ente- 
rrar consigo según su costumbre comida y bebida y vesti- 
duras, 6 otras cosas semejantes: cre_ventlo que después de 
muertos se an de aprovechar dello. Otros quando mueren 
suelen mandar á los suyos como por testanicntíí, no entie- 
rrcn sus cuerpos en las Yglesias, donde en t ierran los Chris- 
ttanos: 3* si los cntienan allí por miedo de los Sacerdotes, 
los saquen después de enterrados, y los llenen á los sepul- 
chros de sus mayores. 

Ex Cap, IOS. 

Los Ingas del Cuzco y los demás de su linage derrama- 
dos por el reyno tienen por costund^re en señal de su noble- 
za horadarse las horejas en el lugar que las mugeres suelen 
poner zarcillos, haziéndolas muy grandes con ciertos artifi- 
cios al sob y á las Huacas, según sus costumbres antiguas. 

Ex Cfip. i 04, 

En diuersos tiempos del año suelen muchos Indios haxer 
muchas cosas supersticiosas quando siembran, y coxen los 
panes, al tiempo de llouer, ^1 de 3^elo, y en las necesidades 
que succeden haziendo diuersos sacrificios y ceremonias an- 
tiguas. 



206 REVISTA HISTÓRICA 



Ex Cap, 105, 

Svelen también los Indios mirar en agüeros y vsar cere- 
monias y ritos supersticiosos, como los que hazen quando 
quitan los nombres á los niños, y les ponen otros de nueuo: 
quando los trasquilan y ponen zaragüelles la primera vez. 
Y finalmente ninguna cosa empiezan de nuevo en que no se 
haga superstición, y miren en agüeros. 

ítem quando entierran los cuerpos de los difuntos se 
trasquilan 3^ se visten cierto género de vestiduras, toman 
atambores, y lloran cantando: traen la ropa de los difun- 
tos por los lugares donde aduvieron mientras viuieron; pó- 
nenles comida y bebida en las sepulturas hazen sacrificios al 
3^ sol a los demás \t1o1os. 



'> < > < ^ 



LOS ERRORES Y SVPERSTIGIONES DE LOS INDIOS, SACADAS 

EíEL THATAWi V AUKKIGLACIÓN 

QUE HIZO EL LICENCIADO POLO 



De las hiracae y ídolos 

CAPÍTULO PRIMERO 

Despvés del Viracocua (á quien tenían por señor supre- 
mo de todo y adorauan con summa honra) adorauan tam- 
bién al Sol, y á las estrellas, y al trueno, j á la tierra que Ha- 
filaban Pachamama y otras cosas diíerentes* Entre las es- 
trellas comúnmente todos adorauan ala que ellos llaman, 
Cólica, que llamamos nosotros las cabrillas. Y las demás es- 
trellas eran veneradíis por aquellos particularmente que les 
parecía que auían menester su fauor. Porque atribuyan ádi- 
ucrsas estrellas diuersos oficios. Y assí los Oucjeros habían 
veneración y sacrificio a vna estrella que ellos llaman, Vrcu- 
chillay, que dizen es v*n carnero de muchas colorts, el qual 
entiende en la conseruación del ganado, y se entiende ser la 
que los Astrólogos llaman Lyra, Ylos mismos adoran á otras 
clos queandan cerca della que llaman, Catuchillay y Vrcuchi- 
Ilay, Que fingen ser una oueja con vn cordero. Otros que 
viuen en las montañas adoran otra estrcUaque se llama Chu* 
qui chincliay cpie diaten que es vn Tigre á cuyo cargo están los 
Tigres, Ossos y Leones, También adoran otra estrella que 
llaman Ancochinchay, que conserua otros animales. Assí 
mismo adoran otra que llaman Machacuay, & cuyo car- 
go están las Serpientes y Culebras, para que no les hagan 



208 



ttEVlSTA HISTÓRICA 



mal y generalmente todos los animales y aues que ay en 
la tierra, creyeron que ouiesse vn su semejante en el cíelo, á 
cuyo cargo estaua su procreación y augmento, V assí te- 
nían cuenta con cliuersas estrellas, como la que llamauan^ 
Chacana, y Topatorca, Mamana, y Mirco, y Miquiquiray, y 
otras assí. 

2.— El modo de hazer oración al Viracocha, al Sol, y á 
las estrellas era vno mismo: que es abrir las manos, y hazer 
cierto sonido con los labios (como quien besa) y pedir lo que 
cada uno quería: y ofrecerle sacrificio. Aunque en las pala- 
bras auía diferencia» quando habla uan con el gran Ticcí Vi- 
racocha. Porque á él le atribuyan principalmente el poder y 
mando de todo, y á las otras Huacas, como á senores,ó Dio- 
ses particulares cada vno en su cosa: y que eran interceso- 
res para con el Tíccí Viracocha. 

3.— Después del Viracocha, y del Sol. la tercera Huaca y 
de más veneración era el trueno: al qual ilamauan por tres 
nombres Chüqiiiilla,Catu illajntutllapa: fingiendo que esvn 
hombre que está en el Cielo con vna honda y vna porra, y 
que está en su mano el llouer, y granizar, 3^ tremar, y todo 
lo demás que pertenece á la región del ayrc donde se ha^en 
los nublados. Esta es Huaca general á todos los Indios, y 
ofrecen le diucrsos sacrificios, y en el Cu:íco se le sacrificauan 
también niños como al Bol. Quando alguna muger pare en 
el campo en día que truena, dizen que la criatura que nace 
es hijo del trueno: y que se á de dedicar para su seruicio. Y 
assí hay mucho número de hechizeros de estos, que Human 
hijos del Trueno/ 



De las ánimas y def vntos 



CAP. II. 



Comv mente creyeron que las Animas viuían después de 
esta vida, y que los buenos tenían gloria» y los malos pena. 

Mas de que tos cuerpos ouiessen de resuscitar con las Áni^ 
mas nunca lo entendieron, Y assí ponían excessiva diligencia 



INSTRVCIÓN CONTRA LaS CEREMONIAS Y RITOS 2C 



en conservar los cuerpos y sustentarlos, jhonrarlos después 
de muertos* Y el %*ulgo de los Indios entendió que las comU 
das y beuidas y ropa, que ponían á los defuntos les susten- 
tana, y les lihraua de trabajo: aun que los más sabias de los 
Vn^^as no creyeron ésto. 

2.— También endendían comúnmente, que á los que Dios 
auía dado prosperidad en esta vida eran sus amigos, y assí 
les daua gloria en la otra vida. Y de aquí procedía honrar 
^o á los señores y hombres poderosos, aún después de muer- 
cantos, y al contrario despreciar á los viejos, y á los enter- 
i^»ias, y á los pobres teniéndolos por desechados de Dios. Y el 
c3ía de oy ay gran ignorancia y error acerca désto en el co- 
^^lún de los Indios, 

3.— A los cuerpos de los defuntos tenían los descendien^ 
*es en gran veneración, haziendo diligencia para que se con- 
^seruassen. Y para ésto les ponían ropa y hazían sacrificios: 
^^Sspecialmente los señores tenían gran summa de ministros 
^jue entendían en sus sacrifictoSj y veneración, Y de los Yn- 
jb^as cada vno en vida haxía vna estatua suya que llamaua, 
fiuauqui^ á la qual se haxían muchas fiestas, y quando mo- 
^«-ia el Ynga, ninguna cosa de sus tesoros, y ropa» heredaua 
^I successur: mas todo se aplicaua para los sacrificios, y ser- 
laidos, y sustento de sus ministros, Y el día que morían ma- 
^tauan las mujeres a quien tenían afición» v^ criados, y oficia- 
les para que les fuesen á seruir A la otra vida, Quando mu- 
m-ió Huayna Cápac fueron mil personas muertas para este 
afecto. Matáuanlas después de muchos cantares y borra- 
«zrheras. Embalsamauan !os cuerpos muertos destos Ingas, 
:y de las mugeres: de modo que durauan tfozientos añns y 
^nás enteros. Sacrificáuanles muchas cosas, especiahnente 
aliños y de su sangre hazían una raya de oreja a oreja en el 
wostrtí del defunto. Esta superstición ha cessado después 
^ue se descubrieron estos cuerpos: mas no cesa entre los In- 
ilios el tener gran veneración álos cuerpos de sus antepassa- 
los, y proeuralles comida y beuida, y vestidos, 3^ hazerles 
l^iuersos sacrificios. 



210 



KEVISTA HISTÓRICA 



De las estatuas de los ITngas 

CAR JIL 

Vsaron Los Indios nombrar ciertas estatuas, 6 piedras 
en su nom1)re, para que tn vida y en muerte se les hiziesse 
la misma veneración que á ellos, Y eada a^^llo, ó linage te- 
nía sus ídolos, ó estatuas, de sus \ngas, las quales Heuauan 
á la guerra y sacauan en processión para alcanzar agua y 
buenos temporales y les hazían diucrsas fiestas y sacrificios. 
Des tos ídolos vuo gran summa en el Cuzco, y en su comar- 
ca entiéndese que ñ cessado del todo, ó en gran parte la su- 
perstición de adorar estas piedras después yue se descubrie- 
ron. Que fué la primera de Ynca Roca, cabera de la princi- 
pal parcialidad de los Yngas de Hanan Cozco. Y por su or- 
den les succedieron Yáhuarhuaqui, Viracocha Ynca, Pacha- 
cuti Ynca, Topa Ynca Yupanqui, Huayna CápaCt Huáscar 
Ynca. De la parcialidad de Vrin Cuzco se cuenta el primero, 
Cinchi roca» tras él Cápac Yupanqui, Lluqui Ynpanqui, May- 
taca pac, Tarco huanián, 

3.— El principio que estos indios señalan dizen, hauer si- 
do Manco Cápac. que después del diluuio dizen auer sido 
progenitor y Padre de las gentes, y que éste salió por vna 
ventalla en el pueblo de Tambo, Y dizen auerse después con- 
uertido en piedra; á la qual hazían gran veneración. Esta 
superstición ha cessado del todo según se entiende. 



De loa aiTveroi 

CAP. IIII, 



En quakjuier negocio que quieren poner por obra que 
sea de alguna importancia, como hazer casa, andar camino, 
sembrar, coger, encerrar lo que se coje, casarse, abrir las 
orejas con su solemnidá, yr á la guerra, boluer á sus casas. 



INSTEYCIÓN COKTRA LaS CHHRMONUS Y RITOS 211 

y en tollos los demás negocios de esta condición, tienen por 
costumbre Iiazer primero dos prenencioncs. Vna es de echar 
suertes, y mirar las entrañas,6 assadura de algunos anima- 
les: Y la seií linda hazer al^ún sacritício, 6 oferta á los adora- 
torios, j el que echa las suertes, á de mirar al animal. Tam- 
bién haze primero acatamiento al Viracocha, y al Sol, y al 
chuqui illa, y á alguna Huaca particular de su pueblo, 6 par- 
cialidad suya. 



Se la conf esBión y fienitencia 

que hazian por sus pecados 

CAP. V 

Tenían por opini6n que todas las enfermedades venían 
por pecados que vuiessen hecho, Y para el remedio vsauan 
cíe sacrificios: y vltra desso también se confessauan vocal- 
mente quasi en todas las prouincias.y tenían confessores di- 
fiutados para ésto: mayores, y menores, y pecados reserua- 

jdos al mayor» y recebían penitencias, y algunas vezes áspe- 
ras, especialmente se era hombre pobre el que hazía el peca- 
do, y no tenía que dar al confessor. Y este oficio de Confes- 
sar también lo tenían las mugeres. En las prouincias de 
Collasuyo fué y es más vniuersal este vso de confessores he- 
chizeros, que llaman ellos ( Ychuri, vel ichuiri). Tienen por 
opinión que es pecado notable encubrir algún pecado en la 
confessión* Y los Ychuris, ó confcssores aueriguan ó por 
suertes, ó mirando la assadura de algún animal, si les encu- 
bren aí^fm pecado, y castiga nlo con darles en las espaldas 

'cantidad de golpes con cierta piedra, hasta que lo dize todo 
y le dan la penitencia y hazen el sacrificio* Esta confessión 
%'san también quando están enfermos sus hijos» ó muje- 
res, ó marido, ó su cacique, ó quando están en algunos 
grandes trabajos. Y quando el Ynga estaua enfermo se con- 
fessauan todas las prouincias, especi límente los Collas» 

2.— Los confcssores tenían obligación al secreto: pero 
con ciertas limitaciones. Los pecados de que principalmente 
H 



212 



REVISTA HISTÓRICA 



se acusavan eran. Lo primero, matar vno á otro fuera de la 
guerra, ítem tomar la miiger agena, ítem dar yeruas, 6 he- 
chizos para hacer míiL ítem hurtar. Y por muy notable pe- 
cado tenían el descu3"do en la %'eneración de sus Huacas, y el 
quebrantar sus fiestas; y el dezir mal del Inga: y el noobecer- 
le* No se accusauan de pecados y actos ínter ioreü. ¥ según 
relación de algunos sacerdotes, después que los Christianos 
vinieron á la tierra se accusan á sus ychuris ó confessores 
etiam de los pensamientos* El Ynga no confe^sauasus peca- 
dos íí ningún hombre sino sólo al Sol para que el los dijesse 
al Viracocha, y le perdonaste. 

3.— Después de confes^ado el Inga hazía cierto lauatorio 
para acauar de limpiarse de sus culpas: y era en esta forma» 
que poniéndose en vn río corriente dezía estas palabras» 3'0 
é dicho mis pecados al Sol, tu río los recibe.llcualos á la mar 
donde nunca más parezcan. Estos Lauatorios también vsa- 
uan los demás que se coní'essauan con ceremonia muy seme- 
jante á la que los moros vsan, que ellos llaman el guado, y 
los Indios los llaman, opacunn. Y quando acaecía morírsele 
á algún hondjre sus hijt)S le tenían por gran pecador, dizien- 
do que por sus pecados succedíja que muriesse primero el hijo 
que el Padre, Y á estos tales^ qnando después de suerse con- 
fessacio hazían los lauatorios llamados Opacuna (según es- 
tá dicho) les auía de a^'otar con ciertas hortigas algún Indio 
monstrouso como corcobado, ó contrecho de su nacimien- 
to. &c* 

4-.— Si los hechizeroS|ó sortílegos por sus suertes, ó agüe- 
ros afinnauan que auía de morir algún enfermo, no duda* 
ua de matar su propicj hijo, aunque no tuviese otro. Y con 
esto entendía que adquiriría salud, diziendo que ofrecía á su 
hijo en su lugar en sacrificio, Y después de auer Chrigtianos 
en esta tierra se á hallado en algunas partes esta crueldad. 



I 
I 



Del modo de sacrificar 

CAP. VI. 



El modí) de matar qualquier res chica, ó grande, qt 
m log Indias según su ceremonia antigua, es la propE 



INSTRVCIÓN CONTRA LAS CEREMONIAS Y RITOS 213 

que tienen los moros que llaman el alqufble. Que es tomar 
la res encima del bra^o derecho 3^ boluerle los ojos hazia el 
Sol, diziendo diferentes palabras, conforme á la qualidad de 
la res que se mata. Porque si es pintado, se dirijen las pala- 
bras al Chuqui illa, ó trueno para que no falte el agua, y si 
es blanco raso ofrécenle al Sol con vnas palabras. Y si es la- 
nudo con otras para que alumbre y crie. Y si es guanaco 
como pardo dirijen el sacrificio al Viracocha. Y en el Cuzco 
se matauan con esta ceremonia cada día vn carnero raso al 
sol, y se quemaua vestido con vna camiseta colorada. Y 
quando se quemaua echauan ciertos cestilios de coca en el 
fuego,que ilamauan (Villca roncon) 3' para este sacrificio te- 
nían gente diputada y ganado que no seruía de otra cosa. 



Del orden del año y tiempos 

CAP. VII. 

El año partieron en doze meses por las lunas: y los de* 
más días que sobran cada año los consumían con las mis- 
mas lunas. Y á cada luna, 6 mes tenían puesto su mojón ó 
pilar al derredor del Cuzco donde llegaua el Sol aquel mes. 
Y estos pilares eran adoratorios principales, á los quales 
ofrecían diuersos sacrificios y todo lo que sobran a de los sa- 
crificios de las Huacas, se llcuaua a estos lugares que se Ila- 
mauan, Sucanca, y el que es principio de Invierno, Puncuy 
sucanca, y el principio de verano, Chirao sucanca. Al año 
nombran, Huata en la Quichua, y en la A\^mará de los Co- 
llas, Mará. A la luna, y mes llaman, Quilla, 3^ en la Aymará, 
Pacsi. 

2. — Cada mes del año tenía diuersas fiestas, y sacrificios 
por su orden, como lo ordenó Pachacuti Ynca. El qual hi- 
zo que el año comen^asse desde Diziembre, que es cuando el 
Sol llega á lo último de su curso al Polo Antartico de acá. 
.\ntes deste Ynga dizen que comen^aua el año desde Enero. 



214 



HEYÍSTA HISTÓRICA 



De las fiestas de cada mes del año 



CAP. VIIL 



La primerfi fiesta y mes principal de todas era, la que 
namauanCápacraj^mi: que se hazTa en d primer mes del Año 
que era tlizienil)re, que se Itania, RayiTii* En esta fiesta se 
ofrecían grande summa de carneros y de corderos en sacrifi- 
cio y se quemauan con lefia labrada y olorosa. Y trayan Ccir- 
ñeros, oro, y plata, y se ponían las tres estatuas del sol y 
Tas tres del trueno» padre y hijo y hermano* que dezínn te- 
nía el sol y el trueno. En estas fiestas se dedicauan los ttiej- 
chachos Yngas, y les ponían las guaras, 6 pañetes, y les hn- 
radauan las orejas, y les a^otauan con hondas los viejos y 
vntauan con sangre el rostro todo en señal de que auían de 
ser caualleros leales del Ynga. Ningún extrangero podía eSí- 
tar en este mes y fiesta en el Cuzco, y al cabo dé las fiestas 
entrauan todos los de fuera, y les dauan ciertos bollos de 
maíz con sangre de sacrificio que comían en señal de confe- 
deraeión con el Inga. Hazíanse diuersas ceremonias, que 
por haber ya cessado del todo según se entiende no se refie- 
ren. Sólo se advierte que el poner de las huaras, 6 pañetes 
á los mochachos, que son de doze á quinze años, dura hasta 
agora, y es muy vsada entre los Indios, y 11 ama nía en la 
Quichua, Huarachicuy, y en la Ayniará, Vicarassiña. Tam- 
bién aunque no sea por la misma orden, ni por el mismo 
tiempo, vsan en muchas partes, especialmente en Potosí» y 
en las tierras alrededor, hazer la dicha fiesta llamada, ray- 
mi, al tiempo del sembrar, y taml)ién por Corpus Christ' 
vistiéndosej y comiendo y beuiendo y bay lando, y habiendo 
diferentes sacrificios al modo antiguo. 

2.— La fiesta del se^^undo mes se llama^ Camay, en que 
hazían diuersos sacrificios, y echauan las cenizas por vn 
arroyo abaxo, este mes es Enero. 

3.— Al tercero mes y fiesta del llamauan, Hatun pueuy, 
en que sacrificauan cien carneros como en los otros meses, 
y este responde á Febrero» 



IMSTRVCIÓN CONTRA LAS CEREMOXUS Y RITOS 21 5 



4.— El quarto mes y fiesta se llamaufi, Pacha pucuy, en 
que S€ ofrecían cien carneros necios, este es Mar^o. 

5.— El quinto mes y fiesta se llamaua, Atilinaqniie, en 
que se sacrificauan cien carneros moromoros» (|ue es pinta- 
dos» este responde á AbriL 

6*— El sexto mes se llama, Hatun cuzqu faymoray, que 
re^iionde á Mayo, también se sacrificaban otros cien carne- 
ros íle toílos colores. En esta Luna y mes (que es quando se 
trae el mayz de la era a la casa) se liazía la fiesta que oy día 
es muy vsada entre los Indios que llamím^ Aymoray vel Ay- 
moraña. Esta fiesta se haze viniendo desde la chacra hasta 
su ca^a diziendo ciertos cantares, en que ruegan que dure 
mucho el mayjc. y haísen cada uno en su casa Yua huaca del 
mayx la qual llaman Mamacara, tomando de su chacra cícr* 
ta parte de ma3"z más señalado en cantidad y poniéndola en 
ana troxe pequeña que llaman Pirua,con ciertas ceremonias» 
3' velando tres noches, y este mayz meten en las mantas más 
ricas que cada vno tiene, y desque está tapado, y aderezado 
adoran esta Pirua, y la tienen en gran veneración, y dizen 
que es madre del maysí de su chacra y tiue en ésto se dá 3^ se 
consenta el mayz, 3- por este mes le hazen un sacrificio par- 
ticular: y los liechizeros le preguntan si tiene fueríja para el 
año que viene}* si responde que no, le llenan á (juemar á la 
misma chacra con la solcnnidad (|ue cada vno puede, Y ha- 
len otra pirua con las mismas ceremonias diziendo qtie la 
retiueuan para que no perezca la simiente del mayz, \^ si res- 
ponde que tiene fuerza para durar más, la iiexan hasta otro 
año. Esta superstición dura hasta o\" día: v es muy común 
entre los Indios tener estas piruas, v hazer la fiesta del A3'- 
moray. 

7,^El séptimo mes que responde á lunio se llama Auca\' 
cuzqui, Intiraymi, 3^ en él se hazía la fiesta llamada Intiray- 
mi, en que se sacrificauan cien carneros guanací^s, y que de- 
zían que esta era !a fiesta del SoL En este mes se huzía gran 
sunima de estatuas de leña labrada de Ouissnar, todas ves- 
tidas de ropas ricas, v se hazía el ba\dc que llamauan Cavo. 
y en esta fiesta se derrama uan muchas flores por el caminci 
v venían los Indios rau3' embixados: 3' los señores con vnas 
patenillas de oro puestas en las líarbas, v cantando todos. 



216 



REVISTA HISTÓRICA 



Hase de aduertir que esta fiesta eatr quasi al mismo tiempo 
(juelos Christíanos hazemoA la solemnidad de CorpusChristi, 
y que en algunas cosas tienen alguna apariencia de semejan- 
za (como es en las díunjas, representaciones, ó cantares) y 
que por esta causa á auido y ny oy día entre los Indios, que 
parecen celebrar nuestra fit^sta de Corpus Christi, mucha su- 
perstición de celebrar la suya antigua del Intiraynií. 

8.— El octavo mes se llama Chaliua huarquis: en el qual 
se quemauan otros cien carneros por el orden dicho todos 
pardos de color de viscacha, y este mes responde á lutio. 

9.— El noueno mes se llama Yapaquís. En el qual se que- 
mauan otros cien carnerüs castaños, y se degollauan y que- 
mauan mil cuyes^ para que et yelo, y et ayre, y el agua, y el 
Sol no dañasse á las chacras: este parece que responde á 
Agosto. 

10.— Eí décimo mes s^ llama Coya rayraí, en et qual se 
quemauan otros cien carneros blancos lanudos. En este 
mes {que responde á Septiembre) se hastía la fiesta llamada, 
Citua^ en esta forma, que se juntauan todos antes que salíes- 
se la luna el primer día, y en viéndola dauan grandes vozes 
con hachos de fuego en las manos diziendo, va^^a el mal fue- 
ra, dándose vnos á otros con ellos. Estos se llaman Fan- 
concos, Y esto hecho se hazía el lauatorio general en los 
arroyos y fuentes, cada vno en su ceque» ó pertenencia, y be- 
uian quatro días arreo. Este mes sacauan las mamaconas 
lid Sol gran cantidad de bollos hechos con sangre de ciertos 
saerilieios: y á cada vno de los forasteros dañan vn bocado, 
V también enbiauan a las huacas forasteras de todo et Rey- 
no, y é diuersos Curacas en señal de confederación y lealtad 
al sol y al Inga. Los laua torios y borracheras y algún ras* 
tro de esta fiesta llamada, Citua, aún dura todauía en 
algunas partes con ceremonias algo diferenciadas, y con 
mucho secreto. Aunque lo principal y público á ya cessa- 
do. 

11.— E' \n décimo mes se llama Homa ra3'm¡ puchayquis* 
En el qual sacrifieauan cien carneros, 3' si faltana agua, pa- 
ra que llouiesse ponían vn carnero todo negro atado en vn 
llano derramando mucha chicha al derredor y no le dauan 



ISSTRVCIi'lK COKTRA LAS CEREMOHIAS Y RITOS 217 

de cumer haista r|ue llouiesse. Esto se v-sa tatnbíén eti mu- 
chas partes, por este mesmo tiempo que es pur Octubre, 

12,— El vltimo mes se llama, Áyamarcn, en el qiial se 
sacrificauan otros cien carneros, y se hazla la fiesta llamada 
Kaymi cantarayquis. En este mes {que responde á Nouiem- 
lire) se aparejaua lo necesario para los muchachos, que se 
Eiufan de hazer orejones el mes siguiente, y los mochachos, 
2on los viejos habían cierto alarde dando algunas bueltas. 
^* esta fiesta se II amana I tu raymi: la qual se haze de ordi- 
Yitírio [|uando Ihieue mucho 6 poco, ó ay pestilencia. 



De la» fiestas extraordinarias 



CAP. IX. 



La fiesta del, Vtn, no tenía tiempo señalado, más de que 
en tiempos de i^ran necesidad se hazla. Para ella ayunaua 
toda la gente dos días, en los cuales no llegaunn á sus muge- 
Tes ni comían cosa con sal, ni axi, ni bebían chicha: y todos 
se juntauan en vna plaza donde no oniesse forastero ni ani- 
males. Y para esta fiesta tenían ciertas mantas y vestidos, 
T aderemos que solo seruían para ella, y andauan en proces- 
sión cubiertas las iabe<j*ascoii sus mantas muy deespacio to- 
cando sus atambores y sin hablíir vno con otro. Dnraua es- 
to un día y vna noche: y el día siguiente comían, y beuían, y 
baylauan dos días con sus noches. Dizíendo que su oración 
auía sido acepta* Y auncpte no se haga oy día con toda 
aquella ceremonia: pero es muy genera! hazer otra fiesta se- 
mejante que llaman, Ayma, con vestiduras que tienen depo- 
sitadas para ello. Y como está dicho esta manera de proces- 
siAn, 6 bueltas con atambores, y el ayuno que precede y bo- 
rrachera que se sigue vsan para vrgentes necessidades, 

2, — Y aauc|ue el sacrificar resesyotras" cosas, que no 
pueden cscontler de los Españoles las an dexado, á lo raenos 
en lo público; pero conseruan todavía muchas ceremonias 
que tienen origen destas fiestas y superstición antigua. Por 
esso es necessario aduertir en ellas, especialmente que esta 



218 



REVISTA HISTÓRICA 



fiesta del, Ytu,la liazen dissimulatl amenté oy día en las dantas 
del Corpus Christi, habiendo las darn^^as de llamallatna, y de 
huacon, y otras coiiftirme á su ccrt^monia nntign^a, en lo 
qual se debe mirar mucho. 

3. — ^Quando fiuía nueno luga rey, y le dauan la borla 
(que era la insignia del Rcyíiü) entre otras innumerables ce- 
remonias y fiestas y sacrificios que hazían, sacrificauan has- 
ta cantidad de dozie*itf>s niños de quatro años i^asta diez. 
Mas porque ya esto á cessado del todo no hay que hazer 
más mención dello. Sino solo aduertir que auta otras mu- 
chas fiestas particulares que se hazían por %nctorias y por 
otros suceessos: y en cada prouiíicia vltra de las generales 
auía otras propias 3^ especiales. 



De las liBcliizerias 



CAP. X, 



El oficio de hechizero lo vsnn siempre personas de poca 
estimación y pobres. Porque dezían ellos que siendo por 
una parte el oficio de hechizeros baxo y vil, y c|ue por otra 
no cunuenía que ninguno estuuiesse ocioso en la república, 
era bien que lo VKasse gente baxa. Por lo cual atento á que 
con todo essD lo tenían por necessario, mandaron que lovsas- 
sen aquellos que sregún su edad y necessidad no pudiesscn 
entender en otros. Y assí se deue aduertir que el día de 03" 
los que son hechiceros, son desta condición baxa y vil, 3* que 
compelidos de la necessidad lo vsan; \' si algún rico y noble 
lo vsa, será tal que tuvo el oficio de herencia 3^ después enri- 
queció. Xingtina hechizería ni suerte de agüero hazían ([ue 
no fue^se precediendo sacrificio grande ó pequeño según la 
necessidad de la persona, ó causa porque se hazía, Destos 
sacrificios se sustentauan los hechizero s consumida la parte 
que les parecía, bastaua. Y puesto que agora ha cessado la 
ma3*or parte destos sacrificios: empero no á cessado el ofi- 
cio de hechizeros y los instrumentoSj3^ en lugar de sacrificios 
llenan premio de plata, ropa, ó comida» Y como son muclios 



ií4Stryci6n contra las cerkmonias y ritos 219 



los pobres y viejos &c. assí son muchos los hechkeros. Y ha 

3c de afluertir que fuera de otros modos que auía para cons 

tituyr hcchizeros (según se dizc en esta instrución)se consti 

^uyan también con ceremonias de ha^er ayunar al que hauía 

c3e ser hechizero por tiempo de vn ano, ó más ó menos, ha 

«riendo que se abstuviesse de axí, sal 6 otras cosas particu 

1 «ares comidas y actus instruyéndole, y haziendo diversas ce 

^i-imonias, y el día de oy los ay consti tuy dos en esta forma 

«que se llaman Camasca* ó Soncoyoe, no solo viejos pero 

«Tioíjos.que aún después de auer receuidn el ÍJaptismo, iueron 

^^raduados en el ofleto de hechiceros con mil supersticiones 

flechas con mucho secreto: y ellos por la mayor parte curan 

^!n lugares obscuros ó de r.oche donde no los vean. 

2,^Destos hechizeros, assí como ay mucho número: assí 
"*^mb¡én ay muchas diferencias. Vnos ay diestros en hazer 
«zrontectioncs de yernas, y rayzes para matar al que las dan. 
"Y vnas yeruas y rayzes ay que matan en mncho tiempo^otras 
-^n poco conforme á la confectión y mezcla quehazen. Lasque 
lia?,en semejantes hechizcrías son casi siempre mugeres, y 
para estas mezclas vsan tener muelas, dientes» y figuras de 
quejas hechas de diferente cosas, cabellas, vñas, sapos viuos 
y muertos, conchas de diferente manera, y color, cabe<^as de 
animales, y animalejos pequeños secos, y gran diferencia de 
TayzeSi y ollas pequeñas llenas de consaciones (?) de yeruas, 
Tntos, y arañas grandes viuas, y tapadas las ollas con ba- 
rro* Y en sintiéndose alguno enfermo acude luego á estos 
liechizeros para que deshagan el daño que sospechan auérse- 
les hecho por algún mal su%'o, y con visajes y supersticiones 
varias hacen ésto, y muchas vezes con lo que dan á los enfer- 
mos para sanar mueren. Por lo qual son estas hechizeras 
mi gran manera temidas aún de los caciques. Otros hechize- 
ros y hechizeras ay que entienden en las hechizerías permiti- 
das por sus leyes. Mas e^ de ad uertir que todas las hechize- 
rías ó las más de las que vsauan de lo que es permitido^vsan 
también de este otro que era vedado, y se tenía por pecado. 
Y de aquí es que fácilmente confíessan lo que era permitido, 
y estotro con mucha dificultad. Ni los Indios osan descubrir- 
las de temor porque lo vno temen ser hechizados de nueuo 
y lo otro de que también ellas manifestarían los males su^ 



220 



REVISTA HISTÓRICA 



VOS, Este género de hechizeros de ponzoña castigauaii ¡os 
Yngas matando los tales hechizeros hasta sus decendientes. 

3,~0tro género de hechizeros auía entre los Indios per- 
mitidos por ios Ingas en cierta manera, que son como bru- 
jos. Que toman la figura que quieren y van por el a^^re en 
breue tiempo mucho camino; y ven lo que pnssa, hablan con 
el demonio, el qual le responde en ciertas piedras, ó en otras 
cosas que ellos veneran mucho. Estos sirucn de adiuinos. y 
de dezir lo que passa en lugares mu_v remotos, antes que ven- 
ga ó pueda venir la nueua como aún después que los Españo- 
les vinieron an succedido que en distancia de más dozientas 
ó trezientas leguas se an sabido de los motines, de las 
grandes batallas, y de los alindamientos, y muertes assí de los 
Tyranos como de los que eran de la parte del Rey, y de per- 
sonas particulares» el mesmo día y tiempo que las tales en- 
sas succcdieron, ó el día siguiente, rpie por curso natural era 
impossible saberlas tan presto. Para hazeresta abusión rie 
diuinaciones se meten en vna casa cerrada por de dentro, y 
se emborrachan hasta perder el juyzio y después á cabo de 
vn día dizen lo que se les pregunta. Algunos dizen y afirman 
que éstos vsan de ciertas vnturas. Los Indios dizen que las 
viejas vsan de ordinario este oficio, y viejas de vna prouin- 
cia llamada Coayllo, y de otro pueblo llamado Alanchay, y 
en la prouincia de Guarochírí y en otras partes que ellos no 
señalan. También siruen de declarar dónde están las cosas 
perdidas y hurtadas, 5^ des te género de hechizeros íty en 
todas partes, A los quales acuden muy de ordinario los 
Anaconas y chinas que siruen á los Españoles quando pier- 
den alguna cosa de su amo, ó dessean saber algún successo 
de cosas passadas, ó de las cosas que están por venir: cimo 
quando baxan á las ciudades délos Españoles á negocios 
particulares ó públicos, preguntan si les yrá bien, ó si enfer- 
marán, ó morirán, ó si bohierán sanos, ó si alca^arán Li que 
pretenden: y los hechizeros responden sí, ó noauiendo habla- 
do con el demonio en lugar obscuro, de manera que se oye 
su voz mas no se vé con quién hablan ni lo que dizen, 3' ha- 
zen mil ceremonias y sacrificios para este efecto, allende que 
inuocan para ésto al demonio, y emborráchanse (como está 
dicho) y para este oficio particular vsan de vna llerua Ha- 



riÉ 



IKSTRVCIÓN CONTRA LAS CEREMONIAS Y RITOS 221 

Tññilíi Vilka, echando c?í gitmn dclla en la chicha, ó tnnián- 
dola por otra vía. Adiiiértase que aunque se d¡2e que solas 
lasj viejas vsan des te oficio de adeuinar y dezir lo que passa 
en otras partes remcitass y dechira r lo perdido y hurtado, 
también lo vsan el día de oy Indios no solo viejos pero mo- 
(^os y piden para ésto que les traygan coca, cuy, pelos, 6 ca- 
ladlos, seboro ropa, 6 otras cosas y no quieren ser vistos 
en la obra. Y en \o de las prouincias también se nota que 
na solo en Guarochirí» mas en la comarca del Cuzco, en los 
Collas, en los Guaneas, en los llanos, en la tierra de Guánu- 
CQ( y de las Chachapoyas y otras muchas prouincias los ay. 



De los sortílegos y adiiriiios 



CAP. XI 



También auía y ay entre los Indios, hechizeros sortíle- 
gos: officio tenido por muy vtit y nccessario- Y como ningu^ 
na cosa habían ó emprendían los Indios que no la echassen 
é. suertes. De aquí nacía que auía mucha cantidad destos 
hechizeros, los quales comunmente eran varones (aunque 
ilgunas vezes lo vsan mugeres) que todos eran de Conde- 
ayo. Vsan de suertes para saber el successo de qualquier 
negocio que hazen 6 quiren hazer, y para saber qual sacri* 
^cio es agradable á la Huaca; y mézclanse ydolatrías y mil 
Ticchiierías, Los que entienden en ésto son gente baxay vil 
^omo los demás hechi^seros y los Caciques tienen por oficio 
de elegir por tales sortílegos, á los quales van faltando las 
^er^as para otros trabajos, y que son pobres, y assí no ay 
pueblo que no tenida destos, y para esta elección preceden di- 
iiersas cerimonias y ritos y ayunos que les mandan hazer los 
mismos Caciques, ó los hechizeros por su orden. Vsan pues 
^ste género de suerte c<ni diferentes artificios, en especial con 
^ícdreisuelas de diferentes colores, ó con pedrezuelas negras, ó 
^"on mayzes, ó con molió, 3^ sus successores ó herederos guar- 
nían estas cosas con mucho cuy dad o, para vsarlas á su tiem* 
1K>, que es en tiempo de necessidad, ó á la vejez. Dizen que el 



222 



REVISTA HISTÓRICA 



trueno, ó alguna Htiaca dí6 estas pedrczuelas á los tales he* 

ehizeros. Otros áhen que un defuiicto se las traxo de noche 
entre sueños. Otros que algunas mugeres en tiempo tempes- 
tuoso se empreñaron del Chuqui illa, _y á cabo de nueue me- 
ses las parieron con dolor, y que les fué dicho en Sueños que 
serían ciertas las suertes que por ellas se hiziessen. Tienen 
éstos mucho crédito á cerca de los Indios: v si alguno está 
muy enfermo, 3^ le dízen que se á de morir (porque assí pare- 
ce por las suertes) sicnfican el hijo que tiene diziendo que 
truecan la vida de aquél por la su3^a. También vsan para 
las suertes de vnas arañas grandes, que las tienen tapadas 
con vnas ollas, y les dan allí de comer, y quando viene algu- 
no a saber el suceesso de lo que á de hazer haze primero vn 
sacrificio el hechizero, y luego destapa la olla, \' si la araña 
tiene algún pie encongidn á de ser el suceesso malo, y sí to- 
dos estendidos el suceesso será bueno. Este género de hechi- 
cería es más vsado en los Chinchaysu^^os, y allí veneran mu- 
cho la araña. Y en otras partes á las culebras, y en otras 
otros animales que si rúen para este efecto de suertes. Ad- 
Uíértase que aún el día de oy no á cessado ésto, y aunque no 
vsan todos de todas estas cosas para mirar los successos 
venideros, mus vsan las que en cada prouincia se han inven- 
tando, como el ma<;o de la majorca» algún tiesto quebrado, 
la saliua en la mano, huziéndida correr por la palma ó de- 
dos, y conforme á cómo corre assí adiuinan los successos, 
y una manera de frisóles colorados llamados (Guayros) 
y otras diferentes cosas que hasta el día de oy las vsan pa- 
ra género de suertes etiam muchos de los Indios ladinos, y 
sus mugeres, 

2.— También ay otros sortílegos para decir lo porvenir, 
y para esto mascan cierta coca y echan de su í^umo con la 
saliua en la palma de la mano tendiendo los dos dedos ma- 
yores della, y si cae por ambos ^^gualmente, es el suceesso 
bueno, y si por el vno solo es malo, Y precede vn sacrificio 
adorando al soK También lo preguntauan á las Ruacas y 
r^cebían respuesta. 

a,— Las suertes se hazían por todas qu antas cosas que* 
rían hazer, como por sembrar, coger, encerrar el pan, cami- 
nar, edificar, casarse, ó hazer diuorcio. También para sa- 



INSTRYCIÓN CONTRA LAS CEIIRMONIAS Y RITOS 223 

ber qudles sacrificios agradauan al trueno, A cuyo cargo trs- 
tana el llouer, elar granizar, &c. Hazían para esto vti sacri- 
ficio pequeño.paraque declararse el trueno qué sacrificio que- 
na.echauan las suertes ríe conchas de la mar, y si salía cjue no 
echauan otras suertes que solían hasta que el sortílego apro- 
uaba, entonces se tenía el sacrificio por acepto: y contribu- 
yendo ei pueblo lo que les cabía, entregauan todo lo necessa* 
rio á los oficiales del sacrificio (diferentes de los sortílegos); 
losquales tomando cada vno su parte^y yendo todosloofre- 
dan enlomas alto de la puna diziendo ciertas palabras: y ca- 
da vno voluiendo al pueblo dezfa lo que trueno le auía pedido 
y por qué causa estaua enojado» y si nquel sacrificio le agra- 
daua« á no, 6 si le auían de hazer más sacrificios, y conforme 
á como dezía el hechizero le dauan entero crédito, poniendo 
por obra todo lo quedeclarauaauiendo ^rrand es borracheras 
y bayles de noche y de día y otras ceremonias é 3'd ola trías. 
Aduiértase que los oficiales del sacrificio, que son muchos y 
muy comunes se eligían en esta forma. Si algún varón, 6 
muger nació en el campo en tiempo que atronaua» se tenía 
qtienta con él llamándole Chaqui illa, y quando era viejo le 
mandauan entenjiesse en £!Sto, creyendo que el sacrificio he- 
cho por mano déste era más acepto. También auía algunos 
llamadas híjos del trueno nacidos de mugeres que afirmauan 
que auían concebido del trueno, y parido. Y á éstos los se- 
fialauan para ésto. ítem á dos ó tres nacidos de vn vientre, 
y finalmente á todos aquellos en quienes ponía más de lo eo- 
món la naturaleza (entendiendo que no fué sin mysterio) 
los señalauan para ésto llamándolos huaeas. Y ni más ni 
menos qualquiera cosa que les suecedía, ó en la chacra, ó en 
sus personas diferente que A los otros lo atribuyan á ésto* Y 
sí hallauan vna piedra» 6 concha, ó cosa señalada la tenían 
en más que si la hallasse otro. 



De los nLinistroB de Sacrificios 
CAR XIL 



También auía Indios señalados para hazer sacrificios á 
as fuentes manantiales ó arroyos que passauan por el pue- 



224 



REVISTA HISTÓRICA 



blo 3^ chacras y h^zfanlos en acabando de sembrar, para que 
no dcxassen de eorrer, y regassen sus chacras. Estos sacrifi- 
cios elegían los sortílegos por sus suertes, las quales acalla- 
das de ii\ contribución del pueblo se juntaua lo que se hauía 
de sacrificar y lo entregauan á los que tenían el cargo de ha- 
zer los dichos sacrificios. Y habíanlos al principio del inuíer- 
no,que es quando las fuentes y manantiales y ríoscre(;en por 
la humedad del tiempo y ellos atribuyanlo A sussacrifijios.no 
sacrificauan á las fuentes y manantiales de los despoblados. 
El día de ü_v aún queda te ida vía esta veneración de las fuen- 
tes, manantiales, acequias, arroyos 6 ríos que passan por lo 
poblado y chacras. Y también tienen reuerencia 4 las fuen- 
tes y ríos de los despoblad os. Al encuentro de dos ríos ha- 
xen particular reuerencia y veneración, y allí se lauan para 
sanar untándose primero con harina de mayz, ó con otras 
cosas, y añidiendo diferentes cerimonias, y lo mismo hazen 
en los baños. 



De los cvras y médicos 



CAP. XUL 



También ay Indios que curan enfermedades, assí hom- 
bres como mugeres que se llaman (Camasca^ ó Soncoj^oc): y 
no hazen cura quenopreceda sacrificio y suertes,}^ dizen estos 
que entre sueños se les dió el oficio de curar apareeiéndoles 
alguna persona que se dolía de su neces«idad,y que les dió el 
tal poder. Y assí siempre que curan liaEen sacrificio á esta 
persona que dizen se* les apareció entre sueños y que les ense- 
ñó el modo de curar, y los instrumentos dello. 

2.— También ay mugeres parteras^y dizen que entre sue- 
ños se les dió este oficio, apareciéndozeles quien les dió el po- 
der é instrumentos. Y estas mismas entienden en curar las 
preñadas para endere<;ar la criatura, y aún para matarla en 
el cuerpo de la madre con artificios que tien (así) lleuando 
paga por ésto. Otras ay que curan quebrados, y sacrifican 
mientras dura la cura del lugar quebrado ó desconcertado. 



INSTRVCIÓN CONTRA LAS CEREMONIAS Y RITOS 225 

y generalmente vsáit de palabras, de sacrificios, de vnciones 
de sobar» y otras supersticiones, si alguna India pare dos 
de vn vientre, y es pí>hre desde luego vsa el oficio de partera 
haziéndose sacrificios, ayunos y ceremonias en su parto, 
yualquiera que luuo quebrado l>ra<ío» ó pierna» ó otra par- 
te del cuerpo j sanó antes del tiempo que comunmente sa- 
Tinuan los otros enfermos era tenido por maestro de curar 
semejante enfermedad. ¥ otros á auido que fingiendo la tal 
enfermedad dezííin que auian sanado nm^^ presto, y tenién- 
tíolo por milagro acudían á él los enfermos para ser cura- 
crios. Aduíértase aquí que aunque los pobres y mendigos vsa- 
iDaiT este oficio de hechizeros sortílegos sacrí ficad o res &c. con 
Zoilos los ricos y poderosos sabían y saben mfisdestascosas, 
^* eran los que las sustentatian, predicauan y mandauan, 
^iie se hiziesse (como los Ingas, Caciques, y Curacas) dan- 
crio razón de cada cosa, y del origen del la. También es bien 
'^=iduertir que en las tierras ricas y abundantes de comida, ó 
^^anado, y plata reinan más las Idolatrías y supersticiones 
<como en estas partes del Píri1,)mas enlasprouincias pobres 
c:;:omo los Chirihuanáes, Chaneses» íucumanenscs, Xuríes, 
X>iaguitas hasta el río de la plata, y otras muchas que son 
pobres y necessitadas, aunque algunos adoran al sob 6 algu- 
vias estrellas con solas palabras y meneos del cuerpo y con 
tenerlos en mucho: mas no ponen tanta diligencia y obser- 
miancia de religión supersticiosa, ni vsan de tanta multitud 
«Je ceremonias, ni sacrificios, ni tienen que sacrificar, y en fin 
mío es cosa general, pues son los más los que no tienen ydo- 
Batrías, sino que toda su ocupación es coxer con mucho tra- 
bajo lo que comen, y aún lo que beuen. y otras cosas que 
^uran menester. 



De los sacrifloios y cosas qve saarificanan 



CAP. XIIIL 



Las cosas que sacrificauan á las Huacas, eran primera- 
mente niños de diez años para abaxo, y ésto para negocios 



226 



REVISTA HISTÓRICA 



ríe mucha importancia y no tan cumúnmente, aho^áuanlos 
y en térra u a ni os. ítem ropa fina para texer, la qual se ha- 
bían ciertas ceremonias, y hazíanla también de diíerente ma- 
nera segini la qnalidad del negocio. Quemáuanla con dife- 
rentes ritos, Ítem el ganado que ellos tienen ^ teniendo ¡gran- 
de quenta con la edad, qualidad, y color de la res, para con- 
formar con la quaiidad de la causa porque se sacrifictiua. 
Res que fuesse hembra nunca la sa.rifieauan teniendo respec- 
to al multiplico. ítem cuyes, que son vnos animalejos que 
crían en sus casas, mayores que ratones, seruían éstos para 
mirar los agüeros y los successos de las cosas. También ser- 
uía para ésto el ganado que tenían. Estos dos géneros de 
animales saerificauan. De los sil ues tres no vsauan porque 
dezían, que para sacrificios de salud y bien no se auía de sa- 
criücar sino cosa que otiíessen adquirido y criado con su 
trabajo, Aduiértase que el día de oy es muy vsado este géne- 
ro de sacrificio de cuyes assí en los Serranos como en los de 
los Llanos. 

2,— Ítem saerificauan páxaros de la Puna quando auían 
de yr á la guerra para hazer disminuir la fuerza de las huacas 
de suscontrarios.Este sacrificio se llamaua Cuzct3 viqa,ó Hua- 
Ua viqa.á Sopa viga. Y hazíanlaenesta forma; tomauan mu- 
chos géneros de páxaros de la l*una, y juntauan mucha !eña 
espinosa ( llamada, Yanlü) la qual encendida juntauan los pá- 
xHros(y esta junta llamauanQuivo}y los echauanenelfuego, 
alrededor del qual andauan los oficiales del sacrificio con cier- 
tas piedras redondas y esquinadas, donde estauan pintadas 
culebras, leones, sapos, Tigres, diziendo (Vssachum)que sig_ 
nifica succeda nuestra victoria bien y otras palabras en que 
dczían piérdase la fuerza de las Huacas de nuestros contra- 
rios: y sacauan vnos carneros prietos que estauan en pri- 
sión algunos días sin comer que se llamauan [Vrcu] y ma- 
tándolos dezían cpie assí como Jos cora ibones de aquellos es- 
tauan desmayados; assí desmayassen sus contrarios: y si en 
estos carneros, vían que cierta carne que está tras del cera- 
(¿on,no se auía consumido con los ayunos y prisión passada, 
teníanlo por mal agüero, y t rayan ciertos perros negros lla- 
mados^ Apurucos, y matáuanlosy echáuanlos en vn llano, y 
conciertas ceremonias hazían comer aquella carne acierto gé- 



^^^^^ÚSi^ 




líiSTaVClÓN COXTKA LAS CEREMONIAS Y RITOS 227 



ñero de gente, Tamliiénhazían este sacrificio para que el Yn- 

ga no fuesse ofendido con pongoñai y para ésto a yunauan 

desde la mañana hasta que salía la estrella, y entonces 

se hartauan y zahoranan á vso de moros. Este sacrificio 

Cira cl más acepto para contra los dioses de los contrarios. 

A' aunque el día de oy á cessado caá i todo ésto por auer ces- 

^ado las guerras, con todo an quedado rastros y no pocos 

para pendencias particulares de Indios comunes, ó de Caci- 

^[ues, ó de vnos pueblos con otros, y es bien estar mu}^ sobre 

^l auiso. 

3. — Ítem sacrificauan 6 ofrecían conchas de la marque 
í laman Molió. Y ofrecíanlas á las fuentes y manantiales^ di- 
ssiendo que las conchas eran hijas de la mar, madre de todas 
1 as aguas. Tienen diferentes nombres según la color, y assí 
^^tnaen á diferentes efectos, vsauan des tas conchas casi en to- 
«"las las maneras de sacrificios, y aún el día de oy echan al- 
j^unos el molió molido en la chicha por superstición. Este 
«nollo labrado, que por otro nombre se llama (Chaquira) es 
«^n todo dañoso por qunnto sírue quasi á todo género de sa- 
^rríficios y ritos: y los Españoles lo an tenido por muy buena 
.j^rangeria en especial en Trugillo y su comarca, y en otras 
-jjartes destos llanos, y el día de oy no se dexa de vender en 
^^Igunos lugares. También sacrificauan plumas de diuersos 
^L'olorcs en especial coloradas y amarillas traydas de los An- 
^es llamadas Faucar, pilleo parihuana. También sacrifica* 
"«lan oro y plata haziendo diferentes figuras pequeñas, ó va- 
^os, ítem harina de mayz^ó de otras legumbres, 6 de massa, 
^ bollos hechos dcsta harina. ítem chicha, y otras comidas 
^liferentes, coca, ó cestillo della, sebo, cabellos, sangre pio- 
^¡a, ó de animales y otras cosas» y finalmente de todo quan- 
Xo sembrauan,3' criauan dende cl hijo que engendrauan lias- 
^a la vltima cosa que criauan si les parecía conuenientelosa- 
^rrificauan. Esto de los niños parece queácessado á lo menos 
centre Indios que ya tienen conocimiento. En las dem¿ls co- 
«as añn todavía quedan grandes rastros y reliquias, en espe- 
^ñal en cosas de cu3*cs, coca, comida, chicha, plumas y carne- 
aos y otras cosas assí. &c. Y assí es menester mucho cuyda- 
do y diligencia, 

4.— En lo que toca á las hechizeras viejas ó mogas, he- 
lo 




228 REVISTA HISTÓRICA 



chizeros viejos y moijos del tiempo de aora es aún más per- 
nicioso lo nueuo que se ha inuentado, y para ésto es de ad- 
uertir que son en dos maneras, vnos que traen la cara des- 
cubierta 3' se vé claramente que son hechizeros que hazen lo 
que antiguamente se hazía. Y á éstos no se llegan sino 
Indios, ó muy desalmados, ó aquellos que no han recebido 
enteramente la fe, ni saben las cosas de Dios; mas porque 
nunca hazen sus cosas sino con todo el secreto del mundo 
son muy dañosos. Otros ay que allende que visitan los lu- 
gares de los pueblos de Españoles é Indios, vsan su oficio de 
hechizería con especie de Christiandad. Y quando llegan al 
enfermo echan sus bendiciones sobre el enfermo, santíguan- 
se, dizen ay Dios, lesús, ó otras palabras buenas, hazen que 
hazen oración á Dios, y ponen las manos, y parados ó de 
rodillas, ó sentados, menean los labios algan los ojos al cie- 
lo, dizen palabras santas, y aconséjanle que se confiesse, y 
que haga otras obras de Christiano, lloran y dizen mil ca- 
ricias, hazen la cruz y dizen que tienen poder para esso de 
Dios, ó de los Padres, ó de los Apóstoles y á bueltas désto 
secretamente sacrifican y hazen otras ceremonias con cuyes, 
coca, sebo,^ otras cosas, soban el vientre, y las piernas, ó 
otras partes del cuerpo, y chupan aquella parte que duele 
del enfermo, y dizen que sacan sangre, ó gusanos, ó pedre- 
zuelas, y muéstranlas diziendo que por allí salió la enferme- 
dad: y es que traen la dicha sangre ó gusanos &c. en ciertos 
algodones, ó en otra cosa y la ponen en la boca al tiempo 
del chupar, y después la muestran al enfermo, ó á sus deu- 
dos, y dizen que \^a á salido el mal y que sanará el enfermo, 
3^ hazen otros mil embustes para ésto. Las viejas ó mo9as 
que vsan désto son herbolarias, parteras, miran las preña- 
das, declaran lo que tienen y matan las criaturas si assí lo 
piden las mismas preñadas por algún respecto, y los varo- 
nes que lo vsan también son herbolarios: y los vnos y los otros 
algunas vezes (con toda la dissimulación que pueden) 03'eri 
los pecados del enfermo preguntándoselos porexquisitosmo- 
dos para que no se entienda que son, Ychuris (que son con. 
fessores antiguos) 3^ al tiempo de oyrlos ó después de auér- 
selos oydo (3^a que no todos, á lo menos alguna parte, que 
son aquellos que le parece que bastan para aliviar la en- 



INSTRVCIÓN CONTRA LAS CEREMONIAS Y RITOS 229 

fermedad) hazen sus ceremonias diziendo palabras fingidas, 
dan sus penitengas, y con palabras equíuocas les dan A en- 
tender que no dexen los ritos antiguos, pues son buenos pa- 
ra el remedio de sus males. Finalmente so especie de Chris- 
tiandad (azen mil males y hazen más daño que los que des- 
cubiertamente se muestran ser hechizeros; porque A éstos si 
los llaman la primera 6 segunda vez, más no la tercera y fi- 
nalmente temen los Indios de encomendarse á ellos y hazen es- 
crúpulo grande dello: mas de los fingidos y dissimulados no. 
Quando á estos fingidos los llaman de parte del enfermo, se 
hazen derogar diziendo que ellos no son hechizeros sino Chris- 
tianos,y que por medio de hechizos sea de hazer que noyrán 
si piesan que sino que se á de hazer la cura y medicinas por 
modo de Christianos. Assí que es tal el modo, que los Indios 
que según está dicho huyan de los hechizeros que á lo descu- 
bierto hazen sus males,no huyen destos.antes los Indios mu^' 
entendidos y que parecen temerosos de Dios seaprouechan de- 
llos entendiendo que no ay malicia en lo que hazen, y con es- 
ta ignorancia los embían á llamar y se curan con ellos: aun- 
que no dexade auer muchos que los llaman con recelo y sospe- 
cha. Y muchos destos hechizeros son tenidos en buena repu- 
tación á lo menos no por hechizeros, y curan algunos publi- 
camente, porque no tienen licencia expressa de los juezes 
eclessiásticos, 6 no se repara en el mal que puede auer, 3- los 
permiten. Conuiene pues que en ésto aya mucho recato y 
diligencia continua. 



(Jomo el Inca dio al modo del Cuzeo 

sns huaeas á todos sos Reynos 

CAP. XV. 

Qvando el Ynga conquistaua de nueuo vna Prouincia 6 
pueblo, lo primero que hazía era tomar la Huaca principal 
de la tal prouincia 6 pueblo y la traía al Cuzco assí por te- 
ner á aquella gente del todo sujeta^ y que no se le rebelasse. 
como por que contribuyessen cosas y personas para los sa- 



230 



HEVISTA HISTÓRICA 



crificios y guardas de las liiiacas y para otras cosas. Ponía 
esta huaca en el templo del sol llamado, Curicancha, donde 
auía muchos altares, y en ellos estauan las estatuas del Vi- 
racücha, del sol y del trueno y otras huacas, 6 ponía las ta- 
les huacas de las prouincias en otras partes diferentes, ó en 
los caminos conforme al suyo, 6 prouincia que era, y como 
era tanta la gente que acudía allí de toda la tierra, todos se 
indnstriuan por lo que allí se les ensefiaua. 

2.— Y en lo que toca á In veneración de fuentes » manan^ 
tiales, ríos, cerros, quebradas, aTv^osturas,collados, cumbres 
de montes, encrucijadas de caminos, piedras» peñas, cuencas 
y en lo del arco del cielo, y en la abusión acerca del canto de 
la lechu7*a, buho, y otras cosas se hazía y tenía en las de- 
•más partes del rey no, y se tenían en reuerencia al modo del 
Cuzco, Y como el Cuzco y su comarca tenía gran suma de 
ídolos, huacas, villcas, adoratorios, ó mochí?.deros consti- 
tuydos en diferentes partes assí también tenían encada pro- 
iiincta particulares huacas y adoratorios, y cada vna otra 
cosa más particular que adoraua, y cada familia cuerpos de 
difuntos que venerar. Finalmente cada tierra y prouincia 
tenía mucha diuersidad de mochaderos, y si agora se an 
deshecho los ídolos, piedras, é instrumentos de sacrificios y 
otras cosas muchas que tenían para sus ritos, con todo es- 
tán en píe los cerros, collados, fuentes, manantiales, ríos, la- 
gunas, mar, angosturas, peñas, Apachitas, y otras cosas 
assí: cuya veneración aim dura todavía y es necessario que 
alia mucha vigilancia para desterrar de sus corazones esta 
Impía veneración. Las Huacas y aioratorios del Cuzco y 
algunas leguas al rededor del son, 340, de diuersos nombres, 
y dcuía de auer otras más. De todo lo qual mucha parte se 
á oluidado: más con todo no dexará de auer algún rastro y 
en especial donde ay viejos y viejas, y más donde ay princi- 
pales y Curacas inclinados á estos ritos, (*), 



{*) — Publicóse por vez primera esta instrucdóii cu elConfesstonarh pa- 
ra ha C%Tiss tk Indios. Con /a tnsírucíón contra sus Ritos y ExhoriBcíón 
para ayudar á hien mo i ir-- Los Reyes MDLX XX V^ libro rarísimo, y del 
que no se sabe ijut ex ¡st 011 'sí no cloít ejcín piares: uno en la biblioteca del qiic 
.aé ilustre historiador argeuti 11 fj,'Getieral don Bartolomé Mitre, cu Buenos 
Aires, y el otro que posee nuestro estimable amigo el Doctor don Juan 
Francisco Paíus Várela, 






&( Sr. ^D. ^o:>¿ Ql. be el^cuej 
Director de la Sección y de la Colonia y de la República. 



N 



líiSTRVCfÓX CONTRA LAS CEREMONIAS Y RITOS 231 







Pftcsfmilc de la firma del licenciado Polo de Ondcgardc 



Piiécfite libro el segundo cjue se imprimid en Lima y debió agotarse 
tnwy prfjnio la edición, pues se reiiiipniutó en Sevilla pí>cos años despiiéfi.ea 
1IjÓ3. Pero la reimpresión sevillana á su wz se hixo niá* rara que la crb* 
cfótj limeña, puesto que ni tmticias había de ella, hasta que d ítisíí¡[tíc biblió 
Ifrafti chileno don José Toribio Medina la describió en su HibíiotccH Hiapa- 
un Americitnff, T/lL p. 32, de la que dice: *" Libro hnsta ahora completa* 
iiK(* te desconocido, no citado, ni menos dirscrito por bibliógrafo alg^uao.'* 

Bl ejemplar que el señor Medina tuya á la viíita pertenece al Sr. B. I a- 
ríitt», de Buenos Aires. Bn la Biblioteca de Liuia eKiste un ejemplar niuv 
bten conservado, y recientemente el librero Hierscmann, de Ltipzi^, iñi 
üfiunciado en venta en sus catálogos un ejemplar en 2000 marcos» ó sen 
cien libras peruanas. 

H'/jraiJ interés que para la historin antigua del Pera tiene esta Ífí3* 
f rwcc/Vín y lo l>uscada que es por todos Itis qüL" á ella se dedican, mueve A 
lii ninecci^n de la Feviaui A reproducirla* ton jfnid tila de la edición neviHa* 
na que posee la Biblioteca Nací (mal. 



El Irica Garcilasó 



Entre los historiadores del Perú ninguno más conocido 
y popular que Garcilasó de la Vega, que lleva el renombre 
de Inca. 

Débese esto, no sólo á lo fácil y ameno de su estilo, al 
candor de su relato y á su ingenua franqueza; sino á la an- 
tigüedad de su obra, que fué en su género la primera del 
país; al cariño con que trata su asunto; y al colorido con 
que pinta personajes, hechos y lugares, hasta parecer un es- 
critor de Memorias. 

Ensayemos trazar su boceto biográfico; aprovechando 
sobretodo, y á falta de documentos, de los datos esparcidos 
en sus mismos escritos. 

Nació Garcilasó en el Cufco, metrópoli del Imperio In- r- 
caico, el 12 de abril de 1539, *'ocho años después que los es- 
pañoles ganaron su tierra'' [1]. 

Su padre, Garcilasó de la Vega, del mismo nombre que 
él, descendía del famoso García Pérez y Vargas,qúe acompa- 
ñó al Rey don Fernando, el Santo, en la conquista de Sevi- 
lla; y para quien, al decir de la Crónica, "eran pocos siete 
moros.'* 

Garcilasó llegó al Perú en 1534, con la división de Pe- 
dro Alvarado, la mejor que había venido á América, por su 
personal y equipo; siendo él el único Capitán. Obligado to- 
mó parte en favor de Gonzalo Pizarro, al que abandonó en 
Saquisahuana, el 9 de abril de 1548; llevando á su lado á su 
hijo, que entonces contaba nueve años, y que en correr y sal- 
tar competía, según cuenta, con Francisco Pizarro, el hijo 
del Marqués. 



EL INCA OARCILASO 



233 



b 



N 



Fué rnaclre de Garcilaso dona Isibel Palla Huailas Ñus- 
ta, hija de la Palla Mama OcUo y de Hüallpa Túpac Inca 
Vtipanqui, 4*^ hijo del Inca Túpac Yupanqui, hermano de 
Huaina Cápae: siendo por lo mismo doña Isabel sobrina de 
este último monarca [2]. 

El español Juan de Alcabala sirvió de ayo al joven Gar- 
cilaso; quien nos refiere, que tuvo á Francisco de Almendras 
por padrino de bautismo [3], y de confirmación a Diego de 
Hilva [4]. También nos habla de una hermana [5]; y de don 
Juan de Vargas, su tío paterno, muerto de cuatro arcabuza- 
zos que le dieron en la batalla de Huarina, el 20 de octubre 
de 1547í como capitán de infantería [6j. 

Su otro tío, don Alfonso de Vargas, que no vino al Pe- 
rú» sirvió al Rey en la guerra treinta y ocho anos, en Italia, 
Francia, Flandes, Alemania y Oran. 

Garcilaso, aunque no lo diga, debió ser hijo natural; por- 
que su padre fué casado con la hermana de la mujer de An- 
tonio Quiñones [7]; y porque el mismo Inca mendona á su 
madrastra como asistente, el 13 de noviembre de 1553, á 
las bodas de Alfonso Loaizay doña María de Castilla [8], 

Pudiera ser rinembargo, lo que no encuentro probable, 
que se desposara Garcilaso, en 153S ó antes, con !a Palla 
doña Isabel; y que, muerta en breve, se casara en negundas 
nupcias. 

El infortunado descendiente délos Incas y su familia vi- 
vieron tres años de lÍmosna,porla misérrima situación á que 
¡os redujo la guerra civil, y por la tenaz persecución de Gon- 
zalo Pizarro contra el padre, hasta que éste se afilió en sus 
banderas [9], 

Muerto el rebelde Francisco Hernández Girón, en 1554, 
dióselc su repartimiento al Conquistador Garctlaso^ y se le 
nombró Corregidor del Cusco; empleo que sirvió tres años, 
de 1554 á 1556; siendo su Teniente el Licenciado Monja rase. 
El Marcjués de Cañete, don Andrés Hurtado de Mendoza, á 
su entrada al gobierno (junio 29 de 1556), reemplazó á Gar- 
cilaso, en el cargo de Corregidor^con el Licenciado Bautista 
Muñoz, 

Dicho Virrey, en carta al Emperador, fechada en Los Re- 
yes, á 15 de setiembre de 1556, le expone: que el capitán 



234 



EEYISTA HISTÓRICA 



(íarcilaso de la Vega fué cómplice y uno de los más sospe- 
chosos en, las alteraciones del Pera: *'qiie tal por escrito 
consta por con fisiones de algunos delincuentes, especial por 
In (le Francisco Hernández, que dice que ha de dejar por 
maldición á sus hijos si obedeciesen ñ Don Carlos, y con esto 
y con ser vecino allí en el Cusco le señalaron de salario el re- 
partimiento del misino Francisco Hernández, que estaba ta- 
Miulo en doce mili pesos; y para su Teniente otro salario de 
otrti repartimiento que renta otros seis mili pesos. Y esto 
con hí que más tiene gastaba en ciento cincuenta soldados ó 
doHcientos que tenía á su mesa y en su casa, todos los días, 
de h)?< cul|>ados en lo de Francisco Hernández 6 en lo de Jas 
ftltcruciones de antes" [10]. 

Oiircilaso, iks^pnés de haber estado en la conquista del 
pidít» en laH guerras civiles que la si^ieron, y servir de capi- 
tAii en luicvos descubrimientos, murió en 1559, dejando a^J 
h^o idolatra de su memoria* ^M 

Ivl tuinro historiador del Perú no pudo recibir instruc- 
ción Molida y completa, por taita de escuelas y colegios, y 
iirtn de maestros: apenas sí logró aprender latín y algo de 
Keli'iriea, con once niños mestizos hijos de españoles, enseña- 
íloi^porcl bachiller Juan de Cuellar, natural de Medina del 
Campo, recibido de Canónigo de la Iglesia del Cusco el 4^ de 
lldifi de 1552, Kstc, entusiasta amigo de la instrucción, ^H 
\mr¡mnti cultivar el ingenio de los criollos» y repetía á su^^ 
dlNi (piiloí«, con Ingrimas en los ojos: **ioh hijos míos! cómo 
f|iilttlera ver una docena de vosotros en la Universidad d^H 
lijiliHuanenr*. ^^ 

í¡l joven cu}*queño estuvo de edad de once á trece años 
HH f^tiniir MegAn aparece de sus palabras: ''Este año de mdH 
ifu ' y cincuenta oy yo contar, estando en l¿i ciadnr^^ 

ff^ i rt», (|uc siendo el Ilustríssimu D, Antonio de Men- 

ám§% Vliorrey ¿i£'* [1 1]^ Bl año debió ser posterior; toda v< 
f^m M^i%i\n%í\ ejerció el mando del 13 de setiembre de 155Í 
féi íí( il# juila íie 1552, y ctue Garcilaso habla de su gobierna 

r ^| m\mx\iy nfio 5U, ó el 4-9» sufrió nuestro novelero In* 

- 'ÍOniiíin docenas de látigos, una dada por el padre 

*»l inaeíitro— como cuenta con su genial llanera,— 



BL mCA aARCÍLASO 



235 



poi- no haber concnrrino á la esencia, para ver arar, en su 
ciu c J ^id natal, los primeros bueyes t|uc llevó Jttan Rodríguez 
V¡ll,fx lobos, natural de C áceres [12]. 
^H IDespués de la renuncia y cesión qiK% de sus derechos á la 

^^Ctr^a-c^na del Perú, hiJio Sairi Tiipaiv e¡ 2 de eaeriJ de 155H, y 
! ni tm^m^o el aüo siguiente el conquistador Gareílaso, se dice 
qvm^ ^^u hijo fué hecho salir del pnís: acaso expulsado por el 
1 ^ i mrm:-<^^y^ que temía que él abusara de Ja influencia que entre 
I lo^ ^^liorígencs le daba su linaje. 

^H X3sto ¡>arece probab!e,conncida la suspicacia de Felipe II; 

^9 B^^«^^* rque no se encuentra causa, que (jbligara á Gareilaso A 
r ^^^ ^^. M- su patria, para no volver á ella, cuando apenas tenía 
I ^^ «'«rm ]]lk1os veinte años^ y llevaba á España muv poco cau- 
I d^l [13]. , 

-Así puede deducirse de un pacaje del mismo Gareilaso, 

^*^ "1 ^Uií cuenta la anécdota del índíecito bufón que, como 

' S^^^^^j^f jo, decía á ese Virrey, Hurtado de Mendoza, Vuesn 

* "^^^ duenda en vez de Vuesñ Hxceieacm. He aquí sus pala- 

I ^""^^^ ^: ** Aunque los mi^il^Hciei/tes (]ue le ayudaban (en sus 

í^^'*"'^ t:iculares conversaciones)/clccían, que este apellido le per- 

«ía más propiamente que el otro; por las crueldades y 

ilencia que causó en los que mandó matar, y en sus hi- 

jo^m «:^on la confiscación que les hi^to de sus indios, y por la 

P ^^ t^ que echó sobre los que mandó desterrados á España, 

^^__ ■^^ yes y rotos, que fuera mejor mandarlos matar, y que el 

bre de Excelencia era muy en contra de estas hazañas. 

fc estas razones» y otras tan maliciosas, glosaban los he- 

"^ del Visor rey, los del Perú, que no quisieran que hubiese 

*¡o rigor en el gobierno de aquel Imperio" [14], 

Be tránsito para Lima, al venir de! Cusco, estuvo Garci- 

* ^^Ck, el 21 de enero de 1560, en Marcahuasi, heredad de 

^cij ^Q López de Cazalla, ex-Secretario de Gasea: y debió em- 

^"^"^arsc en el Callao, en abril de ese año ó poco después 

*- ^^ Jt con rumbo á Panamá, 

El navio tjue lo condujo tenía por Piloto al que, junto 
^^^ dos mercaderes,trajo dos mil botijas de vino, que se ven- 
^"^^T-on las primeras á 360 ducados [IQ]^ 

En el viaje tocó Gareilaso entonces en el valle de Huarcu, 
^^ Cañete [17]; v Inepto en Pasau, en la línea equinoccial, en 
11 



te 



n 



236 REVISTA HISTÓRICA 



(loiiíle el l)'r|iie demoró tros días para proveerse de agua y 
leña [18]. 

En Nombre de Dios vio á don Antonio Yaea de Castro, 
hijo del Gobernador que fué del Perú, y que venía á él con 
el Virre3' Conde de Xieva, por su repartimiento de veinte mil 
pesos [19]. 

Estuvo en Cartaorena. esperando quizá la flota que lo 
condujera á la Península [20]. 

Se diris^ió á las Azores, de ahí á Lisboa, 3' luego á Madrid, 
en donde se encontraba á fines de 1561 [21] \' en 1562: sal- 
vado portentosamente, en Portugal, de un naufragio. 

Una vez en la Corte, se alistó en el ejército del Rev', con 
el grado de capitán, sin sueldo alguno, é hizo la campaña 
en que don Juan de Austria sometió á los moriscos subleva- 
dos en Granada: no habiendo conseguido ascenso ni honores, 
ni la devolución de los bienes confiscados á su padre en el 
Períí. Desengañado al fin, optó por retirarse á Córdova. 

Esta vieja cuidad. Corte de los Reyes árabes, situada en 
una llanura, á la falda dv? los montes de Sierra Morena, á la 
orilla derecha del Guadalcjuivir; rica en monumentos; bien po- 
blada; con una rara y magnífica catedral, sede episcopal, 
monasterios 3' conventos de diversas órdenes, hospitales 3' 

seminario : tal fue la residencia que, al dejar el servicio 

de las armas, escogió Garcilaso, para consagrarse exclusiva- 
mente al estudio 3^ al trabajo, escribir tranquilo sus libros, 
3' concluir allí en paz sus días. 



No sé si Garcilaso tuvo prole, si llegó á adquirir familia 
en España, V cómo acertó á pasar allí cincuenta y siete años 
de su vida: tal vez en su testamento, y en los archivos, bus- 
cados con diligencia, se encuentren sobre él datos, que nos 
importa reunir. 

Lo positivo es que, como solaz en sus ocios y en su des- 
tierro, se dedicó á las letras 3' á la composición de sus 
obras históricas, que debían conservar su memoria y ser 
útiles á su patria. 

Su primer trabajo fué la traducción de un libro en 8"^, 



EL INCA GARCILASO 



237 



pufjlicaflo en Veiiecia en 15S6,— í)/ií/oj^/ií di Amare: st¿í con 
^^ JlXtjrítle F/Zoifo/ííf di Epitteto, ¡tcr Leonv Hebreo. 
££1 traductor título sti obra: 

JL^a Trnduzión fíe! Imfio fie las Tres Diúíogos de Amor de 
í^€.'r'%£M Hebreo, bccbu de Itníiano en España! por Gnrcihij^u 
■^^f^^-^^ de !r Vegiu na tumi de la gran Ciudiid del Cu zea, Cube- 
^^' <:^«* ios Reytjfjs y Provinciíis del Pirú, Dirí^^idos á la Sucru 
^^ tr^^^lica Rtítl Magestnd del Rey don Felipe nuestro señor. 
(E^<:ri,itla íle armas reales). — En MailritL En casa de Pedro 
^^f ^•.«J riííal,MDXC; 4-'^, :Aí) hojas ibliadíis+12 preliminares + 
L '^^ ^-"^X ña sin numerar. — Pbilón y St^pbiu son los interloctito- 
^^'*^*^ ^^1 uc figuran en el Hbro. 

^^ _ I^fi fledicatoria al Rey es hecha en las Posadas?, jurisílic- 

L^**^*^ de^Córdova, el 7 de novícnd)re de 15Hü; y allí expone 
^B' * «^^^iduetar los servicios de sus antepasados* . 

<Ufrec¡6 también el libro á don Maximiliano de Austria, 
•^ ^^*^ ^ mayor de Alcalá la Real, del Consejo de S. NL y más 
tcL ^-^:i ^ Arzobispo de Santiago; escribiéndole de Alontilla el 18 
* ^^^^tiembre de 158G. Dtuí Maximiliatio acogió con mucho 

^^*^-^:%dOt y elogia» la parte de los Di¿ih)gos de Amor que ma- 
^*^ ^^;-r^ ritos le remitió Garcilaso, a quien dio las gracias en car- 
■B^ *^^i:ha en Alcalá el lü de junio de 15H7, 
^H^ ^sto no basto A impedir, que el Tribunal de 'a Inquisi- 

^Jf*^^ ^^ pusiese el libro cu su fu ti i ce expurgatorio, sin que sepa- 
I til «-> ^^ ^j ^_^^^ ^^g, pero probablemente por deslices de doctrina 
<^**^l 5É=iutor, y no del trariuctor. Acaso temía el Santcí Oiicio 
*^^^ se diera más importancia de la conveniente á la moral 
P^í^íina de Epicteto. 

t)uínce años después del ensayo ó ex tren o del soldado 
^ ^^^^itor, se pulilicabí: 

Lr Florida del Inca, Historia del Adelfintado Hernando 

^ ^ ^oto, Gohcrmiflor y Capitán Gencrul del Rey na de la lio- 

^**"^^i, ^r de otros bcruicos cab¿iJleros esjmñale^ é indios.— hh- 

^^^^\, Imprenta de Pedro Craesbeeek, 1605; f ' —2^ edición de 

^^ •tdrid, en 1723, por don Nicolás Rodríguez Franco; f;^ — 

^-*1 letones de Madrid, de 18Ü3, Imprenta de Mllalpando, 4 

^'<^>L 12';y delH29, 2 voK 8^ Imprenta de doña Catalina 

í^*iftnela. 

Tradujo la obra, en 1670, Kichclet; y con un prefacio de 



238 



REVISTA HISTÓHICA 



Lenglet Dtifresiioy la publicó Gervasio Glouzier; París, 2 to* 
mos en 1 2^, 

Esta traducción se reimprimió en París, en 2 voL 12^, 
1709-1712: en Leyden, en 1731, en 2 voL 8'^ y en La Ha- 
ya, en 1735, en 8"^.— Edidón por D.C. París, 1685, en 12 ^ 



El trabajo más importante de Garcilaso, el que hace du- 
radera su fama, y que encierrn,por decirlo así, su espíritu, es 
la Historia del Perú. 

Coíüpuso la primera partede ella,— sus Conjeníar/os rea- 
les de los IncBs—m Córdo\ a,de 1602 á niarzo de 160+ [22] j 
y la segunda parte, sobre la conquista del país y las guerras 
civiles de los españoles, la escribía en IGIO, y la concluyó á 
fines de 1611 [23]; tardando por lo mismo» de nuc%^e á diez 
años en realizar su emijeño. 

El título in extenso es: 

Primera parte de los Comentónos reales, que t rutan de! 
origen de los Incas Reyes que fueron del Pera, de su idola- 
tñR, leyes y gobierno en paiy en guerra: de sus vidas y con- 
quistas, y de todo lo que fué aquel Impetio y su República ^ 
antes que los españoles pasasen á el* — Escritos por el Incu 
Garcilaso déla Vega^ natural de! Cozco, y Capitán de Su 
Magestnd. — Dirigidlas á !a Serenísima Princesa Doña Cata^ 
Una de Portugal, Duquesa de Bragan^a &^. — Con licencia 
de la Santa Inquisición, Ordinario y Pa^o. En Lisboa: — En 
la oficina de Pedro Craesbeeck-Año de MDCIX-0*27 x 0'19 
8 h.n,n. preliminares, con declicatoriai prot^mios, adverten- 
cias acerca de la lengua general de los Indius del Perú y ta- 
blas de materias; y 264- hojas del texto, dividido en nueve li- 
bros. 

Por la nireaja de esa I* edición daremos algunos porme- 
nores de ella. 

Después de la portada, 1 hoja sin foliar; Aprobación de 
Fr. Luis de Anjns (Ltslíoa, noviembre 26 de 1604); Licencia 
del Consejo de la Iníjuistción.su^crita i>or Marcos Teixeiray 
Ryy Pirex de Vciga (diciembre 4 de 1604); Licencia del Or- 
dinario (setiembre 2 de 1609); y Pase dado el 15 de marzo 
1GÜ5. 



EL INCA GARCXLASO 



230 



Al principiu están las armas de Garcüaso: en un lado el 
cascudo de los IncBEs; 3' en otro, íirmas españolas, con este 
mote (le orla — *'Con la espada y con la pluma", 

(Segunda parte) — Hístonrt genern! de! Perú, tr¿ita del 
descubrimiento del, como ío gannron los E^pnñoíes, lasgue- 
rras driles que hubo entre Pi^Rrros y Aimngros, sóbrela 

(partijn de !a tierra, castigo y levantnmiento de tira nos: y 
út ros sucesos partieuíares que cu la Historia se contienen. 
Escrita por el Inca Gnrcilaso de ¡a Vega Capitán de Su Mu- 
gestad. Con privikgio real. Dirigida á la Limpíssima Virgen 
María Madre de Dios y Señora nuestra. (Una viñetíi de la 
Virgen con esta letra — María m non tetigit prímum pecca- 
tuni.) — En Córdova, por la viuda de Andrés Barrera, 3" á su 
costa: 1617; P. 7 h.n.n. +300 +G de la tabla. 
H En seguida de las censuras y licencia está la dedicatoria 
rtla Santísima Virgen, y un Prólogo á lo^ Indios, mestizos, 
I y criollos de los Reinos 3^ Provincias del Períi, de Garcilaso 
H **su hermano, compatriota» 3" paisano que les desea salud y 
i felicidad".— Comprende los hechos hasta el Virrey Toledo in- 
I clusive, 

H Parece que Pinelu vio una edición de la 1* parte de esta 
■obra, hecha en 1616, y de la 2'^ parte, hecha en 1617 [24]; 
^fa>cro pudo inducirlo ñ error la fecha del tomo segundo. 
^ Don Andrés González de Barcia CarbalHdo 3' Eúñiga,con 
el seudónimo de don Gabriel de Cárdenas y Cano, anagra- 
Tna imperfecto de su nombre, publicó en Madrid» en 1722 y 

É^ "^23, una adición úq Gnró\año, aumentada y a ñéidida; co- 
Ifiendo los errores tipográficos;; poniendo la vida de Inti 
I si Titu Vuponqui penúltimo Inca, \^ un prolijo índice al* 
hético de materias.— El primer tomo, de los Comentarios 
i/e5, consta de 15 h.n.n. + 351 págs, + 17 h.n.n, al ñu.— 
i^í 2*^ tonao tiene 11 h.n.n. +595 págs. +31 h,n.u. 
^ De 1808 ñ 1809 se hizo otra edición de la obra en Ma 
Hclrid.en 12*^, en 13 volíimenes,en la imprenta de Vi II al pando 
Hy otra allí mismo, en 6 tomos en Ñ**, junto con la Conquista* 
^ de Nuevu España de don Antonio de Solís, en "; cuyos 9 to- 
mos debían formar parte de una Colección de Historiadores 
a me rica noli, que no se llevó a término, 

Nueva edición, Madrid, 1829; 4 vülúmenes,8^^ Imprenta 



240 



REVISTA HISTÓRICA 



de los hijos de Doña Catalina Piñiíela; calle del A mor de Dios 
número 14, 

Recordnrcmos las si^ruientcíí traducciones de Garcílaso. 

Le Commcntairc roya! ov P bístoire des Yucas, rois dv 
Pero%%eonteníint letir origine, rlepuis le premier Yuca Manco 

Cíipae ñdelhnicnt triiduitte sur la versión espagnoUe, 

pnrj, Bnvdoiu.— Varis Avgovstin Courbe, 1633,4^* 22h,n.n. 
+1319 pp. + 17 h.ti.n,— Portada grabada. 

Histoire des atierres civiles des Espfiffnoh daus íes In- 
des...... mise en franjáis pnr J. Bavdoin.-- París, Simeón Pi- 

get, 1638: 14 h.ti.n* +631 pp, +17 pp. n. n.; con la portada 
grabada.— 8 r/£íe des guerres civiles des Esptignols da as k 
Pero íj,— París, Simeón Piget, 1658; 4,^ 555 págs. + 20 n,n, 
—Edición de 1672, l'arís, 4.^ 

Histoire des Incas, notiveHement trndtiite de P espagnol 
par Dalihard.'-A París, Cbez Prault,1744; 2 vols.12.'': l,con 
XX III, 373 pp. + 1 h.n,n,, con tres láminas _v una carta; II, 
con XII +402 pp,, 1 carta j 1 lámina. 

La obra de Baudoin se reprodujo en Amstcrdam, en 
1704 y 1706. en 12.°, la 1^ y 2"^ parte.-Allí mismo.tn 1713, 
en dos tomos 12.°; y en 1737, con La Florida del Inca. 

Después de Baudoin y Dalibard publicaron su traducción 
de la Historia del f*eríí de Gar/cüaso, cl P, Nicolás de La 
Comte» de la orden de Celestinos (París, 1667-1670), y Ci- 
tri de la Gutte {París, 16S5; 8.^). 

Otra edición de la traducción de Juan Baudoin Be hizo 
en París, en 1830, en 7 volúmenes en 8,^; á costa del Gobier- 
no, para dar trabajo á los tipógrafos. 

Se tradujo al portugués esta Historia de Garcilaso, y se 
publicó en Evora, en 1657, en 8."^ 

Al infries la tradujo Rycaut; v fué impresa en Londres 
en folio, en 1688. La última versión á ese idioma se titula: 

First parí oí tlw rojal Comnient aires oí tbe Yncas^ 
trausluted and edtted^ ivitli Notes and an introductioit bv 
CL R. iyarkbani—honúon, Hakluyt Soeie ty, 1809-71, 8.^* 
2 voliuTiencs, 

Hay una versión alemana de Enrique Ludewíg: Leipzig, 
1753, 8.^ Después la de Meier, impresa en 1723, Zella, 8.^; y 
la de G. C, Bottger, en 1787, en 8.'^— Nordhausen. 



EL INCA CtARCILASO 241 



Meier tradujo también al alemán la Historia de Ja Flo- 
rida. 

Es sensible que no se haya intentado traducir, siquiera 
fuese en parte, al quechua, la obra de Garcilaso. 



En su traducción de León Hebreo, al hablar al Rey, tra- 
za Garcilaso el plan de sus libros. Oigámosle: 

**De mi parte no hay en ella (la obra), cosa digna de ser 
recibida en cuenta, sino fuese el atrevimiento de ün Indio en 
tal empresa, y el deseo que tuve de dar con ella ejemplo á los 
del Perú, donde yo nací, de como ayan de servir en todo gé- 
nero de oficios á V.C.M. Con este mesmo deseo y pretensión 
quedé ocupado en sacar en limpio la relación que á V. M, 
se ha de hacer del descubrimiento que vuestro Governador y 
Capitán General Hernando de Soto hizo en la Florida, don- 
de anduvo mas de quatro años. La qual será obra de impor- 
tancia al aumento de la felicísima Corona de España (que 
Dios ensalce, y en summa Monarquía ponga con larga vida 
de V. M.) porque con la noticia de tantas y tan buenas pro- 
vincias como aquel Capitán descubrió, que hasta aora están 
incógnitas, y vista la fertilidad y abundancia dellas se esfor- 
zarán vuestros criados y vasallos á conquistar, y poblar,acre- 
eentando su honra y provecho en vuestro servicio. Con- 
cluida esta relación entenderé en dar otra délas costumbres, 
ritos y cerimonias, que en la gentilidad de los Ingas, Señores 
que fueron del Pirú, se guardavan en sus Reynos: para que 
V. M. las vea desde su origen y principio, escritas con algu- 
na mas certidumbre y propiedad de la que hasta aora se 
han escrito. A. V. C. M. suplico que con la clemencia tan 
propia de Vuestra Real persona se humane á resebir el áni- 
mo destc pequeño servicio, que en nombre de todo el Piró he 
ofrecido y ofrezco**. 

Para que se forme concepto del mérito de la Historia 
^el Pera de Garcilaso, y de la crítica de que ha sido objeto, 
citaremos al pié de la letra algunos pasajes, que revelan los 
pirópositos del autor al escribir, y el modo como desempeñó 
ííu labor. 



242 



lEViWA mmtémcA 



**Y esto baste, para que se <1e el crédito que se debe, á 
quien sin p retención de interés, ni esperanza de «^ratíficnción 
de Reyes, ni Grandes Señores, ni de otra persona alguna, 
mas que el a ver dicho verdad, tomó el trabajo de escrevir es- 
ta Historia, vagando de tierra en tierra, con falta de salud, 

y sobra de incomodidad". *'Y á mi me dé {nuestro Señor) 

su favor y amparo, para que de oy mas, emplee, lo que de la 
vida me queda, en escrevir la Historia de los Incas, Re3*es 
que ftieron del Perú; el origen, y principio dcllos, su Idola- 
tría, y Sacrificios, Leyes, y Coí^tumbrcs. En surna, toda su 
Repfibiica, como elía fué, antes fine los Españoles ganaran 
af|uel Imperio; ríe todo lo que está ya la mayor parte pues- 
to en el telar: diré de los Incas, y de todo lo propuesto lo que 
A mi Madre, y á sus Tíos, y Parientes Ancianos, y á toda la 
demás gente común de la Patria, les oí; y lo que yo de aque- 
llas anti^^ü edades alcancé á ver, cjue aún no eran consumidas 
todas en mis niñeces, que todavía vivían algunas sombras 
dcllas, Assí mesmo diré del Descubrimiento, y Conquista del 
Perú, lo que a mi Padre, y á sus contemporáneos, que lo ga- 
naron, les oí; y de esta misma Relación, diré el Levantamien- 
to General de los Indios contra los Españoles, y las Guerras 
Civiles, que sobre la partija huvo entre Pi^arros, y Alma- 
gres; que assí se nombraron aquellas Vandos, que para des* 
truición de todos ellos, y en castigo de sí proprios, levanta* 
ron contra sí mismos*'. 

*'Y de las rebeliones, que después en el Pcríi pasaron, di- 
ré brevemente lo que oí á los que en ellas, de la ^na parte, y 
de la otra, se hallaron; y lo que yo oí,que aunciue muchacho, 
conoscí á Gon<,*alo Piíjarro, y á su Maese de Campo Francis- 
co de Carvajal, y á todos sus Capitanes, y á don Sebastián 
de Castilla, y á Francisco Hernández Girón, y tengo noticia 
de las cosas mas notables, que los VisorreyeSj después acá, 
han hecho en el Gobierno de aque! Imperio*' [25]. 

'*Ni en abono, ni en mal suceso de nadie, pretendo adular 
á quien quiera que sea, añadiendo 6 quitando de lo que fué y 
pasó en hecho de verdad'* [26]. 

Tratando de Francisco de Carvajal, que quiso matar al 
padre de Garcilaso, dice éste: **La obligación del que escribe 
los iíucesos de su tiempo, para dar cuenta de ellos á todo el 



I 
I 

I 

I 

I 



EL me A GARCILASO 



243 



mundo, me obliga, y iiún {w^izn, s¡ así se puede decir, á que. 
sfn pasión fii afición, dí^^a la verdad de lo que pasó; y juro, 
comí* christiatio, que muchos pasos, de los tjue hemos escri* 
to, los he acortado y cercenado, por no mostrarme aficiona- 
da, 6 apasionado, en escribir tan en contra, de lo qne los au- 
tores dicen, particularmente el Palentino, que debió ir tarde 
*t nquella tierra, y oyó al vulgo muchas fábulas, compuestas 
^ gusto de los que las quisieron inventar, siguiendo sus van- 
<^íc>s y pasiones** [^7]. 

Cita los ras;^os buenos del Inca Atahuallpa, y añade: 
**Iya Historia manda y obliga á escribir verdad, so pena de 
s«rr bu rl Eideres de todo el Mundo, y por ende infames'* [2H]. 
En 1601 escribió á Ga reí laso su amigo el Jesuíta Diego 
^^ Alcobaza, dándole noticias de Chile; **sin otras nuevas de 
^*^^ ochas lástimas que me escribe, que por ser odiosas no las 
<l¡go"[29]. 

En 16 de abril de 160;^ escribieron á Garcilaso, á Espa- 
L.Í1, los descendientes de los Incas, Eicompañándole el árbol 
:nealóg¡co de éstos, desde Manco Cápacá Paulfu, con re- 
^^atos hasta ti pecho, en una y media varas de tafetán btan- 
^^«D de la China. **La carta no la pongo aquí, dice nuestro 
i %ica,por no causar lástima con las miserias (¡ue cuentan de 
^^ vida'* [30]. 

Por prudencia calla muchas cosas, como lo repite en di- 
^*crsos lugares. 

**Y nosotros hemos dejado de escribir, por no decirlo to- 
^io^* [31]. 

** V me contó mucho de lo que hemos dicho, aunque no se 
<lice toíhV* [32]. 

Refiere el Inca, que al Virrey Conde de Nieva **se le siguió 
1^ muerte, por un caso estraño, que él mismo lo procuró y 
c*presuró** [33]. 

Sobre la matanza de Cajamarca se expresa así: '*E1 
Oeneral Español, y sus Capitanes escribieron al Emperador 
la relación, <|ue Itjs historiadores escriben; y en contrario 
^iron grandísimo recato, y diligencia prohibieron entonces, 
«ijuc nadie escribiere la verdad de lo que pasó, que es lo que 
se ha dicho** [34.]. 

Cuando trata del proceso seguido contra Hernando Pi- 
12 



zarroi tle los 23 años cjue estuvo prescí, 3- tk líi imierte de sn 
acusador Al varado, con sospechan de envcueuaniiento, a^re- 
ga: **Dcci:iios esto en confuso por ser iiintcría odiosa, y fior- 
que Diedro de Alvarado falleció si^^^uiendo con tantns veras 
su demand 1; y porque su muerte fué muy en breve, se sospc- 
ehó (como dice Goaiara) que fué de verijas'* [35]. Habla nüí 
de la acusación de cohecho, ''{jue fue causa de que se descoíii- 
pusieran al^junas personas graves**. 

Hny en la Historia íle Garcilasn un hecho digno de aten- 
ción, y que acrerlita su reserva y patriotismo: él silencii> que 
guarda acerca délos tesoros existentes en las huaeas, ú ocul- 
tados ¡>or los indios» á la llegada de los espantdeK, para ijní- 
tar á su codicia ese incentivo, y ]>nra evitar fuera mayor el 
número de los que vinieran; afianzando así su dominación, y 
hacienda más insoportable la suerte de los naturales del 
país. 

Garedaso apenas si repite lo que sobreesté dijeron los 
otros escritores; guardándose él de rectificar 6 añadir datos 
.sobre el particular. 

Los caudales no recibidos a tiempo para el rescate de 
Atahuallpa, la cíidena de Huáscar, las riquezas de los tem- 
plos y de los Incas, se pasan por alto en su relato, después 
de expresarse él con vaguedad estudiada. 

Observa igual silencio sobre el Cusco subterráneo, em- 
balsamiento de cadáveres, yerbas medicinales^ y otros secre- 
tos de artes é industrias. 



Antes de recordar las críticas serias que se han heeho de 
la Historia de Garcílaso, reproduciré el juicio que le mereció 
al Cronista general de Indias don Antonio de Solís. 

**La Historia del Perú, dice, anda separada en los dos to- 
mos que escribió Garcilaso luga: tan puntual en las noticias, 
y tan suave y ameno en el estilo, (según la elegancia de su 
tiempo), que culparíamos de ambicioso al que intentase me- 
jorarle: alabando mucho al tiue supiere imitarle para seguir- 
le^' [ríG], 

Llano Zapata, en el Preliminar de sus Afcmorías, asegu- 



J 



El- INCA r.ARClI.ASO 



245 



¥ 



rn: í|iic Garcitaso supo mii}- poco riel quechua, por haberse 
ido á España niño: y haber a fien as tenido tiempo, para itis- 
trüirse en todas las voces, propiedades, elegancias y frasees 
de aí|uvl iflioma, f[iie ijíflea reflexiones^ de edad mas madura, 

üareilaso no se ausentó niño del país.sinode veinte años; 
V sat>m el quechua práctica nieiitií, y con la pureza que lo ha- 
blaban los eusqueños; si bien no conoció entonces la índole 
déla lengua, su forma y mecanismo, por no haberse escri- 
to aíin las Gramáticas y Dtecianarios de ella, y porque ni 
tiabía nacido la lín^íístiea americana. 

Lo que le pasó á Garcilaso con el (juechua lo cuenta así: 
** Yo podrí tanilnen decir de mt inesmo, que por no haber te- 
nido con íjuicn hablar mi leu^^ua natural y materna, c|ue es 
la í^enerali se me ha olvidado de tal manera, que no acierto 
nbnra á concertar seis ó siete palabras en oración, para dar 
A entender lo que c[UÍero decir; y mas que muchos vocablos 
se nie han ido de la niemf>r¡a, que no sé cuales son, para 
nombrar en Indio tal ó tal cosa. Aunque es verdad, que si 
Oyese hablar á un Inca le entendería lo que dijese, y si oyese 
los vocablos olvidados diría lo que significan** [37]. 

E! mismo confiesa en aleamos casos, que no sal>e lo que 
sipTiifican ciertas palal>raí!; como A/zr/jco, Cosco^ Ayar; y 
otros términos, no quechuas, stno de la leng^ua privativa de 
la Corte, ó aimíiraes, piií|uinas, yungas....... que no alcanza 

4 distinguir de otros del idioma general 

Rol>ertson se expresa así: 

'*Garcilaso déla Vega, Inca, puede ser mirado como el 
tilttmo historiador contemporáneo déla conquista del Períi; 
p€jrquc aunque la primera parte de su historia, intitulada 
djiuentnríoB Rcnics í/c/ origen de los Incns, reyes del Pera ^ 
no fué publicada hasta el año de 1G09, setenta y seis des- 
puf5s de la muerte de Atahuallpa, illtinio emperador; sin em- 
l^argo como hídjía nacido en el Perú, de un oficial distingui- 
clo y de una coya, 6 mujer de la íaniilía real, lo que le auto- 
ristaba para tramar el nombre de Inca; como además habla- 
lia muy bien la lengua de los lacas, y estaba instruido cu 
las tradiciones de sus compatriotas, su autoridad es de mu- 
^'ho peso, y aun preferida frecuente mente á la\le todos los 
«Jemas historíailores* Nu ubstaiite, su obra puede ser esti- 



246 



REVISTA HISTÓRICA 



mada como un inventario de los escritores españoles que 
han tratado de la historia del Perú, compuesto de citas 
tomadas de los autores de t|ue he hablado; y esta es la idea 
que e! mismo da de suís escritos en el hbro I, cap. 10. No so- 
lamente los si,iíue de una manera servil en la relación de los 
hechos, sino que no manifiesta mayor instrucción que sus 
guías en la explicación de las instituciones y ceremonias de 
sus antepasados, como se ve cuando habla de los quipus, que 
lo hace poco más ó menos como Acosta, y cuando cita un' 
ejem]>lo de la poesía de los peruanos, que es un mal retazo 
que copió de Blas de Valera, uno de los primeros misioneros 
cuyas memorias nunca han sido publicadas (I, 11, cap* 15)* 
Por lo demasíes inútil Iniscar en los Coméntanos del Inca el 
menor orden, ni el discernimiento necesario par.a distinguir 
lo fabuloso de lo verosímil ó verdndero; con todo, apesar de 
estos defectos, su obra puede ser fltiK Se hallan en ella algu- 
nas tradiciones que le comunicaron sus compatriotas. El 
conocimiento que tenía de la leuiíua peruana le puso en es- 
tado de corregir algunos errores de los escritores españoles, 
y algunos hechos curiosos que insertó en sus Cotnentn^ 
ríoSt los tomó de autores cuyos escritos nunca fueron publi- 
cados y se han perdido'' [38]. 

El afamado historiógrafo Préscott dieer que es harto in- 
correcta la geografía de Garcilaso. y que es perder el tiempo 
querer criticarla: juicio motivado por la extensión que le 
asigna al Imperio Peruano, al morir Pachacútec [*:Í9]; y que» 
dicho sea de paso, es exacta. 

En otro lugar pondera con ironía la fecunda imagina* 
ción de nuestro Inca [40]; y al referir In expedición de Gon- 
zalo Pixarro al País de la Canela, de 1540 á 1542, agrega: 
'*El lector puede estar seguro, de que la narración no ha per- 
dido nada al pasar por la mano de Garcilaso" [41]. 

Don Vicente Fidel López, después de dar su etimología 
sánscrita del nombre Perú, discurre en estos términos: **Se 
puede, si se quiere, preferir á esta etimología, tan natural Ja 
absurda historia que el mismo Garcilaso declara haber for- 
jado por analogía (libro I, c, é)j y que, como se sabe, pone 
en boca del primer indígena que tomó Balboa, El aun la da 
como forzoso resultado de la ignorancia recíproca délas 



I 

I 



GARCILASO 



247 



lenguas entre españoles é indios. Sin emliargo, después de 
largos años ios españoles poseían interpretéis, Kl mifsmo 
Balboa, cuando hizo su expedkión tenía en su campo tribus 
enteras c|ue conocían todas las costas, al menos hasta el 
Ecuador [§]. Notamos además, que Garcilaso olvida poner 
laauécdota^ea su In^ar verdadero» 3^ pretende que el hecho 
de que hahia se produje» en una data anterior al primer viaje 
de Balboa* Eí^^ más sencillo siistituir á este cumulo de inven- 
Odones absurdas las ideas que hemos expuesto sobre el ori- 
gen de la raza que habita ei país del Oriente:— eí Perú/\ 

**Por otra parte, Garcilaso ó nunca supo el quichua 6 lo 
alvidóen España; lo que nada tendría de extraño, puesto 
que él había abandonado su patria A los diez años. No co- 
noció la interpretación de los quipus, y no tuvo en sus ma- 
nos los documentos originales; se contenta con traducir, 
arreglar y ctmipletar los manuscritos latinos que el Padre 
Blas de Yalera dejó inconclusos. Basta ver como habla de 
su lengua materna, como altera sin cesar los nombres, sin 
darse cuenta de su sentido, para asegurarse, que él nada en- 
tiende de ella. Todo su bagaje de erudición peruana se redu- 
ce á dos fragmentos, el uno de cuatro líneas, tomado de al- 
gfin canto amoroso, el otro, un poco más largo, sacado de 
un himno religioso "dirigido á la luna. El tomó los dos en 
libros de Blas de Valern, y se limita á poner en español la 
traducción latina de este sabio religioso'* [42]. 

El eminente americanista dím Marcos Jiménez de la Es- 
pada, cuya pérdida lloran aún las letras, juzga así á nues- 
tro autor [4^]: 

**E1 Inca Garcilaso comentó, no historió propiamente;^ 
Las tradiciones de su patria y real linaje adquiercíT'con sti 
manera de decir candorosa, entusiasta y persuasiva, un es- 
plendor y una grandeza tales, tiue no son de creer en una 
tierra y de unas gentes ganadas y avasalladas en tres días 
pnr'un puñado de españoles, A tomar porfío serio sus ana- 
les de la raza de Manco, diíícilmente encontraríamos otra 
ttlguna, semítica ó ariana, que los pudiera presentar, en épo- 



[j]— Pedro Mártir y Herrera, 




248 REVISTA HISTÓRICA 



ca 3^ condiciones análogas, tan gloriosos y prósperos. En lo 
que se refiere á nuestros hechos, y sobre todo á las personas 
que intervienen ó descuellan en el descubrimiento, conquis- 
ta, guerras civiles y pacificación del Feró, se muestra más 
sensato é iniparcial, aunque de cuando en cuando ponga de 
manifiesto el peligro de introducir en el contexto de una his- 
toria, y al lado de observaciones serías y fundadas, y como 
base de crítica, recuerdos de muchacho, venerandas memo- 
rias paternales, y dichos y cuentos de veteranos, camaradas, 
paniaguados, y amigos de la familia del comentarista. Eso 
sí,los Pizarros, Cepedas, Carvajales, Centenos, Leones, Can- 
días y Alvarados de Garcilaso,no son artificiosos maniquíes, 
sin más alma y carácter que su oficio y cargo público; que 
sólo mueven el brazo en las batallas, las piernas para entrar 
o salir de cabildos, y los labios para pronunciar clásicas 
arengas; son hombres de carne y hue^o, acuchillados, man- 
cos ó tuertos; moceros, tahúres ó devotos; pendencieros ó 
mansos; cultos ó broncos; valientes ó fanfarrones; galanes ó 
astrosos; despilfarrados ó tacaños; honrados ó bellacos; vi- 
ven la vida de su casa ó la de sus comblezas; no ocultan sus 
amistades ni sus odios; descubren los móviles de su lealtad 
ó de su perfidia; hoy son cobardes, esforzados mañana; y ni 
el malo lo es siempre, ni el bueno deja de pecar, cuando lo 
tientan con ahinco y de veras la ambición, el amor, la codi- 
cia ó la venganza*'. 



Sin la elevación de las ideas y la competencia de estos 
críticos, se ha hecho de moda, para algunos escritores, tratar 
á Garcilaso de crcdulo en demasía, de exagerado, de afano- 
so en fingir hechos ó desnaturalizarlos, para realzar el Im- 
])cr¡o de los Incas, sus progenitores, sirviendo de eco á tra- 
diciones vulgares, 3' mostrándose ignorante y falto de alean- 
ees: cargos en verdad poco fundíidos, y antojadizos en su 
ma3'or parte. 

Antes que él escribiera, la época primitiva del Perú y el 
Imperio no habían tenido ningún historiador, cuyas obras 
se hubieran publicado y que fuera conocido. Las informacio- 



KL INCA í;AltClLASn 



2U) 



nes que se taina ron sobre el particninr reposaban en los fir- 
chivos; Y los escritores españoles^ —sin excluir á Herrera, 

ICroniíita oficial, — ponían empeño en presentar el gobier- 
no de los Incas, no como sabio y paternal, sino como tfcsfjo- 
ti'jo y tiránico; para <bsculpar ele antemano el cortejo de 
sanare y crímenes de la conquista, y la explotaciónt la es- 

Iclíivitud, y las ruinas mora fes y niatcriales que ella trajo. 
El jesuíta ehacliapoyano Blas V alera, bijo, como Garci- 
laso, ííe un cnnquistador, escribió en latín, primero que él, su 
Historia, perdida el 1'' de julio de 1596 en el saquea de Ca- 
ri iz par los ingleses; '*y según parece de sus papeles rotos, lle- 
vaba la misma intención que Garcilaso, en muchas cosas de 
las que escribía, que era dividir los tiempos, las edades y las 
provincia??, para que se entendieran nujor las costumbres 
que cada nación tenía" [44]. 

Gareilaso dio importancia stimaá los fragmentos que de 
lia obra de Valeni llegaron á sus maní>s; los que califica de 
[•^perlasy piedras precioBas[4n]»que no mereció su tierra ver- 
aflornada con ellas"; los reprodujo traducidos, y se debe 
esto que los conozcamos. 
Por lo demás, si cita con frecuencifi ú los escritores espa- 
lóles, lo bace para autorísíar su narración, y para comple- 
tar 6 rectificar lo [pie aquellos afirman. 

Puede decirse, que Garciíaso presenció las agonías del 
Imperio Incaico, con su culto, sus costumbres, sus leyes y 

I su grandeza, y que asistió al establecimiento y arraigo de 
)a dominación extranjera. 
El vio al noble indio trasformado en siervo, y al aventn. 
. rero hecbo rico y señor: vio desaparecer el gobierno de los 
Incas, y á los vasallos esquilmados y mermados; invadiendo 

Íl desierto las fértiles campiñas; cegándose los acueductos; 
estniy^ndose los caminos grandiosos, sin rival: despoblín- 
Dsc el territorio como si sobre éste hubiera soplado un 

viento de muerte; y como si el Padre— Sol se hundiera de gol- 
pe en el abismo, dejándolo todo en tinieblas y en sepulcral 
_»ilcncio* 

Viviendo nuestro Inca entre los conquistadores, y sien- 

lo uno de ellos su padre, tuvo ocasión de conocerlos y tra- 

irlos; de apreciar sus buenas cualidades, así como susfiefec- 



I 



« 



tos y suü vicios; tle palpir sus íitropclíos y vifilencias con 
los tristes indígenas" y de sentir de cerca el iiitortunio y la 
opresión de éstos, sin poderlos aliviar. 

Por más que él, coma los españoles, considerase provi- 
dencial la conquista, y creyera, que la Santísima Virgen y 
Santiago los ayudaran en su lucha, no podía ver sin emo- 
ción la caída del Imperio, el rápido decrecimiento del pueblo 
y la servidumbre de la raza, que siguieron á la llegada de 
las huestes de Pizarro. Su rango de Inca lo obligaba á lle- 
var en el coraiEÓn el luto pnr su linaje y por su patria; sin ^ 
embargo de ser vasallo humilde de los Reyes de Castilla, y H 
de encomiar la conquista, que en pos de sí trajo al Nuevo 
Mundo el Evangelio. 

Aunque del uso de los Quipus [46] supiera tanto Garci- 
|aso como los amautasy nobles, no tuvo tieraf)D ni oportu- 
nidad de descifrarlos, y de conocer por este medio el pasado 
del país, en provecho de la Historia. Su salida intempesti- 
va del Perít, y su diu turna permanencia en la Península, le 
impidieron consultar esoá j^íji/jíís, recorrer todo el territo- 
torio nacional, y recoger y compulsar las tradiciones diver- 
sas, y aun opuestas, de las rasas 3'' pueblos que formaron c[ 
Tahuantinsuyu. 

Si esto se hubiera realizado, es casi seguro, que habría 
coincidido G^ircilaso con Valera, Cabello de Balboa 3- Mon- 
tesinos, al tratar de la más remota antigüedad del Perú; su- 
ministrando copiosos materiales á los arqueólogos, lingüis- 
tas y etnógrafos; y previniendo la critica de los que, por no 
encontrar en él apnvo á sus opiniones, y á tesis aventura- 
das» lo censuran con acritud* 



Se conoce que GarcÜaso procede á veces en su relato con 
penosa reserva. Mestizo de sangre real y española, oriundo 
de un pueblo sojuzgado, escribiendo en la Corte, á vista de 
los hijos de los conquistadores ó de sus deudos; cuan lo una 
simple traducción de él fué condenada todo concurrió pa- 
ra obligarlo á ser discreto, 3' tener disimulo \^ cautela* ¿Có- 
mo entonces pintar los horrores de la conquista, los críme- 




EL INCA GARCILASO 



asi 



ncs, la explotación y el despotismo? ¿Cómo revelar Ins he- 
chos y decir toda la verdad? 

Alma honrada, jamas calumnia, sincero nunca miente. 
Si yérrales que ha iK'hiílo en fuentes impuras; es €pie ha sido 
CYigafiado; es cjue no puede comprobar sus dichos, porc^ue 
los documentos están sepultados en misteriosos arehivos; y 
|:iorcpie se halla lejos de la l^atría, qite no volverá á ver, 3* á 
líi que consagra tiernos y postreros recuerdos. 

Referirá consejas, repetirá leyendas forjadas por los es- 
pañoles; porcpie no le era dable sustraerse at espíritu de su 
^poca, al inHujo extranjero, y al deiílurnhramiento religioso 
ele cuantos le rodeaban* 

A tres mil leguas de distancia del patrio suelo, y á pesar 
ciclas brumas del Océano, coma si columbrara Sacsahua- 
Tiian, la Plaza del Regocijo, el Coricanehai las momias secu- 

1^4 res de los HijoK del sol, el Huühic-Uma, las AcUas Es 

txn anciano C[ue platica, sin pretcnsiones ni alarde, de cuan- 
to vio y oy6, de sus gozos y lAgritnas, 

Garcilaso traduce en su o!>ra las glorías y bienestar de 
crinco siglos, y los desastres y abatimiento de la centuria 
incompleta que alcanzó á nistoriardela dominación extran- 
jera. 

La mgor prueba del mérito real e indiscutible de su his- 
toria es; que ella^ no obstante el trascurso de los años desde 
r|ue se escribió, mantuvo vivo el recuerdo del Imperio de los 
Ificas; que Jo hÍ2o amable; y que sus n¿iturales no dejaron 
nunca de al)rigar el proposito de resucitarlo de sus cenizas, 
llegada la ocasión. Y esto íué tan cierto, quí la re je) osa po- 
lítica del Monarca llegó, A raíx de la rebelión de Túpac Ama- 
ra, hasta perseguir la obra de Garírilaso, **donde habían 
L«preadido los naturales muchas eoias perjudiciales*'; man- 
TTlándola recoger con cautela, y comprar con ftmdos del real 
*rcsoro, por medio de terceras personas, de toda confianza y 
Secreto. Esa orden reservada, dirigida al Virrey, se expidió 
ol 21 de abril de 1782; 3' se hiíao pública en la época de la iii- 
clcpendeneía [47]. 



Cuando se estaba imprimiendo en Córdovn el 2.^ volu- 
ta 



252 



REVISTA HISTÓRICA 



m^ri fie la Historia del Perú de nuestro coiripatrinta murió 
éste aiií, el 22 de abril de 1617, á 1(3S 77 años y 10 días de su 
cdnd; siendo sepultado en la Catedral, en la tercera capilla, 
A mano tlerechíVi entrando por la puerta de Santa Catalina 
á la nave del Sagrario; y cuya capilla se llamó por esto de 
Gíircihso. 

A los dos lados del altar, en dos lápidas negras, se puso 
el siguiente epitafio: 

El Inca GarcHaso de la Vega: varón insigne, digno de 
perpetua memorín: i iust re en sangre: perito en letras: r*^- 
lien te en nrmas: hijo de GurcHaso de la Vega* fie las Casas 
délos Dnques de Feria é Infantado, y de EUsabetb Paíia^ 
hernmmi de Htinina Cápac, último Emperador de Indias: 
comentó hi Florida: tradujo á León Hebreo, v eompnso los 
Comentarios Reales: vivió en Córdova con mucha religión: 
murió ejemplar: dotó esta capilla: enterróse en ella: vinculó 
suH bienes al sufragio de Ihs ánimas del purgatorio: son pa- 
trones perpetuos los señores Dean r Cabildo de esta santa 
Iglesia: falleeió a XXII de abril de M.DC.XVL 

R negué n á Dios por su ánima. 






I 



Las casas del padre de nuestro Inca, en el Cusco, esta- 
ban al mediodía de las de vMonso de Mcsai calle en medía, y 
fueron antes de Francisco de Oñate[48]. Pertenecen liny,por 
herencia paterna, al Camnii^Lío Penitenciario de esa Diócesis, 
actual Representante á Congreso, Doctor Fernando Pacheco, 
Del mismo Conquistador Garcilaso fueron las heredades de 
Chinehapneyn, álG leguas del Cw^{:o\ y II arisca^ chácara 
de coca, cedida á su hijo, y que éste ** perdió por irse á Espa* 
ña"[-J.9]. 

'*Una heredad, dice el Inca,queyo deje en mi tierra, enco- 
mendada aun amigo, no faltó quien se la quitó v eonsii^ 
mió*' [50]. 



En el pequeño Museo del Cusco, que ocupa parte de uno 
de los claustros de la Universidad, en el edificio que fué Co- 




EL INCA r.ARCILASO 



253 



I 

I 



fcgío fie la Compfi nía ele Jesús, está el retrntn al óleo, de 
cuerpo entero, cinc nie parece de buen pincel, de nuestro eom- 
patriota, eon vistoso uniforme niiliÉnr; euya copia damos 
orí la Revista. Apenas llegado A España, pudo (rareilnso re- 
mitir c*se retratí» á sus deudos, sin t|ue se(>ann)S cníindo; ni 
cromo ha calvado, despuéíi de casi dos siglos, O tal vez, es- 
X^ti es Cíjpía moderna de Cítra mas antigua. 

Es pn>ba!)le que en España haya al^íun otro letratr» del 
seísmo, y qni3sá de euiindo había ya entrado en edad mailu* 

EsiíerenUfS que loa peruanos que visiten ese'país nos den 
^^sta y otras noticias^ Que no son de enriosidad sola mentes 
í^ino de interés histórico. 

La Keal Academia Española de la lengua considera au- 
"fc^Dridnd á Gareilaso en el uso de ella, como escritor castíssa; 
Sitien do este im nuevo título qut recomienda la lectura de sus 
^r^bras, y que lo coloca en el Pena en un rango casi excepeio- 
■maL 

Sería laudable •j' honorífica empresa, digna del apoyo 
«i^cl Gobierno, si el Instituto Histórico reprodujera la obra 
<1e Gareilaso sobre el Perú, con las anotaciones y docunien- 
"^los anexos que requiere, y con retratos y grabados para 
■» lustrarla: preícrencia cjue, si se acordase, parece juíítifiea- 
«:1a, porque ella obtendría indudablemente mayor número 
^1e leetores en el país que otra cualquiera sobre el mismo 
«:isunto. 

Lima, junio de 1906. 

José Toftinio Polo, 



U—Vomtniitríng rcBlcs: la parte, h I, cup. 1! 
—I IV, c. 42:^1 V.e 4íí 

- la. parlf J. IX, e.38 

— 2íL pnrti% I IV. c. ^ 

- L V, c^ 25 

- L IV, c, 10 
-- 1. IV, 1% 20 

- 1. VII,c2^ 



-So. pnrtr, Kll. cap. 2ñ; 



3)- 
41- 

7)- 
«)^ 
l»3- 



— 2fi. parto. I, TV.c. 2f1. 

10)^ — Cohceióti ih fiocumciitos iuétlitos tk Xh^ridozn: t. lií^ páij ^7 
íD^Ctímemsrios reñks: la parte, 1. IX, c. íl 
12)— — la, partt, I. IX, c. 17 

13)-* "- 2a. parte. I VI, c. 13 

U)- - - LVin.c. 12 



254 REVISTA HISTÓRICA 



15)— — — I. V, c. 40 

16)— — la. parte, 1. IX, c. 26 

17)— — — 1. IX, c. 29 

18)— — — 1. IX, c. 8 

19)— — 2a. parte, 1. lY, c. 23 

20)— — la. parte, 1. I, c. 13 

21)— — 2a. parte. 1. IV, c. 23 

22)— — la. parte. 1. II, c. 26— p. 2a, 1. VI, c. 2 

— 1. VII, c. 8 y 25-1. IX, c. 4-0 
23)— — 2a. parte, I. Vil. c. 10 y 18—1. VIH, c. 1*». 

— 1. VIII, c. 1 
24)— Biblioteca: t. II, col. 750 
21S)— Historia de Ja Florida: 1. VI, c. 21 
26)— Historia del Perú: 2a. parte, 1. V, c. 25 
27;— — — 1. Y, c. 39 

28)— -- 1. I, c. 18 

29)— — la. parte, 1. VII, c. 25 

30)— — — 1. IX, c. 40 

31)— — 2a, parte, 1. VIII, c, 10 

23)- - - 1. VII I, c. 17 

33)— — - 1. VIH, c. 15 

34— — — 1. 1, C.25 

35)— — - 1. II, c. 40 

36)— Historia de Ja Conquista de Méjico: 1. I. c. II 
37)— Historia de Ja FJorida: la. parte, 1. II, c. 6 
3^)— Historia de Ja América\ t. III. nota 29— París, 1853; 89 
3^)— Historia de Ja Conq. del Perú: V I, c. 1'^ 
4O)— — — _ — 1. I, c. 29, nota 7 

4II— — — — — 1. IV, c. 4, nota 

42)— Z^s Races Aryennes du Pérou— Parín 1871: página 336 
4^)— Tercero Jibró de las Guerras ci\'iles del Perú, por Pedro CkZa de 

Z^dn— Madrid 1877: página XXIV. 
44)— CoOT. reales: la. parte, 1. I. c. 12 
45;— _ — 1. II, c. 27 

46)— _ — 1. VI. c. 9 

47)— Correo mercantil del Perú. Lima.f? Nániero del 23 de enero de 1822 
48)— Cobo,— ///st. del Nuevo Afundo- Sevilla 1893— tomo IV,página 19, 

nota 
49)— Com. reales: 1. IX. c. 21— L. IV. c. 16 
50)— — 2a. parte, 1. VIH, c, 7 



Facsímile de la ñrma del Inca Garcilaso 



o (oíicla de ísi ciuGiaGi de (^s^nta Qatalincx de yue^dalcázap 

DE MDQUEGUA 

(CONTINUACIÓN) 



CERTIFICADO 



En Septiembre 5 de 1684-á 268vta.-dice así: **Don José 
de Roa, Corregidor de la villa de Moquegua por su Mages- 
tad, y Alguacil mayor del Santo Oficio de la Inquisición de 
la ciudad de la Paz, certifico: que hoy día de la fecha, como 
á las cuatro de la tarde, poco más, á pedimento del R. P. 
Fr. Antonio de Morales, prior de la Hospedería del orden de 
Predicadores de esta villa, me pidió le diese por testimonio 
cómo en dicha Hospedería se enseñaba gramática á los hijos 
de esta villa, y á leer y escribir. Y habiendo yo, el dicho Co- 
rregidor,ido á dicha Hospedería, hallé debajo de una enrama- 
da que está en el patio principal de dicha Hospedería, que 
cae á la entrada de la capilla que hoy sirve de iglesia, once 
muchachos que en mi presencia les preguntó el dicho P. prior 
algunas oraciones en castellano y las tradujeron en latín. Y 
íisí mismo en otro patio, más adentro, en una enramada que 
está hecha para resguardo de tres celdas, que están una en 
. pos de otra, vi y oí estar leyendo muchos niños. Y para que 
conste doy el presante, á pedimento del dicho padre prior, 
en la villa de Moquegua**, &. 

Luego, si antes enseñaban la gramática, á leer y escri- 
"bir, ahora ¿por qué no lo hacen? Desearía la ciudad lo hicie- 
sen, pues ésta es la condición de su fundación en esta villa. 
En Enero 1^ de 1742,-á f. 24— D. Manuel Hurtado de 
Mendoza y D^. Conztanza de Izaguirre dejan todos sus bie- 
nes para una hospedería de la religión de Nuestra Señora de 



256 



REVISTA HISTÓRICA 



las Mercedes en el espacio de 20 años, lus (jue pasados y no 
se hiciese, pasen estos bienes al colegio de la Coiiipanía de 
Jesiísde esta villa, eon his eondieiunei? queesta e?cnltira ctin- 
ticne. Y si este eole^íio no la admitiese, ])ase al convento de 
Santo DoTriinifo de esta villa. 

No se efectuí'* esta fiindacíarh 

En üicienibre 18 de 1741 se noticia la invasión de la na- 
ción Tiíglesa en estos reinos y mares del Sur, 3" nncvo im- 
puesto para reunir dos millones de pesos, que son necesarios 
para expeler al enemigo- 

En Diciembre 14 del 743— á f. 275— el corregidor, con 
asistencia del Cabildo y mucha nobleita de esta villa, dá á 
<3sta posesión de un venero de agua que emana de la hacíen* 
da de vifia de Samegua. de propiedad de D'\ María G/irate: 
puestos todos en el paraje llamado San Vicente Ferrer, Es- 
ta es el a^iia de la fuente pública tjue á su costa condujo el 
Corregidor D. Pedro Remigio Fcrnándex Maldonado y Chu- 
rrucaenelaño de 1770 y siguientes de su goljierno* Es- 
ta hacienda del origen de la fuente pública posee hoy D, 
Juaii Nicolás Montcnegrü* 

Los martes de cada semana se sacaba el Rosario canta- 
do con Nuestra Senara de la Soledad de esta iglesia Matriz, 
para lo que tiene una pequeña fundación por D. Juan de Ta* 
pia, reconocida hoy en la hacienda de Saniegua, de los hijos 
v herederos de D. Teodoro Dávila» y sería de desear que és- 
tos, en años muchos y al presente, descarguen su conciencia 
y paguen este censo, para que de nuevo se fomente este cul- 
to, que ha años cesó. Fecha de esta fundación, Septiembre 
26 de 1745. 

í*or los años de 1742, sacaban los PP* del Colegio de la 
Compañía de Jesús por tas calles de esta ciudad, el Santísi- 
mo Rosario» con Nuestra Señora del Loreto, Los RR» Pí\ 
de Sanio Domingo sacaban el Santísimo* Rosario el primero 
domingo de cada mes; hoy ha cesado este y acpiétlos cultos 
que movían a los pecadores, consolaban ú los justos 3- tem- 
plaba (á) Bclxebrí con sus satélites- Sería de desear se reno- 
vasc tnn augusta devoción . 

En Abril 17 tic 1052, ¡iredicó la íeria de cuaresma el R. 
P. lector fn Fernando Valdcs. y tanta fué su uocióu, cari- 



4 




HDTICIA DE MOi^lEGCA 



257 



lad y celo, que. después de Díok, él movió á la villa para la 
fundación delconvciUo de I'redíca dores. Se hízfi este día ca- 
bildo abierto y se efectuó el deseo del veciudario. 

Este Convento no reconoLC otro fitriLl^dor que la misnm 
Ivílla. El Cabildo es el patrón y la villa gastó su dinero pa- 
trn la licencia de hospicio y Real cédula de confirmación, en- 
[MarsEO 1''' de 1717» con título riel Santísimo Rosario. 

En Enero 29 de 1G9G. el Cabildo y villa juran ñ Nuestra 
[Señora deTorataen el Misterio de su Purificación por pa- 
Itrona de Moquegua; hacerle su fiesta en aquel pueblo el 3 
de Febrero ile cada año, 3^ que cuando haya necesidad, con 
licencia del limo señor Obispo de la Diócesis se traiga á Mo- 
. qiieiriia con toda decencia, y con la misma la regresen. Es- 
to lo hacen á causa de los continuos temblores, sequedades 
[y pestes para (jue los ampare la Virgen Santísima. 

En A^TQsto 2S de 1752 trató la villa de cimentar un hos- 
ipicio de los RR. PP. de la observancia de San Francisco de 
I Asís. 

En 1757 ya estuvo dicho hospicio en Moaue!?ua y fue- 
ron sus primeros fundadores el ÍT, F.Juan Morón, Fr< lacin- 
to Bailón, predicador general, Fr, Andrés Lozada y otros. 
El patrón de la casa— hospicio de la observancia, es San 
Pascual Baylón, Ocuparon varías casas de gran capacidad, 
en las que daban el pasto espiritual que deseaba el pueblo. 
MuchoD vecinos les contribuyen con sus limosnas para for- 
mar su capilla y ajuares religiosos, entre ellos (el) Dor, D. 
I)omin^ío Argiiedas donó un negrito; el Capitán teniente co* 
roñe! D. Manuel Montenegro}' Quezada donó una campana 
para llamar á misa, y así otros. En 1773 ocuparon el colé* 
|gío de lesuitas ile esta villa, hasta que vinieron los de Pro- 
laganda de Tarija en 1787, en que se les dio posesión de es- 
te colegio. 

En 1604 hubo un fuerte terremoto que arruinó los dos 
pueblos, el de San Sebastián de Escapagua y el de Santa Ca- 
talina de Moquegua y sus iglesias; las que reedificaron, aqué^ 
lia el Almirante D.Juan de Olea y Medina, y ésta D, Alonso 
fie Estrada y Vizearra, mayordomo ecónomo de esta parro- 
luia. 

En Agosto 22 de 1715 liubo otro terremoto muy grande 



2S8 



MEVíSTA HISTÓRICA 



que destruyó la iglesia. La reedificó el Capitán D* Pedro del 
Alcázar y Padilla, inayordamn ecónomo de esta iglesia* 

Ya se habló del terremoto del 20 de <')ctitbre de 16S7* en 
el que igualmente se arruinó la iglesia^ y su mayordomo Ca- 
pitán D* Pedro Antoüio de Salcedo, y su Cura, Don D.Anto- 
nio Coronel C/iceres de Ulloa, trabajan eji su rccilificncíón. 

En Mayo 13 de 17H2; hubo un fuerte terremoto, a las 
seis de la mañana, con el que se arruinó esta iglesia matriz y 
demás de la población y sus casas 3^ haciendas. Se hallaba 
á la sazón en su santa visita el limo Sor* Don D. Fr. Mig:uel 
González Pamplona, XIX Obispo de Arequipa, La reedifica 
el Cura vicario Don D. Lorenzo Vizcarra y Hurtado, su fa- 
briquero; mayordomo ecónomOi presbitero D. Pedro del 
Cuadro» en que se gastó ingente caudal. 

Bien recientes sou los dos terremotos, el uno en Octubre" 
8 de 1731, alas 9 de la noche; el otro el IS de Septiem- 
bre de 1833, á las 6 3^- cuarto de la niaiíana, los que destru- 
yeron en gran parte los edificios de esta ciudad. La media. 
naranja de esta iglesia Matriz la destrocó, 3^ otras averías 
en las torres, sacristía, puerta del pie de la iglesia, buatiste- 
rio y otras partes. La media naranja se reedificó con toda, 
fortaleza y de mejor forma en 1838; las demás avenas se re- 
pararán cuando el Estada conceda el noveno de diezmos 
que el Sor. Dor. D* Pedro Villagómex previno en justicia de- 
l>ía darse ala pobreza de esta iglesia y su cura en 1631, sien- 
do tercero Obispo de Arequipa, según se ha calificado con In. 
acta capitular de Abril 16 de 1653, 

En 1798, se empezó á reedificar la iglesia de Santo Do— 
mingo de esta ciudad \' se acabó en 1828. 

En el citado año de 1782, se arruinó la iglesia del hospi- 
tal Beletmítico de esta ciudad, la que reedificó el R, P. Pre- 
fecto Fr* Juan de Santa Teresa, de adobe. Esta se arruiui'^ 
con el tiempo y la reedificó á su costa, de piedra 3^ cal^ D^-* 
María Martiníi Fernández Cornejo y Fernández de Córd ova— 

En Enero 25 de 1716 ocurre el Cabildo al Excmo. Sor* 
Virrey, Excmo. é limo* Sor. Dor. D* Diego Ladrón de Gueva- 
ra» Obispo de Quito, contra los excesos \^ atroj>ellaniicnto«^ 
del Corregidor D, Alonso Martín de Almagro 3^ Toledo» 
acompañado de su asesor el licenciado D* Francisco Castra- 



NOTICIA DE MOQUEGÜA 



259 



En Diciembre 27 de 1740, el Cahildo apelfi al Rey nues- 
o señor contra el Corregidor D. Vicente Julio RospilHosi, 
íes a tropelía las escnciones, fueros y privilegios del Cabil- 
o; y dñ poder al Maestre de Campo D, Francisco Nieto, 
aien pasa á la capital rk Lima á defender los fueros del Ca- 
lido, qac permanecía d Corregidor en quitarle, y se presen- 
r ante el Excmo. Son Virrey D. Antonio José de Mendoza 
aamaño y Soto mayor, Marqués de Vil lagareta y Conde de 
errantes. 

En Agosto 11 de 1768, el Cabildo jura y hace voto de 
luardar por día de fiesta, de ambos preceptos, la feria sexta 
spués de la dominica infrautaba (así) de Corpus Christi, 
que es díadelSantístmoCor^izon de Jesús, Así se observó por 
día testivo hasta el año de 1 1H2, en (|ue el limo. Sor, D, Pe- 
ro José Cha vez Gal van y Amado, XX Obispo de Areqviipa, 
or justas causas, lo supiimió de tal día festivo. 

En 1741 » en 23 de Julio, los señores militares de esta vi- 
la se escrituraron de hacer la fiesta y octava con su novena 
la Purísima Concepción de Nuestra Señora y un altar ca- 
a año el día de Corpus. Tiene su compromiso diez y ocho 
sargos, á que se constituyen: y en Agosto 8 de dicho año de 
1741, el Venerable Deán y Cabildo mandó redujesen á escri- 
ura sus condiciones, y así se hizo en Agosto 23 del mismo 
ño. Mas, en Septiembre 12 de 17G7, revalidan su voto, el 
[ue existió hasta el año de 1822, en que se olvidaron en un 
odo de esta augusta devoción. 

En Marxo 13 de 1768 vendió el Cura vicario Don D, An- 
ionio Otazu el solar-casa parroquial, que desde la antigüe- 
dad había en esta villanal Teniente coronel D, Ángel Ignacio 
Baráybar, quien afianzando su principal de 3,019 pesos, en 
■ds gananciales de una hacienda del convento grande de la 
Tklerced del Cuzco, todo se perdió, pues su mujer reclamó por 
su dote. V así se ven los curas de esta parroc[iiiasin casa pa- 
oquÍal,por lo que acrecen sus gastos en medio de la pobreza 
dicada por el Cabildo en Abril 16 de 1653. 
En Mayo 10 y Septiembre 5 de 1652, consta que desde 
más remota antigüedad había una capilla ó hermita de- 
icada al segundo patrón de Moquegua, el glorioso apóstol 
n Bernabé, hecha en la cima de un í3equcño monte que es- 

14 



260 



KEVISTA HISTÉRICA 



tá á la salida de esta población para e! Alto déla villa %*iejn, 
cuyo cerrillo se ha Mamado y deníaiiitia hasta hoy San Ber- 
nalic* Así consta de ésttJS y niuchos instrumentos más anti- 
guos, cxpaeando los linderos de las heredades contienas á él 
y Ifjs sitios y casas ^i este hido de hi ciudad. Fundi'i esta ca- 
pillu D, Gaí^par Fernández Cabessa de Vaca; el primer maes- 
tro de primeras letras que eitseñn á la juventud moquegua- 
na, íjne se lee en este pueblo, era herniitano, sin votos. 

Se hacía sn fiesta al santo como patrón del valle por las 

haccndínlos de viñM por su tnrno. Así el instrumento Agos* 
to 11 de 1773 á f. 521 vtu. y otros instrnmentos que de es- 
to hablan* El día del santo, que era día de fiesta antes, y 
cuando le hacían tos hacendados su función solemne en la 
tíílesia Matriz.» por la tarde lo sacaban en procesión hasta 
dicho cerrito, en donde le hacían un altar, y el cura con su 
cruz alta y clero cantaba la antífona y oración del santo y 
se regresaba por otra calle á su Matriz, Esta fiesta ya no 
la hay el día de hoy muchos años ha. Tal vez por esto ten- 
drán mala cosecha los heredados de este valle. 

En Junio 29 de 1729— á f* 50— consta que cada hacenda- 
do de viñ¿i de este valle paga tfcs pesos de primicia al cura, 
en lugar de una botija de vino, (jue en la primitiva antigiie- 
dad tenía el propietario del hmdo que mandar en su botijue- 
la desde su hacienda hasta la casa tlel cura ó puerta del ce- 
menterio de la parroquia; cuya remesa érales fatigosa á los 
hacendados, pues las más veces se cpicbraba en el camino 3* 
tenían que mandar de nuevo. Es antigua treid icí 6n fjuc reu- 
nidos los viñateros y párroco de ese tiempo, convinieron en 
dar cada haccnílado dichos tres pesos y (pie el cura pusiese 
su priminciero ó recaudador. Esta ha sido la práctica, esti- 
lo y costumbre más ha de cien años, que ya no está á la tnc- 
nioria de lis hondjres el dar estos tres pesos cnda hacenda- 
do, propuesta hecha por ellos mismos, V hay íiíiy algunos 
modernos hacendados que A su voluntad aspiran retrotraer 
el antiquísimo tiempo y dar la l)otija de vino y que ésta va- 
ya el cura ó su primincierp á recibirla á la hacienda distan- 
te de la población. Esto no puede ser el controvertir una 
costumbre legítimamente cimentadfi, prescrita y con todos 
los requisitus de ciencia, presencia y advenimiento de par- 



I 



NOTICIA BE MOgUEGUA 261 

Itrs legítimas; sobre cuyo nbusn no h) admite la razón y la 
juslÍ€Ín,pues de allí pende el jornal y merced dignamente ad- 
ijuirida de los npcmrias evangélicos. Dejo (que) cada uno 
reticxíone en justicia tan ílelicada materia; jornal impasto 
por el mismo Dios 3' que la naturaleza lo perentoria. Cuan- 
tos años antes al citado Junio 29 de 1729 se crearía este 
método de pagar la primicia de las viñas eon expUeitíi con- 
vcniniiento de partes, no lo dice el citado instrumento, ni 
hay hombre hoy existente fpic lo diga ó se ncuertlc cuánfto 
fué este convenio; de donde se convence ser este pago en el 
modo referido muy antiquísimo en esta doctrina y el querer- 
lo hoy trastornar, es ir contra lo establecitlo fielmente; y le- 
jos de hacerlo se desea se excite la conciencia á los hacentla- 
dos y labradores paguen religiosamente este cargo para 
evadir los anatemas del Cielo, 



ANTK.nBDAD ÜE L\S VIÑAS DE MOQrHCUA 



^ evadii 

■ En Agosto IG de 1587— f* 21— consta que Pedro de B6^ 

" betla vende á Diego de Avila cien botijas de vino del valle de 

Moquegua en cuatrocientos pesos; luego para que^ste año 

haliiera vino» es necesario que dieaí años antes^ 6 más^ hubie* 

®en plantado viñas. 

Los primeros viñateros que se leen son» Alonso de Andra* 
da y Pedro de Guevara, Así, Julio 16 de 1588, á f. 5 4-. 

En Junio 7 de 1593 se estaba faliricando, ó premctlitaba 
íabriear. el puente de la ciudad ile Arefpripíi, siendo corregi- 
dor de esta ciudad D. Ditg ) Thevcs y Birso, quien puso pa- 
ra esta fábrica una excesiva contribución á los vecinos de 
este valle, Coehuna y Mocpiegua, c[u!cnes reclaman ante el 
Scfior Vi sor rey del Pirú un exceso tan sin rnznn. Así á f. 
1*#6 y 31 S, a principios de año de 1594. 

Ba Julio l'^de 1595— á f. 28— ^-onsta (ípte) trajeron una 
india fie aspecto «le veinte y cinco años con dos hijos suyos 
<le nación Ichané ó Chani% intiele^ 6 gentiles, que los vendió 
en cuatrocientos pesos por diez años, y después yanacones 
perpetuos, Juan Porras í>jeda á Luís Fernanílez Barchilón, 
íjcneficiado y vicario de este valle. El nombre de la intlia es 
Isabel^ pero es nombre postizo; el del hijo mayor es Prancis- 



262 



wmYWMA mm^émscA 



co, í>era es nombre postizo, y los mismos noiiibresse les ha 
de poner cuando se les bautice^ de 14 ¿I 15 años; v el menor 
de dos años 3-1 es cristiano y se llama Alonso* 

Lo mismo y en los mismos términos se venden cinco in- 
dios en la escritura fsiguieiite á la antecedente: Julio 28 de 
1595. 

Desde la mayor antigüedad notician estos años existen 
en Moquegua tres cofradías, fundadas en la iglesia de Santa 
Catalina. 1^— la del Santísimo Sacramento; 2^— la de la 
Limpia Concepción de Nuestra Señora; 3^— la de las Ijendi* 
tas ánimas del Purgatorio. De éstas solo existen la 1^ y la 

En este año de 1596 tuvo su principio la hermita 6 ca- 
pilla hecha á San Bernabé en la cima de un pequeño cerro 
que hay al norte de Moquegua; su fundador fué el hermita- 
ño, sin voto, Gaspar Fernández de Lugo Cabeza de Vaca* 

En 1597 hubo una epidemia grande. 

En Mayo 2 de 1600, se vé á Ana Poma, quien declara 
en su testamento *'es hija de Quillaraa y de Poma, su muger, 
mis padres, difuntos,gentiles'\ En la cláusula 4^ de este tes- 
tamento consta: *'que la muger de Pedro Díaz que está en el 
valle de^ Cu pina es la única parienta de un inga Coro (no 
pone el nombre de esta muger) del pueblo de Acora, difunto» 

El sitio que ocupaba la iglesia antes del terremoto de 
1604 se vendió y se hizo en otra parte, por D, Alonso de Es- 
trada, su mayordomo ecónomo, que es la que huy existe. 
Así ilücumento, Octubre 24 de 1604, á f. 649. 

Del antecedente instrumento se deíluce qué en Moquegua 
vivió en la antigüedad del afio de 1600 una princesa, ó por 
lo menos una de la sangre real de los emperadores Incas del 
Perú» que existía en aquella sazón. 

En 1603 se hace relación de la villa de San Antonio del 
Cerro de oro de Caruma, de cuj^o Cabildo es regidor Juan de 
Coria, t; 397. 

En 1607 consta {que) se descubrieron unas minas de 
plata en Ichilpaca, por las inmendiaciones de la ciudad de 
Are(]uipa, 

En Noviembre 7 de IGIS— á f, 473— consta y parece que 
la iglesia de Santa Catalina de Moquegua estaba cerrada 




sin decirse misa ni admiiiisti nsc los santos sacramentos n 

sepLikarsc ningún cada ven cuyas funciones en esa época se 

huc^íun en la iglesia de San Sebastián de la villa de San 

Pro^iicisco de Esquiladle. Cuñnto tiempo y porqué causa 

t^Ht^M-via cerrada, se ignora; solo se cougetura emanaría del 

ruii:iosD pleito que por espacio de quince años tuvieron unoi 

y ot ros vecinos sobre el paraje en que había de ser la pobla- 

^i<5mi y villa. De modo que Moqueguacon plietosse concibió^ 

ci-^^fV y pobló: con pleitos se nutrió y creció y con pleitos ha 

*í^ ft nalizar* 



H 



Í*«5:<.i IDORES DE LA VILLA UE SAN I RANCISCO DE ESQUILACHE 



De 
1 



lEn 13 y 19dc Agreste dclGlSconstan algunos regidores 
*^^s primeros pobladores de la primera villa de San Fran- 
«:^c^ de Borja de Esquilaehe^ y son tos siguientes: el Almi* 
t^ ^tie D, Juan de Olea y Medina, natural de la villa de Villar 
► »-x -Pardo; D. Cristóbal Fernández Cornejo y Paz; D, José 
*~:«nández Cornejo y Arana y D, Diego Fernándezde Córdo* 
alcalde de la Hermandad D. Juan Ponce de SalB;£ar en 



j 



«DORES DEL PRIMER CABILDO DE SU 

ERECCtÓN DE MOQUEGUA EK 1625 



^^ alguacil mayor D, Luís Vélez de Córdova y Vélez La- 

^^^^1 de Guevara, natural de Moquegua; le costóla vara 
^•^^ «no pesos. 



li^ 



ncz^ 






alférez Real, D, Francisco Galdames Garay; le cost 
^ ^ra 3,000 pesos, 

Tiel Ejecutor, el Capitán D. Alonso de Vizcarra Bue-' 
«ríe Arana, natural de Muquegua; le costó 7,000 pesos, 
depositario General, D. Bartolomé Martín Quintanilla, 
Viral de la ciudad de San Lficar de Barrameda; le costó 
3ü pesos* 
^Mcalde provincial, el Capitán D. Agustín Fernández 
1 donado y Visecarra, natural de Moquegua; le costóla 
^^ 7,OüO jx-sos. 



k 



264 



REVISTA HISTÓRICA 



Regidor primero, D. Pedro Martínez de Cuéllar y Mu- 
ñoz, Tiaturid de la cindad de Cuenca, en España, 

Regidor segundo, D. Diego Fernández Dñvtla y Avila, 
esposo de D^ María Montenegro y Coiitreras Méndez Ma- 
dueno, natural de Moquegua. 

Regidor tereero, D, Juan Rodríguez de Ves, natural de la 
villa de Ueeda, en* España; le costo la vara 700 pesos- 
Regidor cuarto, el Capitán D. Pedro de Peñaluza, ina- 
yordomo ecónomo de esta iglesia; le costó la vara 700 pe- 
sos. 

El senor Corregidor de esta época lo fué el Capitán D- 
Diego Cace res de Ulloa, 

El Cura Vicario de esta sazón lo fué el licenciado D. Do- 
mingo Pérez, comisario del Santo Oficio de ¡a Inquisición. 

En 1601 reventó el volcán de San Lino de Oiiiate, por 
cuya causa y haber tapado sus cenizas su iglesia y pueblos» 
se vinieron mucha parte de Indios á avecindarse en Moque- 
gua. 

En Febrero 18 de 1600 reventó con gran estrago el fa- 
moso volcán de Arequipa* 

En Junio 26 de 1603, día jueves, Pedro Dávila, cirujano^ 
abrió por la orina á una niña» D** Gerónima de Arana y le 
sacó una piedra de onza y media de peso, que la hacía pa- 
decer graves dolores. Quedó la niña buena y sana; de lo qiie- 
su padre» D. Hernán Bueno de Arana, manda al escribanc» 
Diego Dávila lo certifique y In ponga en el archivo de este^ 
pueblo de Señora Santa Catalina de Moquegua. Testigos r 
Diego Fernández de Córdova; Lorenzo de Robles y Hernau 
do de Tobar, Así á f. 400. 

El Fiel ejecutor D. Alonso de Vi/xarra Bueno de Arana ^í 
los regidores D. Pedro Martínez de Cuéllar y D. Diego Fef 
nández Dávila no se ha encontrado en cuánto remataría» 
sus varas y oficios. 

En 1630— á f, 230— pide el Cabildo al Excmo. Señor V^ 
riey D, Gerónimo Fernández de Cabrera Bobadilla y Mei ^ 
doza, Conde de Chinchón, se quite á este Cabildo la facu 
tad y costumbre que tenía desde su erección de elegir un a 
calde ordinario el 1' de Enero de cada año. Sin duda tjue e 
te Cabildo no se acuerda que en la petición que hicieron k 




sí' 
ti- 



NOTICIA DE MOQITEGUA 



265 



vecinos ck este publo pnra que se hiciese villa, á la cuarta, 
íllcc: *Ujue ha de haljcr un alcalde ordinario y otro de la hcr- 
maiiclad, dí3S regidores \* un nlgimcil mayor". Así Agosto 
U de 1611, á t: 239, Luego, en este año de 1630 ¿cómo pi- 
den se cjuite este fuero v regalía en que ha estado en pose- 
ión? 

Ello es que en Dieienibre 9 de 1054^ cual consta de la ac- 
ta celebrada en Octubre 13 de 1G97 quitó esta facultad de 
elegir un alcalde ordinario al Cabildo deMoqueguael Excmo 
Sor. Virrey Conde de Salvatierra, y la restituyó en 1697 el 
Btñar Virrey don Melchor Portoearrero Laso de la Vega, 
Conde de la Mondo va, Y aquel Son Virrey Conde de Salva- 
tierra la tiiiitó, causa de un ruido.so pleito que siguieron an- 
te dicho sefHír Virrey entre D* Francisco Gutiérrez Dasa y D, 
Francisco Rodríguez Trejo; y éste quedó inhabilitado, eunl 
parece de la diligencia en el citado día, mes y año (Dic* 9 de 
1654), Y así estuvo este Cabildo privado de este fuero 43 
íifios, sin elegir alcalde ordinario. 

En Agosto 13 de 1631,— á f. 231 vta,— consta que el em- 
perador Inca mandó abrir una aceciuia para conducir el 
agua y regar los terrenos de este pueblo. Se congetura sea 
la acequia alta, pues de ella se hace mención en los más an- 
tiguos instrumentos. No designa el presente documento 
cuál Inca sea, pero de todo él se deduce que dicho empera- 
dor Inca, deseó y puso los medios para el adelantamiento 
de este pueblo. 

En Agosto 25 de 1626, indica este instrumento (iue obra 
á f. 224, ante Pedro de Pcñalosn, escribano de Su Magestad, 
haber en este aiío sacristán mayor de esta iglesia Matriz de 
Moquegua, cuyo empleo es líeneficio canónico colativo por 
su institución. Mas, antes de esta fecha no se lee en ningán 
instrumento tal sacristán mnytír sacerdote, como lo dice el 
citado documento: 3\va desde dicho día 25de Agosto de 1626 
para adelante se vé en muchos y repetidas instrumentos es- 
te beneficio, de lo que claramente se deduce fué creado en el 
referido año de 1626. 

En Marzo de 1601 consta había en Mocjuegua la ace- 
quia alta, que es la que viene desde el río y pasa por las ex- 
tremidades de arriba de la población. A más de esta acc- 



266 



RETISTA HISTÓRICA 



qiüa, que existe, y en algunos tiempos del año cu ejercicio, se 
vé otra acequia que sale del río más arriba, pasa por el pa- 
ga de San José de Samegua y va á descal>ezar tras los ce- 
rros de Chenchéiij hacia el lado sur de esta ciudad, en donde 
aún se v^en los vestigios de sembradoras en esos llanos, co- 
mo son sutcos y ídgunas platitas de mmz, cuyos troncos 
muchos han visto afín recién en el año pasado de 180S* Es- 
ta es la acequia que hizo trabajar el Inca para el bien de e^ 
tos naturales; y es cosa fjue llena de estupor ver aún existen- 
te esta acequia que pasa por el pie de los alfalfares de los 
Tapia, á media legua de esta población, hacia el Oriente^ pa- 
go de San José de Samegua, y atraviesa ladereando á bañar 
dichas cfmas y llannncos de los montes denominados Chen- 
chéii. Y así lo indica el instrumento antes citado de Agosto 
13 de 1631. áf. 231 vta. 

En Agosto 22 de 1651— á f. 323— L^onsta y parece que el 
altar privilegiado para sacar alma del Purgatorio, siempre 
que en él se celebre el santo sacnficio de la misa, es el altar 
de la Purísima Concepción de la Santísima Virgen María; cu- 
yo altar y capilla, por otros varios instrumentos^consta ser 
sus insignes benefactores el Regidor D. Cristóbal Carbonera 
y Villarroel, el Regid or, su hijo, D. Bernardo Carbonera Fer- 
nñnáez de la Cuadra, y sucesivamente toda esta familia 
hasta nuestros días. 

En Noviembre 29 de 1655— á f. 342 vta.— con^^ta qne D- 
José Manuel Pérez del Cuadro, Alguacil mayor de esta villa, 
7 sus cómplices, amputaron ó cortaron con un cuchillo los 
dos compañones ó testículos ñ José del Alcázar y Padilla, 
negro esclavo del licenciado D- Baltasar del Alcázar y Padi- 
lla, clérigo presbítero; quien se aparta de la querella y tñu- 
sa que ha seguido, perdonándoles el atentado, SÍ el negro 
moriría ó viviría de esta amputación, no lo dice el instru- 
mento» 

En Noviembre 4 de 1655— á f. 334— funda el hospital de 
San Juan de Dios, el Alférez Diego Fernández de Santiago, 
esposo de D'^, Antonia Zapata Vétez de Córdova, para ctiyit 
fundación deja todos sus bienes, haciendas, tierras etc. Y si 
no se fundase, recaigan dichos sus bienes en la hospederin 
de Santo Domingo de esta villa. 



NOTICIA BE MOQUEGUA 



267 



En Noviembre 15 de 1661 —á í. 273— consta que D^ 
Mariana Ventura Gaklames, mujer le^^ítima de D. Alonso 
Pérez de Tíldela, fué sepultada en el altar mayor y présbite- 
^TÍo de esta iglesia Matrix, euyí^ fabriquero, D. l'cdro del Al- 
cázar y Padilla» le otorga á dicho D. Alonso recibo de cien 
pesos por la limosna de la rotura de la sepultura que se le 
dio en el altar mayor. 

He aquí un ejemplar inusitado y contra el rito sajírado 
de la Iglesia, en que el cadáver de una muger sea enterrado 
en el presbiterio 5 en el altar mayor que está en el presbite- 
rio de la iglesia. 

En Noviembre 1'^ de 1673 — á f. 132— Agustina, negra 
esclava de D* Agustín Fernández Maldonado y Vizearra, Al- 
calde provincial de esta villa, residente dicha negra en el mo- 
nasterio de la Bnearneación de Lima, en compañía de la ma- 
dre María Fernández Míiklonado, monja de velo negro, 
quiere ser dicha negra monja de velo blanco, para lo que di- 
cho Alcalde privincial le otorga escritura de libre y horra de 
toda esclavitud. Es regular hubiese profesado de monja es- 
ta feliz negra Agustina. 

La iglesia del hospital de Belet mitas de esta ciudad se 
reedificó de piedra 3' cal con media naranja, que antes» con 
tres reedificaciones antecedentes, no tenía. En t^eptiembre 
29 de 1828 se púsola piedra tiindamental por el Cura prime- 
ro y vicario Don D.Juan Antonio Montenegro, para cuyo 
rito sagrado trajo en procisión á la patrona principal, San- 
ta Catalina Virgen y Mártir, con tres capas de curo, crua; 
alta y ciriales, clero de sobrepellices y vecindario numeroso, 
Sali6 á recibir á la sonta patrona Nuestra Señora de Belén 
hasta la primera cuadra del convento, con el P. Prefecto fr, 
José de Santa Gertrudis y Cabello, comunidad y concurso 
tle pueblo. Ambas procesiones con velas encendidas en sus 
manos. Así se condujeron al sitio primordial de la coloca- 
ción de la piedra fundamental, que se puso según el rito de 
la iglesia* Regresó el Cura á su iglesia con la Patrona y re- 
pi(|ues, así a su salida como á su regreso; y terminó esta ce- 
remonia sagrada. 

En 29 de Marzo de ISÍiO bendijo dicha iglesia el expresa- 
do Cura vicario, y en seguida dijo la primera misa rezada. 
15 



268 REVISTA HISTÓRICA 



En 30 de Marzo 1830, día martes, fué la función y misa 
solemne que dijo dicho Cura 1^ y vicario; le diaconaron los 
presbíteros D.José Bahamonde y Velñsqucz 3' D. José Ma- 
ría Fernandez Dávila, oficiando la misa el sacristán maj'or 
Dor. D. Baltazar Zevallos, ma\'ordomo ecónomo actual de 
esta iglesia Matriz. 

El segundo día, 31 de dicho Marzo, cantó la misa solem- 
ne el Cura 2"^ de esta ciudad, D. José María Delgado; diaco- 
naron otros eclesiásticos. 

El 3*=* día; día I- de Abril de 1830, cantó la misa soleni- 
ne el R. P. Maestro Fr. Mariano Cuervo, prior del convento 
de Predicadores de esta ciudad. 

El día primero de este estreno predicó el R. P. Fr. José 
Maldonado de Propaganda Fide, hoy ya doctor D. José Ca- 
yetano Fernández Maldonado, Rector del colegio de la Liber- 
tad de esta ciudad. 

El segundo día predicó D. Buenaventura Polar, clérigo 
presbítero secularizado ó exclaustrado del colegio de Propa- 
ganda Fide de esta ciudad, quien ya murió bien mozo en lio, 
en Noviembre 2 de 1836. 

El tercero día predicó el Dor. D. José María Hurtado de 
Mendoza Bueno de Arana Pérez del Pozo, clérigo prebítero, 
quien murió de 58 años, en Diciembre 7 de 1838. 

En todos tres días asistió el Sor. Sub-prefecto y rauchisí- 
mo vecindario, corporaciones, etc. manifestando todos su 
cordial contento. 

Esta iglesia se reedificó á expensas de D*. María Marti- 
na Fernández Cornejo, en que gastó más de 30,000 pesos. 
Dejó esta señora expedita la casa para el hospital de muge- 
res, en que gastó más de 7,000 pesos. 

Dr. Juan Antonio Montenegro y Ubaldi. 

(Se terminará). 



Ur| O^ecl^uista 



Aunque se juzgue de poca importancia el saber, si el ca- 
nónigo Doctor Francisco de Avila, expósito, tuvo noticia 
de sus padres; ó si ellos fueron, no sólo impedidos de apare- 
cer tales, sino realmente desconocidos, conviene estp rectifi- 
cación: exigida en cierto modo por la verdad histórica, y 
que, por lo mismo, hace falta á mi reciente estudio sobre es- 
te antiguo, y casi olvidado escritor peruano. 

En el testamento que otorgó aquí tres días antes de su 
muerte, y que mencioné, deja un legado á doña Josefa Her- 
menegilda de la Torre y á doña Catalina de León, monjas del 
Convento de la Encarnación, á quienes declara sus sobrinas, 
y profesas hacía veintiocho años. 

Pudo pues, decir el Virrey al Monarca, en su informe so- 
bre Avila: **hay opinión de que son conocidos sus padres''. 

El certificado que, una hora después de la muerte de 
nuestro Quechuista, expidió el escribano Fernández de la 
Cruz, vale en mi concepto, por no ser conocido, la pena de 
reproducirse. Dice así: 

**Yo Antonio Fernández de la Cruz, Escribano del Rey 
nuestro Señor, Público del número de esta ciudad de los Re- 
yes del Perú, certifico y doy fee que 03" Martes diez y siete de 
septiembre de mil seiscientos \' quarenta y siete años, como 
á la una del día poco más ó menos vide muerto naturalmen- 
te á lo que paresía al Doctor Don Francisco Dávila canóni- 
go que filé de esta Santa Iglesia el qual estaua en el aposen- 
to de dormir de las casas de su morada donde dijeron auía 
muerto y estaua tendido en el suelo rrebestido con alúa y 



270 REVISTA HISTÓRICA 

casulla en la forma que se acostumbra amortajar los sacc 
dotes para enterrarlos y para que de ello conste por mand 
to de dicho alcalde di el presente en los Reyes en el dicho d 
mes y año dichos. — Testigos: Juan Delgado de León, el P 
dre Maestro Fray Miguel de Aguirre del horden de Sí 
Agustín y el Bachiller Joseph García de Paredes. — Y en < 
de ello lo signo y firmo.— En testimonio de verdad — Antón 
Fernández de la Cruz Escribano Púhlico^\ 

Lima, junio de 1906. 

José Toribio Polo. 



> ♦ < > 



Disturbios religiosos eri Lirria 



EN EL SIQLDXli^II 



Entre los dogmas fiel catolicismo, ninguno ha ciado lu* 
^ar ú controversias tan reñidas y tan prolongadas como el 
^e la Inmaculada Concepción* desde los albores del crístia- 
Tiismo hasta que su Santidad el Papa Pío IX lo declaró dog- 
ma de fe, en medio de entusiasmo y pompa indescriptibles, el 
^ de Diciembre de 1854, 

Escribieron en faborablc sentido á la cxcentión déla Vir- 
jíen del pecado original, el Obispo de leona, San Amfiloquio, 
San Ambrosio y San Juan Crisóstomo en el siglo cuarto de 
la Era cristiana; San Agustín, San Procloy San Gerónimo 
en el siglo quinto; San Fulgencio en el siglo sexto; Jorge de 
Nicomedia en el séptimo y San Juan Damasceno en el octavo. 
Desde entonces se llenaron gruesos infolios, defendiendo el 
dogma unos^ impugnándolo otros, y en que se exponían con- 
ceptos tan estravagantes, tan absurdos 3^ muchos de ellos 
tan poco honestos, que la cultura de la Revista no permite 
da des cabida en sus páginas. 

Juan Duns Scott, célebre teólogo franciscano, natural de 
las islas Británicas, fué el primero que lo defendió hacia los 
comienzos del siglo X,con todo el rigor de la escolástica; pe- 
ro aunque propuso la sentencia de la preservacióUi no se 
atrevió á afirmarla* Entonces Scott, joven aún, y que no 
gozaba de la erudicción teológica que después adquirió, ha- 
bló con cierta timidez. Más tarde trató más vigorosamen- 




272 



RBYISTA HISTÓRICA 



tela cuestión en París, afirmííndose que tuvo célebres dispu 
tas públicas en las universidarles ríe aquellíi ciudad y de Co- 
lonia, y que las trató con tal agudeza de ingenio que le valió 
el sobrenombre de Sutil, conque paso á la posteridad. En 
tonces la sentencia Pía echó tales raíces en los cu razones cris- 
tianos» que se reputaba un delito apartarse de ese sentir. 

^'Después de todo, es cierto que los dominicanos no se 
alistaron en esta [jarte, baxo las vanderas de Escoto. O el 
5£elo de impugnar la novedad, ó el espíritu de partido, ó la 
emulueión contra este insigne Teólogo que empezaba 3^a á 
dividir el Orbe Escolástico, y disputarle á Santo Tomás la 
prerrogativa de único Caudillo de la Escuela, hicieron que 
fuese visto por ellos Escoto con menos estimación. Así se 
encendieron ácombatirlo, impugnarlo, y aiin censurarlo" (1), 

Y no tardaron mucho los dominicanos en romper lanzas 
contra las opiniones de Scott, pues hacia 1380 un fraile le 
aquella orden, español, llamado Juan de Monzón, que goza* 
ba de reputación de gran escoUástico, expuso á pública dis- 
puta catorce proposiciones, entre las cuales habían algunas 
contra la preservación de la Virgen. Pero la Universidad 
parisienscdispuesta ya al sentir de Scoctjas censuró, y Mon- 
j!Ón se vio abandonado de sus partidarios; y sus colegas los 
dominicanos recibieron orden de abjurar la sentencia de 
Monzón, y porque no quisieron hacerlo, repudiólos aquella 
Universidad de su cuerpo, quedando vacantes muchas cáte- 
dras, siíencíosos muchos pulpitos y originados muchos de- 
sórdenes. 

Ardían las disputas sobre la Concepción cu¿indo en el año 
de 1431 se celebró el Concilio de Basilea y los santos varo- 
nes que lo componían dieron el encargo al dominicano espa* 
ñol fray Juan de Torquemada. que más tarde alcanzó el ca- 
pelo cardenalicio, para que tratjajase sobre aquella contro- 
versia* Pero terminada su obra y presentada al Concilio, 
no pudo verse, porque aquella asamblea se ocupaba ya en 
asuntos más trascendentales. La obra del dominicano español 
se publicó después de su muerte y apareció en ella declarándo- 
se en contra de la Preservación. 



(t) Üastru.—DtHrtaiúmnmbrela Concepción de Nuestra Señwra.^Li 
nm 1T82 



DISTURBIOS RBUttIOSOS BN LIMA 



273 



^ 



El Papa Sixto IV, franciscano, _v que seguía los dieta mt- 
nes de Suott, úiñ en f 1 año de 14-76 una constitución á favor 
de la Preservación, en que aprobaba un oficio y una misa 
para la fiesta de la Inmaculada Concepción, y entonce? fray 
Vicente Vandelli, General de la orden de los Dominicanos, pu- 
Micó un tratado cíintradiciendo al Pontífice y asegurando 
que era pecado celebrar y defender la concepción en gracia 
cíe la Virgen» por lo cual Sixto IV fulminó sus rayos contra 
^1 dominicano. 

En el año de 1497 un teólogo parisiense llamado Juan 
^ero, predicó públicamente que la Virgen, aunque sííntifica- 
^a en el vientre de su madre, tenía antes contraída la culpa 
CiriginaL Causó alboroto y escándalo en París tal sentencia 
3' entonces la Universidad de aquella capital, obligó al teólo- 
j^o á retractarse y expidió undeeretopara que en lo sucesivo 
ningún estuíliante de su seno recibiese el grado de doctor, si 
antes nojuraba defender la concepción en gracia de la Virgen. 
Ya veremos más adelante cómo la Universidad de Lima adop- 
tó igual resolución. 

Llegó la época del Concilio deTrento y fueron en ú\ muy 
fervorosas las disputas sóbrela naturaleza y transfusión del 
pecado original en toda la humana especie, y cuando se plan- 
teó la cuestión déla preservación de la Virgen, convenían ya 
en ella la mayoría de los padres que asistían al Concilio; pe- 
ro el dominicano fray Pedro Bertano, obispo de Taño la com- 
batió ardorosamente, citandoen su apoyo numerosos y gra- 
ves teólogos, especialmente entre lo** de su orden. 

Después del Concilio de Trent0 3^ al finalÍ2arcl siglo XVI, 
lastlisputas sobre la Concepción seencendieron nuevamente, 
turnando en la contra versia activísima i>articipaci6nlos do- 
mí nica nos. 

Habían dado los pontífices diversas constituciones sobre 
la Inmaculada Concepción y el Papa Gregorio XV en la 
constitución SatJctissimfíí impone absoluto silencio acerca 
ca de la sentencia menos pía; ni aim permite defenderla pri- 
vadamente, aunque por otra constitución, Bjf/nifY, exceptua- 
ba á los dominicanos de esta prohibición (1), 



(1) Ca$tro, Obra citada. 



274 



REVISTA HISTÓRICA 



Ya se ha visto, pues, la ruda oposición que desde remo- 
tos tiempos hicieron los dominicanos á la sentencia de la 
Preservación de !a Virgen y en qué se apoyaban para com- 



batirla. 



I 



Los reyes de España fueron muy devotos díí la Inmaeu- 
da Concepción, cuya fiesta se celebraba en aquel reino desde 
los primeros siglos del cristianismo, y Felipe \l\, primero 3- 
Felipe IV después, hicieron diversr^s representaciones á la Sede 
Apostólica en favor de la declaración del misterio, Felipe 
IV pidió su paracer á algunos prelados de sus dominios pa- 
ra reforjar sus exigencias ante la Santa Sede con la f)pinión 
de Jos teólogos. 

Véase la cédula dirijida á los preladas, y en virtud de la 
cual, el Obispo de Arequipa Don fray Pedro de Perca, satisfi- 
zo los deseos del soberano: 

*' Ei Rey. Reverendo in Christo, Padre Obispo de la Ig^le* 
sia Catedral de la ciudad de Arequipa, de mi Consejo, Por 
que desseando con propio afecto grande, y entrañable devo- 
ción, que su Santidad declareel misterio de la Purísima Con. 
cepción de la Virgen nuestra Señora » é embiado á Roma al 
Maestro Fn PlácÍd<i de los Santos, de la Onlcn de San Be- 
nito, mi Predicador: y c escrito á su Santidad suplicándole 
aíectuosamente lo mande desp'ichar;pürquedemás délo que 
partenece á la honra déla Virgen, es justo consolar estos 
Reynos, que con tan gran demonstración aclaman, y procu- 
ran verlo definido, juzgando por cosa muy importante, para 
mover, 3^ disponer su ánimo, que llegue á su noticia, lo que 
ésta tan santa 3^ piadosa pretensión se a estendido: Os rue- 
go, y encargo manifestéys á su Santidad por vuestras car- 
tas lo que sentís en la materia y conocéysdel ánimo,y zelode 
todos vuestros subditos, y quan grande, y general alegría, y 
consuelo causará esta determinación, para queconcurriendo 
tantas, y tan eficazes deligencias, lo mande resolver con ma- 



DISTÜtn||KVBl.tGiaSOS EN UMA 

. ;* • > • ^ - ■ - ^- . 



275 



3^or brevedad. VoelRey, Por mandado del Rey nuestra 
Señor. Pedro de Ledesma (3), 

Xo se limitó á ésto solo el Católico Felipe, pues ordenó 
cjaeen todos sus dominios los predicadores principiasen sus 
sermones con esta salutación: Afahado sea e/ Santhimo Su- 
cramento y }a Virgen concebida ^in pecado original, en lo 
cual los doniinicíinos vieron una impostcion contra sus cons- 
tit aciones, que les autorizaba á aceptar la sentencia menos 
pía, y entonces tray Juan Martínex del Prado, Provincial de 
la orden en Castilla, presentó un memorial en que suplicaba 
el Rey que los religiosos de su orden no fuesen comprendidos 
en aquella Pragmática, Pero el memorial tuvo muy mala 
acogida y el provincial fué desterrado de Castilla, destierro 
c|ye no se le levantó sino después que expidió patentes para 
que la Pragm/itíca fuese obedecida por I odos los frailes de su 
orden. A propósito de este incidente, el Padre fray Pedro de 
Alba y Astorga, de la orden de S:in Francisco, guardián que 
fué del Convento de Lima, y que alcanzó en España alto re- 
nombre por sus obras en favor de ía Concepción, escribió un 
librito intitulado: Las Manchas dcí Prado ó el Prado de !a 
Mancha, destinado todo él á rebatir las razones contenidas 
en el citado memorial. 

Alusiva á la devoción de Felipe IV á la Inmaculada Con- 
cepción, se le dedicó, cuando se le hicieron sus honras fúne- 
bres en estíi ciudad de los Reyes, la siguiente décima, de su- 
bido corte gongórico: 

En su corona traía 

Misterio, y nombre su frente, 

Pues á Jesús represente. 

Quien siempre entendió en María 

Quanto la sabiduria 

Dio en este rauda! fecundo. 

En Concepción, dando al Mundo 



(ri) Caiita df ttt rnrtú qve ti ObÍ$p(> df. Aríiqvipa IVatf Dan Pedro ¡te Pe- 
rea, dr la fhdrn de Snti AfptsHn rsf^rtuió fil Rey nuftdro Señor fhm Frltpr IV 
dtfit Xfmihrf., pn/unndo l*j terrina *iHc tínie rí auer mdnla Vírtfrn emuTbida 
9fn jMTiiflo On^inai: y ift jHMÍrinic dt^ntr en la Igkmt la apinión crmiraria 
¡mprt'BHtt ni hirindad th' híi lletjeí^; ptjr Germymfj df Omfrrrm- Año de M2fh 
16 



276 



REVISTA HISTÓRICA 



Xuestro Padre, y nuestro Quarto 

De sus conceptos tal parto, 
Que fué Carlos el Segundo (4). 



La acalorada contraversia que en e! Viejo Mitndo so 
nían los teólogos sobre la Inmaculada Concepción, no podta 
dejar de tener profunda resonancia en el Nuevo Continentet 
sobre todo en un país tan embargado en asuntos místicos 3' 
tan emineutemente cotólico como el virreinato del Perú, 

El agustino Calancha, el Obispo de Arequipa don Pedro 
de Perea, el D, D. Dieíío A n ti res de Rocha ^ Oidor de la Au* 
dieucia de Lima; el Dr. Don Agustín Sarmiento, Cura de la 
Parroquia de San Sebastián de esta ciudad; el Dr. D. Ií¿na- 
cio Castro [muy porte rior á los anteriores] Cura que fué de 
Chaeaeupe en el Cuzco^ y hasta el dominicano fray Francis- 
co de la Cruz, por las razones que más adelante se dirá, 3" 
otros muchos escrihieron en favor del misterio. 

En 1573 se íündó en esta ciudad un convento de monjas 
bajo la advocación de la Inmacnlatla Concepción, y pnielía 
la devoción de los limeños á la Purísima» las cuantiosas do- 
naciones que se hicieron á esa casa. 

Al igual de la de París, la Universidad de Lima, como he 
dicho más arriba, dispuso que al optar sus alumnos los gra- 
dos mayores y el bachillerato en Teología, jurasen defender 
el misterio de la Concepción [5] y el Tribunal del Consulado 
se había manifestado aún más devoto, pues desde su iunda- 
ción adoptó por armas una Purísima con esta leyenda: ilía- 
riajooncehiáa sin pecüdo original. 

Pero también en este apartado reino se mostraban los 
dominicanos celosos de sus prerrogativas é intransigentes. 



(4) Ormión Fmehfe á !a9 hoHrftiKkl Ery N. S. D. Fdtp^ Qrarh fl 
Grande. FtnUmla t-l M^ P. Frmj Dicíjo df Htrrera, Padre Perpchia dr. la 
Prm*inaa de h» dote Aitostníeg^^Linuí IHiiñ 

^\ Ümmtdue.hne». y Ordaiftnza» ontig^im^ atladtdag y mndcrnas de hi 
Urnl Vntversfdtid, y f^studio general df San Marvo$ dv hi dndad de hs /Íí'^c* 
drj Perú— Lima 1785 —Tifnh Catúrze, ConstUaeíón IV. 



DISTURBIOS RKLII.IOSOS BU LIMA 



277 



I 



I 



dállelo lugar á diversas manifestaciones que por su magnitud 
y duración, adquirieron el Ccirácter de verdaderos disturbios 
pelígioaos. 

'*EI año de 1620 momba en la ciudad del Cuzco, metró- 
poli del riquísimo reino peruant)— dice el P, Fr. Francisco de 
la Cruz, religioso dominicano— dedicado del todo á las disci- 
ptinas escolásticas» cuanflu he aquí quédelas regiones de 
Europa se derivó una gran tempestad que llenó y conmovió 
á todo este Nuevo Orbe: la causa, el popular afecto hacia la 
Concepción de la Virgen María. Entra á la ciudad y se lle- 
na toda ella con los clamores de los vociferantes, que tumuU 
tuosamente discurren por todas partes, y amotinándose las 
turbas, la ciudad resuena y arde en confusión: todos claman 
insolentemente contra nuestra orden de Predicadores, como 
hostiles á la señora del Cielo ¿Qué mayor abuso, cuando por 
la Inmaculada Virgerí ha sido proclamada como su fideíísi- 
mij baluarte?" [6]. 

El tumulto adquirió tales proporciones que el Prior tn* 
vio al padre Ildefonso Muño^ donde el Obispo, pidiéndole 
que contuviese al pueblo y calmase los ánimos, manifestán* 
dale, á la vez, que seguía las constituciones de su orden, que 
eran contrarias á la sentencia pía. 

Como para probar cnanto puede la disciplina monástica, 
refiereensegnida el padre Cruz, que después de los sucesos 
apuntados,eala noche de aquel día, se retiró á su celda, y que 
~ Itaba en ella entregado á sus meditacionescuandose lepre- 
en tú un etíope de terrible figura, el cual le amenazaba por 
sus opiniones contrarias al misterio de la Inmaculada; pero 
que él no se amedrentó y siguió cre\^endo en la sentencia 
menos pía, tal como la aceptaba su orden. Afirma el padre 
Cruje, que no fué ilusión, que estaba despierto y que, efectiva- 
mente tuvo careo con el horrible negro. 

Pero más que la amenazadora intervención del fantásti- 
co negro pudo la persuasiva y cariñosa palabra del Excmo. 
Sr. Virrey Conde de Salvatierra, pues dice el P. Cruz que el 



(í>',— Fnijwwft lír hí nu Pro Piritaff ConvepUfml» Ih'titimtm Vtr^t* 
»Mr Gmitrirts r}r¡ Marits Thetdúgka demoíiJitratiú. Lima MDüLlH. 



278 



KKViSTA HISTÓRrCA 



15 ele Diciembre de 1652 tuvo una entrevista con el Virruy, 
en l¿i cual le ofreció escribir el libro de que dejo hecha meii* 
ción [7]. 

Y que era su Excelencia niu_v devoto j celoso defensor 
del misterio de Ja Conee[>cion se verá en seguida* 

Aunque los teólogos disputaban sobre el misterio mis- 
mo, en toda la cristiandad se celebraba la fiesta de la Inma- 
culada desde los más remotos tiempoá del cristianismo, y en 
esta ciudad aquellas fiestas revestían extraordinaria mag- 
nificencia [M], La que se celebro en la Catedral de Lima 
el 8 de Diciembre de 1654- fué excepcional mea te esplendoro* 
sa. Asistieron el Virrey Conde de Salvatierra, la Audien- 
cia, los Cabildos seculary eclesiástico y cuanto de mis luci- 
do tenía la nobleza limeña. Dijo la misH vestido de Pontifi- 
cal el llustrfsimo Arsubispo Villa¿íómez, que era muy devo- 
to de la Inmaculada, y pronunció e1 panegírico el P, Gon- 
zalo de Herrera, í*rovÍncial de San Francisco [9]. Termi- 
nada la fiesta y sermón, hízí>se en el templo una especie de 
asamblea, en la cnallos presentes "votaron defender y guar- 
dar la pureza y limpia concepción de Nuestra Señora sin pe* 
cado originar'. Primero votó el Cabildo Eclesiástico, des- 
pnés el Virrey, en seguida la Audiencia y luego el Cabildo se- 
cular. El Arzobispo recibía los juramentos. 

Terminada esta ceremonia en la Metropolitana hubo 



[7] — Pósterínrmente ti P* Cruz escribió otro libro sobre la CnncepeiÓn 
i n tí t u í atl o B&i timum- \ 'irt/in i G t*n ítrífi Ihi Afa rítt Pt t ríhi irm Svft f hn rrp^ 
fíoTtiH mam/estam F. FraimMQ de la Vrni. Urna /'jTó, 

;H) — Ve«»iH » KdnciÓH tU la9 Jientm qvv ú In f mnnvnhulfi CmH**'pción rlr 
la Vtrtjm Kurstra St'ñoni Sf híznron ai ln Rral t^imlad fh' Lima nt el Ptrá 
i/ pi^fHt'fpahnrt\^f di' Ids que hi^o la (.'fmf/irtffirtón de ¡ti Kiprttm'hlti drl Parto 
rn la (hmjtfn^ía de íemw año IfíJ?, Por el Barhükr Antonio Iiú*h-4gaei dr 
Lean (Pindó) Liin/i MIS. 

Híscíistf esta imjjresiión ác^sta dt Juan Fernándcs: Higuera^ pues dice en 
los preliminares: '*Ai fin ccm ento cHíiiocerá España que hay lambiéo en las 
Indias devcítos de la Címcepción" 

[9]— El P. Herrera fué elegido provincial de la orden de San Fraticisco 
en el í*erñ el lt> de Junio de IGúH. Este sermón se imprimió con el títnJo de: 
Ofarimt íCvatifjélita í^ue predi vada en la Vnthcdral dr Limft al ¡Hram^'nía qm 
hhii'yoa Ifts íirfinrv» Virtey, Ar^abíapfi^ Audiruriti, amhos üahiUlm y dt'ttuts dr 
la eÍHdfid, df tener // def tender la Omrepfion Santimntti de Marta el din dfStt 
fiegtfi, carnria al fhtíifrimmo Señor Thr D Peder) de Villrajomez, ArzobisjfO 
de i inia dé Conirjo de N. Jf, la ^MigneiéH del May H. P Fí\ trúnzáh de /íí- 
rrera t^, Lima, por Luifi dr. Lijra. Año de tf>-^5. 



DlSTrUHiaS RELIGIOSOS EM LIMA 



279 



f>tra muy significativa en la plaza» en que tfimó parte el ca- 
tólico pueblo de Lima, En la tarde salió de acjuel templo 
una procesión llevando tina imagen de la Inmaculada, la 
cual recorrió las cnatro calles de la plaza» en donde sie ha* 
Ijían levantado cuatro primornsns altares, uno en cada es- 
quina; y mientras la procesión daba la vuelta, el pueblo pre- 
sidido por el Cabildo secular, votaba á la Inmaculada Con- 
cepción por patrona de la ciudad* aunque hacía muchoB 
años que por patrona había jurado á Santa Isabel. También 
votó el pueblo limeño hacerle una solemne fiesta el 8 de Di- 
ciembre de cada año. 

Y llegamos al objeto principal de esta narración, á la 
agitación religiosa ocurrida en Lima y motivada por la re- 
sistencia de los dominicanos á acatar la Pragmática de Fe- 
lipe IV", en que ordenaba que en todos sus dominios los ora- 
dores sagrados comenzasen sus sermones con la salutación: 
Ahibado sea el Santísimo SRcrumento y la Virgen cancebkia 
»in pecado oríginaL 

Largo ha sido el proemio. 






Corría por su último cuarto el año de 1662 y todo Li- 
ma» rebozando piedad y júbilo, se preparaba á festejar la 
fiesta de la Inmaculada Concepción, que ocho años antes ha- 
bía jurado por patrona suya, con la magnificencia de siem- 
pre, Y en verdad fué muy lucida la fiesta. 

El viernes 8 de Diciembre, después de un solemne nove- 
nario tjue se le hizo en San Francisco, en que estuvo todo 
ese tiempo expuesto el Santísimo Sacramento, salió de aque- 
lla iglesia una procesión de aspecto grandioso. Después de la 
cruz alta iba un anda de San Francisco de Asís llevando el 
santo una bandera en la mano, en la cual se había puesto 
con letras de oro esta inscripción: Marta concebida sin má- 
lula de pecado original: A ésta seguían doce andas más de 
mtos y santas de la orden; tras ellas otra anda del pa- 
^ruirca Santo Domingo; y cerrando este cortejo de bienaven- 
turados iban doce niñas **que habían salido en suerte en la 



Cofradf arcada uno con su padrino*'. Llevaba el Santísimo el 
R. P, Fr, Diego de Adrada, ProVíncial de la orden de San 
Francisco» y escoltaban á su Divina Magestad.el Virrey Con- 
de de Santisteban, la Audiencia, los Cabildos y tribunales y 
encogidísimo consurso de lo mfís notable déla sociedad lime- 
ña. La procesión siguió por las calles del Rastro y Desam- 
parados hasta la plazuela del Puente; de allí continuo por 
la calle del Hierro viejo» que es la que hoy llamamos de Pa- 
lacio; entró á la Plaza y sigió por los Cajones» esto »^s, delan- 
te de Palacio^ y calle del Arzobispo hasta la esquina donde 
vivía D. Diego de Carbajal y Vargas, de donde, por la calle 
de Aparicio se encaminó al Milagro. 

El 22 de Diciembre de aquel año, el gremio de los Escri- 
banos hizo una fiesta á la Inmaculada Concepción, en la 
iglesia de Santo Domingo, que no pasó sin escándalo, y que 
originó los raros sucesos que comenzaron aquella misma 
noche. Estaban presentes en la iglesia los franciscanos y 
mercedarios y numeroso concurso de fieles. El sermón de- 
bía predicarlo el Prior del Convento, R. P. Domingo de Ca- 
brera!, quien ocupó el pfilpito y comenzó su oración sagrada 
con la acostumbrada salutación: Alabado sen e! Santísima 
Sacramento, y después de brevísima pausa iba á entrar en 
materia, cuando un clamor general partió de todos los ám- 
bitos del templo: 

— Y la pura y limpia Concepción déla Virgen nuestra Se- 
ñora, concebida sin pecado originab esclamaban sin cesar 
los escandalizados asistentes á la fiesta. 

El padre Cabrera continuaba mudo y el clamor iba en 
aumento, hasta que el predicador murmuró: 

—Así lo digo y lo refiero. 

Pero esto no fué suficiente á calmar los ánimos; era pre- 
ciso que el dominicant) repitiese la salutación^ y el clamoreo 
subía de punto. Entonces el P. Cabrera dijo con marcado 
desgano, con acento forzado. 

—Y la Virgen concebida sin pecado original. Con lo que 
se traquilizaron» por entonces, los ánimos y continuó la fies- 
ta. 

Mas los dominicanos se sentían profundamente heridos 
por la presión que se había ejercido con su prelado y resol- 



DISTURBIOS RELIGIOSOS EN LLMA 



281 



r¡a"f>n vengarse. Terminada fiesta se hizo una procesión 

conducienclo una Imagen dé la Inmaculada, que recorrió los 

eíauíítros del convento y los dominicanos, todos sin excep- 

cii1n,se encerraron en sus celdas y dejaron solos á los francis- 

r£iOo» y mercedarios, y también á los cartularios, aeompn- 

oando el anda* 

Estos hechos causaron profunda excitación en el vecinda- 
rio V movieron á los escandalizados limeños a hacer mani- 
festí^ciunes de desagravio, si nó á obligar á capitular á loa 
tefccjs dominicanos. Las 8 de la noche serían cuando **salte- 
roTí unos cuatro ó seis monigotes con algunos muchachos 
d^ 1^ esquela con dos betas de sebo cantando por las calles: 
^^ \^irgen fué concebida sin pecado oríghmT'. Momentos 
de^sf:>ués el grupo había aumentado considerablemente y al 
p^i^s^^r por la tienda de un indio sastre, vieron aquellos mo- 
^^^^i^i^ñ un cuadro al óleo, que representaba la Inmaculada 
^c>ncepcíóní verlo y apoderarse de él fué cosa de un instan- 
^^- Quiso la casualidad que en nquellos momentos acertase 
I>£i.sar por allí, cabalgado en su muta, el doctor Crux 3^ en- 
^»^<^es k entregaron la imagen para que la llevase, 

A este tiempo ya. se habían juntado más de 4^000 perso- 
^ de toda condición social, llevando cada cual su vela de 
^^'^^Ciay cantando en coro: ¡r Virgen fué concebidH sin peca- 
"^^ ^r^riginaL 

Xa procesión entró á ta plaxa mayor, ya en número de 
3^^»C!50O almas (*) 3^ entonces la Catedral comenzó á repicar, 
"*^í t ándnla luego todas las iglesias de Lima, menos Santo 
r^^ingo. que ni abrió sus puertas ni hizo vibrar sus bron- 
^ún cuando la procesión fué á estacionarse por dos veces 
"» ^e á su iglesia. 

Después de haber andado por toda la ciudad, y casi al 
T^untar el alba» la procesión se dirigió á la iglesia de San 
*. :iicÍsco y depositó allí la imagen que los monigotes ha- 
^^ arrebatado al indio sastre* 

J^a tenacidad de los dominicanos negándose á repicar y 
^^^^^ i 'i>ir á la procesión no hizo más que enconar los ánimos y 
^*^ ^ a tarde del sábado volvió á reunirse el pueblo y sacó de 



I> 






^*J— EticuctUro exagerado este cálculo de Mugaba ra* 



293 



REVISTA HISTÓRICA 



San Francisco la misma imagen» en un anda, la cual proce- 
sión se dirigió á la Catedral, en donde la esperaba el Cabildo 

Metropolitano con veíais en las manos. De allí se encaminó 
á la iglesia de la Compañía 6 San Pedro, de donde si^ió á 
la Concepción, cantando en todo el trayecto: Alaría fué con- 
cebidn sin pecado oríginn!. 

En ki íH?che de aquel mismo día salió de casa del comer- 
cionte D, Pedro del Molino (mi compadre, dice Mu^aburu) 
otra procesión, conduciendo una imagen de bulto de la In- 
maculada, y acompañábala todo el comercio de la ciudad. 
con bandas acules en el pecho y cantandn,A/arfa fué concchi- 
f/¿i s> ¡n pec¿i do o rígin a!. C a m i n ó La p r o ees i 6 n t o d a 1 a n och e 
y las dos de la madrugada serían cuando se dirigió hacia la 
iglesia de Santo Domingí>, en donde se vio con sorpresa que 
la iglesia estaba abierta y la comunidad con velas y cruz al- 
ta en la puerta esperándola* Para colmo de ventura» las 
campanas comenzaron á repicar alegremente. Algo se tra- 
maba, indadablcmentc, contra los dominicanos, que ellos 
descubrieron á tiempo, pues dice Miigl>uru que *'este aconte- 
tecimiento causó indescriptible júbilo, que si nó corrían 
grandes pesares los padres dominicanos". 

Lima estaba en plena efervescencia mística y todos los 
vecinos se dispusieron á imitar el ejemplo de Molino, Fue- 
ron tantas las procesiones que se hicieron, que el diligente 
Mugabuní ya no quiso tomar nota de ellas j se limitó á 
consignar en su diario este dato: 

''Cada noche salían de cada casa processiones por devo- 
eión*\ 

Pero aparte de estas procesiones del vecindario, conti- 
nuaban las que organiíüaban los gremios ó instituciones. 

El miércoles 27 de Dtcimbre, tercer día de Pascua, salió 
de la parroí|uia de Santa Ana otra procesión de la Inmacu- 
lada, la cual lué hasta la plaza de Armas y regresó por San 
Francisco y Santa Chira. El acompañ<i miento era numero- 
sísimo, é iban cantando los fieles, María íué concebida sin 
pecado original 

lil día siguiente salió de la parroquia de San Sebastián 
una procesión de la Purísima, que tuvo epílogo desgraciado, 
pue» apenas comenzaba á dispersarse la gente que la habla 



DISTURBIOS RELIGIOSOS EN LIMA 



283 



k 



acompañado, cuando se declaró un gran incendio en casa de 
un acreditado comerciante de ía ciudad, llamado D, Pedro 
de Miirúaj quien tuvo el dolor tle ver morir entre las llamas 
á un hijo suyo, niño de 12 años tle edad. 

El viernes 29 salió de la Catedral una procesión verda- 
deramente imponente. Formábanla el Coro metropolitano 
V t<»dos los clérigos que á la sazón habían en Lima, con 
linchas en 1 is manos llevando bajo palio una imagen de la 
Concepción. La procesión recorrió algunas calles, cantando 
Jíliinn fué conctbida sin pecado orígitiHi. 

El sábado 30 le tocó su turno á las catalinas y salió de 
«se convento un precioso carro alegórico, que figuraba una 
galera* tirado por cuatro muías muy adornadas. Tripula- 
lía n la galera 24, niños vestidos de angelitos, quienes iban 
i*odeaiulo una imagen de la Inmaculada, La procesión fcco- 
rrió muchas calles y el concurso de gente que llevaba era 
grande, atraído por la novedad del anda. 

El 1^ de Enero de 1663 fué día de gran expectación en Li- 
"■na. Celebra la Iglesia en este día la Circuncisión del Señor, 
:£csta que se hacía en la Catedral y que revestía mucha solem- 
'«lidad entonces, debiendo pronunciar el sermón acostumbra- 
dlo un fraile dominicano. Tal anuncio era suficiente para lle- 
^war las tres amplias naves del templo ¿Qué iba á pasar allí, 
^ado el estado de excitación mística que embargaba á los 
doradores de la ciudad de los Reyes y la tenacidad de losdo- 
:anin¡canod? Ya se verá. 

Comenzó la misa cantada, y cuando llegó el momento 
^lel sermón, se encaminó al píílpito un padre dominicano, 
^:uyo nombre, desgraciadamente, omite Mngaburu, Un pro- 
fundo silencio reinaba en el tetnplo y todas las miradas esta- 
^>an fijas en el hijo de Guzmán,quien presa de justificada emo- 
^L-ión comenzó su sermón con la salutación acostumbrada; 
^-Alabado sea e! Santísimo Sncr¿imentOj dijo, y se detuvo, 
^omo impulsados por un resorte, los canónigos, clérigos, y 
^oda la gente que estaba en la iglesia se pusieron de pie, ex- 
pendieron los brazos hacia el palpito y rompieron á gritar 
desaforadamente: 

—Y la Virgen nuestra Señora concebida sin mancha ni 
l)ccado originaK 

17 




284 



REYJSTA HISTÓRICA 



Pero d dominicano seguía mudo 3- el vocerío iba en au* 
mentó. Era una algarabía indescriptible hasta qne algn- 
nos de los más inmediatos al pulpito obligaron a descender 
fie él al desventurado fraile; el cual, densamente pálido y 
muy turbado, iba murmurando, á manera de disculpa: 

—Mi Prelado me dijo que no dijera. 

Tanta íiié la indignación contra el pobre religioso que 
'*á no apadrinarle una metlia ración (un canónigo medí o- ra- 
cionero) que llaman el licenciado Portachuelo, la gente que 
se alió en la iglesia sae lo querían comer al tal predicador", 
dice Müg'inibn. 

Siguió, pues, la misa sin el esperado sermón t con la 
igksía casi vacía, porque ta niavor parte de los concurren- 
te ^bCanla abandonado, deseosos de comentar liljremeiite 
tan extraordinario suceso. 

En la tarde de aquel memorable día salieron dos prnce- 
siónes de gecte inferiorjlevando cada una de ellas su respec- 
tiva imagen de la Inmaculada: una de pardos 3" pardas 
(zambos) de la Catedral: v otra del hospital de San Barto- 
lomé de negros de ambos sexos, las cuales recorrieron g^ran 
paxte de ta ciudad, 

Xo quisieron dejar de hacer sus manTíestaciones de desa- 
gravio loiscaballeros de las ó nlenes militares que en Lima 
hablan, Santiago, Calatrava y Akántara y así las prepara- 
ron con todo el esplendor que ñ tan nobles instituciones co- 
rrespondía. Tocóles su tumo á los caballeros de Santiago» 
quienes el 14- de Enero de aquel año hicieron una procesión 
que excefiió en gradeza á todas la«í que hasta entonces se 
habían hecho. Salió ésta déla iglesia de San Agtistin forman* 
do larga fila de andas de todos los santos de la orden. Iba 
después una lujosísima imagen de la Inmaculada y en seguid 
da otra dd ap^Vstol Santiíi*íO á caballa. Cerraban el corttjo 
todos los caballeros de la orden de Santiago, inclusive el Vi- 
rrey Conde de Síintisteban; todos con sus mantos y cantan- 
(lOt Afariii bu sitio cnncehidu :^in pec^uía origina!. 

La procesión recorrió las calles de Plateros, Mercaderes 
y la riaia, de donde se encaminó á la plazuela de Santo Do- 
mi n>:c^ ivgrt^sjuulo por el Poiuelo á Sau Agustín. Habíanse 
Icviuiladu cuatro ttltares, *Íos mejores que se han hecho en 



DISTUfíBIOS RELIGIOSOS EN LIMX 



285 



' n ■ 



esta cimhiñ ck Lima**; especialmente el que estaba en la es- 
quina de la Plaza y líi calle del Hierro viejo, que era **cossa 
admirable y de mucho gusto". 

Mientras la procesión pasaba por la plazuela é inmediH- 
cíoiícs de Santo Dumingo, ia iglesia permanecía cerrada y 
/«s champañas mudas; todo en absoluto reposo, como si tne- 
se lí^ mansión de las tumbas. 

Tüdíivía revistió mayor esplendor la procesión que hi- 
cíe^iron los cabaUcros de Alcántara y Calatrava el 29 del pro- 
pio mes y año, con la cooperación délos mercedarios. El 
fi í 1 el a de la Virgen figuraba un carro alegóricts halado por 
»^^^*^clitos, en el cual se hal>m erigido un trono» en donde es- 
^1 V:»^ la imagen de la Concepción, Después seguían **muchas 
^M.^ ras del testamento viejo, dcííde Adñn hasta JoscijIi, muy 
A el d^rnadasy con muchas joyas de grandísimo valor". Ve- 
" í^^. n en seguida los caballeros de la Redención de cautivos y 
^^ 1-1 trhos angelitos, llevando cada uno un cautivo aprisiona- 
^^ €*on cadenas de oro y adornados con joyas valiosísimas, 
a-ando el cortejo iban el Virrey Conde de Santistebnny 
*J *^^xr« caballeros délas ordénesele Alcántara y Calatrava^ 
*i^-m^ no eran todos los que en Lima habían, pues no asistie* 
^^:> E^ A la fiesta ni D. Al varad o de N'avamuel ni D. Francisctí 
tl^ .í%rann, caballeros de Alcántara; ni D. Luís de Mendoza y 
I^edro Calderón de la farden de Cala tra va- 
lí nbían se levfíntado también cuadro vistosísimos alta- 
^^^^Z uno de ellos eji la esquina del Chasque (Lezcano), hecho 
;^-*^<^l o él de espejos, de arriba abajo, y en medio del cual se 
^1 ^-:^ía colocado una imagen de la Punsima Cñricepción, que 
^^*^ía á svs pies una serpiente enroscada en un manzano, y 
"^^ *^>^o de éste un Adán y una Eva de tamaHo natural. 
_ Esta vez tampoco los dominicanos dieron muestras de 

■■^1 ^^n cnand<i tan lucida procesión pnsó delante de su iglesia. 
El G de Marzo los juandedianos hicieron también una 
^*esión, sin que hubiese nada digno de especial mención. 
Un suceso inesperado vino á cambiar la fa^ de las acon- 
wnientos. El domingo G de Marzo murió el P. ^íaestro 
Francisco de Huerta, Provincial de Santo Domingo: 
'^^^^^mta horas antes había entregado su alma al Creador Fr* 





*^^^i^iingo le Cabrera» prior del convento de Lima, que tan 



2S6 



EETISTA HlSTÓRfCA 



mal rato pasó el día de la Besta de los escribanos; causantes 
ambos prelados, á lo que parece, con su tenacidad, de los al- 
boratos religiosos que agitaban la capital. 

Porfiadas disensiofies se produjeron en el seno de la or- 
den con motivo de la elección de nuevo provincial, al punto 
de hacer necesaria la intervención del Virrey, quien envió al 
Caííao y embarcó en la capitana al P. Iliporry, hasta que 
el 2Í" de Julio se celebró el capítulo, en que salió electo pro- 
vincial el P, Juan de Barbarán Lezcanu, que interinamente 
desempañaba el priorato. Mas este capítulo fué anulado y 
la elección del P, Barbarán quedó sin efecto (*) 

Fuese que el P, Barbarán hubiese recibido instrucciones 
de Roma al respecto, 6 que su piedad la hiciese aceptar la 
sentencia de la Preservación, ó por sacar á la orden del ato- 
lladero y malquerencia en que estaba, el hecho es que los 
dominicanos capitularon y que el sábado 19 de Julio de 16GJ-, 
á las 5 de la tarde, después «le haber cantado las letanías de 
la Virgen, estando la iglesia de Santo Domingo llena de gen- 
te, qtie había sido convocada al efecto, salió el P. Barbarán 
acompañado de todos Ins religiosos de la orden,}' poniéndo- 
se en el altar mayor, dijeron en alta voz: "Benditto y alaba- 
do sea el Santíssimo Sacramentodel altar y la birgen María 
nuestra Señora concebida sin pecado original desde el ¡os- 
tante de su concepción". 

En seguida el prelado dio la bendición. 

La gente salió delirante de gozo de la iglesia. Todo era 
en la ciudad alegría 3^ entusiasmo. Pero era menester una 
manifestación más pública 3^ que satisfaciese ampliamente el 
herido sentimiento religioso de los límenos, y el martes 29 
del propio mes y año, los dominicanos hicieron una suntuo- 
sísima fiesta á la Inmaculada Concepción. 

El día siguiente salió de su iglesia una procesión que re- 
corrió las principales calles de la ciudad, en que iba la ima- 
gen de la Concepcfón en las andas de plata en que se acos- 
tumbraba sacar á Santo Domingo, y éste en unas andas do* 
radas. 



(•)— Véase Mcléndez. Tesoros Verdaderos de Indins, tomo III pe* 6SS 
-737* 



DISTURBIOS REIJGIOSOS EN LIMA 



287 






El acó mpa fui miento fué excepcional mente brillante %' nu- 
^^oso. Iban el Arzobispo D. Pedro tie Villngómcz, vestido 
pontifical; los Cabilílos eclesiástieo y secular, los tribuiia- 
y toda la nobleza. 

Los dominicanos eantabnn, (qiíizñ tle mala gana) Ma- 
ha sido concebida sin pecado originnl, á que la proce- 
w respondía en coro: 

Fué concebiíla María, 
Kemedio de nuestro mal* 
Más pura que el Sol del día, 
Sin pecado orísíiuah 



Así terminaron en Lima estos disturbios religiosos» que 
r mñs de un año tan honilamente babían conmovido á la 
zólica ciudarl de los Revea, de los cuales no hay cronista 6 
Uoriad<ír alguno que dé ni la más ligera noticia y que ha- 
lan quedado perdidos en el abismo de, pasados tiempos é 
lorados, si e! insigne Alugaburu no hubiese tenido la ex- 
isita proligidad de apuntarlos día á día en su minicioso 
trio. 



Lima, Junio de 19ü6* 



Carlos Alberto Romero. 



-^-+<- 



LA VERACIDAD DE MONTESINOS 



I 



I 



Irfis pocas noticias que se tienen de Femando de Monte- 
sinos han sido casi todas suministradas por él mismo. Na* 
tural de Osuna y originario de las montañas de León, pres- 
bítero j Heenciado en sagrados Cánones, se sabe que en 
1628 va estaba en América, pues él mismo refiere que en es- 
te año navegaba en el río de Chagres; de manera que lo ase- 
verado por Maffei y Rúa de Figueroa v repetido después por 
Jiménez de la Espada, de que el licenciado Montesinoí? vino 
al Perú en 1G2S en hi armada del Conde de Chinchón, no es 
positivo. El. antes de venir al Perú, viajó por toda la costa 
de Nueva Granada en el Pacífico, y fué con don Martín 
Egües, Presidente de Charcas» con quien entró al Perú. En 
Trujillo el Obispo le hizo su secretario j le confió el rectora- 
do del Seminario, ignorándose el tiempo que permanecería 
allíí^de donde pasó áuii curato de Potosí, que renunció á po- 
co tiempo, para dedicarse á la minería y á sus ocupaciones 
favoritas, las investigaciones históricas. Lo cierto es, que, 
en el cargo de visitador, que ejerció dos veces, exploró todo 
d Perú; al punto que en quince años había recorrido 1,500 
leguas y atravesado sesenta veces la Cordillera de los An- 
tks. En 163é estaba en Arica; de 1B3B á 1G39 vivió en Li- 
ma, pues hay noticia de que en 1637 su sobrino Francisco 
de Montesinos sacó, en compañía de Pedro Bohorques, algu- 
tíos indios de la Montaña, en la entrada que había hecho 
por Tarma, y se los llevó á casa de su tío; y que en 1639 el 
mismo licenciado escribía en Lima la relación del auto de fe 
habido ese año, y que el año anterior, según relata él mismo 
tm sus Anales manuscritos, había impreso en esta ciudad su 



290 REVISTA HISTÓRICA 



"Beneficio común ó directorio de beneficiadores de metales y 
arte de ellos, con reglas ciertas para los negrillos". La últi- 
ma fecha en que se le encuentra en el Perú es en 1642, en cu- 
3'0 año andaba por Cajamarca. Después debió trasladarse á 
España, en donde, estando de beneficiado 3" cura de Campa- 
na, villa situada á diez leguas de Sevilla, dirigía, corrido el 
año de 1644, un memorial al Re\' pidiéndole como merced 
que le concediera por sus servicios una dignidad, con la cual 
pudiera vivir con quietud en Lima ó en México. (1) 

Montesinos además de su Ofir y de sus Memorias histo- 
riales, libros ambos relativos al Perú primitivo, escribió sus 
Anales de 1492 á 1640, aparte de la citada, otras obras so- 
bre minería y la relación del auto dé fe que se deja mencio- 
nado. 

De todos estos trabajos los más importantes quedaron 
inéditos. 

En este breve artículo solo se toman en cuenta el Oñr y 
las Memorias, trabajos tenidos por fruto de la ignorancia, 
de la credulidad, y no pocos avanzan, de la superchería de 
Montesinos. Este último cargo, hecho y repetido principal- 
mente por los escritores modernos, es el que nos proponemos 
desvanecer. 

Montesinos puede haber pecado de crédulo, pero no ha 
sido nunca impostor y por esto es que ha sido bien tratado 
por los autores antiguos. Así, el padre Rodríguez en su obra 
titulada el Marañen y .4 /nazonas, dada á la prensa en 1684, 
pone á Montesinos como ''historiador diligentísimo, que 
peregrinó más de mil leguas, por haber de los papeles y ar- 



^1) Los (latt>s hiojjráticos los he tomado de un memoríal dirigido por 
Montesinos al Rey, que se encuentra en el Museo Británico, y cuyo extrac- 
to tcn>;t> {\ la vista: v lo demás de las noticias corrientes sobre Montesinos. 
Virase MatVci v KuaFi^eroa. Apuntes para una Biblioteca española sobre 
wincnilo^hi, t, I. i>ügs. 482 — tS5: Memorias Antifiuas HistoriaJes y PoIU 
titus thl }\rú in>r Fernando de Mí>ntesinos. publicadas por Jiménez de la 
lÍHpatla: la Kcvistu tic Huenos Aires, ts. XX, XXI y XXII. A vuelta de 
vanaH incvai'litudos dice el Diccionario Enciclopédico Hispano- Americano 
\. Mil. que Mt»ntosinos murió después de 1632. Ponemos esta fecha por 
no hiiliri nada al rv»siKvtt>. Nv>s ha llamado mucho la atención que un eru- 
dH«i Inu dilijionto ot>nio el señor Medina, á pesar de que cita el Memorial 
di» i\\w \i\ \\v tratadla, no haya aprovechado las noticias bigráfícas que 
^m' paia /./I Imprenta en Lima, t. I, pág. 316. 



LA VERAGIDAH DE MONTESINOS 



29X 



c/iJ\*^os orenerales, las cosas que escribe en la segunda parte 
íic su Ofir de España 6 Anales peruanos" (1), 

Sería curioso poder comparar el Oñr de Montesinos 
híi^ta ahora inédito, salvo uno que otro fragmento, con el 
fjfír- escrito por Cabello Balboa, y que tampoco ha sido da- 
do Á\\\%^ (2) 

Pero, indudablemente que el libro más importante de to- 
lo^ los de Montesinos es el titulado Meniorías antigvas 
T is e oríaJes y pu!ítk¿is dv! Perú^ cuyo 1 ibro segundo, publiea- 
íio ^n francés por Tcrnaux Compans en 1840, y par Jiménez 
to 1^ Espada, en castellano, en 1882, es lo único de la dicha 
»t^i*,^ conocido en toda su extensión* Este libro es el que le 
h^. ^'^alido á Montesinos el poco crédito de que goza, como 
y^^ ^ ha dicho. Sin embargo, por peregrino que sea su tex- 
^^o» liay motivos muy fundados para tomarlo en seria consi- 
i~,£mción 3' estudiarlo con la diligencia 3^ crítica con que se 
t *^ ^B. lixan ho_v las obras de su género, 

^o es nuestro ánimo emprender ahora esta tarea que 
^"^qi-aíere mucho tiempo j mucha contraccíóUp sino simple- 
"^^x^ te poner de manifiesta) algunas pruebas que justifiquen 
™ "v^^rracidad de Montesinos, comparándolo con escritores 
d^ X «idias notables de los siglos XVI y XVII. 



II 

X^Iabln Montesinos del rey CápacRaymi Amanta XXXVII 
^*[**^«^rano, según él, quien, **por ser tan sabio en los mo- 
^^*^^ i en tos de los astros, llamó al mes de Diciembre, en que 
^^^x V>, Cápac Raymi, de su mismo nombre; y luego llama- 
f^>ir^ ^] ^^^g de Junio Sítoc Raymi*' (3). Y todo esto porque 
^"tlismorey **hÍ3ío junta de sus sa^:>ios y astrólogos, y to- 
*^^^ «ron el mismo rey, qne sabía mucho, hallaron puntual- 
^^^^ te los solsticios'': (4) 



ílí Liír 1. Cap. X. p, 4íi. 

<Í^) Cabdla Balboa Histoite rhi Férou. publicada por Tcrnaux Com 
^«.p, VIL 
( vt) Aícnmriús citadas, ed. Jtüiáaez de la Eipáda» p^ 71. 

M^) Ibili, p. TíK 



292 REVISTA HISTÓRICA 



Pues bien, en un fragmento atribuido indebidamente al 
padre Blas Valera, cuya obra sobre el Perú se perdió en el sa- 
queo de Cádiz por los ingleses, á fines del siglo XVI, (1) pero 
que debe ser de algün escritor jesuit a muy antiguo, dice á la 
letra: **Cápac Raymi Amauta fué un rey del Perú que tuvo 
estos tres nombres y fué mu3'' sabio filósofo. Éste gobernó 
40 años en tiempo del cuarto Sol antes del nacimiento del 
Señor, halló los solsticios y llamólos Raymi, solsticio ma- 
yor, porque entonces son en el Perú los días mayores de to- 
do el año. El otro solsticio que cae por Junio, quiso que se 
llamase Inti Raymi vel Suyo Raymi, solsticio menor, porque 
entonces son los días menores de todo el año en el Perú. 
Este hizo que comenzase el año desde el solsticio de Diciem- 
bre, habiendo hasta su tiempo comenzado el año desde el 
equinoccio de Marzo. Finalmente, los peruanos llamaron al 
mes de Diciembre Cápac Raymi, en memoria de este rey que 
fué el trigésimo nono re3^ del Perú". (2) 

A pesar de la indentidad de texto, se advierte que para 
Montesinos el monarca Cápac Raymi es el trigésimo sépti- 
mo de la serie y para el otro escritor el trigésimo nono. No 
pasa lo mismo con el rey Cápac Yupanqui Amauta, que 
tanto para el escritor como para Montesinos fué el cua- 
dragésimo tercero. (3) 

Aunque desgraciadamente no se conozca más del libro 
citado, sin embargo, no falta otro autor que vaya por el 
mismo camino de Montesinos. Me refiero al autor desco- 
cido de una Relación de las costumbres antiguas de los na- 
turales del Perú escrita hacia 1620 por un jesuíta, á jui- 
cío de Jiménez de la Espada. (4) 

El primero de los monarcas peruanos es para Montesi- 
nos Túpac Ayar Uchú, comunmente llamado, según él, Pi- 
rua Pacari Manco. (5) 

Pues bien, el escritor de la relación citada dice por su 

(1) Garcilaso Comentarios Reales, lib. I, Cap. VI. 

(2) Anello Oliva Historia del Perú y varones insignes en santidad, Li- 
ma 1895, págs. 70—71. AncUo Oliva Histoire du Pérou, ed Temaux Com- 
pans. París 1857, págs. 65—66. 

(3) Anello Oliva, Hist. del Perú, p. 71. Montesinos, Memorias cita- 
das, p. 73. 

(4) Tres Relaciones de Antigüedades Peruanas^ págs. XLII, XLIII. 

(5) Memorias citadas, p. 7. 



LA VERACIDAO DE MOMTESlKOS 



293 



parte, qae el primer monarca y poblador de estas tierras, 
ftieel mismo Pirua Pacaric Manco Inca. (1) 

También están acordes Montesinos y el jesuíta en consi- 
derar al Inca Pachaca tec como el IX de este nombre en la 
lista de los emperadores de esta tierra. (2) 

Estas coincidencias son muy notables y tanto más cuan- 
to que el jesuíta cita á cada paso en su relación los quipus 
que ha consultado; hecho que dá á su testimonio un va- 
lor singular. 

Parece que entre los incas hubiera habido un cambio de 
dinastia ó, cuando menos, de familia reinante cuando dice 
Acosta que el primero de ellos de linaje de Hanan Cuzco íué 
Inca Rocca; (3) lo mismo hace Montesinos^ quien coloca 
como el primero de los incas á este mismo príncipe, (4) 



m 

Aparte de estos cotejos conviene examinar hasta qué 
punto están á una con la verdad histórica las principales 
aseveraciones de Montesinos- Ellas son dosi la existencia 
de una cultura preincaica y también la de una escritura pri- 
mitiva» perdida después y reemplazada por los quipus» La 
primera es hoy un hecho perfectamente averií^iiado y en el 
cual están acordes los historiadores más notables. Y no po- 
día ser de otro modo desde que las ruinas pre-incaicas, prin- 
cipalmente las de Tiahuanaco, los infinitos andenes y cana* 
ks de irrigación labrados en los cerros, los vegetales indí- 
genas cultivados, los animales dr>mésticos, los trabajos tex- 
tiles y de tintorería y las obras de cerámica llegados á 
un alto grado de perfección, no podían ser fruto sino de un 
adelanto social muy antiguo y cuyos orígenes han debido 
sobrepasaren mucho los cinco siglos anteriores á la con- 
quista, duración máxima asignada á la dinastía incaica. 



(l) Tres Relsichaes de Antí^üed&iies PcrufíanSt p. 139. 
f2) Xlcmorías citadas» Tres Rehictortcs^ p. 163. 

(31 Historiíi Xatural y Mor^J de Indi/i$, lib, V, cap. VL 
(4) Memorias cit&das, p, 106. 



294? REVISTA HISTÓRICA 



En cuanto á la segunda, muchos no dan un asensr» á lo 
referido por Montesinos; pero bien considerado el punto, el 
célebre licenciado está en lo cierto y no son pruebas lo que 
falta. La siguiente breve exposición confirmará lo dicho. 

Entre las noticias históricas referentes á la escritura pre- 
incaica, una de las más conocidas es la de Santa Cruz Pa- 
chacuti sobre el profeta Tonapa, de quien dice que dio escri- 
ta en un bordón su doctrina al cacique Apotambo; **Rece- 
biéndole el dicho palo de su mano, de modo que en vn palo los 
recibieron lo que les predicaua, señalándoles y rayándoles 
cada capítulo de las rrazones*' (1). 

El mismo Santa Cruz Pachacuti dice, hablando del nono 
Inca Túpac Yupanqui: **En este tiempo el dicho Inca des- 
pacha á Cácir Cápac por vesitador general de las tierras y 
pastos dándole su comisión en rayas de palo pintado" (2). 

Es también muy sabido lo que cuenta Balboa sobre el 
testamento de Huayna Cápac, quien estando próximo á mo- 
rir, tomó un largo bastón en forma de cayado y dibujó sobre 
él rayas de diversos colores, según las cuales se podría cono- 
cer su última voluntad (3). 

Testigo personal es el célebre jesuíta Acosta, quien com- 
para la escritura peruana á la mexicana y dice haberla visto 
en uso en el Perú. *'Por la misma forma de pintura y carac- 
teres, dice, vi en el Perú escrita la confesión que de todos sus 
pecados un indio traía para confesarse, pintando cada uno 
de los diez mandamientos por cierto modo, y luego allí ha- 
ciendo ciertas señales como cifras que eran los pecados que 
había hecho contra aquel mandamiento. No tenga duda 
que si á muchos de los muy estirados españoles les dieran á 
cargo, de hacer memoria de cosas semejantes, por vía de 
imájenes, y señales, que en un año no acertara, ni quizá en 
diez'' (4).' 

El Cura Cristóval de Molina habla también de figuras 
históricas. **Y para entender donde tuv'ieron sus idolatrías, 
por que es así que estos no usaron de escritura, y tenían en 



(1) Tres Relaciones, p. 237 

(2) Ib ib, p. 289 

(8) Histoire du Pérou, p. 128. 

(4.) Hist. Sai y Moral de Indias, lib. VI, cap, Vil. 



LA VERACIDAD DE* MONTESINOS 295 

una casa de el Sol llamada Foquen Cancha, que es junto al 
Cuzco, la vida de cada uno de los Incas, y de las tierras que 
conquistó pintado por sus figuras en unas tablas 3^ que ori- 
gen tuvieron y entre las dichas pinturas tenían así mismo 
pintada la fábula siguiente'* (1.) 

Hasta tradición de letras existía en el Perú en tiempo de 
Cieza, quien dice: **Y también hay fama que se hallaron 
ciertas letras en una loza de este edificio'' (2). Se refiere á 
las ruinas del viejo pueblo de Huinaque. 

No por tradición sino por haber visto el visitador de 
idolatrías Duarte Fernández la inscripción de la piedra de 
Calango, consta de una manera irrefutable la existencia de 
la escritura en el Ferú. No se han conservado hasta el día los 
signos de la piedra de Calango, sino por la figura publicada 
por Calancha, pues el dicho visitador la borró, haciendo pi- 
car la piedra para evitar idolatrías (3). Desde luego es 
inaceptable la conjetura de Llano Zapata, quien se inclina á 
creer obra reciente del tiempo de la conquista los signos de 
dicha piedra. (4) 




La piedra de Calango 

La famosa lámina de Santa Cruz Fachacuti, en la cual 

(1) Fábulas y ritos de los Incas, manuscrito de la colección Zegarra. 

(2) Parte Primera de la Crónica del Perú, cap. LXXXVII. 

(3) Coránica Moralizada del orden de San Agustín en el Pera, Barcelo- 
na 1639, lib. II, cap. III, p. 328. 

(4) Llano Zapata, Memorias Históricas, Físicas- Apolo f^éticas Lima, 
1904. Art. XX, págs. 477-483. Véase el.misrao art. en La Revista Perua- 
na vol. II, pág. 376 y siguientes. 

Jiménez de la Espada tampoco duda de su antigüedad. Del hombre 
blanco en el Perú. Bruselas 1887, págs. 14-77. 



296 REVISTA HISTÓRICA 



si hay mucho de pictórico, hay ciertos signos propios de una 
escritura simbólica, prueban también la existencia de ella en 
el antiguo Perú (1). Lámina I. 

El célebre viajero Humboldt habla de un libro que el pa- 
dre Narciso Girbal, encontró entre los indios panos, y el cual, 
desgraciadamente, ha desaparecido del convento de Ocopa, 
sin que haya una copia y sin que se sepa su paradero ni se 
tenga ninguna otra noticia más sobre él (2). 

Tshudi en sus viajes trae una noticia pertinente, pues re- 
fiere que cuando nace un niño entre los dichos panos del 
Ucayali, le ponen el nombre de álgán animal, el cual es re- 
presentado por algunos caracteres gereoglíficos hechos con 
un pincel de lana sobre dos hojas, las que, á la muerte del in- 
dio, son depositadas en su tumba (3) 

No hay necesidad de atenerse á testimonios sin compro- 
bación y á hechos más ó menos obscuros, cuando hay en to- 
do el terrritorio dominado por las razas andinas rocas, rui- 
nas, lienzos y piezas de cerámica que comprueban plenamen- 
te lo aseverado por Montesinos. 

Así en el paso deYonán,en el río Jequetepeque, están á la 
vista de cualquiera dos rocas cubiertas de gereoglíficos (4). 
Lámina IL 

En el distrito de Huarmey de la provincia de Santa, á 
menos de una legua de Yanca **se encuentra sobre una loma- 
da entre dos quebraditas secas, varias piedras dioríticas ais- 
ladas con muchos dibujos grabados. Lo que es digno de ci- 
tarse es que estas piedras son de la misma naturaleza que 
las grabadas, que se hallan en el alto de la Caldera, apoca dis- 
tancia de Arequipa, y aún los dibujos tienen alguna analo- 
gía, con la sola diferencia que aquí se repiten las figuras ama- 
nera de estrella, lo cual no es común en las piedras del alto 
de la Caldera. Sin embargo, el hecho de escojer la misma cla- 
se de piedra, de hallarse en lugar despoblado y de ser graba- 
das del mismo modo, hacen conocer claramente que estos 



(1) Tres Relaciones, págs. 256-7. Markham, NarratiYes pp. 84^. Qui- 
roga, La Cruz en América, Buenos Aires 1901, p. 206. 

(2) Voy age au Región Eqainoctiaí, T, I, p. 164. Rivero y Tschadi 
Antigüedades Peruanas p. 102. 

(3) Travels in Perú, traducción de Tomasina Ross, p. 411. 

(4) Hutchinson Two years in Perú, t. II. 



Revista Histórica, 




LA VERACIDAD DE MONTESINOS 



297 



dibtijos han sido hechos casi en la mism^ época y por indi- 
viduos de la misma raxa^V Las piedras son de una roca dio- 
rítica de color verdniíQ; pero la superficie exterior, como en 
las del alto déla Caldera, está cubierta por una costra rojiza, 
debida á descomposición át los elementos de la roca por los 
agentes atmosféricos habiéndose transformado el protósíido 
de fierro del anfibolo, en peróxido de fierro de color rojizo. 

Ahora» pues, por el color más 6 menos rojizo de Igs dibu* 
_jos^ se tendrá una idea relativa de su mayor ó menor anti- 
güedad [1]. 

Existen en el alto de la Caldera, á ocho leguas al norte d<? 
Arequipa, una multitud de grabados sobre granito que re- 
presentan figuras de animales, paralelógramos, círculos» flo- 
res j fortificaciones. Lámina II. 

En la provincia de Castro Virreina, en el pueblo de Huay- 
tara, se hallan las ruinas de un gran edificio de igual cons- 
trucción á la del célebre palacio de Huánuco el viejo» una 
masa de granito de muchas varas de largo con gruesos gra- 
bados semejantes á los de la Caldera, *'Bn muchas partes 
del Perú, principalmente en sitios muy elevados sobre el ni- 
%'el del mar, ha}^ vestigios de inscripciones, si bien muchas ya 
borradas por el ala destructora del tiempo*'. Tshudí ha re- 
producida en su obra una inscripción que encontró en una 
población antigua á una legua de Huari, sobre una piedra 
rajada de dos pitfs de ancho [2]. Lámina IIL 

Barranca habla de unos cerros pintEtdos en Paracas, cer- 
ca de Fisco, 3^ dice que **son dignos de llamar la atención por 
(]ue,como los pintados de Tarapacá, representan una mezcla 
de la escritura gereoglífica y algo de la cuneiforme'' [3]. 

También hay una piedra pintada de color rojo con sig- 
nos de 30 centiraetros de largo, á siete metros de altura so- 
bre el camino de Sayán á Oyón, en el lugar llamado Piconchi 
[4], Figura 2. 

El profesor Raímondi envió á Bollaert un apunte sobre 
"los antiguos grabados en piedra obsen^ados en varias par- 



Raímondi, Ei Departamento de Ancash pp* 148-9* 

i Antigúedmk.s pcruan^^s pp. 101-2, 
2\ Bartmnca OHantu^ Lima 1868, p, 57, nota 20, 
[4] Dfl>o el dibujo on^^na] á la bondad de nú estimada anúgD, el 
üligyídr» literato Carlos G, Améxaga, 



dii^ 



298 



HEVrSTA HISTÓRICA 



tes del Perú, en donde se ocupa de los del alto de la Caldera, 
de los que ya se ha'hablado» y de los de Locumba" [1]. 

El mismo Bollaert ha publicado los pintados de Tarapa- 
cá que se encuentran en el camino de Iquique á la Nona, al 
Norte de las Tizas» en el camino de la Noria á la Pampa 
cerca de la Peña [2]. 

El viajero Forbes trae en dos planchas las inserí peí onesl 
que hay sobre quince grandes piedras situadas entre Uclm- 
mayo3' Vítor [3]. 

Así siguen hasta Cajamarca y Salta, en tierras en que se 
ha hablado )a lengua quesh tía, un gran número de petrogra- 
fías y pictografías [4]. Por su excepcional importancia y 
por ser uno de los puntos más distantes en que se encuentra 
la lengua de los incas, hay quf? mencionar en particular la 
inscripción polícroma de la gruta de Carahuasi, situada en 
la provincia de Salta, en el departamentodeGuachipas [5]. 

Desde luego, no es sorprendente de que exista en el Perú 
este género de inscripciones, desde que se encuentra en todíi 
la extensión de América [G]. 

Aún prescindiendo de todos los signos de las rocas, que- 
dan vestigios suficientes en ruinas, telas y piezas de ccrámi- 



Memoirs oíthe AnthroprthgktíJ Socktj, val, III. p. 354, notíu 
[2] Anílqtiarmn, ethnoJogicéil othcr rescarches oí New Grarindn^ Ecum* 

dor, Ferú siid Cbik, pp* irj7-9. 

3] On the mmiirá inámns, pp* 78-9, Láminas XXII, XX III. 
4-] Quiniga, loccit, cap. IX. 

[5] Ambmsctti J, B. LñSj^utsis pínt^dm y ¡tetrofflifos de la proHnem 
deSRltai^nei lioktjn dd Int iluto GfOgrAtí¿o Argentino, t. XVÍ^ hm^mii». 
Aires 1895, p. 311 y ss. 

[6] HumbtúátVoya^ íin rcj^ions Bqtiwnvtt&itíi, t. J; Ib, Tjthhuu rk 
fa Natart: Bancrnf, H. The Nativc mees; Marca no EthnogT,iphif de Veiw- 
^acta. Ríijas, A. Estudios Indígenas. Isaac J. Estudio soBr€ Isa tribtta itt- 
djgt^níis fici Estado del Mngdaiens, cti Ánaks fíe In histrucciótt FúhÜca 
de Cohmhiii, t, VIII; Am€>íhino F. Antigüetíad del hombre en el Pt&tn^ 
Garrick Xlallery, PicWgrsiphs oíthe North American indians en Fourth 
Anminí Repf>n'oíthe Btiremí of EthnoIogiwVkKíshiií^un ltíB6, Ib, Pictarv 
wTJttitg of the americñii ¡miians en Tenth Annunl Report of the Biire¿ta at 
Ethnoiog^\ Wasíiington 18*J1. 



LA VERACIDAD DE AIONTESINOS 



299 



ea é ídolos de piedra y de madera* como \'a se ha dicho, pa- 
ra que quede bien Montesinos. Sin ir muy lejos, certifica lo 
dicho el b^jo relieve de Pashash reproducido por Wiener y 
en el en al se encuentran algunos signos análogos á los de la 
piedra de Galanga [1], 

En la pro%'incia íle Castro Virreina, en Huaytará, Brad- 
ford ha visto una columna de piedra con señales de inscrip- 
ciones [2]. 

La piedra de Chavin abunda en signos simbólicos (3)» 
lo mismo que la puerta monolítica de Ak apaña en Ti hua- 
naco (4). 

En las piezas de cerámica el material es muy abundante» 
pero, basta desde lue^^o citar algunas de ellas. Recomiénda- 
se en primera línea el vaso probablemente de Pachacámac 
que traen en su atlas Rivero y Tshudi (5) 3' muy semejante 
á otro repruclucido por Castelnau. Lámina IV, 

El cántaro extraído en Chavin de Huántar» reproducido 

^|>or Wiener, y otro de Recuas* dado por el mismo autor (6). 

Es imposible pasar por alto las notables piezas estudiadas 

en la región Calchaquí por Ambrosetti, muy en particular 

las referentes á los dioses de la tempestad (7). 

En las telas, Gilliss ha dado los dibujos s!mb/)licüs de 
una chulpa ó bolsa de coca (8) y Wiener hadado specimens 
coocluycntes (9); de algunas de las cuales se ha ocupado 

|l] F'a-on et Bativk p. 702, 
j|2] Bolbcrt, Oh. cit. pp. 217-8, 

(31 PoJij J. T. La piedra de Chftví'n, Litna 1900. 

(4( He díiclo t"n un folkntíCiíptTial tituUtdo Huirakocba, Riietios Aires 
1ÍK)1, tin estadio y dt'scripcíón ik esa portarla; ha dado otra D*Angrand 
l^ttres sur Tmhuíuiavo, 

1 5) Lámina XXVI. Cas tdn ñau Bxpedkian dans !c part Central «h 
L'Ameriqtie áíi Sud, 1 11. part, ]il anche XIV. 

<6) Pérou et Bolivie, pp, í5ori-8-7l4. 

(7> A«ibro4etli> NíHMs de Arqücftíof^a CHkhmjm, Buenos Aires ÍH9t|, 
m>. 83-94-. Véase ini estudio tituíadu Los dioses tic la Tertipestud^ Btiefios 

AiJTsliHai. 

C8) United $t¿ttes Ástronomicát! Ejtrpcdkioa. vot 11, p. 138. 
<ílí Péroií ct fioUvie pp. 64-69; 46*47; H7-HS; 550-^52; 759-773. VVie* 
ner hit dadu pruebas y muestras de cómi 1 se van simplificandci y modifican- 
do las fi^tríiíi por el uso y la costumbre; tambiín Hohiie» ha mostrado co- 
nv> las nccifsídades del tejulu puedca alterar las fiaras y como se \h poeo 
", |>€jcf> í^iurplifieandoeii las láminas y en las telas la represen! acíóu de los 
ifibjeto'* y de los animales basta cpiedar reducida á uu tldmjíi convencional 
[tiiüv diferente del modelo primitivo Hulmes, Textd Art in its rehtiftne to 
libe devehpmetit nt form íind r^tíinmerst; el mismo, Aticktit urt oí i he the 
Ipravsnce ofChíriquv i^n Sixth nnmint tepurt oí the Hurenu of Eihnu!og\% 
\kú,»\ú\\gUm 1888. 



300 



REVISTA HISTÓRICA 



Mallery, y aún ha dado la descifración que, según él, corres- 
ponde á una de ellas ( 1 ) . 

También hay reprtsentaciones simbólicas en láminas de 
oro y plata y en piezas trabajadas con estos mismos meta- 
les. Están en este número, la Iñmida de oro en que se en- 
cuentran lo que htin llamado Marckham y Bollaert el xodia- 
CQ incaico (2) y el topo ó prendedor cubierto de fíguran 
que ha reproducido este último (3)- Figuras 3 y 4. 




Ptg^ura S 



fl) Maltcnr Pktaíy Wrítmff oí tbe americaii indtam cu Tcntír 
Mnfwiil txpoft oí tht fíiirt!íití oí Ethítotogy . pp. 157-58; 575. 707. 

(2) Xtarkliam Cuzco and Lmm p. 107 Bollaert, loe. ck. pp. 14G~i7y 
Ui lAmtnat 

(3) Vestía la ii0ta. anterior- 



LA VERACIDAD DE MONTESINOS 



301 



Sería tarea muy larga seguir enumerando muestras ó 
restos de la escritura pre-incaica cuando casi no hay en la ce- 




Fig^ra 4 

rámica antigua principalmente, pieza en que no se encuentre 
algo. Así á las dichas se pueden agregar los vasos que trae 
Castelnau provenientes uno de la Paz \' otro del Cuzco (1) 
Figura 5. 

El indio, tan conservador por naturaleza y tan apegado 
á sus costumbres, no ha perdido aún por completo la tradi- 



(1) Obra y tomo citados, láminas 8 y 52. 



302 



HKTrSTA HrSTÓRICit 



ción de la escritura primitiva, por eso es que Wiener ha en- 
contrado en e) valle de Paucartambo la pasión de Crista 




puesta por los naturalea en una especie de escritura pictóri- 
ca y gereoííHfica; y al mismo autor entregó el cura Escoba ri 
de Sicasica otra copia anñlogadc la doctrina cristiana (1>, 
En la Sociedad GeogrAíica de Lima se conste r va una gran 
lámina de una escritura semejante á la anterior y provenien- 
te también del Sur del Perü, pues se le atribuye á los hahi. 
tan tes de la isla de Coatí, en el lago Titicaca (2). 

(1) Wiener Ob. cit. pp, 773-5, Escobary, Aítafogít, PbrltiíogSqiie rftr 
ta taugiie íiymará^ París 1S81, p* Ü| ñuta 1. 

(2) Boktln th ia S*iL'ícdnfÍ Gt^o^nráñvB (k Limn, 1. W [h 120, H<v 
llíitrt bal vía tiimhién de \mn piel úq llama cxiwt!?t]U' íit d museo de Lh Pax 
ih was 34f ptir 25 piil^adiisí y cu1>ícrtn eon líneas lic carñcicrts en las oííiIvs 
están reiireseñlíicíofí hechos posteriores á la cont|qíísta. En lít de!ícnp<.n<5fi 
míe de ellos liaee este aut**r, iiiencifMia varios siiítios ^trc* >glííicos Astvictít 
rtTitvüui ('rfíphtv teports. en Mcnftiir afthí' Ánthttfpotogica! Sockiv VV»L 
III Lomlon I87t), pp. ar>tU58* 



LA VÜRACIDAH OH MOSTESlMüS 



303 



Cualquiera que sea el v^alor deesta escritura y In que hoy 
pueda entenderse de ella, lo cierto es que Montesinos es el 
línico que nos ha conservado la noticia de un hecho tan im- 
portante. La demostración es tan completa» que, aunque 
Bo se supiera nada sobre la existencia de la escritura pre-in- 
dca, siempre se llegaría á deducir su realidad en vista de 
tos ejem Jilos aducidos. 

No dio Montesinos la última mano á la obra de que se 
^rata, pues aparte de los errores en que incurrió por lie va r- 
ega mente de los indios, hacaídoencontnidiciones^'ijna- 
lismos. Ejemplo de los primeros es cuanto dice del cursa 
|e las estaciones y de las fechas de los equinoccios 3' solsti- 
"^ños, punto sobre ios cuales ha trasmitidoexaetamente los da- 
ntos astrnnómicos de los Amautas, quienes ponían equivoca- 
lamente el equinoccio de verana en Mayo y el de átono en 
i;ptiembre- La justa y exacta crítica de López so- 
lare el particular, no toca, pues» directamente á Montesinos 

Síes descuido suyo que el rey Manco Auqui Túpac I*a- 
ehacuti, antecesor de Cápac Raymi, corrija la reforma del 
año y del calendario hecha por este (2) 

Con todo, Montesinos merece ser considerado entre las 
tiientes históricas más importantes, carao lo ha probado 
la cxi>osición anterior. Vacíos y errores los tiene, sin duda, 
ero en esto no se diferencia de los demás historiadores y 
"eronistas dt- Indias, que, cual más cuál menos, todos se en- 
cuentran en el mismo caso. 



Irtnia, Septiembre de 1906, 



Pabilo PathAk. 



(1> Monttfsitiosi, Mcínfírías citadas, cd. fiíTitfncí de la Espadfi, pp. 72 j 
*». Lepes. Lt^s raees /inx/mcs, pp. 163yss Patrón L¿i rsíg Chien varim 
^fí^tín:^ ik Áméhcfi, cu el Boíctm ih h Shctalad GcofíráhcM d^f Umti, t Vü 

'""' "ícíTioria citada, pp. 06-7 ü. 



Un oidor ae la Real Huaíencía de Cima 



**Conocíen Lima y prediqué á sus honras, al Licenciado D. 
Juan Páez de Laguna, de tantas letras y de virtud tan rara, 
que pudiera honrar la Presidencia de Castilla,*' así se espre- 
sa el Arzobispo Fray Gaspar Villarroel en su célebre obra 
'^Gobierno Eclesiástico pacífico y unión de los dos cuchillos 
Pontificio y Regio" y, parece extraño que D. Manuel de Men- 
diburu, en su monumental Diccionario no suministre dato 
alguno sobre personaje tan eminente como el Oidor Páez 
de Laguna, cuya reputación de talento é integridad fué 
proverbial en la época colonial. 

Nació D. Juan Páez de Laguna, en Gualda, villa de la 
Provincia deGuadalajara, de la legítima unión del licenciado 
D. Antonio de Laguna y Jaraba, Oidor, Gobernador general, 
Justicia mayor. Juez superior y Alcalde mayor de los Esta- 
dos y señoríos de los Marqueses de Cénete, Condes de Salda- 
ña y del Cid, con quienes les ligaba estrecho parentezco, y de 
D^ María Páez de Orenes y Nieto, sobrina del Excmo. señor 
Duque del Infantado. 

Estudió D. Juan en uno de los Reales colegios, obtuvo el 
grado de Licenciado y se recibió de abogado en la Audien- 
cia de Madrid, incorporándose después al Consejo de S. M. 
Estando en Madrid, el 21 de Setiembre de 1582, contrajo 
matrimonio con D^* Jerónima Ramírez de Santa Cruz y Con- 
treras, madrileña é hija de D. Francisco Ramírez de Santa 
Cruz y Alvarez de Toledo, sobrino del Duque de Alba, y de 
D^ María de Contreras y Muñoz. 

Repartía D. Juan su tiempo entre las labores de su pro- 
fesión en Madrid y el cuidado de sus intereses en Guadalaja- 
ra, donde poseía, entre otras valiosas propiedades, el patro- 



Vn OIDOH DE LA RBAL AUDIENCIA DE LIMA 



305 



nato de los Laguna en el Convento y Capilla Mayor de 
Oualda, y los de San Francisco y Santa Cruz en la villa de 
Cifuentesí, 

Su dedicación al estudio 3^ la coittpetencia que había de- 
mostrado, así como las poderosas relaciones de familia de 
quego¡tabaJIamaronsr)bre él la atención de Felipe III, quien 
le ofreció la plaza de Fiscal del crimen de la Real Audiencia 
de Lima, plaza que acababa de crear por el considerable re- 
cargo que el Fiscal en lo civil de esa misnoa Real Audiencia 
tenía en sus labores. 

La impurtancia del puesto ofrecido 3' el celo en el servicio 
deS. M.de que había dado revelantes pruebas el Licen- 
ciado, no hicieron esperar la aceptación, v el título corres- 
pondiente fué expedido en Madrid el 23 de Febrero de 1600* 
No dejó allí S. M. el interés que le inspiraba el Licenciado Páez 
fie La gima, sino que, estando en Toledo, el 6 de Abril del mis- 
mo ano, escribió á la Casa de Contratación de Sevilla para 
qne entregaran á dicho Licenciado 500 ducados para sus gas- 
tos dé viaje, los que le fueron dados en 9 de Enero de 1601, 
por D, Francisco Tello de Guzmán, Tesorero de esa Casa* 

El G de Abril de 1600 expidió D. Felipe lll la licencia que 
para pasar á Indias era indispensable [Doc. 2]; en ellai>ermí* 
lía á D.Juan pasar á Indias con su mujer é hijos, 7 criados 
y Seriadas, Disponía, además, que no se pidiese información, 
como entonces se estí tabacal Licenciado, sumujeré hijos» ex-, 
giéndola sí á la servidumbre. 

En esa misma fecha expidió S, M, otras licencias [Docs, 
33- 4], la una para que D. Juan pudiese traer hasta 300 
ducadosen jovas de oro 3^ plata, 3' la otra para que, en guar- 
da 3^def:nsade su persona 3^ casa^ llevase cuatro espadas, 
cuatro dagas, dos arcabuces, dos montantes, dos rodelas, 
dos alabardas y una cota. 

El 19 de Febrero de 1601, salía del puerto de Sevilla, en 
la nave que gobernaba Francisco Ramírez, el nuevo íiscal de 
la Audiencia de Lima \' su numeroso séquito; componíase és- 
te, de su esposa, joven de 30 años, ** blanca de rostro, pequeña 
de cuerpo \' de notable belleza"; de sus cinco hijos: Antonio, de 
14 años, Juan, de 8, Ana, de 7, Manuela, de 4-, 3^ Angela de 
un año; de sus criados Pedro Fernández Cubero, Agustín de. 



306 



REVISTA HlSTÓRtCA 



AlcázarJuanQuijíjo, Gonzalo de la Torre, házaro de Mesa y 
Moscjuera, [sobrino del Fiscal, á quien éste nombró al llegar» 
Alcaide de la cárcel de Lima, 3^ casó con D^ Juana de Mora- 
les Almonte, de distinguida familia limeña], Manuel Ramí- 
rez, Juana Ramírez y Catalina Martínez; estos criados fue- 
ron autorizados para llevar cada uno un areabujE ó mosque- 
te para la defensa de su persona. 

A fines de Junio tocó el Fiscal en Portobelo, donde lué 
atendido j agasajado por D, Francisco de Corral t Toledo, 
que estaba allí de capitán de la armada de Tíerrafirme; y en 
2 de Julio dejó la ciudad, premunido de un pasaporte que le 
otorgó el mismo D. Francisco, [Doc. 5] y en los primeros días 
Je Diciembre llegó al Callao. 

Al llegar á Lima presentó D* Juan al Virrey y Audiencia 
el título de que venía premunido, así como la cédula que ásu 
petición había expedido la Magestad de Felipe III sobre la 
forma en que debían ejercer sus oficios los Fiscales de las Rea- 
les Audieacias [Doc. 6], 

El 6 de Diciembre de 1601 fué fijado para el recibimien- 
to del Licenciado Páez de Laguna y en ese día, reunidos en el 
real acuerdo de justicia D. Luís de Velazco, Virrey de estos 
reinos, el Dr D, Diego Núñez de Avendaño, el Licenciado D. 
Juan Fernández de Boan, y el D.D. Juan Jiménez de Montat- 
V o, Oidores de la Real Audiencia; D.Fem and o'deCarbajal, Es* 
criban o de Camarade ella y Secretario del Real Acuerdo dio 
lectura al título y provisión de S, M, que había presentado 
el Licenciado Laguna, quien concurría al acto; pasó después 
el Secretario la Real Provisión al Virrey y á cada uno de los 
Oidores, los que, quitándose la gorra que llevaban, pusieron 
!a Provisión sobre sus cabezas y la besaron, obedeciéndola 
con el debido acatamiento y reverencia; inmediatamente to- 
maron el juramento al Licenciado Páez de Laguna y éste, de 
pié, con la mano derecha sobre los Evangelios, prestó el jura- 
mento entonces estilado. Terminado éste, el Virrey hizo sen- 
tar al nuevo Fiscal en una silla preparada al efecto y ordenó 
que los Oficiales Reales tomasen razón del título original y 
lo devolviesen al interesado» 

En posesión ya de su elevado empleo, dedicóse D.Juan con 
el mayor entusiasmo al cumplimiento de su cargo, tratan- 



I 



Vn OIDOR DM LA REAL AUDIBKCU BS LIMA 



307 



do de facilitar el pronto desempeño de la justicia de salva- 
guardar los derechos del soberano y de romper viejas corrup 
telas. Su opinión era apreciada no sólo en el Perú» sino en 
la Corte, solicitándose en ella sus iníbrmes y sus consejos, 
[Doc. 7]- 

Deseosa el Rey de premiar sus servicios le nombró el 14- 
de Noviembre de 1603 Fiscal de la Santa Cruzada, lítuloque 
se recibió en Lima sólo A mediados de 1604-, prestando el de- 
bido juramento el 11 de Agosto, ante el Dr. D. Juan Velásquez 
deObando, Arcedianode la Catedral de Lima, antiguo Rector 
delaUniversidady Comisario sub-delegadu déla Santa Cruza- 
da, del licenciado D, Juan de Villela, Oidor de la Audiencia de 
Lima, y Asesor del Tribunal y D. Gonzalo déla Maza ^^Sáenz, 
Señor de Ogar río, antiguo Contador de fábrica del Real mo- 
nasterio del Escorial y Ordenadorde la Contaduría mayor de 
Castilla y Contador mayor del Real tribunal de Cruzada del 
Perú, por vida 3^ juro de heredad. (Doc. 8). 

Los servicios y la integridad de D.Juan Páex de Lagu- 
na llegarán á hacerse proverbiales. Villarroel cita varios cu- 
riosos ejemplos en que puesta á prueba su iocorruptibilidad 
salió triunfante, y su reputación era tal que el mismo sostie- 
ne en su citada obra que el juramento era inoficioso para tan 
intejérrimo varón. Las buenas nuevas que de él llegaron á 
la metrópoli movieron á S.M. á nombrar al licenciado Lagu- 
na, Oidor de la Real Audiencia de Lima, en reemplazo del Li- 
cenciado Espina, que había fallecido. 

El título fué expedido en Valladolid el 3 de Mayo de 1605 
y el juramento fué prestado el 1*^ de Agosto de 1606 ante los 
Oidores, licenciado Boan, que presidía por fallecimiento del 
Virrey Marqués de Alonte Rey, D.D. Juan Fernández de Re- 
calde, D.D* Juan Jiméness de Montalvo y D.D. Juan de Villela, 
con un ceremonial análogo al relatado. (Doe. 9). 

Los servicios del Licenciado Laguna prosiguieron con el 
mismo noble empeño, mereciendo en varias oportunidades 
ser elegido Presidente de la Real Audiencia; y S. M, atendiendo 
á estos servicios, y á la numerosa familia que tenía, así como 
á la honrada pobreza en que su integridad y rectitud le tenían 
sumido, ordenó al Virrey del Perít, en 1610, permitiera el ma- 
trimonio de D^ Ana PáeE de Laguna 3* Santa Cruz, con per- 



308 REVISTA HISTÓRICA 



sona de calidad del v¡rre3'nato, á pesar de la expresa prohi- 
bición que impedía á los hijos de Oidores contraer enlaces 
con personas de la jurisdicción de sus padres [Doc. 10]. 

Muy significativa es al respecto la carta que el Virrey 
Marqués de Montesclaros dirigió al Arzobispo Lobo Guerre- 
ro sobre el matrimonio de D* Ana Páez de Laguna "persona 
tan noble é hija de padre que ha servido á S.M. tan bien 3" 
que por su parte merece tanto" [Doc. 11], 

Murió el Oidor Páez de Laguna en Lima, sobrevíviéndole 
pocos años su esposa; y de sus hijos sólo llegaron á la mayor 
edad: D. Antonio, que regresó á España y se radicó allí por 
haber heredado los patronatos de Gualda y Cifuentes;' el 
Maestre de Campo D.Juan, nacido en Madrid el 3 de Noviem- 
bre de 1593, colegial de la Universidad de San Marcos, quien 
volvió á España en 1615, y regresó provisto de Correjidor, 
Justicia ma^'or y Teniente de Capitán general de Salinas y 
Pccona, en el valle del Mizque: casó en Trujillo con D^ Lui.sa' 
de Cha vez y Palacios, Patronadel convento de N* S^ de Gua- 
dalupe en Pacasma3'o, projenitores de los Condes de Olmos; 
y D^ Ana, que casó en 1611 con el Capitán D. Alonso Guerra 
de la Daga y Calderón de Vargas, Alcalde de Lima en 1635, 
ascendientes de los Marqueses de Casa Boza. 



DOCUMENTO 1^ 

D. Felipe, por la gracia de Dios, Rey de Castilla,de León 
& &. Por cuanto habiendo sido informado que por ser mu- 
chos los negocios y pleitos que de ordinario hay y ocurren 
á mi Audiencia y Cancillería real que reside en la ciudad de 
los Reyes, de las provincias del Perú, no puede acudir á to- 
dos un fiscal, que hasta ahora ha habido en ella, y para 
que el breve y buen despacho de ellos conviene que ha^^a dos 
procuradores fiscales, para que el uno atienda á los negocios 
y pleitos criminales que hay y hubiere en la sala del crimen 
de la dicha Audiencia, y el otro á todos los civiles que ha^" y 
ocurrieren á ella, he acordado que así se haga y por la buena 
relación que se me ha hecho de la suficiencia y buenas letras 



UN OIDOR DE LA REAL AUDIENCIA DE LIMA 309 

de VOS, el Licenciado Páez de Laguna, os he elegido y nombra- 
do por mi Procurador fiscal 3' promotor de mi justicia en la 
dicha sala del crimen y cárcel real de la dicha Audiencia de 
los Reyes, para que como tal, de aquí adelante, podáis entrar 
y estar en ella, pedir y demandar, acusar y defender todas a- 
quellas causas y cada una de ellas que cumplan á mi servicio 
y á la guarda de mi patrimonio y ejecución de mi justicia y 
usar y ejercer el dicho oficio en todos los otros casos y cosas 
á él anexas y concernientes, como lo hacen, pueden y deben 
hacer los Fiscales del crimen de mis Audiencias y Cancillerías 
reales de Valladolid y Granada; y por ésta mi carta mando 
á mi Virrey, Presidentey Oidores déla dicha mi Audiencia de 
los Reyes ,que reciban de vos el juramento y solemnidad que 
en tal caso se acostumbra y debéis hacer, el cual por vos he- 
cho vos hayan, reciban y tengan portal mi Procurador fiscal; 
y ellos y mis Alcaldes de la sala del crimen y otras cuales 
quiera personas de las Indias Occidentales, usen con vos el di- 
cho oficio, en todo lo á él concerniente, y que os guarden 3" 
hagan guardar todas las honras, gracias, mercedes, franque- 
zas, libertades, exsensiones, preheminencias, prerrogativas 
y inmunidades y todas las otras co«as que por razón de él 
debéis haber y gozar os deben ser guardadas; todo bien y 
cumplidamente, sin que os falte cosa alguna y que en ello, 
ni en parte de ello, embargo ni contrario alguno os pongan 
ni consientan poner; que yo, por la presente, os recibo 3" he 
por recibido por mi Procurador fiscal y promotor de mi jus- 
ticia en las dichos negocios criminales, y os dov poder 3^ facul- 
tad para usar 3' ejercer el dicho ofic;o,caso que por ellos 6 al- 
guno de ellos á él no seáis recibido. Y es mi merced que ha- 
yáis y llevéis de salario en cada un año con el dicho cargo 
tres mil pesos de á cuatrocientos 3' cincuenta maravedís ca- 
da uno. Y mando á los Oficiales de mi hacienda, de la dicha 
ciudad de los Reyes que os den y paguen á los tiempos y se- 
gún como pagan sus salarios á los mis Oidores y Alcaldes de 
ladicha mi Audiencia, desdeeldía que, por testimonio signa- 
do de escribano, les constase haberos hecho ala vela en uno de 
los puertos de San Lúcar de Barrameda 6 Cádiz para ir á ser- 
vir al dicho oficio, todo el tiempo que le sirviéredes, que así 
es mi vpluntad, 3" que asienten esta mi carta en los mis libros 



310 REVISTA HISTÓRICA 



que tienen; y asentada, os la devuelvan originalmente. Da- 
da en Madrid, á 23 de Febrero de 1600 años 

Yo EL Rey 

Yo Juan Ibarra, Secretario del Rey nuestro señor, la hi- 
ce escribir por su mandado— C/na rubrica. 



DOCUMENTO 2^ 

El Rey 

Mis Presidentey Jueces Oficiales de la Casa de la Contra- 
tación de Sevilla: yo os mando dejéis pasar á las provincias 
del Perú al Licenciado Páez de Laguna, á quien be proveído 
por Fiscal de la Sala del Crimen de mi Audiencia Real de la ciur 
dad de los Reyes, llevando consigo á su muger; y que pueda 
llevar sus hijos, siete criados y seis criadas; á él y á la dicha 
su muger é hijos sin les pedir informaciones y los demás pre- 
sentándolas ante Vs. Ms. hechas en sus tierras, ante las justi- 
cias de ellas, y con aprobación de las mismas justicias de có- 
mo no son casados, ni de los prohibidos á pasar á aquellas 
partes y de las (ilegible) de sus personas. Fecha en Toledo, 
á 6 de Abril de 1600 años. 

Yo EL Rey. 

Por mandado del Rey nuestro señor. 

Juan de Ibarra. 



DOCUMENTO 3^ 

El Rey 

Por la presente doy licencia á vos, el Licenciado Páez de 
Laguna, á quien he proveído por Fiscal de la Sala del Crimen 
de mi Audiencia Real déla ciudad délos Reyes, de las provin- 



UN OIDOR DB LA RBAL AUDIENCIA DB LIMA 311 

cías del Perú, para que de estos Reinos y Señoríos podáis He- 
vara ellos hasta en cantidad de 300 ducados de joyas de 
oro y plata labrada, para servicio de vuestra persona y ca- 
sa. Y mando que en ello no se os ponga impedimento algu- 
no. Fecna en Toledo, á 6 de Abril de 1600. 

Yo EL Rey. 
Por mandado del Rej' nuestro señor. 

Juan de Ibarra, 



DOCUMENTO 4^ 

El Rey 

Por la presente doy licencia á vos, el Licenciado Páez de 
Laguna, á quien he proveído por Fiscal de la Sala del Cri- 
men de mi Audiencia Real de la ciudad de los Reyes, de las 
provincias del Perú, para que de estos Reinos y Señoríos po- 
dáis llevar á eilos para guarda y defensa de vuestra perso- 
na y casa, cuatro arcabuces, dos montantes, dosrodelas,dos 
alabardas y una cota. Y mando que en ello no se os ponga 
impedimento alguno. Fecha en Toledo, á 6 de Abril de 1600 

años. 

Yo EL Rey. 

Por mandado del Rey nuestro señor. 

Juan de Ibarra, 



DOCUMENTO S^ 

Don Francisco del Corral y Toledo, Caballero del hábi- 
to de San Juan y Capitán de la armada y flota de Tierra fir- 
me por su Magestad etc. etc. 

Por la presente mando á los guardas, por mi orden pues- 
tas para el paso de (ilegible) que va al Perú, que dejen pa- 



sar al señor Licenciado Páez de Laguna, Fiscal de StiMage^» 
tad, con su casa y criados, contenidos en la licencia que ti^H 
ne de el Rey nuestro Señor, que se exhibió ante mí. llevando 
la original y las demás certificaciones y licencias necesaria 
Fecha en Puerto Délo, 2 de Julio de 1601 años. 

Don Francisco del Corral y Toledo. 

Por mandado de su merced. 

Migue! efe Ertés^ 



DOCUMENTO 6^ 



El Rey 



Mi Virrey, Presidente y Oidores de mi Audiencia Real 
que reside en la ciudad de los Reyes» délas provincias del Pi- 
rú. El Licenciado Juan Páe^ de Laj^una, á quien he proveído 
por mi Fiscal del Crimen de esa Audiencia^me ha hecho rela- 
ción que conforme á las ordenanzas de mi Consejo de las In- 
dias, en las Audiencias de ellas se hade guardar el mismo or- 
den y gobierno que hay 3^ se guarda en estos Reinos en mis 
Cancillerías de Valladolid y Granada, y que en las leves rea^ 
les del Título de los fiscales está dispuesto que los dos fisci 
les que ha de haber en cada una de dichas Cancillerías h? 
yan de ser de igual poder y título, sin limitación alguna, ¡pa- 
ra ciertas causas, aunque el más antiguo puede elejir el ejer- 
cicio de las causas civiles ó criminales, optando lo que qui- 
siere, y que en esta conformidad» sin distinción ni diferencia 
alguna, de civil ó criminal, se han sienrtpre despachado y des- 
pachan los títulos de fiscales de las dichas Cancillerías, y 
que en el que se íe ha despachado al Doctor Pérex Merchán 
3^^ á él de Fiscales de esa Audiencia, se dice que el uno sea de 
lo civil y el otro de lo criminal,de que podrían resultar ala- 
nos inconvenientes y excusas, diciendo cada uno que no fué 



Ü?I OIDOR DE LA REAL AUDIENCIA DE LIMA 



313 



norxibrado para masque aquellas causas y que no ba de 
cL<^m:a<dir» en caso de necesidad ó impediraente, á suplir el uno 
poiT" el otro, como se hace y debe hacer en la dichas mis Can- 
cillerías, y que también se podría poner duda en esa Audien- 
ei^^ ^n el derecho de opción del más antiguo y en el proveerse 
po^r mí la plaza, cuando alguno de ellos faltase, para hacer 
^I tm tulo al nuevamente proveído* Lo cual y otros inconve- 
«i^a-^tes cesarían si los dichos títulos se reformasen, sin que se 
f> vm órnese en ellos de civil ó criminal, y que se hiciesen conforme 
^ 1 <z> s de las dichas mis Cancillerías ó que en cualquier caso 
^'■^^^ venga él á conseguir la antigüedad, pueda optar lo civil 
^ 1 ^*_ que quisiere, conforme a la ley, sin embargo de que en su 
^í t ^ua^lo se diga quesea Fiscal de lo criminal; y habiéndose 
V i^-to en mi Real Consejo de las Indias, porque en la ley no- 
í^^*^ , título délos procuradares fiscales del libro segundo de 
1^ ^*^ueva Recopilación, hay una del tenor siguiente; "manda- 
^ar'^mos que en las nuestras Audencias haya dos fiscales; uno 
^:j mae asista á las causas civiles y otro á las criminales, 3' que 
^l mus antiguo de los dos fiscales, que residen ó residieren 
^^n las dichas Audiencias, pueda elegir el cargo de las cau- 
^^^^s civiles ó criminales comoáél pareciere,sin embargo que 
^1 fiscal más nuevo sea proveído en lugar del fiscal que so- 
1 í ^ tener el cargo y ejercía las causas civiles ó en lugar del 
^^ ^e trataba las causas criminales" Y porque mi voluntad 
*^^ <iue lo contenido en dicha le}' suso incorporada se entien- 
**^*- ». cumpla y ejecute en esa Audiencia, os mando que as! lo 
^^^^^íáis, según como en ella se contiene y declara, sin poner 
^*^ ^lo excusa ni dificultad alguna* 



Fecha en San Lorenzo, á 25 de Septiembre de 1600 años. 

Yo EL Rey 
Por mandado del Rey nuestro Señor. 

Juan de Ibnrm. 



314 REVISTA HISTÓRICA 



> 



DOCUMENTO 7^ 

El Rey 

Licenciado Donjuán Páez de Laguna,mi Fiscal déla Sa- — 

la del Crimen déla Audiencia de la ciudad de los Reyes: Una -« 

carta vuestra de 10 de Mayo del año pasado de 1604 se ha -^= 

recibido y visto en mi Consejo de las Indias, y se ha entendí- — i 

do lo que por ella me avisáis, y en ló que toca á la facilidad -C^ 

que decís hay en soltar presos los oidores en las visitas de -^ - 

cárceles, por cédula mía, de la fecha de ésta, les ordeno que "^ i 

se vayan á la mano en estas solturas. Así mismo, se ha en- * ^^ 

tendido lo que decís acerca de los inconvenientes que resul- — 1 

tan de los perdones que hacen los virreyes á algunos delin- — xi 

cuentes, después de estar condenados y sentenciados, por lo <i:>i 

cual convenía innovar y extender más un capítulo de la ins- — ^s 

trucción que se dio en esta razón al Virrey Don Martín Mr:m: i 

Enríquez. Y conviene que, cuando avisáredes de semejantes ^ - 

cosas, digáis particularmente los casos en que hubiere habi- — i^i 
do exceso, y así lo haréis. 

Las cosas que se os han cometido tocantes á la visita de "^ 1^ 

esa ciudad y otras proseguiréis como decís lo hacíades, y de ^^ -í 
o que resultare avis aréis. 

Dada en Valladolid, á 10 de Mayo de 1605. 

Yo EL Rey 
Por mandado del Rey nuestro Señor. 

Gabriel de Hoa. 



UN OIDOR DE LA HEAL AUDIENCIA DE LIMA 



315 



DOCUMENTO S^ 



^SDon Felipe, porla gracia de Dios.Rej^ de Castltla^de León 
i^S^: ^ Por cuanto, para la buena dirección y expediente de las 
pr-^^aicaciones de las huías de la Santa Cruzada de las nues- 
tv^^ ^ provincias del Perú, que Su Santidad nos tiene concedi- 
da!. ^^ paralas guerras contra infieles, tenemos ordenado y 
i3^^»^:ndado que el Doctor Juan Velásquez» Arcediano de la 
S^í^n ta Iglesia de los Reyes, Comisario Subdelegado General 
^r\ ^ lias y el Contador Don Gonzalo de la Maza, con asisten* 
ci^ cJe uno de los Oidores de la nuestra Audiencia de la dicha 
<^i ^a ci ad, se junten al proveer y despachar las cansas y negó- 
eic>^ tocantes á la dicha Santa Cruzada y dependientes de 
«^11^1. que se ofrecieren y fueren necesarios para el aumento y 
^*^<^mi recaudo de lo que procede de la dicha gracia, y porque 
^ *^ uestro servicio conviene nombrar persona tal que sirva el 
'^fi^io de Fiscal en los dichos negocios y asista y se halle pre- 
^^'í^^econ los susodichos, y asimismo se halle al tomar y 
♦^i-i^cer las cuentas de la Santa Cruzada, junto con el dicho 
^^^^í^tadory oficiales Reales, habiéndose visto en el mi Con- 
^^U <^ de la dicha Santa Cruzada, con asistencia del Asesor, 
^^'^^ en él asiste por el de Indias, 3- consultándomelo el Licen- 
^^«^ o Don Felipe de Tasis, de nuestro Consejo de la Santa y 
^^x«ral Inquisición, Prior dt la Santa Iglesia de Osraa, Co- 
^^'^^irio Apostólico General de la Santa Cruzada; confiando 
^^^ í ^1 persona y suficiencia de vos el Licenciado D. Juan Páez 
^" ^"^^aguna, nuestro Fiscal en la dicha Audiencia de los Re- 
y entendiendo que as! conviene á nuestro servicio, núes* 
merced y voluntad esdeos nombrar,como por la presen- 
m numbro, para que ahora y siempre, y de aquí adelante, 
inte fuere nuestra voluntad, sirváis y oficiéis de Fiscal de 
'^nta Cruzada y asistáis y os halléis presentecon el dicho 
^ — » Juan Velásquez, Comisario Subdelegado de ella, y Don 

"¡^^^^ MI de Villela Oidor de la mi Audiencia de los Re3*esy Asesor 
^^ í ^ dicha Santa Cruzada, y con el contador Don Gonzalo de 






316 REVISTA HISTÓRICA 



la Maza á la determinación y expediente de los negocios y 
causas tocantes á la dicha gracia y demás cosas dependien- 
tes de ella, que se ofrecieren y ante ellos ocurriere, en la for- 
ma y de la manera que se hace en el nuestro gobierno de la 
dicha Cruzada que reside en mi Corte, y que como tal nues- 
tro Procurador Fiscal podáis pedir y demandar,acusar y de- 
fender, alegar y despachar en todos los pleitos, causas y ne- 
gocios fiscales tocantes á nuestro servicio y á la buena expe- 
dición, predicación y cobranza de lo procedido de la dicha 
Santa Cruzada; y que así mismo asistáis con el dicho Conta- 
dor Don Gonzalo de la Maza y con el oficial ú oficiales 
á quienes tocare para fenecer, tomar y acabar las dichas 
cuentas tocantes á la Santa Cruzada de esas provincias, pa- 
sadas y venideras, y que gocéis de todas las honras,franque- 
zas y libertades que p)or razón del dicho oficio podéis y debéis 
gozar,según cuales gozan nuestros Procuradores Fiscales de 
los Consejos que residen en mi Corte. Y por ésta nuestra car- 
ta encargamos y mandamos al dicho Subdelegado general 
Asesor y Contador, reciban de vos el juramento y sol«ímnidad 
que en tal caso se requiere y debéis hacer, y hecho os reciban 
y tengan por nuestro Procurador Fiscal y usen con vos el di- 
cho oficio, en todo lo áel tocante y concerniente, mandamos 
al nuestro Virrey, Lugarteniente y Capitán General délas di- 
chas nuestras provincias del Perü que al presente es y al que 
adelante fuere, y á los nuestros presidentes y oidores de las 
nuestras Audiencias y á los nuestros alcaldes y otras justi- 
cias, asistentes, gobernadores, caballeros, escuderos, oficia- 
les y hombres buenos de las dichas ciudades, villas y luga 
res de las dichas provincias, y á otras cualesquier personas 
nuestros subditos y naturales, de cualquier estado ó digni 
dad que sean, y á cada uno de ellos, que os tengan por núes 
tro Procurador Fiscal de la dicha Santa Cruzada. Y es núes 
tra merced y voluntad que hayáis y llevéis de salario en ca 
da un año, por razón del dicho oficio, dos cientos cincuenta 
pesos de plata,ensayada,de todo el tiempo que asistiereis er 
los negocios y cosas tocantes á la dicha gracia ó el que núes 
tra voluntad fuere, de los cuales comencéis á gozar y gocéis 
desde el día que fuereis admitido al uso y ejercicio del dich( 
oficio 3" hubieren recibido de vos el juramento necesario; lo! 



UN OIDOR DE LA REAL AUDIENCIA DE LIMA 317 

pruales mando se os libren y paguen álos tiempos y eu la for- 
xma que se libraren y pagaren los salarios que llevan el dicho 
-Asesor, Contador y otros oficiales de la dicha Santa Cruza- 
<zla y, que para ello se tome y saque de la caja de lo procedi- 
<rie ella; y que el traslado de esta nuestra carta se asiente en 
1 os libros de la dicha Santa Cruzada y que la original la 
-fcengáis por título del dicho oficio. 

Fecha en San Lorenzo, á 14 días del mes de Noviembre 
<zie 1603 años. 

Yo EL Rey 

Por mandado del Re\' nuestro Señor. 

Juan de Ibarra, 



DOCUMENTO 9*? 



Don Felipe,por la gracia de Píos Rey de Castilla, de León 
^.&. Acatando lo que vos el Licenciado Don Juan Páez de 
Laguna, mi Fiscal que al presente sois de la sala de los al* 
baldes del crimen de mi Audiencia Real que reside en la ciu- 
dad de los Reyes de las provincias del Perú, me habéis servi- 
do y espero me sirváis, y vuestra suficiencia en letras y 
buenas partes, y por que entiendo que así conviene á mi ser- 
vicio y á la ejecución de mi justicia, es mi merced que ahora 
y de aquí adelante, cuanto mi voluntad fuere, seáis mi Oi- 
dor de mi Audiencia déla dicha ciudad de los Reyes,en lugar 
y por muerte del Licenciado Espina, Oidor que era de ella, y 
tjue como tal mi Oidor podáis entrar y estar y residir en ella 
y tener voz y voto según le tienen los demás oidores de la 
dicha Audiencia y de las otras de las Indias y de estos rei- 
nos; y expedir, librar 3' votar todas las apelaciones, pleitos 
y causas que á la dicha Audiencia fueren; y firmar y señalar 
las cartas, provisiones y sentencias y otros mandamientos 



318 



RETISTA.TTrSTÓRlCA 




y autos que en ella se dieren. Y por esta mi carta, mando 
al mi Virrey, Presidente y oidore.^ de la dicha m¡ Audiencia 
que reciban de vos el Licenciado Dt>n Juan Páez de La^na 
el juramento con la solemnidad que en tal caso se acostum- 
bra y debéis hacer, Y habiéndole hecho os hayan y reciban 
y tengan por tal mi Oidor de la dicha mi Audiencia, y usen 
con vos el dicho oficio» en todos los casos y cosas á él 
anexas y concernientes, y os guarden y hagan guardar to- 
das las honras^ gracias, mercedes, franquezas, libertades, pre- 
minencias, prerrogativas 6 inmunidades y todas las otras- 
cosas y cada una de ellas que por razón de dicho oficio de— 
Wis haber y gozar y os deben ser guardadas de todo, biea 
y cumplidamente, sin que os falte cosa alguna; y que en ello 
ni en parte de ello os pongan ni consientan poner embar- 
go ni inpedimento alguno, que yo por la presente os recibo 
y he por recibido al dicho oficio y al uso y ejercicio de é!,y o» 
doy poder y facultad para usar y ejercer,casoque por ellos <V 
alguno de ellos, á él no seáis recibido. Y mando á los oficia- 
les de mi Real Hacienda de la dicha ciudad de los Reyes que- 
os den y paguen otro tanto salario, en cada un año como á 
cada uno de los otros mis oidores de la dicha Audiencia, segur» 
y á los tiempos que á ellos se les pague, desde el día que toniá — 
redes la posesión del dicho oficio en adelante, todo el tiem-- 
po que sirviéredes,y que con vuestras cartas de pago y tras- 
lado signado de ésta mi provisión, se les reciba y pase em 
cuenta los maravedís que así os dieren y pagaren; 3- que la. 
asienten en los mis libros que tienen y sobre escrita os Ir», 
vuelvan para que la tengáis por título del dicho oficio* 

Dada en Valladolid» á 3 de Mayo de 1605 años. 



Vo EL Rey, 

Yo, IVdro de Ledesma. Secretario del Rey nuestro Señf >r I 
fice escribir por su mandado. 





UN OIDOR BE LA REAL AUOrENClA 0E LIMA 



319 



DOCUMENTO lO^ 



El Rey 



Marqués de Montes Claros, par¡ente,nii Virrey^Goberna- 
tíor y Capitán general de las provincias del Perú, 6 á la per- 
^c^na ó personas á euyo cargo fuere el Gobierno de ellas, 
X^or parte del Licenciado Don Juan Páez de Laguna, mi Oi* 
c3or en esa mi Real Audiencia, se me ha hecho relación que 
^iene cuatro hijos, y de ellos el uno y una hija en edad de to* 
mar estado, sin poder tratar de dársele respecto de la prohi- 
l>Í€!Íón que ha^^ de no poder casar los oidores ni fiscales de 
la audiencias de las Indias, ni sus hijos, en los distritos de 
las audiencias donde sirven; y que siéndole imposible enviar- 
los á otras partes se habrían de quedar éstos sin remedio 
por su pobrera y los menores sin abrigo, ni amparo si él mu- 
riese; suplicándome tuviese por bien de darle licencia para 
poder casar los dos mayores en ese distrito, sin embargo de 
la dicha prohibición, Y visto en mi Consejo Real de las In- 
dias» y eonsultádose, me ha parecido que, á lo menos, se po- 
día mandar esta licencia para casar á la hija, pues los hijos 
varones podrían tener Y buscar sus comodidades en otras 
partes, pero que ésto sea conque del casamiento no se siga, 
ni pueda seguir ineoviniente, que impida el buen uso del ofi- 
cio del padre, por tener la persona con quien se efectuare el 
casamiento, ni sus padres, ni deudos repartimiento de In- 
dios, ni pleitos en esa Audiencia, ni otro de los impedimen- 
tos contenidos en las dichas cédulas de prohibición, y así os 
mando cjue con todos estos requisitos le concedáis en mi 
nombre la dicha licencia, y no en otra manera* 

Fecha en Madrid, á 7 de Enero de 1610 años. 

Yo EL Rey, 




Por mandado del Rey nuestro Señor. 



Pedro de Ledesi 



320 REVISTA HISTÓRICA 



DOCUMENTO 11^ 

Al Arzobispo, que Dios guarde. Habiéndome remitido 
Su Magestad el dar licencia al Licenciado Don Juan Páez 
de Laguna, Oidor de esta Real Audiencia, para casar á 
su hija» con ciertos requisitos, é deseando que se ofreciese 
ocasión en que poder sacarle de este cuidado, empleando' 
tal prenda como se merece; al presente tenemos entre ma- 
nos un negocio, con que se satisface á todo; resta para 
que tenga efecto, la licencia de VS.* para desposarlos, 
que importa sea con brevedad, dispensando VS*., por 
hacerme á mí merced, el tiempo que se podría ocupar en las 
amonestaciones. Vá el Licenciado á suplicarlo á VS. de par- 
te de entreambos y dar cuenta á VS*. de todo lo demás. 
Quedo muy seguro que VS*. ayudará á (ilegible) tan justa y 
digna de la piedad de VS*. que juzgue medio tome estado 
una persona tan noble é hija de padre que ha servido á Su 
Magestad tan bien, y por su parte merece tanto. Guarde 
Dios (ilegible). 

De estas Casas Reales, 27 de Agosto de 1611. 

El Marqués. 
Lima, septiembre de 1906. 

Luis Várela y Orbegoso 



^(oficia de ía cíuclaGl de ^pnla Qatafina de Quadalcágar 



DE MDQUEGUií 
[conclusión] 



PRIMEROS POBLADORES DE LA VILLA DE MOQUEGUA 



i^Br. Juan Guerrero de Vargas 

Cura de id. 
X)iego Fernández Maldonado 
^amón Hurtado de Mendo- 
za 
Dn. Alonso de Vizcarra 
XrUÍs del Alcázar y Padilla 
Juan de Máznelo 
-Andrés de Espinoza 
Juan de Adrada 
Prancisco Vasco de Saavedr^ 
Cristóval Pérez Cugate 
XrUÍs Vélez de Córdova 
Martín Vélez de Córdova 
Bartolomé Julián Salazar 
Femando de Tóvar 
Juanes de Zaconeta 
Diego Fernández Talavera 



Diego Velásquez 
Juan Bueno de Salazar 
Francisco Rodríguez Bailón 
Pedro de Villalobos 
Gabriel Ladrón de Guevara 
Gerónimo de Barrios 
Juan Escobar 

Diego Rodríguez de Santenda 
Julián Martínez 
Baltazar Berru 
Isidro de Cáceres 
Pedro de Quiroz 
Juan de Apráez 
Juan del Río 
Pedro Díaz 
Francisco Rodríguez 
Diego Bravo, y 
Gerónimo Duarte 



Estos son los vecinos del pueblo de Santa Catalina de 
Moquegua en Agosto 14 de 1611. 



322 



REVISTA HISTÓRICA 



VECINOS DEL PUEBLO DE SAN SEBASTIAN DE ESCAPAGUA, 
VALLE DE COCHUNA, JUNTO AL DE MOQUEGÜA 



Juan de Olea y Medina 
Román Hurtado de Mendoza 
Juan de Mazuelo 
D*. Clara de Arana 
D*. Mariana de Saavedra 
D*. María de Guevara 
Bartolomé Martín Quintani- 
lia 



Juanes de Zaconeta 
Luís Vélez de Córdova 
Francisco Corzo 
Gabriel de Guevara 
Diego Hernández Talavera 
Juan Cancino 
Pedro Villalobos 
Juan García 



En Octubre 7 de 1613, á f. 320. 



VECINOS DE MOQUEGÜA EN JUNIO 29 DE 1614 



Br. Juan Guerrero de Vargas, 

Cura 
Almirante Juan de Olea 
Diego Fernández Maldonado 
Alonso de Viscarra 
Fernando de Córdova 
Román Hurtado de Mendoza 
Luís del Alcázar y Padilla 
Br. Cosme Pérez de Ayala, 

presbítero 
Juan de Mazuelo 
Rodrigo de Mireles 
Juan Ramírez de Adrada 
Andrés de Espinoza 
Luís Vélez de Córdova 
Juan Bueno de Arana 



Felipe Estrada 
Juanes de Zaconeta 
Cristo val Pérez Cugate 
Grabriel Véléz de Guevara 
Luís de Adrada 
Antonio Rodríguez de Corte 

Real 
Francisco Rodríguez Bailón 
Juan López 

Diego Rodríguez de Castenda 
Gerónimo de Barrios " 
Juan de Rodas 
Juan del Río 
Francisco Rodríguez 
Pedro Martín 



Estos vecinos contradicen el poder antes dado, en Agos- 
to de 1611, ante Diego Dávila, Escribano de Su Magestad. 



NUTICIA. DE MOftUKGUA 



323 



Los vecinos del pueblo de Moqiiegua, confirmando la 

j3^^ y concordia, condiciones 3^ capitulaciones que entre los 

v'^e'C^iTios de este pueblo de Moquegua y de la villa de San 

F* i--^^ndsco de Esquilache en el asiento de Escapagua, valle de 

Oc:»"«:rhuna, tienen tratado y concertado el lugar donde ha de 

^ir^^^ir la población el lltmo. Sor. Dn Fr. Pedro de IVrea y 

C^ i^i vnaldo, 2"^ Obispo de Arequipa, su fecha Junio 16» á f. 59, 

^^^^t« Diego DáviU, son tos siguientes; 

Capitán Sargento mayor Francisco de Arteaga y Soto- 
^-DT, Alcalde de la Santa Hermandad de esta villa de San 
r%.ncisco de Esquitadle* 

Capitán Rodrigo de Arteaga y Sotoma3^or, su hermano 

Dn. Pedro de Mesa Montalvo 

Dn. Luís del Alcázar y Padilla 

Pedro de Arvisu 

Gonzalo de Mazuelo 

Hernán Velásquez Dávila 

Luís Vélez de Córdova 

Alonso de Estrada 

Gabriel Vétex de Guevara 

Rodrigo de Mi retes 

Bartolomé Martín Quintanilla 

Martín Vélez de Córdova 

Antonio Rodríguez Corte Real 
Juan del Río 
Juan de Pomadera 
Juan de Loayza 
Juan Bautista Escobiir 

Diego de Escobar 

Diego Felipe de IJlIoa, y 
^^ Juan Rodríguez de Ves, vecino y Teniente general de este 

^^^ * í e y partido de Colesuyo, 

Y Este Sor. Teniente de Correjidor Donjuán Rodríguez de 

jj* ^^ y tos suyos faltaron al comprometimiento hecho en Ju- 
Q^^^^ 1^ ^^ 1620, desairando al limo. Sor, Obispo de Arequi- 
^^ ^ en que se hiciese y fundase la población en el tugar, sitio 
g^^^^^^ndíciones delineadas en pro de ambas partes, í|ue dispu- 
^^1 Obispo* Siguió el pleito adelante 3^ entre otras contra* 



324 



REVISTA HISTÓRICA 



dicciones Y diligencias que hizo, fué comprometerse á darle á 
Luís Hidalgo, visitador detierraseoesteañode 1620, la can- 
tidad de mil pesos para que ^^ane provisión de su Excelencia 
el Sor, Virrey Príncipe de Esquiladle, se haga la población 
de la villa donde todos la pidieron en virtud de los dos an- 
teriores poderes. Así Octubre 25 de 1620, A f. 160. 

Amas del anterior compromiso, con fecha Julio 2 de 
1621» hizo 2^ compromiso ádar 2.000 pesos fuertes al Capi- 
tán y Sargento mayor Dn. Francisco Arteaga y Sotomayon 
Y éste gane con todo esfuerzo provisión de dicho Sor. Virre3* 
Príncipe de Esquilache para que cese de todo punto y no que- 
de nombre de villa á la que llaman villa de San Francisco de 
Esqnilache. Y si ésto no se pudiese, para que se haga y fun- 
de la villa en este pueblo de Sexiora Santa Catalina de Mo- 
quegua. 

Retirado á España el Sor. Príncipe de Esquilache, en I>i- 
ciembre de 1621, siguió nuevamente el pleito ante la Real 
Audiencia Gobernadora, y más lo siguió ante el Sor. Virrey 
Marqués de Guadalcázar, que después de ser Virre3- de la 
Nueva España, entró en Lima, en Julio 25 de 1622- 

Más, el Sor, Obispo Dor. Dn, Fn Pedro Perea de GrimaU 
do, apesar de verse desairado de los vecinos de Moquegua^ 
no cesó su celo en amistarlos, mandó en 1624 una misión 
del Colegio de los PP Jcsuitas de Arequipa, y fueron los PP 
Diego Baranda y Juan Bautista Chacón, clérigos predicado- 
res de la Compañía de Jesús, quienes predicaron con tanta 
unción, celo y acierto que lograron reconciliarlos á unos y 
otros vecinos de ambos pueblos entre sí. 

Se hizo esta paaí, unión y concordia entre los vecinos de 
la villa de San Francisco de Esquilache, valle de Cochuna, y 
los de este pueblo de Santa Catalina, valle de Moquegua, so- 
bre lafnndación delavilla á presencia de dichos RR. PP. Die* 
go Baranda y Juan Chacón y de Juan de Mesa MontalvOt 
Teniente General de Correjidor de este dicho pueblo y val le y 
provincia de Colesuyo por el Capitán Dn. Francisco de Pax 
Origüela, Correjidor de dicha provincia, ante quienes se ha- 
blaron y abrazaron unos y otros vecinos, bajo cuatro con- 
diciones que contiene este documento de paz, siendo la pri- 
mera de que estarán y pasarán por lo que el Sor. Virrey sen- 



NOTICIA DE MOfiüEGUA 



325 



teocrriare. Así ante Pedro de Peñaloaa, Escribano de su Ma- 
g-crst *'id. 

En fin, dicho Sor. Virrey, ánombredel ReyDn. Felipe IV, 
tm. hm.ito villa al pueblo de Santa Catalina de Moquegua, dan- 
^<^1^ el título de su marquezado de Guadalcáxar, y así se ti- 
ltil ^^ desde Mayo 1^ de 1625. En orden á la existencia de ssu 
** "t 1^ lo y confirmación, ya se han dado anteriormente las no* 
^i«^i ^s que constan en los archivos. 

En Enero 18 de 1823, el Soberano Congreso Constitti- 
3'*<^«-» ^e del Perú, concede á la villa de Moquegua el título de 
^"«-^tílad, cuyos nobles hijos proclamaron expontáneamente 
•^^ m independencia, en el año de 1814, y han dado apreciables 
r^^ timonios de su valor v constancia en las libertades del 



Patria, y el pueblo de Torata el de 



El mismo Soberano Congreso Constituyente del Perfi, 
fecha Lima y Junio 6 de 1828, decreta: 
Artículo Primero: La ciudad de Moquegua tendrá el tí- 
^^^l^D de Benemérita á la 

Art, Segundo: De los productos de los ramos que con^ 

•^ ^^VVjuye aquella provincia, seasignarán diez mil pesos anua- 

^^^s, por término de dwz años, que empezarán á correr desde 

^^ * de 1830, para la importante obra de dar agua á la que- 

^^^rada de Huanerosy aumentar las del rio de Moquegua. 

El año pasado de 1832, salid otro Supremo decreto del 
oberano Congreso General del Perú, comience Moquegua á 
ercibir tres mil pesos para llenar el objeto del anterior de- 
reto. 

Los vecinos de la villa de Esquilache que firman por esa 
larte la dicha escritura de pa^, unión v concordia, son: 
El Almirante Juan de Olea, Regidor de dicha villa, 
Juanes de 2aconeta, Regidor de idem* 
Ramón Hurtado de Mendoza 
Diego Fernánde55 de Curdova 

Fosé Fernández de C ordo va y Arana, RcgidoT de dicha 
rilla 

Andrés de Espinoza 

Fernando Tobar, Procurador de dicha villa 
Cristo val Fernández Cornejo, Regidor de ídem, 
Juan Martínez de Urdanibía 



326 REVISTA HISTÓRICA 



Los vecinos del otro pueblo que firman dicha amistad, 
paz, unión y concierto, son: 
Juan Rodríguez de Ves 
Diego de Avila 
Gerónimo de Máznelos 
Capitán Don Luís de Alcázar y Padilla 
Pedro de Montalvo 
Pedro de Arbisu 
Francisco de Galdames, y 
Luís Vélez de Córdova. ' . 

Noticia de Doña Usenda de Loayza y Bazan ; 

Esta antigua señora es hija legítima de Dn. Francisco de 

Loayza y Castilla y de D* Chávez y Valdés^ veci- 

[\ . nos que fueron de la gr^n ciudad del Cuzco. Fué mujer de 

li^ ./ tres caballeros; 1° Dn. p óminf ^b de Vargas Carvajal, caba-^ 
p-*'* llero del orden de Alcántara, en él añode 1624; 2° Dn. Alber- 

' :'.'■' I to Cervantes y Carranza, caballero del orden de Calatrava, 
'"' ^ en 1628; y 3^ Dn. Diego Gómez de Sandoval, caballero del or- 
den de Santiago en 1639. En tiempo de los dos primeros 
maridos hizo trato con don Cristóval Rodríguez Carbone- 
ra y con el Licenciado Dn. Domingo Pérez,Cura v vicario de 
Moquegua, para que estos cultivasen de viñas, alfalfares y 
huertas, todo lo que pudiesen de todo el valle de Cupina, 
propio de esta señora, y después partiesen por mitad una 
parte para su dueño, dicha D* Usenda, y la otra parte para 
los dos dichos señores Carbonera y Cura vicario Pérez. 

Esta señora dejó todo su haber que le tocó en Cupina^ 
es decir su media parte de lo labrado y cultivado por aque- 
llos señores, y-Io demás que quedó sin cultivar, que era y es 
su\''o, al convento grande de la ciudad del Cuzco de nuestra 
Señora de las Mercedes, con los cargos y condiciones quede- 
be tener, sin acordarse para nada de Moquegua, lugar si- 
miente de sus haberes. La otra parte de lo cultivado, lo que 
por mitad de ella perteneció á Don Cristóbal Rodríguez Car- 
bonera, la posee esta familia hasta el día de hoy. 

Mas la parte que tocó al Cura vicario Dn. Domingo Pé- 
rez, apenas se vé en algunos instrumentos antiguos que tie- 



NOTICIA DE MOQUEGUA 



327 



ff»^' «licho Cura ó le toca y pertenece á dicho Cura tantos y 
t^ tm ^Ds miles de dichas haciendas de vina del linaje de los di- 
elm€z:*s Carbonera; mas no se tiene noticia quién posea la par- 
^^ «^ ^ viñas de este Cura* 

Este Cura y vicario se fué á España con condición de que 
^^*^<:^ ^1 año mandase fe de vida; así lo ordena y dispuso el 
^^ ^"«"^ <i. í^ov. Obispo de Arequipa de esa sazón, Dor. Dn* Pedro 
^^^ "N-^itlaír6me«. En un principio mandó tal fe de vida; des- 
P'^^s dejó de mandarla, cual consta del instrumento de Oc- 
^^^Irzk^e 15 de 1640, en cuya virtud se pruveyóel curato en su 
^^^'-^«^^sor, que parece en la nomenclatura antecedente de los 
^^F*^ '^^is de Moquegua. Así se demuestra eii varios instrumen- 
^^^_*^ públicos de este archivo de Cabildo, y no hay más ra- 
^^^^^ ^^ de tal Cura, ni quien el día de hoy sea legítimo poseedor 
fcu parte cultivada de viñas y tierras en este valle de Cu- 






^^ Dicha Sr. Da. Usenda de Loayza y Bazán testó en el 

I ^^^co, en Junio 25 de 1746^ testamento cerrado, ante Barto- 

^^^ ^Hié de Arce, Escriban o publico y de Real Hacienda. En el 

^ '^"otocolo de 1650, á f. 340 del oficio de Cabildo, se hallan 

^*^ testimonio, con cabeza y pie, varias cláusulas de este tes- 

^^^^mento* Sus albaceas son el Dor. Dn, Francisco Calderón 

^^^ Robles, Deán de la Santa Iglesia Catedral del Cuzco; Dn 

^^ran cisco de Lpayza y Castilla, su hermano, caballero del 

^^ abito de Santiago; Dn* Alejo de Salas y Valdés, su primo, 

^^aballero de orden de Calatrava; Dn. Juan de Salas, su pri- 

^>io, feudatario de esta dicha ciudad del Cuz:o; 3^* el R. P. M. 

*^r. Marcos de Medina del orden de nuestra Señora délas 

^Ici cedes de esta dicha ciudad del etc* y sigue lo demás de 

estilo í^u los testamentos. 

En el instrumento Julio 16 de 1604-á f 386-consta que 

^ti él año de 1564 ya había en este valle iglesia parroquial, 

^n la que se administraban por el cúralos Santísimos Sa- 

crramentos, entre ellos el del matrimonio; es decir, que ésto 

fué á los principios de la conquista, pues siendo ésta en 1530, 

por la parte de nuestro Perú, solo dista ésta de aquél año 

33 á 34 años: luego, es congruente hubo iglesia parroquial 

A la par con la parroquial de Arequipa, cuya fundación fué 

el añade 1540. 



328 



REVISTA HISTÓRICA 



En Julio 2 de 1601» consta que en 1593 Andrés García se 
casó con Ana Hernández, hija legítima de Nicolás Hernán- 
dez y de Isabel de Cuequíca< Y en el mismo dfa que se cele- 
bró el desposorio y casamiento, antes de consuniar cópala, 
se hribo noticia que dicho Andrés García era casado en Es- 
paña; y luego fué preso por el Cura vicario de este valle Dn> 
Luís Fernández Barchilón. Se remitió al Santo Oficio de la 
Inquisición de Lima, quien fué sentenciado por ello y saca- 
do en el auto público de la fe, 

¿Cuántos de esta especie habrán el día de hoy y habrán 
habido antes? En nuestros días se conoció en esta ciudad á 
un José Contí, español, arquitecto de profesión, que casó 
aquí con Da. María Vargas, por !o que huyó y no se sapu 
de él nada hasta hoy. 

En el año de 1615 consta (que) los indios tenían dos es^ 
- oecies de superiores; unos se llamaban Caci ues y los otrosí 
se denominaban Chi! acatos. 

En Febrero 1^ de 1714-á f. 8*obra el testamento del Ca— 
pitan Dn. José del Alcázar y Padilla y su esposa D^ Ana Ma- 
ría de Peñaloza Fernández Maldonado, en el que como n 
tiene hijos ni ascendientes, dejan todos sus cuantiosos bie-ñ^ 
nes para la fundación de un monasterio, ó ásu falta, de ue 
ibeaterio, con título de señor San José, en esta villa. Mas e 
limo. Sor, Dn, Juan Cabero de Toledo, Obispo de Arequipa 
se lo llevó y fundó en dicha ciudad. 

El Síndico procurador y Cabildo de Moquegua red 
man de esta injusticia hecha contra la expresa y terminan 
te voluntad de sus fundadores- Así el documento Abril 13 
de 1724, y apesar de ^to no se le ove y se funda el monas^ 
terio en Arequipa, con título de Santa Rosa, 

En Enero 26 de 1631 el Cabildo, Justicia y Regimiento - 

de esta villa pide á su Magestad se funde en ella un conven ^ 

to de recoletos descalzos de N.P. San Francisco, para ei bierx' 

' espiritual de sus habitantes y que ayuden al párroco en suj^ 

ministerio pastoral. Para ello dan su poder á Juan Rodrí 1^ 

^ guez Fizarro, agente de negocios en las Cortes de su MagesJ^ 

^tad. 

Este acto religioso y cuantos se han notado, así del C 
bildo eo coman ^ como de los señores particulares de la \^11; 



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NOTICIA DE MOQUEGUA 



329 




rucha su religiosidad, eclo del catolicismo y amor ñ la vir- 
pcL Dic*s quiera renazcan aquelíos tiempos en nuestros días, 
sí en común como en individuo particular. Amén 

En Junio 1^ de 1630 se remató el rastro de carne para 
! abasto de la población, señalando para el rastro las fal- 
as del cerrillo en donde estaba la hermita ó capilla del se- 
undo patrón de esta villa» San Bernabé Apóstol, Al tenor 
este documento se vé con repetición otros muchos, cuto 
"^&¡e tupio debe ser norma para poner el día de hoj las car ni* 
'^^zrerías fuera de la población, pues la inmundicia del rastro 
-^^trae putrefacción y pestes j es contra la exacta policía de 
L^^ljh país civilizado como el nuestro. 

^^f En Noviembre 24- de 1606^á í\ 161-consta se esperaba 

f^^z^n este pueblo de Santa Catalina de Moquegua á los frailes 
ecotetos descalzos; luego es prueba que muy antiguamente 
ra los había pedido este pueblo y se esperaba su llegada pa- 
o. su total consuelo espirttuaL 

En 1630-á f. 200-indiea suficientemente que esta villa 
ienc ya en esta época algunos propios; por lo que piden á 
Magestad la aplicación de las alcabalas, para engrosar 
aquellos. 

En Mayo 17 de 1828 el Sor* Diputado por Moquegua, 
Dor. Dn, Manuel Hurtado y Zapata, giró expediente ante 
<&1 E^cmo. Sor, Presidente de la República peruana [para] que 
apli€[ue á esta iglesia Matriz una hijuela de vinos del no- 
^veno de diezmos, en cumplimiento de la Le}^ 23, Tit. 16, 
X-rib. 1^ de la Recopilación de Indias y de la cédula de 23 de 
Agosto de 1786, atenta la pobreza calificada de esta Igle- 
sia.. Se pasó á la comisión de Legislación y Eclesiástica. El 
Sor. Ministro de Hacienda responde ser justa la petición y 
C|ue la escascís de la gruesa decimal ha entorpecido este lle- 
no- Esto responde el Sor. Ministro de Hacienda- 
Las comisiones responden: que siendo el Congreso ser- 
-irido, podrá mandar se lleve á efecto la ley indicada, luego 
cjue lo permitan el estado fíela gruesa decimal y las circims- 
t:aiicias de la Hacienda Nacional. 

Se instó esta materia en 1S35, ante el Excmo Sor» Pre- 

ite Provisional estando en Arequipa. Su Exea, pidió 

6 



330 



RE^TSTA HISTÓRICA 



informe al Iliuo, Son Obispo de Arequipa, el que, para con- 
testarlo, lo pidió al venerable Deán y Cabildo, el que hasta 
hoy no ha contestado nada» que estamos en 1840* Sería de 
desear que la petición 3^ declaración hecha por el Ilmo- Sor 
Dn. Pedro de Villagómez en 1631, y reproducida por el Sor. 
diputado en 1828 y 1835, tuviese su cumplido efecto, con 
los sufragios y bondad de las sanas autoridades que nos ri- 
gen en 1840, 

En Junio 26 de 1609 se noticia que los paredones y de- 
pósitos antiguos de los naturales de este pueblo se llamaban 
Tambochi. Y en esta época va estaba hecha, en uso y ejerci- 
cio, la hermita ó capilla de San Bernabé, sobre la cima de- 
un pequeño cerro que lleva hasta hoy la denominación de 
San Bernabé. 



r 4 



Matrimonio celebrado tres teces 



, Luís Vélez de Cor d ova Ladrón de Guevara, el ríe 
jo, primer Alguacil mayor de esta villa de Moquegua, viudo^ 
de Da. Teresa de Moran y León, confiere su poder al Licen jk^ 
ciado Dn. Luís de Lozada y Quiñones, Abogado de la Rea -^ 
Audiencia de Lima, y esposo de Da. Antonia Vélez de Gue-^ 
vara, residentes en Arequipa, para que se case con Da. Leo ^r^ 
ñor Véleg de Guevara, hermana mayor de dicha Da. Anto <:: 
nia, residente dicha Da, Leonor en Lima; quien igualmente- 
confiere su poder á su hermana menor, dicha Da. Antonia ^ 
para que por elle se case con Dn. Luís Véle^ de Córdova, re- '^ 
sidente en Moquegua. En esta virtud de dichos ambos po-^ 
deres, se casaron la primera vez en Arequipa, en Febrero IS^ 
1641; y los casó el Sor. Chantre de esa iglesia Catedral, cor^^ 
licencia del limo. Sor. Obispo. I 

Puesta Da. Leonor Vélez de Guevara en Arequipa, ratifi^i^ ^ ^'fi- 
ca dicho matrimonio el enunciado Licenciado Dn, Luís d £» ^^ 
Lozada 3^ Quiñones con la misma Da* Leonor en person:?^-*"^^^* 
Los casó el Dor* Dn. Francisco Ortuno de Urrieta, Proviscr^ ^^sar 
y Vicario general de este Obispado de Arequipa ^ en 23 ¿^ de 
Septiembre de dicho año de 1641. 



NOTICIA DE MOQUBGUA 



331 



SU 






Xlegó A Moquegua Da 

matrimonio can la 

Ladrón de Guevara. 



. Leonor Vélez de Guevara 3^ rati» 
persone 



de Dn. Luís Vélez de Cor- 



Los casó el Licenciado Dn. Pedro 



j^ --^«-án, Cura de Torata. con licencia de Cura de Moquegua, 
^j y^ - Melchor Fernández de la Cuadra, en Septiembre 30 de 

^^Ho añodel64L 
^^^ Couque, veamos aquí un matrimonio contraído tres ve- 

'^^^^; primero: entre los dos apoderados de arabos contrayen- 
^^^^^^^s, en Febrero 13 de 1641; segundo: entre el apoderado de 
^ cent rayentey el otro contrayente en persona, en Septiem- 
"%ie 23 de 164-1: y tercero: entre los dos contrayentes perso- 
nalmente, uno y otro, en Septiembre 30 del referido año de 
641. 

En Octubre 7 de 1650 consta que Diego de Nava admi- 
istró veneno y tósigo á su mujer Da. Luisa Velásquezde 
^^Eíspinosa y Bilbao, Dios nos libre de tanto mal y peligro. 

En el año 1651, consta y parece [que] se descubrieron 
^ o^ baños saludables de diversas aguas de azufre y fierro y o- 
^iircisy agua caben te en el pueblo de Pu tina. Esto parece ser en 
^ ^ doctrina y pueblo de San Felipe de Carumas, á donde 
"Van con frecuencia las gentes de Moquegua y otras partes 
^ue liecesitan tales baños. Sería de desear que se allanasen 
1 n. fragocidad y escarpados peligrosos trecbos que de Ca ru- 
anas al dicho baño tiene el camino» y que allí, en favor de la 
«aolicntc humanidad, se hiciese una habitación. 

En Julio 6 de 1652, conista que en la calle mayor, que 
llamamos calle del Medio, hacia tres cuadras de la plaza 
para arriba, como quien vá al hospital que hoy existe de la 
religión Beletmítica, había una hermosa capilla dedicada al 
otilto de San Juan. Así á f, 140 v. 

No expresa el instrumento qué San Juan sea, pues la L 
>^1esia de Dios ha declarado muchos más santos del nombre 
le Juan que de otros nombres* Se deduce» por consiguiente, 
sería de San Juan Bautista, porque á este glorioso precursor 
de Nuestro Señor Jesucristo se le hacía en la antigüedad su 
fiesta, cual consta de varios instrumentos. Hoy no existe 
la capilla. 

En Septiembre 17 de 1653, consta que don Juan de Quín- 
lilla gastó el pasado año de 1652 l^gi^idad de mil qui- 



332 REVISTA HISTÓRICA 



nientos pesos en la fiesta que hizo á San Juan. Reflexione 
cada uno según su devoción en esta materia. 

En Abril 17 de 1653— á f. 113— consta que Tomás An- 
drade, natural de Arequipa, dio muchas heridas á su mujer^ 
Florentina de Pastrana, natural de Moquegua, de cuyas 
heridas murió á pocas horas. 

En Junio 30 de 1653, remite á Dn. Simón Guerra de He- 
rrera, juez pesquisidor, los cómplices de la muerte del Exc- 
mo Sr. Vizconde de Portillo. 

Por superior decreto de Noviembre 23 de 1652, el 
Excmo. Sor. Dn. García Sarmiento de Sotomayor Conde de 
Salvatiera, concedió licencia á nombre de S. M. el Sor Dn. 
Felipe IV, para que en esta villa se funde la hospedería de 
Nuestra Señora del Rosario de frailes predicadores; de cuya 
confirmación en convento y monasterio, fecha en Marzo 10 
por el Sor. Dn. Felipe V; se ha anotado antes. 

En 1661 consta que los RR. PP. de la Observancia de 
San Francisco tienen su hospicio en la casa de Da. Martina 
Quezada Vález de Córdova, hoy casa de Dn. Juan Peñaloza 
Maldonado, cual cabeza de Da. Francisca Casanova Nava- 
rro y Arguedas. 

En Marzo 17 de 1613, consta que el pueblo de Moque- 
gua es distrito de la Real Audiencia de la Plata. Así á f. 
417. 

En Abril 11 de 1656 consta que por mandato del jue^r 
eclesiástico se demolió la capilla de San Juan, déla que se 
ha hablado antes, en el año 1652. Así convendría. 

En Octubre 15 de 1660, manda el Corregidor por auto, 
que todos los maestros de sastrería, zapatería y demás ofi- 
cios, den fianza de todas las obras que entran en su poder. 

En Diciembre 11 de 1663 se determinó suprimir la hos- 
pedería de Santo Domingo de esta villa, en cumplimiento de 
la Real Orden general de Diciembre 18 de 1653 de que todo 
hospicio se suprimiese. Y Dn. Francisco Gutiérrez Daga Al- 
férez real, y Dn. Agustín Fernández Maldonado y Vizcarra, 
Alcalde provincial, salen religiosamente valerosos al garante 
de que no se suprima y ocurra al Sor. Virrey y ásuMagestad, 
y logran, mediante Dios, susdevotos deseos. Asíáf.327 vta. 

En Septiembre 13 de 1658, Andrés Velásquez de Espino-. 



NOTICIA. OB MOQUGGUA. 



333 



P» 



r 



I 



sa, en compañía de su criado Juan Angola, esclavo, y otros 
3i6 muerte á Francisco Gaklames por haber adulterado con 
*a esposa D* María de la Torre. Se siguió la causa por sus 
iramitcs y fué libre del homicidio; se desembargaron sus bie- 
íes 3' íué puesto en libertad por Dn. Francisco Guzmán To- 
etio, caliallero de Calatrava, Corregidor de esta villa. 

En Septiembre 30 de 1650, el Alférez real Dn, Francisco 
utiérrez Dada paga doscientos pesos fuertes á Dn, Diego 
^Alcán por ei valor de la bandera del estandarte real, en que 
^e tasó, cual bienes correspondientes á Dn. Fernando Calde- 
iM-ón, Alférez real que fné de esta villa, y como á su hijo se 
as satisface, por ante Gerónimo Villalobos, Escribano de 
\L 

En Febrero 22 de 1833 se celebró capítulo en el conven- 
o de Santo Domingo de esta ciudad; se eligió prior al P. 
-presentado Fr. Domingo Pico Palacios, 

En Marzo 18 de 1833 se celebró capítulo en el convento 

"Biospitalario de Beletmitas; se eligió por prefecto al P* Fr, 

José de Santa Gertrudis y Cabello, En éste y aquél capítulos 

:Bjroc;edi6 á nombre del Sor, Obispo el Cura vicario propio de 

c?sta ciudad. 

En Febrero 15 de 1G8B consta haber un tambo en esta 
^nlla para comodidad de los transeúntes, arrieros y mar- 
^*hantes. 

En Agosto 26 de 1658 estuvo en Moquegua el Sor. juez 
^'isitador de este valle, el M. R, P. de la provincia de los Do- 
^c Apóstoles de Lima, lector jubilado, Fr* Gonzalo Tenorio, 
^lel orden de San Francisco, y visitó todos los títulos de las' 
liaciendas de este valle, midió las tierras, &, 

El R. P. \L Fr, Marcos de Medina, albacea testamenta- 
Tia de Da. Usenda de Loa^'za y Bazán, presentó los títulos 
^e sus haciendas, qtie cotri prenden desde la angostura del río 
Para Osmori, hasta las tierras de los indios de Carumas, 
que es compra y merced que se le hizo por el Excmo. Sor. 
Dn. Andrés Hurtado de Mendoza, Marqués de Cañete, Vi- 
rrey de estos dominios, á Dn. ,\lonso de Vargas Carbajal, 
en coyo derecho sucedió Da, Usenda de Loayza Bazán, y en 
el suyo, por herencia, los religiosos de Nuestra Señora de la 
Merced redención de cautivos de la ciudad del Cuzco, 



334 REVISTA HISTÓRICA 



Dicho señor Virrey, 6^ en el Perú, entró en Lima en 5 de 
Julio de 1555 y murió en Lima á principios del año de 1561. 
Tal es la antigüedad de los títulos de propiedad de la ma- 
yor parte de este valle en dicha Da. Usenda de Loayza y 
Bazán. 

En Noviembre 14 de.l741 consta que el Cabildo segtiía 
pleito sobre la preferencia de asiento con los señores curas 
de esta villa. No expresa el documento qué asiento querían 
que se les diese al Sor. Corregidor y Cabildo, y qué especie 
de asiento era el de los curas. 

En Diciembre 1^ de 1743-a f. 249— repite el Cabildo y 
extiende 2*^ poder especialmente para el pleito que están si- 
guiendo y defendiendo sobre la preferencia de los asientos de 
Cabildo con los eclesiásticos, al General Dn. Tomás Chava- 
que. Contador del Tribunal mayor de cuentas de la ciudad 
de los Reyes. Luego este pleito está elevado á los superiores 
tribunales de Lima. 

En Enero 2 de 1751 pide este Cabildo al Excmo. Sor. 
Virrey Dn. José Antonio Manso de Velazco Conde de Super. 
unda, del Consejo de S. M., Gentil hombre de Cámara, li- 
cencia para nombrar un alcalde de segundo voto en cada 
año. 

En Febrero 14 de 1781 el Cabildo y vecindario acorda- 
ron de hacer armas y municiones, á derrama de los vecinos» 
para la defensa de esta villa, como en efecto se hicieron. 

En esta época fué la rebelión del indio José Gabriel Tú- 
pac Amaru. 

En Abril 6 de 1752 Don Juan José Quezada Vélez de Cor- 
dova dio muerte con una daga ó puñal que tenía preparado 
al Sor. Don Juan Bautista Jiménez Aspe y Dasa, Reja^dor, 
Fiel ejecutor y teniente de Corregidor y Justicia Mayor ac- 
tual de la villa de Moquegua, hijo legítimo de Don Juan Ji- 
ménez Urbano y Ortega y de Doña Paula Aspe y Dasa; y en 
el mismo instante y con el mismo puñal dio muerte á su le- 
gítima mujer, Doña Pilotea Roa y Carbajal Vélez de Córdo- 
va,casaday velada con dicho capitán Don Juan José de Que- 
zada Vélez de Córdova. Éste hijo legítimo de! Alférez Don 
.Andrés de Quezada Rodríguez de Ves y de Doña Jordana Vé- 
lez de Córdova Salgado y Araujo;y dicha Dona Pilotea Roa 




NOTICIA RE MOQUEGUA 



355 



hija legítima del capitán Don José de Roa Pérex de Tudela y 

^e Doña Clara de Carbajal Vélez de Córdova, por ha- 

^}€rIos pescado ó encontrado á las C de la mañana de di- 

-^'ho día adulterando in frugauti dtíko, para cuyo efecto esta 

^aba preparado y buscando ocasión mucho tiempo antes. 

Se enterró dicho Fiel ejecutor 3' Justicia mayor el 7 de 
^bril de 1752 por la mañana, en la iglesia del orden de Pre* 
Picadores de esta villa. Edad, 54 años. 

Se enterró el cadáver de Doña Pilotea el 7 de Abril por 
la tarde, en la iglesia Matriz de esta vilin< Edad. 3Ü años. 
Ambos entierros de cruz alta- 
Dicho Capitán Don Juan José Quezada Véleís de Córdo- 
va fué libre en todos los tribunales de estas dos muertes, y 
pocos años después se casó y veló con Doña Celedonia Zega- 
rra en la ciudad de Arequipa, 

El suceso ftié en la casa de la esquina de la plajra de esta 
villa, frente al reloj de la iglesia Matriz, al lado de la dere- 
cha Jiacia arriba, casa que es hoy de Don José Chocano Fer- 
nández Cornejo, 



HEREDEROS 6 PRIMEROS VlJ^ATEROS DE ESTE PUEBLO DE SE- 
ÑORA SANTA CATALINA DE MOQUEGUA, ANO DE 1597. 



Dn, Alonso de Estrada y Yizcarra 

Dn. Diego Fernández de Córdova 

Dn* Diego Fernández Godtnes iMaldonado 

Dn. Alonso Fernández Andrada 

Dn. Pedro Ladrón de Guevara, el mozo 

Dn< Bernabé Vélez de Córdova 

Dn. Juan de Dios Ochua 

Dn, Antonio Delgado de Abriego 

D*. María de Sepfilveda 

Dn. Diego Fernández Dá%^ila 

Dn, Pedro Cancino 

La viña Espacalaque 

Dn. Nicolás Hernández 

Dn. Hernán Paria 

Dn. Diego Velázquez 

Dn* Bernabé Rivera Villalta 



336 REVISTA HISTÓRICA 



Dn. Alonso de Vargas Carbajal 

Dn. Andrés de Espinosa Velásquez 

Dn. Diego de Ochoa 

Dn. Ramón Pares 

Dn. Juan de Dios de Escobar 

Dn. Cristóbal Pérez Cugate 

Dn. Juanes de Zaconeta 

Dn. Pedro Pablo 

Dn. Francisco Corso 

Dn. Manuel de Acosta 

Dn. Diego Fernández Talavera 

Dn. Juan Cancino y Bilbao. 

Tales son los hacendados de viña en 1597, y tales soi 

las familias en tiempo que esto era pueblo, las que subsis ^ 

tían al tiempo de la fundación de la villa en 1625, y muchas^^ 
de ellas subsisten hasta el presente año de 1840 años. 

Es cuanto por ahora puedo exponer de la erección 
creación de este pueblo, villa y ciudad de Moquegua. H< 

omitido otros sucesos por la brevedad del tiempo, por sa 

lud que no tengo y que me falta que leer mucho. 

Moquegua, y Julio 31 de 1840. 

Dr. Juan Antonio Montenegro y Ubaldi. 




» :> ♦ € > 



EL CORREGIMIENTO DE SAÑA 

Y 

EL PROBLEMA HISTÓRICO DE LA FUNDACIÓN DE TRUJILLO 

II 

[Continuación] 

Por este tiempo, en 1526, don Francisco Pizarro,tras re- 
T^^tidas contrariedades, superadas con inquebrantable cons- 
tancia, entró, siguiendo rumbo al Sur en el golfo de Guaya- 
quil. De la isla del Muerto, á la que puso por nombre San- 
^a Clara, y donde encontró lisonjeros indicios de la opu- 
lencia del país, pa«ó con su nave al puerto de Tumbes, re- 
conociendo en su travesía una flota de cinco barcas, mon- 
tadas por guerreros tumbesinos, y que iban á atacar á sus 
eternos rivales los isleños de Puna. 

La aparición de la nave española en el puerto de Tum- 
bes filé un acontecimiento estupendo, muy en armonía con 
la trascendencia memorable que tal hecho estaba llamado 
á ttmer en la historia. 

Tumbesinos y españoles al verse por primera vez, se con- 
templaron con profiínda admiración. Hallándose distin- 
tos, con rasgos de idéntica novedad las dos razas, agenas 
á toda prevención, se miraron sin desconfianza ni recelo. 
Revelando sorpresa igual se saludaron en términos amisto- 
sos y con muestras manifiestas de alegría. 

Las primeras relaciones entre indios y españoles se ini- 
ciaron bajo el pie de la más perfecta cordialidad, bajo la más 
grata impresión. Pizarro y sus compañeros abandonaron el 
puerto de Tumbes, haciendo rumbo al Sur en demanda de la 
7 



338 



REVISTA. HISTÓRICA 



ciudad de Chincha, cuya riqueza v suntuosidad pondera- 
ban de acuerdo los naturales. 

Doblada la punta de Cabo Blanco, «te reconoció la her- 
mosa bahía de Paita, mostrada por tin muchacho indígena 
que con e^ objeto les habían proporcionado en Tumbes. De 
allí pasaron al Sur al puerto de Tanga rara, probablemente 
Colán, donde vinieron al buque muchas balsas con provisio- 
nes. Siguiendo al Sur, llegaron los españoles hasta las cos- 
tas de la pro\ incia actual de Santa- Cerca de las Islas de 
Lobos se o^-eron bramidos espantosos, pero habiendo reco- 
nocido dichas islas, se averiguó que procedían de una mul- 
titud asombrosa de lobos que se hallaban reunidos allí; 3" 
por último, atendiendo reclamos de la tropa, que deseaba re- 
gresar á Panamá, alegando que va se habían recogitlo no- 
ticias bastantes del territorio, se emprendió viaíe de vuelta, 

A poco, mientras se preparaba la expedición española 
llamada á invadir el territorio peruano con elementos mili- 
tares de alguna consideración, estalló la guerra entre Ata- 
huallpa y Huáscar. 

Habiendo muerto el Curaca ó Cacique délos Cañnris, 
su hijo y sucesor, con el voto de los principales de la pro- 
vincia, reconoció la soberanía de Huáscar. El rey de Quito 
atacó á los cañaris, tratándolos como á rebeldes y los del 
Cuzco acudieron en auxilio de éstos. Yupanqui, general cuz- 
queño, derrotó á Atahuallpa y lo hizo prisionero; pero hur- 
lados por una mujer sus guardianes, pudo el rey fugarse de 
la prisión y obter*er su libertad* Regresó á Quito, reanimó 
á sus parciales y con un nuevo ejército logró vencer en Ara- 
bato las troas de su rival, dispersándolas y quedando due- 
ño y señor de esas provincias, hasta Paita. 

Reorganij&adas sus tropas, á las que la victoria había 
envídentonado, se dividieron en dos cuerpos. Uno recorrió 
los pueblos del Norte, bajo las inmediatas órdenes del rey, y el 
otro avanzó hacia el Sur, mandado por el general Calcucbí- 
mac, sin encontrar mayor resistencia á sus armas vencedo- 
ras, hasta las inmediaciones mismas del Cuzco. El Gober- 
nadtjr ó Cacique de Tumlies, cuando el ejército del Norte se 
internaba para Cajamarca, salió personalmente al encuen- 
tro ílc Alaluiallpn y lo trajo á sus pro vincias con una parte 



HL CORREGIMIENTO DE SANA 



339 



rf^el ejército, para atacar á sus vecinos de Puna, que pernia- 
^m^cian fieles al emperador del Cuzco* Mandó Atahuallpa tra- 
l:>«ijar gran número de balsas y mientras terminaba tales 
X^^^parativos, ordenó á sus capitanes expedicionaran por el 
i^iterior, donde en pocos meses sometieron Caxamalca, Cha- 
<r lia pojas y Moyoljamba. 

Cuando estuvo lista la flota de balsas, ge embarcó Ata^ 
Inuallpa can doce mil hombres, haciendo rumbo á Puna, Los 
isleños estaban esparcidos. Salieron á encontrarle hasta la 
Tuttad del Gollb. Trabóse terrible combate entre ambas ma- 
rinas j Atahuallpa cayó herido gravemente, circunstancia 
c|ue le impidió perseguir á los isleños que se retiraron triun- 
fantes. El rey herido fué llevado a Caxamalca y sus tropas 
se desalentaron. Los isleñas entonces emprendieron sobre 
Tumbes, tomaron la ciudad, la saquearon é hicieron 600 
prisioneros* 

Mientras tanto, el ejército de Quito á órdenes del gene- 
ral Calcuchímac, avanzaba camino del Cuzco, En la llanu- 
ra de Quipaypan se libró la batalla y la victoria se decidió 
por aqueL Huáscar fué hecho prisionero. 

El rey de Quito para aprovechar mejor su triunfo, orde- 
nó que el general Quizquix ocupara el Cuzco y que Calcuchí- 
mac, con el emperador cautivo se replegara á la posición 
central de Xauja. Tomó la borla imperial y se apresuró á 
recibir homenajes como único soberano. 

¡Ya estaba Pizarro en el Perú, y para los hijos del Sol, 
se acercaba el momento dt su caída ! 

La hecatombe de Caxamalca poco se haría esperar! 
El rey de Quito, temeroso de que su hermano Huáscar, 
podría ser muy ütil para instrumento de los conquistadores 
por su carácter blando y flexible, se resolvió apartarse de 
una vez de aquel estorbo, condenándolo á la pena capitaK 
Sus órdenes fueron puntualmente ejecutadas, y el desdicha- 
do príncipe fué ahogado, según se dijo, en ebrio de Andamar- 
ca, declarando al tiempo de espirar que las blancos venga- 
rían su muerte y que 3U rival no íe sobreviviría mucho tiem^ 
po (1). Así pereció el desgraciado Huáscar, el heredero 

fl) A de Herrera, Hist, General Dic. 5 lib. 3, cap. 2* 
XcT^. Conq. del Perú, líb. 2. cap. 6, 
Kaliarrü, Reiñciótí Sumuna. 



340 



ñEYISTA HISTÓIírCA 



legítimo del trono de los Incas. 3- pocos meses después le 
tocó su turno á su hermano el usurpador, cuya ejecución 
tuvo lugar en la plaza de Caxamalca en la noche dei 29 de 
Agosto de 1533, noche en la que se le aplicó la infamante 
pena del garrote* ¡De esta manera j como un vil »nalhechor 
pereció el rey de Quito, el ültmio de los Incas! (1), 

El 61 timo Régulo independiente del Gran Chimfi que res- 
pondía al nombre Chimú Cancho, al reconocerse á mediados 
del siglo XIII tributario del Emperador Pachacútec Inca, 
El Hazañoso, era señor de ocho dilatados valles, d primero 
de ellos daba principio en Haramonga y el último en Tum- 
bes* Esos valles eran conocidos con los nombres siguientes: 

Valle de Saña, 

„ ColHque, 

,, Centu, 

,, Tucrtii, 

,, Sallanca, 

,, Mutupi, 

„ Puchin, 

,, Sultana; y 
Tierra adentro, 

Garcilaso en sus Comentarios Reales, tomo I, pág. 304, 
señala, además, los lugares de Chunana, Chititui, Collan- 
che y Ya cual. 

Chanchán queda en el promedio entre Trujillo y Huan- 
chaco y tenía casi una legua de circuito, con un caserío con- 
tinuado é interrumpido a trechos por terrenos de labranza, 
cuyos surcos se notan en el día. Allí abundan las Iluacas, 
que son hipogeos 6 müntículos que se han formado á mano 
sobre palacios y templos, y que ocultan grandes tesoros, 
siendo las más notables la de Toledo; la de Concha que 
perteneció á don Miguel Concha y Mansuvillaga; la de la 
Misa y la del Obispo, que es de piedra 3^ la más grande 
de todas» y que dista media legua de la de Concha. Se supo* 
ne que hay un pasadizo ó comunicación subterránea que dis- 
ta tres leguas de Trujillo. Según el padre Calancha se sacó 
mucho de la huaca menor llamada Tosca^ en el camino de 



i 



(1) Prtscott, Coaq, áeí Perú, tomo I, pág. 549, 



« 



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el ^ 

a. 



^mch^Qo; y Escobar Corchuelo extrajo de ellas más de 
^nta mil pesos, sin lo que ocultaron del quinto del Rty, 
^602 se trabajaba la huaca más j^rrande y se estrajo un 
E o ó figura de oro, en forma de obispo, de donde es p róba- 
le venga el dictado de Huaca del Obispo. Al este de 
LJiIlo,á tres cuartos de legua de la ciudad, hay otra huaea 
se llama El Templo áe! Sol, y que parece haber tenido 
a casa para la^ vestales [acllahuasi]; de allí se divisan la 
^* «-*^:3ad, el valle y el mar. 

El templo del Sol fué hecho en tres días» según la tradi- 
1, por 200,000 intlios que debieron acudir de toda la co- 
ren. Han se sacado de él en oro y plata grandes riquezas. 
nifestaron unos de que S. M. llevó 104,000 ducados por* 
uinto. ¡Algo escondería la codicia y mucho repartiría 
adulación! (t). 

Allá por los años de 1619, vecinos y soldados trabaja- 

con agua para derrumbar esa huaca; y fué de allí de 

^^tide Martín de Astete, entonces teniente gobernador de la 

"^^Xla de Trujillo, extrajo antes del 6 de Noviembre de 1535 

^^ma de cien mil pesos y una silla de oro con perlas, que des- 

*>^zo(2). 

La huaca de Yomayocgvan [por otro norabreel Peje Chi- 
^^o] se llama de Toledo porque el español don Garci Gutiérrez 
^^e Toledo la trabajó por indicación de su compadre don An- 
tonio Chaihuac Casamusa, primer cacique cristiano entre 
• os descemlientes de Chimú^ Cbamun Cnnchit, el que con 
^us compañeros tuvo que expiarsieteaños en la cárcel el des- 
cubrimiento que hizo. 

Explotada esta huaca produjo al rey por quintos^ del 
^2 de Julio de 1577 al 12 de Julio del siguiente año 58p527 
castellanos de oro, y 27*020 en 1592, en barras, tteos, ani- 
males y diversas figuras de oro. Por manera que avaluan- 
do el peso ó castellano de oro en once pesos setentisiete cen- 
tavos [Lp. 2--12'-*6]^ los 85,578 pesos de oro dañan un 
resultado aproximativo de un millón siete mil pesos de á 

^1) En iTe lo» muchos cronia tas que se han ocupado de las riquexas 
del Chimü figura ci R, P, de CaJancha, Crónica de Saa Agastín, lib 2. cap. 
35, pág. 485. 

(2) Mendoza Coíeccián dé Dacamentos Inéditos, toma X, pág. S12. 



342 REVISTA HISTÓRICA 



\ 



48 peniques (1), y esto sin fijarse en la gran diferencia qi 
el valor de esas obras de arte en metales preciosos represe: 
tarían tal vez el quíntuplo ó séxtuplo de su valor (2). \ 

como hubo fraudes en la extracción del quinto quealre^^ev 
correspondía, no es aventurado asegurar, que el oro encor ^on- 
trado en esa huaca sumaría otro millón más de duros, t- Si 
bien es cierto que los historiadores difieren en la cantidfv^^aad 
extraída de sólo la huaca de Toledo, es* porque no viercz^^on 
las partidas originales de los asientos hechos en ordGi^wa 
cronológico en los libros de las Reales Cajas de Trujillo: c^mde 
manera que, según esos datos, el historiador Lecuanda av n- 
lúa el quinto en 135,541 pesos de oro, cuyo valor intrínsic^nra 
era de 1,595 317 pesos 57 cen. de 48 peniques. 



El asiento de la corte del Chimú fué el lugar conocid 
hoy con el nombre de Chanchán. La esposa del monarc 
era designada con el nombre á^Chacma, de donde vino el (0 
Chicama impuesto al valle. El verdadero dominio del Ch 
mú se extendía, en los días de la conquista, á los valles d 
Parmuncca [Patihuillca], Huarmi [Huarmici], Saeta [Sa 
ta], Huanapu [Guañape] 3^ Chimú. Existían allí Pacatna^ 
mu] Pacasmayo, Lloc [San Pedro], Saña, Chungala, Chan 
chan y otras poblaciones. 

Entre los vasallos del Chimú era una insignia de nobl 
llevar como una aureola tras de la cabeza y sostenida po: 
el llauto. la imagen de la luna y adoraban al ídolo Hua 
mancantac derramándole chicha en la plaza y ayunándol 
(3). Prescindiremos ahora de ocuparnos del ídolo Cuta 
quillay venerado en Huamachuco, y de los ritos y ceremonia! 
de los indios de estas regiones, porque sería desviamos dé0 
objeto, y respecto al idioma hemos dicho anteriormente qu^ 
* 'aunque hubo tres ó cuatro linajes de generaciones de esto!^ 

(1) Cleinencín de la Real Academia de la Historia de Madrid, tornea 
6 de las Memorias de la Academia. 

(2) Robertson. Historia de América, tomo I. 

(3) A. de Calancha. Crónica de San Aguzíin^ tomo 2, cap. XI, páe'* 
374. 




EL CORREGIMIENTO DÉ ShñX 



343 



Yxmn jeras, todos ellos hablaban una lengua, tenían unos ritos 
>- usaban mías costumbres"; y el cronista Cieza de León 
^ft x^rtia de los indios de ios llanos ''que en parte nunca pudie- 
«-o^T los más de ellos aprender la lengua del Cuzco" lo que co- 
r^m^olnora Garcilaso al decir que en el valle de TrujÜlo habla- 
l^ci^n los naturales en lengua propia y despreciábanla del 
C^t»z:co [1]: y el cronista Oviedo asegura que *'desde Piura á 
Tiriijillo se hablaba la lengua Müchica,etc. (2) (Véase José T. 
F*olo, ** Apuntes sobre Trujillo y sus obispos'*, en el tomo X» 
l>^^. 347 de los Documentos literarios de Odriozola.) 

Ijíi ciudad de TruKÜlo, que por su posición topográfica. 

sxis tílementos de civilización, sus ferrocarriles» puertos prin- 

cri|>íi,les con magníficos muelles, sus valiosos valles con ha- 

«ri^-ndas muy bien labradas y demás circunstancias, ha sido 

S ^*3t:íimente, y en día no lejano está llamado á ser capital de 

t^ Ocios los pueblos del norte, es en la actualidafl capital del 

E>^'pertaniento de la Libertad y asiento episcopal; queda á 

^3 metros de altura sobre el nivel del mar, í^° 7' 16" latitud 

^^v»i- y á I"" 56' 39" longitud occidental del meridiano de 

I^ixTia; se halla al N. de Lima á 88 leguas comunes de ésta, 

^1 istia tres leguas más 6 menos al puerto principal de Salave- 

^■"^-3^ X dos al pi erto de Huanchaco, que dejó de serlo prin- 

«^ i pial por su tasca ó barra peligrosa; y dos millas del mar de 

^^^^ia.mán* Su diferencia en tiempo con respecto á Lima es 

<J€* T'33'' habiendo observado el rectificador doctor Maw, en 

^-^icíi^mbre de 1827, que su temperatura era de 66^ á 76^. 

La ciudad de Trujillo, cuyo plano segiJn se ha dicho 
*^^ levantado por Miguel de Estete, medía entonces mil 
^^^isc:^ientas treinticuatro varas de ancho y cosa de tres 
^^^íllsts de extensión y esa fué el ñrea que se encerró dentro de 
í antiguas murallas en 1685-1687: tiene 56 manzanas 
_ ► ri 224 cuadras y más de 1850 casas, entre grandes y peque- 
*^^* s^ fuera de lo poblado en los nuevos barrios de San Loten- 
^^^ 3* Moche, que antes fueron extra-muros de la ciudad. Se 
\^'icle en cuatro cuarteles, dos al E* y dos al O., cuyas lineas 
^ *^* isorias son las calles que corren de la antigua portada de 
^*^*^:Eisiche á Mindívil (ósea el Tambo), y de la portada de 



C 1] Garcilaíítí, Com. Rea!^ Ith, 7, cap lí. 
C2J Oviedo. Historia d€ !ñs Indi&St tomo l\% pág. 22+. 



su 



EETTSTA HlSTflHTCA 



Huatnán al Paseo de aguas 6 caja del estanque. El cuartel 
donde se halla el Seminario j la casa de Gallos es el prime- 
rop San Lorenzo el 2.'^, San Sebastián el ¿i"^ y la Compañía 
el 4.° El ancho de las calles varía de 11 á 13 varas y el largo 
por lo regular es de 130 varas< El clima es cálido, seco y 
saludable, el terreno arenoso y la campiña que rotiea la eiu* 
dad muy fértil, produce la mejor caña de azúcar, arrojr, 
trigo, cebada, maíz, etc.,etc* y frutas mu3^ esquisitas y agra- 
dables al paladar, 

Trujillo que se fundó un mes doce días antes que la ciu- 
dad de Lima, como se verá por el documento que irá más 
adelante, mereció que el Emperador Carlos V y su ma- 
dre doña Juana I de Castilla, por cédula fechada en Va- 
lladoHd el 23 de Noviembre de 1537, y expedida á solicitud 
del Procurador General del Perú don Francisco deZevallos, 
le otorgase título de ciudad y por otra ctSdula fechada en 
Valladolid el 7 de Diciembre del mismo año de 37, se le con- 
cedió escudo de armas y un cabildo, con un alcalde provin- 
cial y otro de aguas, doce regidores, un defensor de menores 
y un procurador genera!; gracia que se otorgó después A 
Lima por cédulas de 7 de Diciembre de 1537, El timbre y 
divisa de escudo concedido á Trujillo constituía; escudo, en 
campo azul abrazado por un grifo, con corona imperial 
cerrada que forma la cimera, y el águila, también imperial, 
de un cuello, tendidas las alas, mostrando pies y garras; en 
el centro sobre aguas de mar, dos columnas blancas y acu- 
les» en las que reposan una corona real y otra imperial de- 
oro, dos bastones cruzados que bajan de lo alto de las 
columnas y tocan en su base, formando una aspa de San 
André3;y al extremo, en el triángulo inferior, que forman loa 
bastones, y casi al pie de las aguas del mar, la letra K, ini- 
cial en alemán del nombre de Carlos V. 

El Cabildo secular de Trujilo obtubo del rey el dictad 
de ilustre y era costumbre que al venir al Pera los Virreye; 
presentaran su nombramiento y provisiones reales á dichíi 
corporación, y que le exijieran obediencia, jurando ant 
ellos acatar los fueros y prerrogativas de la ciudad; de lo 
libros de Cabildo aparece que así lo hicieron el Marqués d 
Cañete, el señor don Francisca de Toledo; el Conde Ji 



4 

] 



a 




EL CORREGIMIENTO DE SASA 



Monterrey, el J^Iarqtiés de Montes Claros, el Príncipe fie 
esquiladle, etc., etc. 

La población de Trujillo en 15T5 era de; 

blancos, ..,. „ 1.017 

Mestizos „,.. „,,.., ,„ 925 

Indios „„- ,„, 1.094 

Negros.,.,...,...- ., 1,073 

TotaL...... 4.109 

Esa misma ciudad en e! censo de 1701 tenía 9,286 habi- 
tantes de todas castas^ y por el censo que se hizo en 1876 
^nbió la masa de pobladores á 10,436 vecinos. 

Los ochenta vecinos fundadores de TrujtUo en 1534^ 
v-espondfan á los nombres de: 

* Agüero Diego de ( 1 ) 
Aguilar Juan de 
Alcántara Francisco Luís de 
Al varando Alonso de (el Mariscal) 
Arana Gaspar de 
A randa Francisco de 

Astete ó Estetc Martín de, primer teniente de Gobenia- 
^dor por Fizarro de la villa de Trujillo— l'^* de Enero de 1533 
^ 1*^ de Febrero de 153G. 

Atienza Blas 

Badajoz Francisco de 

Balboa Núñez de 

Beníus Félix del 

Banda Gaspar de la 

• Barbarán Joan de 
Cabanas Bartolomé (carpintero) 
Calderón Lozano Francisco (bachiUcr) 



(1} AndrísdeOhreííón, Eacribano del Ajuntamiento dcTmjillo, con 

M 17 ík íXtolirc de íüio certifica que don Dií?gn fué negidor del Caíjíklo 
Wigaén 3 de Pdíren> <lc ir/Mí, Archivíj det tieneral Biiendfa M. S. 

1*1 Este sí^tio indicíi iíis personas que se hall aro o en el rescate de Atu- 
^tial|M el 17 deJitnUí de iñ33, ~ Mcnúiburu — Dk. Bmt. Bioe. T III 
M^ñgs. 378 á 382. " • 



346 RBYISTA HISTÓRICA 



y 



e 



Calderón Juan 

Cansino Francisco 

Castellanos Gaspar 

Criado de la Calle Manuel 

Chacón Andrés 

Carrasco Alonso 

Cuadrado Antón 

Chacón de Lara Juan 

Chacón Juan Julio 

Chávez García de 

Escobar Marcos (hermano del Capitán Diego de Mora^^^^^' 

* Estete Miguel (el delineador de la villa de Trujillo, cuy ^^^ 
plano levantó de orden de Almagro el 26 de Diciembre 
1534). 

Fernández Pedro 

Gonzalo de Ayala Pedro, (1er encomendero de Chicl 
yo, 8 de Febrero de 1536>, 

González Alonso 

González Pedro (Escribano que extendió el acta de I 
fundación de Trujillo el 6 de Diciembre de 1534). 

González Miguel 

Jiménez Diego 

Jiménez Pedro 

Lazcano Pérez de Francisco 

La Torre Juan de (¿el viejo?) 

Lescano Caona Pedro 

López de Córdova Juan (1er. escribano del Cabildo d 
la villa de Trujillo, 3 de Febrero de 1536). 

* Lrtzano Rodrigo (Regidor de Trujillo y su Corregidor ei 
1570). 

Mora Diego de (íué Corregidor en 1548). 

* Morales F. Alfonso de 

Montenegro Fernando de 

Martín Diego de 

Marañón Sancho de 

Nieto Alonso Gutiérrez (padre de don García el que dea- 
cubrió las célebres huacas de Toledo,, de que se lia hechor 
mención anteriormente.) 




EL CORREGIMIENTO DE SANA 347 

Holguín Pedro García Alvarez de (2'' Teniente de Gober- 
ador de la villa de Trujillo en 1536) 

Osorno Alonso 

Osorno Juan 

Pacheco Pedro (Corregidor de Trujillo en 1557), 

Pancorbo Diego 

Picado Antonio (Secretario de Francisco Pizarro) 

Pizarro de la Rúa Alonso 

Porras Nicolás de 

Roldan de Avila Juan 

Roldan Francisco (negro esclavo de Juan y el que libró 
Almagro del Cacique de las Piedras — vivía en Trujilo en 
561), 

Roldan Luís 

Rodríguez Bal tazar 

Rodríguez Malpartida Antonio 

Ríos Pedro de los 

* Ruíz de Alarcón Juan 

Rvd. Padre Juan Rodríguez, de la orden de Predicado- 

?s (ayudó á la misa que celebró fray Tomás de San Martín 

día de la fundación de Trujillo, 6 de Diciembre de 1534), 

Juan de San Juan 

Sánchez Luís 

* Sandoval Juan de 

San Martín Tomás de (este Rvdo. padre dijo la misa 
e fundación de Trujillo el 6 de Diciembre de 1534 y fundó la 
rimera casa de su orden en Trujillo, la que se hizo priora- 
) en 1579 y fué su primer patrón el Regidor don Pedro Ti- 
oco y Gómez de Rivera, dueño del vínculo Facalá. — El con- 
ento de Santo Domingo de Chicama, fué fundado asimismo 
3r íray Tomás de San Martín en 1535 y se elevó á priora- 
) en 1586, correspondiéndole las doctrinas de Santiago de 
hicama, Chocope y Cao, todas como curatos. 

Soraluce Domingo de [XIII de la Isla del Gallo, etc.] 

Serpíi Jerónimo de [boticario] 

Sotelo Baltazar 

Tinoco Francisco Gómez de 

Tufeno Diego 

Ugio Sancho de 



348 REVISTA HISTÓRICA 



Ulloa Lorenzo de 
Ureñajuan de 
Valderrama Pedro 

* Verdugo Melchor [Caballero de la orden de Santiago]. 
Verdejo Diego [Alcalde ordinario de Trujillo en 1541]. 
Valverde Juan 
Viejo Juan 

Villafranca de Lescano Juan 
Villafanes Melchor de 
Zamudio Francisco 
Zúñiga Ortiz de Iñigo 

* Vásquez Salvador 
La villa de Trujillo queda en el centro del Chimú á un 

legua Sud-Oestedel río de Moche, que lo fecunda y del que ¡ 
sacan acequias para las huertas y casas de la ciudad, la^ 
cuales son de piedra y buen edificio de adobes, porque ha; 
abundancia de materiales de cal, yeso, madera y piedra (1] 
El dicho río de Moche nace de la cumbre de la Cordillera, 
la provincia de Huamachuco, délas lagunas de Huaihuascc 
cha y de San Lorenzo en los pastos de la hacienda de Porcón 
desemboca en el Pacífico después de un curso de 22 leguas > 
recibe por la derecha los arroyos de las tierras deHuadalhuar 
Piedra, Caballera, Cueva, Pillaupina,SinsicapyJulcán, que 
se unen en el trapiche de Menocucho, de donde viene ya e* 
río más caudaloso. Pero en rigor, el origen del río Moche 
es el de Cruz-pampa, que se une con el que pasa por la ha- 
cienda de Motil [ho3'' de la familia González Orbegoso], for- 
mándose el Cruz-pampa de las lagunas de Cerro Negro, que 
son varias, de tres ó cuatro cuadras de circunierencia las 
principales, y que se hallan á cosa de legua y media de la e« — 
tancia de San Felipe, en la Cordillera. 

Para aumentarse las escasas aguas del río Moche se de- 
berían aprovechar las de la laguna de Huadalhuar, como se 
hacía en tiempo de los Incas. Dicha laguna está situada al 
NE. de la de Cerro Negro y á mayor altura; su diámetro se- 
rá de dos millas más 6 menos, la cierran, cerros y coli- 
nas, y aún conserva un muro del tiempo de la gentilidad de 

(1) Juan López de Velazco — Geografía y descripción general de iai 
Indias. 



EL CORREGIMIENTO DE SAÑA 349 

cincuenta varas de largo por tres de ancho, con un boque- 
ron 6 conducto para el desagüe, pudiendo hacerse qu^ sus 
aguas aumenten las del río Cruz-pampa con inmensas ven- 
tajas para la agricultura [según estudios, se calcula que la 
construcción de los sólidos muros y compuertas que requie- 
re esta obra importante, podría hacerse con 300,000 so- 
les, cuyo gasto se compensaría con exceso desde que se irri- 
garían más de 50,000 fanegadas . de terrenos, hoy abando- 
nadas é improductivas. 

La atarjea 6 acequia principal de la ciudad sale del ríe 
Moche, y de ella y de pozos que hay en algunas casas se 
provee de agua el vecindario. En la actualidad la ciudad es- 
tá alumbrada por luz eléctrica y parte goza ya del agua 
potable por cañerías. 

« 
* * 

Con motivo de la invasión de los corsarios irlandeses 
Eduardo Davis y Rebano Luzan y de otros franceses é in- 
gleses en las costas del Perú, fué Trujillo la tercera ciudad 
amurallada, de 1685 á 1687, después de haberlo sido Car- 
tagena de Indias y el puerto del Callao, cuya obra se prin- 
cipió siendo Alcalde ordinario don José Bernardo de Quiroz. 
La muralla se hizo con baluartes y cortinas, con las cinco 
portadas de Mansiche, Miraflores, de la Sierra, Moche, Gua- 
rnan y el Postigo del Deán. Ascendió su costo á 83,000 pe- 
sos de oro; y dio por esto el Rey las gracias al vecindario, 
por cédula fechada en Madrid, el 29 de Enero de 1689.— 
Cuando don Melchor de NavarrayRocafull, Duque de la Pa- 
lata, Príncipe de Massay Marqués de Tolvalto, [por su espo- 
sa doña Francisca Tovalto y Aragón] caballero de la orden 
de Alcántara, descendiente de los reyes de Aragónyde Nava- 
rra y de los condes de Barcelona y Flandes etc., etc. fué nom- 
brado Virrey del Perú, al salir de España, trajo orden para 
fortificar Portobello, según el plano que se había aprobado. 
La obra se expediría con la gente de los galeones y buques 
mercantes en el tiempo que se detuviesen allí hasta su re- 
greso á Cádiz. Al disponerse el cumplimiento de mandato 
tan poco meditado, se levantó la mayor resistencia, porque 



350 REVISTA HISTÓRICA 



era evidente que ese trabajo en tan mortífero clima, acaba- 
ría con los obreros europeos y dejaría aquellas naves sin 
tripulación. Los habitantes clamaron también contra esa 
medida y la de ocupar subsidiariamente á los indios para 
semejantes faenas en ún país inundado siempre por las aguas. 
El Virrey no consiguió se enviasen negros de Curazao, y de- 
jando trazadas las fortificaciones, ordenó al venirse á Lima 
se comprasen en Jamaica, y continuó activando la obra, pa- 
ra la cual facilitó cuantiosos recursos. Pero las cantidades 
remitidas se aplicaban á otros objetos, y fuera de esto hu- 
bo malversación y no se rendían cuentas. La construcción 
fué lenta y no recibió el adelanto que debiera. La suma gas- 
tada en el período del Duque fué muy corta, comparándola 
con la que se había librado para que avanzara aquel tra- 
bajo y fuese revestido de piedra labrada que asegurase su 
solidez. El Virrey, al solicitar en Lima fondos para la em- 
presa, consiguió que el comercio diese cien mil pesos y bene- 
fició cuatro títulos de Castilla [1] que desde el tiempo del 
Conde de Lemos no habían podido conferirse, los cuales pro- 
dujeron en esta ocasión ciento veinte mil pesos. Sobre este 
proyecto el Duque Virrey facultó al Presidente de Panamá 
don Pedro de Aponte para que se ocupara con empeño en 
dirigirlo y regularizarlo del modo que fuese mes acerta- 
do [2]. 

Los peligros á que la ciudad de Lima se consideró ex- 
puesta con las incursiones de los piratas y armadas extran. 
jeras en las costas del Pacífico, despertaron el deseo de ase- 



(1) M. de Mendiburu — Dic. Hist. Biog. del Perú. T. VI. pág. 33. 

(2) Los cuatro títulos beneñciados fueron: 

El de Marqués de Corpa^ expedido en San Ildefonso el 12 de Junio de 
1683 para el corregidor del Cuzco don Luís Ibáñez de Segovia y Peralta, 
natural de España. 

El de Marqués de Santa Lucía de Cocbán, expedido en San Ildefonso 
el 12 de Junio de 1683 para don Francisco de la Cueva y Gozmán, caballe- 
ro de la orden de Calatrava, natural de Lima. 

El de Conde de Castillejo, expedido en San Ildefonso el 12 de Junio de 
1683 para don Diego Atanasio de Carbajal y Vargas, caballero de la orden 
de Santiago, 89 Correo mayor de Indias, etc., natural de Lima. 

El de Marqués de Torre Blanca, expedido en San Ildefonso el 12 de Ju- 
nio de 1683 para el Capitán don Luís de Segovia Peralta y Orellana Luna 
natural de Lima. 



EL CORHECIMIEfíTO DE SAXA 



351 



gurar una población tan principal, que era el centro del go- 
bierno y del comercio y el punto de reunión de las riquezas 
del Perú* La idea de fortificarla ernpeísó á propagarse desde 
1624, año enque Jacobo L'Iíeremite Clerk amenazó formal- 
mente al Callao con una escuadra respetable y su numerosa 
infantería de desembarco. Pero decaían loa ánimos luego 
que se entraba en la investigación de los gastos que tal pro- 
vecto requería; y ante el grave obstáculo de no haber recur- 
sos para verificarlo, el entusiasmo calmaba, dejando apagar 
las voces de los que creían practicable la obra de hacer á Li- 
ma murallas. El capitán Ferrochs escribió en 1625, dos dis- 
<?ursos que quedaron sin piiblicaríae en la librería de Barcia, 
uno sobre amurallar y fortificar esta ciudad [IJ. Y el otro 
tratando de si convencida hacer un fuerte en el lugar deno- 
itiinado la Punta, en el Puerto del Ca!lao. Creemos que el 
examen de estas materias y los dichos escritos se origina- 
Ton por las hostilidades del holandés Clerk. 

Gobernando como virrey el Arzobispo don Melchor de 
Liian por los años de 1679, se celebró una junta con el fin 
«ie acordar los medios más adoptables y positivos de proveer 
^ la segxiridad de esta capital, por entonces alarmada con 
las tioticías que circulaban de una próxima invasión de ene- 
inigos exteriores, Cüncurrin á aquella reunión, el Sargento 
general de batalla don Luís Venegas Osorio, natural de Tru- 
jillo, quien manifestó su parecer de que se pensase en la 
^construcción de los baluartes y cortinas, con que quedaría 
]a ciudad libre de cualquiera ataque, Venegas,á quien su pa- 
riré el capitán de milicias disciplinadas dcTrujillo, del mismo 
nombre había mandado hacer sus estudios en España, y re- 
cién llegado déla Península^con famade buen ingeniero mili- 
tar, mereció que sus opiniones fueran bien acogidas; mas, á 
pesarde todo, reaparecieron los antiguos inconvenientes, co- 
lorando mayor fuerza con la oposición tena^, que contra el 
^lan de hacer las murallas, desplegaron los agricultores» cu- 
^as huertas y sembríos estaban al rededor y contiguos á la 
población. Más tarde, y cuando el vecindario de Lima se lie- 
-wó de cuidados por el saqueo acababa de arruinar la ciudad 



[Ij.— M, de Mendiburu Dic. Hhi. Biog, del Ferú, t, 6, p, 33- 



352 REVISTA HISTÓRICA 



de Vera-Cruz, la alta capacidad del Duque de la Palata, se 
contrajo á examinar los datos, antiguos planos y apunta- 
mientos que encontró en el archivo del Virrej^nato, referentes 
á la necesidad de fabricar los muros y el costo que esa obra 
tendría. 

El Virrey, luego que se instruyó de este asunto, adoptó el 
proyecto y lo tomó á su cargo para llevarlo á cabo á tra- 
vés de cuanta contradicción pudiera ofrecerse. Los temores 
de una irrupción repentina tenían conmovida la sociedad de 
tal modo que hasta la gente vulgar fijaba'sus esperanzas en 
la edificación de las murallas. ' Aún la misma oposición pa- 
recía ceder, y someterse al dictamen de la mayoría; el inte- 
rés se generalizó por momentos, y hasta los predicadores 
aconsejaban en sus sermones, se levantasen los muros y to- 
rres para salvaguarda de la ciudad. 

Pasó el Virrey al Cabildo con fecha 29 de Octubre de 
1683, una carta diciéndole: "que meditase y propusiese 
los medios más adecuados y menos onerosos, para efec- 
tuar tan grande obra. Que aun que el rey emplearía con 
con mucho gusto sus tesoros en la defensa de una de sus 
joyas, la coronada ciudad de lo*^ Reyes, y en guarda 
de la vida, honor y bienes de sus buenos vasallos, no po- 
día hacerlo en esos tiempos porque los aprietos de la mo- 
narquía en las partes más cercanas al corazón necesita- 
ban de todo el socorro de su Real hacienda". El Ayunta- 
miento propuso al Duque varios arbitrios [1], El Rey, en cé- 
dula de 15 de Julio de 1685, aprobó el plan de amurallar la 
ciudad, mandó se procediese á verificarlo y autorizó al Vi- 
rrey para que eligiese los arbitrios más seguros con tal 
que rindieran caudal para mantener y reparar la obra en lo 
posterior. 

Tratóse de dar principio á la obra y el Virrey hizo venir 
de Saña al Sarjento mayor general Venegas, que estaba en 
esa ciudad de Corregidor, á fin de que formase el plano co- 
rrespondiente y una instrucción acerca del sistema que con- 
vendría seguir en el trabajo y en la contabilidad. No agra- 



[1].—M. de Mendiburu Dic, Hist. Riog. del Perú, t. 6, p.34,alli esos ar- 
bitrios. 



BL CORREGIMIENTO DE SANA 353 

daron al Duque las teorías del ingeniero corregidor y creyó 
que eran complicadas y muy gravosas, porque demandaban 
iTiuchos empleados, salarios y libros; y así determinó hacer- 
lo todo por conciertos con asentistas. El plano de las mu- 
rallas que formó Venegas, fué trazado y delineado por el 
Dr. D. Juan Ramón Koning, capellán de Palacio, Cosmó- 
grafo y Catedrático de matemáticas. Con sujeción á sus 
reglas se hicieron las tres mil varas de ensayo y norma pa- 
ra conocer los gastos, y se continuó el trabajo con buen or- 
den y economía. Los que esas murallas demandaron fueron 
de cerca de setecientos mil pesos, y para ayuda de ellos se 
beneficiaron once títulos de Castilla, [1] que fueron así mis- 
mismo costeados por corporaciones y vecinos. 



[1]. — Los once titules beneñciados para ayudar á la construcción de 
las murallas de Lima, y que importaron 30«000 pesos cada uno, son los si- 
l^aientes: 

Conde de la Puebla de los Valles, por Real Cédula fechada en el Pardo el 
12 de Diciembre de 1683, para el Excmo. señor don Melchor Liñán y Cisne- 
ros ex- virrey del Perú y Arzobispo de Lima. 

Conde de Santa Ana de las Torres, expedido en San Lorenzo el Real el 
28 de Mayo de 1684; para don Nicolás Dávalos y Ribera, Caballero de la 
la orden de Calatrava, natural de Lima. 

Marqués de la Pica, expedido en San Ildefonso el 18 de Junio de 1684, 
para don Francisco Bravo de Saravia y Ovalle Pastene, natural de Chile. 

Conde de Villanueva del Soto, expedido en San Ildefonso el 19 de Agos- 
to de 1686, para Dn. García de Híjary Mendoza, del orden de Santiago, 
natural de Lima. 

El de Conde de la Vega del Ren, expedido en San Lorenzo el Real, en 4 
de Julio de 1686, para doña Josefa Zorrilla de la Gándara y Mendoza. 

El de Conde de Cartago, expedido en San Lorenzo el Real el 31 de Di- 
ciembre de 1Í686, para Dn. José Hurtado de Cha vez, natural de la villa de 
Cajamarca. 

El de Marqués de Monterrico, expedido en el Pardo, el 26 de Marzo de 
1687. para D. Melchor Malo de Molina. 

El de Marqués de San Lorenzo de Valleumbroso, expedido en el Pardo 
á 26 de Marzo de 1687, para Dn. Diego de Esquivel y Jarava, natural del 
Cusco. 

El de Conde de las Lagunas de Chancacallc, expedido en San Ildefonso 
el 29 de Agosto de 1687 para el señor Pedro Peralta y de los Ríos, natural 
del Cuzco. 

El de Conde de Villaseñor, expedido en San Ildefonso por Real Cédula 
de 4 de Agosto de 1687, para don Luís Antonio Bejarano y Fernández de 
Córdova, natural de Lima. 

El de Conde de Olmos, expedido en el Pardo, el 26 de Febrero de 1689, 
para el Maestre de Campo Dn. Juan de Verasátegui y Viniegra, natural de 
Villar del Río, en el obispado de Calahorra, en España. 

Todos los títulos costaron 30,000 pesos cada uno. 
9 



354 



REnSTA HISTÓRICA 



El Duque, atendiendo la situación de la ciudad de Tru- 
jillo, llenó la necesidad de cercarla» y precaverla dealgúti 
acontecimiento á que se animaran los piratas por hallarse^ 
tan inmediata al mar, y así se edificaron sus murallas con 
mucha diligencia en los años de 1685 á 168?, invirtiéndoscr 
en esta obra 83^000 pesos m,/m. bajo la dirección y re^la^ 
económicas que dictó el Virrey. El Rey costeó un baluarte y^ 
el Virrey otro: 15 de éstos y 15 cortinas tenían los citado: 
muros (destruidos en 18S2 y 1883 por la ocupación chile 
na), en que el Cabildo 3' el vecindario, hicieron consideraba 
gasto. 



La ciudad de Trujillo tiene dos parroquias, una de esp 
fióles, ódel Sagrar¡o»y otra de indiosó de San Sebastián; vm. 
hospital de hombre y otro de mujeres, y uno fuera de la c¡ 
dad para variolosos, buhó nicas y en rermedadescontag^iosí»^ 
dos conventos de monjas, de Santa Clara y del Carmen; y 1 
supresosdc religiosos déla Merced,San Francisco,San Ají 
tín y Beletmitas. El principal á censo de los monasteri 
era, el ano 1828, de pesos 252,035; y el de los con ventos 
religiosos de pesos 218,098, 

En los claustros de la Merced funcionan la Corte Su 
rior de Justicia y los juzgados de primera Instancia. 

Los conventos supresos de Santo Domingo y de S^ 
Agustín, sirven, el primero de nueva cárcel pública y elsegu 
do de cuartel para los gendarmes y guardia civil; en el cc::^ 
vento de San Francisco funciona el Colegio Nacional de S^ 
Juan, para hombres, y en el de la Compañía funciona la IT « 
versidad menor de la Libertad. 

La Catedral, cuya arquitectura pertenece al orden t^ 
cano, está situada en una esquina de la plaza mayor, mir&^ 
do al S. E.; es de tres cuerpos: tiene 71 varas de largo py 
31 de ancho y una bóveda en que están sepultados los ol::^ 
pos. En la torre de la derecha.como quien vá de Mansích^^ 
la plaza, hay un antiguo y curioso reloj [1] que marca^ 




[1]— Ese rdtij In niantló cnlocar en 1784» d lltmcx señor D. BolU 
Jaime Martines Compañón, Obispo tk Tmjilío. 




áá 



EL CORREGIMIENTO DE SAPÍA 



355 



lunRciones. De sus cinco portadas* hay tres que dan á 
plaza, una de las colaterales dá á la calle y la otra coma* 
caba con la casa episcopal, que en la actualidad se halla 
ruinas. El templo está en alto» lo mismo que el atrio 6 
menterio, y una reja de fierro rodea el costado y frontis- 
¡D de aquel. 
Hay un pequeño teatro denominado déla Libertad.cons- 
iido por Don Agustín González Pinillos en 1855; mide 75 
ras de fondo por 22 de frente. 
Trujilto posee dos ferrocarriles; el primero lo pone en rá- 
a comunicación con el mar 3- el valle de Chicama, 3^ se 
iDlonga hasta Payján y Ascope. Esa ría principal en el 
erto de Salaverry. (antes Garita de Moche), á los 8*^ 14' 
f* latitud sur, toca en la ciudad y de allí continúa hasta 
lócope, que casi equidista de los pueblos de Ascope y Pay- 
an y del Océano, siendo la extensión de dicha línea férrea, 
in contar los ramales» de 63 3' V2 kilómetros, de los que es* 
n enrielados 6(J. De la gran negociación azucarera cono- 
da con el nombre de Roma» sale otro ramal» que atraviesa 
haciendas de esa empresa, 3" las de Chiclín y Chiquitoy, 
^n rumbo á Huanchaco. 

El otro ferrocarril, que se debe á la iniciativa 3' fortuna 
ivñda del señor José I^nacio*de Chopitea y Luna Victo- 
sale de Salaverrv al valle de Santa Catalina, 3' su tér- 
Tio será la pintoresca ciudad de Otuzco* En la actualidad 
»ae 40 kilómetros de línea. 

Trujillo es la capital del Departamento de la Libertad y 
la provincia de su nombre,que colinda al Sur con el distrí^ 
de Moche, al N. con el €le Chicama^ al E. con Chanquín 
íx-renos de Moche) y al O. con el deHuanchaco. Cómpren- 
los pueblos de Huamán, Mansiche v Mampuesto, las ab 
Ls de Salaverry v Aranjucz 3* el caserio de Laredo 3' Pam- 
de Santa Catalina* Tiene siete haciendas 3^ veinte cháca- 
í» Las haciendas son: Menocucho, Galindo, la Trinidad, 
iriquec, Santo Domingo, Laredo 3^ Bambas: las cháca- 
son: la Merced, Guatape, Los herederos^ Santa Rosa^ 
^achique» el Conde, Belén, Bonasátegut, la Compañía^ 
evedo, Santo Dominguito, las Animas, Pesqueda, Palo- 
r, el Deán, Molino, San José, Buenaventura, el Carmen, 




el Palmo, Barrionuevo, San tu Tomás, la, Concepción, el S^ 

litral y la Esperanza; hay también ocho quintas, que sta 

de Mazan, San Andrés, Huerta grande, Nararrete, la Hu 

ca y la Intendencia; dos Clubs de tiro al Illanco: el Tell 

el Libertad, rodeados de preciosos parques, y el Club Nae^^t- 

nal. 

El Marqués de Cañete, Don Andrés Hurtado de Menc 
za, á su tránsito por Trujülo, en Ma3^o de 1556. para hac^ — ^ 
se cargo del gobierno del Períi, ordenó se fundase en Tr 
lio un colegio para los hijos de los vecinos y señaló 500 
sos en tributos, para los bachilleres que así se formasen. ^ i 

15 de Septiembre del mismo año* decía el Virrey al Monai — ^^^^p 
que habían estudiantes en ese plantel [1]. Así es que ese f^ ^ Jf^ 
gio fué el más antiguo del Perú, sin excluir los seminal — ^^im 
eclesiásticos. ^ 

Por decreto dictatorial del Libertador Don Simón B> «zr^lL 




se 
lo 



var» refrendado por el célebre ministro de estado Sán<r ^t'M^ 
Carrión, como presidente del Consejo, expedido en lluñwrar'M^' 
chuco el 10 de Mayo de 1824, se erigió la Universidad, ncr* Mn* 
brandóse rector de ella al Arcediano Doctor Don Carlos ^t^e- 
deraonte* La Universidad se estableció el 12 de Octubre ^^\ 
1831, con el dictado de la Libertad y bajo la proteeciórm <Í^ 
Santo Tomas y Santa Rosa, y solo funcionaba confiriexrcla 
grados en uno de los ruinosos claustros de los jesuitas, irx^^^^ 
ta que se suprimió por ley de 16 de Marzo de 1876, per^^ 
volvió á habilitar por otra ley, y en el día íuncíoua en el 
cal conocido con el nombre de la Compañía de Jesús, 

El colegio de educandas se mandó establecer por le;3r ^'^ 

22 de Noviembre de 1845 y se instaló el 10 de Abril de IB-*^^ 
El de hombres, creado por supremo decreto de l!S de Mí^X^^ 
de 1854, se fundó con el título de Colegio de San Juan, 

23 de Agosto del mismo aña. 

El 31 de Noviembre de 1831, bendijo el cementerio g^^^ 
ral dcTrujillo el Gobernador eclesiástico Dr, D* Juan Igr^^*| 
cío de Machado, y el 2 de Diciembre se hizo el estreno» croi 
duci endose á él los restos del Iltmo* señor Dn* Francisco Jj 



d] 



[1]— Mendota, eolec. cít. t. 4, pág* lOT. 



EL CORREGIMtB^TO DE %Xñk 



357 



vierde Luna Victoria, dit4:nísimo Obispo que fué de TrujiUQ* 
kru\^os restos yacían en el templo de la Catedral. Esta obra 
íte debió al Prefecto del departamento Coronel D. Pablo Dié* 
^ue^ y al Cabildo eclesiástico, que contribuyó eficaííoieate á 
su realización; y §e encargó de ella, como director, el acau- 
dalado comerciante Dn, Alfonso González de \sencio y Báez 
de Tejada. 

De los templos y monasterios que encierra dentro de su 
circuito la ciudad de Trujillo, y de los que he hablado ante- 
riormente, sus cimientos, puede decirse literalmente, se echa- 
ron cnn la venida del Marqués Dn. Francisco Piaarro A Tru- 
jillo,en Febrero de 1536. En consecuencia, se echaron los ci- 
mientos de la Catedral, al propio tiempo que los de la ciu- 
dad, y destruido el edificio por el terremoto de 14 de Febre- 
ro de 1619, día de San Valentín, [1] lo reconstruyó el seííor 
Obispo Dn. Marcelo Cor ni. El 20 de Febrero de 1635 perdió 
su techumbre por otro terremoto que hubo á las 10 y media 
de la noche, comenzándose á reparar dicha í^jlesia á expen- 
sas del Re£il tesoro y de sus prelados. Estrenada en 26 de Ju- 
nio de 1666, volvió á arruinarse en parte por el terremoto 
de 2 de Septiembre de 1759, y fué después bien reparada. 

Los RR. PP, fray Martín de Rebolledo y fray Dn. Pe- 
dro de Ulloa, hijos de la provincia de Castilla, fundaron el 
teinplo y convento Mercedario, no en 1533, según asegura 
Salmerón, sino en 1536. (Recuerdos Históricos^ pág. 291), 

Poco después se fundó el convento de San Francisco de 
ia Cruz [2], Por que en 1535 sólo debió tomarse posesión 
det sitio y hacerse el trazo del edificio, como sucedió con el 
convento dominico, fundado por fray Tomás de San Mar- 
tín, al tiempo que la ciudad, como se ha dicho anteriormente 
[3]. Es lo cierto que en 1540, estaba en fábrica en Trujillo, 
el convento Dominico, que contaba en 1565 con tres religio- 
sos; (Meléndex Tesoros de Indias t. 1 pags. 96 y 399) y en 
1575, según Juan Lópex de Velazco, Geografía y descríp- 



[1].— José Toribío Polo, Apuntes sobre Trujifhr sus obispos ^en los /)o* 
catnefHas literarios ác Odrifíznla* toitio X. p. 347. 

[2].— Ciczíi de León; aunque d R. P. Córdova afirma que fiié al prfi- 
tkmfM» flt la fundación de la C'iudad, Crónícñ líhri* V'f, cap. I, pág* 541. 
[3].— Turres Saldaniandu, C&hüdos de Ltmut parte 2'^^ pág. 272. 



333 



SEnSTA HISTÓRICA 



ción Univer&al pég, 469 dice: **Hí 



n Tnijíllo un monaste- 
" río francisco con seis reli^osos profesas; otro de doraini- 
*' eos con otros seis; otro de agrustinos con ocho v otro de la 
'* Merc^ etc/*. 

El hospital de San Sebastián lo fondo el Iltmo, Arzobts* 
po de Lima don fray Jerónimo de Loayza, por los años de 
1551. 

El convento de San Agustín se fundó de 1558; sienda 
sus insignes benefactores Don Jnan de Sandoval y Doña 
Florencia de Mora, hija fuera de matrimonio, del célebre ca- 
pitán español Diego de Mora» Corregidor de Trojillo en 
1548 [1], encomendcfos de Huamachuco, El primer prior 
de San Agustín respondía al nombre de fray Dn, Diego Gn- 
tiérrez, y ñteron sus compañeros de claustro Dn, fray Lmís 
López j fray Diego de Aguilar. 

La creación del colegio é iglesia de la Compañía de Je- 
sús se autorizó por real cédula, su fecha en Madrid á 8 de 
Abril de 1627, mandada cumplir por el Virrey Marqués de 
Guadalcázar en el Callao el 4 de Septiembre del mismo año,á 
petición del padre Alonso Fuertes de Herrera, procurador 
general de la Compañía, Tuvo p^r fundador á Don Juan de 
Avendaño y Garaarra. vectno de Trujillo, quien dio con ese 
objeto su Taliosa estancia Yagón y ganados; cooperó ma- 
cho á esa fábrica el más tarde Obispo de Trujillo limo. Se- 
ñor Don Carlos Marcelo Comí. 

El Convento de Beletmitas existe desde 1680. 

El monasterio de monjas de velo negro de Santa Ma- 
ría de la Grada de Santa Clara, se fundó por el Virrey Con- 
de de Villar— Don- Pardo, con licencia del Arzobispo de Lima 
Santo Toríbío Alfonso de Mogrovqo, con fondos del Rey y 
2O,00O pesos que dieron los vecinos, S-M, aprobó la tunda- 
ción* Las religiosas fundadoras, salidas del convento de 
Santa Clara de Hua manga, fueron: la abadesa Sor. Isabel 
Arias de Bobadilla, natural del Cuzco; Sor. Catfaarina Ro- 
bles de los Angeles (sobrina de Santo Toribio), y Sor. Ana 



1 m\f^. 



Anafes del OtpmnmiocMa d< /« Litenmí* 



BL CORREGIMÍBPITO OS SaSa. 



559 



larrillo de la Concepción; llegaron á TrujilUj el 27 de Mar- 
zo de 1587 con el padre dominico fra\" Francisco de Cabre- 
ra, FVocurador de Corte, de conocida santidad, y los veci- 
nos de Trujillo las recibieron aparatosamente. El 12 de 
Agosto de ese ano se hizo el estreno y el 18 de Agosto de 
1595 se trasladó el convento á otro sitio, con licencia del 
Virrey Don García Hurtado de Mendoza, Marqués de Cañe- 
te, á causa de cjue el local ocupado primeramente era hume* 
do, malsano y falto de agua [1]. Delstruido el edificio por el 
terremoto de 1619, tué restaurado con las limosnas del Rey 
y del vecindario. 

La recolección de Carmelitas Descalzas de Santa Teresa 
jaugiiró el 5 de Diciembre de 1724% 



Los terremotos, tan frecuentes en el Pera, y sobre todo 
€11 la costa, han hecho sentir sus estragos en Trujillo, Pero 
los más terribles han sido los de 1619, 1725 y 2 de Sep- 
liembre de 1759* El primero de ellos se verificó á la 11 y 
media de la mañana, jueves después de ceniza, 3^ dejó en tie- 
rra todos los edificios; procurando los habitantes conster- 
nados fundar la ciudad en las Pampas de Santa Catalina, 
que distan cerca de media legua de Trujillo. El movimien- 
to se extendió á más de 300 leguas de N. á S, en Jos llanos 
y más de 60 leguas de E. a O. Demolió desde sus cimientos 
los edihcidsi despedazó cerros, brotaron manantiales de 
agua» se descubrió el curso subterráneo de algunos ríos y se 
formaron lagunas y cuevas. Quedaron enterradas 130 per- 
somis; pero los muertos, se hacen ascender á 350 perso- 
nas, como resultados del temblor. Durante 15 días no de- 
jaba de temblar la tierra, en cada uno de ellos una, dos ó 
tres veces, y sobrevino después una plaga de grillos y rato- 
nes bermejos, como refiere un testigo presencial, el ya citado 
padre fray D. A, de la Calancha [2]. 



[ti- — Córdnva Crónica FrBnciscñnm^ libro V, cap, 10 pág* 457, 
[2],— Kl R. I\ írny T>. Antottío tle la Cíilaiiclva, íigustítxo; véase Córdüva 
Cróííkn Fn^tíchcÑm, libro 3, cap. 9, pág. IBS, 



360 



KBVISTA HISTÓHtCA 



O 



Esta catástrofe se afirma que fué predicha por San 
Franetsco Snlano, el apóstol de las Indias, cuando diex 
y seis años antes predicó en Trujíllo» el 12 de Noviembre 
de 1G03, Se refiere también que el terremoto de 14 de Fe- 
brero de 1619, que ocasionó tantas muertes, sepultó bajo 
sus ruinas muchas riquezas. 

Sufrió mucho con las lluvias abundantes de 1578 de las 
que me ocuparé en el capítitlo de "Citatoria y emplazamien- 
to en forma etCi etc*\ Así mismo todo el departamento con 
las inundaciones de los años 1624,1701, 1720,1728 y otras 
que sería largo enumerar. 



I 



Al concluir el vírreA^nato, la antigua intendencia de Tm- 
jillo fué declarada departamento por decreto dictatorial de 
12 de Febrero de 1821, expedido en Huaura. 

La intendencia comprendía siete partidos ó provincias: 
Trujillo, Lambayeque» (antes Saña), Huamachuco, Carazy 
Chachapo3^as, con cinco ciudades, dos villasi nueve pueblos 
y ochenta y siete parroquias. Llegaba hasta los 3^ 17' lati- 
tud austral, confinando con la provincia y gobierno de 
Guayaquil de ía Capitanía General de Quito; hasta que se 
dictó la ley de 9 de Marzo de 1825 que le dio el nombre de 
Departamento de la Libertad. 

Trujillo fué la primera ciudad que en el Perú proclamó 
su emancipación política de España, el 29 de Diciembre de 
182J , (después de las poblaciones de Huacra, ho^^ Pueblo li- 
bre en la provincia de Huaylas y Lamhayeque)* Este neto 
solemne se verificó por los señores Intendente de la provin- 
cia Don José Bernardo Tagle, Marqués de Torre-Taglc y por 
el Alcalde de primer voto Don Manuel Cabero de Francia y 
Bernardo de Quiroz Muñoz» Marqués de Bel ¡avista, y por 
otras muchas personas notables del lugar. 

Por la citada ley de 9 de Manto de 1825, después de ha- 
l>er dado á la provincia de Trujillo el glorioso dictado de 
Departamento de la Libertad» se le agregaron las provin- 
cias de Jaén y Mainas y Chota. Por decreto dictatorial del 
Libertador Simón Bolivar, expedido en Trujillo en Manso 



EL CORSECIMIRNTO DE %hñk 



361 



26 (k lft24, se declaró á TriijUlo capital provisoria de la 
Kcpábiica, niieatrnn se IÍl>ertase Lima de la dominación 
española y aún c|Ue se ausentase de Tnijillo el Litiertador. 
Por otro decreto de igual fecha se mandó establecer aHí una 
Corte Superior de Justicia» con un presidente, dos voeales, 
un fiscal y se instaló dicha corte el 30 de Abril de 1824* 

Hasta la ley de 9 de Marzo de 1825 tenía por límites los 
fpic tenía su diócesis, y hoy queda reducido á los sií^uien- 
tes: por el Norte el departamento de Lambayef|ue y parte 
del de Cajamarca; por el Sur, el de Ancachs, el río Santa, 
ta, por el Este el de Amazonas, y por el Oeste ^1 mar Pacífi* 
eo; desde los 7^ 10' hasta ¡os 9 ^ 57' latitud, 

La antigua ciudad de Trujillo es hm^ la capital del De- 
partamento, que consta de las siguientes provincias: 

Iluamachuco con .*,. ., 35;T03 habitantes? 

I ítuíco,. .„..„,„. 28,881 

Pacasmayo........ .„ , .., 13,816 ,, 

Pnia^..........„ 27,748 

TrujUlo,.. ,.., .„ 25p7S8 

Total de habitantes 131,930 



Está comprendido entre los 7' 10' y 8"^ 57' latitud y los 

T9^ 10' y 82" 5' de longitud, formando una superficie como 

«le 15(ls leguas cuadradas, que.comparada con su población, 

resulta con poco más de 84 habitantes por legua cuadrada. 

Su territorio puede considerarse dividido por tres zonas 
«Hstintas: la primera fie la costa, hasta las faldas de la gran 
Cordillera; la segunda,dc la Cordillera; y líi tercera ríe la ha- 
yn, entre la Cordillera principal del <). y otro ramal de I:i 
inisma, que corre por la derecha del río Marañón y paralela 
«on éste. En la primera zona se encuentran todos los pro- 
€luctos y tcm|)crímicntos de la costa; la segunda toda es 
sierra fría, llena de ricos uiiuerales de plata, cubrcí hierro, 
«te, ctc; en la tercera se encuentran los productos de la cos- 
til, en las orillas del Marañón y muchos minerales de oro, 
plata, etc, etc, en la sierra, como más extensamente se dice 
^1 desctibir cada una de las provincias de este Departamen- 
lü 



362 REVISTA HISTÓRICA 



to. Su región hidrográfica está repartida en Oriental \' Occi- 
dental; corresponden á la primera el río Marañón y sus tri- 
butarios; y á la segunda los ríos de Chicama, Moche, Virii 3^ 
Santa, que la fertilizan. 

Un prefecto está encargado del mando político del de- 
partamento de la Libertad. La Corte Superior de Justicia 
extiende su jurisdicción en todo el departamento y en el de 
Lamba^'Cque. En lo eclesiástico, forma una diócesis que com- 
prende también los departamentos de Piura, Cajamarca}' 
Lambayeque. Fué erigida por Bula de Paulo V, expedida 
en Roma, bajo el anillo del Pescador, en 20 de Julio de 1G09. 
Antes de expedirse esta Bula fueron electos dos obispos, que 
no llegaron á tomar posesión de la silla. 

Es un timbre de honor para Trujillo que en ella se hubie- 
se dado, expontáneamcnte, la libertad á los esclavos antes 
de la revolución de ISo^. El señor vocal de la Corte de Tru- 
jillo Doctor don Alfonso González de Asencio y Martínez de 
Pinillos, con fecha 23 de Enero de 1S52, manumitió genero- 
samente á 130 esclavos de sus haciendas de Nepén y Cajan- 
leque. 

Trujillo cuenta entre sus hijos más ilustres y notables, á 
don Manuel Calcero y Muñoz, antiguo Marqués de Bella- 
vista, que encendido en heroico patriotismo, sacrificó en aras 
de su patria, su vida, honores y hacienda al proclamar co- 
mo Alcalde ordinario de Trujillo, su emancipación política el 
el 29 de Diciembre de 1820; á los Ilustrísimos prelados don 
Carlos Marcelo Corni, que lo fué de Trujillo, á don Juan Ca- 
bero de Toledo, del orden de Calatrava, Obispo de las igle- 
sias de Santa. Cruz de la Sierra y de Arequipa; al Doc- 
tor don Tomás Diéguez de Florencio, Sedamanos y Roldan 
Dávila, Obispo de Trujillo; al célebre jurisconsulto don Fran- 
cisco Carrasco del Saz; á los venerables padres Alonso de 
Saldaña, del orden de San Agustín; fray Luís Galindode San 
Román, mercenario; al padre Miguel de Ribera, oratoriano; 
el virtuoso Deán don Juan López de Saavedra, 3', en fin, 
otros muchos hijos ilustres, á quienes mencionaremos al es- 
cribir la monografía histórica y genealógica de Trujillo. 



(1 ) Polo, Apunten sobre Trujillo y sus obispos. 



EL CORREítlMlKNTO llE SANA 



363 



El Pacificador del Perú, Licenciado don Pedro de la Gns- 
Cfi, hho el íscaalfiniicnto de los límites de la diócesis» ex ten- 
ifíéiidose la de Quito desde el río Mayo, donde terminaba \a 

Klc Popayán (cerca de 2 - de latítutl Ñurte), hasta C de la- 
itud Sur^ comprendiendo arpiella: Pasto, Quito, Jaén de 
Bracanioros y San Miguel de Piara (l}i 3' principiando de 
íillí )fi arfjuidióccsís, (¡ne abrazaba más» tle la mitad del te- 
rritoriü actual de la República y que eontinaba con el obis- 
7Kidodd Citzeo. 

BI primer obispo fie Lima, P* fray Gerónimo de Loayza, 
Tiiílió á ia corona se dividiese su iglesia, yaporlagranexten- 
»ón territorial, ya por el aumento de la grey; lo que tam* 
Ijtén solicitó del Monarca cl Virrey Marqués de Cañete en 3 
«le Noviemljre ílc 155G, proponiendo se erij^jcse una diócesis 
kn Trujillíj (2). Convencido de esta iieeesidatl el Sumo 
Pt>ntífice Gregorio XllL mandó erigir este obispado por 
Bula de 15 de Abril de IfiTIJo tjLie no se llevó íi efecto por 
no haber tomado iiosesión <le su silla los primeros obispos 
iKindirarlos. (Así el íil>ro de erección de esta <lióeesis, y To- 
rrubia cu su Crótüca fninchciina^ Fnisso.por errtjr, dice que 
fué en Scptieml>rc: Dü Rcgit» PtrtjfWíu Indhimrtí, Madrid 
77.', tumo L cai>ítnln XIX, N, 33, página 122; Mendoza, 
ilecciñn citada, tomo S, página W). 

A fin de realizarlo, el Cabildo de Trnitllo se dirigió cou 
stc objeto, en 1(>(>7» á las cortes de Madrid y Koma, por 
»uductu del H. l\ fray ífonzalo Díaz Í*iñeiro» de! orden de 
kíiii Agustín, deíinidor noud)rado por el capítulo general 
le su orden (3)* lít Rey don l*\*lipc lU insistió con igual 
propósito ante su Santidad Paulo V, y éste expidió una Bu- 
I, cou fi miando la erección de Gregorio XI 11 l1 29 de f )ctu- 
rtMle lilUW. 

Por cédula fechar la en Madrid el 20 de Agosto de IGll 

ordenó al Virrey Martiués de Motitcsclaros, don Juan de 

Mcndozíi y Luna, que desmembrase este obispado de los de 

X*íma y Quito; hizo la demarcación de acuerdo cou el Ar^eo- 

liispo Lobo Guerrero y el Obispo electo de Quito, Doctor don 

Pernando Arias de Ugarte, librando auto para la división cl 



{1} Ce val I os, Hist. d^I Hcufidor T* 1 pil*í a(M 

12} MtTidoxa, DfH:unKnto$ InédkQS púrn I^ Hki.tk E^p. T. UI, p. 119. 

(3/ CttlíiKciííi, LVíJ/í/ca citadu, T, I, pág. 4íJS. 



364 REVISTA HISTÓRICA 



17 de Agosto de 1613. Se hizo ésta por el mismo Virrey el 
24? de Marzo de 1614, formándose el obispado délos corre- 
gimientos de Trujillo, Chiclayo, Saña, Cajamarca, Chacha- 
poyas y Moyobamba, Luya y Chillaos, Paellas, Cajamar- 
quillaj' Piura, con IOS curatos: 53 de clérigos y 55 de regula- 
res, y teniendo el obispo como renta anual 11,400 pesos. El 
auto de erección lo puso el Obispo don fray Francisco Díaz de 
Cabrera el 14 de Octubre de 1616. y lo autorizó su secretario 
donjuán Ponce de León, dedicando la iglesia ¿i la Concepción 
Inmaculada de María Santísima. Fué aprobado este auto por 
real cédula de 25 de Febrero de 1624, su fecha en Córdoba, 3' 
se notificó al señor don Carlos Marcelo Corni, dignísimo Obis- 
po entonces; porque, con motivo del terremoto de 14 de Fe- 
brero de 1619, terremoto de triste recordación, llamado de 
San Valentín, que redujo á escombros á Trujillo, el Ilustrí- 
simo señor Cabrera se trasladó con su cabildo á Lambaye- 
que, y, por auto de 10 de Marzo de 1619, estableció en esta 
ciudad su Sede. El Virrey Príncipe de Esquilache dispuso 
que se restituyese á Trujillo, pero su Ilustrísima el Obispo 
murió en Lambayeque el 25 de Abril de 1619 (1). 

El Doctor don Francisco Díaz de Cabrera, déla orden 
de Predicadores, natural de los reinos de Córdova en Espa- 
ña, hijo legítimo de don Pablo Díaz de Cabrera y de doña 
María Luisa de Córdova, fué colegial de Santo Tomás de 
Sevilla, profesó en la ciudad de su nacimiento el 5 de Sep- 
tiembre de 1574 en manos del parroquial fray Alonso Ca- 
rrillo y Sotoma3^or, y desempeñó los cargos de lector de Ar- 
tes y Teología, en el convento de Granada, maestro de su 
orden 3' prior de Osuna y Córdova. Electo como IX obis- 
po de Puerto Rico, pasó allí en 1610 y fué promovido 
á Trujillo por vSu Santidad el 6 de Octubre'de 1614. El R. P. 
dominico fray don Pedro de Luque, tomó en su nombre, po- 
sesión de esta iglesia el 27 de Febrero de 1616 (2); y su Ilus- 
trísima lo hizo personalmente el sábado 3 de Marzo siguien- 
te, saliendo á recibirlo á Mansiche el Corregidor y justicia 
ma^'or, maestre de campo General don Alvaro Cabero y 
González de Avila, cabildos, regimiento y caballeros nom- 

[1] Federico Villarrcal, Excursión a! río de Lambayeque, en la Re- 
vista de Ciencias. 

[2] Polo, obra citada, pág». 347 y siguientes. 



F.L CORREriiyiENTO DB SAÜX 



365 



1>rodos, que le condujeron con repiques de campanil s y gran 
iipíirato /i fíu Catedral, á cantar el Te-Dcum, Habiendo eri- 
jpdo su igíesia el 14 de Octubre del tnisnio ano (1616), so^ 
brevino á paco el espantoHO terremoto» del que hemos ha- 
blado antcrionnente. 

La erección de la dlucesis de Trujillo abruza todo lo re* 
la ti V o al ¿íobicrnn y servicio de la nueva iglesia, división y 
repartí mit^nto de sus frutos, mlmero deprcl>endas, ministros 
ji- oficiales fpjc dcl>ía haber» y todo lo conveniente id culto 
divino; siciulo conforme el autí» de erección ñ los de las igle- 
sias de Cuíícn y Lima, y que se sujetaron al ceremonial de la 
de Sevilla. El primer cabildo qne se'Lclchró después de man* 
dada erigir la diócesis fué el de 9 de Marxo de 1616, con el 
Licenciado don Juan de la Torre y Escobar, el Arcediano 
Doctor don Miguel de Salinas, y los canónigos licenciados 
don Luís de Vaz y don Juan de Solís San Martín, El Deán 
La Torre, cuando esta parte del territorio dependía del Ar- 
zobispado de Lima, fué nomljrado Vicario eclesiástico de ella 
por Santo Toriliio* 

Al erigirse el obispado de May ñas, por cédula de 15 de 
Julio de 1802, se le quitaron al de Trujillo las parroquias de 
Lamas, Moyobamba y Santiago de las Montañas, 

La ley de 29 de Julio de 1831 dispuso que se separasen 
déla diócesis de Trujillo las provincias de Chachapoyas y 
l'ataz y que se incorporasen íi la de May ñas. El Santísimo 
Padre, por Breve de 15 de Agosto de 1835, encomendó al se- 
ñor Arzobispo de Lima Doctor don Jorge Benavente. la for- 
mación del proceso canónico con vista de las preces que con 
tal objeto dirigió a! Gobierno del Perú, y que más tarde 
fueron reiteradas. Por el fin, el Papa Gregorio XVI, por Bu- 
la Ex Sithíimi Pctri Spcculn, expedida en Roma el 6 de Junio 
de 1843, confirmó la desmembración del obispado de Trujillo 
y la agregación al fie Chachapoyas de las provincias antes 
luchas, poniéndose el c.xaquaturA esa Bula el 22 de Septiem- 
bre de 184-4, Se cuentan 4i prelados en las dípticas de es* 
la iglesia: 28 que la han regido después de consagrados y 
16 electos no consagrados, oque no llegaron aposesionarse. 



No hemos podiil o resistir á la tentación de hneer cono- 
cer á miestrcis lectores la cédula de Carlos V, fechada en Va- 
Jladolkl y refrendíida por su secretario Juan Yásquessdc Mo- 
lina, concediendo escudo de armas ñ la ciudad de TrujilUí 
di;l Perú. Esa cédula su tenor es l-I siguiente; 

No hemos podido resistir á la tentación de hacer cono- 
ccr rí nuestros lectores la cédula de Carlos Y fechada en Va- 
lladoHd y refrendada por su secretario Juan Vazc[ues íle Mo- 
lina, concediendo escudo de armas A la ciudad deTrujillo del 
Perú, esa cédula, es del tenor el siguiente: 

**DDn Carlos, por la Divina Clemencia, Emperador de 
ítomanos, augusto Rey de Alemania, é doña Juana su nía- 
drcj y el mismo don Carlos por la gracia de Dios, Reyes de 
Cai>t!lln,dc León, de Aragón, de las dos Sicílías, de Iliem- 
salenu de Navarra, de {lalieia, de Granada, de Toledo» de \'a- 
Icneiíi» de Mallorca, deSevilIa» de Córcega, de Murcia, de Jaén, 
deCórdova,delos Algarves, de Algaciras, deCibraltar.dc las 
Islas de Canaria, de las Indias, Islas y Tierrafirme de Mar 
Océano; Condes de Barcclcna, seiiores de Vizcaya y de Mo- 
lina, Dnf[ucs de Atenas y Neopatria, Condes ile Roscllón y 
CcrdaniÉi, Marqueses de Aristán y de Gociano, Archidu- 
ques de Austria, Duques de Borgoña y de Bravantt;, Con- 
fies de Flandes y Tirol etc. Por cuanto Fernando de Ce- 
vídlos, en nombre de los vecinos é moradores de la Cilj- 
dad de Trtixillo, que eí^en la provint.ia de la Nueva Cas- 
tilla líaamda Perú, nos ha hecho relación fjue ellos se 
lian hadado en la ecmquiyta de la dicha provincia, donde nos 
han servido en todas Ins cosas que se han ofrecido y pa- 
sado en ellas muchos peligros c traliajos y «juc con deseo 
de continuar nuestro servicio ha hecho y poblado la dicha 
cibdad de Truxillo, donde al presente viven c moran, y mu- 
chos ílc ellos tienen sus mugeres y casas de asiento, y X<*íí, 
hídícmos mandado nombrar c hecho merced á algunos de los 
vecinos de losoficiosde rexímlento della, é mandándola lia* 
mar ó intitular Cibdad de Truxillo; é nossuplicó c ])¡dt6 por 
merced que acatandlo rjuclosdichos vecinos nos han servido 
en lacont|uista de la dicha provincia, y nos sirven en la dicha 
población, mandásemos dar armasá la dicha cifidad, según y 
como las tienen las otras cibdadeSjó como la nuestra merced 



EL GOEBEGIMESNTO DE Sk^lk 



367 



^aesc ó Nos acatando lo stisodicho, tuvímoslopor hien, é por 
Ifi prestante hacemos merced é queremos y mandamos (¡ue a- 
^tira y de aí|uí adelnnte, la dicha cuidad de Truxillo haya v 
^L'iiga por araiaK conocidas un escudo dentro del cual estcn 
^los colunas, sobre aguas a^ule? y blancas, y encima de 
^las una Corona de rey, de oro, cercada de perlas y pie- 
«IrnSt con dos bastones cjue abracen las dichas dos col unas 
;y salgan por arriba por dentro de la dicha corona, y en me» 
ml\n de las dichas cohinas esté una A" de oro, que es hi pri* 
Miicra letra de mi iiombrt; propio de mi el KeVi en cani- 
jo azul; y por timbre encima del escudo un grifo que mire 
^i la nirino tkTCcha y abrace el dicho escudo, según que arpií 
-s*an figuradas y pintadas,— Dada en Valladolid, á los sie le 
«lías del mes de Diciemlirc año del nacimiento de nuestro 
Salvador Jesucristo, de mil vfjuinientos treinta y siete años. 

Vo Er. Rkv. 

Yo Juan Vásqnez de Molina. Secretario de su Ces/irea 
Cívlbutiea Magcstad la fice escribir por su mandado. 



MAs arril)a dejamos apuntado el día en rpie se delineó 
la ciudad ilc Trujilln y ceremnnins que con tal mtítivo so 
liicieron. La carta del Maniués Pízarro que va en seguida, 
«leja ya plenamente esclarecido que no fué el el fundador de 
"Trujillo, como hasta ahora se creía. (!) 

"Sacra, Católica, Cesárea Magestnd: 



Por que con Antonio Navarro contador de Vuestra .Ma- 
jjestad, que fué destos reinos, le hice laVga relación de to* 
ílo lo que hasta entonces había de que darla á Vuestra Mn- 
j^cstad y lo habrá visto, por cumplir siempre con loque ;i 
vuestro real servicio debo y deseo que sea avisado de todo 
lo í|ue en estos reinos pasa y se ofrece, escribo esta agora 
para dar cuenta á Vuestra. Magestad de todo lo que dcs- 



[11 A rcti i V < » d e 1 n d i as . ^Pa t ran» t o, — M táltiH, ^ Co/t**^' jVJ// th dov ítnwi ' 



368 REVISTA HISTÓRICA 



pues ha sulíceelido con la venida de Alvarado á esta tierra, 
y no lo he hecho antes, porque no había navio, por que es- 
toy sirviendo á Vuestra Magestad la tierra adentro, paci- 
ficándola y poblándola en nombre de Vuestra Magestad; y 
así diré que estando el Mariscal don Diego de Almagro con 
cierta gente en la provincia de Quito, conquistándola, entró 
Alvarado en la misma tierra, diciendo ser gobernador de 
ella y del Cuzco, que yo tengo poblado y pacífico, é otras co- 
sas que era más alteración que no de hacer vuestro real ser- 
vicio; y como el Marisc<al tenía los más de los indios de la 
tierra pacíficos y debajo del amparo y obediencia de Vuestra 
Magestad, y tuvo nueva que andaba Alvarado destruyendo 
los naturales de la tierra y haciéndoles muchos daños, en- 
vióle á requerir, en nombre de Vuestra Magestad, que no con- 
sintiese ni diese lugar á que fuesen maltratados los indios 
que estaban en paz, y otras cosas que convenían para la 
quietud de la tierra y convenientes á la buena pacificación y 
población de ella y sociego de los españoles vasallos de Vues- 
tra Magestad, y que en ella estaban, y como Alvarado traía 
la intención desasosegada y venía inquieto, cobdicioso de go- 
bernar estas partes por fuerza ó como pudiese, respondió 
ciertas cosas enderezadas en deservicio de Vuestra Mages- 
tad; y no obstante que por parte del Mariscal se tuvieron 
con él todos los cumplimientos que le pareció necesarios pa- 
ra estorbar el rompimiento á que quería dar lugar Alvara- 
do que hobiese, porque conoció de mi siempre tener este de- 
seo, y por conformarse con mi volunt^,d y hacer lo que le 
mandé, por que con paz fuese Vuestra Mí\gestad servido y 
estorbar por mi parte la guerra, por que ansí convenía al 
aumento y pacificación destos reinos, por que no habiéndo- 
la, no podría Vuestra Magestad ser de mí bien servido co- 
mo yo querría, pensando Alvarado apoderarse de esta tie- 
rra y tomar por nllí la entrada en ella para poseer lo demás, 
estando el Mariscal en una ciudad que tenía poblada en 
nombre de Vuestra Magestad, con ciertos españoles, pos- 
puestos todos los medios que con él había tratado que le 
parecía convenibles para que cesasen escándalos, mueve Al- 
varado ejército de trescientos hombres de pié y de caballo, 
bien armados y apercibidos, y viénese á la ciudad para apo- 



EL CORREGmiENTO DH SAÑA 



369 



cJerarsc de ella á su vüluiitad. y U^^á ñ ponerse junto á clin, 
«encima de un cerro; y como el Manseal íuese avisado de su 
"V'cnidfi y (juc quería prenderlo, para defenderse de él y cstor- 
Tuar que jin efectuase su propósito, pues tanto era Vuestra 
-Majestad del lo servido» apercibió su gente lo mejor que pu- 
<: lo y teniendo delante los ojos el servicio de Dios y á Vnes- 
"t Til Magestad, y la paz y socicgo de los cristianos que con 
^Bl estaban, usó con Alvarado todos los medios que le pare- 
^zriri má8 convenientes para asegu ralle; fué Nuestro Señor ser- 
^—^'^.ñdo que en aquella hora le convenciese para que se quisiese 
^H^n posen tar cerca de la ciudad, do el quiso v tuvo por bien, 3' 
^Bcr^ttc darían orden de entrellos, y viendo el Mariscal que los 
^^t^spañoles de ambas partes estaban tan alterados, creyendo 
«r jue no cesarían aquellos movimientos, por que estábala 
^:^osa en tanta discordia que pensalja perd^^rse; sintiendo los 
«:3íirios que se podían seguir en la tierra y temiendo la nuier- 
^fce fJe los cristianos tjue se podían ofrecer, si no se buscaban 
^*"^iedios por do hobicse paz^ y se estorbasen, propuso con Al- 
"^w ¿irado los niejíH'cs que pudo, y después de haberlos mirado 
^3»' platicado en ellos y que no podía por aquella vía conven- 
^^í-rle para que se dejase del interés que parecía traer^ pare- 
^>:^toíe íil Mariscal que con cobdicia de dineros podía ganar 
«^on él líL ípiietutl (¡ue él deseaba rjue hubiese en la tierra» y 
"juluf^o ñ Nuestro Señor que, como esto le puso delante, de 
^xsosegalle y ponelle en razón, y que se concluyese allí la pas£ 
^^or cjue le prometió que daríamos j)or el armada que traía» 
ue no vale trciníit mil castellanos de oro, e/ew mih como es- 
o V lo demás Vuestra Magestad había sabido por la rela- 
critSn que de todo el Mariscal hizo desde San Miguel, que yo 
^qaí no digo pur no dar á Vuestra xMagestad importunidad 
0€>n más larga escritura, y, puesto que nos cuesta todo lo 
c|ue hemos ganado en servicií) de \ ucstra Magestad por te- 
ner toda concordia y mejor poder servir, he dado y doy in- 
finitas gracias A Nuestro Señor, y he liabido muclm alegría 
en fenecer cosa (|ue tanta revuelta y alteración había pues- 
to cu este reino, aealjado sin muerte ni daño de españales j 
con tanta past; por tptc coníto en Dios ijue con su ayutla y 
favor en la l>iicna ventura de Vuestra Magestad se descu. 
lirirA con los navios por esta Mar del Sur otro nuevo reino» 



370 



KB VISTA HISTÓRICA 



como lo pongo por obra, de do se tcn^a de mi por muy ser- 
vido; y ansí vino A Iva nido y el Mariscal en mucha eonfor- 
tnidad á «zsta provincia de Pachacámnc ñ verse conmigo, do 
reeihió sus dineros y lo despaché con toda brevedad y lo en- 
vié fi sn Kobeniación de Ouatenmla en un navio, por que así 
me pareció fjiie convenía al servicio de Vuestra Magestad; y 
hecho esto, voy al Cu2co ñ reformar ac|uel pueblo y ver to* 
da la tierra para hacer relación verdadera á Vuestrii Ma- 
í^estad, por vista de ojos. En la provincia de Quito tengo 
fundadas, en noaibre de Vuestra Magcstad, la ciudad de 
Santíaíjo y la villa de Síin Francisco, y se fundarán todos los 
otros pueblos que ser pudiere, por que es mu\' buena tierra 
y donde tengo por cierto que Dios y Vuestra Magestad se- 
rán muy servidos; y auuque los indios desta provincia es 
mucha gente y muy belicosa y ha habido grandes recuen- 
tros, ha sido Nuestro Señor servido qne la ma3'or parte de 
ella este pacífica y debajo de la obediencia de Vuestra Ma- 
gestad, sin que haya habido muerte de españoles". 

'* En esta costa de la Mar del Sur, en la provincia de 
Snnta, he poblado en nombre de Vuestra M agestada la vi- 
lla de Trujillo, La villa la fundó el Adelantado don Diego 
de Almagro el miércoles 6 de Diciembre de 1534, estan- 
do de tránsito á Paehacámac, en parte que será uno de 
loa frescos y honrados y provechosos 3- bien poblado y 
proveído de Ifis cosas necesarias para la población y sus- 
tentación del que hay poblado en esta tierra, porque tie- 
ne buen puerto cerca del 3* está en comarca que hay muy 
ricas minas de oro, y en parte que puedan servir en úl los 
indios de la Sierra \' los de los Llanos sin trabajo. Plega á 
Nuestro Señor se haya fecho cu tan buena hora, que reciba 
desta villa Vuestra Magestad el servicio que yo deseo hacer; 
3* á la provincia de Puerto Viejo de enviado un capitán pa- 
ra que en nombre de Vuestra Alagestad funde en ella tma 
villa, por que es buena tierra." 

** Con Antonio Navarro, contador de estos reinos, en- 
vié á pedir 3" suplicar á Vuestra Magestad me hiciese mer 
ced de proveerme é darme con la gobernación que tengo 
el Cuxco, con todas las provincias y tierras qucl señoreaba, 
por ser esta la cabeza y principal señorío de toda esta tie- 



EL CORREGIMIBNTO DE SAÑ\ 371 

rra, y conviene al servicio de Vuestra Magcstad que todo se 
incluya en una gobernación, por que estando apartado el 
Cuzco dcsta gobernación, no se puede gobernar ni sostener, 
como convenía al servicio de Vuestra Magestad y al au- 
mento y población della; y como 3-0 le suplico á Vuestra 
Magestad lo mande proveer, será muy servido y yo lo reci- 
biré por galardón de mis trabajos y gastos que he hecho 
en vuestro real servicio; por lo ganar, como lo tengo gana- 
do y poblado y pacificado y es y será dello Vuestra Mages- 
tad muy servido. Muy humildemente sirplico á Vuestra 
Magestad, si no está proveído, lo mande proveer, como yo 
lo espero, así por lo que he servido como por lo que espero 
servir y gastar esta poca de vida que me queda en vuestro 
real servicio; y en todo loque de mi parte dijere Lope deldiá- 
quez, criado de Vuestra Magestad, le manda dar entero cré- 
dito, por que como persona ante quien ha pasado las cosas 
de acá, y va á hacerle dellas relación, lo hará con toda ver- 
dad. " 

** Ya habrá sabido Vuestra Magestad, cómo Don Fer- 
nando de Luque, Obispo y protector desta gobernación, es 
fallecido, y el salario que Vuestra Magestad manda dar con 
este oficio sería excusado, siendo servido que se haga en es- 
ta tierra, como se ha hecho en Castilla del Oro, que lo usa- 
ban los tenientes de gobernador en cada pueblo, había buen 
recaudo en el buen tratamiento de los indios, y acá se pue- 
de hacer proveyéndolo Vuestra Magestad, pues también se 
hará justicia á los indios y excusaría este salario y costa. 
Nuestro Señor vuestra Sacra, Católica, Cesárea Magestad 
guarde y prospere bienaventuradamente con mucha paz y 
obediencia del universo. Dcste pueblo de Pachaca mac, pri- 
mero de Enero de mil quinientos treinta y cinco años. 
De vuestra Sacra, Católica, Cesárea Magestad, muy hu- 
milde criado y vasallo, que los muy reales pies y manos de 
Vuestra ^lagestad beso. 

Francisco Pizarra. — (Hay una rúbrica.) 



372 



BETISTA HISTÓRICA 



Piznrro llegó á Trujillo hacía principios de 1536 y fundó 
luego el cnhildü de la nueva ciudad, como se verá por el ac- 
ta f[ue publicamos en se^íuida: 

'iín el pueblnde Cauclinn del Cacique Clniníi, ¡dcv^es que 
se cuentan tres [Has del mes de Febrero año de myle C|Uin- 
yentusetrenyta é ceys, en este dicho día sejuntfiron en ca- 
bildo en presencia de ni y el dicho escribana y testigo \*iJSO 
escripto,cÍ dicho señnr ^olteraador dixot^jue al servicio deS, 
M» y al buen Reííimyento de la dicha eibdad y admynistra- 
cion de la justicia kcrit della conviene nombrnr alcaldes é 
Re|^Ídores,et en nniubrc ríe S. M. dÍxo:ípic nonibrabay nom- 
bró por alcaldes ú^^ la dicha villa de Truxillo al eapttún 
diegodemora é al Maesedeeanipo Blasdeatíenza, e para re- 
gidores al capitán Juan Koklandeavila, capitán Lorenzo 
deUlIoa, capitán Alonsofelisíderaorales, capitán Dominieus 
tiesoral ucee (Caballero de Espuelas dí>radas y XIII de la 
isla del Clallu) ñ Melchorverdu^o, (Cal>nlleni de la Orden 
de Santiago), al capitán diego de agiíero; al aférez Francisco 
Luís dealcáfitara, al capitán juandesandovíd, al capitán 
Alonso Pixarrodelarua y cupitau Andreschacón á los qua- 
les y aeada uno dellos dixo: tjue daba é dio todo poder cum- 
plido para usar yexercer los dichos oficios desde aiíora has- 
ta en fin destc presente año de quin^^entos e treynta é eeys 
de alcaldes é Regidores de la dicha cibdad que presentes se 
hallaron el dicho señor gobernador thonió é Recibió jura- 
mento por dios y por Santa maría cóbrela señal de la Cnix 
enque cadauno dellos pusyeron sus manos derechas Corpo- 
ral mente é por las palabras de los snntíísevangc1itíS,doqnÍcr 
que más largamente están escritos é bien c fielmente como 
buenos é fieles criptianos thenierosos de dios é servidores de 
S. M, usarán yexccerán los dichos oficios que dellos y acá 
da uno dellos por el dicho señor gabernador en nombre de 
8, M.^ le son encargados este dicho presente año, myrando 
lo que conviene al servicio de S. M. é aljiieu epro comóti de 
la dicha villa e vecinos c moradores della c obedecerán y 
cumplyrán las provisyoncs é mandamientos de su Maggfb 
é de dicho'Garcia de Olguín mi theniente de go ver n ador, en 
su Real nondire; é guardarán los secretos del cabildo y los 
dichos alcaldes admynistrarán justizia syn llevar cohechos 



EL CORREGIMIENTO DE SAXA 373 



ni derechos demacyados C que en todo ansy los dichos al- 
caldes como los Regidores harán v cumpiyrán aquello que 
deben segund (|ue son obligr.dos, los cuales dixeron S3' juro 
amén Respondiendo á la conclusión de dicho juramento. 
E luego el dicho señor governador dio 3^ entregó dos varas 
de justicia ennonibre de S. M. á los dvchos diegodcmora 
é Blasdeatyen¿:a para que las traygan y usen los dichos ofi- 
cios este dicho año, segund dichocs, y á ellos y á los dichos 
Regidores dixo que los avía é uvo por recibidos en los di- 
chos oficios y al uso yexercicio dellos; y pydióam\', el dicho 
escribano, se lo de así por testimonyo testigo ¡van de llcrena 
c diego de tufj'no, podro de Córdovüy escribano de sumagd. 
é de cabildo. (SO) 

íríincisco piznrro—ihay una rubrica.) 

De los señores alcaldes y regidores del primer cabildo 
de Trujillo, no dejaron descendencia los siguientes: 

Capitán Diego de Mora, Alfonso Francisco Luís de Al- 
cántara. 

Capitán Juan de Sandoval que, aun cuando fué casado 
con hija natural del Capitán Diego dt Mora, ambos falle- 
cieron sin sucesión. 

Capitán Alonso Pizarro de la Rúa (cuya sucesión no 
conozco) y el Capitán Andrés Chacón. 

Marco A. Caiiero. 

{Se continunrú,) 



(KO) Blas tic Aticnza. Juan Koldáii Dávila, Lorenzo de Tlloa. Alonso 
Fclix de Morales, Domingo de Soralucü, Melchor Verdu^j:,) y Diego á-z 
Agüero, dejaron ilustre descendencia de la que me ocup:lr^5 cuando escriba 
la oiono*;ralia genealógica de Trujillo. 



J-ios n^^oclaGiop^s dijolomátlcos }c)er-uanos y Qolombicxrios 
gI^sgI^ 1521 \)s^k 1530. 



El tratado de 1829 ajustado, en Guayaquil, entre Co- 
lombia y el Perfi, y un protocolo que aparece, extendido á mé- 
rito del artículo 5.° del mismo tratado, en Lima, en el año 
siguiente, constituyen los argumentos esenciales de la defensa 
del Ecuador en el negocio de límites con nuestro país que 
ha de ser resuelto, en Madrid, por decisión arbitral de S. M. el 
Rey de España. 

En la última Memoria que presenta al Congreso de Qui- 
to el ex-Ministro de Relaciones Exteriores doctor don 
Miguel Val verde (1), leemos estos conceptos: **Creo que ha 
llegado el momento de poner punto final á tan infundadas 
pretensiones (las pretensiones son los derechos del Perú), 
bien sea por la esperada resolución del Real Arbitro, bien 
porque es 3'a indispensable que el Ecuador exija el reconoci- 
miento de la línea del Amazonas, dtsde la frontera del Bra- 
sil hasta la boca del Chinchipe, en cumplimiento del acuer- 
do internacional contenido en el protocolo Pedemonte— 
Mosquera, celebrado en observancia del tratado de 1829. 
El protocolo á que me refiero, publicado por primera vez en 
el Ecuador y totalmente desconocido hasta hace poco por el 
Gobierno ecuatoriano, fué descubierto por nuestro muy inte- 



(1) Quito 1905, p. XI. 



LOS NBGOCIADORBS DIPLOMÁTICOS 375 

Hgente y muy recomendable Encargado de Negocios en Lima 
doctor don Augusto Aguirre Aparicio (2), y es hoy, después 
del tratado de 1829, el más importante de los documentos 
ecuatorianos y el título indiscutible de nuestro derecho de 
posesión sobre la margen izquierda del Amazonas." 

El señor Valverdc inserta, íntegro, el protocolo, no en 
los anexos, sino en el texto de la Memoria, A causa de la 
importancia excepcional que le atribuye. De las certificacio- 
nes puestas al pie, se deduce que uno de los originales estuvo 
en el archivo de la Legación de Colombia en Lima; que, en 
1870, se tomó una copia auténtica por el Ministro residente 
en las Repúblicas del Pacífico, don Teodoro Valenzuela; y 
que, en 1893, se envió otra copia de Quito á Lima, en la 
que están las firmas del Jefe de la Sección Primera del 
Ministerio del Ramo don Francisco Ruiz y del Sub-Secre- 
tario don A. Yillamar. 

En la Colección de tratados del Pera de que es autor 
el doctor don Ricardo Aranda (3), no figura el protocolo 
Pedemonte-Mosquera; tampoco lo hemos visto en las Me- 
morias que conocemos de la Cancillería peruana, ni en los 
periódicos oficiales, ó no oficiales, de la época; y no existe 
en los archivos de Lima, Bogotá y Quito. Lo expuesto 
ha hecho surgir graves dudas acerca de su autenticidad, que 
sólo el Ecuador puede disipar, exhibiendo el documento ori- 
ginal. 

En los documentos diplomáticos de que hablamos, se 
señala como base de los 'derechos del Ecuador, el uti possi- 
detisde 1810, ó sean los límites de los Yireinatos de Nue- 
va Granada v del Perú. 



(2) El verdadero descubridor fué el doctor don Francisco X. A/aruirre 
Jado, Jefe de la Le^jación. de la que vino como Secretario el señor Aguirre 
Aparicio. Entre algunos folletos que aquel adquirió, pertenecientes á la bi- 
blioteca del doctor don Francisco Rosas, cayó en sus manos uno, publicado 
imprudentemente, aunque con el carácter de reservado y para uso exclusivo 
de los Representantes A Congreso, por nuestra Cancillería. En esc folleto es- 
taba el protocolo. 

(3) Lima 1892. Los actos diplomáticos con Colombia corresponden 
ni tomo III, que lleva la letra C. La no inserción del protocolo en este 
tomo, motivó una reclamación, (|ue no tuvo consecuencias, del Encargado 
de Negocios, hoy Plenipotenciario de Colombia en el Períi, don Luis Tanco 
Argáez. 



376 RF.YI9TA HISTÓRICA 



El Plenipotenciario de nuestro Gobierno que intervino 
en el tratado, fue don José Larrea y Loredo (4). Antes de 
suscribirlo, observó en una conferencia protocolizada: **Las 
operaciones de los comisionados (para el trazo, sobre el 
terreno, de la línea divisoria) pueden principiarse por el río 
Tumbes, tomando, desde él, una diagonal hasta el Chinchi- 
I>c, Y continuar en sus aguas hasta el Marañen, que es el 
límite más natural y marcado entre los territorios de am- 
bos países y el mismo que señalan todas las cartas geográfi- 
cas antiguas y modernas.*' 

El Plenipotenciario de Colombia, don PedroGual (5), con- 
testó, inmediatamente, **que le era agradable, por la exposi- 
ción que acababa de oir, conocer que ambos se iban acercan- 
do ya al punto de reconciliación que tanto se deseaba." 

Los negociadores del protocolo de la Memoria del doc- 
tor Yalverde, fueron el hombre público y sacerdote peruano 
don Carlos Pedemonte (G) y el general colombiano don 
Tomás Cipriano de Mosquera (7). El primero expuso: '*Que 



(4-) Fué Ministro de Kstarlo y rci)rcsentó al Perú en Chile, y cerca del 
Lil)ertad<)r para las negociaciones (jue narramos. 

(ó) Distin<íuido diplomático colombiano. Ministro de Estado y Ple- 
nipotenciario repetidas vec^s, represLMitó, junto con el íjeneríU don Pedro 
Bricjño Méndez, á su país en la Asamblea Internacional de Panamá, cuyas 
últimas sesiones sj verificaron en la villa de Ta.cubaya, en México. 

La Academia Nacional de Historia de Bogotá está publicando la co- 
rrespondencia inédita de Cual con Santander, (|ue escapó á la diligencia de 
los compiladores. {Boletín de Historia y Anfigüedach^s, año IV, N.** -iO). 
El formuló las instrucciones de la Legación de don Joa(|uín Mosquera, de 
que se ocupa, en su oportunidad, el texto. (Colección c/e. tratados cit., i. 
III, p. 120, á pesar de (|ue el índice dice 220.) P<;r su versación y perspica- 
cia de negociador, si no por el estilo de sus notas, la figura de Gual. en Co- 
lombia, se asemeja bastante á la de nuestro don José María de Pando. 

(G) l'no de los hijos más notables de lea. Sacerdote oratoriano, llamó 
la atención por su elocuencia (|ue. del pulpito, pasó á la tribuna parlamen- 
taria. Desplegó actividad y entereza en los trabajos de conspiración contra 
li dominación española y (ie organización del nuevo Estado. Fué Rector del 
Convictorio de San Carlos. Habiendo sido propuesto á la Santa Sede para 
Arzobispo de Lima, no llegó á ser preconizado. 

(7) Secretario privado, S.'cretario general, Jefe de Estado Mayor y Ple- 
nipotenciario de Bolívar, ejerció la Presidencia de Colombia en la época de 
la Nueva Granada. Extremando el programa liberal, desató una perse- 
cución iniplacable contra la Iglesia católica y las Ordenes religiosas. Tenía 
lucidez intelectual poco común, ]x»ro su esj)íritu era solapado, con inclina- 
ciones á l:i volubilidad v á la mentira. 



LOS NEGOCIADORES DIPLOMÁTICOS 



377 



^nando se creó el Obispado de Ma^^nas, la cédula no deter- 

linó claramente sus límites, y se entendieron los vi reines 

tara ejercer su autoridad en los desiertos del Oriente'*; y 

iropiisu qtie se fijase por base para los límites el río Mara- 

■m\ón, **desde la boca del Yuratí, aguas arrilja, hasta eiicon- 

^t rarse con el río Huancabamba, y el curso de este rfo hasta 

^mvi origen en la cordillera; y de allí tomar una linea al Maca- 

^-^¿l, para seguir á tomar la ealiecera del río Tumbes/* El 

^€?^ando convino en tales bases, pero las modificó, panien- 

«Jo por término, no la embocadura del Huaniabamba, síno 

1 5T fiel río Chin chipe, **c|ue conciUaba más los intereses del 

X^erú, sin dañar á Colombia*', 

El pensamiento del señor Pedemonte» interpretativo 
«^írl uti posskleti^ de ISIO, coincidía con el del señor Larrea 
I ^^ Lnredo. 

^H Termina el protocolo con una declaración del general 
f ^Vlosquera no contradicha por el señor Pedemonte; *'E1 
I ^Itnistro de Colombia da, desde ahora, por reconocido el 
I l>erfecto derecho de su país á todo el territorio de la ribera 
I iasqiiienla del Marañón 6 Amazonas, y reconoce al Perú el 
^^ dominio de la ribera derecha''. 

H La Cancillería de Lima, en el Alegato que tiene entreoía* 

cío al Real Arbitrio, debe ha1>er desvanecido la fuerza jurídi- 
ca, del tratado de Guayaquil y del protocolo complementa- 
riu, en el supuesto de que éste sea auténtico, fundándose, de 
nioclo principal, en que el primero se negoció con una entidad 
política, la República de Colombia, anterior y distinta ú la 
República del Ecuador, y en que el último, que versaba sobre 
tina cuestión tan grave como la de límites, no fué sometido 
á los Congresos del Perú y de Colombia. 

La lectura atenta que, durante varios años, hemos lleva- 
do íi cabo de líi currespondencia particular del Liliertador 
don Siman Bolív^ar, nos permitirá penetraren la psicología 
de los negociadores, explicanrlo la arrogancia de los unos 
y la debilidad de los otros, v por que el Perú, en el campo 
del debate internacional, nada hizo entonces para soste- 
ner el dominio de esa ribera izquierda del Amazonas, que es 
tnn peruana como los valles que circuntlnn á Lima* 
12 



3 78 REVISTA HISTÓRICA 



La recepción del mñs antiguo de los agentes diplomá- 
ticos enviados aquí por- Colombia, don Joaquín Mosquera, 
tuvo lugar el 8 de mayo de 1822 (8). La impresión que la 
capital del Perú le produjo, la trasmitió así al Vicepresiden- 
te encargado del mando en Bogotá, general don Francisco 
de Paula Santander: *'Lima es el país más hermoso que he 
visto: soberbios edificios, torres elevadas, el lujo y la mag- 
nificencia la decoran por todas partes*' (9). Dos meses des- 
]mes firmaba con el Ministro de Relaciones Exteriores, don 
Bernardo Monteagudo (10), un **Tratado de unión, liga y 
confederación perpetuas'', que aprobaron los Congresos de las 
naciones interesadas (11). 

En el artículo IX hallamos una alusión á la cuestión de 
fronteras: **La demarcación de los límites precisos que ha- 
yan de dividir los territorios de Colombia y del Perú, se 
arreglarán por un convenio particular, después que el próxi- 
mo Congreso Constituyente del Períí haya facultado al 
Poder Ejecutivo de este Estado para arreglar este punto; y 
las diferencias que puedan ocurrir en la materia, se termina- 
rán por los medios conciliatorios y de paz, propios de dos 
naciones hermanas y confederadas.'* 

Como se ve, Monteagudo no comprometió en nada nues- 
tros derechos. Antes bien, á fin de que se les esclareciese y 
estudiase, aplazó determinar los límites para un acto diver- 



(8 1 Gnccta (Id Gobierno W 57. p. 1. Mosquera es un eminente per- 
sonaje (le la. Coloinl)ia de Bolívar. Orador, diplomático, hombre de letras, 
ejerció con reputación sin tacha, en una época excepcionalmente tormen- 
tosa, los más delicados caraos públicos. 

[O] Memorias del í^eneral don Daniel F. O'Iyeary. Caracas 1880, t. 
IX. p. 04.. 

[10] El nombre de este hA))il, aunque despótico, consejero de San Mar- 
tín, es .sumamente conocido. Enaltecen su recuerdo los decretos que re- 
dactó, en Lima, institu\'endo la Biblioteca. Nacional y un Museo público 
y preservando de la devastación de la barbarie los restos arqueológicos que 
cubren nuestro 'territorio. Sus ¡deas monárquicas eran fijas y sinceras. 
Una misteriosa puñalada cortó el hilo de sus días: el proceso que se nigruió 
al asesino se halla íntej^ro y aún no perfectamente compulsado en el Archi- 
vo de la Corte Suprema dé Justicia. Todavía se diserta acerca del lugar 
donde nació, dividiéndose las opiniones entre Tucumán y Chuquisaca. 
fJG. Kené Mí)reno, Bolivia v Perú: más notas histórico-hiográñcaSf 
Santiaíío de Chile 1905]. 

[11] Colección de tratados del Perú cit., t. III, p. 14rO. 



LOS NIi:r.OCIAnOIÍES DIPLOMÁTICOS 



a 71) 



so y especial. ¡Cuantn diferencia entre mi conducta y la tic 
Xrarrea y Loredo» rjiiien, sin el menor inconveniente» adnii- 
tía la línea divisoria de los Vireinatos del Perú y Nuera 
Ciraníida, en la forma en que la concebía Bolívar! 

Mosquera persiguió, con tenacidad, r|uc se negociase e! 
Xíro tocólo previsto; pero tropezó con el obstáculo de tpie los 
Jiombres de Estado del Peni f[uerían, corno era natural, 
«:jue, antes de coincnjíar la discusión, estuviese en su podiT 
"Coda la documentación necesaria* La más elemental pru- 
^Icncia lí> aconsejaba. Sin embargo» la demora exasiíc- 
^aba á Mosíjuera. Sigámosle en sus cartas á líulívar: ' Afjuí 
3e hti publicado la Constitución con menos aparato que un 
'^X'*^^^^ de bulas. Tagle (12) ha sido nombrado Presidente y 
«^lon Diego Aliaga (13) Vicepresidente. De resto, torio es co* 
-«no V. E, lo conoce, Vo desprecio altamente una multituíl 
^e hablillas vulgares que agitan á algunos, y así no molesta- 
ré con fruslerías á W E, En mi opinión, las coFas de Lima 
son muy accesorias, y fijo mí cotisideracióti en la conducta 
leí cicrcito enemigo y en los medios C[ue puedan hacerlo 
isupcriur al (|ul- V. E. manda. Aún na se han cxLvttfittlo las 
fFistraccmncs ¿ti stñorOftldcüno (14-) pnm trntnr cotimi^tt, 
^ ^>cro no owiío ocnsiñn ni resorte nlffuno qitc no toque pura 
:tjnciu¡reí negoeiu única que me dvmor¿i (15)*\ *ilasta aho- 
):Tii no he potlido consi*guir que se extiendan las instriiccitmcs 
.sil señor Ga Idean o. Berímloagu (Kí) me dice f¡ue estú hus* 



fl2] n*»iiJiiKé Rcniírrtlu Tagle, (iííir(|tJi5s <k' Torres Ta|;lc. Katlíe igno- 
ríi lii elevíHla ¡Hisitcióii íiíK-tnl y de ílortiiiia qut' ocupátia, sus t:^riintlc's *ivrvU 
üui» á L'ii^misu fk la lmlc|x*udci»d;L v svi ik%sgratnín!*i Un vii el cíisliílo tid 

j 13| tic^ctndktUe ftrt ctJUfiuistntlordd IVrú y fuiíHíiilur tfc Liitiíi d*>ii 
Vcróriimu de .Mia^a. Krcajó en ¡»ti r.inñlta d líUií<» de condi'S dr Luri- 
1 11- 1 Kl cIiH'UJt rliin josí María tíaMcarui. iVrU'iii^iii A uítíi antigua 
f%*.'^íi«dalíidíi ümiiíííi dv Liiii.^* Fi«iuri5 en lo» Cünííreííus de líi ^ípuca de 
, Inde|ieníkíiiiíi. Fui Miiusini tk Bj^tadu. Dcspups dt íar^n y diccpcio* 
lítílo retiro íMi la vid.i pnvada. ■ volvió á lomar fiarle en los af»»ñttís ptílílí- 
20ÍI durante líi Contedcración ÍVrú-bolivifum, íundadíi pitr el íVran I^Iarís- 
2£ií don Andrés ^anta Cnu, 

[15| 23 de noviembre de 1H2.H. Memorias cit. t. IX, jk :¿U, 
[16] El vimondc de San Ponas. La Indepcíideneia le fué deudora d<^ 
servicio* incsiímalílcs. Bra.*|tjiíá, entre Jos ]WruaaomdcsiJ lírnipo el tnán a|r 
^a p8ra |;oberaar ífl Estado. \ n nhscuro procedo de Iratción^ que Bnlívnr 
^ hiso pr»jniovt;r. puso ña á su fecmida esistcnela. 



cando los documentos reíativos á fa erección de¡ Obispado 
de Afoynns, y se estaría buscando pretextos etcniamente 
acaso con la intención de eludir un ajuste rlefinitivo en esta 
materia. Para f|uitarte todo cí'uííío, le he pasado hoy una 
nota, diciéndole que tengo que concurrir al Congreso i>róxi- 
mo deColonilMa y f|ue esta y otras razones nonienos í'uertca 
nic impiden el poíier residir p€:»r mas tiempo en el Perú (17)**' 
**Berindoa^a, signiendo su nueva táctica diploma tica, ha 
remitido al Cíin*írcsí» mi última nota, proponiendo que 
se reconozcan los límites antiguos del Perú con la Nueva 
Granndfi y diciendo que no se ha n pod id f> encontrar /os /iifíc#s 
de ervcciYiti del Obispétdo de Mavnss y fjosteríorvs ocurren- 
cias iicjitcn (IS);** 

El círculo que constituía el Gobierno de Lima reeonoci6* 
sucesiva mente, dos altos inspiradores díplomáticoSp Monte, 
agudo y Beríndoaga, que discutían con Mosquera* frente A 
frente, sin cejar nn punto en nuestra defensa, como cumplía 
á los representantes de ima nación libre, en cuya concien- 
cia estaba que, en los filtimos años de la dominación es* 
pan ola, líís territorios ribereños del Amazonas, del lado 
del Vireinato de Nueva Granada, habían pasado A tbrmar 
parte del Vireinatodel Perú. 

No pudo ser encontrado el documento que lo compro- 
baba ó se teiuía que su exhibición crease dificultades insu- 
perables con el famoso candi 11 oitle !a Indei>endencia de Ve- 
nezuela y de Colombia, en ciuieii ,se divisaba un poderoso 
apoyo y un abado natural. De ahí las estudiadas dila- 
ciones con que se detenía á Mosquera; de ahí que el Con- 
greso no llegase á pronunciarse acerca de la nota de Berin- 
doaga. 

Bolívar, no hacía mucho, había incorporado á Colom- 
bia, arbitraria, violentamente, la provincia de Gua\*aqu¡L 
Los peruanos cuidaban de evitar que, por medio de un 
acto internacionab no basado en un profundo estudio 
de la materia, ó en virtud del despecho que le produciría 



[17] H d(r tlickmbrc de \H23, ñfcmoríss cit„ x, IXf p-2. 
[18J rt fk id. id. Ibid. i. IX.p. 24. 



LOS NHGOCIADOUES aiPLOMATICOS 



3S1 



Ba exhibición de la real cétlula, convirtíéndole en enemigo 
siuestro, incorporase tnmbiéa á su país los territorios de 
-^Iii^^nas yjacn, 

X «estros antepasatlns apreciaban bien el valor de ambos 
territorios y no eran extraños al sentimiento de la respon- 
^íihüidad einpie incurrían si consentían en que bis límites 
de Colombia se extendieran con pcrjnicio de Iok del Perú. 
IVIostjuera, en unadclns cartas de qnc hemos hecho mención, 
«rscrihía: ''Hí íictttnl Con^frcso estd dvUrando con las go- 
.MTiiis, mtífler/isyTTiil riqttfzní^ más en nu ticrnt de Mnymts, 
Jlabiendo dicho tin dijíntado t|Uü este asunto era mu)' sen- 
«.'íllo 3* y que se debía pf>ncr el Marnñun por límite, contestó 
A'ista Floriíla [19] 'V|ne no era el asunto tan fácil y iiae 
m:unhjiu¡er pvilnzo fie tierra ífue se cediera ahora, costarm 
mJcspucs ríos de snngre^'^ [20] 

Don loafpiin Musíjuera abandonó Lima sin haber obte- 
sttdo nada positivo á favor de las miras del Libertador* 

irnos cinco anos después de estos sucesos, don Tomás 
Cipriano d*? Mosquera, hermano menor de don Joatjuín y re* 
^nénascendidoágcnerakIebrJgada,desembarcaba en el Callao 
^n misión especial: venía á consolidarla victoria de diploma- 
cia, ó mejor dicho de intriga, que no de guerra, obtenida por 
los colombianos sobre el Presidente Gran Mariscal don Jo- 
sé de la iMar. [2L] 

La escena política aparecía cambiada entre nosotros por 
completo. A Oaldeano y \"ista Floridaí á los hombres (|ue 
rodearon ñ La Mar, bajo la enérgica dirección de don Javier 
<le Luna Pizarro [22], cuya protesta fué la primera en le» 



[20] H dt < 
[21] Mnw 



[1^] Don Manuel Síiío;car y BaqiifjsiUJ. conde* de Yistn Florida, ñií 
niiewibm df unajuntíi de íiobit-rtn» y Viccp residente de la República du* 
raatc Ja? Adriiinisirficinncs úv La Mnry ríe nrVie^Ofio. 

' diciembre de 182'1. Afcmoriaíi cit. i< X, p, 22. 
Mandó cnn perieia y vulur el ahi ijtijuirrda, ImiIíi pcnííma* 
íTfi la huta lia de Avacudio. Klepdfj F residíante de la RejiúblJca. declaró la 
jftiem í^ Colombia» y resultó víctima de un motín militar de Itamarra» 
S rcra de una reclittirí t:ui bandadosa conio inÜexibk, Carecía dc 

i!ica». 
l-i^l Lunik I*iJEíirni, joven sacerdote, f|ai: había viajado por Europa v 
<(ue pffscñi víistfjíi eonociiTiienios, dotes díriíicaies de príiiicr orden y na ver- 
titi arrcl>aiadnr, ftrf el alma de la política en laépocíi inicial de la Kepühlica, 
cncaraandtí la IncKa del elemento civil y culto con el elemento mtliiar. 
Murió de ArJEobíspo de Lima.. 



'582 REVISTA HISTÓRICA 



[23] Inteligente, afieionado al estudio, Oaniarra hizo una brillante ca- 
rrera eomo ofieial del ejércití) realista. Ineorporado al patriota, se le debió, 
en buena parte, el triunfo de Ayaeucho, donde tenía á sucarj^o el Hstado Ma- 
yor. Su aetuación pública, informada solo en el dominio |)er90nal, produjo 
j^randes é irreparai)les males al país. Cayó, como un soldado, en el cam- 
po de Inga vi. atravesado por las balas enemigas. 

(24-) 3 de diciembre de 1825. Memorias cit.» t. X, p. 447. 

(25) 14. de setiembre de 1826. Ibid t. X, p. 431. 

(26) 22 de noviembre de 1826. ^Ibid. t. X, p. 436. 



\ 



Yantarse contraía ConsíJíí/c/dn v/ía/ic/a y el poder omní- 
modo é intruso de Bolívar en nuestro país, sucedió un gru- 
po de antiguos y sumisos partidarios del Libertador que» 
de acuerdo con él, prepararon la deposición del Presidente 
en Piura, su destierro á Costa Rica 3' la proclamación del 
Gran Mariscal don Agustín Gamarra [23]. Entre esos hom- 
bres, que representaban la reacción y el servilismo, desco- 
llaban, en uno y otro extremo. Larrea y Loredo y Pede- 
monte. 

Para juzg¿ir á Larrea y Loredo, recorramos su corres- — 

pondcncia con Bolívar: **Fo moriría seguramente de pe- — 

snr \' todo sería perdido, si V. E. padeciese de im contras- — 

te ó nos faltase su persona'' [24]. ** Yo no he sentido en mi i 1 

vida un dolor más vivo 3'' penetrante que la noche fatal en m- 

quc, privado de la dulce 3' consoladora vista de V. E., me ^^ 

regresé del Callao á esta capital anegado en lágrimas y 'J 

cnagenado de todos mis sentidos. En los momentos en que '^^ 

volvía en mí, hacía una revista de las bondades de V, E. pa- — 

ra conmigo, más esto no era sino para volver con más fuer- ^ 

za á la amargura de mis penas". **Yo no había tenido bas- — 

tante valor para visitar la morada de V. E. en la Magdale- - 

na, hasta ahora pocos días en que fuimos con el Presidente. — 

¡Recuerdos tristes los que me agitaron en aquellos momen- -" 

tos! En fin, se cuida con esmero aquella célebre mansión que - 

nadie puede mirar sin un sentimiento involuntario de ad- 
miración 3^ pesar*' [25]. Con motivo de su despedida de - 
Bolívar, en el Ecuador, á raiz de haber firmado el tratado * 
(jue celebró con Gual, le agregaba: **Aseguro á V. E. que no 
he probado en mi vida más acerbo dolor que en los momen- 
tos que dejé de verlo en Cuchurí. Fué entonces tal la cons- 
ternación 3' embarazo que sentí, que no pude articular ni 
una palabra '* [26] 



t.OS NEGnCli^DOaSB niFI^OMXTlCOS 



38ñ 



liento superior, 



extravi 



Pedeinonte era ti 
riinnto al porvenir de su país. Creía, de buena fé, que el 
f*cni necesitaba del f^enio y de la í^loria de Bolívar» aiintjiie 
^ jcrdiera la libertad, hermosa y severa educadora de los pue* 
^:>los. Darle gusto en todo fui su divisa conocida, en el 
^Jongreso, en la prensa, en el Ministerio y hasta en el púl- 
-jr>¡to. En la última carta de Larrea y Lorcdo que hemos 
^jjiicstoá contrilíución, figuran estas líneas; ** Nuestro doctor 
J^vcíemontc híi sulo nombrado Ministro de Estado y Kcla- 
^^•iotics Exteriores [2 7] '\ El C^msulde ColombiaenLimn^don 
C^rííítát>íd de Armero» participaba al Libertador, con motivo 
^Icl i>ronunciamicnto de la división del general don Jacinto 
J^ara,<ine marco el principio de nuestra emancipación del 
_>^i)^tío colombiano: **Kl doctor Vidaurre [27], por una ordeti 
^iiya, bapretentlidü recorrerlos bustos de \\E.,y ha sidí> bur- 
í ailo, pues la mnvor parte de los que lo tenían no han que- 
m-iíhi darlo, disting-utcndoí^c entre estoí^ el señor Pcdcníon- 
te'' [20], 

(Juedau exhibidos de cuerpo entero los negociadores pe- 
TruíiilríS con dual y con el general Mosquera, La política 
interna, incesante mal del Terú, entregó ñ sus manos por 
-wTíizonc^ transitorias, la suerte de nuestro debate de fron- 
teras y, deslumhrados por el nombre 3- la vohmtad de 
lolívar, no acertaron íi hacer shio lo que disponía el Pre- 
sidente de Colombia* 

El mismo protocolo Mosqucra-Pedemonte nos rcvcln, 
m la fornia más sugestiva, lo que acabamos de asegurar, 
íor medio de un detalle. El agente de Bolívar, a]>artándose 
ele los usos de cancillería, saca el original de una carta cjue 
liabía recibido del Libertador \' se la muestra al agente pc- 



[27] 20tlt« (íctnhre úc IH29. Mi^morhts di. u X. p. 43ÍK 

(281 l-lílíx-tordun Míinuel Loreiucí Vidaurre. Dcspucsdchali^r i-jcrcitlo 

tu iiuitriíi'iraíuní durante \n doiiittiación e*ipaf^t»La, presidió d firinicr Tri- 

Imnal Supremortela Kepúlílica. Jurí^crnisulto, escrittir nlnindantrnimo^cspr- 

" mu ttvi^'tmúé inquieto, fué, cmt Hanátex«¡t ti iiiioifidor de la su ble va- 

^ián ftc h\ división que niandnha Lara. 

[21í] 22 de niíivítdc 1H27, Mcmorms qáí, i. X, p. ^39, Ciintidn Aniu'^ 
Ito hnhlade Imstns He Bolívar* dcÍK entenderse Ir Mednltxi dd Uii^la dcí Li 
bcrifldíir* iTmndfida nlirir por el Coii^írest» [xfOinni^y de hi cuíiI nueftlrtí mi- 
ríiti* MuRííi de Jlifiíoría Xaeíonal posee yn un ejcmplnr de cobre, otro de 
Luiío de oru. 



384 REVISTA HISTÓRICA 



ruano para que se impusiera de cuales eran los límites que 
aquel consideraba convenientes. Pedemonte asintió, como 
de costumbre, con docilidad. 

Que Bolívar estaba de acuerdo con Gamarra lo indica 
tín párrafo suyo de una carta á don Joaquín Mosquera, 
quién residía entonces en Popayán, de donde había de salir 
á ocupar la Presidencia de Colombia: **No dudo que conse- 
guiremos la paz para junio, por uno de los tres caminos si- 
guientes: 1*^ por la conquista de Guayaquil 3^ la amenaza al 
Perú; 2*^ por la llegada de nuestras fuerzas al Pacífico; y 3^ 
por una insurrección combinada de Gamarra con Santa 
CruZy que manda ya en Bolivia.'' [30] 

La última duda sobre la duplicidad de Gamarra y el la- 
zo en que anhelaba que cayese La Mar, se disipa al leer, en 
otra carta de Bolívar al mismo don Joaquín Mosquera: **La 
Mar no ha podido reforzar á Guayaquil, como quería, por- 
que Gamarra^ que lo contraría^ se lo ha imjyedido'', [31] 

La conquista de Gua}- aquil se convirtió en un imposible 
para los colombianos, una vez que la guarnición peruana re- 
chazó valerosamente al general don Juan José Flores [32] 
y condujo presos hasta á bordo de un buque á los emisarios 
de Bolívar; y si aquel, al fin, entró en la ciudad, ello obe- 
deció á un arreglo pacífico, posterior al derrocamiento de 
La Mar. Las fuerzas marítimas que Bolívar anuncia iban á 
arribar á nuestras costas, consistían en la fragata Cu /id/n^- 
marca, salida del mar de las Antillas y que tardaría mucho 
en su viaje por Río Janeiro y el Cabo de Hornos, siendo 
aventurado suponer quci sólo con sus cañones, decidiese la 
contienda. Las amenazas de una invasión por tierra mere- 
cían nada niíls que una sonrisa de quienes no ignoraban que 



1 30] lUhlioteca Popular, Colección de ijranclcs escritores nacionales y 
extranjeros, Ho^j^otá i8í)3, t. XI, p. 5S. Esta ol)ra inserta carias de Bo- 
lívar (|ue no tra'j O' Learv en sus Aleniorias. 

[31] Ibid. t. XI. p. r>i). 

[32] Primer Presidente de la República del Ecuador. Originario de Vene- 
zuela. Guerrero denodado de la independencia de Colombia, político activo 
y astuto, fué enemijío del Perú, cuya hospitalidad recibió al perder su po- 
der. Luchó por recuperarlo sin tremía y sin escocer los medios. Kejfrésó. 
como particular, al Ecuador A la sombra del Gobierno de García Moreno, 
V allí murió. 



LOS NEGOClAlK)RE5 DIPLOMÁTICOS 



385 



Bolírar, á fuerza íle errares políticos, de genialidades 3' de 
despotismo, no tenía seguro en los Estados que acababa de 
independiscar sino el espacio qiie hollaba su caballo y don- 
de alzaba su v^o¡5 bronca, hiriente y terminante, como la 
de un Cesar romano. Los puñales de los conspiradores se- 
tenibristas, eco fatal y doloroso del atropello sufrido por 
los derechos de diez millones de hombres, en el momento 
mismo en que tales derechos debían adquirir realidad 3^ efi- 
cacia ¿no amenazaron, en su propio Palacio, su pecho res- 
petado por las balas españolas? 

Era, pue:^» la insurrección de Gamarra el punto de a* 
poyo del Libertador para una solución general, compren- 
dida en ella la de las dificultades de fronteras. 

La nulidad militar de Bolívar ante nosotros la declaró 
él mismo, también en carta á Mosquera: **La guerra del Pe- 
rfi se haconcluído^y bien pronto lá paz quedará sellada, aun- 
que sin garantías, no poseyendo los medios para armacár- 
seJas:' (33) 

Gamarra^ cómplice, por ambición personal, de un aten- 
tado contra su país» atentado que no admite otra atenuíi- 
'^ión que la época en que se le cometió, é inspirado por apa- 
alionados devotos del vencedor de Boyacá, tenía que mirar 
'^^on ojos despreocupados y benévolos los actos de Larrea 
_3' Loredo y Pedemonte. Además, le urgía que la paz in* 
n^ernaeional consolidase su usurpación del mando suprc- 

^13 o. 

Llegamos á la parte de nuestra investigación á la cual 
^'inculamos los datos de mayor interés surgidos de en me* 
^lio de la sinceridad y del abandono de la correspondencia 
epistolar de los personajes que han desfilado ante los lec- 
tores. 

El general Mosquera comunicó á Bolívar, desde Guaya- 
c|u¡l, cuando venía á cumplir sus instrucdones diplomaiicas 
^n el Perú: **Entre los documentos que me entregó el general 



IS3> Bíbíioteca Fopitím cit., t. XI, p. GL 
13 



\ 



386 REVISTA HISTÓRICA 



Espinar (34) para la Legación de que he sido encargado, 
hay una copia de la real cédula española que mandó agregar» 
en 1803, la provincia de May ñas al Perú. Según se deduce 
de las comunicaciones de Joaquin mi hermano, cuando estu- 
vo encargado de esta misión, no la hay en el Perú, y pare- 
ce que se quemó en el Archivo del Gobierno. Por tanto, de- 
beré manejar los negocios apoyándome en la cédula que 
agregó la Presidencia de Quito al Yireinato de Nueva Gra- 
nada; pero en caso de que se me presenten documentos /¿ha- 
cienteSy desearía tener intrucciones sobre el particular^ pues 
como el artículo 5.° del tratado sienta por base el uti- 
possidetis de 1809, podrían, con justicia, reclamarla ribera 
izquierda del Marañan."' (35) 

Bolívar, Gual y los dos Mosqueras conocían la real 
cédula de 1802 (36) que, descubierta en Chachapoyas, for- 
ma la piedra angular de nuestra defensa en Madrid. En 
Lima, según lo hemos hecho constar, no se la encontró en- 
tonces, ó si se la encontró en un instante para desaparecer 
después, antes de que negociaran Pedemonte y Larrea y Lo- 
redo, no se estimó prudente arrojarla al rostro de Bolívar 
como una prueba que podía adquirir el aspecto de un 
guante de desafío. Larrea y Loredo y Pedemonte, aparte 
de sus estrechas vinculaciones con el Libertador, carecieron 
de documento tan importante y decisivo para desvirtuar las 
declaraciones enemigas y fijar, con certeza que excluye toda 
duda, los límites de nuestro país. 

A la exhumación del protocolo Mosquera-Pedemonte, 
verdadero ó no, realizada entre los aplausos ecuatorianos, 
nos permitimos oponer la frase textual del Plenipotenciario 
colombiano que hubo de negociarlo, frase que es el más explí- 

(34) Don José Domingo Espinar. Natural de Colombia, fué Secretario 
del Libertador durante la campaña del Perú, hasta la batalla de Junín. 
También lo fué cuando Bolívar vino á Quito con motivo de la campaña de 
Tarqui. En 1830 desempeñó la Prefectura del Istmo (Panamá) y con ese 
carácter dictó un decreto (Odriozola, Documentos históricos del Perú, t. X., 
p. 298) de honores fúnebres al sal>er oficialmente la muerte de Bolívar. Re- 
gresó al Perú, donde murió, habiendo ^'uelto á ejercer funciones públicas en 
varias cKasiones, entre ellas la Dictadura de Salaverry, del que rae Secreta- 
rio general. 

(35) Memorias cit., t. X., p. 169. 

(36) Esta es la fecha de la real cédula, y no la que le atribuye Mosque- 
ra, quien ^oiclve á equivocarse más adelante invocando el ati possidetis de 
1809, en lugar de 1810. 



LOS K8GOCU00RES DIPLOMÁTICOS 



387 



cito reconocimiento ele nuestros derechos: *"En caso de qt'e 

m ME TRESBKTEK DOCUMENTOS FEHACIBKTES, PODRÍAIS» CON 
jrSTIClA, RECI.VMAK LA RIBERA IZQUIERDA DEL MaRANÓN/' 

¿Qué dócil menta más fehaciente que la real cédula men- 
cionada? Expresa en ella, á la letra, el monarca español 
**fHie se segregue del Vireinato de Santa Fé [ó Nueva 
Granada] j? de la provincia de Quito y se agregue al Vi- 
reinato del Perú el Gobierno y Comandancia general de 
Alaynas, por estar á las oriilaH del río N<ipo 6 en las inme- 
cliaciones» extendiéndose aquella Cornaudaneia general, no 
solo por el río Marañón abajo» sino también por todoíí los 
ciernas riog que entran al Marañón por sus márgenes ^eten- 
tritinalv meridional, como son Morona, Huállaga, Pastá- 
is®. Ilca3^ali, Níipo, Jaén, Putumnyo, Vapurñ y otros menos 
cronsiderables, hasta el paraje en que, porsussaltíjs y rauda* 
los inaccesibles, dejan de ser navegables'*. [37] 

Alfonso XUI, con la cédula de xum de sus antecesores en 
^l trono» puede contemplar la clara y minuciosa fijación de 
1^ zona fluvial de cjue es dueño el Perú al norte, y tiene en la 
^"^rta del i^eneral Mosquera á Bolívar una prueba evidente 
ele que las naciones que disputan al Pera, nadas en circuns- 
tancias imprevistas y en las debihdades de los hombres, de 
Ids cuales no son responsables los pueblos, esa propiedad, se 
1 ri reconocen en sus momentos de intimidad y honradex. 

Sería curioso saber la opinión del l\ Vacas Galindo» de- 
tensor acérrimo del Eeuadíjr y consejero de sus Gobiernos en 
los asuntos de límites (algo así como V'alverde fué consejero 
cJe Fi^carro,) respeí to á ladeclaración de don Tom;'*s Cipriano 
«^le Mosquera que nos ha tocado en suerte sacar, por primera 
Ve2, á la luz de la discu^ilón 3^ de la historia. ]38 ] 

J. A. DE IZCUE. 



[37] Expediente tírijfina! Síibre la erección del Obííípado de Mnvna? y 
«u agre^ración al Vireinato del Pt-rú, Archivos del Golríenío en Lima. 

[3H] El eií-Minístro de Kclaciunes E?ítcriorí*ii,diK!Li»r únn Javier Fríidf> 
3- l.'líanevhe, A (jiiien juagarntis iinn tiUligaclóii patriótica c*>tnytiicírr el def*- 
t'ubnniicnlo de la cartíi de Mi)Sí|tiera. trasmitió, en el acto, jinr i:al>k' Um 
rlatoü pertinentes á nucstni Plcíiípfitencixirifí cspedal en Madricl, ñ fin fie 
«"liití hiH utilizase en el Alegato; y con el nuble cntusiasíUü cuu que acoje 
sifiiipre todí» labor intelectual* nos indujo á que diésímosi forma al presente 
4%rdculcj las tonco. » 




D$ llatnitds ae piedra del euzco 






Bien conocidas son de todos los peninnistas aquellaís 
figuras de llamas y alpacas, hecbas de piedra, una de las 
formas más comunes en las coleccioiies que contienen obje- 
tos del í^erú antiguo, especialmente del Cuzco. 

Distínguense estas figuritas de otras parecidas que el 
hombre primitivo solía hacer imitando animales, en que tie- 
nen un agujero pequeño, del tamaño de un dedal, practica* 
do en el lomo* El objeto de estas figuritas, nu obstante la 
gran abundancia que de ellas hay en algunas colecciones, pues 
algunas vecessecuentanpor centenares, ha sido unproblema 
hasta ahora, y los poseedoresde ellas andan tan intrigados 
por resolverlo, que raras veces dejan de inquirir á los que 
deberían saberlo, qué opinión tienen al respecto. 

J, D, von Tschudi se expresa así en los Reiseskh^n, II, 
pág. 95. 

** Los peruanos pagaron á las llamas y animales añtia- 
dos una adoración casi divina. Guardaban en sus casas, á 
manera de lares, vasos de piedra 3' de barro, que, aunque de 
una manera tosca, representaban su forma. *' 

Faltaba la prueba de esta aserción que, bien se vislum* 
bra, no era sino una hipótesis. Xo habrían dado los penia- 
nos muestra? de cultura si hubiesen adorado figuras de lla- 
ma»; y siempre liemos tenido razones para no juzgarlos atan 
bajo nivcL 

Wiencni¥ro¡i et BoUvie, p. 527, dice: que *4os consi- 
deraban como vasos sagradas para incienso, '* Pero en toüj 



LAS LLAMTTAS DE PIBDiíA DEL CUZCO 389 

ft^os faltan las huellas de la quemadura» y hay que recha- 

af- entonces esta explicación por falta de prueba conclu3"ea- 

^, JMuchas de estas figuritas están hechas de madera, lúe- 

¿c^iTifí podrían haber sido usadas para incienso? 

I El mismo Tschudi , Bekra^e zur kennínks des Alten 

I JF^^^Mtt^ Wien 1891, p, 103» hace mención de ciertos carneri- 

Uo3 de barro, ukis, en que echan UiptH, de que dá cuenta Don 

Jmx^in de Santa Cruz Pachacuti {Tres rektcionús de antígüe- 

I ^oíF^mfies peru¿in&s p. 279) y nos quiere hacer creer que los ri- 

«:^<r>^ los iisalían de piedra y los pobres de barro para guar- 

c!i.^^ su Uiptéi. Pero, de un Lado, la noticia de Santa Cruas 

I=^«a. chacu ti no es suficientemente claní, y del otro, falta en- 

"fc ^T-amente la explicación de pur qué los ricos guardaban su 

^^Mjz^ta en vasos de piedra que tenían la forma de llamas y 

ff^^ 1 places. 

Entre los antiguos peruanos, por lo general, todo aque- 
^ 1 ^«r» en que se imitaba la naturaleza, todo ornamento, era 
^m a-mab/ilicoy tenía un sentido más profundólo que tendremos 
Ql ^«-^.^ determinar por medio del estudio. Por eso, desde hace 
i"»^* ^^^ cho tiempo, he seguido otra senda para aclarar el uso 
cM ^^ «stas figuritas problemáticas. 

Recuerdo haber visto en muchas partes en Bolivia, que 
^ *^* los mercados se vendían vasitos de barro, de forma muy 
«lucida. 

Se me dijo entonces que los ponían llenos de chicha, de 

^■^o ó alcohol cerca de los pozos ú otros lugares sagrados, 

^»no sacrificios á la Pachaiunniu. Después (encontré i>erS0' 

^^-^^ Imente en las cumbres 6 faldas de los cerros de los aire- 

^^^^'^ores de La Paz, ó cerca de los caminos en el interior, va- 

y^ ^^3^5 de estos sacrificios , muchos de los cuales, sin duda^ no 

^^^^Ijían sido arreglados para que fuesen vistos por un ex- 

^ ^^-^^fto. Entre estos tuve ocasión de ver ai reglados como un 

^^^-'«^iincito. cierto número de vasitos llenos de vino ó aleo- 

^^^1, ó de figuras menudi tas de estaño, un cuy muerto y 

^'^^ "«tchas banderitas de varios colores, que quizá, tenían por 

*^^^^eto atraer la atención del espíritu, ó, tal vez, una signifi- 

I ^^^^iinlreligiosa, como la tenían las plumas de pájaros en 

I ^^^da América en tiempos antiguos. 

I En parte, estos sacrificios deben haber sido ofrendas al 



1^ 



coílo aaki\ el espíritu del cerro; otros habrán tenido |Kir a 
jeto implorar que desaparezca una epidemia de las ov 
jas, etc. 

Pero ¿por qué tienen nuestros vasitos la forma de U 
mas ó alpíicas? Vínome a la memoria» entonces, que er 
muy común, y es todavía, [véanse, por ejemplo, los artícul 
de venta en la plaxa de Puno] esculpir en piedra figuritas d 
animales, cjue se venden como talismanes para obtener t. 
íficremento del ganado, de la clase de animales que las tale^ 
figuritas representan. Así me iba familiarizando con la ide. 
de que estas llamitas de piedra con agujeros en el lomo sei 
vían para hacer sacrificios pequeños de chicha, ete.^ á fin d 
lograr el incrt mentó de los ganados de Uanms, alpacac^ 
etc. Mas, todavía me faltaba la prueba. 

Un día del mes de Mayo de 1905, en que daba un pas^ 
por la plaza de Sicuani, con el propósito de ver y estudi 
los múltiples artículos de industria y comercio indígena 
que los indias del valle del Vilcanota ofrecían allí en vents^ 
tuve la grata sorpresa de encontrar, entre esos artícnlos, ^r- 
guras de llamitas de piedra, que todas en aquel día er 
sin a^íujeru, figuritas de carneros 3' ovejas, lal>radas en pi 
dra [bcrengucla] con agujcritos en el lomo, tal coma las r 
produzco en seguida: 







LAS LLAMITAS DB PIEDRA DEL CUZCO 



391 



Los agujeritos cónicos tienen 20 milímetros de profun- 
idad, sobre poco más ó menos, por 13 milímetros de an- 
ho,y son, entonces, del mismo carácter que las llamitas de 
iedra antiguas. Tienen un leve borde, que las antiguas no 
?nían, pero este es un simple detalle. 




Una cosa resultaba bien clara, y es que los indios de 
|ucl valle persistían en su costumbre antigua, con la aña- 
dura deque laexttrndían á la reprrxluccí/'^n de figuras de aní- 
ales que habían sido importados por los conquistadores 
pañoles. También resultaba claro que era posible reco- 
r de boca de ios mismos indios la expHcricí'On del uso de 
les figuritas. co«a qu^ yo no habría creído nunca antes- 

He aquí la ezpíícac-T'^n que se me di/i en una jerga me- 
o quechua, merlio ra^tellana, 

"Las figurita* ^ír'/íTn para sacrificios ^ \^ Pachamama 



392 REVISTA HISTÓRICA 



> 



[la tierra.] Se llenan los agujeritos con alcohol, vino 
otra cosa sagrada, como coca, etc. 

"Se les entierra en los lugares donde pastan los carr^^^' 
ros.'' 

**Con estos sacrificios se paga el pasto que la Pacb -^a- 
mama dá á los animales" [probablemente prenumerandoi^ciD.] 

**Se pone la figurita en la tierra, entre piedras, y se t^ -a- 
pan éstas con otra piedra. '' 

** Cada año se renueva el sacrificio con otra figurita -a. 
Entonces se pone la figurita nueva más abajo [más cerczis^ca 
de la Pachamama!] y la vieja más arriba." 

Esto explica por qué se ha encontrado á veces vari 
de tales Mamitas de piedra juntas en la tierra, como p 
ejemplo en el Collcarapata, en el Cuzco, en ^1 fundo del s* 
ñor Lomellini. 

Las figuritas que sacrifican se llaman enq^a [ovej 
enq'a, llama enq'a] y todo el sacrificio hecho así se llam 
ch^vya. 

Lima, septiembre de 1906. 

Dr. Max. Uhle 




Notas bibliográficas 



Tarmnp Pacha-Huaray- Azucenas Quechuas, por unos Parias. Tarma. 

1905 
Tnrmapap Pacha huarainin.— Apólogos Quechuas por unos Parias, Tarma 

MPCCCCVI 

Una de las tareas más importantes con respecto á los 
Indios, consiste en recojer y recopilar los restos de la litera- 
tura antigua que andan dispersos en libros de distinta índo- 
le, ó que se conservan por tradición oral entre los mismos 
indios, trasmitida de generación en generación. Muy meri- 
torios son, por eso, los trabajos que en ese sentido viénense 
haciendo en Tarma, casi á las puertas de la capital, de al- 
^ún tiempo á esta parte. Trae el librito de que me ocupo 
Tinos cuantos yaravías de Quito, Huánuco, Jauja, Concep- 
<!ión, Huancayo, Chupaca, Ayacucho, Abanoay y Cuzco, 
<!ontcniendo buenos ejemplos de la diversidad de dialectos 
del Quechua, que todavía están en uso en la Sierra; y una 
docena de fábulas rtcojidas por el autor, que sin duda es el 
señor Adolfo Yienrich, de boca de los mismos indios en 
Tarma. 

No puede ponerse en duda que los indios se trasmiten 
todavía ésas fábulas de generación en generación, en las 
más diferentes partes de la Sierra y que forman ellas una 
vasta é importantísima literatura. El año pasado, durante 
una excursión que hice al Cuzco, recojí un regular número 
de esas fábulas y puedo decir que ninguna de ellas es 
14 



\ 



394 REVISTA HISTÓRICA 



igual á las que el señor Vienrich consigna en su libro. En . 
cuanto al valor original de estas fábulas, tampoco puede po. _ 
nerse en duda; por eso sería de sumo interés que la recopila- 
ción de la literatura indígena se principiase con ellas. Entre 
los yaravíes, pocos son de origen netamente indígena, y res- 
pecto á la originalidad del drama Ollanta, no puede creer - 
en ella quien haya leído con atención las observaciones que 
al respecto ha hecho Middendorf. 

La introducción— pp. I — CXXIV — está galanamente es- 
crita y nos comunica muchas valiosas noticias sobre cos- 
tumbres y supersticiones que aún se conservan entre los in- 
dios de aquella provincia, sobre juegos y diversiones y sobre 
unas 18 clases de bailes, muchos de los cuales ha visto el au- 
tor ejecutar y se ejecutan todavía. 

Voy á hacer una indicación: más valor tendrían estas 
publicaciones si el autor ciñese más sus observaciones den- 
tro de los límites de la ciencia moderna. Todo lo que brota 
de la pluma de Vicente Fidel López, reviste muy poco fondo 
científico y ¿para qué sirven las referencias de las lenguas 
peruanas al chino y al azteca, cuando todo el mundo sabe 
que no tienen relación absolutamente con ellas? Estamos 
tan lejos de encontrar una lengua madre de todas las len- 
guas americanas, que parece absurdo buscarla, ó hablar de 
ella. 

No hay que pensar en dos corrientes emigratorias de los 
aborígenes, una de Norte á Sur y otra de Sur á Norte con 
el Quechua. En Quito nunca hubo otro Quechua que el que 
llevó Huaina Cápac junto con sus conquistas, y las variacio- 
nes del Chinchaisuyo con el Quechua del Cuzco, se deben á 
la introducción de éste último entre naciones de diferente 
índole que adaptaban el idioma extraño á su propia mane- 
ra de hablar. 

Es de desearse que el autor siga dando á luz su hermo- 
so material. 

.. , .. f Dr. M.jU. , 



NOTAS lUBLtOCRAPICAS 



395 



I 



€}rigtn de hs pkdrfíü fk Tmhtmnnco j rofeán Kaíjappia.—Revhtit Natio^ 
fin/ lomo XL, cntrejía VI, Buciifis Aires 11)05, BJ Aieiteo, tomo 
Vil» núm. m, Íamfll906. 

Oriundo de Polonia, residente en BoHvia. y autor de na- 
cía mas que mediocres trabajos sobre arqueología amcrica- 
iia, el señor Arturo PosnansW ha entrado en un camino en- 
^cr*iniente vedado á los homlires de ciencias: en el de pu1>li- 
^*ar como siryos. estampando su firma al pie, frutos de age- 
tio intelecto: tal ha pasado con el artículo arriba menciona- 
do que inserta en su número correspondiente á diciembre de 
1905 la prestigiosa Renstn Nacional de Buenos Aires, y 
<iue, jusigándolo bueno, rcpríídujn E! Ateneo de esta capital 
«n su ntímcro eorrespondicnte á marxo de 1906. Salvo ein- 
^■o ííneas, en que el sefior Posnansky incurre en graves erro- 
res en cnanto á ht cbisificacion científica de las piedras, todo 
^1 artícido es una versiéri castellana de la parte pertinente de 
la monumental obra Die Ruincnstaette von Tm htm naco, es- 
pirita en alemán por los insignes arqueólogos Stübel y t'hle 
jr publicada en Breslau en 1S92- 

Quizá el señor Pcsnansky no ha caído en cuenta en la 
-pequefiez del globo terráqueo que no permite que nunca 
queden inadvertidas mistificaciones de esta naturaleza, ad- 
ttdicándose al fin á cada cual lo que es su3^o. 



•iff #? Toribh. Obra esa-kn con Jiroí/ro dtíl tercer eentcnnrío de íñ muerte 
de Sufjto Toribío Arzobispo de Lima^ por Monseñor Carlos Gnrcíñ Irh 
gayen, mdh'kltio de u amero del Instituto Histórico deí Perú. Lima 
t906. 



Tomo I, 12 pp. de prditni nares. 38fi de tcxta, 1 de índice j 1 He erratas, 

Ulminas intcrealuda» en «.-1 icicto. 
Tomti 11, H pp, de prdittiinareü, 308 de texto, 1 de índice y 3 blancas. Lá* 

niinascn d texto. 

En conmemoración del tercer centenario de la muerte del 
Santo Arzobispo de Lima, Toribío Alfonso Mogroveio, 



1 



396 REVISTA HISTÓRICA 



ocurrida en Saña el Jueves Santo 23 de marzo de 1606, ha 
iniciado Monseñor Carlos García Irigoyen, Secretario del 
Arzobispado é individuo de número del Instituto Histórico ^ 

del Perú, la publicación de una interesantísima y extensa «a 

obra llamada á hacer conocer y á perpetuar la proHficua la- — 

bor del insigne prelado durante el cuarto de siglo que rigió ^ 

los destinos de la Iglesia Peruana. 

De los dos tomos que hasta ahora han visto la luz, ocupa- — .- 
seel primero de los antecedentes del nombramiento de Santo, ^ •, 
Toribio como Arzobispo de Los Reyes y de su venida á esta -»3a 
ciudad; de la descripción de la iglesia metropolitana, reu- — j- 
nión de los concilios y visitas pastorales que el prelado llevó ^^ 
á cabo. Adorna la portada de este volumen un retrato de ^^ e 
Santo Toribio, copia del que trae la vida del santo, escri- — ü- 
to por Pinelo. 

En el segundo tomo se ocupa el autor menudamente délas ^s s 
querellas que el santo varón sostuvo con los Virreyes Don 
García Hurtado de Mendoza y Don Luís de Velasco, en de- 
fensa de los fueros de su iglesia y de su persona; de las fun- 
daciones religiosas que hizo en esta ciudad y de la muerte 
y funeral en Saña del virtuoso prelado. 

Propiamente hablando, no esta obra una vida de San- 
to Toribio, destinada a relatar sus virtudes y milagros 
tan magistralmente escrita por el licenciado Antonio de 
León Pinelo, pero contiene preciosísimas noticias y docu- 
mentos hasta hoy desconocidos, que el infatigable autor sa- 
ca á luz, haciendo inestimable servicio á la historia patria. 

De la entidad de la obra que nuestro distinguido colega 
se propone publicar, puede juzgarse por la carta que vá en 
seguida, dirigida al autor por el erudito Secretario del Ins 
tituto, y que trae á manera de prólogo el tomo II: 



NOTAS BIBLIOGRÁFICAS 



397 



Carta honrosisima 



-^donseñor doctor Carlos Gtircía Irígojen, 



Mi respetado siíñor y amigo: 



Ciudad. 



¡a X 



Debemos 

aciotiaL 



á la pluma de Ud, los amantes de la Histo- 

resos, 



los dos \*olfimenes ha^ta 



af[ui mipr 



que 



■ levan el título de Sakto Toribio, y fonuan parte de la ex- 
^ensa obra cjue, para conmemorar el tercer centenario de la 
XTiuerte de tan glorioso Arzobispo, ha tjuerido su ilustre su- 
^^^esor se edite á la posible brevedad. 

|H Para ello» interrumpiendo Ud, la Galería del Labildo 

^ -TVIetropolitano de Lima, al que pertenece, y en la que esta- 
^^:ja empeñado, ha emprendido hacer conocer la vida y la la- 
^pDor fecunda y duradera riel gran Prelado, que puede consi- 
J^3eranseeumoel Apóstol y Padre de la Iglesia Peruana; y que* 
^Jurante veinticinco años, llevó la mitra y el ca_vado, en be- 
I .»^eficio de su numerosa í^reí^ y de las diócesis sufragáneas, y 
I ^iroaio pertecto modelo de Pastores. 

Sobre las ruinas y escombros del Imperio secular de los 
ZKnca9,que Pizarroy los suyos destruyeron, se destácala her- 
^.nosa figura de este ángel de paz, que sólo trató de disipar 
^>€>r completo las tinieblas de la idolatría, deevangeltzará los 
indios, de yjredica ría clemencia y el perdón, de reconciliar 
^jorla cruz al vencido y al vencedor, al amo y al siervo, y de 
^:!rear uri sacerdoei:» digno, que pLTseverara después que él, 
, ^ n las mismas faenas de la conquista espiritual 
^B Relataron la vida y milagros del tercer Arzobispo de 

^^Xíima el Licenciado Antonio de León Pinelo, M acedo. Herre- 
ra, Montalvo, Lorca y otros; pero casi se contrajeron á en- 
salzar las virtudes que lo elevaron á los altares; refiriendo 
^on reserva y á medias, ciertos sucesos, ó por nn conocerlos 
del todo, 6 por razones cjuc entonces hubo de prudencia y dis- 
creción. 

Era pues preciso, -ho}^ que en todas partes se recons- 
truye la historia,— exponer con claridad lo que pasó sm 



>RICA 



prejuicios, y sin et propósito de iicusar á los que resistie- 
ron y combatieron algunas medidas dictadas por el Santo. 
Tal es el trabajo que üd, ha realizado, sin otra mira que 
establecer la verdad histórica, y proyectar nueva luz sobre 
un período mal conocido antes. 

Santo Toribio nada pierde con estos estudios; se confir* 
raa su virtud, y se vé á qué móviles obedecían sus actos, re- 
saltando su conciencia delicada, sus escrúpulos, y siempre su 
voluntad inflexible de no ceder un ápice en lo que él creía su 
deben De allí su intransigencia algunas veces; los desacuer- 
dos con los Virreyes y con su Cabildo; su negativa á demo 
rar 6 aplazar los Concilios Pro%-incifiles; sus largas ausen- 
cias de la Capital, para hacer por sí mismo la minuciosa vi- 
sita de las parroquias, sin respiro, sin descanso, y con peli- 
gro frecuente de su vida.. ,. „,. 

Después de los tomos de Santo Toribío, publicados, ven- 
drán los Documentos que había aquí, y los traídos de! Ar- 
chivo de Indias, inéditos en su mayor parte, y que dan la 
c'ave de diversos hechos. 

En la correspondencia del Santo, explicando 6 justifi- 
cando su conducta, se exhibe a! desnudo: dice al Rey, con 
sencillez y verdad, lo que piensa; y se muestra *tan respetuo- — 
so como obediente, en lo que atañe á la conciencia y al ejer — 
cicio de su ministerio. 

Si la obra que juzgo no tuviera otro mérito que la publi — 
cación de esos documentos, preciosos 6 ignorados, y la re- -i 
producción de otros» harto difíciles de conseguir, eso basta- 
ría para asegurarle la acogida más favorable y el aplauso. 

Seguirán ñ dichos documentos los dos Catecismos de 1 
doctrina cristiana en quechua y aimará, para los niños ; 
adultos; j las Piá ticas, también en esas leuguas, para us 
de los Párrocos; cuyos libros se imprimieron,— los primeros 
en el Perú, — por mandato del Concilio Provinciíü de 15 
y que son por extremo raros. 

Se editarán, también» las actas y cánones de los Conci 
lios y Sínodos que reunió ei Ilustrísimo M ogro vejo; y qu-^ 
sirvieron, no sólo para la disciplina de las Iglesias del Per«" 
sino para las de la parte austral de Hispano— América. 

Segíin entiendo, el último volumen de Santo Toribio coi^ 




^ 



NOTAS BIBLIOGRÁFICAS 



390 



^^ndrá el relato de las fiestas del Centenario, 3- las produc- 
en iones na ás notables rol at ivas á él; para conservarlo que, 
«ron esta ocasión, se ha dicho y hecho en homenaje al Santo, 
3r para despertar la fe y avivar la caridad de los fieles* 

En el breve plazo que de existencia lleva nuestro Insti- 
^lato Histórico» ha tenido Ud,— que es miembro de núme* 
I- o de él,— la suerte de ser el primero que ha hecho una pu- 
tilicación de alcance, digno tema de estudio^ y que acredita 
tu laboriosidad y competencia. 

A mf.corao su consocio en el Instituto, y p^r las honda- 
«Josas palabras cun que me favorece en su prólogo, me toca 
í«licitarlü efusivamente; deseando que no desmaye, y siga 
1 ^i senda que trazaran Cueva Fí)nce de León, Bermádez 3^ 
íarcía Sana:, cronistas de la Iglesia de Lima, 

Dice Ud, **que lo he enseñado á amar la Historia. " 
Si ha^' algo de verdad en este elogio amistoso, pláceme 
nuy deveras, por el provecho que el País y la Iglesia Perua- 
i£i habrán de reportar de los trabajos de Ud, que escribe 
»ara ilustrar el pasado, sin amor y sin odio, v con la im- 
>arc¡alidad C[ue, cual Juez incorruptible, exige la Historia. 
La serie de libros de que he hablado, y que, comu fruto 
riel Centenario se dan á la estampa, acrecerán la literatura 
ETZiatria, estimularán las investigaciones históricas, 3^ cederán 
^-n merecido honor de los que las han promovido y llevado 
^ cabo. En realidad, nada hay más justo, que los que sin in- 
•^erés conservan las memorias de otros, para que sirvan de 
:x:ioble emulación y ejemplo, salven juntos con la de ellos la 
.^uya propia y alcancen alguna gratitud. 

Correspondiendo con estas mal escritas líneas el galan- 
te recuerdo de Ud, y satisfecho el deseo que tenía de enco- 
"aiitar en justicia sus trabajos, le renuevu las seguridades de 
lí respeto y amistad, como su atento y obediente servidor 



José Toribio I*olo. 



Lima, á 30 de junio de 1906. 



# • 



4m 



revista: 



Los peranimsy &u imíepeadeacia por José A. de Izcuc, tkl Att^eoy deíl 
til ato Hmt^ftica del P€tú. de Va ScKkdsd de Americanista de Párfs 
Oñci^ de ÁcademiM de ía Repáhlk& Francesa. Lima 1906. — lUd 
Ú€ inúi&t V 1 de erratas. 



Por secular malquerencia unos* y los otros por enaltec 
los méritos de los suyos, meriTiatiflo los nuestros, los hist 
riadores de los países que nos ayudaron á emanciparnos c 
yugo español, han tratado siempre de escaso, de casi oc 
el esfuerzo peruano en la magna epopeya de la lucha por 
independencia, y muchos hasta nos lo han negado. Lab 
meritoria y eminentemente patriótica es» pues, la que ha 1 
vado á cabo el Sr. D. José .\. de Izcue coa la publicación ti 
libro de que me ocupo, destinado ñ descorrer el velo y á p 
ner en transparencia cual fué la actitud de los peruanos en 
lucha por la lil>ertad. Con abundancia de libros y documc 
tos extractados con fino criterio por el autor, prueba el í 
Ircue que las victorias de Pichincha, Junín y Ayacucho^ q 
decidieron la independencia del Ecuador y de! Perú, se deí 
ron en gran parte al denuedo de las tropas peruanas q 
formaban parte de ios ejércitos independientes, y saca á 1 
hechos y episodios muy poco conocidos. Entre estos epii 
dios merece recordarse la providencial inspiración í 
Ayudante Mayor D. José Andrés Rázurít natural de San I 
dro de Lloc, quien sujestiona al Comandante Suárez y le 
duce á cargar con su regimiento, compuesto de peruanos 
la orgwHo**a y ya vencedora caballeria de Canterac, trocs 
do en triunfo lo que era un desastre para las armas ini 
peitdientes. Helo aquí: *'E1 general Miller, considerando 
batalla perdida, dio orden al Ayudante Rázuri de que 
guiendo el mismo camino que llevó Coraceros, previniese 
Comandante Suárex que lo mandaba que se replegase iun 
dia lamen te sobre la infanteria. Al dar la urden, el Ayuda 
te, llegó cuando ya Coraceros había logrado ponerse á re! 
guardia de la caballería de Canterac, que combatía á la f 
triota» que se hallaba en grupos. Rázuri» en reas de cm 
plir la orden de repliegue, dijo al Comandante Suárcz (f 
gemino): mí catnRudante, qué bella opurtunidad: cargt 
mas. Lpa contestación del jefe de Coracero®, fué dar una fe 



NOTAS BIBLIOGRÁFICAS 401 

midable carga por retaguardia á la caballería realista, lo 
que facilitó que la del ejército independiente se rehiciese y 
volviera al combate, dando el esfuerzo común el espléndido 
triunfo de Junín." 

No fué Córdova quien venció en Ayacucho, como no fué 
Blucher quien derrotó á Napoleón en Waterloo. Sin la he- 
roica resistencia de las tropas peruanas de La Mar á todas 
las impetuosas arremetidas del temible Valdés, la denodada 
y famosa carga de Córdova no habría servido sino para 
precipitar un desastre; como sin la desesperada resistencia 
de los ingleses dé Wellingtón á las tremendas cargas napo- 
leónicas, los prusianos de Blucher habrían sido batidos en de- 
tall, después de consumada la derrota de los aliados. 

Las divisiones colombiana de Córdova y peruana de 
La Mar, fueron los dos férreos brazos que, con igual y su- 
premo esfuerzo, trituraron en Ayacucho el ultimo ejército 
español en la América Meridional. 

El libro del señor Izcue está llamado á tener, debe tener, 
una amplia circulación, sobre todo en los centros de instruc- 
ción, y ojalá su autor persevere en la hermosa senda de las 
investigaciones históricas y nos ofresca nuevos frutos de su 
laboriosidad y competencia. 

C. A. R. 



» > ♦ € ' 



15 



Secciór) Oficial 



INCORPORACIÓN DEL DOCTOR UHLE É INAUGURACIÓN 

del Museo de EUstoria Naeional 



La ola avasalladora que barrió el país de Sur á Xorte 
durante la infausta guerra con Chile el año de 1879. dcvas^ 
tándolo todo, se llevó de encuentro el Museo Xaciocal. que, 
aunque adolecía de la taita de una clasificación científica y 
de una organización metódica, contenía objetos de inapre- 
ciable valor histórico, hoy irreparablemente perdidos para 
el Perú. 

Dueño el Perú de un territorio que ha sido cuna de las 
más antiguas y esplendorosas civilizaciones del Continente 
Sud- Americano, en donde floreció el poderoso imperio de los 
Incas, cuya organización social podría servir hoy mismo ce 
modelo á los más adelantados pueblos del globo: en donde 
tuvo su asiento durante la época colonial una brillante cor- 
te que pudo rivalizar, entonces, con las europeas en ¿insto y 
poderío; en donde han tenido lugar hechos heroicos, ann- 
que no siempre afortunados, durante las luchas por siiii>de- 
pendencia y por su difinitiva organización nacdonaL no po- 
seía un Museo, un santuario, por decirlo aa, en donde ^^ pu- 
diesen admirar los restos arqueológicos, evocación de un pa- 
sado glorioso y de grandezas muertas, los de la i^jsuenra 
vida colonial y la» reliquias de sus héroes. 



SECCIÓN OFICIAL 403 



Creado el Instituto Histórico del Perú, y siguiendo el 
desarrollo del plan de alta cultura nacional con que el ilus- 
trado y patriota Gobierno del Excmo. Señor Pardo ha que- 
rido caracterizar su administración, dictó en 6 de Mayo de 
1905, el Decreto creando el Museo de Historia Nacional, ya 
publicado en las páginas de la Revista. 

Vencidas algunas dificultades para la adquisición y 
adaptación de un local apropiado á este fin, y después de 
un trabajo incesante, digno de todo encomio, el Museo que- 
dó en condiciones de poderse abrir al público á fines del mes 
de Julio. 

El Museo consta de dos secciones: Arqueológica y de 
las Tribus Salvajes y de la Colonia y de la República. Está 
la primera á cargo* del eminente arqueólogo Doctor Máxi- 
mo Uhle, con quien ha celebrado el Gobierno el respectivo 
contrato, y cuya ejecutoria consiste en las magistrales 
obras Tiahuanco^ Pachacámac y Mochcy (esta última aún 
en prensa) aparte de su brillante colaboración en diversas 
publicaciones científicas de Alemania, Estados Unidos, Bo* 
livia, etc. Director de la Sección de la Colonia y de la Repú- 
blica es el señor don José Augusto de I^cue, autor de muy 
meritorias publicaciones, miembro de diversas instituciones 
científicas y literarias del país y del extranjero, y cuya com- 
petencia para el cargo que el Instituto le encomendara es 
por todos reconocida. 

Funciona el Museo en los altos del antiguo Palacio (Je 
la Exposición, paralo cual se ha celebrado un arreglo con 
la Municipalidad, y su distribución es la siguiente: 

La parte del vestíbuio bajo que corresponde al Museo, 
al pié de la escalera de entrada, está destinada para colo; 
car allí esculturas de piedra, como el monolito de Chavín, 
las de Atuncoya, que el doctor Uhle se propone traer del sur, 
etc. El vestíbulo de la parte alta del edificio, servirá para 
exhibir objetos de la Sierra, en donde, al través de varios si- 
glos, se conservan todavía muchos usos é industrias de la 
civilización incaica. A la entrada, en la gran sala, se halla 
la sección de las Tribus Salvajes, en donde están expuestos 
muchos objetos curiosos de los indios Aguarunos, ribere- 
ños del Marañón. Sigue luego la sección Arqueológica, que 
comienza con la valiosa colección chimú, del señor don Luís 





Vista de la Sección Arqueológica 




Vista de la Secct<!tn de la Colonia 



SECCIÓN OFICIAL 



405 



A las 3 de la tarde y llena la Sala de una concurrencia 
^xeepcíonalmente selecta 3-^ numerosa, se presentó sti Exce- 
lencia el Presid *nte de la República doctor don José Pardo, 
^^com panado de sus ministros &-, y fué recibido con una sal- 
"«a de entusia!ítas y prolongados aplausos. 

En seguida comenzó la ceremonia, con el siguiente dis- 
<j"urso, que pronunció el doctor don Mariano L Prado y Ugar- 
^cche. Presidente del Instituto: 



-jccmo» Señor; 

Señoras; 

Señores: 



w 



Hace un año se inauguraba solemnemente d Instituto 
Tü^tórico» fundado por S. E. para formar y desarrollar los 
^s t uiílios de la Historia Nacional, El Gobierno agrupó en es- 
^^ cr-^ntro á los que han consagrado alguna parte de su acti- 
^'**3 ^^d y de su esfuerzo á los estudios históricos del Perú. Y 
^^ * ^E, en su discurso inaugural fijó la rabión política 3^ social 
*^^ ^sta Institución, y ofreció para ella el más amplio y deci- 
^*3.c^ concurso de la acción oficial. 

Conviene recordar en este momento las ideas profunda- 
*^*^irite reflexivas que explican la solicitud extraordinaria con 
^iua^ el Gobierno de V. E. riue hizo nacer esta Institución, ha 
f^^^^^nrado luego sobre bases definitivas, su amplia estatabi- 

*^^.d y porvenir, 
^^ En esa solemne ocasión, Y. E. recordó que cimentada de- 

**^^ i ti va mente la función tranquila de las instituciones poli- 
^^^^^s, y olvidados los períodos de agitación que consumieron 
^^ tiarea estéril é infecunda de anarquía y retroceso las acti- 
^"^ci rifles y las energías de la Nación, había llegado el momea- 
^<^ ele queel Estado pudiesíí llamar con éxito á eáasintelegen- 
ci^^^ n esas voluntades j á esas energías, á las labores fecun- 
^^ de la vida nacional* 

Kecuerdo también que entre las necesidades de buen go- 
^*^t"no á que V, E. eí>n Uíjble estímulo aspira en torios los ra* 
^^s déla administración publica, estaba, preferentemente el 
^^^pertar la vida del pensamíeiito y estimular la cultura del 



406 REVISTA HISTÓRICA 

país en atinada equivalencia con el desarrollo de los intere- 
ses económicos 3' materiales de la Nación; estimando V. E. 
que el estudio de la historia patria es el que debe tener prefe- 
rencia porque de las ramas del saber humano es la que con- 
curre más que ninguna otra á formar el carácter nacional. 

Estos elevados conceptos han pasado de la teoría de 
buen gobierno, y de halagador programa de administración, 
á convertirse en realidad efectiva, mediante la acción perse- 
verante y enérgica, con que el Gobierno de V. E.las ha lleva- 
do á la práctica. 

El Presidente del Instituto Histórico én esta ocasión no 
cumple sino acto de la más estricta justicia, y no hace sino 
la expresión de la más absoluta verdad, al dejar constancia 
de que todo cuanto ha hecho desde su fundación, todo cuanto 
puede ofrecer como fruto de su actividad y su organización, 
representa la empeñosa iniciativa y apoyo del Gobierno de 
V. E. á cuya acción se debe, la adquisición y arreglo para 
el Instituto de este espléndido edificio; la creación del Mu- 
seo Nacional, la publicación de la Revista Histórica y el 
contar para la labor fecunda de la arquelogía y la ciencia 
histórica nacional, del valioso concurso del primer america- 
nista entre los que se dedican al estudio del Perú, del distin- 
guido arqueólogo doctor Max Uhle. 

A esa acción superior y previsora es necesario que res- 
respondan los elementos todos del país; es indispensable que 
se deje sentir este esfuerzo de intelectualidad y de cultura, y 
debe ser así, porque en todo orden significa la realización de 
un ideal superior, de un gran deber colectivo: de esos debe- 
res, de esos ideales, de esas aspiraciones, que tienden á unir, 
que llevan á estrechar, que forman ideas comunes, que ligan 
voluntades, que amalgaman sentimientos; que unidos y 
combinados constituyen elementos de la vida moral, que 
son efluvios del alma nacional de un pueblo! 

En todos los tiempos, todos los pueblos han vinculado y 
se esfuerzan por vincular á su historiay á sus tradiciones, un 
sentimiento, un culto y una enseñanza; el sentimiento es el de 
solidaridad nacional; el culto es la religión del pasado; que 
miren las generaciones de hoy, á las generaciones que fiíe- 



SECCIÓN OFICIAL 



407 



, culto que por lentas acumulaciones hereditarias esta- 
écen el vínculo, el lazo de unión estrecha que vá eslabonan- 
la vida de la humanidad; y la enseñanza es las lecciones 
í la experiencia; lecciones que bien aprovechadas han con- 
cid o á la cúspide de la t^randeza á las naciones felices de 
tierra; lecciones ijue, aunque amargas, en alg^nnas ocasio- 
s, nunca debe olvidar ningún país que aspiraá su regenera- 
In y á su engrandecimientü; porque la tradición y la histo* 
son parte integrante de la personalidad de los pueblos 3' 
que conserve é irradie los resplandores de sus glorias, co- 
íd despierte el eco de sus dolores, son siempre la página 
llpitante de su vida; porque en la evolución histórica el pa- 
^o de los pueblos, es la base de su presente y genera el 
irvenir; porque los pueblos sin tradición y sin historia, son 
peblos sin espíritu y sin alma nacional. {Aplausos). 

El desarrollo de la Historia» el cultivo de la Tradición Na- 
^nal debe estimularse cumo en todos los pueblos; debe fo- 
ntarse raás que en ninguno otro como una necesidad or- 
mica, como una ansia de vida, como un elemento eficiente 
( la unidad nacional* 

El Perú debe fomentar también en la América del Sur» 
fis que ningún otro, el culto de su pasado, porque ninguna 
a nación puede ofrecer la historia y los restos de una de 
más antiguas y más grandes civilizaciones de los tiem* 
^B antiguos, de la grandiosa civilización incaica; porque el 
irá en los tiempos del virreynato fué la metrópoli del raun- 
americatio, porque ninguna como ella reúne en sí los cie- 
nto de la primacía en todo orden de la vida colonial, por- 
É de ninguna se ha extraído y conserva j atesora aún en 
territorio riquezas arqueológicas de valor inestimable pa* 
i la Ciencia; y porque sus tradiciones de grandeza y poderío 
p títulos de gloria» y deben ser fuentes de sentimientos, de 
ímulo en la actividad de un pueblo. El Presidente del Ins- 
:uta Histórico en su discurso inagural enumeraba los teso- 
g arqueológicos y bibliográficos que del Perú poseían otros 
íses, y con profundo desconsuelo decía? **y nosotros, los 
leños de las inagotables fuentes que han producido esas 
liquias históricas" que poseemos? Nada. 

Ahora podemos decir: algo» lo que tenéis á la vista en es* 



408 



REVISTA HISTÓRICA 



te Museo que hoy se inaugura, á cuyo enriquecimiento es ne- 
cesario trabajar, con patriótico empeño. 

El esfuerzo individual y colectivo debe convertir sste 
Museo, hoy modesto, en un verdadero templo de la Tradi» 
eión ríacional, debe ser la cátedra siempre abierta, la más 
objetiva, la más eíícíente para la enseñanza y el desarrollo 
de la historia patria. S 

íla llegado el momento para que los miembros del Insti- 
tuto, los hombres de ciencia, las inteligencias todas del país, • 
contribuyan á la realización de los fines de esta noble y her- 
mosa Institución, 

Yo confio en el éxito de esa labor: y espero ver con ti* 
nuar desarrollándose con mayor intensidad y con provecho 
fecundo las investigaciones y los estudios en los campos de 
la arqueología, de la filología comparada, de la historia y 
de la tradición, estudios que seguramente han de contribuir 
al progreso intelectual, coadyuvando á la obra de engrande- 
cimiento de la patria peruana. (Ápíausos.) 



I 



Ocupó la tribuna luego el Dr. Uhle y dio lectura al si- 
guiente discurso de incorporación: 

Excnio, Señor, 

Señoras, 

Señores: 



Al dirigir mi palabra á este distinguido auditorio, ten- 
go la conciencia del honor que se me ha dispensado, á raí, 
al extranjero, de ocupar una curul entre los más selectos 
eruditos de este país. 

Aprecio altamente esta distinción, porque mis trabajos, 
dirigidos á dilucidar cuestiones de la remota antigüedad del 
Pera, no encontrarán mejores jueces que los hijos del país, 
en quienes se asocian el exacto conocimiento de las circuns- 
tancias que sirven de base á mis conclusiones, con un alto 



I 




Sf -lit. 'Max-- '^iTvfc. 
Director de la Seceión Arqueológica, 



SECCIÓN OFICIAL 



409 



tusíasmn por la investtí^ación científica ríe su propia Ws- 
oria* La aceptación de mis teorías alcanzada aquí, es una 
nieba. para mí fuera de eluda, de que me encuentro en 
"buen camino, y teniendo la aceptación del Instituto Históri- 
co del I*erú me inquieto menos por la de las demás acade- 
mias. 

El mundo científico se queja de que todavía se Síihe muy 

R>tx'o del Períi. De la multitud de problemas que esperan la 
uvestigación científica, solo muy pocos han sido tocados 
ín el extranjero, y si el propio país se dedicara á su resolu- 
ñón» se desarrollaría aquí una vida científica de tal riqueza 
y tan fecunda en resultados» que sería imposible alcanzarlos 
"en otras partes donde solo se ha de estudiar lo que no se ha 

vistOp 
■ Pero yo sé también que al haberme concedido un asien- 
do en este círculi» de hombres dístinj^nidos» entusiastas por 
la exploración cientííica de su país, si^^nifíca ser mns un estí- 
ulo para el trabajo continuo y diligente, que un aplauso 
or lo que se ha hecho. 

Et Instituto Histórico desea tener un colaborador en sus 
ra bajos, y de la mejor voluntad lo tendrá en mí. Me per- 
itin-^tn ustedes, señores, exponerles hasta dónde he llejj^ado 
en mis projíios tral>ajos, que, aunque modestos, podrán ser- 
ir de base á nuestras aspiraciones comunes. De otro lado, 
stosamente sabré, estando cerca de ustedes, quienes me 
ventajan en et conocimiento de muchas condiciones de la 
ida nacional y en el de su antiguo idioma dominante. 

El conocimiento del país, de sus antiguas costumbres y 
e su historia, comenssó con lo que comunicaron como resul- 
ado de sus observaciones Garcilaso de la Vega, de aseen* 
dencia semi-incaica, F^edro Cieza de León, un guerrero con- 
serv*ador de ^guda concepción, y jurisconsultos inteligentes 
orao Polo de Ondega rdo. Femando de Santillán, etc. En 
a época no existió ninguna ciencia 3' ninguna crítica histó- 
¡ca en el sentido moderno de la palabra, y ningún concepto 
ela palabra desde el punto de vista etnológico moderno* 
Muy poco sabían los aborígenes; vivían en las tinieblas de 
los pueblos que no han hecho todavía su entrada en la His- 

oria; mitos acerca de su origen se mezclaron con una pre- 
16 



410 RE\^STA HISTÓRICA 



sunción exagerada de su propio valor histórico; enredado y 
confuso era todo lo que tenían que comunicar respecto á la 
época que precedió á su dominio. Los autores en los siglos 
siguientes no hacían sino reproducir estas -noticias. 

Un progreso se notó cuando comenzaron á emplearse 
los métodos modernos de investigación histórica, y el con- 
cepto de pueblos bajo el punto de vista etnológico. El siste- 
ma elevado de crítica que empleó Prescott, dio á conocer la 
suma real de los herhos anteriores, y creó una base para el 
desarrollo de los estudios históricos. 

Vinieron después los grandes resultados de investiga- 
ción prehistórica en Europa, los progresos en la lingüística, 
y los hechos acumulados de la etnología comparada. Un 
trabajo investigador sin tomar en consideración lo que des- 
cubrieron estas ciencias, es hoy imposible. Es ahora la úni- 
ca base para un progreso, pero un progreso con horizonte 
ilimitado, y donde antes parecía que nada podía ya descu- 
brirse, hoy sabemos que estamos solamente al principio de 
los descubrimientos. 

El Perú está lleno de ruinas, de construcciones de adobe 
y de piedra. No se necesitó de grande inteligencia para cono- 
cerque eran de distinto carácter y que sus constructores eran 
de distinta índole. 

Pero sabemos cómo clasificar las ruinas; podemos seña- 
lar su lugar fijo conforme á la época en que fueron construi- 
das, y á los pueblos que fueron sus autores; y esto' lo agra- 
decemos á la investigación prehistórica. Aunque haya quien 
se resista á aceptar una sucesión de períodos prehistóri- 
cos, contra las conclusiones debidas á métodos científicos, 
no ha}' objeción posible. 

Continuamente al lado de la investigación prehistórica 
penetramos en el estado antiguo del país y ya podemos de- 
clarar: 

1*^ Los Incas no eran de ningún modo, el único pueblo 
civilizado del Perú. Su civilización tuvo muchos predeceso- 
res, y se desarrolló de lo que éstos habían hecho. 

2"^ Los distintos pueblos que habitaron el antiguo Perú 
tuvieron sus épocas de unión, y las de variadas íormas de 
cultura 



SECCIÓN OFICIAL 



411 



3^ Mucho antes de la ¿poca de los Incas pasó por el Pe- 
rú la ola de una civilización homog^cnea, cuyos monumentos 
más hermosos encntitramoí^ en Tiahuanaco, en las cerCcinías 
riel lagü Titicaca, y cuyos efectos se extendían hacia el nor- 
te hasta el Ecuador. 

14*^ Pero también la civilización de Tiahuanaco que con- 
forme con la ley de la prioridad existió mucho antes, tal vez 
1,500 años antes tic la era incaica, no era la primera en este 
saelo,c|ue parece predestinado para el desarrollo de la cultu- 
ra. Fué precedida por una civilización cuyos restos magnf- 
ficos últimamente se han descubierto en lea y Nazca, Pero 
estos no son sino un eslabón en una cadena de restos pareci- 
dos. Otros eslabones déla misma cadena encontramos en 
regiones de la Costa más al norte: en el valle del Rímac, en 
M Chancay, y de Sa manco á Trujillo. 

Hasta ahora los peritanistas atribuían las producciones 

^^cabadas de esta última región á los chimús vencidos por el 

^btiea; pero actualmente sabemos que son originarias de una 

^poca todavía anterior á la de los monumentos de Tía- 

^Jiuanaeo. 

f Los restos antiguos que tienen parentesco entre sí: de 
lea y Nazca y de los valles adyacentes, del valle del Rímac, 
^le Chancay y de Samanco, hacia el norte con los ejemplos 
^e la más antigua civilización del Perú que se había exten- 
dido á lo largo de la Costa de un modo parecido, como más 
t^arde la de Tiahuanaco y todavía más tarde aún, la del 
n^asto imperio de los Incas. 



5^ En la misma época, pero probablemente ocupando 






un terreno más extenso, antes habitó las caletas del norte, 

or lo menos las de Chorrillos a Pativilca, una raza de esta* 

ara alta, de pescadores antropófagos, cuyas producciones 

primitivas resisten á toda tentativa de comparación con las 

^e los pobladores civilizados que vinieron más tarde. 

Sus producciones consistieron en pocos y primitivos ar- 
efactos cerámicos, múltiples y particulares tejidos de mim- 
re y de redes; y un gran número de utensilios de hueso* en- 
tre ellos varios de huesos humanos. Por estas últimas se- 
fiales se parecen más á las tribus de pescadores antiguas de 
Jas de la Tie rra del Fuego, todavía existentes, que. 



412 REVISTA HISTÓRICA 



á los peruanos antiguos civilizados por épocas de millares 
de años por una cultura continua. 

Tomando estos resultados como base para nuestro tra- 
bajo común, inmediatamente se deduce de ellos un número 
de nuevos problemas. 

¿En qué extensión ocupó la raza antigua de pescadores 
la costa peruana, y será todavía posible descubrir parien- 
tas de ella en otras partes del Continente? 

¿Las tribus más antiguas civilizadas del Perú, cuyo do- 
micilio actualmente fijamos en lea, Nazca, Lurín, Rímac, 
Chancay y Trujillo, vinieron repartidas esporádicamente ó 
formaron una población continua á lo largo de las costas 
peruanas? 

¿Cuál era la razón por que los pobladores conocidos co- 
mo los antiguos civilizados, sobrepasaron por la técnica de 
sus artefactos y por la riqueza de las ideas que en su orna- 
mentación expresaron á todos sus sucesores? 

¿Tuvieron predecesores? 

Habiendo éstos vivido en el territorio nacional debe- 
mos encontrar todavía sus huellas, pero si acaso hubieran 
llegado de otra parte, la prueba del lugar de su procedencia, 
ha de sacarse terminantemente por la comparación con las 
producciones de otros países. 

Pero estas preguntas tan importantes, tan interesantes 
como son, no ofrecen sino un lado del problema que se pre- 
senta al arqueólogo en este país, tan rico en restos del pasa- 
do. Sus estudios no han de ceñirse á la resolución del pro- 
blema, aunque realmente es de inmensa importancia el ori- 
gen general de la civilización peruana. Cada una de las for- 
mas de ella, tanto las generales cuanto las locales, exige 
un estudio separado; pero ninguna con niás derecho que la 
del poderoso imperio de los Incas,que hallaron los españoles 
en el último grado de desarrollo, y que destrozaron con un 
ataque sorpresivo. Cuan poco sabemos hasta ahora del ori- 
gen particular de este imi)erio, del principio de su desarrollo 
interno y de su cultura especial. Todavía nos faltan los 
medios seguros para explicar el génesis de las civilizaciones 
que le precedieron en la altiplanicie de los Andes. 

Pero, prescindiendo de todos estos problemas, eminentes 



SECCIÓN OFICIAL 413 



todavía habría tema bastante para ocupar perennemente 
á una generación de arqueólogos. 

Rl país está lleno de ruinas de palacios, templos, forta- 
lezas, restos de tambos, de caminos, de sistema de irriga- 
ción; todo ha3' que estudiarlo aún, salvar sus planos para la 
posteridad y darlos á conocer á los sabios de otras países. 

Despertemos el pasado, reconstruyamos la grandeza de 
sus monumentos, de sus templos, penetremos en su espíritu 
estudiando 3' dando vida á las costumbres y usos de los an- 
tepasados del suelo patrio. 

Cuántas riquezas de ideas ño encierran los ornamentos 
de alfarería y los dibujos de los tejidos antiguos^ Nues- 
tro distinguido colega el doctor Patrón ya lo ha reco- 
nocido, y desde tiempo atrás lo ha hecho objeto de sus in- 
vestigaciones. 

Pero para comprender bien la vida del pasado nacional 
es necesario que estudiem^^s el presente en sus costumbres y 
usos, en la técnica, en los idiomas, en el folklore y en la mú- 
sica de los indios de nuestros tiempos. 

En pocas partes hay para esto, condiciones tan favora- 
bles como en el Perú. Los antiguos egipcios, los babilonios, 
los helenos ya no hablan, no los vemos en su trabajo, ni los 
observamos en sus fiestas; todo lo que todavía podemos 
oír, ver y observar en el Perú, donde una gran parte de las 
costumbres antiguas, aún son practicadas; hasta la antigua 
organización gentil, existe todavía en la Sierra, como tam- 
bién el título y el oficio de los Incas. 

La técnica en el tejer es en la Sierra al presente la mis- 
ma que en los tiempos prehispanos. El arte de teñir, que 
producía tan hermosos y vivos colores, y de una permanen- 
cia qu€ artefactos europeos ya no poseen, existe con nota- 
bles huellas en la Sierra. ¡Ojalá fuese posible salvar algo de 
la perfección técnica y de la paciente diligencia de los anti- 
guos peruanos para el desarrollo industrial moderno! 

El Museo que el Snpremo Gobierno acaba de formar, di- 
ré nuestro Museo, será el espejo de nuestros trabajos de ex- 
ploración del país, y podemos tener la ambición de poseer 
uno de los mejores museos del mundo, tanto por la clase de 
objetos, cuanto por su organización. La sabiduría de los 



414 REVISTA HISTÓRICA 



hombres de Estado que actualmente dirigen nuestros desti- 
nos, nos ha creado de este modo un centro en el cual se 
dan la mano la exploración científica y la exposición de ob- 
jetos de remota antigüedad. {Aplausos,) 

Antes de terminar hago una apelación al corazón de mi 
auditorio, á los hombres del Gobierno, á mis colegas, para 
que me ayuden en la tarea que me he impuesto. 

Pido protección para los monumentos del país. 

Es preciso que se expidan leyes que impidan el sa- 
queo délas huacas. Una generación de ignorantes del pueblo 
los buitres de las antigüedades nacionales, arrancan día por 
día objetos que son comerciables de las tumbas antiguas, 
destruyendo tesoros irrecobrables de un valor histórico sin 
precio. 

Pido protección para los monumentos del país que han 
resistido millares de años, que necesitan que se destierre lejos 
de ellos á los vándalos, que allí quieren buscar tesoros: á los 
frivolos que explotan los palacios antiguos para diferentes 
usos de sus haciendas. 

Lo que principia á desmoronarse por la acción del tiem- 
po ó la fuerza de los elementos, hay que restaurarlo, para 
que lo que es el orgullo de la generación presente, sea traspa- 
sado también á la prosperidad. (Aplausos). 

Un pueblo que honra á su pasado y lo estudia, se honra 
á así mismo. El honor que el Perú dispensará al estudio de 
su historia traerá la elevación política del país, y en el respeto 
que le inspiren los mudos testigos de sus grandioso pasa- 
do, encontrará la fuente de su elevación espiritual, sin la 
cual todo progreso es imposible. 

Si así actuamos espero ver el día, no lejano, en que el Pe- 
rú tome ün lugar eminente entre las naciones que más flo- 
recen en el mundo por su cultura ^ su desarrollo intelectual. 

Unámosnos en el trabajo para este fin. 



He dicho. 



« 
« « 



SECCIÓM OFICIAL 415 



Bajó de la tribuna elSr. ühleen medio de nutridos aplau- 
Y luego subió á ella el sabio doctor don Pablo Patrón, de- 
signado por el Instituto para contestar el discurSo de incor- 
poración del ühle, y lo hizo expresándose de la manera si- 
guiente: 

Excmo. señor; 

Señoras; 
Señores: 

Motivo de gran complacencia es para el Instituto His- 
tórico recibir en su seno á un americanista tan distinguido 
como el i>eñor Uhle, quien nos trae el valioso contingente de 
sus conocimientos especiales sobre la historia antigua del 
Perú. No es de hoy que el señor Uhle se ha dedicado á esta 
clase de investigaciones históricas: aparte de otros trabajos 
secundarios, debo señalar como puntos culminantes de su 
labor, el magistral libro dado á luz en 1892 sobre las ruinas 
de Tiahuanaco, y la no menos importante publicación he- 
cha en 1903 sobre la región de Pachacámac. 

Cierto es que no han sino viajeros científicos los que han 
faltado en el Perú: desde Humboldt hasta Uhle, su número 
es considerable, pero á pesar de eso, antes del último de 
ellos, la arqueología peruana apenas había adelantado. S>ea 
por la rapidez de sus travesías ó por haber dedicado su 
atención á diversos ramos de la ciencia, lo positivo es que 
en si mismo ó colectivamente el estudio de los centenares de 
restos arqueológicos de cada comarca no había sido pero ni 
siquiera intentado por ellos. 

D'Orbigny habla de las ruinas de Tiahuanaco y hasta 
las copia en su álbum, pero con qué superficialidad y rapi- 
dez. No hay croquis ni modelados exactos, ni medidas de 
los ídolos y piedras allí existentes. 

La expedición de Castelnau es aún más rápida, pues só- 
lo trae en sus grabados el de Curamba. 

Rivero y Tschudi dieron después á luz su notable libro 
sobre Antigüedades Peruanas, y no obstante su título, 
la arqueología sólo en parte es tema de él; y no avanzó 
tampoco mucho, pues incurrieron los sabios indicados en 



416 REVISTA HISTÓRICA 



los mismos defectos y vicios de los autores anteriores. A 
tal punto que en su atlas ni la representación de las ruinas 
es tan exacta como debería serlo. 

Es preciso llegar á Squier para encontrar la primera re- 
visión arqueológica metódica de todo el territorio. Este sa- 
bio arqueólogo estudió las ruinas tales como se presentan á 
la vista, levantando planos y haciéndola descripción de mu- 
chas de ellas. Era un gran paso dado adelante, y no han 
superado su obra Wiener, Hutchinson ni Middendorf, quie- 
nes se ocupan á la vez que de la relación de sus viajes, de ar- 
queología, pero siempre desde el mismo punto de vista es- 
trecho y limitado que sus antecesores. 

Tócales el honor de abrir la era de los trabajos arqueo- 
lógicos científicos en el Perú, á los señores Reiss y Sttibel, 
quienes en su exploración del suelo de Ancón encontraron, 
la necrópolis, admirablemente expuesta por ellos, según los 
principios técnicos más rigurosos. Agregúese á ésto el estu- 
dio directo y comparativo de las momias, de las piezas de 
cerámica, de los tejidos y de los granos y semillas hallados 
por ellos y luego la representación gráfica intachable de to- 
do, y se tendrá una ligera idea de la monumental obra de la 
Necrópolis de Ancón. 

En seguida de ellos viene Uhle, quien ha llegado á consti- 
tuir difinitivaraente en una verdadera ciencia la arqueología 
peruana. El no escatima e! tiempo, tomando todo el nece- 
cario para el conocimiento de la región escogida. Principia 
por medir y tomar razón minuciosamente de todo cuanto 
se encuentra á la vista y al ras del suelo, sigue con la explo- 
tación de éste, haciendo las escavaciones precisas para escu- 
driñar si hay restos humanos ó arqueológicos en las capas 
profundas. Por último, caracteriza y clasifica ordenada- 
mente todo el material obtenido, 3'^ uniendo á ésto los usos, 
costumbres, tradiciones y noticias pertinentes de que nos 
dan razón los historiadores, misioneros y viajeros, arregla 
una monografía la más completa posible sobre dicha región. 
Pero no acaba aquí su faena, sino que comparando los he- 
chos puestos en claro en un lugar con los otros, determina 
su semejanza ó disparidad, y así hace la síntesis y obtiene 



SECCIÓN OFICIAL 417 



los sorprendentes resultados que sirven de base á las gran- 
des disquisiciones históricas. (Aplausos). 

He aquí elevada la arqueología al rango que le pertenece. 
He aquí cómo no basta remover el suelo, extraerlos artefac- 
tos, piezas de cerámica y momias que estén á la mano para 
decir que se hace labor arqueológica. Estos objetos están 
íntimamente relacionados con el suelo en que se hallan, con 
la posición que tienen 3^ con la determinada profundidad de 
donde hayan sido tomados; sacarlos sin tomar nada en con- 
sideración, es destruir gran parte de su valor histórico, es 
amenguar la luz que arrojan sobre las tinieblas del pasado. 
Así teniendo en cuenta todas las circunstancias apuntadas, 
se comprende qué importancia histórica tan grande pueden 
tener un pedazo de tela desgarrada y unos fragmentos de 
alfarería. 

Según esto, después de su práctica y de sus conocimien- 
tos adquiridos ¿quién mejor preparado que el señor Uhle pa- 
ra llevar á cabo con proficuos resultados la exploración ar- 
arquológica de nuestro territorio? 

No es por cierto un espíritu novel y que venga á hacer 
sus primeros ensa3'os en la crítica histórica: él aprecia el al- 
cance y la magnitud de la pesada tarea que vá á tener entre 
sus manos; y acabamos de oírle señalar, con singular acierto 
los puntos que es preciso definir 3" los problemas cu3^a solu- 
ción hay que procurar. 

En el Perú no se ha dado con el hombre fósil, como en 
otras regiones de América; los vestigios humanos más anti- 
guos descubiertos aquí, 3' anteriores á toda época de cultu- 
ra, son los muladares primitivos de Piura, los utensilios 3" 
esqueletos de una tribu de pescadores antropófagos entre 
Ancón y Pativilca, y la osamenta del hombre 3'acente bajo 
la capa volcánica de Tarapacá. 

Luego, sin ningún enlace con las épocas anteriores, se 
hallan los restos de la civilización de lea, Nazca, Chanca3' 3" 
de Samanco á Trujillo, sin que nadie hasta hoy sepa á cien- 
cia cierta si han sido núcleos aislados ó si han pertenecido á 
una población continua á lo largo del litoral. 

Mientras que seres cultos habitaban en la Costa ¿qué hom- 
bres vivían en la Sierra 3' en las mesetas de la Cordillera? 

17 



418 



REVISTA HISTÓRICA 



Atmqtie sobre este punto la ignorancia es completa, se pue— 
de suponer que la región andina era desde entonces asienten 
de unas gentes fjue se alimentaban con la papa amarga pri- 
mitiva y que, quizás» ensa3*aban ya su cultivo. 

Después se descubre una cultura homogénea que ''cornea 
una ola ha cubierto todo el territorio y cuyos monumentos 
más hermosos encontramos en Tiahuanaco, á las orillas del 
lago Titicaca, y cuyos efectos se extendían hacia al norte- 
hasta el Ecuador'*. Henos aquí ante la civilización pre-in— 
caica, puesta fuera de duda por las investigaciones moder- 
nas y principalmente por las de Uhle, Así se ha conñrmadc^ 
la narración de un escritor de Indias» de Montesinos, quien, 
es el único de los historiadores y cronistas antignos muy co- 
nocidos^ que, apartándose del camino trillado seguido por 
los otros autores, se atrevió á hablar y dar cuenta de una 
civilización pre-incaica extendida en todo el Perú, y esto 
cuando nadie sospechaba su existencia y nada se sabía sobre 
el particular. Este triunfo, del que no vacilo en llamar emi- 
nente y veraz historiador, nos pone en el caso de revisar cu i* 
dadosamente su texto, y prescindiendo de los errores y equi- 
vocaciones en que pueda haber incurrido, pesar bien sus pa- 
labras 3^ buscar hasta qué punto se encuentra la verdad 
histórica viva y palpitante en cl fondo de sus escaitos, máxi- 
me cuando la crítica moderna está de acuerdo con su relato 
Asegura aquella qus entre la destrucción de la cultura de 
Tiahuanaco y su resurgimiento durante cl período incaico» 
tuvieron los pueblos del Perú sus épocas de unión más 6 me- 
nos extensas, y las de variadas formas de cultura. Puesbien^ 
eso mismo consta en Montesinos cuando nos refiere la caída^ 
de la civilización á causa de las diferentes invasiones del Pe— 
TÚ por diversas tribus bárbaras 3' por efecto de las pestes y^ 
otras plagas. 

Pero sean cuales fueron las fallas y viscisitudes de la ci — 
vilización en el Perú pre-hispánico ¿cómo es que ha apare — 
cido aquí? En cuanto es posible congeturar sobre ese fenó^ — 
meoo, haj' que aceptarque ha venido ya formada de fuera. S^=^ 
funda esta conjetura: primero, en hallarse en la Costa los ras- — ■ 

tro» de la más antigua cultura; segundo, en no haber contí 

fiuidad posible entre las obras de los hombres primitivos >^^^ 
1ai de los civilizados venidos más tarde; tercero, en la falts 



i 



n 






.1 



SECCIÓN OFICIAL 419 



de desarrollo armónico gradual y sucesivo entre la cultura 
de una época y la de las posteriores; sino que, por el contra- 
rio, **los más antiguos civilizados sobrepasaron por la técni- 
ca de sus artefectos y por la riqueza de las ideas que en su 
ornamentación expresaron á todos sus sucesores;" y cuarto 
en las dificultades tan grandes con que se tropieza en el sue- 
lo del Perú para que en él brote una civilización. En efecto, 
Angrand dice: **Siempre que he recorrido las glaciales mese- 
tas de Bolivia y la región desolada tenida por cuna históri- 
ca de los quechuas, me ha parecido imposible que las civili- 
zaciones, cuyas huellas veía, hubiesen nacido en semejantes 
soledades, á más de 4000 metros de elevación. Aparecían 
ante mi vista separadas del resto del mundo por barreras 
infranquebles para cualquier otro que no fuera un hombre 
poseedor de una experiencia colectiva merced á luchas secu- 
lares con la naturaleza; no podía convencerme de que regio- 
nes tan inclementes como insuficientes para satisfacer las 
necesidades de la vida. 3' en las cuales todos los elementos 
son inertes, hubieran llegado á ser el centro de sociedades 
civilizadas, si éstas no hubieran venido de fuera completa- 
mente organizadas, por decirlo así; ¿cómo suponer, en efecto, 
que el hombre sin tradición social, que tribus aún en estado 
primitivo, ante condiciones físicas tan desfavorables, sin la 
poderosa vitalidad, ni la abundancia de recursos, que úni- 
camente poseen los pueblos iniciados de larga data en el ar- 
te de dominar las fuerzas de la naturaleza, hayan llegado á 
crecer, sin apoyo, sin contacto, sin comunicación externa en 
esos ásperos desiertos? Miré, pues, con evidencia que esas 
razas cuyas imponentes huellas contemplaba habían pene- 
trado en esas regiones inhospitalarias cuando ya tenían un 
pasado remoto y estaban poderosamente preparadas para 
la lucha de la vida social, fecunda 3' práctica; que dichas ra- 
zas se habían formado en medios más propicios donde ha- 
bían sufrido esa larga iniciación engendradora de la poten- 
cia de la acción colectiva 3" que debe preceder á la fundación 
de toda sociedad obligada á vivir sola.*' 

■ Mas, entonces, ¿de dónde provendrán los creadores del 
progreso en nustro país? ¿Serán unos mismos ó diferentes 
los hombres cultos de lea, Nasca, Chancay 3' Trujillo, de 
Tiahuanaco y del imperio Incaico? 



Al llegar á este punto, permitidme que dedique uo senti- 
do recuefílo á la memoria de nuestro malogrado cou socio 
doctor Teodorico Olaechea, cuya silla vacante en el Insti- 
tuto Histórico viene á ocupar el señor U hle» al recordar sus 
eftóayos arqueológicos en lea y la creencia que él abrigaba 
de que la costa de este departamento había sido poblada 
por chinos. 

Apesar de haber este pueblo conocido la brújula desde 
tiempo inmemorial, y de sus viajes al país de Fiig-Sang, to- 
mado por muchos historiadores por América» su arribo á 
nuestras playas no ha sido hasta ahora aceptado por falta 
de pi'uebas conclu^-entes* (Aplausos). 

Hay algo más. Xn es posible buscar en Sud América la 
cuna de nuestros primitivos adelantos, pues el Perú ha bri- 
llado como una estrella en medio de la densa y oscura no- 
che que cubría el resto del Continente. Hemos sido sus civi- 
lizadores, según lo nianifiesta la difusión de las lenguas an- 
dinas; por el norte, más allá de Pasto varias tribus de Co- 
lombia empleaban voces quechuas para su indumentaria y 
sus aUnientos; por el sur alcanzó nuestra influencia hasta 
la Tierra del Fuego, donde los Onas usan hasta hoy mismo 
vocablos ai maraes. De ninguna manera puede creerse que 
esto sea fruto de los últimos tiempos cuando reinaban los 
Incas, pues en el período de sns conquistas no puede haberse 
infiltrado tanto el quechua» no sólo en los países limítrofes 
como el Ecuador, donde ya se hablaba de antemano, y Chi- 
le, donde el Auracano posee un extenso vocahnlario quechua, 
sino todavía raás lejos, en Cnyo, donde la lengua Alien tiae 
estaba plagada de palabras andinas; en Catamarca, donde 
se conserva hasta hoy el quechua como lengua nacional; en 
el Tucumán \^ regiones vecinas, y esto hasta el extremo de 
haberse formado en pleno Chaco argentino una lengua co- 
mo la Vilela, híbrida entre la quechua y las del Chaco, 

Laíi ruinas de Tiahuanaco, ligadas sin fundamento bas- 
tante por D' Angrand á los Toltecas, indios oriundos de 
América del Norte, han permanecido durante siglos mudas 
é unpenctrablcs, hasta que nuestro distinguido consocio el 
doctor Uhle ha dado la clave para aclarar su misterio al 
ver grabada la imagen de Huiracocha en la monolítica 
portada de Acnpana* Revelación de suma importancia, des- 



SECCIÓN OFICIAL 421 



de que el culto de este dios ha perdurado hasta los últimos 
días del período pre-hispánico; y como su nombre es que- 
chua, así como lo es la lengua esparcida en América del Sur 
por los hombres de la época pre-incaica, resulta que la co- 
munidad del idioma y de las crencias enlazan íntimamente 
la cultura de Tiahuanaco con la incaica. 

Bien sabido es entre nosotros que el que os habla ha es- 
tablecido una teoría sobre el origen asiático de la civiliza- 
ción del Perú primitivo. Las lenguas andinas, los dioses, la 
arquitectura son sus principales fundamentos, 

La lengua, por infinidad de radicales comunes entre las 
andinas y la súmera, y por las voces de esta última exis- 
tentes en el quechua, las cuales resuenan en América á mi- 
llares de leguas de su punto de origen y después de milla- 
res de años, cuando los hombres que la hablaban ya no exis- 
ten. 

Los dioses, por haber sido adorados allá y acá, el fuego, 
los elementos de la tempestad, el abismo de las aguas, el Sol 
y la Luna. 

La arquitectura, por la identidad de las paredes de atJo- 
bes y de masas de barro pi/onadas en su propio lugar. Por 
las estupendas murallas de piedra y las enormes moles le- 
vantadas con **esfuerzo casi sobrehumano'' tanto aquí co- 
mo en Asiri?i, y en un todo semejantes á las de Judea, la an- 
tigua Persia, la Siria, las colonias fenicias y la Grecia arcai- 
ca, sin que esto quiera decir que hayan pisado nuestro sue- 
lo judíos, persas, asirios, fenicios, ni pelasgos sino que en to- 
das 'estas obras se reflejan la imitación y el influjo de la añe- 
ja civilización mesopotámica. 

La misma arquitectura, tanto por la igualdad de un 
mortero bituminoso y por el grosor excesivo de los muros 
respecto al área de las liabitacioness limitadas por ellos, co- 
mo por el sistema general de construcción, en gradas y en 
pirámides truncas superpuestas, y también por los planos de 
los palacios, templos y fortalezas. 

La cerámica, por la semejanza reconocida por todos én- 
trelas piezas peruanas, las grego-orientales ylasetruscas, no 
porque hayan venido acá, vuevo á repetir, griegos ni etrus- 
cos, sino por su relación general con la cerámica de Oriente. 

La escritura, porque el que os habla juzga haberla des- 



422 



HISTÓHICA 



cahíerto en los huacos y telas antigiias, coafírniando así la 
noticia de Montesinos de haljer sido ella osada en época re- 
mota 3' de haberse perdido después. Su lectura no puede ha- 
cerse sino recurriendo á la vieja lengua súmera y á los va- 
lores fonéticos de los si^os de la escritura cunei forme- 
Pero, para poder ver bien claro si por este camino se vá 
en pos de la verdad, supremo objetivo del hombre de cien- 
cia, lo que urge es hacer toda la luz posible sóbrela antiquísi- 
ma civilización peruana. Hacerla revivir en todo su esplen- 
dor aprovechando para ello los datos coservados por los 
historiadores y cronistas, cuanto subsiste aun de las cos- 
tumbres antiguas de los indios y de todo el tesoro arqueólo* 
gico que aún existe en el país. 

Que llegue el día en que esta reconstrucción sea una her- 
rnosa realidad es lo que todos deseamos vivamente, y con 
tal fin han sido creados en hora feliz y con certera mirada 
el Instituto Histórico y el Museo de Historia Nacional. 

El primero abarca en su radio todos los cambios y la- 
ses por los cuales ha pasado la vida nadonal desde su más 
remoto origen hasta el presente. El seg^undo estíi llamadt» 
á ser, contando con la experta intervención del señor Uble* 
el gran libro en que ác vean patentes las épocas de civiliza- 
ción por las cuales ha atravesado este país cuando aún re- 
gían sus destinos sus naturales. La sección Arqueológica 
será por su método una maravilla, pues en ella se expondrán 
todas la regiones tales como han sido, y así el Perú ten- 
drá plena conciencia de su antiguo valor 3- del papel que ha 
desempeiíado antes en el Continente. (Aplausos), 

V antes este soberbio cuadro nos hemos de estimular pa- 
ra no desdecir de nuestros antecedentes, y habremos de es- 
forzarnos porque el Perú llegue en el futuro á la grandeza y 
rango de sus pasados días (Aplausos). 



Terminada la ceremonia de la incorporación del Dr, Uhle, 
su Excelencia el Presidente se dirigió á la entrada de la Sala 
del Museo, en donde lo esperaban los Directores señores Uhle 
é kcue, quien pronunció estas palabras invitando al Jefe del 
Estado á inaugurar el establecimiento; 



1 



SECCIÓN OFICIAL 423 



Excelentísimo Señor: 

Como encargado de V. E., bajo la alta dirección del se- 
ñor Ministro de Instrucción Pública, de acuerdo con el sabio 
arqueólogo doctor Uhle, con la cooperación de los eníplea- 
dos del Ministerio y de un grupo de hombres trabajadores, de 
adaptar en este hermoso edificio á un nuevo destino y de ins- 
talar en él las instituciones intelectuales que florecerán, len- 
ta pero seguramente, á su sombra, tengo á honra invitaros 
á inaugurar el Museo de Historia Nacional. 

Basta un hecho así para que vuestro nombre quede ins- 
crito en el mismo severo recinto, modesto todavía, que ha- 
béis ideado levantar. Se dirá de vos que poseéis las conci- 
liadoras miras de San Martín, el valor de Salaverry para 
batir en alto, sobre todo y sobre todas, la bandera de lapa- 
tria; la cultura de Vivanco; el interés cariñoso y profundo 
de Castilla para que nuestro país no perdiera el puesto que 
nos corresponde en el concierto de las naciones hispano-ame- 
ricanas; el anhelo previsor y generoso de orden, de ley y de 
progreso que ciñe con triple aureola al gobernante de 1872. 

Dignaos pasar, Excelentísimo Señor. 



En cortas pero significativas frases declaró inaugurado 
el Museo de Historia Nacional el Excmo. Señor Pardo y en 
seguida visitó detenidamente todas sus instalaciones. 



Ca solución de todos los problemas 

relativos h eiifiMal Celta y tñ particular de aovenos relacionados con los 
orígenes i pretendidos Inspiradores del descubrimiento del nuei^ mundo. 



MEMORIA LEÍDA EN EL CONGRESO DE AMERICANISTAS (1900) 

(Traducido del francés para la Revista Histórica) 

Las indagaciones históricas de las cuales os he anuncia- 
do sucintamente los resultados, datan de cerca de diez años, 
cuando á la aproximación de las fiestas del lY centenario 
del descubrimiento de América, tuve el honor de ser invita- 
do por el secretario del comité oficial de Madrid á coloborar 
en la gran Revista que se fundó entonces con el título de El 
Centenario. 

Desde ese tiempo me entregué exclusivamente al estudio 
de todos los puntos obscuros de la vida de Colón y de los 
verdaderos orígenes de su gran descubrimiento, lo que me 
ha obligado á abandonar otros trabajos que eran mi sostén 
á dos mil leguas de mi país. 

En medio de todos aquellos sacrificios, no se puede ima- 
ginar la cantidad de obras consultadas y de materiales acu- 
mulados para la solución de tantos problemas que había 
emprendido; pero la' cosecha ha sido tan abundante, más 
allá de todas mis previsiones, que me creo hoy ampliamente 
indemnizado, aunque me encontrase impedido de presenta- 
ros esta obra de largo aliento. 

La causa está en que la máquina, habiéndose forzosa, 
mente detenido por falta de combustible, hace cerca de tres 



426 REVISTA HISTÓRICA 



r 



años, me encontré de tal manera desanimado q ue para res- 
guardar al menos el derecho á descubrimientos, escribí lo 
siguiente:, en junio de 1899, en la introducción á un atlas 
geográfico, que me fué encomendado por los editores Bouret: 

**Hay tales enigmas y IcN'endas en la vida de Colón y en 
la historia de su descubrimiento de América, que el sabio es- 
pañol señor Fernández Duro, uno de los más competentes en 
estas materias, les ha llamado muy propiamente, nebulosas. 
El autor de estas líneas ha consagrado también muchos años 
al estudio exclusivo de estos problemas, de los cuales espera 
poder someter la solución al mundo sabio, cuando las cir- 
cunstancias se lo permitan. Para el caso de que se encon- 
trara en la imposibilidad de hacerlo entonces, debemos de- 
clarar aquí: que entre otros asuntos de los cuales creemos 
haber encontrado la solución incontest?ible, figura ¡a de 
Jos pretendidos inspiradores de Colón, y en consecuencia 
probaremos: que ni la astronomía, ni la supuesta correspon- 
dencia de Colón con los astrónomos no tuvieron ninguna 
parte en el descubrimiento de América.'* 

Antes de estos datos, y aún antes de las fiestas de 1898 
en Florencia, en honor de Toscanelli, había acabado de reu- 
nir mis materiales y todas las pruebas de este problema; co- 
mo de todos los demás, y no me faltaba sino la obra de coor- 
dinación y redacción final, cuando la lucha por la vida me 
arrancó bruscamente á mis estudios, para volver á esas co- 
laboraciones anónimas, ó nó anónimas, á las cuales están 
condenados los sabios sin fortuna que viven en el extran- 
jero. 

He hecho, sin embargo, partícipes de mis pequeños descu- 
brimientos colombianos, después de cuatro años, á muchos 
sabios, entre otros, á nuestro eminente Presidente, el doctor 
Hamy, al cual declaré entonces, delante del distinguido Con- 
servador de la Biblioteca Nacional, M. Gabriel Mercel: que 
las cartas atribuidas á Toscanelli eran apócrifas y que Co- 
lón no había conocido el libro Alliaco antes de 1494, á lo 
cual me respondió textualmente: será necesario probarlo. 
M. Marccl, testigo }- confidente de mis ind^aciones 
en la Biblioteca Nacional, los ha conocido desde los primeros 
tieni[)os, y los ha seguido, á medida que le comunicaba los 



LA SOLUCIÓN DE TODOS LOS PROBLEMAS 



427 



resultados, con una benévola simpatía por la que estoy pro- 
fiindatnente agradecido. Puedcj decir otro tanto y aún más, 
de mi venerado y muy querido amigo NL Henry V^ignaud, 
para el cual no he tenido ningún secreto, y que entusiasma* 
do con la fuerza de los argumentos í|ue desenvolvía delante 
de él en nuestras largas conversaciones, está hoy de tal ma- 
nera persuadido de la verdad de mi tesis sobre ToscancUi, 
que no he titubeado en exponerla ante vosotros, con algu- 
nas ligeros reservas, concediendo, desíle luego, con bu bien 
conocida lealtad, que la tesis me pertenece exclusivamente á 
mí, que la he dcinoí^tnído, y que, el primero cu el mundo, 
después de ttn estudio profundo de todas las fuentes, he prepa- 
rado un libro documentado para probar que las cartas, así 
_como los mapas atribuidas á Toscanelh son esencinlmente 
^Ócrífus. 

En la época de las fiestas que se organizaron en Floren- 
cía, en 1898, en honor de Toscanelli, bajo la influencia de su 
infatigable apologista M. Ugiclli, debí, en vista de los olas* 
táculos de que he hablado más arriba, renunciar al proyecto 
que había concebido por un instante, (del cual he hablado 
á esos amigos) de escribirle á éste para declararle: que el 
profeíior Pablo, no habiendo escrito jamás nada á Martins 
ni á Colón, era falsa la inscripción en la que se le llamaba 
Iniciador de su descubrimiento. M. Ugiclli me hubiera res- 
pondido entonces como el doctor Hamy: probadlo! 3^ yo me 
hubiera callado» 

Hubiera quedado reducido, entonces, por tan penosas 
circunstancias» ú dejar dormir en mis cuartillas las investi- 
gaciones que me han exigido tanto tiempo, sacrificios pecu- 
nia ríos superiores á mis fuerzas, y á dejar ignorar durante 
años y quizás para siempre, las conclusiones á las cuales ha- 
bía llegado, aunque se trate de soluciones que cambian com- 
pletamente la biografia tle Colón y la historia de los oríge* 
ncs del descubrimiento de América.— sí no hubiera recibido 
la invitación de tomar parte en los trabajos del Congreso 
de Americanistas. He creído deber aprovechar esta feliíE 
oportunidad para presentaros, aguardarido la publicación 
de mi obra, al menos el programa ó resumen más sucinto de 
los problemas á los cuales me he dedicado y sobre todo al 



de Toscnnelli. Así se explica el título que he fiado ñ esta co- 
mnniQRción: Solución de todos los problciURs relñtivos á Crís- 
toba! Colón y, en pnriicüfar, de los de los orígenes ó de h*s 
supuestos inspiradores de su deseabrímieiito de un Nuevo 
Mundo. 

Hubiera querido hablaros exclusivamente del problema 
de los oríí^enes, y, en especial de las falsas cartas atribuidas 
á Paolo Tosca tielli. Pero be niotlíficado mi plan cuando su- 
pe que á mi respetado amigo \L Vigiiaud le había agradado 
de tal manera la tesis en la que he logrado aventajarlo, que 
la ha escojido como tema de su comunicación al Congieso 
en esta misma sesión. Como no hay sacrificio de amor pro- 
pio que yo no estuviera pronto á hacer para probarle mi 
amistad agradecida, císpero poder hablaros del carácter 
esencialmente apócrifo de las cartas llamadas de Toscanelli 
al canónigo de Lisboa y Cristóbal Colón, tratando, cuanto 
es posible, de presentaros otros argumentos y otros puntos 
de vista: de esta manera nuestras memorias se completarán^ 
tal vez. 



Sería imposible tratrar aquí á fondo, ni aun el solo pro- 
blema de los orígenes y mucho menos todos los demás, so- 
bre los que no diré sino al^unüs breves palabras, detenién- 
dome^ sobre t<klo,en la cuestión Toscancll i, aunque dándoos 
forzosamente simples bosquejos de mis pruebas, que son 
muy numerosas y documentadas. 

Ved aquí algunas, al correr de la pluma. 

Las Historias de Fernando Colón y de Las Casas^ qf 
son las fuentes oficióles, rtnlactadas con los datos suminis- 
trados ó dejados por el mismo Colón, sostienen que los dos 
principales inspiradores del proyecto de éste fueron: el libro 
de Pedro dWilly, más conocido bajo la forma latina de 
A iliaco, riinago Mundi, y e! modesto médica astrónonio de 
I^^lorcncia. el maestro Paolo, más conocido hoy con el nom- 
bre de Toscanelli. 

Esto ha sido ideado para hacer creer que Colón fué un 
^abio 3" que á los sabios fué á quienes debió las primeras 



LA SOLUCIÓN DE TODOS LOS PROBLEMAS 429 

ideas de la existencia de un Nuevo Mundo al Oeste, cuyo 
descubrimiento sería debido á las meditaciones y lecturas 
del sabio y de ninguna manera al conocimiento del secreto 
de un desgraciado piloto. 

Sostengo y estoy pronto á probar, no solamente que el 
volumen de Alliaco no fué impreso sino en momentos que 
Colón dejaba Portugal, sino, sobre todo, que el ejemplar 
de la Colombina pertenece seguramente á Bartolomé Colón, 
quien lo ha anotado, lo mismo que el volumen de Pío II, an- 
tes de volver á encontrar á su hermano en Santo Domingo, lo 
menos después de diez años, en abril de 14'94. El examen 
profundo que he hecho de estas notas, en gran parte de la 
escritura de Bartolomé, lo prueba,— así como otros argu- 
mentos—especialmente aquella nota en que Bartolomé fija 
el dato del equinoxiode 1491: egrü/nox/u/n,er/í/2ocanno 1491 
etc. Todas las notas de Cristóbal Colón son, pues, posterio- 
res á 1494 y el libro no ha podido inspirar un descubrimien- 
to enteramente realizado. 

Pero la cuestión de Flmago nos llevaría lejos, y nos pre- 
cisa volver á Toscanelli y á las cartas que no pensó nunca 
en escribir. 

Estas cartas nos las presentan bajo dos formas; una la- 
tina, que es un verdadero borrador de la segunda, que está 
en español, aunque ésta nos ha sido dada como simple tra- 
ducción; pero que no es, en suma, sino la recomposición y la 
redacción definitiva hecha sobre el texto latino, el cual solo 
era embrionario. 

Ese texto español en Las Casas es idéntico al italiano de 
la versión del libro de Fernando Colón, quien, á su vez, no 
puede haberlo tenido sino de su padre, mientras que á Las 
Casas ese texto le ha sido dado ^'tal cual,'' como él lo dice, 
con todos sus italianismos, faltas de español y numerosas 
adiciones que revelan seguramente su origen colombino. 
Ningún español podría redactar tal traducción donde hay pa- 
labras y formas italianas. En fin, de una carta se ha hecho 
dos y se supone otras todavía. 

Nos bastará esta simple observación para concluir: que 
la supuesta copia misa C. C. etc, que se lee en la primera foja 
de las guardias finales del libro de Pío II, no es una copia si- 



430 



HKVISTA HISTÓRICA 



no el origina!, 6 primer debido á la misma pluma que la ha 

retocado y pulüio en español, dándole así su forma definiti- 
va, y más acepta lile que en latín» colocando al medio de la 
carta española el pasaje más importante, que, en el texto 
latino» no parece ser sino un postscríptüín, después de la 
fecha Bmú. Se vé bien que el falso copista y traductor se ha 
ofuscado _v ha tratado de llenar los claros que fatalmente ha 
tenido cjue notar en su primer bornidor. 

Es imposible examinar los dos textos atribuidos á Tos- 
canellí sin compararlos v sin ir á buscar su fuente común; 
pves ambos nos han llegado por el intcrmediíirio de Colón» 
de su hijt) y de su historiador oficial Las Caídas» al cual la 
familia había confiado todos los autógrafos del célebre Ge* 
noves, como también todos los tesoros de la Biblioteca Co- 
lumbina, depositados con este objeto en el convento de los 
dominicos de Se vil lia, donde el padre Las Casas se hospeda- 
ba en esta época. No hacemos aquí más que señalar de pa- 
so este hecho, que por sí mismo es una prueba concluyen te 
de la siiperchería, y vamos ñ examinar las que se despren- 
de de la carta misma, en sus relaciones ron Toscanelli, 

ToscanelH era, en efecto, un sabio y santo astrónomo, 
aunque su mérito ha sido demasiado exagerado por su tan 
erudito abogado, M. Gustavo Uzielli* En todo caso, fué un 
hombre serio, sin duda, muy modesto y algo taciturno, que 
no hablaba sino cuando ¡o interrogaban^ como dicen sus 
amigos. Vivió ochenta 3^ cinco años, y sin embargo, no nos 
ha dejado ningún libro de medicina, ni de astronomía, ni de 
geografía, ni aún de cartas banales. Todo lo que tenemos de 
él, es el pequeño manuscrito que un desconocido ha intitula- 
do: Los inmensos trabajos y largas vigilias de Faulo finir 
Pozzo ToscanelH, y que se reduce a algunas copias de 
otros astrónomos y á los cálculos que hizo déla órbita de 
ciertos cometas. En cuanto á la geografía no se encuentra 
sino el cuadro graduado y blanco de un mapa por haet^r, eii 
lugar del original que del>e haber servido para las dos co- 
pias de ¡Hs cartas marinas (que no estuvieron nunca gra- 
duadcs) que se dice habcrsidoenviadasáMartinsyá Colón. 
Por otra parte, esto no es sorprendente; porque este astró- 
nomo, que estudió las constelaciones, sobre toflo para fijar 
aquello que llamaban eJ punto los astrólogos de su tiempo^ 



I 

I 
I 
I 



LA. SOLUClÓíí BE TODOS LOS PROBLEMAS 



431 



estaba tan escaso en cuanto á verdaderos mapas, que tuvo 

necesidad de pedir prestado el de uno de sus vecinos, un sc- 

ñor Castcllani, cuando en 1459, llegaron ciertos comisarios 

ele Portugal, los que le hablaron, sin duda, de la amplitud de 

los descubrimientos del príncipe Enrique en la costa áfrica- 

tía. Estt mapa Toscanelli lo guardó hasta su muerte en 

J.4S2 y no fué devuelto por sus herederos sino en 1484; he 

.fiquí todo el arsenal del supuesto cartógraíOt á quien se le 

capone acostumbrado á formar mapas náuticos (¿?^ sola- 

mnenie para !a exportaciotí! 

La base, el punto capital de la famosa carta, es la indi- 
^^ación precisa ([ue se encuentra alh', de 26 espaciosí de 250 mi- 
Slas, que era la distancia en línea recta, de Lisboa á las isla 
«le C i pango y á Quiusay, capital del Catay 6 China. Pero, 
«lingiln sabio serio, como lo era Toscanelli, podía osar afir- 
:xnar úogmátkamcnU un hecho semejantCtComo si fuese una 
-vía abierta, ó en caso de serlo, habría que demostrarlo cla- 
:a-amente en 1474; porque entonces como hoy, todos los as- 
^ftrónomos reunidos no se hubieran atrevido nunca á fijar la 
^^xtensión de un océano, del cual no se conocían sino las cos- 
cas europeas, sin haber podido determinar previamente 
^as líneas de las costas de la China (Catay) y, sobre todo, las 
^ela^ islas de Cipango, etc, que nadie había visto ni notado 
-pues que no fi^^uran sino en Marco í*olo, que las ha nom- 
lirado mu3- vagamente. Pa/a poder avanzar alguna cosa, 
^siempre poco más 6 mdnas, cuando faltan las observaciones 
geodógicas, hubiera sido preciso comenzar por probar que 
^l sistema de l^tolomeo, universalniente admitido entonces 
-^n el mundo sabio, era falso y que el de Marin de Tyr, que él 
había refutado, ó cualquier otro que acortase el Océano, era 
preferible científicamente, cosa que no ensayó aán el autor 
de !a carta de c|ue se trata. Habla al contrario, como un 
verdadero oráculo y parece tomar al rey de Portugal y á 
sus consejeros por unos imbéciles, que aceptaban ciegamen 
te los vaticinios del astrólogo florentino, aunque éste no ha- 
ble sino como el último de los charlatanes. 

Es verdaderamente sorprendente que tantos hombres de 
cicnciu como el padre Jiménez, Ilumbolt, Pesche!, U^ztelli y 
todos los modernos historiadores de Colón, no hayan pea* 



432 REVISTA HISTÓRICA 



sado en ésto antes que nosotros, y se hayan lanzado inge- 
nuamente en infinitos cálculos para explicar esas famosas 
distancias, con el fin de rehacer un mapa que no ha existido 
nunca y que no ha podido ser trazado por un sabio que se 
respete, como lo era Toscanelli. Lo que hay de verdad es: 
que la teoría de los espacios, el pequeño mar y todo lo de- 
más está en oposición con las ideas reinantes entonces entre 
los sabios, y que no fué sino destiempo que se ha querido, 
con el famoso mapa, dar aires científicos al más feliz de los 
hallazgos. 

El famoso mapa no contiene, por otra parte, sino bana- 
lidades 6 datos copiados textualmente de Marco Polo ó 
de Juan Mandeville (impresos en 1483 y 1485 más 6 menos) 
que viene á ser lo mismo; confunde la Etiopía del Pretre— 
Jean ó Abisinia con el Cataj' ó China, y toma por embajado- 
res de esas regiones á los obispos jacobitas que asistieron 
al concilio de Florencia en 1439, etc.; al mismo tiempo se 
sirven allí, de una frase de Landino que coloca este en la ter- 
cera: Magister Paulas cosdiligenter interrognvit, me presen. 
te. Es sensible que este pasaje en el que Landino comenta 
lo que dijo Virgilio sobre la isla de Tule (Islandia) se re- 
fiera á viajeros venidos á Florencia, no del Catay, ó al menos 
de la ciudad de Tañáis, sino de las fuentes del río Tañáis^ 
sean del Don los mapas de la época, es decir del norte de la 
Rusia; y he aquí porque Toscanelli les hizo una multitud de 
preguntas sobre el clima, la duración de los días en las re- 
giones árticas, etc. {ah initia Tañáis). 

La primera edición del comentario de Virgilio por Lan- 
dino, es de Florencia (1487) y el trozo de las Geórgicas de 
donde el autor de la carta, fechada en 1474, ha tomado su 
diligenter interrogaviy ha sido ya citado á propósito de esto 
mismo por Humboidt y Uzielli, pero truncada; y su verda- 
dero sentido se les ha escapado, por que no han leído como 
nosotros todo el texto y su comentario, que no tiene nada 
que hacer con el Oriente ni el Catay. Que todo era banal y 
aún del dominio público, hemos dicho, en la carta tan alaba- 
da: la esfericidad de la tierra, la medida del grado y déla 
circunferencia terrestre, la existencia de los Antípodas, de la 
que hablaba el mismo poeta Pulci en su Margante, escrito 



LA SOLÜCIÓM DE TODOS LOS PROBLEMAS 



433 



1 m 









e^fi Florencia en vida cíe Toscanetli» los datos sobre el Cata\% 
Cipatigo, Ziiyton, Quinsay y sus fuentes, etc., todos son de- 
bidos á Marco Polo. En cambio, todo aquello que parece 
origíntil, como las distancias precisas de las costas, de los 
f>tiertos y de las islas que se dice situadas en c! mapa inha- 
Hable del inmenso océano desconocido, no son dignas de un 
«?abio serio; son la obra de un charla t«4n ó de un farsante, 
c:|tjien ha íipHcado ai pasado los resultados ya adquiridos 
l^or el descubrimiento rea! del Nuevo Mundo. 

Por otra parte, no es concebible que un sabio florentino, 
due vivió ochenta 3- cinco afiosy no dejó casi nunca su ciu- 
dad natal, no haya dejado traslucir, por lo menos en su in- 
timidad, sobre toda á su sobrino el dortor Ludovic, muerto 
<3 €>CG años después de él,— las razones que le hicieron creer en 
l^m facilidad de llegar á las Indias ó al Catay por el Oeste, 
^-^^ientras reservaba las primicias á los portugueses, y á Cu* 
^ ^Vn, que era para él cualquiera. Así pues, cuando en Floren- 
^zrí ^, en 14-94», á pesar de los pasos del Duque de Ferrara, no 
^^^ presto fe ninguna al supuesto pro3^ecto que se atribuía en 
^^paña á Toscanelli y á sus relaciones con Colón, ñxé por- 
c los florentinos sabían á qué atenerse eu ésto: que Tosca- 
rlli, fuera de la astronomía y de la medicina, no se ocupó de 
ludios geográficos; y que si lo hubiera hecho habría reve- 
jo sus planes á los Médicis, sus amigos, para que aprovc* 
asen, desde Ivego, á la República. 

Todos los que, como yo, se han dedicado á estudiar to- 
m lo que de lejos ó de cercR, se refiere á la vida de Tosca ne- 
^ saben que entre los fiorentinos de su tiempo que han he- 
^:ho su elegió, ninguno ha hablado tanto de él como su 
igo Cristóbal Landino, quien vivió hasta 1504, fijaos 
n. Este, en la introducción de sus comentarios sobre la£>i- 
7a Comedia del Dante ^impresa en Florencia en 1481 ) , hace 
resumen de la historia literaria de Florencia y desús hom- 
ís ¡lustres. Aunque no quiere hablar sino de los muertos, 
e, quiere hacer una excepción por nuestro Toscanelli,— lia- 
do entonces solamente maestro Paolo el médico, y ha- 
"«an gran elogio de él en 1481, un año antes de su muerte, 
-Knándolo '* venerable anciano, respetable representante del 
antigüedad, etc.'* 




434 



REVISTA HISTÓRICA 



Bien, pues» es este sola d que el famoso florentino Fran- 
cisco Sansovino y otros editores de la misma obra han su- 
primido en Ifis ediciones del siglc XVI, dejando subsistir en 
dicho j^irefacio apologético muchos otros nombres bien se- 
cundarios, mientras tanto que se borra únicamente de un 
golpe todo h) que se dice del m¿it'stro P¿iolo: ¿es que se ha 
podido hacer esto á la lijera y sin causa grave? \o quiere de- 
cir ésto que, en Florencia, los sucesores inmediatos del ob- 
servador de los cometas, no creían fundada la leyenda de 
sus proyectos trasatlánticos, aíin después del /¡í/so de la edi- 
ción de la Sfcra de Dan ti de Rinaldi? Este argumento, entre 
otros mil, merece ser profundizado por los que, sin apasio- 
namiento, estudian a fondo este probiema histürico. 

Ved aquTél testimonio del respetable cronista florentino 
Fierre Farenti» prior de Ib. Si^noría de Florencia en 1482, 
justamente en el instante de la muerte de Toscanelli. Con 
fecha de fines de marzo de 1493{-=4) cuenta, en su voluratno. 
sa y preciosa crónica, inédita, cómo se recibió en la ciudad 
donde, como dice Ferrens, todo:: vivían en /a calle, la pri- 
mera noticia del descubrimiento del Nuevo Mundo, Se lee 
allí estas palabras textuales, que traduzco del italiano: 

**E1 Rey de España ha descubierto y encontrado con sus 

navegantes muchas nuevas y grandes islas» de las que na 
s^ había tenido nunca noticia alguna, donde se encuentra 

oro, etc '' y añade esto: ''Ha habido sin embargo o:entes 

que han pretendido que ante^ se había tenido indicios á es- 
te respecto y que, como prueba, mostraban un mapa (carta 
picta) que había pertenecido (no á Tosconelíi) ^\ cardenüi 
de Nicea (BessarioTí) y en el cual se veía islas semejantes á 
estas. [Doue simil isole erand nota te. Y* 

Ni Parenti, que conocía á Toscanelli hacía tnucho tiem- 
po, ni los otros florentinos que se expresaron de esta mane- 
ra, encontraron, pues, en sus recuerdos nada que se refiera á 
un descubrimiento tan grande, en los trabajos de su sabio 
compatriota: nada de las famosas cartas ni de los mapas 
que se dice haber sido enviados por el á Lisboa, Se limita- 
ron á mostrar el mapa del celebre cardenal griego Bcssarion, 
muerta diez años antes de nuestro maestro Paolo< El mis- 
mo silencio de parte de otro amigo y colga de la Sociedad 



h\ SOLUCIÓN DE TODOS LOS PROBLEMAS 



435 



^linera rte Monte Catint, de donde naestro astrólogo era e! 
f^jrincipíil accionista, Tribnldo de Rossi, quien en su Jour- 
MiBh fecha de marzo del mismo año 1493 (=94rSt. fl.) con- 
^gna la lle^^ada á Florencia de la gran noticia. Sucede lo mis- 
ino con Juliano Da ti, quien la ha comentado en pequen a- 
^oema, impreso algunos mtrses después en la misma ciudad; 
3: también en el manunl de geografía Zacarías LuHus, intitu- 
lada: Orhls Brehmríum, (impreso en Florencia, 1493), Siem- 
bre y por todas partes reina el mismo silencio, sobre todo en 
[florencia, donde vivían todavía Landino, Ficíno, Berlinghie- 
rt» PoUticn y otros de sus amigos, así como los sobrinos de 
Toscanelii, donde el mayor era ttn antiguo médico, el que 
tiabría debido entonces pedir una recompensa y hacer cono- 
^L'er en todas partes: que á un florentino, su tío, el feliz geno- 
^•és debía el plan primitivf> de su calosa! descubrimiento. 

En medio de este silencio fatal, el Duque de Ferrara, Ereo- 
Xe de Este, recibió, no de Florencia, si no de sus agentes de Se- 
rvilla ó de Lisboa, cartas haciéndole saber: que se aseguraba 
^ue á los consejos del maestro Paolo, era á los que Colón 
^itributa el descubrimiento que acababa de hacen El Duque 
escribió inmediatamente, en junio de 1494, á su embajador 
^n Florencia, Manfredo de Mnnfredi. suplicándole de hacer 
-*oilo lo posible por obtener de los herederos los papeles de 
Toscanelli sobre este asunto. Manfredo ha debido hablar al 
^liobierno, á lo*^ sabios y á otras personas que habían cono- 
«zrido al taciturno astrónoaio; pero sobre todo al doctor Lu- 
'^oirico Toscanellí y á sus otros sobrinos, han debido exami- 
mnar» «no á uno todos los manuscritos y cartas del tío, 3^ si 
^5e hubiera encontrado la más pequeña cosa, la familia y tó- 
enlos los florentinos, se hubieran apresurado fl pregonará to- 
^ilos los vientos la gloriosa nuera, aún antes de que el embaja- 
^^dor lo hubiera comunicado al Duque de Ferrara, Mientras 
^^aiito, los resultados ftieron tan negativos, que ese silencio 
^*:an significativo se fué prolongando, 3^ en nuestros días, á 
^jesar de las más minuciosas investigaciones» no se ha podi- 
^rio encontrar en los archivos de Módena, sino el pedido del 
^K>uque Ercole, no así la repuesta de su embajador, que debía 
^er abrumadora. Si ésta hubiera sido afirmativa, gran nú- 
^mnmta de escritores florentinos de ese tiempo nos lo hubieran 
iiecbo saber, y su patriotería no hubiera tenido necesidad de 



^36 REVISTA HISTÓRICA 



adornar con guirnaldas le leyenda de Vespuccio para hacer 
paralelo á la de Colón, si se hubiera podido entonces probar 
que el descubrimiento de un mundo había sido inspirado por 
su compatriota Toscanelli. Los falsarios quedaron reduci- 
dos en el siglo XVI, para rejuvenecer la leyenda, á inventar 
el talso atribuido á Danti di Rinaldi, que hacía hablar á Tos- 
canelli doce aiios después de su muerte, y el del famoso Pie- 
tro Vaglienti, quien, haciendo el elogio de don Manuel, Rey 
de Portugal, dice que el maestro Paolo, muerto desde hacía 
treinta años, le había sugerido la idea de la circunnavega- 
ción del África, 

Según los documentos encontrados por el mismo M, 
Uzielli, más serios que los de Vaglienti, Toscanelli, cuando 
la carta de 1474, estaba á la cabeza de una compañía de 
minas, y en lugar de la Geografía se ocupaba de otras especu- 
laciones comerciales y agrícolas, para ocupar á su sobrino 
que no contaba sino con él. Si en esta época, á los setenta 
y siete años, en 1474, tuvo el proj-'ecto del colosal descubri- 
miento que se le atribuye, hubiera tratado de hacerlo pro- 
ductivo, y con este objeto hubiera preferido mil veces reve- 
lar su secreto, para hacerlo poner en ejecución, á Lorenzo 
de Médicis, su amigo y socio en dicha compañía minera. 

La carta á Martins no es conocida sino por la dirijida,á 
Colón, enviada mucho después de las guerras de Casti- 
lla con Portugal, como se lee en el texto español rehecho. 
Pero sabemos que el tratado de paz, firmado en septiembre 
de 1479, no fué ratificado en Toledo sino en marzo de 1480, 
y no pudo ser conocido en Florencia por Toscanelli, de edad 
de ochenta y tres años entonces, sino mucho después, hacía 
fines del año ó en 1481, es decir un año antes de su muerte 
(acaecida en mayo de 1482) y,por consiguiente, en una edad 
muy avanzada, en la que el hombre vejeta esperando 5U 
fin sin ocuparse de las empresas de este mundo, 

¿Es creíble que llegado á la decrepitud, Toscanelli, se hu- 
biera puesto entonces á copiar cartas y mapas marinos, pa- 
ra enviarlos, no á un amigo, sino á un extranjero descono 
cido que le habría escrito de Lisboa? 

Esto es tanto más increíble, que el autor del texto espa- 
ñol en las cartas, no habla solamente de una carta, sino de 
dos ó mas tanto de Colón como de Toscanelli, y esto que 



LA SOLUCIÓN DE TODOS LOS PROBLEMAS 437 

es ya un anacronismo por una sola carta, es más absurdo 
por varías, que serían fatalmente postumas. En fin, proba- 
remos: que el proyecto de Colón es muy posterior á su par- 
tida de Portugal en 1484, y fueron, probablemente, los flo- 
rentinos Juanoto Berardi y Vespuccio, sus banqueros y ami- 
jfos, los que le revelaron en 1493 la existencia de su sabio 
compatriota sin decirle que había muerto 3'a, mu3' viejo, en 
la primavera de 1482. 

No olvidemos que Las Casas dice: '*que Colón estaba 
seguro del éxito de su empresa, como si hubiera tenido los 
Indios en el bolsillo (sic)'*: no se vá así con tanta seguridad, 
cuando no se tiene en el bolsillo sino una carta tan vulgar 
como la atribuida á Toscanelli. 

Volvamos todavía, aunque de paso, al texto mismo de 
las cartas. 

El supuesto Toscanelli nos dice al principio de su carta, 
que, de parte del Rey Alfonso, le preguntan si tendría una 
vía más corta, breviori vía, que aquella que los portugueses 
seguían para ir al país de las especias por la Guinea. 

Así pues, en 1474, no se buscaba en Portugal ninguna 
vía para llegar al país de las especias, ni por la Guinea ni 
por el Oeste; no se podía saber entonces cuál era la vía mAs 
larga ni la más corta, porque no se les conocía para poder 
así compararlas. Si alguien habiera podido conocerlas, ha- 
bría sido más bien el rey y no el astrólogo florentino, y 
por consiguiente, no puede ser de éste la frase de que se tra- 
ta, quien, mucho menos todavía, puede haber hablado antes 
á Martins sobre esto {tecum alias locutus sum de breviori 
vía, etc.) 

En electo, la supuesta carta de Toscanelli á Fernando 
Martínez, pero destinada á ser trasmitida al Rey de Portu- 
gal, Alfonso V, así como la copia posterior de esta y las 
otras misivas (á los 84 años!) que hubiera dirijido más tar- 
de á Cristóbal Colón, después de las guerras de Castilla 
(1481 6 1482?), no tienen razón de ser bajo ningún punto. 
El rey no podía pensar en pedir datos á ningún italiano so- 
bre las cosas de África y del Océano pues que los portugue- 
ses los conocían mejor que nadie en el mundo; no pensaba 
tampoco en el descubrimiento de la India por ninguna vía, 
xÁ en otra cosa que en el matrimonio con Doña Juana, su so- 



438 REVISTA HISTÓRICA 



britia, y en la guerra con los españoles, á fin de llegar á ser 
á la vez rey de España y de Portugal. Si Alfonso V hubie- 
ra pensado alguna vez en buscar el camino de las Indias, 
sea por el Este, sea por el Oeste (en lo que no pensó jamás, 
sobre todo después de la muerte del Príncipe Enrique en 
1460) habría sido el mejor informado de todos los reyes por 
sus marinos; pero era tan indolente que prefirió asegurar 
sus posesiones de la Guinea á un Gómez de Lisboa en cam- 
bio de una modesta utilidad. Además, sabemos que á fines 
del mismo año de 1474, concedió apernando Telley la autori- 
zación para hacer descubrimientos en el Atlántico, por su 
propia cuenta, sin esperar los informes del florentino, que 
éste ignoraba, y que no se le habrían podido pedir en esta fe- 
cha de Portugal. 

Si nos detenemos un momento para examinar el lengua- 
je de la carta, no es necesario ser de grandes alcances para 
persuadirse que no ha podido ser redactada por uno de los 
buenos latinistas florentinos del Renacimiento, entre los 
cuales estaba ToscanelH, según dicen sus contemporáneos. 
¿Como poder imaginar que el amigo Landino,deCusa,de Al- 
berti, el conciudadano de Bruni, Poggio, Politien, Pico, Ve- 
rino, Ticino, etc. etc, hubiera podido escribir, por ejemplo: 
Carta navigacionis en lugar de tabula náutica; determina- 
rf en el sentido español y del todo moderno de **toraar una 
resolución, decidida'' cuando podía decir, en buen latín, de- 
crevij statui, etc.,? Hay otras incorrecciones y formas en la 
carta, que son características del mal latín de los hermanos 
Colón en sus anotaciones marginales, pero que serían in- 
concebibles en un humanista como ToscanelH. 

¿Cómo, por otra parte, suponer que se tratase de una 
verdadera copia del original latino de ToscanelH, cuando 
vemos figurar el párrafo fundamental de la carta ( A civi- 
tatCy etc,) como un post-scríptum en el texto autógrafo de 
Colón y lo vemos después en medio de dicha carta, en la ti- 
tulada traducción italo-española, que Las Casas no hace 
sino reproducir tal como se le ha entregado, como tiene cui- 
dado de hacerlo notar? Pues que ToscanelH trasmitió á Co- 
lón, al cabo de varios años, la copia de su carta á Martins, 
no es creíble que hubiera dejado figurar en post scriptum el 
trozo capital y el único original de su proyecto de viaje. Pe-* 



LA SOLUCIÓN DE TODOS LOS PROBLEMAS 439 

ro aquello que no parece haber hecho, contra toda probabi- 
lidad, lo ha hecho sin reparo su falso traductor, quien no so- 
lamente ha puesto todo el párrafo en su verdadero lugar en 
el texto, sino ha retocado é interpolado éste, añadiendo en- 
tre otras cosas, la famosa frase: **Ha días, antes de las gue- 
rras de Castilla*'; es decir, donde Toscanelli declara á Colón 
que bacía tiempo que había escrito su carta á Martins, an 
tes de la guerra de Portugal con España (fines de 1474). 
Pero un verdadero, traductor no se hubiera atrevido á hacer 
tales cambios, tanto más cuando no se trataba aquí de una 
recomposición literaria, sino esencial, pues que se añade un 
hecho capital y preciso, que debía ignorar un traductor en 
España, y del que no podía hablar sino el mismo autor de 
la carta y de la •trascripción. Así pues, aquel que redactó el 
t^xto español, tan lleno de italianismos, como lo hemos di- 
cho, no fué un traductor sino el verdadero autor del borra- 
dor latino át la Colombina, que nos dá como simple copia 
de la carta que Toscanelli dirijiría á Colón, sin fecha, y sin 
ninguna de las fórmulas usuales de cortesía al principio y al 
fin de la misiva. ¿Sería que al cabo de tantos años, Toscane- 
lli no había encontrado ningún argumento nuevo que aña- 
dir á su primitiva carta al canónigo?. 

En cuanto al nombre del conónigo y confidente del rey, 
Fernando Martins (en español Martínez) no se encuentra 
la menor huella, sin embargo de que debió ser un personaje 
bastante notable. He hojeado todo, he examinado todo lo 
que está escrito en las crónicas y libros religiosos de Portu- 
gal relativo á esta época; he consultada á este respecto, 
<ín 1895, al sabio y atento director de los Archivos de la 
Torre do Tombo, señor José Basto, al cual pedí un testimo- 
nio de la no existencia de ese nombre en documentos que le 
^on tan conocidos. He logrado solamente encontrar, en la 
Crónica de Alfonso V por Ruy de Pina, un capellán, no un 
^^nónigo, que acompañó al rey Alfonso á Francia en 1476; 
xio se llamaba Fernando sino Estevao (Esteban) Martínez. 
En el testamento de Colón he encontrado también como 
"testigo uno de sus servidores civiles, el único que lleva el 
nombre de Fernando Martínez; pero nadie pretenderá inden- 
tificarle coa el inhallable canónigo. En cuanto á los portu- 
gueses en sus relaciones en Italia, con el Cardenal Cusa y 



440 



REVISTA HISTÓRICA 



con Toscanelli, en quien iM. Uzielli quiere reconocer nuestro 
íamoso canónigo Martínez en 14G4, y aún en 1454, es decir 
diez ó veinte años antes de la carta de 1474, probaremos 
más tarde en nuestro libro que esas aproximaciones son 
fantásticas; que el Fernando Matim (6 Martin) del Te£r^/€>- 
gas de Cusa fué un gentil- hombre de la comitiva de Leanor 
y del Duque de Valencia, que iban á Roma en 1451; y que el 
nombre del canónigo- médico, testigo en 1464 del testumenta 
que firma Magister Ferdinandus de Rorig, no es la abrevia- 
ción de Martínez de Rorig, como lo desearía ingeniosamente 
M.Uxielli en su muy erudita obra, fuente inagotable para 
refutar sus teorías favoritas sobre Toscanelli. 

El espacio limitado que se me ha acordado me obliga á 
suspender aquí es tas sucintas consideración es /t rajadas al co- 
rrer de la pluma; reservo un número Imstante considerable 
de pruebas y autoridades para la obra bien voluminosa que 
preparo, 3^ la cual, al menos la parte relativa á Tosca nelli» 
si las circunstancias son propicias, podrá ser publicada des- 
de luego. Entonces, los que conserven todavía algunas du- 
das sobre esas cartas, cerno sobre el mapa marino, se con- 
vencerán que estaspiezas constituyen una fatña, que no es la 
única en la historia de Colón y de sus contemporáneos; lo 
probaremos sin dificultad, y será preciso rendirse á la evi- 
dencia siu vacilación: Amicuh Plato, etc. 



U 



Voy á enumerar ahora sumariamente, y sólo para to- 
mar nota,algunos de los otros problemas, de los que creo ha- 
ber encontrado la solución definitiva y que serán materia 
para algunas monografías. He aquí lo que V03' A probar: 

1*^ Se ha aumentado la edad expresamente á Colón, pa- 
ra poder explicar sus viajes imaginarios y otras leyendas; 
nació en Genova y no en Savone (¿í pesar de ciertos docu- 
mentos) en 1431, probablemente el 25 de julio, día de San 
CríMóbal. Esta fecha es capital, y una vez fijida todo lo 
ánná% se explica fácilmente. Las vacilaciones de M- Harris- 
m entre 1446 y 1451, quien en el fondo está de acuerdo con 
ii«>«otro#, provienen de que él no ha tomado el verdadero 




LA SOLUCIÓN DB TODOS LOS PROBLEMAS 441 

sentido de las leyes municipales de Genova en el siglo XV 
sobre las mayorías, y que nosotros hemos estudiado (ed. 
1498.) 

2'— Cristóbal Colón llegó á Genova sin haber estudia* 
do en la Universidad de Pavía, en septiembre de 1475; en- 
tró de servicio en la flota que su país envió bajo las órdenes 
de Spinola y Negri, al socorro de la colonia genovesc de 
Chio ó Scio. 

3^— Colón partió de Chio, en la misma flota, cerca de un 
año después para Inglaterra, probablemente con un carga- 
mento de mástic, muy abundante en Chio, como él lo dice. 
A la altura del cabo Santa María, como dice Placencia, fren- 
te de Faro, más bien que del cabo San Vicente, como dicen 
otras narracioniones menos precisas publicadas en la Rae- 
eolia por el señor Salvagnini, los navios genoveses fueron 
batidos y medio sumerjidos por la flota del célebre almiran- 
te pirata Coulon y de su segundo Jorge el Griego, llamado 
Coulon el joven. Colón se encontró entre los tripulantes 
que pudieron refugiarse en Lisboa y quedaron allí de sep. 
tiembre á diciembre de 1476. He aquí la llegada enteramen- 
te inesperada^ de Colón á Portugal, donde se quedó enton- 
i:es, á mediados de 1477, si aceptamos que él lo hizo des- 
pués que el resto de los navios hubieron terminado el viaje 
á Inglaterra, lo que él poéticamente ha trasformado en via- 
je ultra Tbule (sic) en pleno invierno, febrero de 1477. 

4*'— Instalado en Lisboa en el barrio de los marinos, cer- 
ca del noble convento de Santos ó Veilho (hoy parroquia) 
sin otro capital que su juventud, logró captarse la buena 
voluntad de una de las novicias, Felipa Moniz, hija bastar- 
da de uno de los hijos del secretario general, del famoso Con- 
destable Alvarez de Pereira, tronco de la casa de Braganza. 
Probaré que la mujer de Colón no fué la hija de Bartolomé 
Perestrello, sino su nieta, pues que su madre fué la única da- 
ma soltera que quedó de la primera unión, y su padre fué 
Diego Gil Moniz — veadorda facenda, 6 sea intendente del 
Príncipe Don Fernando— casado con una de las hijas del se- 
ñor de Ulm e Chamusca Gómez da Silva, y aliado después 
con los Braganza de Faro y Oderaira. 

5*^ — Colón, ligado con los principales personajes de la casa 
3 



442 



REVISTA HISTrilICA 



de Braganxa, ha debido prestarles algrunos servicios, muy 
confidenciales, cerca de los Rcfvcs Católicos _t otra parte, du- 
rante su lucha con el Rey Juan 11 que ahogó en la sangre la 
conspiración de la rama menor, en 1484. En esta fecha des- 
pués de la ejecución de Dn. Fernando y del asesinato del Du- 
que de Visen por el monarca» Colón tomó la fuga, como lo 
ctuifiesa indirectamente Las Casas, diciendo que partió lo 
más secretamente que pudo. En tales circunstancias la hui- 
da se explica muy bien, políticamente, al frente de un rey 
que perseguía, por todo lus medios posibles, á sus enemigos 
á través de la Europa [X Pina); pero no hay necesidad de 
suponer que un hombre hu^-a de un país por el sólo hechd 
de no ver aceptada la proposición del descubrimiento de un 
iiuev*) mundo. Este descubrimiento no fué propuesto á nin- 
gún solwrano, fuera de los Keyes Católicos, sin embargo de 
lo que dicen algunos historiadores, influenciadoá por los Co- 
lón y Uv^ Braiganza, sus amigos y aliados 

6^*— En efrcto, d histnriógraíq ofíciüíát Colón, designa- 
do por lit fAmilia, es el Padre Las Casas, quien tuvo en 
mi convenía todos los autógrafos y libros de los Culón» y 
mnu K^*^*^''**^ ^ '^* influencia del Conde de Gelves, casado con 
lii hija ile Dtegu Colón, y á la de otros miembros de la ca- 
mi, i.t ma**i«íe, de Bragaiua, pudo consultar preciosos nia- 
uU!í\nitmt |Hirtnguc35cíí, comprendiendo aquí el de Azitrara, 
qnc futnl^^i en los nrchivos de Lilboa, el mismo ejemplar so- 
lirv viuhi quecstíV hoy en la Biblioteca Nacional de París. 
TikU» iHí^tWT pr»>bar qne los cronistas portugueses, tanto 
(HHili* loA e!i|mftoleis* estuvieron altamente influenciados pa- 
* * ; Jcyembí de Colón deprimiéndoln, y á expensas 
U, enemigo délos Braganza entonces reinan- 






Hv iu^vt'- V'' ^i^^^ 



Colón y sus cuñados, como también los so- 

K c4i!S4i de Braga nza, se refugiaron en Espa* 

de luíí Reyes Católicos, íiuienes les presta- 

?*^ su hermanti Bartolomé particS con 

s más comprometidos de dicha familia, 

kX^r para Inglaterra y Flandes,doodeís* 

, jHif Juan 11» como lo relata Ruy de Pina' 

M,'írtoiomé se encontraba en Londres en 



LA SOLUCIÓN DE TODOS LOS PROBLEMAS 343 

enero de 1488; por qué fué el quien compró el Imago Mundi 
que acababa ele aperecer, y por qué partió para España con 
el conde en 1493, cuando éste dejó la Torre de Londres, 
donde su pariente había logrado hacerlo encerrar. Eso que 
dice Las Casas de los piratos sterlings y de la proposición 
hecha á Enrique VII, no es sino pura leyenda. 

8*^ — Así, pues,, el descubrimiento no fué propuesto á nin- 
gún otro rey, y mucho menos todavía á la República de Ge- 
nova, cpmo lo cree M. Markham; no fué un proyecto cientí- 
fico, resuelto de tiempo atrás, después de haber consultado á 
Toscanelli y el libro de Pedro de Ailly; fué el hallazgo, del 
momento^ de un derrotero, sea el de Sánchez de Huelva ó 
el de cualquiera otro, cuyo manustrito había sido deposita- 
do en La Rábida, y que el Padre Pérez donó á Colón. No 
hay otra razón para explicar que los Reyes de España, que 
eran tan pobres, hubieran aceptado inmediatamente los ar- 
gumentos que les presentó el monje, y que los decidieron, sólo 
entonces prestar dinero para armar la expedición de 1492. 

Todo el mundo iba á golpe seguro y por la misma cau- 
sa: los reyes, Colón y el monje. 

9*=^ -La misteriosa firma ó iniciales de Colón: 

S. 

S. A. S. 

X. M. Y. 

que han hecho la desesperación de los escudriñfidores, signi- 
fica simplemente: Xrístophorus, 6 como él firmaba: Xpo 
Ferens (halló) Más Indias^ es decir, le3'endo de abajo para 
arriba, y traduciendo las palabras españolas y el verbo so- 
bre entendido: Critóhal hn encontrado ó descubierto otras 
Indias, lo que es más simple y lógico, sin ir á buscar inter- 
pretaciones atrevidas. 

El tiempo me falta para hablaros de otros problemas 
secundarios de la historia del descubrimiento de .\mérica 3' 
de los que completan mis investigaciones sobre la historia 
de la Geografía del siglo XV, como: los mapas y viajes fa- 
bulosos de don Pedro, Duque de Coimbra, los de Conti, la 
legendaria Academia de Sagres, el famoso globo llenado sin 



444- REVISTA HISTÓRICA 



razón de Behaim y el mapa que se atribuye á Juan de la Co- 
sa, etc., etc., pero tengo que detenerme. 

Os ruego solamente que me prestéis un poco de crédito, 
hasta el momento en que publique todas mis indagaciones, 
empresa sin premeditación de ninguna clase, ni con otro ob- 
jeto que la sola averiguación de la verdad, á la cual siempre 
he sacrificado todo. Si no he podido publicar otros traba- 
jos, que permanecen olvidados en mi carpeta desde hace 
treinta años, 6 que se me han perdido en mis viajes, voy al 
menos á consagrar lo que me resta de vida á esta obra de 
tan largo aliento, donde creo haber puesto las solas bases 
sólidas y diñnitivas de la biografía crítica de Colón, y reve- 
lado los verdaderos y los falsos orígenes del descubrimiento 
de América. 

Las nuevas tesis, cuya demostración ofrezco, van á herir 
preocupaciones seculares, difíciles de arrancar; pero en un 
siglo de crítica como el nuestro, es preciso inclinarse ante 
las pruebas, aún cuando ellas sean presentadas por el más 
modesto de los sabios, quien sin fortuna, sin ambición y sin 
ninguna clase de estímulo, trabaja únicamente para la 
posteridad. 



Manuel González la Rosa. 



-£l brimepo y e^ último Provincial 

Gte la Qomjoanía de Jesús en eí y^pú * 

EL PADRE Gerónimo Ruíz del Portillo, primer provincial 

Las repetidas instancias de los Virreyes, y muy particu- 
larmente las de don Andrés Hurtado de Mendoza, determi- 
naron á Carlos V á solicitar de San Ignacio de Loyola, Ge- 
neral primero y fundador de la Compañía, que enviase á sus 
dominios de América algunos religiosos de su Orden, cuyos 
trabajos se hacían en ellos necesarios para la conquista y 
reducción de los indios y para la reforma de costumbres de 
los conquistadores. El General nombró al P. Gaspar de Ace- 
vedo y á otro jesuíta tan ilustre como éste, pero no tuvo 
efecto la misión. 

La demanda del Emperador se renovó por su hijo y su- 
cesor, Felipe II, quien, en carta de 3 de marzo de 1566, soli- 
citó del General San Francisco de Borja y del Comisario de 
la Compañía P. doctor Araos, que mandaran veinte jesuí- 
tas á América; y como no se hubiera accedido á esta peti- 
ción con la prontitud que deseaba, repitió Felipe II sus pre- 
ees en 1567. Entonces San Francisco resolvió nombrar á 
los padres que debían realizar los deseos del monarca. 



(1).— Al morir en Santiago de Chile don Enrioue Torres Saldamando» 
^^K^» por cláusula testamentaria, la parte que queaó inédita de su obra so" 
bre los Antiguos Jesuítas del Perú al eminente bibliógrafo don José Toribio 
Medina, quien, á su vez, considerando el valor que para la historia del Perú 
tenían aquellos apuntes, los obsequió á la Biblioteca Nacional de Lima. De 
allí tomamos estas dos biografías. 



446 REVISTA HISTÓRICA 



Señaló como superior ó Provincial para el Perú al P. Ge- 
rónimo Ruíz del Portillo, predicador elocuente, hombre de 
letras y austeras costumbres, que reunía en su persona las 
eminentes cualidades necesarias para llevar á feliz término 
la difícil empresa encomendado á sus cualidades. Los jesuí- 
tas traían al Perú la misión de reducir al cristianismo á la 
multitud de infieles que vagaban errantes por las selvas del 
interior del país, doctrinar á los indios conquistados, espar- 
cir la ilustración en los conquistadores y procurar la refor. 
ma de las costumbres. 

Ruíz del Portillo era natural de Logroño, en Castilla la 
Nueva. Fué recibido en la Compañía en el Colegio de Sala- 
manca, siendo ya sacerdote y cuando contaba 34 años de 
edad, en 1554, catorce años después de confirmado el Insti- 
tuto por la Santidad de Paulo IIL que lo hizo por Bula de 
27 de septiembre de 1540. Concluido el noviciado le ocupa- 
ron los superiores de ministro de la casa de Simancas, sien- 
do Rector de ella el P. Bartolomé de Bustamante, á quien 
sucedió como Rector y maestro de novicios; empleo este úl- 
timo de gran estimación en la Compañía. De maestro de 
novicios pasó el P. Portillo á ser Rector de Valladolid en 
1560, donde, desempeñando este cargo, recibió el grado de 
coadjutor espiritual. Después, en 1565, se le nombró Vice- 
Provincial en Castilla, lo que era cuando fué designado pa- 
ra venir al Perú, en el mes de octubre de 1567, con cuyo obr 
jeto se le concedió la segunda profesión. 

Acompañaban al P. Portillo el P. Luís López, natural 
de Estepas, perteneciente, como aquél, á la provincia de Cas- 
tilla; el P. Miguel de Fuentes, valenciano, y el hermano Pe- 
dro Lóvet, de Mallorca, ambos de la de Aragón; de la de 
Andalucía, los hermanos Diego de Bracamonte, natural de 
Granada, y Juan García, que lo era de Yanguas; y de la Pro- 
vincia de Toledo el P. Antonio Alvarez, ministro que había 
sido del Colegio de Murcia, natural de Zamora, y el P. Fran- 
cisco de Medina, natural de Alcalá de Henares. Las cuatro 
Provincias jesuítas de España contribuyeron así á la crea- 
ción de la del Perú. Rl P. Portillo y sus compañeros se em- 
barcaron en San Lúcar de Barrameda el 2 de noviembre de 
1567. Llegaron á Cartagena en 23 de diciembre de aquel 



i 



EL PRIMERO Y EL ÚLTIMO PROVINCIAL HN EL PERÚ 447 

año y á Nombre de Dios el 3 de enero del siguiente. En Pa- 
namá enfermó gravísimamente el P. Alvarez, y dejándole allí 
al cuidado del P. Medina, continuaron los demás el viaje al 
Callao. 

Hizo la navegación el P. Portillo en 36 días, lo que se 
atribuía á milagro, porque el viaje más lijero se hacía enton- 
ces en dos meses, y llegó al Callao el 27 de marzo de 1568. 

Cuatro días permanecieron en el Callao los jesuítas ejer- 
x:iendo su ministerio, acudiendo el pueblo presuroso á su lla- 
mamiento. 

Los padres entraron á Lima el 1^ de abril y pocos días 
después se unió á ellos el P. Medina, dejando sepultado en 
Panamá al P. Alvarez, que sucumbió á su enfermedad. Des- 
de aquel día se dedicaron con incesante empeño y con la 
constancia proverbial de su Orden, al cumplimiento de sus 
deberes apostólicos. 

Hospedáronse en el convento del Rosario, á donde les 
condujo el Provincial de Santo Domingo R. P. Fr. Juan de 
Obando, que con ellos había venido de España. Allí fueron 
tratados los jesuítas con la sinceridad, atenciones y respe- 
to hijos del espíritu religioso de la época 3- como ellos se 
merecían. Por su parte, procuraron corresponder dignamen- 
te á aquellas manifestaciones, predicando el P. Portillo en el 
templo del Rosario y haciendo los jesuítas vida común con 
los dominicos, como si hubieran sido de una misma religión. 

Había traído el P. Portillo una cédula expedida por Fe- 
lipe n en 11 de junio de 1567, recomendando la Compañía 
al Licenciado Lope García de Castro, Gobernador del Vi- 
»rreinato, en la cual se le ordenaba, que señalara sitio para 
la fundación de Iglesia y Colegio, concediéndole la protec 
ción y ayuda que para esto fuese necesario. 

Presentada la cédula al Gobernador, dictó éste las órde- 
-nes convenientes para su cumplimiento, y reconocido y ta- 
sado que fué el sitio que se creyó más apropiado para resi- 
dencia de los jesuítas, expidió provisión en 17 de abril, orde- 
nando á los poseedores de las fincas que en ese lugar se en- 
contraban que las desocuparan, tan luego que el Provincial 
•abonara su importe. La Audiencia ])or toda protección, re- 
solvió en acuerdo de de junio dar á la Compañía dos mil 



448 REVISTA HISTÓRICA 

doscientos pesos ensayados. Las fincas importaban doce mil 
seiscientos setenta, y fueron adquiriéndose ya por compra ó 
por cesión de sus dueños. La primera de que se posesiona- 
ran los jesuítas fué la que ocupaba el sitio donde está hoy 
la Penitenciaría de San Pablo, 

Los jesuítas, atendiendo á que la cantidad cedida por la 
Audiencia no sólo no proporcionaba á la Compañía renta 
alguna para su sostenimiento, sino que ni aún alcanzaba 
para comprar el local en que debían establecerse, solicita- 
ron la protección real en alivio de su situación, pero el So- 
berano se limitó á repetir por cédula de 29 de marzo de 1573 
dirijida al Virrey don Francisco de Toledo, la misma reco- 
mendación que había hecho al Licenciado Castro. 

Conforme á esta cédula el Virrey pudo hacer algo en fe- 
vor de la Compañía, pero sus facultades se limitaron por 
otra cédula de la misma fecha, en la cual se le indicaba que - 

se había juzgado necesario oír su informe respecto del sitio ^ 

que se pretendía adquirir, del estado de la obra que en él se '^ 

hacía, lo que podría costar y la merced que más convenien- — 

te fuera conceder. 

No sabemos si el Virrey emitió ó no el informe que se le ^ 

pedía, pero es lo cierto que hasta el gobierno del Virrey Don ^ 

García Hurtado de Mendoza no se concedió nada á los je- — 

suítas. Este Virrey recibió una real cédula por la que se le ^ 

ordenaba que adjudicara á la Compañía algunas de las tie- — ' 

rras que resultaran vacantes en la remensura general que ^ 

se le había ordenado practicar. Don García por provisión de ^ 

11 de junio de 1595 dio al Colegio de San Pablo, á solicitud ^ 

de su procurador el P. Juan Martínez, la hacienda de Villa, « 

cuyos terrenos nadie había pretendido, y que colindaba con -^^ 

la hacienda de San Juan que poseía aquel Colegio por dona- — ■ 

ción de uno de sus fundadores. 

Adquirida por el P. Portillo la casa que antes hemos in- — ^ 

dicado, la cual se compró á Juan Cortez en dos mil setecien- 
tos cincuenta pesos en que fué tasada, se dedicó el Provin- 
cial á arreglar en ella convenientemente una capilla y el co- — ' 
legio de que tenían necesidad, todo lo cual estuvo termina- — - 
do el 30 de junio de 1569, en cuyo día el Iltmo. Arzobispo D. — ♦. 
Fray Gerónimo Loayza colocó la primera piedra de un tcm- — -/• 



^ j 



EL PRIMERO Y EL ÚLTIMO PROVINCIAL EN EL PERÚ 449 

pío mejor acomodado. Logróse ésto con las limosnas de los 
fieles que constantemente recojía el Iltmo. Arzobispo D. 
Fray Gerónimo de Loa^'za, y aun cuando este señor dio 
cuatro mil pesos á los jesuítas, éstos ios cedieron al hospi- 
tal de Santa Ana, que por entonces construía el Iltmo. Arzo- 
bispo. 

En aquel día se posesionaron los jesuítas de su casa, 
después de haber permanecido por más de un año en el Con- 
vento del Rosario. El templo y colegio lo dedicaron á 
San Pablo, cuyos méritos conmemora la Iglesia en ese día. 
Se nombró por primer Rector al P. Diego de Bracamente. 

La Provincia Peruana de la Compañía de Jesfis quedó 
desde entonces definitivamente organizada, extendiendo su 
jurisdicción ñ la América española del Sur. 

Posesionado el P. Portillo de su Colegio estableció en él 
las cátedras necesarias para la instrucción de la juventud y 
una escuela pública gratuita. Portillo comprendía que era 
indispensable difundir la ilustración en la raza conquistado- 
ra al mismo tiempo que se doctrinaba á los naturales. Al 
terminar su gobierno funcionaban en San Pablo las cáte- 
dras de latinidad, gramática, artes, teología, casos de con- 
ciencia y lenguas del país, y se habían presentado algunas 
actuaciones publicas, de las cuales fué la primera una de 
teolo^^ía, actuada en 1572 por los Padres José de Acosta 3*^ 
Andrés López y el hermano Diego Martínez. 

Los trabajos de los jesuítas, dedicados desde su llegada 
á la predicación, no solo en el templo del Rosario sino en los 
otros de la ciudad, y por las calles y plazas públicas de ella, 
no tardaron en producir los benéficos resultados que eran 
de esperarse, atendidas las virtudes y dotes especiales que 
adornaban al P. Portillo y á sus escojidos compañeros. No- 
tables conversiones se realizaron 3' muchas personas de ele- 
vada posición social, pertenecientes á la más distinguida 
nobleza, despreciando los honrosos puestos y dignidades 
ele que gozaban, abrazaron con entusiasmo la vida religiosa 
en las diversas órdenes hasta entonces establecidas en Lima. 
^n la Compañía tomó la sotana de novicio el 11 de mayo 
ele 1568, cuarenta 3' un día después de estar en Lima los je- 
cuitas, el Licenciado don Pedro Mejía, oficial de la Real Au- 
4. 



450 REVISTA HISTÓRICA 



diencia. Con esta admisión quedó establecido el noviciado 
y el Provincial Portillo nombró primer Maestro de novicios 
al P, Miguel de Fuentes. 

A Mejía imitaron el Canónigo del Cuzco don Juan Sán- 
chez, que se encontraba en Lima para asistir al Concilio 
Provincial de 1568, el Deán Juan Toscano, el Secretario de 
gobierno Francisco López, el Escribano Juan Gutiérrez y 
otras muchas personas. El Provincial Portillo recibió cin- 
cuenta novicios, de los cuales fué el sexto Martín Pizarro, 
primer peruano que se hizo jesuíta. 

No sabemos si antes que se trasladaran los jesuítas al 
Colegio de San Pablo estuvo el noviciado en la casa destina- 
da para este Colegio ó en el convento del Rosario junto con 
los padres. Sólo consta de los documentos del Archivo Na- 
cional que los novicios se recibieron en San Pablo, después 
del día antes mencionado, hasta el r° de febrero de 1583 
que el Provincial P. Sebastián de la Parra, lo estableció en 
el pueblo del Cercado,que tenían á su cargo los jesuítas. An- 
tes de aquella fecha no se determina en el libro respectivo el 
lugar en que fueron recibidos. 

Los pocos jesuítas que vinienron con el R. Gerónimo 
Ruíz del Portillo á fundar la Provincia del Perú, no eran 
bastantes para establecer con ellos las misiones y colegios 
que exigía el estado del país, y por esto se limitaron á predi- 
car en Lima y sus alrededores. En 1569 vinieron nuevos 
operarios á órdenes del P. Bartolomé Hernández y entonces 
pudieron darse mayor amplitud á sus trabajos. El Iltmo. 
Arzobispo Loayza y el Virrey don Francisco de Toledo soli- 
citaron del Provincial que estableciera misiones ó residen- 
cia en Lunahuaná ó Huarochirí, pero como no hubieran 
entonces en San Pablo sino diez religiosos, sólo se encarga- 
ron de las misiones en Huarochirí. 

Enviáronse á este lugar al P. Diego de Bracamonte, Rec- 
tor de San Pablo, Alonso de Barcena, Hernán Sánchez y 
Sebastián Amador con el hermano Juan Sánchez, que, co- 
mo ya hemos referido, se recibió en Lima, siendo canónigo 
del Cuzco. Permanecieron estos padres en Huarochirí poco 
más de un año, pues el mal temperamento de los lugares que 
visitaron habían ocasionado á todos ellos graves enferme- 



EL PRIMERO Y EL ÚLTIMO PROVINCIAL EN EL PERÚ 551 

dades y á dos de ellos la muerce. Sin embargo, en ese tiem- 
po consiguieron reunir en ocho pueblos las setenta parciali- 
dades que habían á su entrada en la provincia. Después 
aceptó el Provincial la doctrina de Huarás que el Arzobispo 
concedió á la Compañía, que la sirvió por algún tiempo, de- 
jándola después para que el ordinario la proveyese en la for- 
ma ordinaria, á favor de clérigos seculares. Tuvo la Com- 
pañía algunas otras doctrinas, pero sólo conservó hasta su 
extrañamiento las cinco de Juli. que admitió el Provincial 
José de Acosta, y la del pueblo del Cercado, aceptada por el 
Provincial Portillo. 

El arreglo que los Virreyes habían hecho de las mitas, la 
obligación impuesta á los indios por los encomenderos de 
verificar el entero del tributo en el lugar donde estos residían 
y la institución de los yanaconas atraían constantemente á 
Lima á un gran número de esos infelices que permanecían 
largo tiempo exparcidos por la ciudad, privados de la ense- 
ñanza religiosa de que tanto necesitaban. 

El Gobernador Licenciado Lope García de Castro, desean- 
do evitar que se aumentaran la fatales consecuencias que se 
experimentaban por el abandono en que se consentía á los 
indios, resolvió reunir en un pueblo inmediato A la ciudad á 
todos los que tuvieran que venir á ella por cualquiera de las 
circunstancias expresadas. Para ejecutarlo, expidió en 11 
de noviembre de 1568 una provisión ordenando que el Co- 
rregidor de Lima, don Alonso Manuel de Anaya, acompaña- 
do de Diego de Porres Sagredo, informaran cuál de los lugares 
inmediatos á Lima era el más aparente para fundar el nuevo 
pueblo; y los comisionados escogieron las tierras de la enco- 
mienda de don Fernando Niño, situada á un cuarto de legua 
al E.de la ciudad. 

El Gobernador, aceptado el procedimiento de los comi- 
sionados,dió principio á la fundación haciendo construir igle- 
sia, hospital, casa para el Cabildo y de habitación para el 
cura y los indios que debieran residir en el pueblo. A Castro 
se le reemplazó en el gobierno del Virreynato con don Fran- 
cisco de Toledo el 26 de noviembre de 1569, cuando no esta- 
ba terminado el pueblo, pero Toledo, á quien en las instruc- 
ciones que se le confirieron por el Rey en 19 de diciembre de 



432 REVISTA HISTÓRICA 



1568. se le había encargado que tratara de aliviar, de la me- 
jor manera pjsible, la desgraciada situación de los indios, 
procuró coa empeño llevar adelante la obra comenzada por 
su antecesor, p.ira lo que comisionó al mismo Porres Sagre- 
do y al <>:'ior don Cristóbal Ramírez de Cuenca. 

El puebl .-» estuvo terminado á principios de 1571 y se le 
dio ¿L nombre de Santiago, pero fué generalmente conocido 
por el -ie Cercado por habérsele rodeado de paredes altas 
♦.jue si.>io tenían d'^s puertas de comunicación con la ciudad 
y una con el campo; las cuales se cerraban por la noche pa- 
t a evitar que ios indios fueran molestados por los vecinos. 

L^>s indios se trasladan)n al pueblo en aquel año. Se 
!Kii>ia .iividido en treinta y cinco cuadras y estas en treinta 
\ Sí.is sv>ui:es, que se repartieron por encomiendas \^ según 
el !ia:nct o de indios que de cada una de ellas debían venir á 
l.iiu.i. Cavii solar convenientemente cercado 3'' arreglado se 
lasv» ^«1 3;*7 :»csi»s y 7 tomines, cuyo importe se pagó por 
\is C Mas Kcaícs, cu parte con el producto déla venta de 
N>s s.i>!:iics que los indios reducidos poseían en la ciudad. El 
ví.Ñvi íuuioi Casero aalíía pagado A los dueñosde las tierras 
.11 ^pic M.* ».onsi! uyó cI puel)lo, Antonio López, Beatriz Sal- 
vvdv» \ Ualí.i'.ar de los Keyes, 15.326 pesos 3' 2 tomines, con- 
iuii;iv> i 'a las^icíÓM que hizo Juan de Herrera. 

Pv»u l.v»|v ii il>ia dispuesto que la Compañía se encar- 
dan ilv aiiK\a divt lina que iba á crearse para que aque- 
; i v>i.x\»UiNv- \ loct'. 'uaia á los indios, cu\'a instrucción reli- 
;i.i-* i ..Ni i!m iI>;o ^icsc'.iidada. Toledo, animado por las mis- 
• it.i ^ .»»ii\ KVu»iKx .(uc su antecesor, ordenó por provisión de 
\ ^\\ tu.u'*» ^ic í.*/l c\i>v\nda en el Cuzco, que fuera servida 
,1..; li».^ vuvuU»u-x \ iiu coajutor de la Compañía, ñ los cua- 
1^4 t^iUi!*» •»*»* xxu;»cadu» quinientos pesos ensa^^ados anua- 
\ ., .liu .¡ki»i.ui vuixiavvi proporcionalmente los poseedores 
U 'i^ , ii^..:»uvudax a que pertenecieran los indios que se 
i^vvin.i i .114 .*» vi f'ucblo. Esto no tuvo cumplimiento \' los 
vuȒ^v *ii*uaiiiou ^.^>a las primicias que ofrecieron los 
'm».< \ V.'» «»a ;v.v» anual que pagaban los que tenían 
^lv iii^uiai l'uc el primer cura el P.Diego de Or- 
UK ^•**** *' IViUvvuicl IMIernández y se había ordena- 



EL PRIMERO Y EL ULTIMO PROVINCIAL EN EL PERÍ 453 



do en Lima. La fundad 6n del puclilo se aprobó por Felipe 
II en real cédula de 6 de febrero de 1571. 

Después de arreglada la misión de Himrnchirt resolvió 
el Provieional Portillo visitar las pohlacioncs más impor- 
tantes del país predicando en todos los pueblos de su tránsi- 
Rito, llevando en su compañía á su socio y Secretario P. 
Luís Lópeíí, Y los P. P. Gonzalo Ruíz y Antonio González de 
Gcampo, En acpiel tiempo se preparaba también Don Fran- 
cisco de Toledo para recorrer el Virreinato en cumplimiento 
de las órdenes de su soberano, y uniendcy éste con las perso- 
nas de su comitiva á los jesuítas, dieron principio á sus res- 
pectivas misiones. 

Sig^uió Püttillo con el Virrey hasta Huamauíra, y deján- 
dole allí, se dirijió al Cuzco, Aquí se trató por el Cabildo y 
vecinos notables de la fundación de un colegio de la Compa- 
iiía, para lo cual compraron la casa que fué de Hernando 
Pizarro, hermano del Marques, pajeando ])or "ella doce mil 
quinientos pesos ensayados. Llegó entonces el Virrey á la 
ciudad y concedió el permiso necesario, y á mas algún dine- 
to de las Cajas Reales para la adquisición de la casa, cuyo 
precio se completó con limosnas de los fieles. 

Arreglad*-* como era necesario, estableció el Colegio el 
R Portillo en mayo de IñTl. noml>rando Rector de él á su 
compañero P. Diego de Bracamonte, á t|UÍen dio como ope- 
rarios á los PP, Alonso de Bárcana, Bartolomé, de Santiago 
y Blas Valera, á los cuales hiso pasar de Lima. En seguida 
reunió el Provincial á sus consultores y resolvieron nom- 
brar Procurador á Roma y Madrid que diera cuenta del es- 
tado de la Provincia, y fué designado para esa comisión el 
P, Bracamonte, al cual reemplazó en el Rectorado el P. Luís 
López, compañero del ProvinciaL 

Cuatro años más tarde, el I'' de enero de 1576, sucedió 
P. Portiliio en el Provincialato el P. José de Acosta, que 
[mandó á fundar el Colegio de Potosí. El año siguiente 
filé llamado el Rector del Cuzco P. Juan de Zfiñiga de Rec- 
tor A San Pablo y se nombró al P« Portillo en lugar de éste. 
Durante su Rectorado, Dona Teresa Ordóñe^, viuda del Ca- 
pitán Diego de Silva, dio treinta mil pesos para la perrna. 
nente fundación del Colegio, lo qtie aceptó el Rector Porti- 



454 



REVISTA HISTÓRICA 



lio por delegadon del Provincial, á quien autorizó para cele- 
brar el contrato de fundación el General Everardo Mcrcuría- 
no el 9 de septiembre de 1578, 

E! Capitán Silvia y su esposa sostuvieron á los jesuítas 
desde su llegada al Cuzco hasta que se les declaró fundado- 
res del Colegio, at^ptando la donación que hicieron. Porti* 
lio gobernó el Colegio hasta 15Sl,que pasó al de Potosí.que 
había fundado su sucesor, el P. José de Acosta* Creemos 
que en este Colegio fué también Rector el P, Portillo, en 
15S3 en lugar del P. Juan Sebastián de la Paira, elegido se- 
gundo Procurador por la Congregación que celebró en Li- 
ma el P. Baltazar de Pinas el 3 de diciembre de 1582, 

En su Rectorado del Cuzco estableció el R Ruíz del Por- 
tillo una cátedra de latinidad para la juventud y otra de 
teología para los jesuítas que debieran recibir las órdenes 
sagradas» y empezó la construcción de un templo, en cuya 
fábrica se emplearon ocho años. Fué terminado en 1587^ 
cuando era Rector el P, José Tiruel y Provincial el P.Juan 
de Atienza- Posteriormente se reemplazó con el que se con- 
servia hasta hoy cuando era Rector el P, Juan de Urquissa. 

No se limitaron los trabajos del P. Portillo, durante su 
Provincialato á fomentar debidamente los Colegios de San 
Pablo 3^ del Cuzco que había logrado establecer» se extendie- 
ron aún más, pues constantemente empleó á sus subditos en 
misiones continuas en Arequipa^ La PaZ| Chuquisaca % Po- 
tosí, misiones que fueron el origen de los Colegios que en 
esas ciudades se fundaron después» y de los cuales algunos 
se convirtieron en públicas universidades. 

El P. Ruíz del Portillo, lleno de santa satisfaccióji» con- 
templando el estado de prosperidad que había alcanzado la 
Provincia de que el era fundador, medifinte sus esfuerzos y 
los de sus dignos sucesores los venerables Padres José de 
Aeosta, Baltazar de Fainas y Juan de Atienza, abandonó es- 
te mundo en el Colegio de San Pablo» el 2 de febrero de 
15í#2 á los HQ años de su edad, 52 de jesuíta, y 24 de segun- 
da profesión y de apos